Las cuidadoras denuncian colonias felinas desaparecidas y hallazgos escalofriantes tras la avalancha del 30 de julio, mientras las instituciones guardan silencio.
Casi un mes después de la avalancha del 30 de julio, las colonias felinas de Ceuta han desaparecido de los lugares donde vivían desde hace generaciones. Las cuidadoras voluntarias denuncian gatos muertos con lesiones atroces, aves parcialmente devoradas y hábitats ocupados, mientras el Gobierno central descarta sancionar a Marruecos y las administraciones locales guardan un silencio que ya resulta cómplice. Lo que está ocurriendo en la ciudad autónoma no es una anécdota de protección animal: es el termómetro de un Estado que ha renunciado a proteger lo que hay dentro de sus fronteras.
La avalancha del 30 de julio y el vacío que dejó
El 30 de julio, miles de personas cruzaron desde Marruecos en avalancha, muchos de ellos alentados, según denuncian vecinos y cuidadores, por las autoridades del país vecino[1][2]. La imagen de aquella jornada —fronteras desbordadas, vallas saltadas, un Estado español mirando hacia otro lado— recorrió el mundo. Lo que no recorrió el mundo fue lo que vino después: la lenta y silenciosa desaparición de la vida cotidiana en barrios enteros de Ceuta, empezando por sus animales. Casi tres semanas después de aquella entrada masiva e irregular, la invasión migratoria sigue provocando estragos en las colonias felinas de la ciudad[1][2].
Las cuidadoras voluntarias que durante años han alimentado, esterilizado y protegido a estos animales denuncian la desaparición de numerosos gatos y la ocupación de sus hábitats por grupos de inmigrantes[1][2]. No hablamos de una colonia aislada: la situación se ha repetido en Huerta Téllez, en Carmelitas, en la calle Goya y en las barriadas del Príncipe, Sidi Embarek y Punta Blanca, donde las cuidadoras denuncian la instalación de asentamientos improvisados sobre los espacios donde vivían los animales[3]. Ceuta entera se ha convertido en territorio ocupado, y los primeros en pagar el precio han sido los más indefensos.
Los hallazgos que estremecen a quien los ve
Lo que las cuidadoras han encontrado en sus rondas diarias es digno de una escena de guerra. Una de las voluntarias ha relatado haber encontrado muchos gatos muertos, cortados; algunos a los que les falta medio cuerpo, otros que han sido atravesados con un punzón, además de gatos maltratados[1]. También ha localizado palomas y gaviotas medio comidas, aunque asegura no haber presenciado a nadie consumiéndolas[1]. Los voluntarios que cuidan a los animales denuncian que numerosas colonias han quedado desplazadas y alertan del hallazgo de gatos muertos y aves parcialmente devoradas, mientras reclaman una respuesta de las administraciones que no llega[4].
La agencia EFE se ha hecho eco de estas denuncias, recogiendo el hallazgo de gatos muertos y palomas y gaviotas devoradas por parte de las cuidadoras de colonias felinas[5]. Y no se trata solo de cadáveres: los vecinos y cuidadores consultados señalan que no solo están desapareciendo los gatos, sino también las gaviotas que se acercaban a comer el pienso que los voluntarios echan a los felinos[6]. Cuando desaparecen a la vez los gatos y las aves que compartían su territorio, la explicación natural se agota y solo queda la pregunta que nadie en el poder quiere formular: ¿qué está pasando realmente en las calles de Ceuta?
El caso de la barriada de O’Donnell resume el misterio: una vecina vio cómo su gato desaparecía sin rastro y reaparecía después de diez días con una herida grave[6]. Diez días de paradero desconocido, en una ciudad española, bajo jurisdicción española, con Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado españoles. El Programa CER (Captura, Esterilización y Retorno) de Ceuta, en el que participan Administración, veterinarios y voluntarios, trabajaba a finales de 2025 con un censo de 65 zonas seguras registradas para estos animales[6]. De aquel entramado de protección, hoy queda poco más que el recuento de bajas.
El silencio cómplice de las instituciones
Ante denuncias de esta gravedad —animales muertos con lesiones violentas, colonias enteras desaparecidas, patrimonio comunitario arrasado—, la respuesta institucional ha sido un mutismo escalofriante. Maldita.es consultó al Gobierno ceutí y a la Guardia Civil acerca de la supuesta aparición de gatos, gaviotas o palomas muertas en la ciudad y su vinculación con la población migrante, así como la desaparición de las colonias felinas, y a 20 de agosto no había recibido respuesta[7]. Nadie investiga, nadie responde, nadie asume responsabilidad. El Estado español ha delegado la protección de su territorio a voluntarias con sacos de pienso.
Mientras tanto, en Madrid, el presidente del Gobierno ha descartado cualquier sanción a Marruecos tras la invasión de Ceuta: ni sanciones energéticas ni rectificación sobre el Sáhara[1]. El mensaje no puede ser más claro: el país que alentó la avalancha no pagará consecuencia alguna, los barrios ocupados no recuperarán la normalidad y las colonias felinas no volverán. Las voluntarias insisten en que los gatos comunitarios forman parte del patrimonio de Ceuta y reclaman que las autoridades adopten medidas para proteger las colonias[3]. Un patrimonio, por cierto, que el propio programa público reconocía y censaba. Se conocía cada zona, cada animal, cada cuidadora. Y aun así, se ha permitido que todo desaparezca sin que se abra una sola investigación formal.
La trampa de los bulos: munición gratuita para el poder
Un aviso serio a nuestros lectores, porque la desinformación también está haciendo daño a esta causa. Circulan por redes sociales imágenes de gatos masacrados presentadas como actuales de Ceuta que son falsas: una de ellas fue publicada originalmente el 22 de agosto de 2025 en el diario canario Canarias7, informando del hallazgo de varios gatos muertos por posible envenenamiento; otra corresponde a un contenedor de Gran Canaria; y la muerte de otro gato se ubica en Balaguer (Lleida) en octubre de 2025, como denunció entonces la FAADA[7][8]. EFE Verifica ha concluido que es falso que la imagen muestre un gato devorado en Ceuta por humanos tras la entrada de inmigrantes, y a fecha de su publicación no había constancia de cuerpos de felinos o gaviotas devorados por las personas que accedieron a la ciudad[10].
¿Y qué concluye de todo esto el establishment? Lo de siempre: que como hay imágenes falsas circulando, todo el asunto es un bulo y las denuncias de las cuidadoras pueden archivarse sin investigación. Es la trampa perfecta. El relato oficial se limita a apuntar a posibles causas naturales o a la superpoblación felina, mientras las cuidadoras insisten en que la colonia está dañada de forma irreparable; las pruebas sobre el terreno siguen siendo esquivas y quien quiere ver lo peor lo ve, quien prefiere el escepticismo exige pruebas[9]. Pero hay un hecho objetivo que nadie puede desmentir: en Ceuta, los gatos que se alimentaban a diario ya no están[9]. Eso no lo ha negado nadie. Eso no lo ha investigado nadie. Y eso, por sí solo, ya es un escándalo de Estado.
Lo que queda cuando se apaga la luz
Detrás de cada colonia desaparecida hay una historia de abandono institucional y de resistencia civil. Las cuidadoras de Ceuta no son ONGs subvencionadas ni funcionarios de turno: son vecinas que durante años han pagado de su bolsillo el pienso, las esterilizaciones y los cuidados veterinarios de animales que la ley española considera protegidos y que la práctica administrativa ignora. Hoy recorren barrios ocupados buscando cadáveres, y su única respuesta oficial es el silencio[4][7].
Un país que deja de proteger a sus animales más vulnerables, a sus barrios más humildes y a sus voluntarias más constantes no está atravesando una crisis migratoria: está atravesando una crisis de soberanía y de dignidad. Marruecos alentó la avalancha, el Gobierno central la toleró y las instituciones locales la han enterrado en silencio[1][2]. Los gatos de Ceuta no votan, no protestan y no conceden entrevistas. Precisamente por eso, lo que les ha pasado es la medida más honesta de lo que hemos llegado a ser. Cuando la próxima avalancha llegue —y llegará, porque nada la desanima—, recordemos que ya nos avisaron: no con titulares, sino con jaulas vacías y comederos intactos en calles donde ya no queda nadie a quien alimentar.
Referencias
Alerta Nacional | Análisis Político y Social