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¿Dónde están los chicos en esta sociedad feminizada?

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Claire de Gatellier.- Las estadísticas hablan. Algunos números tomados al azar: las 2/3 partes de los jóvenes que acaban el sistema educativo sin ninguna cualificación son chicos. En Medicina, el 62% de los títulos de doctorado corresponde al sexo femenino. En la Judicatura, el 82% son mujeres. En Veterinaria, en 2012, el 80% de los estudiantes fueron chicas, en el conjunto de la enseñanza superior son el 56%.

86% de mujeres y 80% de hombres de entre 20 y 24 años son titulares de un diploma de segundo ciclo de la enseñanza secundaria. Únicamente en las escuelas de ingenieros, de tecnología o de informática, los chicos son ampliamente mayoritarios, ¿pero por cuanto tiempo? Los informes internacionales Pisa y Eurydice subrayan el retraso de los chicos frente a las chicas. Eurydice habla incluso de crisis de la masculinidad.

En el recorrido escolar, desde el comienzo, los chicos están retrasados en lectura y escritura y forman la mayoría de los efectivos para alumnos en dificultades o con comportamiento violento. Más a menudo que las chicas, son objeto de una “orientación” en ciclo profesional. Las chicas son mejores en lengua francesa, prácticamente iguales con los chicos en matemáticas. En resumen: el fracaso escolar es asunto mayoritariamente de chicos.

Nos felicitamos, claro está, del éxito de estas señoritas en sus estudios, pero cómo explicar esta “superioridad” sobre los chicos.

Jean-Louis Auduc, autor de un libro “Sauvons les garçons”? (“Salvemos a los chicos”) no duda en hablar de “fractura sexuada”, que considera más importante que la fractura social. Según él, en el bachillerato, las chicas provenientes de entornos desfavorecidos obtienen resultados equivalentes a los de los chicos de entornos favorecidos. “Cuando sabemos que hay cuatro veces más suicidios de chicos que de chicas, comprenderemos que es tiempo de hacerse las preguntas oportunas. La tendencia podría invertirse y después de los planes quinquenales para la promoción de la mujer y la igualdad de los géneros podría ser que el feminismo se vuelva del todo pasado de moda y llegue la hora de la promoción de los chicos.

¿Qué sitio queda hoy para los chicos, y más generalmente, para los hombres? Cuando todo es juzgado, pensado y pesado con la mediada de la compasión y del sentimiento, cuando el principio de precaución se ha convertido en norma y que se tiene el riesgo cero por toda ambición, cuando las mujeres quieren ser idénticas a los hombres y que las madres llevan al Estado ante un juzgado porque sus hijos han caído en combate, en resumen, en una sociedad feminizada y castradora?, se puede entender que los hombres se sientan de más y se refugien, unos en la homosexualidad, otros en la afirmación de sí mismos por la violencia gratuita o incluso en la fascinación de un islam viril y dominante.

La Comisión Europea admite: “Los investigadores critican la fuerte feminización de la profesión de docente, ya que esa tendencia favorece a las chicas y puede finalmente ser responsable de bajos resultados escolares en los chicos”, pero toma sin embargo distancias: “Tratándose de las ventajas potenciales ligadas al hecho de contar más docentes del sexo masculino en las escuelas, no hay ninguna prueba clara de la influencia benéfica de una repartición más equilibrada de los sexos en términos numéricos entre los docentes sobre los resultados de los alumnos. Únicamente los docentes (hombres y mujeres) que cuestionan su propio papel de género y el de sus alumnos pueden generar un cambio”.

En esta sociedad feminizada, ¿cuáles son las figuras del Padre con el que estos adolescentes van a poder identificarse o ser confrontados para “crecer”? El 90 % del cuerpo docente es femenino, los asistentes sociales y magistrados representantes de la Ley, lo que es tradicionalmente el papel del padre, son en su mayoría mujeres. En las familias, muy a menudo el padre está ausente, o reemplazado por un tío o un abuelo. Cuando el padre existe, no se interesa por las tareas escolares y es más bien asimilado al ocio del fin de semana.

En un análisis muy severo sobre la feminización de nuestro mundo occidental, Paul-François Paoli muestra como las feministas han llevado a cabo una intensa campaña de culpabilización de los hombres: “Han querido la piel del hombre: la han obtenido. Ahora cosechan la miseria de sus hijos depresivos, perdidos y neurasténicos (3 o 4 veces más suicidios de chicos que de chicas, no lo olvidemos). Se les pide hoy a los hombres que “expresen sus emociones, que tengan menos pelos en el cuerpo, que sean compasivos y que sepan llorar”. ¿Pero quién encarnará la Ley, la fuerza, la virilidad cuando todas esas ideas se hayan vuelto sospechosas? Paoli se preocupa más todavía por los hijos de la inmigración que pertenecen a una cultura que exalta la virilidad y en la cual la autoridad del padre es incontestable. Ve ahí una explicación a la seducción del islam y a la violencia de una juventud que no sabe ya a qué autoridad referirse.

La escuela mixta no es necesariamente una mala cosa, pero ha sido introducida precipitadamente y por malas razones. Se trataba entonces de problemas de gestión y de demografía escolar. El impacto pedagógico de una educación indiferenciada no fue siquiera tomada en consideración. Sin embargo, pareciera que se haya hecho en beneficio de las chicas frente a los chicos.

Cuántas veces oímos decir: “La presencia de las chicas “suaviza” a los chicos y los obliga a comportarse más correctamente”? ¡Pero nunca se oye decir: “La presencia de chicos “endurece” a las chicas y las vuelve menos arpías”!? Una vez más, ¿a quienes les pedimos cambiar y adaptarse? Solamente a los chicos. En realidad, se espera de ellos que sean menos… chicos. El informe Eurydice reconoce que el punto débil de las medidas actuales residiría en el hecho de que se concentran esencialmente en las chicas. De tal manera, mientras el interés de las chicas por la tecnología suscita mucha atención, nos interesamos menos a los chicos y a su eventual acceso a las profesiones relacionadas con los cuidados médicos. Sin embargo, los roles de género no pueden ser puestos en cuestión de manera eficaz más que si el cambio se hace en los dos sentidos. Pero: “Las iniciativas de orientación sensibles a la dimensión de género tienen tendencia a centrarse más a menudo en las chicas que en los chicos”.

¿Las mismas exigencias escolares? Cuando son demasiado indiferenciadas para convenir a los dos géneros aventajan más a las chicas que a los chicos. A diferencia de madurez desigual se les pide lo mismo a ambos (las chicas maduran antes). Los chicos puestos públicamente en estado de inferioridad compensarán esa situación en el terreno que la naturaleza les deja: la fuerza física, pero utilizada de mala manera porque estará movida por el resentimiento, ámbito muy favorable a la marginalización y a la delincuencia. En el mejor de los casos, la escuela se convierte para ellos, en “un asunto de chicas”, entonces se desinteresan y su desasosiego acerca de su nidentidad no hace más que agravarse.

¿La búsqueda ansiosa y constante del riesgo cero? (riesgo físico claro está, ya que el riesgo sicológico y moral nunca es tenido en cuenta) conduce a los chicos, que tienen, a diferencia de las chicas, necesidad de probar sus fuerzas físicas hasta sus límites en el desafío, la competición, la aventura y el riesgo calculado, a frustraciones peligrosas.

A fuerza de querer la igualdad de los sexos entendida en el falso sentido de “uno puede estar en el lugar de otro y viceversa” (o bien: “intercambiabilidad”), poco a poco los hombres se borran discretamente y dejan completamente el lugar a las mujeres. Eso es un hecho en las pequeñas como en las grandes cosas.
En el campo de la moda se puede verificar esa tendencia: antaño los hombres llevaban pecheras de encaje, mientras que las mujeres lucían sus vestidos con cintas y demás perifollos. Después las mujeres se pusieron a copiar a los hombres y a llevar ellas encajes. Entonces los hombres renunciaron a los encajes y apareció la corbata. Cuando en las iglesias fueron admitidas las niñas como monaguillos, poco a poco los sirvientes de la misa se fueron y pronto no hubo más chicos como monaguillos. Hoy en día no vuelve a haber monaguillos más que ahí donde no hay más que chicos. Pasa lo mismo con los oficios. Los chicos se alejan de la función pública ya que para ellos es un trabajo de mujeres. En la lista de profesiones feminizadas, cuando la cantidad de mujeres sobrepasa el de los hombres, gracias a la política de igualdad de sexos, de cuotas y demás, el movimiento no ha podido pararse y los hombres se alejan de esas ocupaciones.

¿Qué hacer entonces? ¿Hay que resignarse y contentarse con calmar el resentimiento, la depresión o la agresividad (reprimida o no) de nuestros hijos a golpe de Ritalin (metilfenidato, también abreviado como MFD, es un medicamento psicoestimulante aprobado para el tratamiento de trastorno por déficit de atención con hiperactividad) cuyo uso empieza a banalizarse? ¿Seguir constituyendo “cursos de apoyo” y estructuras ad hoc únicamente poblados de chicos, lo que refuerza todavía más su sentimiento de inferioridad? ¿O cómo pretenden algunos, ya que los chicos no están adaptados a la escuela, adaptar la escuela a los chicos? En otras palabras, ¿aceptar poner en tela de cuestión una cierta cantidad de ideas recibidas sobre el informe entre la mixidad o la diferencia de sexos y la igualdad?

Jean-David Ponci, doctor en filosofía de la biología, experto en educación acerca de las organizaciones internacionales y delegado de la European Association Single Sex Education, comenta así estas cuestiones: “La influencia de la escuela sobre la fundación de una sociedad igualitaria no depende de la separación física de los chicos y las chicas, sino del contenido de la enseñanza. Asociar la mixidad a la igualdad y la no mixidad a la desigualdad es una simplificación desastrosa”. Sin embargo, aunque la no mixidad no resuelve todos los problemas, sobre todo si no está mejor pensada que la mixidad, sin embargo podemos decir que en términos de igualdad de los sexos” la mixidad escolar ha fracasado. (…). En nombre de la neutralidad laica, el sistema educativo no deja ningún lugar a las diferencias”.

El primer remedio sería reconocer de una vez por todas que un chico y una chica, un hombre y una mujer, serán iguales pero no son similares.? ¡Basta de teoría de género! Si una vez llegados a la edad adulta, los hombres quieren jugar a ser mujeres y a las mujeres creerse hombres, es su asunto, pero dejemos por lo menos a nuestros hijos la oportunidad de crecer de acuerdo a las reglas que la naturaleza ha otorgado a la diferencia. Eduquémoslos, ayudémoslos a crecer y a construirse conforme a lo que son y lo que está inscrito en el código genético de cada una de los miles de millones de células que lo componen. ¿Estudios de género? Si, pero estudios realistas no ideológicos. Si es para estudiar la naturaleza del hombre y la mujer, sus talentos y sus necesidades, tanto en la historia como en las sociedades contemporáneas, para que todos encuentren su lugar en una sociedad más armoniosa y más justa posible, entonces SI. Pero si es para oponer a los unos contra los otros en una carrera para los cargos y los poderes, mediante cuotas artificiales, o para negar su diferencia y su naturaleza y mezclar una humanidad cada día más anónima y estéril, entonces decimos NO. No nos dejemos seducir, bajo el pretexto de la igualdad de los géneros, por una lucha estéril contra la masculinidad.

No es necesario, a estas alturas, demostrar la importancia del papel del padre. Todos los grandes sociólogos, pediatras, siquiatras y filósofos han demostrado como el padre, al estar presente al costado de la madre, despega al niño de las faldas de su madre y le hace tomar conciencia, a la vez de sus límites y de su individualidad. el padre encarna la Ley, lo que es externo y que se impone en oposición a la afectividad subjetiva de la madre. Al llegar como un tercer elemento en la relación inicial entre la madre y el niño, el padre le abre a este el camino a la alteridad. Esa etapa permite la relación con el mundo y los demás Para el chico, el padre vuelve posible el proceso de identificación que necesita para crecer. El padre confirma al niño en su masculinidad y revela a la niña su feminidad.

Los adolescentes tienen necesidad de modelos masculinos para convertirse en hombres. Pero estos ya no existen más que en el mundo del deporte. Y no siempre. Según Eric Zemmour, estos deportistas magnifican los “nuevos hombres feminizados”: pendientes en las orejas, ropa refinada, productos de belleza, culto femenino de la apariencia, mucha depilación… En su ensayo “El primer sexo”, Zemmour hace el retrato robot del “papá moderno”: “Los hombres modernos son papás gallinas que “empollan”, que cambian pañales, mecen la cuna, dan el biberón… Ellos también quieren ser portadores del Amor y ya no sólo de la Ley. Quieren ser madres en lugar de padres, mujeres en lugar de hombres”.

Es urgente volver a dar al hombre el lugar que le corresponde, aunque eso les disguste a las feministas que no ven en él más que a un macho y un competidor. Para eso, volvemos al punto anterior: subrayar las diferencias ontológicas entre el hombre y la mujer, no para oponerlos sino para acoplarlos, y también animarlos a retomar su lugar en las profesiones de autoridad sobre los niños: la enseñanza, la justicia (por lo menos la de los menores), profesiones sociales y educativas diversas, y revalorizar la autoridad paterna.

En este mundo asexuado, ¿qué les queda a los chicos obsesionados por las necesidad de afirmar su virilidad? Las experiencias sexuales y la violencia o la delincuencia. A los chicos, por naturaleza les gusta el riesgo y experimentar sus límites. De ahí la necesidad de actividades físicas intensas, de aventuras en las que todo no está sistemáticamente previsto hasta en el menor de los detalles, bordado y organizado.

Tienen necesidad de estrés y de competición. El exceso de reglamentación y la judicialización del mundo ñoño actual impide el acceso a la responsabilidad a los jóvenes y desmotiva sus monitores que no saben como entretenerlos de otra manera que no sea poniéndolos a ver un partido de fútbol…en la televisión.
Jean-Louis ?Auduc, director adjunto de la IUFM (Insitutos Universitarios de los Maestros), cita un estudio que demuestra que cuanto más estricta es la gestión de la actividad en los patios de recreo (prohibición de juegos de pelota, prohibición de saltar y correr), más altos son los riesgos de comportamientos extremos como las paradas voluntarias de respiración o los episodios de juego de la asfixia entre los chicos. Mejor una buena lucha infantil entre equipos rivales, con su violencia contenida, sus reglas y la consciencia clara de que se trata de un juego, antes que hacer solo o en banda el aprendizaje de la violencia.

Por otra parte, es necesario que esa virilidad dentro de una violencia autorizada sea acompañada de una condición que la atempere: hay que desarrollar al mismo tiempo el sentido del honor, la rectitud, la sumisión a la ley y a la autoridad y la atención al más débil. Pero los chicos no son solamente seres llenos de energía para gastar, también son grandes tímidos. Por ejemplo: en la escuela siempre están pendientes de la mirada de las chicas. Muy raramente se atreverán a integrarse en los grupos de teatro o en los talleres de arte si no están entre ellos.

Como vemos, no se educa a un chico de la misma manera que una chica. Y eso no significa “reproducir los estereotipos sexuados”, como se suele decir, sino demostrar simple realismo.

Para concitar la atención de los chicos y hacerlos progresar, hay que tener en cuenta sus gustos, sus aptitudes y su madurez. Eso también vale par las chicas, claro está, pero en realidad la escuela mixta se ha convertido en una escuela para las chicas.

No se puede exigir lo mismo al mismo tiempo a ambos. Puede haber un desfase en el tiempo, una manera de abordar los temas, exigencias diferentes. El Instituto Libre de los Maestros organizó en 2011 una formación sobre la educación diferenciada chicos/chicas. Los distintos intervinientes demostraron uno tras otro, apoyándose tanto en datos científicos como sobre la experiencia, que no se estimula a los chicos y a las chics de la misma manera. Por ejemplo: se logra captar la atención de los chicos privilegiando el movimiento, la acción en Historia (las batallas, los acontecimientos) en Literatura la aventura, en Ciencias la electrónica la mecánica, mientras que las chicas son más sensibles a la vida cotidiana, a la evolución de las sociedades, a la descripción de los sentimientos, a los colores (mapas de geografía). Los chicos son estimulados por el estrés de los exámenes, las chicas son más bien inhibidas por el estrés pero más regulares en su trabajo, teniendo más éxito en control continuo. Y muchas más cosas que son necesarias a todos pero presentadas y abordadas bajo un ángulo diferente según el sexo para permitir a cada cual progresar según sus talentos.

La mixidad no es un valor absoluto y un mínimo de pragmatismo debería levar a diversificar la oferta. Sin llegar al extremo de denunciar sistemáticamente la mixidad de las aulas, que puede ser provechosa si está bien planificada, parece realista concebir al menos unos tiempos separados en algunas materias, cursos de apoyo que perderían su nombre con connotación peyorativa para convertirse en tiempos de chicos y tiempos de chicas, actividades extra o paraescolares ente iguales, listas de libros aconsejados que hagan la distinción entre loslibros dirigidos más a las chicas que a los chicos. Mixidad o no mixidad, sea lo que sea, habría que tomar ejemplo de muchos otros países que han procedido sobre esta cuestión con resultados alentadores. Tal vez dejaríamos de descender, peldaño a peldaño en las calificaciones internacionales. Pero yendo mucho más allá de los concursos y las notas, de lo que se trata en primer lugar es del porvenir, del equilibrio de nuestro hijos y de nuestra sociedad entera.


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11-M, la gran mentira del PSOE y el PP. Conferencia por Miguel de Cervera

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Miguel De Cervera
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La Asociación Alfonso I de Santander concedió el viernes, en un raro ejemplo de libertad en nuestros días, una conferencia cuyo título lo dice todo: “11-M, la gran mentira del PSOE y el PP”. Su autor, Miguel de Cervera, es un investigador especializado en crimen de Estado y manipulación de las masas.

En un lenguaje claro y directo, y apoyado nada más que en los datos, Miguel de Cervera describió la esencia de lo ocurrido en el 11-M. “La explicación oficial del atentado ha navegado entre dos grandes mentiras. Una es la versión oficial islamista, que vino a sustituir la mentira inicial de ETA y que resultaba, en interesado popurrí de ambas versiones, todo ello una enorme mentira de Estado que nunca se pudo creer nadie. Y la segunda gran mentira es negar esa versión, que es falsa de raíz, pero sin dar ninguna explicación sobre lo que realmente sucedió en esos trenes y esas elecciones. Y así es cómo la celda queda vacía”.
El conferenciante culpó a Losantos de constituirse en el gran defensor y beneficiario de esa segunda manipulación, sin la cual no hubiera sido posible dividir a la sociedad y dejar atrás un crimen sin culpables. “Los magrebíes y asturianos a los que acusaron no pudieron ser, por muchas razones, pero Losantos se ha limitado a insistir en eso e instalarse en lo que no pasó. El “queremos saber la verdad”, para este personaje, se ha quedado en eso: una vacía declaración de intenciones. Todo para que los verdaderos (y poderosos) asesinos sigan sueltos. Libres para seguir manipulando elecciones, aunque sea a costa de matar a 200 españoles. Hoy en día, menos mal, los pucherazos salen más baratos, y ahí tenemos a Sánchez para demostrarlo”.
Miguel de Cervera tuvo duras palabras para el PSOE, pero sobre todo para un PP que no es nada inocente de lo ocurrido: “no se puede obviar que los que gobernaban entonces eran los amigos de las gaviotas, que fueron los que presentaron todas aquellas falsas pruebas y detenidos. Y es cierto que el PSOE se benefició de la tragedia, cómo no, pero no era la primera opción de los verdaderos terroristas del 11-M. Un poderoso grupo que está por encima del Estado y que decidió que iba a ganar el PP, en primera, pero Aznar fue tan chantajeado con la autoría del atentado que prefirió ceder a regañadientes La Moncloa. Dejarse ganar las elecciones, sí, antes que aceptar dicho chantaje, porque claro está que ahí ocultaban algo muy gordo. Por eso, también, echaron luego pelillos a la mar y se dejaron hasta acusar de asesinos. Y eso fue lo que pasó y lo que Losantos oculta, todavía hoy”.


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“Sin el racialismo, el identitarismo es como una flor sin fragancia”

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Portada del libro de Pedro Carlos González Cuevas
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El historiador Pedro Carlos González Cuevas acaba de publicar bajo el sello de La Tribuna del País Vasco el libro “Vox, entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria”, un sensayo dedicado al partido liderado por Santiago Abascal que parte de una premisa: “La incidencia de VOX en la vida política española es tan necesaria como lo ha sido antes de las elecciones. Cuarenta años de indiscutida hegemonía de la izquierda cultural, del nacionalismo separatista y, sobre todo, de la “razón cínica” centrista, ha imprimido carácter a la sociedad española; y de esas telas de araña no se sale fácilmente, lo estamos viendo; más bien todo lo contrario. En cuanto a VOX, su dilema está claro: debe elegir entre el liberalismo conservador, es decir, un PP bis, o configurarse como una auténtica derecha identitaria y socialmente transversal. No hay otra alternativa”.

Profesor titular de Historia de las Ideas y de las Formas Políticas en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Pedro Carlos González Cuevas ha pasado esta mañana por los micrófonos de Radio Cadena Española para participar en el programa “Alt News”, que conduce y dirige Saniago Fontenla.

El colaborador de este espacio y director de AD, Armando Robles, ha mantenido una discusión con González Cuevas al refutar la naturaleza identitaria de Vox. “Usted llama identitaria a una formación política que defiende el relativismo antropológico. Es decir, califica a los inmigrantes de buenos o malos dependiendo de su procedencia. La racialidad es el fundamento del identitarismo. Las etnias son el fundamento de las sociedades. Alemania es lo que es por los alemanes, no por su cultura. Son las identidades raciales las que determinan el caracter y la capacidad creativa de las comunidades nacionales. Y una comunidad nacional es el resultado de una herencia biológica de siglos”.

Por su parte, el escritor e historiador minimizó la importancia del racialismo en el identitarismo, que definió como una respuesta política al globalismo. Abogó en ese sentido por el “mesticismo” defendido por Ramiro de Maeztu. Robles respondió rotundo: “El mesticismo que usted defiende es precisamente el arma destructiva que está utilizando el globalismo para la destrucción de los pueblos europeos. Sin racialismo, el identitarismo es como una flor sin fragancia”.


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La caída del Imperio de Occidente

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André Waroch (Traducción BD).- “Vivimos la hora del hombre nómada, sin patria, el ciudadano del mundo. Es el tiempo del que no tiene más ataduras que aquellas que puede llevarse en cualquier momento en su maleta. El mundo del día de mañana parece pertenecer a aquellos que prescindirán de sus vivencias terrestres, o incluso espaciales, de una “tierra”, de un “suelo”, arcaísmo cuya exhaltación huele a populismo rancio”.

Este es el discurso, apenas caricaturizado, de un cierto número de intelectuales provenientes de la izquierda y de la extrema izquierda convertidos al “liberalismo”, es decir para ser más precisos, al librecambismo globalizado. Es un trayecto menos duro que lo que parece, los fundamentos ideológicos de estos intelectuales no padecen, entre esos dos extremos, más que daños menores.

El núcleo duro de su compromiso no ha cambiado; se trata siempre del odio al enraizamiento, al particularismo, a la singularidad irreductible de los pueblos, a la nación en el sentido griego del término.

Una hiper-casta mundialista, cuyos contornos se dibujan con mayor nitidez a medida que pasa el tiempo, quiere creer todavía en un “progreso” a la manera de Julio Verne. La naturaleza domesticada por una tecnología que lleva a los hombres a la altura de los dioses; una cultura universal y uniformizada reinando sobre toda superficie terrestre; un gobierno mundial sabio, benéfico, consensual, que en este mundo pos-histórico sólo se ocupará de gestionar y administrar. En definitiva: el paraíso sobre la Tierra para estos hombres que llevan en ellos el sueño cristiano secularizado de las Luces.

En la mentalidad occidental, de la cual esta casta se reclama más que de cualquier otra cosa, al porvenir se le supone mejor que el presente, y el presente mejor que el pasado. El destino irrevocable de la humanidad parece ser de subir siempre más arriba en la inteligencia, la belleza, la bondad, la alegría, la felicidad, hasta un cénit improbable.

Reinaba en la Edad Media el sentimiento exactamente inverso. Los letrados tenían la convicción de una caída inexorable del mundo hacia el abismo, la certeza de un mundo llegado al estadio último de la vejez. Si es cierto que el paso de la Antigüedad a la Edad Media trajo consigo el abandono de una cierta concepción cíclica el tiempo (“el eterno regreso”) en provecho de una visión lineal debido al cristianismo, sin embargo hay que precisar que esta “linealidad” ha cambiado de alguna manera de sentido, de abajo hacia arriba, en algún momento entre el siglo XII y la Revolución Francesa. La Europa del Oeste ha pasado de la caída a la ascención. En la Edad Media, el pasado era visto como mejor que el porvenir, y fue la inversa que se impuso definitivamente a partir del siglo XVIII.

Esto no es simplemente una creencia religiosa: la Edad Media fue verdaderamente una regresión en comparación con la Antigüedad, y el progreso, en el sentido material del término (expansionismo más allá de los mares, descubrimientos científicos), fue una realidad incontestable para la Europa del Oeste a partir del siglo XV. No solamente una creencia religiosa, pues, pero también, y al mismo tiempo, una creencia religiosa.

Seguramente hay que ver el origen de este cambio de dirección en la Reforma Gregoriana, acontecimiento capital que el historiador Harold J. Berman ha rebautizado “Revolución papal”. Sea como sea, la creencia está ahí. De ahí el célebre y estúpido adagio: “¡Es increible ver cosas tales en el siglo XXI!”. El tiempo, una vez más, es visto como una subida inexorable de la humanidad hacia la civilización suprema.

La realidad, para la Europa occidental, parece nuevamente invertir el sentido de la marcha. La evolución actual se emparenta de manera sorprendente al proceso que caracterizó la degeneración final del Imperio Romano de Occidente, a partir del siglo III, hasta la deposición del último emperador en 476 (principio de la Edad Media para los historiadores).

Este proceso, que puso fin al mundo antiguo, se caracterizó por:

  • Un caos étnico en aumento. Después del edicto de Caracalla que acordaba en el año 212 la ciudadanía a todos los varones no esclavos de las provincias, los bárbaros germánicos y húnicos comienzan a abalanzarse sobre las Galias. Al final del siglo IV, la mayoría de los soldados y hasta los generales “romanos” son en realidad germanos naturalizados. Las cepas propiamente romanas son apartadas, de hecho, del poder.

  • Un gigantismo mortal. El Imperio, en su apogeo, se extiende desde el sur de Escocia hasta el Mar Rojo. Atacado por todas partes, su economía desorganizada, los efectivos del ejército y de la administración en aumento incesante, el Imperio agobia al pueblo bajo tasas e impuestos. En las Galias aparece el fenómeno de los “bagaudes”, campesinos que se echan al monte para escapar al fisco. Uno de sus jefes, Eudoxio, buscará refugio acerca de Atila. La impotencia del ejército romano (cerca de 400.000 hombres bajo Diocleciano) para proteger un territorio tan vasto, añadida a la prohibición hecha a los civiles indigenas de llevar las armas, le abre una avenida a los invasores. Visigodos, francos y demás burgundios someten las poblaciones del Imperio y toman poco a poco posesión de las tierras en el Oeste.

  • Un éxodo urbano. La economía del Imperio, a partir del Siglo III, se ve totalmente desorganizada por las incursiones bárbaras. La circulación de las mercancias de provincia a provincia declina, incluso se suspende. Las ciudades, a partir del siglo V, empiezan a vaciarse. La población urbana, grupo de consumidores que se alimentan de importaciones, se ve obligada a efectuar un “retorno a la tierra”, es decir un regreso a la explotación directa de las materias primas, ya que la circulación de los productos manufacturados las importaciones de mercaderías de base se han vuelto demasiado débiles para alimentar a las ciudades.

  • Un cambio religioso. En el año 312, Constantino, primer emperador converso, instaura la igualdad entre el cristianismo y las demás religiones, lo que ya es, en la lógica conquistadora de los monoteísmo surgidos del judaísmo, un paso decisivo hacia la religión única y obligatoria. En la década siguiente, Constantino demuestra claramente hacia donde van sus preferencias y empieza a prohibir algunas prácticas paganas como la adivinación. Interviene en los debates teológicos. Es él quien convoca en el año 325 el Concilio de Nicea, asunto central en la historia del catolicismo. Los sucesores de Constantino continuarán su política de cristianización forzada de la sociedad. En 354 es decretado el cierre de los templos paganos y la prohibición de los sacrificios.

En 381, Teodosio, verdadero verdugo del paganismo, emite un edicto por el cual impone a todos los pueblos del Imperio el cristianismo como religión obligatoria. En los dos decenios siguientes, se da el golpe de gracia jurídico a las antiguas religiones, con el punto culminante de la prohibición definitiva en el año 395, por el emperador Arcadio, de toda práctica religiosa distinta al catolicismo romano (las herejías cristianas como el arianismo eran combatidas tanto como las prácticas politeístas).

  • Una regresión demográfica subrayada por muchos historiadores. La despoblación de algunas zonas es evidentemente una llamada par los bárbaros que sólo tienen que colonizar unas tierras desocupadas.

La Europa del oeste, católica y protestante, heredera del Imperio de Occidente, se encuentra confrontada a una situación cuya analogía con lo que precede es alucinante. El caos étnico está aquí, es incontestable. Los recien llegados no se convierten, como los antiguos germanos, a la religión de los autóctonos, sino que llevan con ellos el islam, ideología belicosa, conquistadora, totalitaria.

Las nacionalidades francesa, británica, belga y ahora la alemana también (la lista no es exhaustiva) le dan la nacionalidad sin restricción a los hijos de los inmigrantes nacidos sobre suelo europeo. Estos se vuelven inexpulsables en el sistema jurídico actual y se transforman en el vector de una sustitución de población que comienza con la inmigración, y continúa desde el interior, como un cáncer.

La Unión Europea, que se extiende cada vez más rápidamente, se vuelve una especie de inmenso terreno baldío. Mientras que las empresas son aplastadas por impuestos destinados a poner en marcha políticas sociales, los productos manufacturados provenientes de China o de otros países emergentes (que no practican ninguna politica social) llegan a nuestras fronteras prácticamente sin ningún derecho de aduana.

El resultado es previsible: liquidación de las industrias, transformación total de la economía de los países de la UE en economía de servicios, y dependencia cada día más gigantesca de Europa de la “fábrica del mundo” neo-confucianista, o sea China.

El éxodo urbano ya ha comenzado, aunque no se note aún. Las ciudades no pierden habitantes (menos Paris) pero ven desaparecer las clases medias que dejan el sitio a otros recién llegados, atraídos por una vida parasitaria que no pueden encontrar en las zonas rurales. Cada vez con mayor frecuencia muchos franceses, y ya no exclusivamente de las clases favorecidas, huyen al extranjero.

La baja dramática del poder adquisitivo ocasiona el desarrollo creciente de las compras directas a los agricultores. Como en el Bajo Imperio, asistimos a un comienzo de derrumbe de la economía desarrollada, economía mormalmente basada sobre una red muy densa de intermediarios entre el productor y el consumidor.

El alza contínua del precio de la gasolina, asociada a una pauperización creciente, hace que el europeo se desplace cada vez menos. Los destinos de vacaciones y de fin de semana son cada vez más cercanos al domicilio (incluso cada vez son más los que no salen de vacaciones o de “puente”). Asistimos a una verdadera inmobilización de los individuos totalmente en contradicción con las teorías del “hombre nómada”.

El horizonte mental y físico del hombre europeo, en este principio de siglo XXI, se estrecha rápidamente, tanto más que el nivel cultural de las nuevas generaciones (cierto es que cada vez menos europeas) se derrumba a toda velocidad. Se estima que más del 25% de los bachilleres franceses son iletrados y que el 20% de la población adulta es analfabeta. Como en el final del Imperio Romano asistimos a una aculturación, a una pérdida de memoria colectiva que precede y causa la destecnificación, preludio a una nueva Edad Media.

Las zonas fuera del imperio de la ley, territorios librados a las bandas de jóvenes musulmanes que hacen reinar en ellas una especie de orden islamo-mafioso, constituyen el embrión de una nueva feodalidad, mucho más agresiva que la primera, ya que está construída sobre el fanatismo y sobre un odio de esencia totalitaria. En muchas de las llamadas “banlieues”, auténticos futuros sultanatos independientes, la Policía ya no se aventura más que con sumas precauciones, incluso no entra nunca en alguna de ellas.

Las invasiones bárbaras pusieron fin al Imperio Romano, por lo menos en Occidente. El Imperio de Oriente, llamado más tarde Bizantino, siguió llevando el sueño durante un milenio. Justiniano enprendió incluso, en el siglo VI una gigantesca expedición punitiva para arrancar los territorios del ex-Imperio de Occidente de las manos de los bárbaros.

Si los EEUU han sido a menudo comparados a Cartago, lo que es más una ocurrencia o un eslógan que una analogía coherente entre las dos entidades, la Europa actual tiene su Imperio Bizantino, un país gigantesco, construido él también sobre bases imperiales, ortodoxas, mesiánicas, y que domina el arte de la maniobra política. Este país, que la religión y el alfabeto cirílico ha mantenido apartado, al menos desde el sisma de 1054, de los europeos convertidos al catolicismo y despúes a la Reforma (que no es más que una reforma interna del catolicismo, reforma cuyo empuje se paró a las puertas de la Europa ortodoxa como delante de un muro de cemento armado) es la última pieza del puzzle que permite una analogía casi mística entre los siglos V y XXI.

Rusia, ya que se trata de ella, a pesar de sus debilidades (demografía catastrófica, ausencia de tejido industrial, presencia masiva de musulmanes rusos y de Asia Central), ha decidido perpetuar el sueño imperial. Por eso mismo vuelve a ser un actor cuando la Europa del oeste no es más que una puesta en juego, un envite, situación que recrea la dicotomía de la Antigüedad tardía. En esta óptica, los EEUU jugarían más bien el papel del Imperio Persa Sasánida.

Por segunda vez, el Imperio de Occidente, que había desaparecido una primera vez en su forma estatalo, pero se había reconstruído bajo una forma civilizacional, por el intermedio de la Iglesia Católica Romana, está derrumbándose.


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