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Internacional

Del paraíso al infierno: La implacable radicalización de Suecia

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Por Judith Bergman.- Un nuevo estudio[1] sobre el salafismo en Suecia, realizado por la Universidad de Defensa de Suecia, muestra un lúgubre retrato de la radicalización de los musulmanes que está teniendo lugar en Suecia.

Los Salaf son los “píos antepasados” de las tres primeras generaciones de los seguidores de Mahoma; su ideología se ha acabado asociando en las últimas décadas con Al Qaeda y el ISIS, así como con organizaciones locales asociadas a Al Qaeda. Según el estudio, los salafistas, que creen en el islam tal como lo practicaban los primeros seguidores de Mahoma, tienden a rechazar la sociedad occidental a favor de un islam “puro”: “No todos los salafistas son yihadistas, pero todos los yihadistas son salafistas[2]”.

Aunque el estudio no ofrece una estimación de cuántos salafistas hay en Suecia, sí describe los entornos salafistas que han evolucionado y cobrado fuerza, especialmente en la última década, y enumera varios ejemplos de su influencia en diferentes ciudades y pueblos suecos.

“Los salafistas […] defienden la segregación por sexos, exigen que las mujeres se cubran para limitar la ‘tentación sexual’, restringen el papel de la mujer en la esfera pública y se oponen enérgicamente a escuchar música y a algunas actividades deportivas[3]”, concluyen los autores del estudio.

Según el estudio, muchos salafistas también les dicen a los musulmanes que no tengan amigos suecos, y se refieren a ellos como “kafires”, el término árabe para referirse a un no musulmán o “no creyente”. Un predicador salafista, Anas Jalifa, dijo:

“¿Significa eso que si te encuentras con un cristiano o un judío debes pegarlo o amenazarlo? No. No hay una guerra entre tú y los cristianos y judíos de tu escuela, por ejemplo. Los odias por complacer a Alá. Odias que no crean en Alá. Pero en tu corazón deseas que amen a Alá. Así que tienes que trabajar con ellos, hablar con ellos, porque quieres que Alá los guíe”[4].

Los salafistas, al parecer, se han dividido geográficamente Suecia entre ellos. Según el estudio: “Es interesante que los predicadores salafistas, sobre los cuales se centra el estudio, parecen más bien cooperar entre ellos, en vez de ser rivales. En su lugar, estos predicadores parecen dividirse sus dawas (misiones) en diferentes áreas geográficas” […][5].

Estas son algunas de las revelaciones del estudio sobre diferentes ciudades donde están activos los salafistas:

En Borås, algunos niños no beben agua en el colegio o pintan con acuarelas, porque dicen que el agua es “cristiana”.

La policía dice que los niños musulmanes les han dicho a sus compañeros de clase que los van a degollar, enseñándoles decapitaciones en sus móviles. Hay por ejemplo “adolescentes que llegan a las mezquitas al final de la jornada escolar para ‘lavarse’ tras haber interactuado con la sociedad [no musulmana]”. Los profesionales [de la salud, de la infancia, etc.] de la ciudad han atestiguado el control que los hombres ejercen sobre las mujeres, a las que vigilan incluso en las salas de espera[6]. Un cuidador dijo:

“Me he percatado de que existe una red que controla que las mujeres no se queden a solas con los profesionales. No se les da la opción de hablar con nadie de su situación. La vida de muchas mujeres es peor aquí que en sus países de origen”.

Este tipo de control sobre las mujeres parece estar teniendo lugar en prácticamente todas las ciudades suecas mencionadas en el estudio.

En Västerås, la influencia religiosa se mezcla con la delincuencia. “Puede ser un grupo de tipos que entran en un supermercado. Si la cajera no lleva el velo, cogen lo que quieran sin pagar, llaman ‘zorra sueca’ a la cajera y le escupen”, dijo un policía citado en el estudio. En otros casos, sirios y kurdos que dirigen tiendas y restaurantes en la zona son interrogados por jóvenes musulmanes sobre su religión. Si la respuesta no es el islam, son hostigados. En otros casos, chicos de incluso diez o doce años se han acercado a las mujeres mayores de la zona, preguntándoles si eran musulmanas y diciéndoles “esta es nuestra zona[7]”.

La Universidad de Defensa de Suecia ha publicado un estudio que traza panorama funesto sobre la radicalización de los musulmanes en dicho país.

En Gotemburgo, según el estudio[8], los salafistas les han dicho a los musulmanes que no voten en las últimas elecciones porque es “haram” (está prohibido). “Han dicho que el día del juicio final serás responsable de los actos de todos los políticos estúpidos si les votas. Se apostaron en las cabinas de votación. […]. En un centro de votación ondearon una bandera del ISIS”, dijo un funcionario municipal a los autores del estudio. Según un imán de la localidad, Gotemburgo ha sido la capital del uahabismo (una versión saudí del salafismo) en Europa desde la década de 1990[9].

De los trescientos musulmanes suecos que se unieron al ISIS en Siria e Irak, casi un tercio provenía de Gotemburgo[10]. (En relación con su población total, han viajado más personas desde Suecia para unirse a organizaciones yihadistas en Siria e Irak que de la mayoría de los países europeos; sólo Bélgica y Austria tienen una proporción mayor[11]). El predicador somalí-canadiense Said Regeah, en un discurso en la mezquita salafista Bellevue de Gotemburgo, “planteó la importancia de que las personas nazcan ‘puras’ y que sólo los musulmanes son puros.

Todos nacen musulmanes, pero son los padres los que les educan para ser ‘judíos, cristianos o zoroastras[12]’”.
El estudio también informa de que los propietarios de negocios no musulmanes han sufrido actos de vandalismo en sus propiedades, con pintadas del Estado Islámico, y que han amenazado a los sacerdotes cristianos con decapitarlos[13]. Un hombre, Samir, dijo: “Si no profesas el islam, la gente te margina. Hay padres que colocan velos a sus hijas de tres años. Es surrealista. No estamos en Irak[14]”.

A otro hombre, Anwar, se le negó el servicio en un restaurante musulmán porque no es religioso. Señala que la sociedad está dejando abandonados a los musulmanes laicos. “No necesito una Biblia o un Corán en mi vida. El único libro que necesito es […] la ley [sueca]. Pero si la sociedad ni siquiera está de tu lado, ¿qué puedes hacer[15]?”.

En el área de Estocolmo, el estudio calcula que hay hasta 150 salafistas yihadistas[16]. Los salafistas se concentran especialmente en la zona de Järva, una “zona de exclusión”. A veces los yihadistas y los elementos criminales se solapan, y estos musulmanes aterrorizan a otras personas que viven en la zona. Una mujer dijo que los salafistas y los islamistas han acabado dominando los negocios, los sótanos de las mezquitas y las asociaciones culturales en los últimos diez años, y que “los suecos no tienen ni idea de la influencia que tiene el islam político en los suburbios”.

Explicó incluso cómo los niños son segregados por sexos y que los líderes religiosos les dicen a las mujeres que no les cuenten a las autoridades si sus maridos las maltratan. “Las leyes suecas no se aplican en los suburbios[17]”.

El estudio termina con una crítica a las autoridades suecas por su aparente incapacidad para vincular a individuos musulmanes radicales con “los entornos que forman sus ideas y en ciertos casos han facilitado la voluntad de unirse a organizaciones más radicales y violentas”. El estudio menciona el siguiente ejemplo:

“Cuando el entonces coordinador nacional contra el extremismo violento dijo que la pregunta de por qué tantas personas optaban por viajar al ISIS desde Suecia era “la pregunta del millón”, era un ejemplo de la incapacidad general de las autoridades suecas (con la excepción de la policía y el servicio de seguridad) para ver que este problema no ha surgido de un vacío”[18].

Esta incapacidad —o, posiblemente, ceguera voluntaria— para ver que el terrorismo yihadista no surge de un vacío, sino que se alimenta en entornos concretos, no es ni mucho menos exclusiva de la situación sueca. La insistencia de tantas autoridades europeas y occidentales de describir los ataques terroristas como un “trastorno mental” lo ilustra a la perfección.

Los autores del estudio también dicen que las escuelas y otras autoridades locales no saben realmente cómo manejar los desafíos creados por los salafistas. El estudio habla, por ejemplo, de una alumna musulmana que quería quitarse la pañoleta para jugar a las peluqueras con otros niños, pero el personal sueco no se lo permitió por respeto a los deseos de sus padres. En una escuela de preescolar sueca, una niña pequeña no quería llevar la pañoleta, pero el personal sueco le obligó a llevarla, “aunque les pareciese mal”, porque ése era el deseo de sus padres. Los trabajadores de las escuelas suecas también explicaron que no saben qué hacer cuando los niños quieren comer y beber durante el Ramadán pero los padres les han dado instrucciones de que deben ayunar[19].

Este estudio es un primer paso importante en Suecia para reconocer por fin que hay un problema, pero a menos que las autoridades suecas pertinentes —incluido el Gobierno sueco y los líderes políticos, que se niegan a reconocer la realidad en Suecia— lo lean y lo interioricen, el estudio habrá sido en vano.

[1] “Between Salafism and Salafist Jihadism – Impact and Challenges for Swedish Society”, publicado el 28 de junio. El estudio fue encargado por la Agencia Sueca de Contingencias Civiles.
[2] “Between Salafism and Salafist Jihadism – Impact and Challenges for Swedish Society”, pág. 14.
[3] Íbid., pág. 24.
[4] Íbid., pág. 132.
[5] Íbid., pág. 223.
[6] Borås se explica a partir de la página 162 del estudio.
[7] Västerås se explica a partir de la página 168.
[8] Íbid., pág. 186.
[9] Íbid., pág. 182.
[10] Íbid., pág. 103.
[11] Íbid., pág. 107.
[12] Íbid., pág. 131.
[13] Íbid., pág. 186.
[14] Íbid., pág. 187.
[15] Íbid., pág. 187.
[16] Íbid., pág. 210.
[17] Íbid., pág. 213.
[18] Íbid., pág. 109.
[19] Íbid., pág. 194.

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Europa

La Fiscalía italiana ordena incautar el Open Arms y el desembarco inmediato de los inmigrantes a bordo

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La Fiscalía de Agrigento (Sicilia) ha ordenado la incautación del barco humanitario español «Open Arms» y el desembarco inmediato de los alrededor de 90 inmigrantes que siguen a bordo en el puerto de Lampedusa (Italia), informaron los medios italianos.

La decisión de la Justicia italiana llega tan solo media hora después de que haya zarpado el Audaz, el buque de la Armada española dispuesto por el Gobierno de Sánchez, desde Rota (Cádiz) hacia Lampedusa para trasladar a los inmigrantes a Palma de Mallorca. Este martes, el Gobierno ha decidido fletar este buque «de acuerdo a las recomendaciones logísticas de la Armada» por estimar que se trata de la opción «más adecuada y la que permitirá resolver esta misma semana la emergencia humanitaria que viven los casi 100 inmigrantes que quedan en el barco. Se estima que la travería de esta embarcación hasta las costas italianas dure tres días.

Minutos antes de salir de la base de la localidad gaditana, el comandante de la nave, Emilio Damiá Marqués, ha dicho a los periodistas: «Lo que sé es que tengo que ir a Lampedusa y, una vez allí, ya recibiré instrucciones más concretas, y en función de cómo evolucione todo y lo que determine el Gobierno, pues así haremos».

El fiscal Luigi Patronaggio ha examinado las condiciones del barco de la ONG española y estima necesaria esta medida por las condiciones en que se encuentran los inmigrantes, pese a la decisión del Gobierno españolde enviar un buque para trasladar a los inmigrantes desde Lampedusa a un puerto balear.

El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, había anticipado poco antes la posibilidad de que el fiscal tomase medidas, pero insistió en su defensa de la doctrina de «puertos cerrados» aunque le llegase la «enésima» denuncia en contra. Salvini ha asumido el «riesgo personal» al que se expone.

Así, y durante una comparecencia en Facebook, ha descartado que los inmigrantes y refugiados que siguen a bordo del Open Arms pudiesen desembarcar en Italia con su permiso, especialmente ahora que ha «convencido» a España de que envíe una patrullera de la Armada.

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Asia

China asesina a miles de sus presos para extraer sus órganos y venderlos al mejor postor

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La presión internacional sobre China, acusada de asesinar a miles de sus presos para extraer sus órganos y venderlos al mejor postor, ha aumentado exponencialmente después de que el Partido Republicano estadounidense haya aprobado una resolución en apoyo de las conclusiones de un grupo de abogados que, reunidos en Londres, han hecho pública una investigación que revela que China esta masacrando a miembros encarcelados del grupo espiritual Falun Gong y extrayendo sus órganos con el fin de trasplantarlos. Este panel de expertos ha exigido una profundización del estudio de estos hechos, que calificaron como «potencial genocidio», a tenor de las “pruebas claras” de que disponen.

La sustracción forzada de órganos es una forma de tráfico humano en el que determinadas personas son asesinadas específicamente para la extracción de partes importantes de su cuerpo con el fin de ser implantadas en otro sujeto. Los receptores de trasplantes en China incluyen ciudadanos chinos, así como un número considerable de “turistas internacionales de trasplantes” que viajan a China para recibir un órgano tras pagar cantidades considerables de dinero (por ejemplo, un trasplante de hígado puede costar 160.000 dólares) pero con tiempos de espera muy reducido. Según criminólogos expertos en este delito de lesa humanidad, en general, se cree que los receptores americanos, europeos o asiáticos de estos órganos no son conscientes de que la fuente de su trasplante ha sido el asesinato de un ‘donante’ inocente, generalmente un preso de conciencia, recluido en centros de detención, cárceles y prisiones secretas del Gobierno comunista.

El término “presos de conciencia” hace referencia a personas inocentes que han sido encarceladas por tener opiniones sociales, políticas o religiosas que no son toleradas por las autoridades pertinentes, en este caso las de la República Popular de China. En este país, actualmente, podrían hallarse detenidos 1,5 millones de presos de conciencia, que incluyen cristianos y tibetanos, pero que principalmente son practicantes del Falun Gong o los musulmanes uigures.

El Falun Gong es una disciplina espiritual tradicional china. En 1999, los funcionarios de este país estimaron que los seguidores chinos de esta práctica eran aproximadamente unos 70 millones. Ante la creciente popularidad de esta práctica espiritual, los funcionarios estatales de Pekín diseñaron la Oficina 610, una agencia de seguridad extrajudicial establecida por el Estado chino para erradicar por completo a los practicantes de Falun Gong.

Desde entonces se estima que más de un millón de practicantes de Falun Gong han estado en custodia en cualquier momento en la vasta red de campos de detención del país. En 2006, los informes sistemáticos de extracción forzada de órganos de presos de conciencia salieron a la luz, proporcionando una explicación tan espeluznante como rotunda sobre la fuente de los miles de órganos que sustentan la expansión nacional e internacional del trasplante de órganos en China.

Ahora, según destacan los expertos británicos, el actual encarcelamiento masivo de uigures en Xinjiang parece estar proporcionando un nuevo grupo de víctimas para la sustracción forzada de órganos. Testigos del tribunal informaron de condiciones brutales de detención en los campos de detención de Xinjiang, junto con el patrón familiar de análisis de sangre, escaneos de órganos y la desaparición misteriosa de prisioneros que habían sido previamente examinados.

Mientras tanto, el aeropuerto de Kashgar tiene una pista de aterrizaje y despegada prioritaria dedicada a la exportación de órganos humanos, hecho que envía una señal espeluznante del volumen de órganos que podrían haber sido extraídos de presos de conciencia asesinados.

Se estima que el comercio de órganos en China mueve un mercado anual superior a los 1.000 millones de dólares anuales. La industria de trasplantes de órganos de China se ha desarrollado a gran escala con una inversión significativa en hospitales, personal médico y otras infraestructuras.

En 2000, coincidiendo con el comienzo de la persecución contra la escuela del Buda Falun Gong, la industria de trasplante de órganos de China estalló en una fuerte actividad. Los órganos vitales estuvieron disponibles en cuestión de días, mientras que comenzaron a surgir informes de hígados de “emergencia” que se entregaban en cuatro horas. Los hospitales estatales y cientos de sitios web independientes comenzaron a anunciar tiempos de espera increíblemente cortos para operaciones de trasplante que involucraban corazones, hígados, riñones y córneas, así como la venta masiva de órganos en el mercado. El tiempo de espera para los trasplantes se redujo de días a horas, un marco de tiempo que ningún otro sistema nacional de trasplantes en el mundo ha podido lograr. A partir de este momento, comenzaron a surgir acusaciones globales alegando que el suministro de órganos de China para operaciones de trasplante no podría haberse originado únicamente en un proceso legal y voluntario de donación.

En respuesta a las acusaciones generalizadas, el Gobierno chino ha presentado una narración cambiante e inconsistente para explicar el origen de los órganos que destina al trasplante. En 2001, una declaración oficial de un funcionario chino afirmó que “la principal fuente de órganos humanos proviene de donaciones voluntarias de ciudadanos chinos”. Sin embargo, solo cuatro años después, la declaración oficial cambió para afirmar que la mayoría de los órganos provenían de prisioneros fallecidos que, previamente, habrían dado su consentimiento. De cualquier forma, China se ha resistido hasta el momento a publicar datos hospitalarios, registros de trasplantes o estadísticas oficiales que permitan verificar sus afirmaciones.

(La Tribuna del País Vasco)

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Europa

“Il Capitano” Matteo Salvini y la política como lucha por la Identidad

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Sergio Fernández Riquelme.- Todo ejército tiene su capitán. En la guerra, dirige a sus huestes hacia la victoria, y en la paz intenta mantener el orden interno. Capitanes heroicos o cobardes, fieles o traidores, exitosos o fracasados encontramos en la Historia. “O Captain! my Captain! our fearful trip is done, The ship has weather’d every rack, the prize we sought is won”, dedicaba Walt Withman al asesinado Lincoln. Líderes más cercanos que élites intelectuales o afamados generales, que comparten en muchas ocasiones el rancho y que buscan este cargo por servicio público o por intenciones de ascenso. Elegidos por tradición, raciocionio o carisma, la tropa necesitada de verdades y seguridades cree en ellos y lo consideran, habitualmente, uno de ellos.

Italia tiene ahora a Salvini, Il capitano, que pretende representar a la que considera la verdadera Italia. Frente a un Cavaliere provocador (Silvio Berlusconi), a un Professore conciliador (Romano Prodi) o a un moderno y joven Rottamatore (Matteo Renzi) muchos italianos de diversa ideología y origen siguen los pasos y los tuits del Capitán.

Presente como nadie en las redes sociales y creciendo en las encuestas de manera vertiginosa, Matteo Salvini, viceprimer ministro y ministro del Interior, impulsó en el país transalpino un nacionalismo soberanista capaz de integrar el regionalismo histórico italiano (uno de los países que más tarde accedió a su unificación político-territorial) con el nuevas posiciones identitarias frontalmente contrarias al diktat de Bruselas ante fenómenos migratorios globales, uniformizaciones culturales globalizadas, imposiciones socioeconómicas internacionales y problemas ciudadanos cada vez más profundos que eran caldo de cultivo para los llamados populismos de izquierdas o derechas.

Quedaba atrás la vieja Lega norte de Umberto Bossi, marcada por la masonería y los negocios sobre la coartada del ensueño de la Padanía étnica y secesionista (desde el neologismo de la llanura que atraviesa el río Po o Padus) y reunida cada año en la exótica celebración de Pontida para denuncia a los ladrones romanos y a los pobres sureños. Le sucedía una nueva Lega italiana, parte del gobierno nacional en 2019 (en coalición con el peculiar Movimento 5 Stelle, M5S, liderado por Luigi di Maio), nacionalista y regionalista a la vez, defensora de los valores tradicionales (de la Familia natural a la herencia cristiana) y promotora de una gran alianza de reforma europea (con Polonia y Hungría).

Pero todos tenemos un pasado. Salvini fue ardiente nacionalista lombardo, como líder del Movimiento de Juventudes padanas y como candidato de los comunistas padanos en las elecciones de 1997, siendo además asiduo colaborador del izquierdista centro social Leoncavallo y admirador declarado de los nacionalismos izquierdistas del momento (del quebequés al vasco). Pero años después, y como miembro de la Lega en el Parlamento europeo desde 2004, comenzó su transformación.

Una conversión en toda regla. En primer lugar, adoptando el soberanismo nacionalista italiano (sin olvidar el regionalismo primigenio de la Lega, pero ahora para todo el pais transalpino), al colaborar en el seno del grupo Europa de la Libertad y la Democracia, y y acercarse al nacionalismo identitario del francés Frente Nacional y del holandés Partido por la Libertad. El lema soberanista “Basta Euro” reemplazó, definitivamente, a la reivindicación del sueño folclórico de la “Padania” en la tribuna del Parlamento europeo. En segundo lugar, asumiendo el catolicismo identitario (entre la tradición y la modernidad) a partir de las enseñanzas de su admirado Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI (y del cardenal Raymond Burke) al que siempre recuerda como su verdadero Pontífice, del que reivindicó su famoso Discurso de Ratisbona y al que dedicó una camiseta que llevó en diferentes ocasiones con su foto y un lema bastante elocuente:“l mio papa è Benedetto XVI”.

A su vuelta de Estraburgo como conocido “eurófobo”, lideró la facción derechista de la Lega en 2013, y de la mano del todopoderoso gobernador de Lombardia Roberto Maroni, logró hacerse con el control de un partido en caída libre en elecciones y encuestas (tras haber sido miembro de los gobiernos de Silvio Berlusconi) y en plena crisis tras los arrestos de su cúpula por corrupción.

La toma del poder se tradujo en un cambio de estrategia. La Lega o era italiana o no sería, o era soberanista o desaparecería. Por ello en las diversas elecciones regionales de 2015 la nueva Lega se presentó con la marca “Nosotros con Salvini” (Noi con Salvini) tanto en el norte como en el sur de Italia (del Lazio a Cerdeña). Y tras apartar al mísmísimo Maroni y a Flavio Tosi, su principal contendiente en la Lega, Salvini pudo completar su transformación. El éxito de la convocatoria (primero en el Véneto, segundo en Toscana o Liguria, y tercero en las Marcas y Umbria) respaldaron su apuesta y provocaron un ascenso histórico en las encuestas, que se tradujo en el tercer puesto en las elecciones generales de 2018 (triplicando sus votos). Sin el adjetivo “norte”, la ahora “Lega Savini Premier” superó en estos comicios, y por primera vez, a su viejo socio de Forza Italia e hizo de la Coalizione di centrodestra la primera del país (junto con Fratelli d’Italia, Unione di Centro y Noi con l’Italia). Pero ante la debilidad de los de Berlusconi en las negociaciones y ante ciertas coincidencias programáticas con el ganador grillino, la Lega entró en el 65º Gobierno nacional, en coalición con el M5S (fundado por el llamado cómico antisistema Beppe Grillo) y bajo presidencia del tecnócrata Guiseppe Conte.

Omnipresente en las redes (gracias a la labor de su asesor Luca Morisi) y bajo el lema “Prima Gli Italiani” la nueva Lega desembarcó en el Palazzo Chigi. En este nuevo gobierno, Salvini y los suyos impusieron algunas de sus condiciones. Interior fue para el mismo Salvini, situando la seguridad nacional y el respaldo a las fuerzas estatales como prioridad; Familia y discapacidad fue para Lorenzo Fontana, católico tradicionalista veronés; Agricultura para Gian Marco Centinaio, defensor decidido de la producción nacional; Educación para Marco Bussetti, partidario de eliminar la ideología de género de las escuelas; Asuntos Regionales y Autonomías para Erika Stefanini, desde el regionalismo militante de la Lega; y Administración Pública para Giulia Bongiorno, buscando reducir eficazmente el Estado (con el impulso de infraestructuras y la idea del impuesto único). Participación en el gobierno que encumbró a los leghistas en las encuestas (por primera vez líder de las mismas, tanto en 2018 como en 2019 con más del 30%), fagocitando a su socio grillino y haciéndole ganar elecciones regionales en zonas insospechadas hasta ese momento como los Abruzzos o Cerdeña (liderando de nuevo la coalición de centroderecha).

La protección de las fronteras (frente a mafias e inmigrantes ilegales), el apoyo a la natalidad (ante el envejecimiento demográfico), la defensa de la autonomía regional (de Lombardía al Véneto), la reivincidcación de la Familia natural (eliminando en el documento de identidad “progenitores” por padre y madre), la protección del productor nacional, la apuesta por el salario básico universal (propuesta estrella, en puridad, de Di Maio), el proyecto de custodia compartida obligatoria, o la consecución de la Ley de legítima defensa. Estas fueron algunas de las grandes propuestas de la Lega en el ejecutivo y el parlamento, que provocaron críticas de sus propios socio de gobierno (amenazando con nuevas elecciones en más de una ocasión el llamado sector progresista de los grillini, encabezado por Roberto Fico), la furibunda reacción de la oposición izquierdista (el PD de Maurizio Martina y Niccola Zingaretti) y también de parte de la Conferencia episcopal italiana (en especial desde las páginas de Avvenire y Famiglia Cristiana). Iniciativas a las que se unieron proyectos claramente tradicionalistas como la norma de establecer crucifijos en las instituciones públicas, la Ley de custodia compartida para prevenir conflictos en la separación e incluso desalentar el divorcio (“garanzia di bigenitorialità”) del senador Simone Pillon, la ayuda de entrega de tierras públicas a las familias con tres o más hijos, la Ley frente a los vientres de alquiler (“utero in affitto”), o el apoyo directo a la celebración del XIII Congreso Mundial de Familias en Verona (World Congress of Families, WCF).

Odiado por sus enemigos y amado por sus seguidores. El Capitán lograba la polarización necesaria en tiempos de política altamente mediática. Pero especial ha sido el encontronazo con el clero democristiano (al que acusaba de “cattocomunisti”), que denunciaba a la Lega y sus socios por patrimonializar (e instrumentalizar) casi en exclusiva la bandera de la Identidad cristiana de Italia y la defensa de sus valores nacionales; especialmente ante el impacto de la imagen de un Salvini con rosario y biblia en mano en los principales actos electorales. El mismo Salvini reivindicaba las raíces cristianas de Italia y sus valores tradicionales (reconociendo públicamente sus pecados personales en numerosas ocasiones): “Rivendico che questo Paese abbia profonde radici cristiane. Nel Paese che ho in testa gli ultimi, non saranno più ultimi. Vado al governo cambiando le leggi, ma ispirandomi a certi valori”. Y Lorenzo Fontana defendía que el verdadero cristianismo debía proteger a los hermanos nacionales, a los más próximos ante las dificultades o la inseguridad: “Ama il prossimo tuo, quello in tua prossimità. Quindi se io amo le persone che stanno dall’altra parte del mondo e poi mi dimentico della persona del difficoltà e non parlo nemmeno al mio vicino di casa, allora sono un ipocrita”.

Il capitano era el político europeo con más seguidores en la redes sociales, en comunicación casi directa con sus followers, y sin pelos en la lengua. Dueño del debate político, sus lemas llegaban en internet y se publicitaban en sus sudaderas, sus mensajes se vestían de policía o de obrero, y su presencia impactaba en directo con detenciones policiales (como en la llegada del extraditado terrorista Cesare Battisti) o redadas antidrogas. Sus continuos videos en Facebook sumaban decenas de miles de seguidores, sus visitas a pueblos y barrios deprimidos o inseguros se convertían en pequeños baños de masas, y los medios de comunicación, los propios y los ajenos, no paraban de hablar de él, de Il capitano, y sobre todo de sus polémicas porque Salvini necesitaba la polémica.

Esta política virtual contemporánea (mediática y viralizada) parecía premiar o bien la corrección ideológica (desde el triunfo del “Yes we can” y sucesivas creaciones comerciales) o bien la incorrección ideológica (desde la reacción identitaria, ciudadana, soberana). No hay término medio, parece. Y Salvini, como otros antes que él, lo aprendió muy bien. Su labor política parece una incansable campaña electoral, abrazando a los amigos y señalando a los enemigos. Escuchar directamente a los ciudadanos, atender miedos e inseguridades minimizados por el poder, meterse en toda batalla en los medios, no eludir la confrontación o el debate, usar lemas directos y llamativos, combinar casi todo lo posible en el discurso político, tocar los temas más sensibles, y ser tan directo como directo es el mundo actual.

Su postura ha sido, así, radical contra las migraciones ilegales, prohibiendo el desembarco de inmigrantes a las costas italianas, tanto de las ONGs a las que acusa de connivencia con las mafias como los rescatados en el Mediterráneo por la propia Guardia costera. Su enfrentamiento con el presidente Macrón ha sido frontal, especialmente por las devoluciones “en caliente” de migrantes por parte de la policía gala que cruzaban la frontera italo-francesa (en el paso de Ventimiglia) o por temas de política europea (cruzándose palabras gruesas). Su oposición a la burocracia de la UE por la soberanía nacional ha sido casi visceral, especialmente por el control financiero de Bruselas de las cuentas italianas o por sus pretensiones de colonización ideologica y moral en la sociedad. Y sus reacciones inmediatas ante críticas (de machista o xenófobo) e insultos (casi diarios) son casi siempre trending topic.

A nivel interno, Salvini y su Lega no ha dejado títere con cabeza: frente al novelista Roberto Saviano por sus posturas ante las migraciones, frente al ganador italo-egipcio del festival de San Remo por no representar realmente a Italia, frente al Tribunal que quiere juzgarlo por impedir el desembarco de refugiados del barco Diciotti por supuesta persecución política, frente al Papa Francisco o al presidente Matarella por sus declaraciones identitarias, e incluso frente a Pamela Anderson por sugerir que Salvini era algo propio de los años treinta. Y a nivel internacional sus socios eran evidentes: los partidos soberanistas-nacionalistas que pretendían una Europa más descentralizada (y a los que quería aglutinar en una especie de ”Europa de las naciones”), la Hungría de Viktor Orbán (quién consideraba a Salvini como “mi héroe y mi compañero de destino”), o la Polonia de Ley y Justicia, con quién compartía el sueño de un “nuevo equilibrio europeo” fundado en la independencia nacional y la tradición cristiana. Sobre este equilibrio Salvini declaró que “Italia e Polonia saranno protagoniste di una nuova primavera europea, di una rinascita dei valori veri della Ue: meno finanza e burocrazia, più lavoro e sicurezza”, donde “l’Europa deve tornare alla sua identità, alle sue radici giudeo-cristiane, identità che viene respinta a Bruxelles in modo pazzesco, dove i valori della famiglia vengono respinti”.

Pero un lugar muy especial ocupó la Rusia de Vladimir Putin. Una nación de la que aprender a defender un mundo multipolar, de la que copiar su protección de los valores tradicionales, y a quién levantar las sanciones por la crisis de Ucrania (aunque disentían en la crisis de Venezuela). Una admiración (y relación) atestiguada ya en su paso por el Parlamento europeo, y nunca escondida por Salvini (virales fueron sus fotos con la camiseta de Putin en plena Plaza Roja de Moscú), centrada en la colaboración cultural, política y económica con Rusia Unida y con diversas instituciones del Kremlin. Sobre el presidente ruso Salvini declaró que “non abbiamo fatto discorsi profondi, ma credo che egli – un uomo di potere – sia toccato dalla necessità della fede. È un realista. Vede che la Russia soffre per la distruzione della morale. Anche come patriota, come persona che vuole riportarla al ruolo di grande potenza, capisce che la distruzione del cristianesimo minaccia di distruggerla. Si rende conto che l’ uomo ha bisogno di Dio e ne è di certo intimamente toccato”.

A la Lega le llamaron Il Carroccio, símbolo de independencia e identidad de las ciudades-estado del Medioevo italiano, inicialmente usado por las urbes de la Liga lombarda frente al expansionismo del Emperador romano-germánico Federico I Barbarroja. Un altar de cuatro ruedas tirado por bueyes, como plataforma rectangular con el estandarte de la ciudad y con una cruz en el centro, donde se celebraba la eucaristía y se llamaba con trompetas a la batalla. Y Salvini puso el suyo en Roma, simbólicamente, cuando los leghistas llenaron, por primera vez en la Historia, la Piazza del Popolo con ciudadanos de las ciudades del norte y del sur en su gran concentración del 7 de diciembre de 2018, ante los ojos incrédulos de vecinos y opositores. La Italia soberana, nacionalista (y regionalista) e identitaria (y tradicionalista) aparecía en escena para intentar cambiar el país y transformar Europa.

(La Tribuna del País Vasco)

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