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El libro, ese amigo fiel

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Manuel I. Cabezas González.- Hace unos meses, estaba tomando mi café matutino, instalado en una de las mesas de la cafetería de la Facultad de Letras de la UAB y enfrascado en la lectura del libro de Juan Eslava Galán “De la alpargata al seiscientos”. Una camarera, como de costumbre, recogía las mesas. Al llegar a mi altura, me dijo: “Hoy estás solo”. A lo que yo le respondí: “Nunca se está solo, si tienes un libro abierto y en las manos”. Traigo a colación esta anécdota personal para contextualizar el objeto de mi reflexión de hoy: el “libro”, ese gran amigo, siempre disponible, paciente y fiel, Cicerón dixit; y la “lectura”, esa actividad tan gratificante y tan fundamental pero, al mismo tiempo, tan desprestigiada y olvidada, por desgracia, hoy en día.

En la sociedad actual (y cada vez más, en la futura), los ciudadanos debemos hacer frente a dos enemigos letales para la salud, tanto psíquica como somática: por un lado, el “individualismo” galopante; y, por el otro, la “soledad”, hija del individualismo y de un déficit comunicativo cada vez mayor. Para escapar y protegerse de esta espada de Damocles que es la soledad, los seres humanos nos estamos auto-engañando masivamente con ciertos “gadgets”, que crean la ilusión de establecer lazos y de crear redes de amigos. Cuando hablo de “gadgets” me refiero al uso inapropiado de las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC), y, en particular, de las redes sociales y de ese artilugio, pegado a cada ser humano, que es el móvil. En realidad, estos medios nos aíslan al crear un espejismo de comunicación. Y, de esta forma, se incrementa, aún más, el individualismo, la soledad y el “spleen” de vivir.

Los usuarios de los móviles y de las redes sociales estamos confundiendo, como subrayó muy acertadamente el Papa Francisco en una entrevista reciente, el hecho de “estar conectados”, que es una cuestión técnica y mecánica, con el hecho de “estar comunicados”, que es algo muy diferente y que implica compartir, intercambiar, poner en común para transformar y hacer crecer al otro. Y, en base a esta confusión, pensamos y creemos que no estamos solos y que tenemos cientos o miles o millones de amigos gracias a Facebook, a Twitter, a Instagram, etc. ¡Craso error!

En estos contextos y en estos medios, emplear el término “amigos” es utilizar la palabra en vano y prostituir el lenguaje. Estos amigos virtuales no son amigos y se puede afirmar que no llegan ni siquiera a la categoría de “conocidos”. Son simplemente un espejismo de la verdadera amistad y un auto-engaño.

En efecto, como dice el refrán castellano, los auténticos amigos se cuentan con los dedos de una mano y nos sobran dedos. Por eso, ¡menos lobos, Caperucita, con los cientos o miles o millones de amigos, conseguidos gracias a las redes sociales!

Para destetarnos de estas ilusiones y quimeras comunicativas —creadas por los móviles y las redes sociales— y hacer frente al individualismo, a la soledad y al sucedáneo de la comunicación imperante —verdaderas epidemias en las sociedades modernas— disponemos de dos antídotos o vacunas muy eficaces, que perjudican seriamente nuestra soledad y también nuestra incultura: el “libro” y la “lectura”.

Estos dos términos designan dos realidades interdependientes, que se implican necesariamente. Es una verdad de Pero Grullo afirmar que, sin libro, la lectura sería imposible; y que la lectura es la que justifica la existencia del libro al que, por cierto, da vida.

Además, entre el escritor y el lector se produce también una fuerte interdependencia, que Michel de Montaigne expresó magistralmente cuando escribió que la palabra o el texto son mitad del que habla o escribe y mitad del que escucha o lee (Les Essais, Livre III, Cap. XIII: “De l’expérience”). Este punto de vista fue argumentado y corroborado por el semiólogo francés Roland Barthes, que puso el acento también en esta simbiosis entre el escritor y el lector, al afirmar que el lector es el que pone siempre el punto final a un libro y el que lo preña de sentido. Sin él, el libro sería letra muerta, sin vida.

Los libros no son un producto de usar y tirar (A. Gallimard). Son, más bien, esos amigos que, según Cicerón, “están siempre a nuestra disposición y nunca están ocupados”. Por eso, dejó escrito que “si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo necesario” para ser feliz. Además, el libro permite “trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía” (J.F. Kennedy). Comparados con los auténticos amigos de carne y hueso, que se pueden contar con los dedos de una mano, el número de amigos-libros es prácticamente infinito, si los comparamos con la brevedad de la vida humana para entrar en comunicación con todos ellos y cultivar la amistad. Estos instrumentos de comunicación en diferido, que son los libros, pueden ser comparados con las flores que, en primavera, están henchidas de polen y de néctar, que las abejas recolectan y liban.

La lectura, por su lado, es el proceso desencadenado por el lector-abeja, que transporta el polen y el néctar de una inteligencia (la del escritor) a otra (la del lector). Algunos han considerado muy acertadamente la lectura como el viaje, gracias a la lengua, de aquellos que no pueden coger el tren, el avión, el barco o el coche. Así, sin otros artilugios, sin desplazarse en el espacio y a pesar de leer sólo letras, el lector puede ver imágenes, contemplar paisajes, oír otras voces,… y vivir miles de vidas distintas. Por eso, Flaubert afirmaba que “leer es vivir”; y Napoleón consideraba que la “lectura era para el espíritu lo que la gimnasia es para el cuerpo”. Además, en base al papel jugado por la verbalización lingüística en el psicoanálisis, se habla cada vez más del valor terapéutico y taumatúrgico de la lectura.

En efecto, en el marco de la “biblioterapia”, se prescribe la lectura de libros para ayudar a superar conflictos. Ahora bien, no se trata de la prescripción de “libros de autoayuda”, sino de algo muy distinto. Maruja Torres, lo tenía muy claro cuando escribió que «algunos leen libros de autoayuda; otros simplemente leemos para auto-ayudarnos».

A pesar del provecho y de los beneficios potenciales, tanto desde el punto de vista personal como social, que se pueden sacar del libro y de la lectura, los españoles leemos poco y mal. Según el “Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros, 2017”, más del 40% de los españoles no ha leído un libro en su vida ni piensa hacerlo. Este porcentaje es superior a la media de los países europeos de nuestro entorno (30%). Además, a pesar de que leemos un poco más que en años anteriores, leemos peor. En efecto, la lectura tranquila, atenta y reflexiva, que necesita la lectura de un libro, no ha mejorado. Por otro lado, a partir de los 25 años, se produce un descenso significativo de los índices de lectura. Y, en las bibliotecas, los préstamos de libros han disminuido en los últimos años. Además, a pesar de que haya aumentado ligeramente el número de compradores de libros, el número de libros mercados anualmente ha disminuido. Finalmente, tanto en la escuela como en casa, las horas dedicadas a la lectura en España están por debajo de las de los países de nuestro entorno.

Ante esta triste realidad, para el período 2017-2020, se ha implementado un “Plan de Fomento de la Lectura”. Con él se pretende que los españoles leamos más y mejor. Ahora bien, los resultados esperados son inciertos y pueden hacerse esperar por la competición que la lectura debe librar con otras formas más motivadoras de divertirse y matar el tiempo: la TV, las redes sociales, el móvil, etc. Y, por otro lado, la lectura, como la amistad o la felicidad, no es algo que se pueda imponer: “Con nuestros amigos los libros, si pasamos una velada en su compañía, es solo porque realmente nos apetece”, Marcel Proust dixit. Pastichando el adagio popular “la letra con sangre entra”, Pedro Salinas afirma, por su lado, que “la letra con letra entra”. De ahí el papel de la escuela para inocular en los niños y jóvenes el virus adictivo de la lectura de libros.

Por eso, no dejemos para mañana lo que podamos leer hoy. La lectura perjudicará seriamente nuestra ignorancia y nuestra soledad. La lectura nos hará más libres y menos manipulables. Nuestra reputación social y nuestra autoestima dependerán de ella, como rezan estos aforismos posmodernos: “Dime qué lees y te diré quién eres” o “Dime quién eres y te diré qué lees”. Para cambiar radicalmente nuestro destino, como escribió D’Alembert, “no hacen falta otras armas que el libro y la palabra”. Por lo tanto, ¡Apaguemos la televisión y los móviles y abramos un libro, ese auténtico y gran amigo, siempre disponible, siempre paciente y siempre fiel!

Doctor en Didactología de las Lenguas y de las Culturas. Profesor titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada . Departamento de Filología Francesa y Románica (UAB)

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La bomba de Iglesias

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Tomás Gómez.- Toda la actualidad política tiene tufo electoral porque los líderes políticos dan por hecho que el 10 de noviembre se vuelven a repartir las cartas y cada uno ha empezado su particular campaña.
Todos los sondeos vaticinan que el partido que más crecería es el PSOE, y que el PP recuperaría parte de las fugas de voto que tuvo hacia Ciudadanos y Vox, pero, aun así, sería ampliamente derrotado.
Quizá sea por eso que Pablo Casado, que se ha empeñado en una estrategia, como la de España Suma, que le radicaliza, ha celebrado un acto en el Congreso de los Diputados que tuvo la presencia protagonista de Rosa Díez y la lectura entre líneas de que puede formar parte del proyecto de la derecha.

Es un intento de hacer un guiño a los electores más centrados. El inconveniente es que la operación Díez es igual de nula que lo fue para el PSOE la incorporación de Irene Lozano, con el agravante de que la ex política no goza precisamente de un gran prestigio.
Pedro Sánchez, por su lado, juega con la ventaja de ocupar la posición más institucional, de tener más datos y la capacidad para decidir, de manera que si convoca elecciones será porque los cálculos le son favorables.

Es cierto que en su contra está el hecho de ser visto por los españoles como el mayor responsable de que vaya a haber repetición electoral, cosa que no quiere nadie y que puede haber algún votante de izquierdas enfadado. No obstante, en principio, la idea de que votando PSOE se vota estabilidad parece que la tiene ganada Sánchez. Y, por otra parte, el hecho de que todos los sondeos le den buenos resultados ayuda a que los indecisos tomen partido por él.

Pablo Iglesias, que está demostrando versatilidad en las posiciones tácticas, también cuenta con alguna ventaja de cara al discurso electoral. Por ejemplo, haber renunciado personalmente a tener responsabilidades de gobierno le sitúa en una posición más empática con los votantes de izquierdas y su insistencia pública en reclamar negociación, como la que realizó en la sesión parlamentaria de los últimos días, le ayuda a reforzar la idea de culpabilidad del PSOE en todo esto.

No obstante y, a pesar de que los sondeos no siempre se cumplen, todo apunta al desastre de los morados. Entretanto, Iglesias juega a preparar la campaña, pero, a la vez, a intentar noquear a Sánchez.

En los últimos días han saltado algunas alarmas en Moncloa sobre el despacho del próximo martes del rey con Pablo Iglesias. Se teme que el líder de los morados ponga una bomba contra el PSOE comprometiéndose ante Felipe VI a apoyar sin condición alguna a Pedro Sánchez, con lo que el monarca le debería encargar formar gobierno.

La situación sería muy incómoda, porque rechazar el mandato podría no ser entendido por los votantes y, aceptar, sería como dispararse en los pies, porque si algo ha demostrado Pablo Iglesias es que guarda rencor a los que considera que le han traicionado.

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El honor de las señoras gallinas

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Por Alberto González Fernández de Valderrama.- El vídeo que se ha viralizado por las redes sociales difundido por la asociación “Santuario Animal Almas Veganas”, que muestra su granja avícola donde las gallinas viven separadas de los gallos para evitar que éstos las violen, marcará un antes y un después en la historia de los colectivos animalistas y feministas de España (que ambos marchan del brazo como buenos hijos del pensamiento de la izquierda). Porque ese ruido que ha provocado tal noticia no es sino el pistoletazo de salida en la carrera hacia la cumbre del disparate humano, una carrera en la que la izquierda ha tomado la delantera, sabiendo que tarde o temprano la derecha acomplejada irá asumiendo sus postulados.

No nos extrañemos, pues, de los frutos que iremos viendo nacer de esta chifladura. Por lo pronto, acabamos de ver a estas defensoras de la dignidad animal manifestarse en Barcelona contra el ordeño de las vacas: ¿cómo puede permitirse que un hombre abuse de una señora vaca tocándole los pechos sin que ésta le haya dado expresamente y por escrito su consentimiento? Como los animales no tienen voz, estas activistas se sienten llamadas a poner la suya para defender su dignidad, conscientes de que forman una misma familia con aquéllos, apenas diferenciada por unos pocos genes. Y quizás tengan razón, porque no hay duda de que muchas de ellas tienen un gran parecido genético con ciertas especies animales. Por ejemplo: algunas son muy zorras; y lo digo -como pueden suponer- por la gran astucia que demuestran al conseguir toda clase de subvenciones o puestos bien remunerados en chiringuitos ideológicos sostenidos con dinero público, ese que no es de nadie porque flota en el éter o se forma con el rocío de la mañana. Otras son como víboras venenosas y otras –el sector más feminista y menos animalista del colectivo- son como ejemplares hembras de mantis religiosas, esas insectas que devoran a sus machos cuando se cansan de ellos, único caso en el que la naturaleza es realmente sabia y no procede corregirla.

Pero volvamos al tema de las gallinas. ¿Cuál será el paso siguiente que estas veganas defensoras de la virtud darán en su denodada lucha por la protección de sus derechos fundamentales?. Es fácil imaginarlo conociendo a fondo el pensamiento de la izquierda. Tardaremos poco en verlas rabiar, patalear y hasta desnudarse dentro de una iglesia para llamar la atención de la sociedad y concienciar a los políticos de que es necesario poner freno a esta violencia de género gallináceo impulsando la creación en todas las granjas avícolas de talleres de educación sexual para gallos. No faltarían candidatas interesadas en dedicarse a esta nueva profesión, sobre todo militantes de Unidas Podemos y sus filiales autonómicas, y de esta manera el Gobierno – y perdón por la expresión- mataría dos pájaros de un tiro: podría crear nuevos entes públicos que reducirían las cifras del paro vaciando nuestros bolsillos, y podría congraciarse con este partido en estos momentos en que necesita sus votos para jorobar a los españoles con la dictadura frentepopulista que se ha empeñado en imponernos. Ahora bien: si resulta un poco complicado educar a los gallos después de tantos años de dejarlos actuar a sus anchas por nuestra sociedad patriarcal de reminiscencias franquistas…¿qué dificultad no habrá para tratar de educar sexualmente a esos animales que son nuestros primos hermanos: los monos?

De todos es sabido que son cochinos a rabiar. El pudor me impide entrar en detalles de todos conocidos. Porque aquí unos y otros, unas y otras, practican un sexo compulsivo que no respeta ni a los menores de la familia: los monitos, monescos o monámbulos, como se les quiera llamar, ahora que el idioma empieza a ser plenamente democrático y es el pueblo llano el que limpia, fija y da esplendor a la lengua española, castellana o “de este país”; no como antes que era competencia de unos académicos a los que el pueblo no había elegido. Pero todo se acaba consiguiendo con esfuerzo; y así veremos algún día a monos, gallos, toros, cerdos y en general a todos los animales machos reconvertidos en ejemplares ciudadanos, respetuosos con sus hembras y demás familiares.

El problema es que estas activistas, al ser de izquierdas y odiar todo lo que huele a religión cristiana, no tienen como modelo de conducta al bueno de San Francisco de Asís, que llamaba hermanos a los lobos y los educaba para que comieran de su mano; a quien tienen como paradigma del amor fraternal hacia los animales es al emperador romano Calígula, que tanto amaba a su caballo que lo nombró senador.

Ignoro lo que un caballo puede aprobar en un Parlamento, pero mucho me temo que si algún día y gracias a la labor de estas veganas, nuestras Cámaras se llenan de animales de todo pelaje, tendremos gobierno de la izquierda por los siglos de los siglos. No sé si llegaremos a este extremo, pero estoy seguro de que nos acercaremos mucho, y de que algún día oiremos a los hombres decir a las mujeres para reprocharles su excesiva virtud: “Eres más estrecha que las señoras gallinas”.

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España suma

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J. A. Trujillo.- La política nunca debió convertirse en un problema de aritmética. Con menos cifras y más palabras nos iría mejor. Nuestras leyes electorales abonaron el campo para que abundaran las operaciones por resolver. La demoscopia compuso esa nueva disciplina de sumas y restas que procura suplantar el peso de lo real en lo social. Es, sin duda, un ejercicio constante de videncia, con el único objetivo de conformar la opinión de los ciudadanos en la línea del que paga la encuesta. Tanta fuerza tiene la sociología con números, que incluso el presidente del Gobierno en funciones está dispuesto a no ceder en ninguna de sus pretensiones, confiando en lo que sus asesores le auguran en unos futuros comicios electorales.

Pedro Sánchez quiere gobernar en solitario. Zapatero ya lo hizo, con el apoyo de las fuerzas de la izquierda sociológica y los diferentes partidos nacionalistas, sin a penas contraprestaciones y ese es su deseo. Gobernar con apoyos parlamentarios estables, pagaderos en los presupuestos generales del Estado, es una cosa, y otra, sentar en el consejo de ministros a Pablo Iglesias y los suyos. No escucha a ninguno de sus compañeros, incluido Felipe González ni Rodríguez Zapatero, ni a la izquierda mediática, que le presionan para que conforme un gobierno que acoja a Unidas Podemos en alguna de sus infinitas opciones de colaboración. Su proyecto político no puede implantarse si existe una versión coral en su gobierno, y consciente de eso, resiste. Sin ningún logro que pudiera resaltar de sus meses de gobierno, se presentó a las anteriores elecciones generales movilizando a su electorado apelando al miedo de la llegada de la extrema derecha. Lo que más favoreció su resultado fue la división en el centro derecha sociológico. El resultado todos lo conocen. Quiere repetir la jugada en noviembre, sumando además la supuesta traición a la izquierda de la formación morada, y parece que le puede salir bien.

Lo que nadie entiende es que el centro derecha no utilice sus propias armas y no aprenda de las lecciones del pasado. Quiere seguir estando en la oposición. Los tres líderes, Casado, Abascal y Rivera son jóvenes y no les importa esperar su ocasión, heredar el poder, no ganar unas elecciones. En breve se conocerán las sentencias del caso de los EREs de Andalucía y las del ‘procés’ pero las dan por amortizadas. Saben que no deben de nuevo infravalorar a Pedro Sánchez, Vox ya no da miedo y saben lo que ocurre cuando fragmentan su oferta electoral, ¿por qué no aprovechan las lecciones del pasado? La fórmula de España suma es su única oportunidad en la actualidad, porque sigue existiendo una mayoría de ciudadanos en nuestro país que entienden que lo moral es lo eficaz.

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