Sábado, 3 de octubre de 2026
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Economía

El apagón ideológico: España hunde Almaraz para comprar carbón a Marruecos

La transición ecológica diseñada por el Gobierno de Pedro Sánchez ha dejado de ser una política ambiental para convertirse en un ejercicio de sumisión geopolítica. En nombre de la descarbonización y el purismo climático, el Ministerio para la Transición Ecológica ha firmado la sentencia de muerte de la central nuclear de Almaraz, el motor energético que garantiza el 7% del suministro ininterrumpido de toda España sin emitir un solo gramo de CO₂. La paradoja letal que Moncloa oculta a los ciudadanos es que, para cubrir el vacío que dejará este gigante en la red, España ha consolidado las interconexiones submarinas con Marruecos. Apagamos reactores limpios en Cáceres para arruinar a miles de familias españolas, mientras regamos de millones a Rabat comprándole electricidad generada en megacentrales de carbón altamente contaminantes. El ecologismo oficial no reduce la contaminación: simplemente, la externaliza y la paga al contado.

La condena a muerte de Campo Arañuelo y el dogmatismo de despacho

Para entender la magnitud del desastre estratégico que se cierne sobre España, hay que apartar la mirada de los despachos asépticos de Bruselas y Madrid, y fijarla en el norte de la provincia de Cáceres. Allí se levanta la Central Nuclear de Almaraz, una obra maestra de la ingeniería civil y termodinámica que lleva décadas sosteniendo el esqueleto del sistema eléctrico nacional. Sus dos reactores (Almaraz I y Almaraz II) producen cada año casi 17.000 gigavatios hora (GWh). Hablamos de «energía base»: electricidad firme, constante y predecible, que fluye de día y de noche, haga viento o esté el cielo encapotado, y que evita la emisión anual de más de cinco millones de toneladas de CO₂ a la atmósfera[1].

Sin embargo, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), pilotado con mano de hierro y dogmatismo sectario por Teresa Ribera, ha dictado su final innegociable. Almaraz I debe desconectarse de la red en 2027, y Almaraz II en 2028. La excusa oficial es el «calendario de apagón nuclear» pactado en el pasado con las eléctricas bajo fortísimas presiones gubernamentales. La realidad es una decisión política ciega que ignora el giro copernicano que ha dado el mundo en los últimos tres años.

El coste humano de este capricho burocrático no es una estadística en un PowerPoint ministerial. El cierre de Almaraz supondrá la aniquilación económica absoluta de la comarca de Campo Arañuelo. Hablamos de 4.000 empleos directos, indirectos e inducidos que penden de un hilo. Municipios como Almaraz, Romangordo o Saucedilla dependen en más de un 80% de los ingresos fiscales (IBI e IAE) que genera la central[2]. Cuando las torres de refrigeración dejen de humear vapor de agua, los colegios se vaciarán, los centros de salud perderán dotación y los negocios locales echarán el cierre. Familias enteras, técnicos de altísima cualificación y un tejido vital de pequeñas y medianas empresas extremeñas van a ser sacrificadas. Al autodenominado Gobierno del «escudo social» no le tiembla el pulso al convertir una comarca próspera en un desierto demográfico de la España Vaciada, todo para colgarse una medalla en la próxima cumbre del clima.

El mundo abraza el átomo mientras España lo persigue

La inmolación española resulta aún más grotesca cuando se somete a la prueba del algodón internacional. Mientras el Ejecutivo de coalición decreta la erradicación de la energía nuclear por considerarla un peligro inaceptable, el resto de las potencias mundiales han iniciado un renacimiento atómico sin precedentes. En la reciente cumbre climática COP28, más de veinte países —liderados por Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Japón— firmaron una declaración histórica comprometiéndose a triplicar su capacidad de energía nuclear para el año 2050, reconociendo que es la única herramienta viable para frenar las emisiones sin destruir el tejido industrial[3].

Pero el contraste más hiriente proviene de la frontera tecnológica. La revolución de la Inteligencia Artificial (IA) y la digitalización masiva exigen cantidades de energía constante que los parques eólicos y solares, por su propia intermitencia, son incapaces de suministrar. En una decisión que retrata el atraso de nuestro Ministerio de Transición Ecológica, los gigantes de Silicon Valley ya han movido ficha: corporaciones como Microsoft han firmado contratos multimillonarios a veinte años para reabrir centrales nucleares clausuradas en Estados Unidos, como el emblemático reactor de Three Mile Island, para garantizar el suministro limpio de sus centros de datos masivos[4].

El mensaje global es nítido: el futuro tecnológico del siglo XXI necesita el átomo. Sin embargo, mientras el mundo libre y la vanguardia tecnológica resucitan reactores apagados para liderar el futuro, el Gobierno de España clausura reactores seguros y en perfecto funcionamiento para condenarnos al subdesarrollo.

El negocio marroquí: la soberanía entregada por un cable submarino

Aquí es donde el relato oficial choca frontalmente con la cruda realidad física de la red eléctrica. Un sistema nacional no puede sostenerse exclusivamente de paneles solares y aerogeneradores. Cuando el sol se pone, el viento amaina o se suceden días de niebla espesa (la temida Dunkelflaute alemana), la demanda de los hospitales, los trenes de alta velocidad, las fábricas y los hogares sigue existiendo. Si eliminas de un plumazo tu energía base (la nuclear), solo tienes dos opciones: o encender centrales de ciclo combinado quemando gas importado de Argelia o Rusia, o suplicar electricidad a tus países vecinos.

Y es precisamente en las aguas del Estrecho de Gibraltar donde cristaliza la estafa ecologista. España y Marruecos están conectados por dos cables eléctricos submarinos de alta tensión (con un tercero ya proyectado) que permiten una capacidad de intercambio de hasta 1.400 megavatios (MW). Históricamente, gracias a nuestro sólido parque de generación, España exportaba energía a Marruecos. Sin embargo, en los últimos años, el flujo se ha revertido en momentos críticos, disparando las compras de electricidad desde el reino alauita hacia la península ibérica para cubrir los baches de nuestra producción renovable[5].

¿De dónde sale la electricidad que nos vende Marruecos con tanto ahínco? De la quema masiva y sin filtros de combustibles fósiles. Rabat ha inaugurado en la última década colosales plantas térmicas, como el megacomplejo de Safi o el de Jorf Lasfar, instalaciones alimentadas exclusivamente con carbón importado. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez dinamitaba, literalmente y con explosivos, las majestuosas torres de refrigeración de las térmicas de León, Asturias y Teruel para erradicar el carbón de suelo español, Marruecos levantaba nuevas chimeneas en su costa atlántica para hacer negocio con nuestros apagones.

Indicador EstratégicoAlmaraz (España)Térmicas de Carbón (Marruecos)
Fuente de GeneraciónUranio (Fisión Nuclear)Carbón (Combustión Fósil)
Emisiones directas de CO₂CEROMillones de toneladas / año
Pago de Derechos de Emisión (EU ETS)Sometida a extrema fiscalidad europeaCERO (Exenta de normativa comunitaria)
Destino dictado por EspañaDesmantelamiento (2027/2028)Interconexión e importación garantizada

Ecologismo de salón y la trampa del «lavado de emisiones»

El mecanismo comercial que permite este despropósito financiero se conoce técnicamente en la industria como «fuga de carbono» (carbon leakage), y es la prueba del nueve del absoluto fracaso del purismo burocrático de Bruselas y Madrid. Las empresas de generación eléctrica radicadas en suelo español están sometidas al inclemente Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (EU ETS). Si emiten CO₂, deben pagar un peaje altísimo, que en los últimos ejercicios ha llegado a rozar los 100 euros por tonelada emitida. Este impuesto artificial, diseñado en los despachos comunitarios, encarece brutalmente el coste de producción y, por extensión, el recibo de la luz que pagan a fin de mes las familias y la industria pesada española.

Pero la atmósfera, lamentablemente para los ideólogos del Ministerio, no entiende de fronteras políticas ni de reales decretos. Las centrales marroquíes, ubicadas a escasos kilómetros de la costa andaluza, no pertenecen a la Unión Europea y, por tanto, no están sometidas a su jurisdicción punitiva. No pagan ni un céntimo de euro por sus derechos de emisión. Producen electricidad sucia a un coste artificialmente bajo porque se saltan toda la asfixiante normativa ambiental y laboral que Europa impone a sus propios ciudadanos. Acto seguido, a través del cable submarino de Tarifa, inyectan esa energía manchada de carbón en el mercado ibérico[6].

La jugada contable del Ejecutivo central es tan cínica como letal. Al cerrar nucleares inmaculadas y térmicas en España, el Gobierno se jacta en sus memorias anuales de haber reducido las emisiones «nacionales». Pero el denso humo negro del carbón de Safi vuela hacia el norte, impulsado por los vientos del Estrecho, contaminando exactamente el mismo aire que respiramos. Y lo que es infinitamente más lesivo: el dinero del contribuyente y de las pymes españolas termina financiando el desarrollo industrial de una potencia extranjera autocrática.

La lección geopolítica de la última década parece haber sido ignorada por completo en el Palacio de la Moncloa. Ya experimentamos el chantaje energético cuando Argelia, en plena crisis diplomática orquestada por el propio Sánchez, decidió cerrar la llave de paso del gasoducto Magreb-Europa en 2021, dejando a España tiritando y buscando barcos metaneros a precios desorbitados. Volver a cometer el mismo error táctico —esta vez en el terreno eléctrico— entregándole parte del interruptor de nuestra luz a Mohamed VI, no es una política de transición; es un acto de negligencia soberana. Quien apaga su propio motor inmaculado para enchufarse voluntariamente al tubo de escape tóxico del vecino no está comprando energía verde: está alquilando su sumisión y pagando el peaje con la ruina de sus propios ciudadanos.

La complicidad institucional y el silencio del consenso

Frente a esta cesión histórica de soberanía nacional, el mapa político español ofrece un paisaje desolador. El Partido Socialista, preso de sus pactos, asume este suicidio industrial como una victoria moral innegociable, jaleado por una extrema izquierda y un conglomerado separatista que odian la fisión nuclear por un atavismo trasnochado de las asambleas ecologistas de los años ochenta. Para ellos, apagar España es un éxito de gestión.

Pero el bisturí analítico de este periódico no se detiene en la autoría material; también fiscaliza rigurosamente las complicidades de la derecha oficial. El Partido Popular escenifica a nivel local el luto por la muerte anunciada de Almaraz. Su baronesa en Extremadura, María Guardiola, pronuncia encendidos discursos institucionales, se rasga las vestiduras y exige la prolongación inmediata de la vida útil de la central para salvar el sustento de miles de familias en Campo Arañuelo[7].

Sin embargo, la hemeroteca y las actas de votación no perdonan. Cuando los micrófonos locales se apagan y el debate se traslada a los verdaderos centros de decisión en Bruselas o a la tribuna del Congreso Nacional, la dirección de Génova baja la cabeza. El equipo de Alberto Núñez Feijóo asume sin rechistar las directrices generales del Pacto Verde Europeo (Green Deal), se pliega a los objetivos de descarbonización acelerada y esquiva dar la batalla cultural por el átomo. Es el eterno retorno de la política de doble contabilidad: se pide clemencia compungida en Cáceres mientras se valida tácitamente el calendario de cierre en Estrasburgo.

Una vez más, solo una fuerza política se ha quedado completamente sola en el hemiciclo defendiendo, sin matices ni complejos, la soberanía energética de España. Ha sido VOX quien ha exigido sistemáticamente, mediante proposiciones no de ley y en solitario, la derogación inmediata de la Ley de Cambio Climático que prohíbe la exploración de nuestros propios recursos naturales. Es el único grupo parlamentario que ha reclamado la extensión indefinida de la vida útil de todo el parque nuclear nacional —como avalan los estándares internacionales de seguridad— y ha denunciado desde la tribuna el absoluto delirio que supone desangrar económicamente a nuestra industria para enriquecer el mix energético fósil del rey de Marruecos[8].

La historia de una nación que decide arruinarse a sí misma se escribe con sentencias como la de Almaraz. Cerrar una central hiperamortizada que funciona de manera segura, que produce la electricidad más barata del sistema y que vertebra económicamente a toda una provincia, no responde a ninguna lógica técnica, matemática ni climática. Es, simple y llanamente, el resultado de una clase política dirigente que ha decidido que los trabajadores de Extremadura son prescindibles y que la independencia estratégica de España es moneda de cambio. Si finalmente en 2027 se baja el interruptor de Almaraz I y el cable del sur empieza a bombear energía de carbón magrebí, el apagón no será solo eléctrico; será la confirmación de que España ha rendido su soberanía ante el altar de la hipocresía climática.

Fuentes y referencias de la investigación

[1] Foro de la Industria Nuclear Española (Informes de Producción): La Central Nuclear de Almaraz genera anualmente alrededor de 17.000 GWh, lo que equivale al 7% de la demanda eléctrica peninsular, produciendo energía base continua y evitando la emisión de 5,5 millones de toneladas de CO₂ al año. Volver ↑

[2] Confederación Empresarial y Sindicatos de Extremadura: El cierre de la central nuclear supone la aniquilación de la base económica de Campo Arañuelo, destruyendo más de 4.000 puestos de trabajo y privando a municipios como Almaraz y Romangordo de hasta el 80% de sus ingresos fiscales. Volver ↑

[3] Declaración de la Cumbre del Clima (COP28): Documento oficial respaldado por potencias como Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Japón, comprometiéndose a triplicar la capacidad global de energía nuclear para 2050 como herramienta fundamental de descarbonización. Volver ↑

[4] Hemeroteca Económica Internacional (2024/2026): El gigante tecnológico Microsoft firma contratos a 20 años para la reapertura de la central nuclear de Three Mile Island en EE.UU., asegurando el suministro energético limpio masivo que requieren sus centros de datos e Inteligencia Artificial, en claro contraste con las políticas de desmantelamiento en España. Volver ↑

[5] Red Eléctrica de España (REE): Registros operativos del enlace submarino de Tarifa, evidenciando los históricos de importación de energía neta desde Marruecos hacia la red peninsular española durante picos de demanda y baja producción renovable. Volver ↑

[6] Análisis sobre la «Fuga de Carbono» (Carbon Leakage) y el Sistema EU ETS: La importación de electricidad generada en centrales térmicas marroquíes de carbón (exentas de la fiscalidad de CO₂ europea) permite a Rabat vender energía abaratada eludiendo el marco sancionador que asfixia a la industria ibérica. Volver ↑

[7] Declaraciones institucionales / Junta de Extremadura: La presidenta autonómica María Guardiola (PP) reitera la alerta de desastre económico y despoblación, exigiendo a Moncloa la paralización del calendario de cierre de los reactores cacereños. Volver ↑

[8] Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (Legislatura XV): Proposiciones del Grupo Parlamentario VOX exigiendo en solitario la derogación de la Ley de Cambio Climático, la paralización del desmantelamiento nuclear y el cese de la dependencia energética de terceros países autocráticos como Marruecos. Volver ↑

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