Connect with us

Europa

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos apoya la ley islámica contra la blasfemia

Published

on

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha dictaminado que la critica de Mahoma, el fundador del Islam, constituye una incitación al odio y, por lo tanto, no se encuentra protegida por la libertad de expresión. Imagen: una sala de audiencias del TEDH en Estrasburgo, Francia.
Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Por Soeren Kern.- El Tribunal Europeo de Derechos Humanos — cuya jurisdicción alcanza a 47 países europeos y cuyas decisiones son legalmente vinculantes para los 28 estados miembros de la Unión Europea — ha legitimado en la práctica un código de blasfemia islámico en aras de “preservar la paz religiosa” en Europa.

El fallo ciertamente establece un peligroso precedente legal, que autoriza a los estados europeos a restringir el derecho a la libertad de expresión, si dicho discurso es ofensivo para los musulmanes y, por lo tanto, representa una amenaza para la paz religiosa.

“En otras palabras, mi derecho a hablar libremente es menos importante que proteger los sentimientos religiosos de los demás”. – Elisabeth Sabaditsch-Wolff.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha dictaminado que la critica de Mahoma, el fundador del Islam, constituye una incitación al odio y, por lo tanto, no se encuentra protegida por la libertad de expresión.

Con su decisión sin precedentes, el tribunal con sede en Estrasburgo, — cuya jurisdicción alcanza a 47 países europeos y cuyas decisiones son legalmente vinculantes para los 28 estados miembros de la Unión Europea — ha legitimado en la práctica un código de blasfemia islámico en aras de “preservar la paz religiosa” en Europa.

El caso involucra a Elisabeth Sabaditsch-Wolff, de nacionalidad austriaca, quien fue condenada en 2011 por “denigración de creencias religiosas” después de presentar una serie de conferencias acerca de los peligros del Islam fundamentalista.

Los problemas legales de Sabaditsch-Wolff comenzaron en noviembre de 2009, cuando presentó un seminario de tres partes sobre el Islam en una academia vinculada al Partido de la Libertad de Austria (Freiheitliche Partei Österreichs, FPÖ), que hoy forma parte del gobierno austriaco. Una revista de tendencia izquierda, News, infiltró a un periodista en la audiencia para grabar las conferencias secretamente. Los abogados de la publicación entregaron las transcripciones a la oficina del fiscal de Viena como evidencia del discurso de odio contra el Islam, de acuerdo con la Sección 283 del Código Penal de Austria (Strafgesetzbuch, StGB).

El discurso ofensivo se debió al comentario espontáneo de Sabaditsch-Wolff, al manifestar que Mahoma era un pedófilo porque se casó con su esposa Aisha cuando ella tenía solo seis o siete años. Las palabras textuales de Sabaditsch-Wolff fueron: “¿Uno de 56 años y una niña de seis? ¿Cómo lo llamamos, si no es pedofilia?”

De hecho, la mayoría de los hadices (colecciones de tradiciones que contienen las palabras y las acciones de Mahoma) confirman que Aisha era prepubescente cuando Mahoma se casó con ella, y tenía solo nueve años cuando se consumó el matrimonio. Las acciones de Mahoma hoy serían ilegales en Austria, por lo que los comentarios de Sabaditsch-Wolff fueron fácticos, aunque no políticamente correctos.

En septiembre de 2010 se presentaron cargos formales contra Sabaditsch-Wolff y su juicio presidido por un juez sin jurado, comenzó en noviembre del mismo año. El 15 de febrero de 2011, Sabaditsch-Wolff fue declarada culpable de “denigración de creencias religiosas de una religión legalmente reconocida”, según la Sección 188 del Código Penal de Austria.

El juez racionalizó que el contacto sexual de Mahoma con Aisha, de nueve años, no podía considerarse pedofilia ya que Mahoma continuó su matrimonio con Aisha hasta su muerte. Según esta línea de pensamiento, Mahoma no deseaba exclusivamente a niñas menores de edad; también sentía atracción hacia las mujeres mayores ya que Aisha tenía 18 años cuando este murió.

El juez ordenó que Sabaditsch-Wolff pagara una multa de 480 euros (550 dólares) o una sentencia alternativa de 60 días en prisión. Adicionalmente, se le ordenó pagar los costos del juicio.

Sabaditsch-Wolff apeló la condena ante el Tribunal Provincial de Apelaciones de Viena (Oberlandesgericht Wien), pero este recurso fue rechazado el 20 de diciembre de 2011. La solicitud de un nuevo juicio fue desestimada por la Suprema Corte de Austria el 11 de diciembre de 2013.

Posteriormente, Sabaditsch-Wolff llevó su caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, un tribunal supranacional establecido por el Convenio Europeo de Derechos Humanos. El Tribunal atiende solicitudes que alegan violaciones de los derechos civiles y políticos establecidos en el Convenio.

Basándose en el artículo 10 (libertad de expresión) del Convenio, Sabaditsch-Wolff presentó una acusación formal, manifestando que los tribunales austriacos no abordaron el contenido de sus declaraciones a la luz de su derecho a la libertad de expresión. De haberlo hecho, argumentó, no los habrían calificado como meros juicios de valor, sino como juicios de valor basados en hechos. Adicionalmente, su crítica del Islam se produjo en el marco de una discusión objetiva y animada que contribuyó a un debate público y no tenía como objetivo difamar a Mahoma. Sabaditsch-Wolff también argumentó que los grupos religiosos tenían que tolerar incluso las críticas severas.

El TEDH dictaminó que los estados podrían restringir los derechos de libertad de expresión consagrados en el artículo 10 del Convenio, si ese discurso de alguna manera “pudiera incitar a la intolerancia religiosa” y “pudiera perturbar la paz religiosa en su país”. El Tribunal agregó:

“El Tribunal observó que los tribunales nacionales explicaron de manera exhaustiva por qué consideraban que las declaraciones de la demandante podían haber despertado una indignación justificada; específicamente, no se habían realizado de manera objetiva para contribuir a un debate de interés público (por ejemplo, sobre el matrimonio infantil), sino que solo podía entenderse que estaban destinadas a demostrar que Mahoma no era digno de adoración. El Tribunal concuerda con los tribunales nacionales en que la Sra. S. debía de haber sido consciente de que sus declaraciones se basaban parcialmente en hechos falsos y que podían provocar indignación en otros. Los tribunales nacionales encontraron que la Sra. S. había etiquetado subjetivamente la preferencia sexual general de Mahoma con la pedofilia, y que no informó de manera neutral a su audiencia de los antecedentes históricos, lo que en consecuencia no permitió un debate serio sobre ese tema. Por lo tanto, el Tribunal no vio ninguna razón para apartarse de la calificación de los tribunales nacionales respecto a las declaraciones impugnadas como juicios de valor, basándose en un análisis detallado de las declaraciones realizadas.

“El Tribunal concluyó que, en el presente caso, los tribunales nacionales equilibraron cuidadosamente el derecho de la demandante a la libertad de expresión, con el derecho de otros a que sus sentimientos religiosos estuvieran protegidos, para mantener la paz religiosa en la sociedad austriaca.

“El Tribunal sostuvo además que, incluso en un animado debate, no era compatible con el artículo 10 del Convenio, incluir declaraciones incriminatorias rodeadas de una expresión de opinión que de otra manera sería aceptable, y afirmar que esto hizo aceptables aquellas declaraciones que excedían los límites permisibles de la libertad de expresión.

“Finalmente, dado que a la Sra. S. se le ordenó pagar una multa moderada y esa multa se encontraba en el extremo inferior del rango legal de la pena, la sanción penal no podía considerarse desproporcionada.

“Bajo estas circunstancias, y dado el hecho de que la Sra. S. hizo varias declaraciones incriminatorias, el Tribunal consideró que los tribunales austriacos no excedieron su amplio margen de apreciación en el presente caso al condenar a la Sra. S. de despreciar doctrinas religiosas. En general, el estado austriaco no ha violado el artículo 10”.

El fallo ciertamente establece un peligroso precedente legal, que autoriza a los estados europeos a restringir el derecho a la libertad de expresión, si dicho discurso es ofensivo para los musulmanes y, por lo tanto, representa una amenaza para la paz religiosa.

El fallo del TEDH será bienvenido por la Organización de Cooperación Islámica (OCI), un bloque de 57 países musulmanes que desde hace tiempo presiona para que la Unión Europea imponga límites a la libertad de expresión cuando se trata de críticas al Islam.

La OCI ha presionado a las democracias occidentales para que implementen la Resolución 16/18 del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDH), que insta a todos los países a combatir “la intolerancia, los estereotipos negativos y la estigmatización de … la religión y las creencias”.

La Resolución 16/18, que fue adoptada en la sede del HRC en Ginebra el 24 de marzo de 2011, es ampliamente considerada como un avance significativo en los esfuerzos de la OCI para promover el concepto legal internacional de difamación del Islam.

El ex secretario general de la OCI, Ekmeleddin Ihsanoglu, elogió la decisión del TEDH manifestando que “demuestra que la falta de respeto, los insultos y las enemistades detestables no tienen nada que ver con la libertad de expresión o los derechos humanos”. Y añadió:

“La lucha contra la islamofobia y las opiniones que hemos estado expresando durante años han sido adoptadas y declaradas por el TEDH. Esta decisión es agradable en todos sus aspectos”.

En una declaración, Sabaditsch-Wolff criticó el fallo, pero mantuvo la esperanza de que los públicos europeos estén despertando para ver las amenazas que se avecinan a la libertad de expresión:

“El jueves 25 de octubre, el TEDH dictbunales nacionales en que la Sra. S. debía de haber sido consciente de que sus declaraciones se basaban parcialmente en hechos falsos y que podían provocar indignación en otros. Los tribunales nacionales encontraron que la Sra. S. había etiquetado subjetivamente la preferencia sexual general de Mahoma con la pedofilia, y que no informó de manera neutral a su audiencia de los antecedentes históricos, lo que en consecuencia no permitió un debate serio sobre ese tema. Por lo tanto, el Tribunal no vio ninguna razón para apartarse de la calificación de los tribunales nacionales respecto a las declaraciones impugnadas como juicios de valor, basándose en un análisis detallado de las declaraciones realizadas.

“El Tribunal concluyó que, en el presente caso, los tribunales nacionales equilibraron cuidadosamente el derecho de la demandante a la libertad de expresión, con el derecho de otros a que sus sentimientos religiosos estuvieran protegidos, para mantener la paz religiosa en la sociedad austriaca.

“El Tribunal sostuvo además que, incluso en un animado debate, no era compatible con el artículo 10 del Convenio, incluir declaraciones incriminatorias rodeadas de una expresión de opinión que de otra manera sería aceptable, y afirmar que esto hizo aceptables aquellas declaraciones que excedían los límites permisibles de la libertad de expresión.

“Finalmente, dado que a la Sra. S. se le ordenó pagar una multa moderada y esa multa se encontraba en el extremo inferior del rango legal de la pena, la sanción penal no podía considerarse desproporcionada.

“Bajo estas circunstancias, y dado el hecho de que la Sra. S. hizo varias declaraciones incriminatorias, el Tribunal consideró que los tribunales austriacos no excedieron su amplio margen de apreciación en el presente caso al condenar a la Sra. S. de despreciar doctrinas reaminó que mi condena por parte de un tribunal austriaco por discutir el matrimonio entre el profeta Mahoma y una niña de seis años, Aisha, no infringió mis derechos a la libertad de expresión.

“No se me brindó la cortesía de ser informada acerca de este fallo. Como muchos otros, tuve que leerlo en los medios de comunicación.

“El TEDH encontró que no había habido violación del artículo 10 (libertad de expresión) del Convenio Europeo de Derechos Humanos, y que el derecho de expresión debía de ser equilibrado con el derecho de otros a que sus sentimientos religiosos estuvieran protegidos y sirvió al objetivo legítimo de preservar la paz religiosa en Austria.

“En otras palabras, mi derecho a hablar libremente es menos importante que proteger los sentimientos religiosos de los demás.

“Esto debería hacer sonar campanas de advertencia para mis conciudadanos en todo el continente. Todos deberíamos estar sumamente preocupados de que los derechos de los musulmanes en Europa a NO ser ofendidos son mayores que mis propios derechos, como mujer cristiana nativa europea, a hablar libremente.

“Estoy orgullosa de ser la mujer que ha dado esta alarma.

“También soy optimista. Desde que impartí mis seminarios en Austria en el 2009, hemos recorrido un largo camino.

“Hace diez años, la prensa me etiquetó como una ‘traficante de la confusión’ y me compararon con Osama bin Laden. Ahora, el Islam está siendo discutido en todas las esferas de la vida y la gente está despertando a la realidad de una cultura tan opuesta a la nuestra.

“La amenaza cultural y política que representa el Islam para las sociedades occidentales ahora es ampliamente reconocida y discutida. Es justo decir que la sociedad europea, así como el ámbito político, están experimentando un esclarecimiento, ya que está más despierta que nunca a la necesidad de defender nuestra propia cultura judeocristiana.

“Creo que mis seminarios del 2009 y los trabajos posteriores han contribuido a un fuerte retroceso en contra de una cultura islámica que es tan contraria a la nuestra. Y observo con interés que solo una frase de las 12 horas de seminarios sobre el Islam fue un delito procesable. Supongo que el contenido restante ahora está oficialmente aprobado por nuestras autoridades.

“Es obvio para mí que la educación pública y el discurso sobre el tema del Islam pueden tener un impacto fundamental y de gran alcance, incluso si nuestras autoridades estatales o supranacionales intentan reprimirlo o silenciarlo para apaciguar una cultura tan extraña a la nuestra.

“Esta lucha continúa. Mi voz no será y no podrá ser silenciada”.

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Advertisement
Deje aquí su propio comentario

Europa

El nuevo gobierno italiano rompe con la política de puertos cerrados del exministro Salvini y permite el desembarco de inmigrantes en Lampedusa

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Por primera vez, el nuevo gobierno italiano rompe con la política de puertos cerrados del exministro Matteo Salvini y permite al Ocean Wiking, con 82 personas rescatadas frente a las costas Libias, desembarcar en Lampedusa. El ministerio del Interior ha asignado la isla como puerto seguro. Los inmigrantes de la nave de Sos Mediterranee y Médicos sin fronteras serán repartidos entre varios países europeos. Francia y Alemania acogerán, cada uno, el 25% de las personas, y en Italia se quedará el 10%.
El resto será dividido entre los países que han mostrado disponibilidad, entre ellos Irlanda. El alcalde de Lampedusa, Salvatore Martello, ha destacado que la isla se ha mostrado siempre disponible a la acogida de inmigrantes, pero en este caso ha protestado porque el Ocean Winking se encuentra más cerca de Sicilia, donde, en su opinión, se tenía que haber realizado el desembarco. «Nuestra isla no puede ser la solución a todos los problemas», ha dicho el alcalde Martello.

Ley Salvini, superada

Cabe destacar que la decisión supone no tener en cuenta la vigente ley de seguridad que promovió Matteo Salvini. Esta normativa impide a los barcos de las ONG entrar en aguas territoriales italianas, con la posibilidad de imponer multas hasta de un millón de euros. Pero esta ley de seguridad será modificada. El gobierno de Giuseppe Conte inicia así una nueva política de inmigración, concertada con la Unión Europea, permitiendo el desembarco de inmigrantes, con la condición previa de que haya un reparto entre diversos países europeos. Todavía no se ha definido el mecanismo y los requisitos para el reparto de los inmigrantes en casos futuros. El acuerdo se fijará en la reunión que mantendrán los ministros del Interior de Italia, Francia, Alemania y Malta, el próximo día 23 en La Valeta. Dos semanas después, en una reunión de los ministros de Justicia e Interior en Luxemburgo se perfilará un acuerdo definitivo, al que se espera se adhieran otros países de la UE.

Cambio radical

El cambio de política de Italia sobre inmigración es el fruto inmediato del viaje realizado por el primer ministro Conte a Bruselas el pasado miércoles. Tras su entrevista con la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, Conte declaró que la nueva estrategia del gobierno italiano es aceptar los desembarcos de las naves de las ONG y de medios militares que intervienen en el Mediterráneo, con la garantía de que la mayor parte de los inmigrantes serán acogidos en diversos países de la Unión. Según Giuseppe Conte, será difícil que en el futuro haya países europeos que den la espalda al compromiso de afrontar conjuntamente el problema de la inmigración: «Habrá naciones reacias a compartir la llegada de inmigrantes, pero quien no participe tendrá que pagarlo económicamente de forma consistente».

Conte explicó también que «a partir de ahora la gestión de la repatriación de inmigrantes se gestionará a nivel europeo, y no mediante acuerdos bilaterales». Se contempla también la posibilidad de reactivar la operación Sophia, con medios militares de diversos países para intervenir en el Mediterráneo.

El gran objetivo del gobierno italiano es cambiar el viejo Tratado de Dublín, que establece que el inmigrante debe pedir asilo en el primer país europeo en el que pisa tierra. Desde que entró en vigor este reglamento hace casi 30 años, mucho ha cambiado en relación con los flujos migratorios. De ahí la necesidad de un cambio en el acuerdo de Dublín, para que toda Europa se vea implicada con la llegada de inmigrantes.

(ABC)

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Europa

La Fundación Fare Futuro alerta en un informe que en 2100 media Italia podría ser musulmana

Published

on

Foto de archivo de Roma, capital de Italia
Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

La Fundación Fare Futuro lanza la alarma demográfica en Italia: «Los musulmanes residentes en este país son 1,58 millones, pero podrían llegar a ser la mitad de la población en el año 2100». En enero 2019, los musulmanes representaban el 30,1 % de los extranjeros residentes en Italia; les siguen en porcentaje los cristianos ortodoxos con el 29,7 % (1,56 millones), y en tercer lugar los católicos que son 977.000 (18,6 %). La mayor parte de los musulmanes extranjeros residentes en Italia proceden de Marruecos (440.000), Albania (226.000), Bangladesh (141.000), Egipto (111.000) y Pakistán (106.000).

El informe sobre la islamización de Europa, el primero en su género, realizado por la Fundación Fare Futuro con el apoyo del gabinete de estudios del partido derechista Fratelli d’ Italia (Hermanos de Italia) acaba de ser presentado en una sala del Senado en Roma. Obviamente no es un dato cierto que «en el 2100 los musulmanes podría ser la mitad de la población italiana», como indica el informe, pero sí son ciertos dos datos que sirven para apoyar la posibilidad de ese escenario: En primer lugar, el índice de natalidad. «Las inmigrantes musulmanas tiene una tasa de fertilidad muy superior, el doble, que el de la italianas». Es un hecho conocido que «los italianos no tienen hijos», están prácticamente a la cola de Europa. En segundo lugar, «el 78 % de los inmigrantes que solicitan asilo o que llegan sin papeles son musulmanes».

«Favorecer la inmigración con nuestros orígenes»

El informe destaca que «los extranjeros musulmanes residentes en Italia han aumentado en 127.000 con respecto al 2018, mientras que los cristianos, por el contrario, han disminuido en 145.000. El análisis refleja preocupación y dudas sobre la capacidad de integración de los musulmanes. El 85 % de los italianos considera que «los inmigrantes tendrían que hacer un curso de lengua italiana y de educación cívica antes de ser regularizados», «el 60 % piensa que el velo que portan la mayor parte de las mujeres musulmanas lo hacen por presión de la familia», «el 80 % de los italianos pide que se castigue como un delito la predicación del odio y la justificación de actos de terrorismo», y «un 56 % de los entrevistados estima que la predicación en las mezquitas debería hacerse en italiano para que pueda ser entendida».

Las dudas sobre el interés de los musulmanes para integrarse en la sociedad italiana son muchas: «El 55 % de los entrevistados cree que la mayor parte de los musulmanes quiere vivir en Italia manteniendo su identidad musulmana, aunque admitan la ley italiana; mientras, el 27 % de los italianos está convencido de que el objetivo principal del musulmán es vivir en Italia siguiendo sus propias leyes separadamente».
En la introducción al informe, la diputada Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, escribe que «si es necesaria una cierta cuota de inmigración, se debe favorecer a quien tiene orígenes italianos o europeos, o bien la que procede de Estados que han demostrado que no crean problemas de integración o de seguridad».

«El islam es incompatible con Occidente»

Desde luego, la cuestión de la integración de los musulmanes es un largo debate en Italia y perdurará. Muy escéptico se mostró siempre el profesor Giovanni Sartori, uno de los mayores expertos en ciencia política, con prestigio internacional, reconocido con el premio Príncipe de Asturias: «El Islam es incompatible con Occidente. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se basan en la democracia, en la soberanía popular». A Sartori le gustaba recordar lo que ocurre en los países europeos: «Los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático».

En su último libro «La carrera hacia ningún lugar», Giovanni Sartori explicaba por qué la integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado: «El islam no tiene capacidad de evolución», como se puede ver, por ejemplo, en la India, «donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados, que después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes». «Esta experiencia ejemplar –concluía Sartori- debería ser estudiada por nuestros izquierdistas y contrasta con el facilismo con el que nosotros hablamos de integración».

(Fuente: ABC)

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Europa

Los sueños europeos vs la inmigración masiva

Published

on

El precio del relativismo cultural ha quedado dolorosamente patente en Europa La desintegración de las naciones-Estado occidentales es ahora una posibilidad real. El multiculturalismo —construido en un contexto de descenso demográfico, descristianización masiva y autorrechazo cultural— no es más que una fase de transición que comporta el riesgo de la fragmentación de Occidente.
Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Por Giulio Meotti.- Europa se presenta a sí misma como la vanguardia de la unificación de la humanidad. La consecuencia es que se han puesto en peligro las raíces culturales de Europa. Según Pierre Manent, un reconocido politólogo francés y profesor en la Escuela de Estudios Avanzados de las Ciencias Sociales de París:

“¡El orgullo o la autoconciencia europeos dependen del rechazo hacia la historia y la civilización europeas! No queremos tener nada que ver con las raíces cristianas, pero sí acoger plenamente el islam”.
Manent escribió estas palabras en la publicación mensual francesa Causeur. Puso como ejemplo Turquía:

“Estaba muy claro que su fuerte carácter islámico (incluso antes de Erdogan) no sólo era un obstáculo, sino una especie de motivo, una razón para incorporar a Turquía a la UE. Habría sido por fin la prueba definitiva de que Europa se ha separado y liberado de su dependencia cristiana”.

La frontera sur de Europa es ahora el primer frente para la inmigración masiva; Italia corre el riesgo de convertirse en ese campo de refugiados. En los últimos meses, Italia se ha enfrentado a una serie de barcos que llegaban de África, contraviniendo su política: primero el Sea Watch 3, después el Open Arms y, por último, el Ocean Viking. Hasta justo antes de las elecciones italianas de marzo de 2018, los inmigrantes estaban cruzando el Mediterráneo a un ritmo de 200.000 al año.

Puesto que los ministros de seguridad europeos fueron incapaces de ponerse de acuerdo sobre la crisis de los refugiados mediterránea, el ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, dispuesto a quedarse prácticamente solo, decidió cerrar los puertos italianos. Aunque el tribunal italiano intentó acusarlo de “secuestrar” a los inmigrantes, la medida política de Salvini funcionó y las llegadas de barcos cayeron en picado. En los primeros dos meses de 2019, 262 inmigrantes llegaron a Italia por vía marítima, frente a los 5.200 en el mismo periodo del año pasado, y los más de 13.000 en el mismo periodo de 2017.

El Gobierno italiano se vino abajo el 20 de agosto; existe ahora la gran posibilidad de que una nueva coalición de izquierdas ocupe su lugar. Un barco que intenta llevar a Italia a 356 inmigrantes de África —más de los que llegaron en los dos primeros meses— se ha quedado varado en el mar desde que recogió a los inmigrantes entre el 9 y el 12 de agosto, esperando permiso para atracar. En un enfrentamiento tras otro, las ONG han intentado derribar la barricada de Salvini contra la inmigración ilegal.

Un barco ya lo ha hecho. Una de las capitanas del Sea Watch 3, la ciudadana alemana Pia Klemp, incluso recibió los honores de la ciudad de París por vencer el bloqueo italiano. Según la otra capitana alemana, Carola Rackete: “Mi vida era sencilla… Soy blanca, alemana, nací en un país rico con el pasaporte correcto”, como si su decisión de ayudar a los inmigrantes estuviese, según sus propias palabras, relacionada con la vida, en comparación privilegiada, que ha tenido en Occidente.

Es un falso concepto marxista muy extendido entre los jóvenes de Europa: si tienes éxito o comodidades, sólo puede haber sido a costa de la humanidad: “Si gano algo, es que otro lo pierde”. No parece existir el concepto del win-win —”Si yo gano, vosotros también podéis: ¡todos pueden!”— que es la base de la economía de mercado y que tanto ha contribuido a sacar al mundo de la pobreza. Muchos de los jóvenes sólo ven barreras que hay que derribar. Pascal Bruckner lo llamó “la tiranía de la culpa”.

Por desgracia, el precio del relativismo cultural ha quedado dolorosamente patente en Europa. La desintegración de las naciones-Estado occidentales es ahora una posibilidad real. El multiculturalismo —construido en un contexto de descenso demográfico, descristianización masiva y autorrechazo cultural— no es más que una fase de transición que comporta el riesgo de la fragmentación de Occidente. En la lista de razones que lo explican, el historiador David Engels citó “la inmigración masiva, el envejecimiento de la población, la islamización y la disolución de las naciones-Estado”.

La inmigración masiva ya ha socavado la unidad y la solidaridad de las sociedades occidentales —junto a la demonización de Israel con la esperanza de obtener un petróleo barato y evitar el terrorismo— ha desestabilizado el consenso político posterior a 1945.

La política de puertas abiertas de la canciller alemana, Angela Merkel —”Wirschaffendas” (“Podemos hacerlo”) tuvo como resultado la entrada de un partido de derechas en su Parlamento. Alternativa para Alemania (AfD). (AfD) lidera ahora las encuestas para las elecciones regionales en la antigua Alemania del Este. El Partido Socialista francés, que gobernó el país con el presidente François Hollande, está ahora desapareciendo. Los dictados de Bruselas en lo relativo a la inmigración y las cuotas han roto la unidad de Europa y propiciado la práctica “secesión” del grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia). La utopía migratoria de Suecia metió a un partido de derechas populista en el Parlamento, y la llegada de medio millón de inmigrantes ilegales aupó a la otrora marginal Liga de Matteo Salvini a lo alto del establishment político de Italia.

Esta lista ni siquiera incluye el Brexit, la votación de los británicos para salir de la UE. Según el periodista alemán Jochen Bittner, en un artículo en The New York Times del año pasado:

A finales de 2015, la campaña por el Leave empezó a colocar pancartas que mostraban el éxodo de los refugiados de Siria y otros países a través de los Balcanes, adornados con eslóganes como “El punto de ruptura” y “Recuperar el control”. Cuando Merkel anunció su política de puertas abiertas, el mensaje fue un jarro de agua fría para millones de británicos y europeos preocupados. No por casualidad, fue entonces cuando el apoyo al Brexit empezó a crecer.

En lugar de gritar “populismo” y “nacionalismo” todo el tiempo, ¿no podría Europa reconsiderar su decisión?

En este momento, la Europa que prometió abstenerse de construir más muros tras 1989, cuando se derribó el Muro de Berlín, está levantando uno tras otro para defenderse de una situación sin precedentes. Hay una barrera española de 15 m en Ceuta y Melilla; un muro húngaro del primer ministro Viktor Orbán; uno en Calais, en Francia; una valla austriaca prevista en su frontera con Italia; una valla que Eslovenia quiere construir en su frontera con Croacia; y una valla en Macedonia del Norte para su frontera con Grecia.

Nos guste o no, Europa parece sentir una amenaza existencial y cultural de estos grandes flujos migratorios. No sólo existe la presión de la inmigración ilegal: también está la de la inmigración legal.

Más de 100.000 personas solicitaron asilo en Francia en 2017, una cifra “histórica”, y el país recibió más de 123.000 solicitudes en 2018. En Alemania se presentaron 200.000 solicitudes de asilo en 2018.

La inmigración masiva está cambiando la composición interna de Europa. En Amberes, la segunda mayor ciudad de Bélgica y capital de Flandes, la mitad de los niños matriculados en las escuelas de primaria son musulmanes. En la región de Bruselas, se puede atisbar el cambio si se estudia la asistencia a las clases de religión en las escuelas de primaria y secundaria: el 15,6% asisten a clases católicas, el 4,3% a protestantes y el 0,2% de judaísmo; el 51,4% asiste a clases de religión islámica y el 12,8% asiste a clases de “ética” laica. ¿Se ve más claro ahora qué pasará en la capital de la Unión Europea? No debería extrañarnos que la inmigración encabece la lista de preocupaciones de la población belga.

Marsella, la segunda ciudad mayor de Francia, ya es un 25% musulmana. Rotterdam, la segunda ciudad mayor de los Países Bajos, es un 20% musulmana. Birmingham, la segunda ciudad mayor de Gran Bretaña, es un 27% musulmana. Se calcula que, en una generación, un tercio de los ciudadanos de Viena serán musulmanes. “Suecia está en una situación en la que ningún país de Occidente se ha visto jamás”, observó Christopher Caldwell. Según el Pew Research Center, Suecia podría ser perfectamente un 30% musulmana en 2050; y un 21% en el improbable caso de que el flujo de inmigrantes se detenga por completo. Hoy, el 30% de los bebés suecos nacen de madres extranjeras. La ciudad de Leicester, en Reino Unido, es actualmente un 20% musulmana. En Luton, 50.000 de cada 200.000 habitantes son musulmanes. La mayoría del crecimiento de la población de Francia entre 2011 y 2016 fue impulsado por las grandes áreas urbanas del país. En lo alto de la lista están Lyon, Toulouse, Burdeos y el área de París, según un estudio publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Estudios Económicos de Francia. En Lyon, hay unos 150.000 musulmanes en una población de 400.000 habitantes. Según un artículo, el 18% de los recién nacidos en Francia reciben un nombre musulmán. En los años sesenta, la cifra era del 1%.

En el escenario más extremo, los porcentajes de musulmanes en Europa que se calculan para 2050 son: Francia (18%), Reino Unido (17,2%), Países Bajos (15,2%), Bélgica (18,2%), Italia (14,1%), Alemania (19,7%), Austria (19,9%) y Noruega (17%). El año 2050 está ahí mismo. ¿Qué cabe esperar, entonces, dentro de dos o tres generaciones, cuando señaló el difunto historiador que Europa sería “como mínimo” islámica?

Por desgracia, la mentalidad europea se niega a afrontar la realidad, como si el desafío fuese demasiado difícil para abordarlo. “La progresión imparable de este sistema me hace pensar en una taza de té a bordo del Titanic”, como escribe el destacado filósofo francés Alain Finkielkraut.

No será apartando la mirada de la tragedia como evitaremos que esto pase. ¿Cómo será el rostro de Francia dentro de cincuenta años? ¿Cómo serán las ciudades de Mulhouse, Roubaix, Nantes, Angers, Toulouse, Tarascon, Marsella y todo Seine Saint-Denis?

Si la población cambia, después le sigue la cultura. Como el señala el escritor Éric Zemmour, “después de un cierto tiempo, lo cuantitativo se vuelve cualitativo”.

Mientras que el poder del cristianismo europeo parece estar cayéndose por un precipicio demográfico y cultural, el islam está avanzando a pasos agigantados. No es sólo una cuestión de tasas de inmigración y nacimientos: también de influencia. “En septiembre de 2002, participé en una reunión de los centros culturales de los principales estados miembros de la Unión Europea en Bruselas”, escribió el intelectual germano-sirio Bassam Tibi, profesor emérito de Relaciones Internacionales de la Universidad de Gotinga.

“El congreso se desarrolló sobre el tema “Penser l’Europe” [“Pensar Europa”], pero se titulaba “El islam en Europa”. Allí, me molestó oír a Tariq Ramadan referirse a Europa como “dar al Shahada” es decir, como la casa de la fe islámica. El público se alarmó, pero no captó el mensaje de la mentalidad islamista que ve Europa como parte de la casa del islam. Si Europa ya no se percibe como “dar al Harb”, la casa de la guerra, sino como parte de una pacífica casa del islam, eso no es una señal de moderación, como se supone equivocadamente: es la mentalidad de una islamización de Europa”.

La buena noticia es que nada está escrito en piedra. Los europeos aún pueden decidir por sí mismos cuántos inmigrantes necesitan sus sociedades. Podrían aplicar una solución que fuese coherente, en vez de caótica. Podrían querer seguir redescubriendo su herencia humanista. Podrían volver a tener hijos y lanzar un verdadero programa de integración para los inmigrantes que ya hay en Europa. Pero no se está dando ninguno de esos pasos, necesarios para evitar la transformación de grandes áreas del continente y su quiebra.

Es importante escuchar el pronóstico de Pierre Manent y rechazar la actual tendencia a la autohumillación. Europa parece afligida por el escepticismo sobre el futuro, como si el declive de Occidente fuese en realidad un castigo justificado y una liberación de las culpas del pasado. Sí, puede haber tenido defectos terribles, pero ¿de verdad son mucho peores que los de otros países, como Irán, China, Corea del Norte, Rusia, Mauritania, Cuba, Nigeria, Venezuela o Sudán, por citar sólo algunos? Más importante es que al menos Occidente, a diferencia de muchos otros lugares, ha intentado corregir sus fallas. Lo más importante es evitar excederse en las correcciones y acabar en una situación peor que la anterior.

“Para mí, hoy, lo más esencial es la civilización europea”, señala Finkielkraut.

(Fuente: Gatestone Intitute)

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading
Advertisement
Advertisement

Recomendados

Anuncios
Advertisement
Advertisement
ArabicChinese (Simplified)EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
A %d blogueros les gusta esto: