Domingo, 25 de octubre de 2026
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El negocio de la pandemia: el cerco del Supremo a Ábalos desnuda el Estado parasitario del sanchismo

 

 

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que el Estado nos exigió un arresto domiciliario inconstitucional. Nos ordenaron cerrar negocios, aplaudir a las ocho de la tarde y aceptar la ruina económica bajo la sagrada excusa de la salud pública. Hoy, la hemeroteca y los tribunales nos devuelven la imagen real de aquellos meses oscuros: mientras los españoles se sacrificaban, una presunta organización criminal incrustada en el corazón del Gobierno socialista se repartía millones de euros en comisiones por la compra de mascarillas. La decisión del Tribunal Supremo de investigar al exministro José Luis Ábalos, respaldada por la demoledora exposición razonada del juez Ismael Moreno, certifica que el ‘Caso Koldo’ nunca fue el exceso de un asesor ambicioso, sino el modus operandi de un Estado parasitario que utilizó la emergencia nacional como botín.

La anatomía del saqueo institucional

Para entender la gravedad del asalto institucional, es necesario diseccionar los datos de la investigación que lidera la Audiencia Nacional. El juez Ismael Moreno ha remitido al Tribunal Supremo una exposición razonada que no deja lugar a la duda: existen indicios claros de la presunta participación del exministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, en delitos de pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias y cohecho[1].

El relato judicial describe una maquinaria corrupta perfectamente engrasada. Víctor Gonzalo de Aldama, el presunto comisionista y nexo corruptor, abonaba de manera recurrente a Koldo García —la mano derecha del ministro— una cantidad fija de 10.000 euros mensuales. A cambio, la trama se aseguraba el acceso directo y privilegiado a las altas esferas del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA). Pero el peaje no terminaba en el asesor. La exposición del juez señala «pagos de carácter extraordinario cuyo beneficiario sería Ábalos», incluyendo la compra de un chalé en la elitista urbanización de La Alcaidesa (Cádiz) y el abono, a través de testaferros, del alquiler del piso donde residía la entonces pareja del ministro[2].

No estamos ante el típico caso de un contrato inflado. Estamos ante la privatización fáctica de un Ministerio clave durante la peor emergencia nacional de las últimas décadas. La propia auditoría interna del MITMA, citada en los informes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, admite la desoladora realidad: las gestiones para asegurar los multimillonarios contratos a la empresa ‘Soluciones de Gestión’ «se realizaron a nivel Ministro y Gabinete del Ministro»[3].

La ruta del dinero manchado: La investigación detalla cómo parte de las exorbitantes ganancias obtenidas por ‘Soluciones de Gestión’ fueron derivadas a sociedades en Brasil, como Suro Capital Brasil Participacoes Ltda., en el Banco Itau, y a entramados societarios en Luxemburgo, con el objetivo de borrar la trazabilidad de los fondos ilícitos. Mientras el contribuyente español financiaba ERTEs y cierres con su asfixia fiscal, la trama sacaba el dinero del país.

El contraste moral: el sacrificio frente a la impunidad

Si algo define a la izquierda institucional española, y especialmente al sanchismo, es su enfermiza pretensión de superioridad moral. Se erigen como el «escudo social» que protege a los vulnerables frente a la supuesta codicia del libre mercado. Sin embargo, cuando aplicamos nuestro análisis hemerográfico, el retrato resultante es devastador.

En la primavera de 2020, la propaganda monclovita exigía a los autónomos que pagaran sus cuotas religiosas aunque sus persianas estuvieran bajadas por decreto. Se perseguía a los ciudadanos que osaban salir a pasear. Se multaba a las empresas que intentaban sobrevivir. Y en esos mismos días, los correos electrónicos interceptados por la UCO revelan a altos cargos de Puertos del Estado recibiendo instrucciones directas para blindar contratos millonarios con empresas que no cumplían los requisitos, todo bajo el sello de «lo que sea me dice José, pero que estén las mascarillas»[4].

Esta es la verdadera cara de lo que en *Alerta Nacional* definimos como el **Blindaje Institucional**. Un sistema donde la casta gobernante opera bajo un marco ético y legal diametralmente opuesto al que impone con mano de hierro a sus gobernados. La corrupción durante una pandemia no es solo un delito económico; es un acto de traición cívica. Es la constatación de que, para el socialismo en el poder, las tragedias nacionales son, antes que nada, oportunidades de negocio.

La farsa del cortafuegos y el silencio del Presidente

Desde que estalló el escándalo, la estrategia del Partido Socialista ha sido burda y previsible: intentar encapsular la gangrena. Forzaron el paso de Ábalos al Grupo Mixto del Congreso con la esperanza de convertirlo en el chivo expiatorio que eximiera de responsabilidad al resto del Gabinete y, sobre todo, al presidente Pedro Sánchez.

Pero el cortafuegos ha saltado por los aires. José Luis Ábalos no era un verso suelto; era el número tres del partido, el hombre que avaló a Sánchez en las primarias, el ministro todopoderoso que controlaba la mayor cartera inversora del Estado. Las ramificaciones del ‘Caso Koldo’, que ya se extienden al rescate millonario de la aerolínea Air Europa y a los oscuros salvoconductos otorgados a la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, demuestran que la red de influencias operaba con la impunidad que solo otorga el paraguas del poder absoluto.

La admisión a trámite por parte del Tribunal Supremo certifica que el juez Moreno tiene indicios racionales para considerar que el exministro era una pieza clave en esta organización criminal. El silencio actual de La Moncloa, acostumbrada a lanzar campañas de difamación contra jueces y periodistas cuando se investigan las corruptelas del entorno familiar del presidente, es el síntoma definitivo del pánico. Saben que la caída de Ábalos amenaza con arrastrar los pilares mismos de la legislatura.

El fin de la impunidad y la exigencia de soberanía

El sanchismo ha normalizado la anomalía democrática. Ha colonizado el Tribunal Constitucional, ha asaltado la Fiscalía General del Estado, ha amnistiado a delincuentes golpistas y ahora pretende convencernos de que una trama de corrupción anidada en el Ministerio de Transportes durante una pandemia fue obra de un asesor engañoso que actuaba a espaldas de su todopoderoso jefe.

Frente a esta claudicación ética, no cabe la tibieza. La derecha institucional, tantas veces aquejada de complejos y falta de coraje, tiene la obligación moral de no soltar la presa. No bastan las comisiones de investigación parlamentarias donde el PSOE y sus socios separatistas vetan a los comparecientes clave. Es imperativo exigir dimisiones al más alto nivel, empezando por el presidente del Gobierno, quien nombró, encumbró y, misteriosamente, cesó a Ábalos sin dar explicaciones al pueblo español.

La izquierda exige un respeto institucional que jamás practica. El ‘Caso Koldo’ y la imputación de Ábalos no son el fallo de un sistema; son la naturaleza misma del sanchismo: un entramado parasitario diseñado para perpetuarse en el poder mientras exprime al ciudadano. Quienes nos encerraron, quienes nos asfixiaron a impuestos y quienes se erigieron como faros de la moralidad pública, hoy desfilan hacia el banquillo del Tribunal Supremo acusados de saquear las arcas del Estado en la hora más oscura de España. La Justicia, lenta pero inexorable, empieza a dictar sentencia. Ahora es el turno de la nación para no olvidar la traición.

Fuentes documentales y referencias procesales

[1] Exposición Razonada del Juzgado Central de Instrucción nº 2 (Caso Koldo). Documento oficial remitido al Tribunal Supremo por el juez Ismael Moreno, donde se detallan los indicios de pertenencia a organización criminal contra José Luis Ábalos. Volver ↑
[2] Diligencias Previas 65/2023. Detalle de los pagos extraordinarios atribuidos a Víctor de Aldama en beneficio de Ábalos, incluyendo la compra del chalé en La Alcaidesa y el pago del alquiler en Madrid. Volver ↑
[3] Auditoría interna del MITMA y correos intervenidos por la UCO. Informes que confirman que la adjudicación a ‘Soluciones de Gestión’ fue tutelada directamente por la cúpula del Ministerio y no por rangos inferiores. Volver ↑
[4] Intervenciones telefónicas y mensajería (WhatsApp, 24/03/2020). Conversaciones entre Koldo García y altos cargos de Puertos del Estado asegurando la adjudicación millonaria bajo la premisa de que «las gestiones las estaba llevando él directamente» (en referencia al Ministro). Volver ↑

 

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