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Europa

La construcción italiana del eje anti Unión Europea

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En la imagen (tomada de la página de Facebook del político italiano), Salvini con su homólogo polaco, Joachim Brudziński, en Varsovia, el pasado día 9.
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Por Soeren Kern.- El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, está encabezando un esfuerzo para crear una alianza paneuropea populista para desafiar al establishment proeuropeo respecto al futuro de la Unión Europea. El objetivo es recuperar la soberanía de manos de burócratas no elegidos en Bruselas y transferir competencias clave de la UE de vuelta a las capitales nacionales.

Alemania y Francia, los autoproclamados guardianes de la integración europea, están respondiendo al desafío con un ambicioso contraproyecto para hacer que la Unión Europea sea “una potencia más decisiva en la escena mundial”.

Esta confrontación, que amenaza con dividir la Unión Europea por la mitad, entre los nacionalistas euroescépticos y los globalistas eurófilos, se calentará más en los próximos meses y semanas, de cara a las elecciones al Parlamento europeo a finales de mayo.

Durante una visita a Varsovia el 9 de enero, Salvini, que ahora es el político más poderoso de Italia, dijo que los populistas de Italia y Polonia debían generar “una primavera europea” y forjar un “nuevo equilibrio” para sustituir la influencia de Alemania y Francia en el Parlamento europeo:

“La Europa que se creará en junio será distinta de la de hoy, que está manejada por burócratas. En Europa, siempre se habla del eje franco-alemán. Nos estamos preparando para un nuevo equilibrio y una nueva energía en Europa. Habrá un plan de acción conjunta para inyectar nueva sangre en Europa, nueva fortaleza, nueva energía. Polonia e Italia serán los protagonistas de esta nueva primavera europea, esta reavivación de los valores europeos, con menos burocracia y más trabajo y más familia, y por encima de todo, más seguridad”.

Salvini está intentando crear un nuevo bloque político –acuñado como la “alianza de los soberanistas” (alleanza di sovranisti)– que incorpora a nacionalistas y populistas de toda Europa para concurrir a las próximas elecciones al Parlamento europeo. El objetivo es reafirmar la soberanía nacional al cambiar la composición política del Parlamento europeo, y por extensión, del ejecutivo de la UE, la Comisión Europea, y finalmente el Consejo Europeo, donde los líderes nacionales toman las decisiones más importantes de la UE.

Los miembros del Parlamento europeo supranacional se organizan en grupos ideológicos como en los legislativos nacionales. Hay actualmente ocho grupos políticos en el Parlamento europeo. El mayor es el Partido Popular Europeo, de centroderecha (del que es un pilar clave la Unión Demócrata Cristiana de la canciller alemana, Angela Merkel), seguido de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, el Grupo Europeo de Conservadores y Reformistas y la Alianza de Liberales y Demócratas de Europa (ALDE). La reciente decisión de En Marche, el partido político del presidente francés, Emmanuel Macron, de unirse a ALDE podría convertirlo en el segundo bloque mayor en el Parlamento europeo, desde su cuarto lugar, tras las elecciones de mayo.

En Polonia, Salvini se reunió con el primer ministro, Mateusz Morawiecki, el ministro del Interior, Joachim Brudziński y con Jarosław Kaczyński, el poderoso líder del partido en el Gobierno, Ley y Justicia (PiS), que actualmente forma parte del Grupo Europeo de Conservadores y Reformistas (ERC). ERC se enfrenta a su posible colapso cuando sus 18 miembros del Partido Conservador británico en el Parlamento europeo abandonen tras el Brexit; esto dejaría al PiS sin posibilidad de formar grupo en el Parlamento europeo. Es improbable que el PiS se una al Partido Popular Europeo, porque el principal partido de la oposición en Polonia, la Plataforma Cívica, es parte de ese grupo. En consecuencia, el nuevo grupo encabezado por Salvini podría ser una opción atractiva para el PiS.

Salvini ya ha convencido a los partidos populistas francés y holandés –Agrupación Nacional, de Marine Le Pen (antes llamado Frente Nacional) y el Partido por la Libertad de Geert Wilders)– para que se unan. Si el PiS, y el Partido de la Libertad, que gobierna en Austria, se subieran a bordo, la alianza euroescéptica de Salvini podría tener hasta 150 eurodiputados. Esto lo convertiría en el tercer mayor grupo del Parlamento europeo y le daría un poder tangible para influir en la legislación de la UE.

Fidesz (Alianza Cívica Húngara), el partido del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, sigue siendo parte del Partido Popular Europeo, que se ha resistido a las peticiones de expulsar a Orbán por sus puntos de vista euroescépticos y contrarios a la inmigración. El portavoz de Orbán, Zoltan Kovacs, alabó los planes de Salvini de crear una alianza populista:

“El eje Varsovia-Roma es un gran acontecimiento en el que están depositadas grandes esperanzas. Me gustaría que Europa tuviese una fuerza política a la derecha del PPE, un eje Roma-Varsovia, capaz de gobernar, capaz de asumir la responsabilidad y de oponerse a la inmigración”.

Sin embargo, Orbán no ha estado dispuesto a abandonar el Partido Popular Europeo. Algunos observadores han sugerido que está inclinado a permanecer en el PPE porque, al ser el grupo más poderoso del Parlamento europeo, lo blinda de las represalias de sus opositores pro UE.

En cualquier caso, Salvini y Orbán han prometido crear un “eje antiinmigración” con el objetivo de contrarrestar las políticas proinmigración de la Unión Europea. En una reunión en Milán el 28 de agosto, Orbán y Salvini se comprometieron a trabajar juntos con Austria y el Grupo de Visegrado –la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia– para oponerse a un grupo proinmigración de países de la UE liderado por el presidente francés, Emmanuel Macron.

En una rueda de prensa conjunta, Salvini dijo:

“Hoy empieza un viaje que seguirá en los próximos meses hacia una Europa diferente, a un cambio en la Comisión Europea, en las políticas europeas, que sitúa en el centro el derecho a la vida, al trabajo, a la salud, a la seguridad, todo lo que las élites europeas, financiadas por [el multimillonario húngaro y filántropo George] Soros, y representadas por Macron, niegan”.

Nos acercamos a un punto de inflexión histórico a nivel continental. Me asombra el estupor de una izquierda política cuya única razón de ser es ya desafiar a los demás, que cree que Milán no debería acoger al presidente de un país europeo, como si la izquierda tuviese la autoridad de decidir quién tiene derecho a hablar y quién no, y que después se pregunta por qué ya nadie les vota.

Esta es la primera de una larga serie de reuniones para cambiar los destinos, no sólo de Italia y Hungría, sino de todo el continente europeo.

Orbán añadió:

“Las elecciones europeas se celebrarán pronto, y deben cambiar muchas cosas. En este momento hay dos bandos en Europa: uno está liderado por Macron, que está a favor de la inmigración. El otro está encabezado por los países que quieren proteger sus fronteras. Hungría e Italia pertenecen al segundo”.

Hungría ha demostrado que podemos frenar a los inmigrantes por tierra. Salvini ha demostrado que se puede frenar a los inmigrantes por mar. Le damos las gracias por proteger las fronteras de Europa.

Hay que devolver a los inmigrantes a sus países. Bruselas dice que no podemos hacerlo. También dijeron que era imposible frenar a los inmigrantes por tierra, pero lo hicimos.

Salvini y yo parecemos compartir el mismo destino. Es mi héroe.

Alemania y Francia han respondido al desafío redoblando la integración europea. El 10 de enero, The Times de Londres informó de que Merkel y Macron se disponen a firmar el llamado “Tratado de Aquisgrán”, que “marcará el comienzo de una nueva era de integración” al “forjar una defensa compartida, y políticas exteriores y económicas en un pacto ‘gemelo’ sin precedentes, considerado prototipo del futuro de la Unión Europea”. Según The Times:

“Se alentará que regiones a ambos lados de la frontera franco-alemana formen “eurodistritos” cuyos servicios de agua, electricidad y transporte público se fusionen. Berlín y París pondrán dinero para incentivar a esas áreas transfronterizas, que podrían incluir hospitales compartidos, empresas conjuntas o proyectos medioambientales. Algunos funcionarios definieron estos experimentos como una placa de Petri para la integración de la UE”.

Ambos países presionarán para que Alemania tenga asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, junto a Francia, EEUU, China, Rusia y Gran Bretaña, los aliados victoriosos de la Segunda Guerra Mundial.

Francia y Alemania también prevén hablar con una sola voz en Bruselas, estableciendo posturas comunes ante las cumbres de la Unión Europea clave, para intentar que el bloque tenga un poder más decisivo en la escena mundial. El tratado está concebido para lanzar la señal de que Francia y Alemania defenderán los valores del multilateralismo en un momento en que el orden liberal mundial está bajo amenaza. Tanto el presidente Macron como Merkel han expresado su frustración por el auge del populismo y el nacionalismo, y las vacilaciones de Europa frente a problemas como el cambio climático y la inmigración masiva […].

El breve documento se firmará el 22 de enero en Aquisgrán, el antiguo balneario alemán cerca de la frontera con Bélgica y los Países Bajos. Se espera que lo ratifiquen los dos parlamentos nacionales ese mismo día.

El lugar elegido está cargado de simbolismo. Aquisgrán, conocido como Aix-la-Chapelle en Francia, fue la capital imperial franca con Carlomagno, y ha estado alternativamente en manos de Alemania y Francia varias veces.

Los extractos filtrados del nuevo acuerdo de Aquisgrán definen la “armonización” de las regulaciones de las empresas y una política coordinación en materia de economía entre los estados, guiada por un consejo conjunto de expertos.

El texto lleva la impronta del deseo de Macron de utilizar el consenso franco-alemán para animar a la UE a ser más asertiva como potencia global.

Los dos gobiernos acordarán celebrar “consultas periódicas a todos los niveles antes de las principales reuniones europeas y preocuparse de establecer posturas comunes y emitir comunicados conjuntos”. Y añade: “Defenderán una política común exterior y en materia económica fuerte y eficaz, que fortalecerá y hará crecer la unión económica y monetaria”.

Sienta una base de trabajo para una defensa franco-alemana y un consejo de seguridad que actuará como “grupo de dirección política”, en el que ambos lados influyen entre las posturas mutuas […]. En el frente militar, el tratado consagra la ambición de formar “una cultura común y despliegues conjuntos” en el extranjero.

El Tratado de Aquisgrán se enfrentará sin duda a la oposición nacional en ambos países. En Francia, sacudida por las protestas del movimiento de los “chalecos amarillos”, Marin Le Pen desdeñó el nuevo tratado diciendo que era un dictado “desequilibrado” de Alemania. Alexander Gauland, líder del partido antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD), lo describió como “una erosión de nuestra soberanía nacional”.

La AfD está dividida en su postura hacia Salvini. Aunque la cúpula de AfD ha alabado a Salvini por su apoyo a la soberanía nacional y su oposición a la inmigración masiva, Alice Weidel, líder de AfD en el Bundestag, ha sido tajantemente crítica con la gestión económica del Gobierno italiano:

“Roma ya ha acumulado una deuda de casi 2,3 billones de euros. Los italianos ricos han transferido desde entonces sus bienes al extranjero” […].

Cuando la UE rechaza el borrador del presupuesto de Italia, el ministro del Interior, Salvini, se enfada: “Nadie quitará ni un solo euro de este presupuesto, del bolsillo de los italianos”. Al parecer, pasa por alto el hecho de que Italia habría sido insolvente desde hace mucho sin la ayuda de la UE. ¿Cómo puedes vender a los europeos que, en el futuro, entre 400.000 y 500.000 italianos se jubilarán de manera anticipada, y que también habrá un ingreso mínimo y un impuesto fijo? Estos son beneficios bienestaristas con los que otros Estados miembros de la UE no pueden ni soñar.

Los bienes medios de los hogares italianos se sitúan nada menos que en los 240.000 euros, mientras que en Alemania sólo son 66.000 euros. Italia concede amnistías a los evasores fiscales, apenas reconoce impuestos a la propiedad y tiene un impuesto de sucesión absurdo. En su lugar, recurre a la solidaridad europea o al Banco Central Europeo para cancelar la deuda. Alemania sería otra vez el pagador. ¡Estos romanos están locos!

El canciller austriaco, Sebastian Kuurz, estuvo de acuerdo. Tuiteó:

“No entiendo la propuesta presupuestaria que #Italia ha enviado a #Bruselas. Desde luego, no vamos a pagar las #deudas y las promesas electorales populistas de otros”.

Al menos desde la crisis de #Grecia, está claro que el exceso de deuda es peligroso. Además, las personas pobres y socialmente débiles pagarán el precio más alto por esta política. Por lo tanto, hemos puesto por fin término a la política de #deuda en Austria y reportado un superávit de presupuesto a Bruselas.

Por lo tanto, esperamos que el Gobierno italiano cumpla con las reglas existentes. Los criterios de Maastricht se aplican a todos.

Salvini promovió por primera vez la idea de una red paneuropea de partidos nacionalistas en julio de 2018, después de que su partido, la Lega, formara una coalición de gobierno con su antiguo archirrival, el partido antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5S):

Para ganar, tuvimos que unir a Italia; ahora tenemos que unir a Europa. Estoy pensando en una Liga de las Ligas de Europa, que aúne a todos los movimientos por la libertad y la soberanía que quieran defender a sus ciudadanos y sus fronteras.

Salvini está trabajando ahora en un programa común, de diez puntos, que aún se tiene que terminar de definir. En una rueda de prensa conjunta en Varsovia, Salvini dio más detalles:

“Le propuse al líder del PiS, Jarosław Kaczyński ­­–y tengo la intención de proponérselo a otros–, un pacto para Europa, un contrato con compromisos específicos, un programa de diez puntos basado en el modelo del contrato que firmamos en Italia. Este acuerdo nos permitiría superar las diferencias entre partidos y tradiciones geográficas y culturales. Me gustaría que hubiese una alianza común entre los que quieren salvar a Europa. Este objetivo será el primero y el más importante en el próximo Parlamento europeo […].

Proponemos un programa que se ofrezca a otros partidos y ciudadanos de Europa, basado en ciertos temas, como el crecimiento económico, la seguridad, la familia, las raíces cristianas europeas… temas que algunos en Bruselas han negado. […].

Hemos empezado una trayectoria de ideas en el Parlamento europeo que será distinta a la del duopolio socialista y del centro derecha que siempre ha gobernado Europa […]. La única certeza que tengo sobre las elecciones europeas es que los socialistas y los comunistas siempre serán menos en Bruselas, y ya han hecho demasiado daño […].

Si queremos cambiar la UE, debemos ser ambiciosos, pensar a lo grande. Nuestro objetivo es estar presentes en todos los países europeos y trabajar con otras fuerzas soberanistas […]. Sé que muchos países tienen interés en el cambio. Esta es una ocasión histórica: es hora de reemplazar el eje franco-alemán con una alianza ítalo-polaca”.

 

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“Il Capitano” Matteo Salvini y la política como lucha por la Identidad

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Sergio Fernández Riquelme.- Todo ejército tiene su capitán. En la guerra, dirige a sus huestes hacia la victoria, y en la paz intenta mantener el orden interno. Capitanes heroicos o cobardes, fieles o traidores, exitosos o fracasados encontramos en la Historia. “O Captain! my Captain! our fearful trip is done, The ship has weather’d every rack, the prize we sought is won”, dedicaba Walt Withman al asesinado Lincoln. Líderes más cercanos que élites intelectuales o afamados generales, que comparten en muchas ocasiones el rancho y que buscan este cargo por servicio público o por intenciones de ascenso. Elegidos por tradición, raciocionio o carisma, la tropa necesitada de verdades y seguridades cree en ellos y lo consideran, habitualmente, uno de ellos.

Italia tiene ahora a Salvini, Il capitano, que pretende representar a la que considera la verdadera Italia. Frente a un Cavaliere provocador (Silvio Berlusconi), a un Professore conciliador (Romano Prodi) o a un moderno y joven Rottamatore (Matteo Renzi) muchos italianos de diversa ideología y origen siguen los pasos y los tuits del Capitán.

Presente como nadie en las redes sociales y creciendo en las encuestas de manera vertiginosa, Matteo Salvini, viceprimer ministro y ministro del Interior, impulsó en el país transalpino un nacionalismo soberanista capaz de integrar el regionalismo histórico italiano (uno de los países que más tarde accedió a su unificación político-territorial) con el nuevas posiciones identitarias frontalmente contrarias al diktat de Bruselas ante fenómenos migratorios globales, uniformizaciones culturales globalizadas, imposiciones socioeconómicas internacionales y problemas ciudadanos cada vez más profundos que eran caldo de cultivo para los llamados populismos de izquierdas o derechas.

Quedaba atrás la vieja Lega norte de Umberto Bossi, marcada por la masonería y los negocios sobre la coartada del ensueño de la Padanía étnica y secesionista (desde el neologismo de la llanura que atraviesa el río Po o Padus) y reunida cada año en la exótica celebración de Pontida para denuncia a los ladrones romanos y a los pobres sureños. Le sucedía una nueva Lega italiana, parte del gobierno nacional en 2019 (en coalición con el peculiar Movimento 5 Stelle, M5S, liderado por Luigi di Maio), nacionalista y regionalista a la vez, defensora de los valores tradicionales (de la Familia natural a la herencia cristiana) y promotora de una gran alianza de reforma europea (con Polonia y Hungría).

Pero todos tenemos un pasado. Salvini fue ardiente nacionalista lombardo, como líder del Movimiento de Juventudes padanas y como candidato de los comunistas padanos en las elecciones de 1997, siendo además asiduo colaborador del izquierdista centro social Leoncavallo y admirador declarado de los nacionalismos izquierdistas del momento (del quebequés al vasco). Pero años después, y como miembro de la Lega en el Parlamento europeo desde 2004, comenzó su transformación.

Una conversión en toda regla. En primer lugar, adoptando el soberanismo nacionalista italiano (sin olvidar el regionalismo primigenio de la Lega, pero ahora para todo el pais transalpino), al colaborar en el seno del grupo Europa de la Libertad y la Democracia, y y acercarse al nacionalismo identitario del francés Frente Nacional y del holandés Partido por la Libertad. El lema soberanista “Basta Euro” reemplazó, definitivamente, a la reivindicación del sueño folclórico de la “Padania” en la tribuna del Parlamento europeo. En segundo lugar, asumiendo el catolicismo identitario (entre la tradición y la modernidad) a partir de las enseñanzas de su admirado Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI (y del cardenal Raymond Burke) al que siempre recuerda como su verdadero Pontífice, del que reivindicó su famoso Discurso de Ratisbona y al que dedicó una camiseta que llevó en diferentes ocasiones con su foto y un lema bastante elocuente:“l mio papa è Benedetto XVI”.

A su vuelta de Estraburgo como conocido “eurófobo”, lideró la facción derechista de la Lega en 2013, y de la mano del todopoderoso gobernador de Lombardia Roberto Maroni, logró hacerse con el control de un partido en caída libre en elecciones y encuestas (tras haber sido miembro de los gobiernos de Silvio Berlusconi) y en plena crisis tras los arrestos de su cúpula por corrupción.

La toma del poder se tradujo en un cambio de estrategia. La Lega o era italiana o no sería, o era soberanista o desaparecería. Por ello en las diversas elecciones regionales de 2015 la nueva Lega se presentó con la marca “Nosotros con Salvini” (Noi con Salvini) tanto en el norte como en el sur de Italia (del Lazio a Cerdeña). Y tras apartar al mísmísimo Maroni y a Flavio Tosi, su principal contendiente en la Lega, Salvini pudo completar su transformación. El éxito de la convocatoria (primero en el Véneto, segundo en Toscana o Liguria, y tercero en las Marcas y Umbria) respaldaron su apuesta y provocaron un ascenso histórico en las encuestas, que se tradujo en el tercer puesto en las elecciones generales de 2018 (triplicando sus votos). Sin el adjetivo “norte”, la ahora “Lega Savini Premier” superó en estos comicios, y por primera vez, a su viejo socio de Forza Italia e hizo de la Coalizione di centrodestra la primera del país (junto con Fratelli d’Italia, Unione di Centro y Noi con l’Italia). Pero ante la debilidad de los de Berlusconi en las negociaciones y ante ciertas coincidencias programáticas con el ganador grillino, la Lega entró en el 65º Gobierno nacional, en coalición con el M5S (fundado por el llamado cómico antisistema Beppe Grillo) y bajo presidencia del tecnócrata Guiseppe Conte.

Omnipresente en las redes (gracias a la labor de su asesor Luca Morisi) y bajo el lema “Prima Gli Italiani” la nueva Lega desembarcó en el Palazzo Chigi. En este nuevo gobierno, Salvini y los suyos impusieron algunas de sus condiciones. Interior fue para el mismo Salvini, situando la seguridad nacional y el respaldo a las fuerzas estatales como prioridad; Familia y discapacidad fue para Lorenzo Fontana, católico tradicionalista veronés; Agricultura para Gian Marco Centinaio, defensor decidido de la producción nacional; Educación para Marco Bussetti, partidario de eliminar la ideología de género de las escuelas; Asuntos Regionales y Autonomías para Erika Stefanini, desde el regionalismo militante de la Lega; y Administración Pública para Giulia Bongiorno, buscando reducir eficazmente el Estado (con el impulso de infraestructuras y la idea del impuesto único). Participación en el gobierno que encumbró a los leghistas en las encuestas (por primera vez líder de las mismas, tanto en 2018 como en 2019 con más del 30%), fagocitando a su socio grillino y haciéndole ganar elecciones regionales en zonas insospechadas hasta ese momento como los Abruzzos o Cerdeña (liderando de nuevo la coalición de centroderecha).

La protección de las fronteras (frente a mafias e inmigrantes ilegales), el apoyo a la natalidad (ante el envejecimiento demográfico), la defensa de la autonomía regional (de Lombardía al Véneto), la reivincidcación de la Familia natural (eliminando en el documento de identidad “progenitores” por padre y madre), la protección del productor nacional, la apuesta por el salario básico universal (propuesta estrella, en puridad, de Di Maio), el proyecto de custodia compartida obligatoria, o la consecución de la Ley de legítima defensa. Estas fueron algunas de las grandes propuestas de la Lega en el ejecutivo y el parlamento, que provocaron críticas de sus propios socio de gobierno (amenazando con nuevas elecciones en más de una ocasión el llamado sector progresista de los grillini, encabezado por Roberto Fico), la furibunda reacción de la oposición izquierdista (el PD de Maurizio Martina y Niccola Zingaretti) y también de parte de la Conferencia episcopal italiana (en especial desde las páginas de Avvenire y Famiglia Cristiana). Iniciativas a las que se unieron proyectos claramente tradicionalistas como la norma de establecer crucifijos en las instituciones públicas, la Ley de custodia compartida para prevenir conflictos en la separación e incluso desalentar el divorcio (“garanzia di bigenitorialità”) del senador Simone Pillon, la ayuda de entrega de tierras públicas a las familias con tres o más hijos, la Ley frente a los vientres de alquiler (“utero in affitto”), o el apoyo directo a la celebración del XIII Congreso Mundial de Familias en Verona (World Congress of Families, WCF).

Odiado por sus enemigos y amado por sus seguidores. El Capitán lograba la polarización necesaria en tiempos de política altamente mediática. Pero especial ha sido el encontronazo con el clero democristiano (al que acusaba de “cattocomunisti”), que denunciaba a la Lega y sus socios por patrimonializar (e instrumentalizar) casi en exclusiva la bandera de la Identidad cristiana de Italia y la defensa de sus valores nacionales; especialmente ante el impacto de la imagen de un Salvini con rosario y biblia en mano en los principales actos electorales. El mismo Salvini reivindicaba las raíces cristianas de Italia y sus valores tradicionales (reconociendo públicamente sus pecados personales en numerosas ocasiones): “Rivendico che questo Paese abbia profonde radici cristiane. Nel Paese che ho in testa gli ultimi, non saranno più ultimi. Vado al governo cambiando le leggi, ma ispirandomi a certi valori”. Y Lorenzo Fontana defendía que el verdadero cristianismo debía proteger a los hermanos nacionales, a los más próximos ante las dificultades o la inseguridad: “Ama il prossimo tuo, quello in tua prossimità. Quindi se io amo le persone che stanno dall’altra parte del mondo e poi mi dimentico della persona del difficoltà e non parlo nemmeno al mio vicino di casa, allora sono un ipocrita”.

Il capitano era el político europeo con más seguidores en la redes sociales, en comunicación casi directa con sus followers, y sin pelos en la lengua. Dueño del debate político, sus lemas llegaban en internet y se publicitaban en sus sudaderas, sus mensajes se vestían de policía o de obrero, y su presencia impactaba en directo con detenciones policiales (como en la llegada del extraditado terrorista Cesare Battisti) o redadas antidrogas. Sus continuos videos en Facebook sumaban decenas de miles de seguidores, sus visitas a pueblos y barrios deprimidos o inseguros se convertían en pequeños baños de masas, y los medios de comunicación, los propios y los ajenos, no paraban de hablar de él, de Il capitano, y sobre todo de sus polémicas porque Salvini necesitaba la polémica.

Esta política virtual contemporánea (mediática y viralizada) parecía premiar o bien la corrección ideológica (desde el triunfo del “Yes we can” y sucesivas creaciones comerciales) o bien la incorrección ideológica (desde la reacción identitaria, ciudadana, soberana). No hay término medio, parece. Y Salvini, como otros antes que él, lo aprendió muy bien. Su labor política parece una incansable campaña electoral, abrazando a los amigos y señalando a los enemigos. Escuchar directamente a los ciudadanos, atender miedos e inseguridades minimizados por el poder, meterse en toda batalla en los medios, no eludir la confrontación o el debate, usar lemas directos y llamativos, combinar casi todo lo posible en el discurso político, tocar los temas más sensibles, y ser tan directo como directo es el mundo actual.

Su postura ha sido, así, radical contra las migraciones ilegales, prohibiendo el desembarco de inmigrantes a las costas italianas, tanto de las ONGs a las que acusa de connivencia con las mafias como los rescatados en el Mediterráneo por la propia Guardia costera. Su enfrentamiento con el presidente Macrón ha sido frontal, especialmente por las devoluciones “en caliente” de migrantes por parte de la policía gala que cruzaban la frontera italo-francesa (en el paso de Ventimiglia) o por temas de política europea (cruzándose palabras gruesas). Su oposición a la burocracia de la UE por la soberanía nacional ha sido casi visceral, especialmente por el control financiero de Bruselas de las cuentas italianas o por sus pretensiones de colonización ideologica y moral en la sociedad. Y sus reacciones inmediatas ante críticas (de machista o xenófobo) e insultos (casi diarios) son casi siempre trending topic.

A nivel interno, Salvini y su Lega no ha dejado títere con cabeza: frente al novelista Roberto Saviano por sus posturas ante las migraciones, frente al ganador italo-egipcio del festival de San Remo por no representar realmente a Italia, frente al Tribunal que quiere juzgarlo por impedir el desembarco de refugiados del barco Diciotti por supuesta persecución política, frente al Papa Francisco o al presidente Matarella por sus declaraciones identitarias, e incluso frente a Pamela Anderson por sugerir que Salvini era algo propio de los años treinta. Y a nivel internacional sus socios eran evidentes: los partidos soberanistas-nacionalistas que pretendían una Europa más descentralizada (y a los que quería aglutinar en una especie de ”Europa de las naciones”), la Hungría de Viktor Orbán (quién consideraba a Salvini como “mi héroe y mi compañero de destino”), o la Polonia de Ley y Justicia, con quién compartía el sueño de un “nuevo equilibrio europeo” fundado en la independencia nacional y la tradición cristiana. Sobre este equilibrio Salvini declaró que “Italia e Polonia saranno protagoniste di una nuova primavera europea, di una rinascita dei valori veri della Ue: meno finanza e burocrazia, più lavoro e sicurezza”, donde “l’Europa deve tornare alla sua identità, alle sue radici giudeo-cristiane, identità che viene respinta a Bruxelles in modo pazzesco, dove i valori della famiglia vengono respinti”.

Pero un lugar muy especial ocupó la Rusia de Vladimir Putin. Una nación de la que aprender a defender un mundo multipolar, de la que copiar su protección de los valores tradicionales, y a quién levantar las sanciones por la crisis de Ucrania (aunque disentían en la crisis de Venezuela). Una admiración (y relación) atestiguada ya en su paso por el Parlamento europeo, y nunca escondida por Salvini (virales fueron sus fotos con la camiseta de Putin en plena Plaza Roja de Moscú), centrada en la colaboración cultural, política y económica con Rusia Unida y con diversas instituciones del Kremlin. Sobre el presidente ruso Salvini declaró que “non abbiamo fatto discorsi profondi, ma credo che egli – un uomo di potere – sia toccato dalla necessità della fede. È un realista. Vede che la Russia soffre per la distruzione della morale. Anche come patriota, come persona che vuole riportarla al ruolo di grande potenza, capisce che la distruzione del cristianesimo minaccia di distruggerla. Si rende conto che l’ uomo ha bisogno di Dio e ne è di certo intimamente toccato”.

A la Lega le llamaron Il Carroccio, símbolo de independencia e identidad de las ciudades-estado del Medioevo italiano, inicialmente usado por las urbes de la Liga lombarda frente al expansionismo del Emperador romano-germánico Federico I Barbarroja. Un altar de cuatro ruedas tirado por bueyes, como plataforma rectangular con el estandarte de la ciudad y con una cruz en el centro, donde se celebraba la eucaristía y se llamaba con trompetas a la batalla. Y Salvini puso el suyo en Roma, simbólicamente, cuando los leghistas llenaron, por primera vez en la Historia, la Piazza del Popolo con ciudadanos de las ciudades del norte y del sur en su gran concentración del 7 de diciembre de 2018, ante los ojos incrédulos de vecinos y opositores. La Italia soberana, nacionalista (y regionalista) e identitaria (y tradicionalista) aparecía en escena para intentar cambiar el país y transformar Europa.

(La Tribuna del País Vasco)

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Europa

El barco “Open Arms” se resiste a viajar hasta Baleares porque “los inmigrantes están agotados”

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El Gobierno español ha ofrecido puerto en España al buque humanitario de la ONG Proactiva Open Arms, para que desembarquen los 107 inmigrantes que siguen a bordo del barco tras 18 días a la deriva en el Mediterráneo, pero la ONG dice que es una decisión “completamente incomprensible” navegar durante tres días en “condiciones climáticas adversas” y con las personas “agotadas” estando a 800 metros de las costas de Lampedusa.

“Con nuestro bote a 800 metros de las costas de Lampedusa, los estados europeos están pidiendo a una pequeña ONG, como la nuestra, que haga frente a otras 1.000 millas y 3 días de navegación, en condiciones climáticas adversas, con 107 personas agotadas a bordo”, subraya la ONG Proactiva Open Arms en un comunicado.

Aunque en el comunicado, Open Arms asegura que esta decisión de que el buque se dirija a España, concretamente, “a Mallorca”, es fruto de un “acuerdo” entre Italia y España, el Gobierno español ha desmentido que exista ningún acuerdo con el país vecino.

Lo único cierto, según aseguran desde el Ejecutivo, es que “el gobierno de España ha ofrecido al Open Arms poder dirigirse al puerto español que esté más próximo en su ruta”. También señalan que han solicitado al buque que les planteen sus necesidades para navegar de forma segura hasta España pero indican que no han recibido respuesta.

“Dada la emergencia humanitaria a bordo, los puertos españoles se mantendrán a disposición del Open Arms, a cuyos responsables el gobierno ha solicitado que expongan sus necesidades y las del pasaje para navegar hacia España de forma segura. Hasta el momento no hemos recibido una contestación clara y directa”, han subrayado a Europa Press fuentes del Ejecutivo.

Desde el Gobierno insisten en que “España es el único país dispuesto a acogerlo en el marco de una solución europea, ordenada y solidaria”. Además, añaden que el propósito del Ejecutivo ha sido en todo momento “propiciar esa solución común, que, cuando pueda producirse el desembarco, proseguirá con el reparto de los migrantes acordado por seis países de la UE”, entre ellos, España.

Por su parte, la ONG Proactiva Open Arms considera “indispensable” que “Italia y España asuman la responsabilidad de garantizar, poniendo los medios necesarios, el que estas personas finalmente desembarquen en un puerto seguro”. “Es urgente terminar ya con la experiencia inhumana e inaceptable que están viviendo las personas que hemos rescatado en el mar”, han precisado.

Según añaden, desde Open Arms han “cumplido” con “el deber de proteger los derechos humanos de estas personas, siguiendo los convenios internacionales” y continuarán con su labor “hasta encontrar una verdadera solución”.

La ONG recuerda que a bordo tienen “una situación de grave crisis psicológica” y “numerosos casos de fragilidad” tal y como constata, según señalan, un informe médico psicológico.

El Gobierno español ha ofrecido este domingo al Open Arms el puerto más cercano que encuentre en su ruta hacia España para proceder al desembarque de los 107 inmigrantes que quedan a bordo y a los que ha pedido desembarcar en Italia. La oferta de un puerto llegó de forma paralela a un aviso por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores de “actuar ante la Unión Europea o ante las instituciones garantes de los derechos humanos y del derecho marítimo internacional, contra la actitud mantenida por el gobierno italiano”.

La decisión del Gobierno de proporcionar un puerto al Open Arms aun sabiendo que los españoles “no son ni los más cercanos ni los más seguros” se produjo ante el cerrojazo del ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, de permitirle atracar en Lampedusa. “La situación de los migrantes del Open Arms ha causado desde el primer momento una gran preocupación en el Ejecutivo, cuyo propósito ha sido encontrar la mejor solución común”, aseguró el Gobierno, comprometido junto a los de Francia, Alemania, Portugal, Rumanía y Luxemburgo a acoger a estas personas una vez pisen tierra. Ha sido Salvini precisamente el único en celebrar la decisión de Sánchez: “España abre sus puertos a los inmigrantes de la ONG Open Arms. ¡Bien! El que la sigue la consigue”, aplaudía en sus redes sociales.
Sánchez vira así su política sobre el Open Arms tras negarse 17 días a acoger a estos inmigrantes. el pasado 5 de agosto el ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, se negó a la acogida del buque humanitario y afirmó que “no puede ser que España sea el único puerto seguro del Mediterráneo”. El resto de ministros de Sánchez fueron uno a uno sumándose a esa tesis. Por si fuera poco, Sánchez no avisó ni a Algeciras ni a la Junta del ofrecimiento del “Open Arms” para el desembarque. Todo un ejercicio de improvisación a la desperada con el único objetivo de recuperar la imagen solidaria de hace un año con el Aquarois.

El presidente del PP, Pablo Casado, ha afeado a Sánchez que haya hecho “justo lo contrario” de lo que debía hacer, que es la de hacer una política migratoria “sin bandazos” y coordinada con la Unión Europea (UE), las comunidades y los municipios afectados. Desde la Junta andaluza, el presidente, José Manuel Moreno, ha acusado al jefe del Gobierno de “despreciar a Andalucía” ofreciendo el Puerto de Algeciras “sin dirigirse al Gobierno autonómico. Basta de bandazos. Exigimos lealtad institucional, coordinación y respeto”, ha subrayado. En la misma línea, el alcalde de la localidad gaditana, José Ignacio Landaluce (PP), ha reconocido que “nos encontramos ante unagrave crisis humanitaria, pero Algeciras no puede convertirse en el lugar predilecto del Gobierno del señor Sánchez para llevar a cabo este tipo de operaciones, máxime cuando existen otras alternativas en el Mediterráneo”.

Fuera del PP, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha considerado que la propuesta llega “demasiado tarde”: “Por eso ofrecimos el puerto de Barcelona hace 12 días. Hay vidas en peligro y están frente a Lampedusa (Italia)”, ha recordado en Twitter. Y, en opinión del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, Europa “debe hacer una reunión de emergencia” para “hacerse cargo” de los inmigrantes y que cada país “asuma la cuota que le corresponda”, a lo que su región también contribuirá.

También Vox ha reaccionado a la decisión del Gobierno, de forma que el diputado por Cádiz Agustín Rosety Fernández de Castro le ha acusado de colaborar con el “tráfico ilícito de personas”. “Los españoles y los gaditanos no se merecen esto”, ha concluido.

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Europa

Un cliente asesina a un camarero en Francia por tardar demasiado en servir un sándwich

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Un cliente disparó mortalmente a un camarero en una pizzería en los alrededores de París, al parecer enfurecido porque le había hecho esperar demasiado por un sándwich, según testigos.

Los compañeros de la víctima, de 28 años, llamaron a la Policía después de ser herido de bala en el hombro con una pistola en el barrio de Noisy-le-Grand de Seine Saint-Denis, unos 15 kilómetros al este de la capital francesa, hacia las 21.00 de la noche del pasado viernes.

Los intentos de reanimarlo fueron infructuosos y el joven murió en el mismo lugar de los hechos.

El agresor, que según un testigo perdió la calma porque «su sándwich no se preparó lo suficientemente rápido», se dio a la fuga y este sábado seguía sin ser capturado. La Policía ha abierto una investigación por asesinato.

El incidente alarmó a los vecinos, que se congregaron en el exterior del establecimiento, dedicado a servir pizzas y sándwiches. «¿Lo han matado por un sándwich?», aseguraba uno de ellos, incrédulo. «Es triste», señalaba una mujer de 29 años en declaraciones recogidas por la agencia France Press. «Es un restaurante tranquilo, sin problemas. Abrió hace solo unos pocos meses», añadió.

Otros apuntaban el elevado nivel de delincuencia en la zona, en especial el tráfico de drogas y la embriaguez en la vía pública.

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