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África: el alarmante aumento de la persecución de los cristianos

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En la imagen: la localidad de Beni, en Kivu Norte, donde fueron asesinados decenas de cristianos en un atentado el 22 de septiembre de 2018.
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Por Uzay Bulut.- Según un reciente informe provisional publicado en Reino Unido, “se calcula que un tercio de la población mundial sufre alguna forma de persecución religiosa, y los cristianos son el grupo más perseguido”.

Aunque la publicación del informe completo —encargado por el secretario de Exteriores británico, Jeremy Hunt, y realizado por el arzobispo de Truro, el reverendísimo Philip Mounstephen— estaba prevista para la Pascua de este año, “la magnitud y naturaleza del fenómeno [de la persecución de los cristianos] requirió más tiempo”, según el informe. En consecuencia, explicó Mounstephen, los resultados “provisionales” hechos públicos en abril están incompletos, y el informe final se publicará a finales de junio.

Según el resumen del informe provisional “Revisión independiente del apoyo de la Oficina de Relaciones Exteriores y de la Mancomunidad a los cristianos perseguidos”:

En algunas regiones, se puede afirmar que el nivel y naturaleza de la persecución se acerca a la definición internacional de genocidio, según la adoptada por la ONU. África —hoy hogar del mayor número de cristianos del mundo— es una de esas regiones.

El 16 de junio, por ejemplo, un colegio cristiano de preescolar situado en una aldea musulmana de Uganda fue destruido, según informó International Christian Concern (ICC).

El 15 de junio, “una turba de musulmanes prendió fuego a una iglesia en Maradi, la tercera ciudad más grande de Níger. El incidente se produjo en respuesta a la detención de un imán muy destacado que fue detenido después de afirmar que la propuesta de ley del país sobre el culto iba ‘contra el islam'”.

El 9 y el 10 de junio, dos atentados en Burkina Faso causaron la muerte de 29 cristianos. Esta matanza deliberada de cristianos se produjo menos de dos meses después de la masacre el 28 de abril del octogenario pastor Pierre Ouédraogo y otros miembros de la congregación de Burkina Faso a manos de islamistas armados. Un líder del pueblo, que pidió mantener el anonimato, declaró a World Watch Monitor:

Los asaltantes les dijeron a los cristianos que se convirtieran al islam, pero el pastor y los demás se negaron. Les ordenaron reunirse bajo un árbol y les quitaron las Biblias y los teléfonos móviles. Después los llamaron, uno a uno, a la parte trasera de la iglesia, donde los fusilaron.

El 7 de junio, una mujer cristiana de Níger fue secuestrada por terroristas de Boko Haram y puesta en libertad tres días después con una carta donde avisaba a todos los cristianos de que “abandonaran la ciudad en un plazo de tres días o serían asesinados”.

Los incidentes de arriba no son aislados. Según la World Watch List 2019 recopilada por Open Doors, un grupo que hace un seguimiento de las persecuciones:

“Aunque los excesos violentos del ISIS y otras milicias islámicas han desaparecido casi de los titulares de Oriente Medio, su pérdida de territorio allí significa que los combatientes se han dispersado a un número mayor de países, no sólo de la región, sino cada vez más, también del África subsahariana. Su ideología radical ha inspirado o se ha calado en numerosas organizaciones escindidas, como el Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWAP), una mortífera organización que se separó de Boko Haram de Nigeria y también esclaviza a mujeres y niñas cristianas como parte integral de su estrategia”.

Las organizaciones terroristas no son las únicas responsables de la persecución en África. Muchos gobiernos e individuos musulmanes también han puesto en su diana a los cristianos.

Según el informe de Open Doors de 2019, la situación en muchos países africanos es la que sigue:

En Somalia, la comunidad cristiana lleva una “vida de violencia y aislamiento”, que se cuenta por sólo unas pocas centenas.

Los cálculos dicen que el 99% de los somalíes son musulmanes, y cualquier religión minoritaria sufre una fuerte persecución. La comunidad cristiana es pequeña y está bajo la amenaza constante de ataque.

La ley de la sharía y el islam están consagrados en la Constitución del país, y la persecución de los cristianos casi siempre conlleva violencia. Además, en muchas áreas rurales, las milicias islámicas como Al Shabab son los gobiernos de facto. Los cristianos somalíes deben esconder su fe a menudo para estar a salvo.

Libia acoge a una población cristiana de tan sólo alrededor de 38.000 personas.

Los conversos al cristianismo se enfrentan a maltratos y la violencia por su decisión de seguir a Cristo. En Libia viven también muchos trabajadores inmigrantes que han sido atacados, agredidos sexualmente y detenidos, lo que puede ser aún peor si se descubre que son cristianos.

En Sudán la población cristiana llega a los 1.900.000 habitantes.

El país ha sido gobernado como un Estado islámico con derechos limitados para las minorías religiosas y fuertes restricciones a la libertad de expresión y de prensa. Los cristianos, cuya población supera los 1.900.000 habitantes, se enfrenta a la discriminación y la presión; se demolieron múltiples iglesias en 2017 y 2018, y dejaron a algunos cristianos sin un lugar donde rezar. Los cristianos conversos del islam son un objetivo especial de la persecución.

En Eritrea, a veces llamada “la Corea del Norte de África”, hay alrededor de 2,5 millones de cristianos, y muchos están sufriendo en las cárceles.

Desde 1993, el presidente, Isaías Afwerki, ha supervisado un brutal régimen autoritario que se basa en la vulneración general de los derechos humanos. En 2018, hubo redadas en las iglesias, y cientos de cristianos fueron encarcelados en condiciones inhumanas. Además, se calcula que otros cristianos están en la inmensa red carcelaria de Eritrea, pero nadie sabe cuántos son ni si siguen vivos.

Nigeria, donde viven más de 90 millones de cristianos, es uno de los peores lugares de África para ellos. Los niveles de violencia en Nigeria han seguido siendo lo más altos posible, principalmente a causa de los crecientes ataques de los pastores fulani a las comunidades cristianas. Estos ataques se cobraron la vida de cientos de creyentes durante el periodo reportado, y varias aldeas e iglesias quedaron reducidas a cenizas. Además, en algunas partes de Nigeria, los cristianos son tratados como ciudadanos de segunda clase. Los cristianos de origen musulmán se enfrentan ser perseguidos por sus propias familias.

Los cristianos de Egipto, cuya población es de 9.937.600 habitantes, sufren varias formas de persecución.

Los que provienen de un origen musulmán se enfrentan a una enorme presión de sus familiares cercanos y lejanos para que vuelvan al islam. Unas fuertes restricciones a los edificios o a la seguridad de los lugares de culto impiden la congregación de los cristianos, además de la hostilidad y la violencia hacia los creyentes que sí se reúnen. En los últimos años, las organizaciones extremistas islámicas han dirigido sus ataques a los cristianos y a las iglesias con numerosos actos violentos y letales de persecución.

En la República Central Africana (RCA), la principal religión es el cristianismo, y la población cristiana se cifra en más de 3.450.000 habitantes.

A lo largo del año pasado, la situación empeoró para los cristianos de la RCA que se enfrentan a una presión intensificada por parte de los musulmanes. Los cristianos también han sido amenazados por los yihadistas y organizaciones criminales del país, cuyas acciones se solapan. Y los civiles cristianos siguen atrapados en el violento conflicto entre Seleka, principalmente musulmana, y las organizaciones milicianas de defensa llamadas anti Balaka.

En Argelia, donde viven alrededor de 125.000 cristianos, “se cerraron cada vez más iglesias” durante el año pasado.

Al mismo tiempo, los conversos cristianos son más abiertos con su fe, lo que ha generado la reacción negativa de muchas familias musulmanas y la intolerante sociedad. Las leyes que regulan el culto no musulmán, que prohíbe la conversión y la blasfemia, hacen que sea peligroso también el proselitismo y la expresión pública de la fe cristiana.

En Mali, la población cristiana es de 425.000 habitantes.

El país de la África occidental se ha vuelto cada vez más militante. En el área del norte del país, especialmente, esta intolerancia ha dado lugar a una creciente violencia contra los cristianos por parte de organizaciones yihadistas y criminales que tienen puestos sus intereses en que el país siga sumido en el caos y la inestabilidad.

En Mauritania, hay sólo 10.000 cristianos de una población de 4,5 millones de personas.

La República Islámica de Mauritania —el gobierno autócrata del 11.º país más grande de África— suele actuar de protector de la religión islámica. En consecuencia, el Estado es una importante fuente de persecución. Los predicadores y militantes islámicos radicales contribuyen a la radicalización de la sociedad, alimentando el antagonismo y el odio hacia los no musulmanes. Además, un sistema de castas margina a los mauritanos con la piel más oscura y a los que no se adhieren al islam.

En Etiopía, donde la principal religión es el cristianismo y la población cristiana es de más de 64 millones de habitantes, “el islam radical está creciendo a nivel local, regional y nacional. En particular, en las áreas rurales, donde los musulmanes son mayoría, los cristianos son hostigados y a menudo se les niega el acceso a los recursos comunitarios”.

Marruecos tiene una población cristiana que ronda los 31.500 habitantes.

Los cristianos sufren la persecución a manos del Estado y de la sociedad. El Estado impone restricciones a los cristianos, como la confiscación de materiales cristianos escritos en árabe, la restricción a la evangelización y la dificultad que tienen los creyentes de origen musulmán para conseguir lugares de culto. Los musulmanes radicales de la población general también ejercen presión sobre los cristianos. En las zonas rurales, la presión de la familia y la comunidad también puede ser considerable.

En Túnez, para la pequeña comunidad de cristianos cuya cifra es de 24.000, “la vida en la sociedad islámica conlleva hostilidad y presión diaria”.

Y la amenaza de la actividad militante islámica —en especial la de los que vuelven de combatir con el ISIS— sigue siendo preocupante: se produjo un atentado suicida en una comisaría de Túnez en septiembre y un importante atentado en la región fronteriza con Argelia en julio de 2018.

En Kenia, otro país africano donde la religión principal es el cristianismo, los cristianos son objetivo de los funcionarios musulmanes y las organizaciones terroristas.

Inspirados por los radicales islámicos de Somalia, los políticos musulmanes se han fijado el objetivo de eliminar el cristianismo. Los funcionarios suelen exigir que las iglesias hagan cosas que no van de acuerdo con su fe, mientras que los militantes perpetran agresivamente atentados suicidas y otros actos de barbarie contra los que se consideran enemigos del islam. A causa de la corrupción interna de los organismos del Gobierno, los que actúan contra los cristianos suelen gozar, trágicamente, de impunidad.

En un artículo del 21 de mayo para Open Doors, Lindy Lowry dice que Boko Haram, fundada en Nigeria en 2002, se ha expandido a los países vecinos:

“Han llevado a cabo atentados en Níger, Chad y Camerún, lo que hado lugar a una dramática crisis de refugiados y humanitaria. Se consideran incluso “cazadores de esclavos” que hacen redadas en busca de “esposas” en las zonas que bordean el lago Chad, en la frontera con Chad, Níger, Camerún y Nigeria […].

En Ruanda, el país ha cerrado miles de iglesias y ha detenido a al menos seis pastores desde febrero de 2018 por “contaminación acústica” y no cumplir las leyes sobre construcciones. En la provincia oriental de Kivu Norte, al este de la República Democrática del Congo, los líderes de las iglesias han sido atacados y asesinados. Según consta, al menos 15 organizaciones extremistas armadas están operando en la zona”.

Como demuestra el informe británico, la persecución contra los cristianos y otros no musulmanes no tiene que ver con la etnia, la raza o el color de la piel de los verdugos o las víctimas, sino con la religión.

En África, varias organizaciones e individuos islamistas están atacando e intentando aniquilar a los cristianos por ser cristianos. Si no se detienen estos crímenes, es altamente probable que el continente africano sufra la misma suerte que Oriente Medio: era una región de mayoría cristiana, y ahora los cristianos son una pequeñísima minoría agonizante e indefensa.

Fuente: Gatestone Institute


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Hombres armados secuestran a una niña albina de siete años y le amputan una mano en Zambia

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Hombres armados secuestraron el martes a una niña albina de siete años y le amputaron una mano en la localidad de Kitwe, ubicada en el oeste de Zambia, según han confirmado este jueves las autoridades.

La comisaria de la Policía de Copperbelt, Charity Katanga, ha resaltado que los atacantes utilizaron un machete para amputarle la mano a la niña, tal y como ha recogido el portal local de noticias ‘Zambia Reports’.

Así, ha detallado que los atacantes “irrumpieron en la habitación de la niña cuando la víctima estaba durmiendo con su hermana”. “Los asaltantes la arrastraron a la fuerza hacia una zona de matorrales”, ha agregado.

Katanga ha señalado que los padres escucharon a su hija pedir ayuda y vieron a un hombre saltar por la ventana con ella. “Vieron a tres personas armadas con un machete”, ha manifestado.

Los ataques contra albinos no son frecuentes en Zambia, si bien las personas con albinismo son atacadas y partes de sus cuerpos usadas en rituales en varios países africanos.

Malaui es el país que registra más ataques de este tipo contra albinos, si bien también se han detectado casos en otros países de la región como República Democrática del Congo (RDC), Tanzania, Mozambique y Sudáfrica.


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Rescatan a 23 víctimas de trata en “una fábrica de hacer bebés” en Nigeria

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La Policía de Nigeria rescató a 19 mujeres embarazadas y 4 niños víctimas de trata de seres humanos en una “fábrica de hacer bebés” en la ciudad de Lagos, donde eran obligadas a quedarse embarazas y vender a sus recién nacidos, según dijo este lunes un portavoz policial.

Las embarazadas rescatadas tenían entre 15 y 28 años y procedían de zonas rurales del sur de Nigeria, de donde eran llevadas a la capital comercial -la segunda ciudad más grande de África-, bajo promesas de trabajo como trabajadoras del hogar.

Sin embargo, las jóvenes acababan en lo que se denomina localmente como “fábricas de bebés”, según detalló el portavoz de la Policía, Bala Elkana, a la Agencia de Noticias Nigeriana (NAN).

Tras dar a luz, a las mujeres se les pagaba unos 1.400 dólares si el bebé era niño y unos 800 dólares si era niña. Las compradoras, por su parte, son mujeres infértiles.

La Policía ha detenido a dos sospechosos de estos abusos y está buscando a una mujer, presunta responsable de la red.

En 2017 se produjo un aumento del 600% en el número de posibles víctimas de trata sexual llegadas por mar a Italia, la mayoría de ellas desde Nigeria, según los últimos datos disponibles de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Esta organización estima que el 80% de las mujeres y niñas nigerianas, con cifras que se dispararon de 1.454 en 2014 a 11.009 en 2016, constituían potenciales víctimas de explotación sexual en las calles y burdeles de Europa.

En 2018, Nigeria desbancó a la India como el país con el mayor número de personas viviendo en pobreza extrema -más de 99 millones- lo que junto a la exclusión, la desigualdad de género, la corrupción y la violencia lo convierten en lugar predilecto para traficantes.


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Occidente no puede ayudar a África

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Kim du Toit (R) Cuando toca analizar los problemas de África, Occidente desconecta la lógica y los análisis más precisos se hacen imposibles. Esta desconexión la provoca el concepto de lo que es la vida en Occidente (es preciosa, ha de ser protegida a cualquier coste…) en comparación con la manera en la que la vida y la muerte son contempladas en África. Voy a explicar mi posición.

En África la vida es barata. Hay tantas manera de morir en África que la muerte es algo mucho más común que en Occidente. Puedes morir de tantas cosas, serpientes, insectos, animales salvajes atacando, enfermedades, hambre, intoxicación alimentaria…La lista no tiene fin. Una vez hubo más muertos por ataques de cocodrilos que por armas de fuego en África, por ejemplo. Ahora añadamos las típicas tragedias humanas (asesinatos, asaltos, guerras y demás) y podemos empezar a entender por qué la esperanza de vida de un africano es tan baja. Horriblemente baja de hecho si quitas a los africanos blancos de las estadísticas (suelen vivir en zonas más civilizadas, y tener comportamientos y actitudes occidentales). Para terminar, añade la aberrante incidencia del SIDA a la ecuación y tenemos que cualquier nacido en el África Negra este siglo alcanzará con suerte los 40 años de vida.

He vivido más de 30 años en África. Por crecer ahí tengo muchas cosas de África que no existen en Occidente. La actitud relajada hacia la muerte es una. Otra es el miedo atroz a las serpientes.
Así que gracias a mi pasado africano, es raro que me conmueva ver la muerte a menos que sea un accidente o afecte a alguien cercano. La muerte cuando afecta a gente desconocida es algo que simplemente ignoro. De mi círculo cercano de más o menos 18 amigos con los que crecí y a los que considero los míos, sólo diez sobreviven hoy y ninguno de ellos ha sobrepasado los 50 años.

Dos amigos murieron al pisar un campo minado estando en el ejército en Namibia. Tres murieron en horribles accidentes de coche (y aunque esto no sólo pasa en África, uno de ellos sucedió por un antílope que entró volando por el parabrisas y empaló a mi amigo con las pezuñas, no es precisamente el accidente de tráfico típico en por ejemplo, Florida). A otro le mordió una serpiente venenosa y murió de un ataque al corazón. Otro también murió de un ataque al corazón pero era un borracho sin remedio. Dos fueron asesinados por criminales. El último salió con su tabla de surf un día y nunca lo volvimos a ver. ¿He mencionado que hay muchísimos tiburones en las costas de África y en los ríos más grandes?

Mi situación no es poco común en Sudáfrica. Creo que otros podrían mostrar unas cifras aún peores.

La lista de muertos no se queda sólo en mis amigos. Cuando aún vivía en Johannesburg, los periódicos sacaban cada día historias de gente devorada por leones o atacada por tribus rivales o muriendo por alguna enfermedad inexplicable (antes del VIH-SIDA) y en general, gente que sucumbía ante alguna de las respuestas que tiene África a la explosión demográfica. Añadamos a las cifras de muertos el crimen, la pobreza, la enfermedad, el hambre, el tráfico y la policía y ya empiezas a coger la idea.

Mi historia africana favorita es de después de haber abandonado el país. Un ejecutivo americano aceptó un trabajo ahí y en su primer día, se podía leer en el periódico el siguiente titular: encontrados tres cuerpos sin cabeza.

Al día siguiente: encontradas tres cabezas.

El tercer día: las cabezas no pertenecen a esos cuerpos.

Son cosas que no te puedes inventar. Es África.

El resultado de todo esto es que la muerte es tratada de forma mucho más relajada por los africanos que por los occidentales. Yo, y también sospecho que al resto de africanos le pasa igual, estoy totalmente insensibilizado cuando leo o veo las noticias sobre el sufrimiento africano, da igual el motivo. ¿La sequía hace que las cosechas se arruinen y entonces miles de personas van a pasar hambre? Sí, eso ha pasado muchas veces cuando era pequeño. ¿Rivalidades tribales y guerras que causan matanzas brutales? Sí, ha estado pasando durante miles de años antes de que los blanquitos llegaran ahí. ¿Gobiernos corruptos enriqueciéndose mientras su población pasa hambre? Unas nueve o diez veces. A lo largo de mi vida han pasado las siguientes tragedias provocando millones de muertes; hambruna en Biafra, genocidio en Ruanda, guerra en Angola, inundaciones en Sudáfrica, hambruna en Somalia, guerra en Sudán, hambruna en Etiopía, inundaciones en Mozambique, matanzas en Uganda y peleas tribales en todos y cada uno de los países de África. Hay más, pero creo que no hace falta contarlo.

Sí, también es algo que ha pasado en Europa. Quizá hace 1000 años. Pero ya no. Y Europa no tiene cocodrilos ni serpientes venenosas ni nada de eso.

Los holandeses han controlado las inundaciones. En toda Europa está bajo control las hambrunas, ya no existen. Quitando un par de ejemplos de matanzas masivas (Alemania Nazi y Rusia Comunista) Europa desde 1700 no se parece en nada a la África de hoy. Incluso los asesinatos son algo extraño en Europa mientras que son comunes en África.

Más aún, Occidente ha evolucionado a una sociedad con un sistema de gobierno estable que se guía por sus leyes y que respeta los derechos y la vida de los individuos. Cosa que no sucede en África.

Muchos de nosotros tenemos un dicho que acompañamos normalmente de un encogimiento de hombros; África vuelve a ganar. Esto lo solemos decir después de algún incidente como: “Un querido misionero es descuartizado por su congregación sin motivo aparente”.

“Un jefe de una tribu prefiere que los suyos mueran de hambre a aceptar comida de la Cruz Roja” (significaría que no es todopoderoso)

“Un país entero se muere de hambre mientras su gobernante acumula riquezas en bancos extranjeros”

“Un nuevo gobierno toma el poder, promete democracia, elecciones libres” (Siempre que la libertad no se aplique a la otra tribu; la otra tribu toma el poder mediante un golpe de estado sangriento y entonces destruye a la tribu anterior) Etc, etc, etc, ad nauseam, ad infinitum.

Las perspectivas son malas porque esta violencia no tiene pinta de terminar en ningún momento. Las conclusiones son igualmente nefastas porque sinceramente, no hay ninguna respuesta a los problemas de África. No quedan soluciones que no se hayan probado y fracasado.

Si vamos al CIA World Fact Book, escogemos cualquier país africano (Kenia, Tanzania, Malawi…) y lo comparamos con cualquier país Occidental (Portugal, Italia, España, Irlanda…). Las diferencias son brutales y se harán más grandes, no más pequeñas. De hecho se han hecho más grandes desde los 60 cuando la mayoría de los países de África consiguieron su independencia. Nosotros, con esto quiero decir Occidente, hemos intentado muchas formas de ayudar a África. Todos los intentos han fallado.
La caridad no es la respuesta. El dinero simplemente se lo queda el primero, o el segundo o el tercero en recibirlo. Más de 17 países vieron cómo su renta per cápita caía entre 1970 y 2000 a pesar de recibir más de 100.000 millones del Banco Mundial.

La comida no se reparte. O porque no hay infraestructura de transportes o porque el mandatario local la retiene para que la gente pase hambre y se someta.

El material se rompe, roba o vende por una fracción de su valor. El resultado de décadas de ayuda internacional ha resultado en una infraestructura continental que, quitando Sudáfrica, no podría mantener en funcionamiento una ciudad occidental de tamaño medio.

La conclusión es inevitable, resignación. Esto va contra nuestros instintos humanos de solidaridad. Nos hemos acostumbrado a liberar al mundo de este o aquel problema como la viruela, la polio o cualquier otra y aceptar que fracasamos nos resulta anatema. Si trasladamos esto a un escenario africano, veríamos cómo la vacuna de la polio no funciona porque algún mandamás impide que los niños se vacunen o un temeroso jefe de alguna tribu hace lo mismo. O porque no hay carreteras. O porque los criminales roban las vacunas para venderlas. Si se encontrase una cura para el SIDA mañana y se ofreciera gratuitamente a todas las naciones de África, la enfermedad crecería casi al mismo ritmo y menos aún se revertiría. Tendrías que vacunar a todos los menores de dos años que pudieras y olvidarte de las dos generaciones más viejas.

Así que sólo hay una respuesta, y es una respuesta brutal; aceptar que no está en nuestro poder cambiar África.

Tenemos cosas mejor que hacer y a veces lo único que tienes que decir es: “No puedo hacer nada al respecto”.

La violencia, la crueldad, la corrupción, la duplicidad, el salvajismo y la incompetencia es endémica en todo el continente. Es como un anatema para cualquier persona que tenga más de dos neuronas que la imaginación civilizada simplemente se bloquea cuando se enfrenta con la ubicuidad y la enormidad del problema y el tratar de arreglarlo. Los medios occidentales ni siquiera deberían molestarse en informar del asunto. Lo único que hacen es despertar nuestros horrores y la necesidad instintiva de hacer algo. Y todo se ha intentado ya y ha fracasado. Todo, excepto por supuesto, dejarles a su rumbo.

Todo lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que nada de África se trasplante a Occidente porque el riesgo para nuestra sociedad sería enorme si así sucede. Tengo que decir que muchas iglesias americanas pretenden llevar refugiados africanos a los EEUU y que muchas iglesias europeas pretenden lo mismo en Europa. Error. Recuerden mis palabras; esta caridad mal entendida se revolverá contra nosotros para mordernos a lo grande.

Sería incluso peor pensar que el primitivismo de África encierra algún tipo de respuestas para Occidente. Créanme en esto; no hay nada que nos pueda dar África y que Occidente no haya probado antes y fracasado. Nada que no sean retrocesos o que no sea peor que lo que tengamos ahora o que lo contradiga.

Aquí va mi solución al fiasco africano; un muro rodeando toda Europa.

Inevitablemente los seguidores de Kissinger y la realpolitik hablarán a favor del intervencionismo porque el vacío de la Ayuda Occidental lo llenará China incrementando su influencia en la zona. Hay dos motivos por los cuales esto no va a suceder.

Lo primero es que la República Popular China no tiene dinero para malgastar. Lo segundo es que cualquier ayuda comunista será del mismo estilo que la ayuda occidental. Conste además que Mozambique y Angola son países socialistas y son ambos zonas totalmente desastrosas. Las perspectivas son terribles para ambas naciones, igual que para muchos otros países africanos.

África tiene que curarse a sí misma. Occidente no puede ayudarles. Ni debe tampoco; el récord de fracasos habla por sí mismo.


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