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Opinión

El pucherazo que viene

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Pues, como decíamos ayer, alerta españolitos que triscáis entre raciones de bravas y birras, entre sálvames y futbolerías, porque ya tenemos aquí la madre de todos los pucherazos: el 10-N.

Decíamos ayer… yo fui una de las tres personas que vaticinaron el alevoso fraude electoral del 28-N ―una semana antes de que se produjera―, y aquí estamos otra vez, con el cuchillo entre los dientes, bajando al barro de nuevo, dispuestos a contar otra vez este «dejá vu» del espanto que se avecina en el sombrío horizonte de España. Y es que, españolitos, «la vida sigue iguaaaaal».

Para empezar la serie de artículos que dedicaré al tema, intentaré explicar en qué consiste un pucherazo tomando un símil de la vida animal.

En 1778, Edward Jenner, el descubridor de la vacuna de la viruela descubrió algo menos relevante para la historia de la humanidad, pero esencial para explicar la epatante dictacracia española, los extraordinarios fenómenos que se están desarrollando en España desde la Transición.

En efecto, en el año reseñado, Jenner reveló que había una especie de pájaros tan corruptos y deshonestos, que ponían sus huevos en nidos ajenos, para ahorrarse la engorrosa tarea de fabricarlos, y para que la especie parasitada se encargara de su alimentación. O sea, que estamos ante un ave «okupa»: el cuco. De ahí que la palabra «cuco» haya pasado a ser una metáfora para describir a los personajes que son muy listos, especialmente para engañar a los demás.

El fenómeno parasitario es de una precisión maquiavélica, pues el cuco es capaz de poner huevos de distinta coloración, por lo cual los puede camuflar en los nidos ajenos, engañando a la especie parasitada hasta el punto de hacerla creer que los huevos son suyos. A este fin, la hembra del cuco se lleva un huevo de la otra especie de ave y lo sustituye por uno suyo.

Y no acaba aquí la cosa, porque los pollos del cuco, una vez han eclosionado del huevo, expulsan del nido a los huevos y los polluelos de su anfitrión. La crueldad genocida de estos polluelos es tal que, en el caso de que coincidan dos cucos en un nido, pelean, y la cría más fuerte tira a la otra del nido, en lucha cainita.

La historia del cuco, como se ve a simple vista, es una perfecta parábola de la política española de siempre, pero alcanza una rara perfección a la hora de explicar la hora presente, pues nuestra Patria ha conseguido criar a un cuco devastador, a un personaje maléfico que amenaza con poner huevos socialistas camuflados en todos los nidos, es decir, en todas las urnas de las próximas elecciones, cambiando los votos de tal manera, que al final solo queden los suyos, arrojando de las urnas todos los que no sean socialistas. Con lo cual, igual que los huevos del carricero y la bisbita común se convierten tras el engaño en huevos de cuco, los votos de muchos partidos políticos ―en especial del PP y de VOX―, se transmutarán en votos socialistas.

En conclusión, el cuco es un ave que va de pucherazo en pucherazo, golpista de manual, metáfora perfecta para ilustrar el siniestro complot de los pucherazos políticos. Porque, damas y caballeros, estamos a las puertas de otro pucherazo, donde «alguien volará sobre el nido del cuco», paráfrasis de la famosa película dirigida por Milos Forman en 1975, que obtuvo cinco Óscars de la Academia, precisamente los más relevantes.

Nada tiene de extraño que esta película sea un paradigma perfecto para explicar el pucherazo que viene el 10-N, porque, además de la inmejorable comparación entre el Castejón y el cuco, también figura en ella la palabra «volar», la pasión más irresistible de Pedro, que va falconeando por esos mundos, que ve a vista de pájaro igual cómo arde España, que cómo se inunda, que falconea hasta para ir a conciertos, sin cuidar con su gasto de combustible ese medio ambiente cuya alerta ecológica ha declarado. Y es que ya lo decía más arriba: tenemos un cuco tan perfecto, que hasta hace sus vuelos en aviones ajenos, que ni siquiera vuela él, y, ¿qué cuco puede presumir de Falcon?

La película de Forman se basa en una novela de Ken Kesey del mismo título, cuyo origen hay que situarlo en una rima infantil americana: «Había tres gansos (u ocas) en la bandada. Uno voló hacia el este, uno voló hacia el oeste y uno voló sobre el nido del cuco». Título genial, pues en el manicomio donde se desarrolla la trama dos pacientes mueren y un tercero logra escapar. Pero lo más significativo es que en Estados Unidos, según la jerga al uso, «el nido del cuco» es una forma peyorativa de definir un manicomio.

Y, ¿existe una mejor forma de describir no solo la Monkloa, el Kongreso de [email protected] [email protected], sino hasta a la misma España, que decir que estamos ante «el nido del cuco»? Pues como manicomio hay que calificar a un país donde la gente aparentemente sigue votando a un partido golpista, corrupto, mentiroso, pucheril, matacuras, quemaconventos y violamonjas; a un partido creador de paro, cuya política económica consiste en subir los impuestos a los autónomos y las clases medias para alimentar una agenda social cuyos principales favorecidos no son los españoles que pagan sus impuestos; a un partido cuyo Gobierno está formado por no pocos ministros que crean sociedades fantasma para pagar menos a Hacienda, con altos cargos presuntamente plagiadores de tesis, empezando por su líder; a un partido favorecedor de la inmigración ilegal, que se abraza con filoetarras, que no es capaz de decir que no indultará a los golpistas catalanes, otorgando prebendas sustanciosas a los catalanitas; a un partido cuyo líder es cruelmente vapuleado en los debates por sus opositores; a un partido que tenía como medida estrella la profanación de un cadáver, anunciada como inminente en julio pasado, y que todavía no ha sido capaz de cumplir; a un partido que está llevando a España a una inminente recesión, que quiere disparar la recaudación fiscal en 30.000 millones de euros, diciendo que la pagarán los ricos (sic); a un partido que amenaza gravemente las libertades constitucionales con leyes totalitarias de violencia de género, de identidad de género, y de memoria histórica.

Gran misterio éste, mediante el cual un señor-cuco, practicando estas dementes políticas, aumentará enormemente sus nidos hasta más del 30% ―incluso hay alguna encuesta tezanera que le llega a dar el ¡41,3%! de los votos―, viniendo de dos estruendosos fracasos electorales, los peores de la historia socialista. O sea, que un inepto, fracasado y perdedor, practicando una política basada en medidas que van contra los intereses del pueblo español, a los tres meses de volar sobre el nido de Rajoy en la moción de censura, cuando todavía no había puesto los huevos de los «viernes sociales», ya contaba con más de 120 diputados en las encuestas, ganado cuarenta escaños en unos meses.

Y ahora, en la siguiente voladura sobre las urnas del cuco, llegará todavía más allá, hasta la apoteosis. ¿No es esto un manicomio?

Y es que podemos decir algo parecido a lo que dijo Harry Limes, el malévolo personaje de la película «El tercer hombre»: 40 años de supuesta democracia en España, y… ¿qué tenemos?: el reloj de cuco.

Así que, españolitos, al loro ante el pucherazo que viene: tic-tac, tic-tac, tic-tac…


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Opinión

ERE que ERE con la Educación, que la izquierda hace doctrina, y otras hEREncias del socialismo

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No cabe duda de que cualquiera de las grandes noticias de esta semana, con sus flecos, darían, por sí solas, para mucho más que un artículo, pero habrá que tratar de limitar los comentarios e insistir en la valoración y trasfondo que desde mi punto de vista subyacen en las raíces de los problemas que ahora afloran como consecuencia de lo mucho mal hecho hasta ahora.

Me permito la licencia del juego de palabras que me deja el caso ERE para aplicarla a algo que los lectores que tienen la paciencia de seguir mis reflexiones desde que 2008 empecé a compartirlas en mi muro de Facebook y desde 2014 en algún Blog y medios digitales, saben que es de mi especial preocupación, la Educación con mayúscula, cuyo deterioro progresivo de los últimos cincuenta años trae causa en el pésimo nivel educativo que hoy tiene España en líneas generales. Y digo bien, cincuenta -que nadie piense que exagero como buen andaluz-, aunque las transferencias en la materia empezaron hace treinta y nueve, porque, a mi juicio y si no me falla la memoria, fue la reforma de José Luis Villar Palasí, Ley General de Educación de 1970, la que dio el primer paso al eliminar el Plan de 1957 -que modificaba, creo que para bien, el de 1953- en el que la Enseñanza General Básica -la conocida EGB- y el Bachillerato Unificado Polivalente -ese BUP de hace unos años- que se completaba con el Curso de Orientación Universitaria -el COU- dejaban para el recuerdo las famosas Reválidas -de 4º y 6º- de los anteriores Bachilleratos Elemental y Superior y el Preuniversitario de aquellos “Chicos del Preu” entre los que me incluyo.

Y traigo de nuevo a colación este asunto de la Educación, después del exabrupto que la ministra en disfunciones y portavoz -en esta ocasión más bien “portacoz” (a sus anfitriones)- del señor Plagio cum Fraude, en la inauguración del Congreso de Escuelas Católicas el pasado jueves. En lo que algunos interpretan como “un guiño a sus socios preferentes”, la vasca Isabel Celáa -víctima al parecer de un resentimiento y sectarismo impropios- dijo sin despeinarse que “De ninguna manera puede decirse que la elección de los padres a elegir una formación religiosa o a elegir centro educativo, podrían ser parte de la libertad de enseñanza”, añadiendo que “Esos hechos, los de elegir centro, formarán parte de derechos que puedan tener los padres-madres en las condiciones legales que se determinen, pero no son emanación estricta de la libertad reconocida en el art. 27 de la CE. De esto da cuenta la sentencia del TC de 1981”, supongo que se referirá a la STC 5/1981 que recoge respecto al derecho a la educación en su punto 3 “El derecho de los padres a escoger libremente entre centros públicos y privados”. No obstante la citada “portacoz” remata su evidente demostración de ignorancia real o irresponsabilidad premeditada con esta afirmación: “No quiere decir que no haya libertad, quiere decir que no está dentro del artículo 27”, pero como en mi opinión no hay mejor método que contrarrestar la mentira con datos, me parece interesante recoger lo que dice al respecto el Art. 27 de la CE que tan arteramente cita la portavoz: “1. Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza. 2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales. 3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones…” y en su tendenciosidad omite referirse a la STC 77/85 que recoge que “Es necesaria la implantación de la gratuidad no solamente a los centros de Primaria sino en todos los centros educativos de enseñanza Secundaria”, apostillando lo dicho en la que ella citaba: “El derecho a la educación se rige por el principio de libertad, que se traduce en que los padres tienen derecho a escoger centro docente, ya sea público o privado” y que “Los poderes públicos deben garantizar a todos el ejercicio del derecho a la educación financiando y protegiendo los centros privados que reúnan los requisitos que establece la ley”.

Y no lejos de esa pobreza moral que a la larga produce siempre el desmoronamiento del rigor educativo, se puede encuadrar la retrasada -interesadamente sin duda- sentencia del caso de los ERE diseñado por la cúpula socialista andaluza en una red clientelar que se benefició directamente del despilfarro de fondos públicos, llegando a la barbaridad de que unos de los condenados, el que fuera consejero de Empleo, Antonio Fernández, figuraba “por error” en uno de los Expedientes de Regulación de Empleo con una fecha de antigüedad en su empresa que era la de su nacimiento, 15 de julio de 1956, pero ahora va a tener ocho años de cárcel para enmendarlo. Nada menos que dos presidentes de la durante muchos años -como ahora se ha demostrado- “Unta” de Andalucía, Manuel Chaves (1990/2009) y José Antonio Griñán (2009/13), y ministros de Felipe González -recordemos el famoso “clan de la tortilla”-, de Trabajo y Seguridad Social el primero y de lo mismo, tras haberlo sido de Sanidad y Consumo, el segundo; los dos, además, secretarios generales del partido de los “100 años de honradez” en la región más poblada de España y los dos también, para más inri, presidentes nacionales del Partido Siempre Opuesto a España, más conocido como PSOE, entre 2000 y 2012, y 2012 y 2014, respectivamente, y también diputados y/o senadores en diversas legislaturas y el amigo Chaves, cuando ya era sospechoso de ser cómplice si no partícipe en el caso, fue recogido como ministro de Política Territorial y vicepresidente tercero y segundo entre Abril de 2009 y Diciembre de 2011 en gobiernos de Rodríguez Zapatero, como todo el mundo sabía y esperaba, son ya culpables por sentencia judicial, junto a otros diecinueve “colegas” de latrocinio, del mayor caso -hasta ahora- de prevaricación y malversación de fondos públicos que inhabilitan a uno por nueve años y llevan a la sombra a otro por seis más quince de inhabilitación que, en ambos casos debería ser a perpetuidad.

No voy a repetir aquí el resto de condenados y penas, de sobra conocidos y citados desde ayer en los diferentes medios e informativos, pero sí, aunque sea también reiterativo algunas de las reacciones de los actuales líderes socialistas en su tradicional política de “balones fuera y la culpa a otros” que los caracteriza cuando es para atacar con todo -altavoces mediáticos incluidos- al principal partido de la Oposición. Así, el genial “magister” sin estrenar José Luis Ábalos, hoy ministro de “fomento de la hermandad comunista” dice sin rubor alguno que el de los ERE “no es un caso del PSOE, sino de antiguos responsables públicos de la Junta de Andalucía” y no miembros del PSOE, claro, como lo que dijo Pedro Sánchez en Mayo de 2018 “no lo había dicho” el presidente del gobierno, ya que no lo fue hasta Junio, como descaradamente “dixit” Carmen Calvo, añadiendo que “Son hechos de la pasada década, es un caso que no afecta al actual Gobierno ni a la actual dirección del PSOE” ni, seguramente, a Susana Díaz, la niña de Chaves y favorita y sucesora de Griñán que “tampoco sabía nada” habiendo sido secretaria de Organización del PSOE andaluz con el primero y consejera de Presidencia e Igual-da con éste último .

Mientras tanto, aquel que decía no hace mucho que “Chaves y Griñán son personas honestas. Yo confío en su inocencia” y al que le preocupaba mucho “el silencio de Rajoy ante los casos de corrupción de su partido” añadiendo que “en política, como en la vida, el que calla otorga” -menudo personaje para dar lecciones- se mantiene ahora en silencio total en su intento de romper amarras con el “antiguo PSOE”, pero tras la del caso MAREA asturiano y esta de los ERE andaluces, parece que se abrió el melón y pueden venir en cascada otras sentencias que se le pueden atragantar al socialismo español: lo que queda de los ERE, Cursos de Formación y sus derivadas, EDU en varias provincias andaluzas, Jeremie e Invercaria, también en Andalucía, Interligare en Madrid, LIMUSA en Murcia, PSPV en Valencia y un sinfín de casos más que superan el centenar y arrojan una cifra de mareo de muchos miles de millones de euros malversados. Ya sabemos que el PSOE practica eso de “la caridad bien entendida, empieza por uno mismo” y mira tanto por la pobreza que no deja de producir pobres, por eso se alía de nuevo con los comunistas -en este caso Podemos-, de los que decía Winston Churchill que, “si los pones a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena”. Menos mal que no administraban el Sol de Andalucía, porque Málaga sería Londres hoy.

Termino con un recuerdo que me vino mientras escribía esto ayer, 20 de Noviembre, y creí de recibo dedicar un recuerdo a tres acontecimientos de los que se conmemoraba su aniversario indiscutible y de innegable influencia en la Historia de España actual. Por un lado se cumplían ochenta y tres años del asesinato del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera en la cárcel modelo de Alicante, al que la lectura de alguno de sus textos ponen de absoluta actualidad porque parecerían escritos hoy mismo y que de no haber ocurrido deja la incógnita de cual habría sido su papel durante esos tres años de Guerra Civil y después del 1 de Abril de 1939.

Por otro, se recordaba el cuarenta y cuatro aniversario de la muerte en la cama de Francisco Franco Bahamonde, tras larga enfermedad, y “por fin”, algunos desalmados vieron satisfechos su inquina y sectarismo -tras la vulneración de los derechos más elementales de la familia-, al exhumar con carácter de “urgencia” sus restos mortales y su posterior inhumación donde al dictador desgobierno socialista se le antojaba y del que hace unos días escuchaba decir a uno de sus dos ministros vivos hoy, Fernando Suárez que, lejos de ser considerado franquista o no -movimiento, si lo hubo, que murió con su creador-, “habría que agradecer a Franco, al menos, haber dejado instaurado en España un orden y unas bases que permitieron pasar de una ‘dictadura’ a un régimen democrático de forma modélica” que se ha puesto como ejemplo fuera de nuestras fronteras.

El tercero de los hechos, mucho más reciente, fue el de aquel 20-N de 2011 en el que casi once millones de españoles le dimos la llave a Mariano Rajoy para abordar los cambios y reformas legislativas que España necesitaba, eso sí con absoluta urgencia, tras el nefasto paso del citado ZParo, un impresentable sectario y resentido por no se sabe muy bien qué -tal vez las leyendas de su abuela- que dejó a España, después de siete años de tristísimo recuerdo, en la peor de las crisis educativa, moral, social, de empleo y económica de la etapa contemporánea más reciente, de las que la última -o no se sabe tampoco que- debió cegarlo para no ver las otras, mucho más estructurales que ésta, de carácter más coyuntural, aunque gravísima, que dejaban abiertas de nuevo “las dos Españas” de Antonio Machado que a punto estuvieron de haber hecho que esta fecha hubiera supuesto un cuarto hecho para el recuerdo, el del inicio del fin de la España Unida que la Historia, primero, y Franco, después, han conseguido mantener durante más de cinco siglos. Para los dos primeros mi sincero deseo de que descansen en la Paz que sin duda se ganaron en vida y para el tercero la paz -esta con minúscula- que le pueda deparar su recuperado despacho en el Registro Mercantil de Madrid, después de su abrupta salida -en “extracciones” abruptas son especialistas los socialistas- del Gobierno y del Parlamento previa transmutación en bolso, pero de eso ya he escrito ampliamente y no es el caso ahora. Sobre los del “preacuerdo del 12-N” ya dije algo en mi artículo anterior y, me temo, darán materia para los próximos.

 


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La ley de partidos de 2002 y la Constitución

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Para la aplicación correcta de la Constitución, de su contenido, se requiere la normativa habilitante y operativa. He aquí el instrumento quirúrgico, o escalpelo, para las extirpaciones tumorales.

Veinticuatro años después de promulgada y sancionada la Constitución española del 78 y bien conocido el paño, por mor de la financiación y los sucios trapicheos –que no por las desviaciones patentes hacia el delito de sedición y otros parecidos como la recolección de nueces tras el sacudimiento del árbol por el encargado- y lo que plantea la esperanzadora incidencia real de la reciente resolución del parlamento europeo de septiembre del 19 sobre los crímenes del comunismo, que tanto molesta a algunos bracicortos- se regula lo previsto en el artículo 22 de la Constitución, para su ejercicio real, en una ley de 27 de junio del 2002, que sucede, ya con práctica y experiencia de lo que algunos entienden por política, a la preconstitucional del 78.

Se considera lo que es democrático y lo que no lo es y se vinculan las actuaciones a lo que reza en el código penal, a efectos de responsabilidades e ilegalización y se hace de tal manera que pueda ser aplicado por los tribunales y se proceda a poner término a actuaciones delictivas -tipificadas en el articulado del Código Penal- vestidas de lagarteranas, muy especialmente la violencia, el terrorismo, las pretensiones delictivas y la imposición gratuita.

Todo ello en los diferentes y conocidos grados de tentativa, frustración o consumación, que no por ello dejan de constituir delito punible.

Esto se hace al margen de lo que entiendan por constitucional las buenas gentes que no lo son tan buenas, sino calificándolas arbitrariamente de tal, como vemos en demandas invocando v.g. la constitucionalidad del aborto, que bien pudiera invocarse para el crimen organizado y para los derrocamientos express, calificándolos de “usos y costumbres del lugar”.

Esto tiene efectos terapéuticos silenciadores de memeces, a la vez que se establecen mínimos básicos, tan básicos como que “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento ni siquiera a los comunistas, por mucho que sea el resentimiento que les ciegue” y que la sala competente para ello –por la trascendencia del asunto- es una específica y especial del Supremo, según la LOPJ, que viene a significar “el Supremo en pleno”, cuya sentencia será ejecutiva desde el principio, sin apelación, salvo el amparo del Constitucional.

La instancia corresponde, como dice la Constitución, al Ministerio Fiscal o al Gobierno, por sí o a instancia, como decíamos ayer, de los más de 50 de Vox –entre otros- que ahora tienen cancha para invocar el asunto. Así que, adelante con los faroles.

 


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Decepción y desesperanza en España

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«Ahora mi optimismo está por los suelos. Hoy estamos todos hundidos en la mierda del mundo, y no se puede ser optimista. Sólo son optimistas los seres insensibles, estúpidos o millonarios. Hay basura en la calle, hay basura en las pantallas de televisión,… y hay motivos para ser pesimista»… Yo a veces digo, cuando me critican por ser pesimista, que realmente, no es que yo sea pesimista, es que el mundo en que vivimos es pésimo” José Saramago, Premio Nobel de Literatura

En estos tiempos tan oscuros que nos han tocado vivir, pienso que es bueno que alguna vez que otra nos tomemos un respiro y miremos hacia arriba. Contemplemos el lento y majestuoso devenir de las nubes, como se forman y desaparecen, sus cambios de forma y de color… Obviamente, aunque miremos el cielo, las cosas seguirán estando igual de mal, los políticos que nos malgobiernan seguirán siendo igual de golfos, nos seguirán estafando, seguirán robándonos… pero, desconectarnos por un momento aunque sea breve, alzar la vista, mirar al cielo hará que sintamos henchido el corazón, nos revitalizará para poder hacer frente a todo lo que nos está cayendo.

El cielo sigue siendo limpio, puro, libre… como dice el viejo poema tan lleno de rabia y frustración que escribió el poeta Ángel María Pascual en 1946:

A ti fiel camarada que padeces

el cerco del olvido atormentado.

A ti que gimes sin oír al lado

aquella voz segura de otras veces

Te envío mi dolor. Si desfalleces

al acoso de todos y cansado

ves tu afán como un verso malogrado,

bebamos juntos de las mismas heces.

En tu propio solar quedaste fuera.

Del orbe de tus sueños hacen criba.

Pero, allí donde estés, cree y espera

El cielo es limpio y en sus bordes liba

claros vinos del alba, Primavera.

Pon arriba tus ojos. Siempre arriba.

Eugenio D’Ors, que siempre admiró su elegancia, lo llamaba “el falangista de los zapatos de orillo”.

Su condición de falangista con tendencias más preocupadas por lo social que otra cosa, lo convirtió en una rara avis en el ambiente “franquistón” de la Navarra de posguerra. Los altos cargos de la prensa local acabarían por relegarle al cultivo de sus Glosas a la ciudad, con una responsabilidad limitada. Antes, había dirigido, el Arriba España, en la calle Zapatería de Pamplona, donde estaba y luego volvió a estar la sede del Partido Nacionalista Vasco.

A los falangistas los absorbió Franco con el señuelo de meter el yugo y las flechas en su simbología. Pero, nunca dejaron de ser vistos más como una amenaza para el régimen nacido de la guerra civil.

El poema de Ángel María Pascual es una llamada de auxilio, un sermón, falangista en el desierto, una homilía preñada de una extraña soledad y crudeza, e incluso escatológico (“bebamos juntos de las mismas heces”). Algo así como el “exilio interior” de Vicente Aleixandre, el de los que estaban en el bando vencedor, pero que sentían rechazo por el imperante estado de cosas.

Ángel María Pascual murió el día 1 de mayo de 1947, con tan solo 35 años de edad, y Eugenio d’Ors le dedicó un recuerdo en el diario Arriba que tituló Noches de Pamplona, noches del tiempo de la guerra. Eugenio D’Ors afirmó de Ángel Pascual que «era nuestro», «¿De un grupo, un partido? ¿De una ciudad? No. De una raza. De la raza de los cultivadores del amor en disgusto».

Pero, volvamos a releer el texto… ¿Cómo alguien puede escribir tal cosa después de ganar una guerra?

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, enorme sensación de desengaño revoloteaba por encima de muchas cabezas pensantes de la sociedad española. Fue como si la nefasta y acomplejada desesperanza inoculada por la Generación del 98, tras la pérdida de Cuba y Filipinas volviera de golpe y porrazo, al ver el país nuevamente destruido en tan poco tiempo. Pero, lo que sí es evidente es que gran parte de los bandos contendientes coincidía en algo básico: La España que echó a andar, a principios del siglo XIX, achacosa, en declive… estaba abocada a morir. Nadie esperaba que España acabara rodeada de democracias liberales. Es más, gran parte de los españoles culpaban, no sin cierta razón, al liberalismo de los problemas de la España contemporánea, pues, no se olvide que siempre había logrado el poder en España a través de algún alzamiento militar.

Paradógicamente, el liberalismo era enormemente despreciado y, sin embargo, era lo que rodeaba a España por todas partes.

Cuando Ángel Pascual escribió su poema, la Falange había perdido trágicamente a sus mejores mentores. Franco comenzaba en plena guerra un experimento totalitario que, amén de amordazar lo que quedaba de la Falange dirigente, o sea, Manuel Hedilla (sucesor de José Antonio Primo de Rivera en la jefatura de la Falange, tras su asesinato en Alicante), también pretendió inmovilizar al carlismo, que era la organización civil que más había aportado al Alzamiento. Es más, posiblemente Franco no habría ganado la guerra sin los requetés. Su jefe, Manuel Fal-Conde, quien se opuso a la política de partido único, fue condenado al destierro y el patrimonio de la Comunión Tradicionalista fue secuestrado. Es muy posible que no les hubiera temblado el pulso a los militares sublevados contra el gobierno del frente popular, para haber acabado condenando a muerte a Hedilla y Fal Conde, pero no eran tontos y sabían de los perniciosos efectos que aquello podría acarrear.

Comunistas y socialistas, en cambio, esperaban una milagrosa intervención de la Unión Soviética que trastocase el signo de la guerra y convirtiera a España en una colonia del poder de Moscú. Y eso no pasó. En el ejército del frente popular hubo sangrientas divisiones. Todavía en la actualidad, comunistas y anarquistas se pasan la pelota sobre los crímenes de supuestos “incontrolados”. La influencia de Stalin fue tal que en España tuvo lugar una purga antitrotskysta dirigida por él, de la que fue víctima el Partido Obrero de Unificación Marxista a través de Andreu Nin. Hubo comunistas recalcitrantes que engrosaron las filas del maquis. Fueron terroristas que se encontraron con la oposición de un pueblo harto de comunismo y guerra, y en cuanto la URSS dio la voz, se bajaron del burro… los que se jugaron la vida en el frente fueron olvidados. Desgraciadamente, no fue muy distinto el bando nacional.

De todas maneras, el desengaño, la decepción y la desesperanza ya comenzaron en la II República. De los “republicanos del 31”, no quedó ni uno que defendiera el régimen al cabo de cinco años. Qué mejor que la famosa frase de José Ortega y Gasset, para definir aquella situación: “No era esto, no era esto”. Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez tuvieron opiniones parecidas. Alejandro Lerroux, uno de los más veteranos partidarios de la República, acabó abominando y apoyando al bando nacional, caso relativamente parecido al de Francesc Cambó. Era lo que Francisco Largo Caballero llamaba “la república burguesa”, ésa que había derribar con la bandera tricolor, para colocar solo la bandera roja de la Revolución que entonces preconizaba el PSOE amenazando con guerra civil desde 1933.

Por supuesto, como era de esperar, durante la postguerra, fueron muchos los españoles que la se olvidaron de la “política”. La cuestión era subsistir y levantar España. Peor o mejor, así se hizo.

En 1975, España era la novena potencia industrial del mundo y apenas tenía un 3% de desempleo, Aunque el régimen inoculara vicios que luego la partitocracia cleptocrática ha multiplicado desmesuradamente, lo que fue, fue, y no cabe discusión. El régimen del General Franco poseyó una inteligencia sociopolítica que no se puede negar. La justicia social se hizo real en muchos campos y se creó una clase media. El sistema educativo, aunque no poseía un buen aprendizaje de idiomas, era de los mejores de Europa. Si hacemos balance de lo conseguido desde entonces, solo cabe concluir que, el precio que se pagó para homologarnos con las naciones de nuestro entorno cultural y civilizatorio fue demasiado caro.

Durante los “cuarenta años” la Falange se deshizo tras múltiples divisiones y el carlismo poco más o menos. El régimen fue cercando a la oposición interior constructiva, a la vez que premiaba con prebendas a los que descaradamente se perfilaban como enemigos. Y, para más INRI, el clero dejaba de ser un asiento espiritual para convertirse en un puente al servicio del futuro poder.

Ahora que algunos dan la matraca con lo de la “memoria histórica”, viene a cuento recordar que en el bando nacional nunca sentó bien la muerte de García Lorca. Se reconoció como un error desde primera hora, no ya por los burócratas arrimados o por los “camisas nuevas”, sino por la gente de primera línea, que poco o nada tenía en contra de aquel genio de nuestras letras. En cambio, no parece que los que dicen ser herederos del frente popular estén por la labor de decir nada acerca de execrables asesinatos José María Amigo, o de José María Hinojosa (Amigo de Lorca y colega de la Generación del 27), del dramaturgo Pedro Muñoz-Seca, del ensayista Ramiro de Maeztu… O incluso de Melquíades Álvarez, que era un intelectual republicano liberal progresista… También callan acerca de, cuando las turbas revolucionarias de la Asturias del 34 destrozaron la biblioteca de la universidad de Oviedo, obra y gracia de la krausista Institución Libre de Enseñanza…

Aquellos miembros de ambos bandos, eran otros hombres, otra gente, hasta otra “raza”, independientemente de sus ideas políticas. No todos eran pesimistas o desengañados.

José Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote decía que «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo»

Aunque parezca una perogrullada, permítaseme que afirme que si yo hubiera nacido en cualquier otra familia, en cualquier otro lugar, en otro país cualquiera, en otra época; en la actualidad yo sería un individuo completamente diferente.

La circunstancia es el mundo vital en el que se halla inmerso cada individuo, y nunca mejor dicho, pues de un profundo e interminable “baño” se trata; el mundo físico, y la totalidad del entorno con que nos encontramos cuando nos llaman a la vida (cultura, historia, sociedad,…) La circunstancia de cada cual incluye el entorno material, físico, pero también las personas, la sociedad, la cultura; en los que y con los que el individuo habita. Pero no hay que olvidar que la circunstancia personal también incluye el cuerpo y la mente. Inevitablemente, para bien y para mal, nos es dado un cuerpo y un conjunto de potencialidades, habilidades, capacidades psicológicas, y todas ellas pueden favorecer o ser un obstáculo para nuestros proyectos, nuestro crecimiento personal; de la misma manera que el resto de los factores del mundo que nos ha tocado en suerte.

Estamos obligados a decidir, optar en el momento presente -y por supuesto, hacernos responsables de los resultados de nuestras acciones u omisiones- también en el porvenir, pero, planificar el futuro implica tener presente el pasado, no hay otra manera de existir y actuar en el momento actual.

El futuro que nos espera no es uno cualquiera, es nuestro futuro, el que nos corresponde a partir de nuestro ahora, del mismo modo que el pasado no es el de otras épocas, es la época de nuestros contemporáneos, la nuestra. En nuestro actual momento, tanto individual como social, impone inevitablemente su presencia nuestro pasado. “Nuestro tiempo es nuestro destino”, y no debemos olvidarlo.

Y, antes de despedirme, permítaseme otra reflexión:

Yo no soy responsable de las circunstancias que me tocaron en suerte cuando mis padres me llamaron a la vida, cuando vine a este mundo (tampoco ninguno de ustedes), pero si soy responsable de aquello que deje cuando me llegue el momento de marcharme. Todos podemos cambiar nuestro entorno, comenzando por nosotros mismos, humanizar el ambiente en que vivimos, es nuestro territorio de responsabilidad, y para ello no hacen falta fórmulas mágicas, solo gente de buena voluntad…Y, por supuesto, para cambiar el ambiente en que estamos inmersos, hay que empezar por uno mismo…

Y, como decía Ángel Pascual en su poema, desconectémonos de vez en cuando, aunque solo sea un momento breve, para alzar la vista, pues, mirar al cielo hará que sintamos henchido el corazón, nos revitalizará para poder hacer frente a todo lo que nos está cayendo.


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