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La enfermedad del panda

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Por Christopher Fleming.- Dicen los zoólogos que los pandas en cautividad, por una razón desconocida, suelen perder el impulso reproductivo. Todos hemos visto imágenes de estos animales, tan tiernos que parecen peluches, sentados detrás de barrotes, sin ganas de hacer nada. Parece que no hacen otra cosa que esperar pacientemente la muerte. La situación de los osos panda, al borde de la extinción y negándose a propagar la especie, es una buena metáfora para el hombre occidental poscristiano.

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Según los expertos, para que la población de un país desarrollado se mantenga estable, hace falta que cada mujer tenga como media 2,1 hijos. Antes esta cifra era bastante más alta, debido sobre todo a una mayor mortalidad infantil. Ahora, gracias a los avances en medicina, higiene y alimentación, es más fácil que nunca conseguir una tasa de natalidad que asegure el relevo generacional en los países desarrollados. Sin embargo, desde hace unos 40 años las mujeres europeas no llegan a esa cifra mágica de 2,1, y como consecuencia la población autóctona está en rápida disminución. Este fenómeno, la desaparición VOLUNTARIA de la raza europea, la podríamos denominar la enfermedad del panda.

Mujer europea paseando a sus perros.

Mujer europea paseando a sus perros.

Los inmigrantes de países del llamado “tercer mundo” no padecen la enfermedad del panda. Ellos sí se multiplican a un buen ritmo. De hecho, es debido a ellos que la tasa de natalidad en Europa no es del todo calamitosa, porque los bebés nacidos de inmigrantes maquillan la realidad. Se ha especulado mucho sobre este fenómeno. ¿Por qué las mujeres europeas no quieren tener hijos, mientras que las de otros continentes sí? La cuestión es compleja y sin duda hay múltiples razones. Yo sólo aportaré algunas reflexiones; no soy un experto, tan sólo una persona preocupada por el futuro de su gente.

Mujeres musulmanas en una calle de Amsterdam.

Mujeres musulmanas en una calle de Amsterdam.

Lo primero que se me ocurre es que algo natural se ha vuelto muy complicado, y esto suele ser un desincentivo. Por ejemplo, si mañana el gobierno decidiera que para subirse a los columpios en los parques públicos los niños tenían que solicitar un permiso al Ministerio del Interior, vaticino que el uso que hicieran de ellos disminuiría sensiblemente. Antaño tener hijos era tan natural como respirar y dormir. Pero ahora no. Ahora las mujeres se lo piensan, se lo repiensan, y se lo vuelven a pensar. No es que se abstengan de mantener relaciones sexuales con hombres. ¡Hasta allí podíamos llegar! El problema es que, en la mentalidad de la generación en edad fértil, se ha disociado completamente el sexo de la procreación.

Hace no tanto tiempo, cuando una chica se acostaba con un chico, sin estar casada, sabía a lo que se exponía. Sabía que si quedaba embarazada había que casarse o criar al niño en solitario, soportando además el estigma social que conllevaba. Ahora existen todo tipo de salvaguardias, desde los métodos anticonceptivos hasta el aborto. Una chica puede ser más promiscua que la Dolores[1], sin el “peligro” de tener hijos. Por ende, el instinto sexual natural entre chicos y chicas por sí solo ya no sirve para la reproducción. Es común ahora en Europa que las mujeres, tras 15 o 20 años de desenfreno sexual con diversas “parejas esporádicas”, llegan a los 40 años de edad y empiezan a plantearse el tener descendencia. Como la mayoría están cansadas de hombres y han visto de todo, muchas deciden tener hijos, prescindiendo de un padre, al menos en el sentido normal. Se inseminan en un laboratorio y realizan su “sueño” de ser madres. ¡Con lo sencillo que era antes!

Antes, a los 15 años una chica se presentaba en sociedad, haciendo saber que estaba disponible para el matrimonio. Los hombres la cortejaban y el que era del agrado de la chica y su familia terminaba llevándola al altar. Lo normal era que poco después de volver del viaje de novios, la recién casada se enteraba de que estaba en estado de buena esperanza (no es casualidad que ya no se habla así), y a partir de allí traía al mundo a todos los hijos que, mediante la unión conyugal, Dios le quería dar. A la misma edad en que las chicas empezaban a fijarse en los chicos, era cuando tenían que buscarse novio. La palabra “novio” se ha desvalorado mucho últimamente, pero antes se refería a un hombre con quien tenías intención de casarte, no lo que significa ahora: uno con quien se “pasa el rato”, y luego ya se verá. Era algo muy natural; cuando se despertaba la atracción instintiva hacia el otro sexo, se buscaba la persona idónea, y se unía con ella en matrimonio para formar una familia.

Adolescentes españolas.

Adolescentes españolas.

Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños, muy a menudo las chicas adolescentes se paraban a decirles cosas o a hacerles carantoñas. Se notaba que tenían el instinto maternal muy fuerte a esa edad. Ahora se repite mucho que reprimirse es malo, que hay que dar rienda suelta a tus instintos. Sin embargo, a ese instinto en concreto sí se reprime. Está muy mal visto que una chica de 16 años quede embarazada, cuando biológicamente es de lo más natural. Claro que hay factores que dificultan ser madre a una edad temprana: los estudios, lo cara que está la vida, etc. Sólo digo que habría que replantearse cómo está montada nuestra sociedad. ¿No podríamos hacer algo para favorecer la maternidad temprana para nuestras hijas? ¿Realmente queremos que sean madres primerizas a una edad en que podrían ser abuelas?

Ahora se habla mucho de ser natural, de ser ecológico. Miles de productos alimentarios llevan el eslogan “sólo ingredientes naturales”, “100% ecológico”, pero en realidad la vida moderna es lo menos natural y lo menos ecológico que existe, sobre todo en relación a este tema. Los hippies, que se llenan la boca con la ecología, la vuelta a la tierra, bla, bla, bla, no conciben las relaciones sexuales sin plásticos, químicos u otros artilugios de por medio. Si tan de moda está lo ecológico hoy en día, habría que promover el SEXO ECOLÓGICO, al estilo tradicional. Fuera gomitas, píldoras y demás porquerías. El sexo ecológico es lo más barato, lo más seguro, lo más saludable y lo más sostenible.

Otra cosa que ha cambiado drásticamente es la actitud social hacia el matrimonio y la maternidad. Antes, si una chica rozaba los 25 años y aún estaba sin novio, se decía que estaría toda su vida vistiendo santos. Era extraño que una chica con mayoría de edad no quisiera casarse, excepto si tenía vocación y se metía a monja (otra cosa que por desgracia va camino a la extinción). Olvidando por un momento que la mayoría de chicas modernas no tendrían ni la más remota idea de cómo vestir un santo, ahora se considera lo más normal del mundo que una chica de treinta y pico años se pasa la vida fornicando con uno distinto cada fin de semana, sin perspectiva alguna de matrimonio. Sinceramente me dan pena las chicas que malgastan su juventud en el vicio, esperando a ser viejas para tener hijos, si es que no se les ha pasado el arroz cuando lo intentan. Se dice popularmente que “hay que vivir la vida” antes de sentar la cabeza y tener hijos. ¡Lástima de sociedad si lo que se entiende hoy por “vivir la vida” es revolcarse en el pecado! La vida de verdad no está allí, sino en la entrega generosa a la familia. Dijo Nuestro Señor: “Si el grano de trigo no muere en la tierra es imposible que nazca fruto.” (Juan 12:24) Lo estamos viendo. ¿Cuál es el fruto de tanta inmoralidad sexual? La esterilidad más absoluta. Los que tanto se afanan en “vivir la vida” se olvidan de que antes tienen que DAR LA VIDA. También dijo Nuestro Señor: “El que busca salvar su vida, la perderá; mas el que pierde su vida por mi causa, la ganará” (Mateo 16:25)

Oso Panda.

Oso Panda.

La enfermedad del panda tendrá consecuencias desastrosas para Europa a medio-largo plazo. La demografía, el estudio de las poblaciones, es simplemente cuestión de matemáticas, y los números no mienten. Ya hay 30 millones de musulmanes en la UE. Sin contar con la entrada de ningún inmigrante más (algo totalmente irreal), según las tendencias actuales, dentro de 40 años LA MITAD de la población de Europa occidental será musulmana. Parece que Europa ha perdido la voluntad de seguir viviendo. En lugar de luchar por su supervivencia, ha optado por bajar los brazos y esperar el final. No tardará mucho en venir.

Por último, creo que la causa de esta enfermedad es un problema espiritual. Europa ha perdido la fe. Antaño Europa se conocía como la Cristiandad, con todos sus reinos bajo la autoridad del Papa. Hace mucho que eso es historia. Pero lo que es bastante reciente es la apostasía en masa de los ciudadanos europeos. Por poner tan sólo un ejemplo, ahora en Inglaterra más personas acuden a las mezquitas los viernes que a las iglesias los domingos. Ahora, debido a esa apostasía, tenemos una Unión Europea que no es más que un brazo de Satanás para extender su Nuevo Orden Mundial. Una unión sin moral, sin verdad, sin Dios. La UE abomina a tal punto de Cristo que ni siquiera ha sido capaz de introducir una pequeña referencia a su pasado cristiano en la mal-lograda constitución. Los europeos hemos apostatado de Jesucristo, hemos abierto nuestras fronteras a los bárbaros, y hemos entregado nuestras armas al enemigo. ¡Los musulmanes están encantados! Europa será suya; es sólo cuestión de tiempo. Dicen los yihadistas que será tan fácil como coger una fruta madura del árbol.

Mientras tanto, el panda sigue comiendo bambú, sin importarle su inminente extinción, los turistas le hacen fotos, y todos exclaman “¡qué tierno, si parece un peluche!”

[1] Referencia a la jota famosa que habla de esta mujer pública.


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La eliminación de la libertad personal y social en las democracias liberales

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Por José Martín Brocos Fernández (R).- La democracia liberal partitocrática únicamente es una forma de gobierno donde el factor cuantitativo prima siempre sobre lo cualitativo, la masa sobre lo egregio, la mediocridad por encima de lo superior y excelso. Así, la absolutización global de la democracia, conduce a la deriva natural en la dictadura de la mayoría, y a la eliminación de la libertad personal y social.

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1. La absolutización de la democracia

En política, la absolutización de la democracia liberal partitocrática como forma de gobierno, y como su consecuencia lógica lo que en época presente se ha dado en llamar la república procedimental, en la que los valores se generan en esferas que escapan al control del pueblo, conlleva la pretensión de extensión a todos los estamentos sociales e instituciones del modelo, las reglas y la praxis democrática, siempre en su vertiente liberal. Las instituciones no regidas por reglas puramente democráticas, son consideradas caducas, propias de tiempos ya periclitados, y deben amoldarse a la democracia como forma de gobierno institucional e universalmente institucionalizada. Esta uniformidad democrática de la sociedad civil e instituciones sociales, culturales y económicas, no es buena para la libertad ya que cuando todo es democracia nos encontramos más cerca de la dictadura que de otra cosa.

De suerte que ampliando la intervención de los políticos o de las reglas de la democracia a la diversidad de instituciones, entendiendo institución como término genérico que agrupa todo el cuerpo asociativo de asociaciones, bien comunidades naturales o asociaciones libres, corporaciones, fundaciones, patronatos, etc., se consigue, por un lado, apropiarse de todo el espectro social, participar de todo el entramado que genera actividad y por otro sofocar la libertad de la propia sociedad civil, dirigiéndola, manipulándola, maniatándola e interviniéndola.

Se ha llegado hasta la identificación mimética de la democracia liberal con el progreso humano y social, y con el bien común integral, inmanente y trascendente, de la persona, la familia y la sociedad. Es más, la democracia liberal forma parte ya de la idiosincrasia del hombre ilustrado y moderno, ergo, es bueno.

Pero la democracia liberal partitocrática únicamente es una forma de gobierno donde el factor cuantitativo prima siempre sobre lo cualitativo, la masa sobre lo egregio, la mediocridad por encima de lo superior y excelso. Así, la absolutización global de la democracia, conduce a la deriva natural en la dictadura de la mayoría, y a la eliminación de la libertad personal y social. Y todo ello por propia dinámica degenerativa de la democracia liberal encamina a la crisis del sistema. Las naturales consecuencias del sistema liberal, siempre disolvente, parecen sucederse en los últimos decenios a un ritmo cada vez más rápido: decadencia moral sin precedentes, quiebra del Estado de Derecho y la disgregación social.

El resquebrajamiento del sistema deriva tanto de la crisis de los partidos, como de las ideologías germinadas tras la revolución francesa, que se diluyen. La partitocracia es el cáncer de la democracia. Asfixia la representatividad popular y se confunde mimetizándose en el propio Estado por la extensa y tupida red de intereses creados. Las crisis de los partidos en la actualidad derivan bien hacia el totalitarismo hegemónico camuflado jurídica, educativa, e informativamente de hiperdemocracia liberal, o bien hacia el indigenismo etnocéntrico populista, que trata de sustituir al mismo sistema, pero que se quedan en meras democracias formales que igualmente degeneran en totalitarismo, y que tiene como rasgos definitorios el chovinismo acrítico extremo, la desvinculación de la cultura occidental y el racismo en su genuina definición racial.

La fe religiosa, antaño forjadora de civilizaciones e Imperios, ha sido globalmente sustituida por una superstición ciega en las posibilidades de sistema democrático. La sacralización de la democracia, números más estadísticas asentadas en la probabilidad y que sirven para el control social, contribuye a desvirtuarla.

La democracia es la nueva religión cívica con visos de universalidad monopolizando lo políticamente correcto, tanto en enjuiciamiento de la realidad que debe pasar el tamiz democrático, siempre en su vertiente liberal, como la globalidad del proyecto y su extensión a todos los campos de la convivencia social, para toda clase de asuntos e instituciones, para todos los pueblos y naciones del mundo, y de manera permanente y definitiva.

2. El secuestro de la democracia por los mainstream

La opinión pública no existe. Simplemente es creada, conformada y dirigida en cada momento por los medios de comunicación en base a intereses casi siempre inconfesados y no conformes con el bien común. Dentro de los medios de comunicación, la televisión es, sin duda, el instrumento más eficaz para llegar a inculcar reflejos condicionados en la mayoría de la gente (…). Y así se va formando una masa sometida al embrutecimiento cotidiano de los media, acostumbrada a reaccionar pasionalmente, sin el menor espíritu crítico, plenamente sumisa a todo tipo de manipulaciones. Se pretende expresar y seguir la opinión, cuando en realidad ella ha sido fabricada por los media.

De ahí la sólida alianza, traducida en estrechas imbricaciones, que el poder político mantiene con los medios de comunicación por medio de un complejo entramado de influencias, dependencias, y mecanismos para asegurarse el apoyo mutuo: publicidad institucional, subvenciones a fondo perdido o concesión de licencias.

La democracia no existe. Ha sido secuestrada y sustituida por una partitocracia, que es la que nos rige y gobierna. El poder, desequilibrado y sin control, es ejercido por los partidos políticos, dos o tres a lo sumo, máquinas férreas de control al servicio del mantenimiento del establishment, y por los medios de comunicación comprados o silenciados que ejercen un poder omnímodo en la modelación de la masa social; masa integrada por el hombre del siglo XXI, un hombre mayoritariamente débil, inconstante, voluble, superficial, volcado hacia lo exterior, pusilánime y presuntuoso de si mismo y de sus propias fuerzas, lo que le ofusca e impide ser consciente de la espiral hacia una profunda sima en la que se encuentra inmerso, donde no hay más que vacío, desesperación y soledad.

La libertad de elección en las urnas en democracia no existe. Hace años que asistimos a un monumental y generalizado engaño, nos venden que somos libres y que podemos decidir nuestro destino. El sistema ha engullido la libertad y convertido ésta en una quimera. La plutocracia empresarial-financiera y sus redes tejidas y superpuestas con el poder mediático y el poder político deciden, por lo menos en sus líneas generales y siempre en consonancia con poderosas organizaciones supranacionales, cómo se ha de vivir, qué tenemos que pensar, y cómo debemos actuar. El ciudadano-masa ha perdido su participación y el dominio del sistema. Se ha convertido en su rehén y paradójicamente en su principal defensor, explicable por el lavado de cerebro ideológico a que está siendo sometido a hora y deshora.

3. La educación en la democracia

La propia democracia liberal es caldo de cultivo de la mediocridad, preteriendo un injusto igualitarismo social sobre la exaltación de lo virtuoso, lo noble y lo excelso. De tal modo que en nuestra sociedad se han ido paulatinamente perdiendo valores como el sentido trascendente de la vida, del honor, de la honra, del espíritu de servicio, del sacrificio y de la disciplina. Ideales como heroísmo, santidad, generosidad, renuncia, compromiso y militancia, antaño transmitidos de generación en generación, hoy yacen arrumbados y semejan como pura utopía.

Se educa sin sentido del límite, con una inicial tolerancia del mal, en su vertiente ética, que por su propia dinámica, inserta en la naturaleza humana inclinada al mal y siempre tendente a los honores y a los placeres, degenera en permisividad moral y de ahí pronto esa tendencia o comportamiento que constituye intrínsecamente un desorden antinatural es planteada como un derecho exigiéndose su ratificación legal; finalmente acaba viéndose como un derecho, un bien conseguido democráticamente, y objeto de protección jurídica, v.gr. aborto, homosexualidad, divorcio o eutanasia.

Esta educación permisiva, sin referentes en la defensa del orden natural y sobre la base del mecanicismo y pragmatismo filosófico, y del totalitarismo relativista axiológico, excepto los valores inherentes a la propia democracia liberal que sobre éstos no cabe disenso posible, conduce a una mentalidad hedonista que cifra el placer y bienestar como fin supremo, y a una cultura vital del consumo desaforado. La afectividad y el sentimiento fundamentan las relaciones familiares y matrimoniales por encima del amor sacrificado y gozoso, que se desvanece, al igual que el esfuerzo y la perseverancia de la lista de virtudes que procuramos cultivar.

La libertad se concibe, y defiende jurídicamente, como la pura autonomía sin ningún tipo de limitación a lo que agrada o se apetece. La libertad propuesta es una libertad alienante, -puesto que la verdadera liberación del hombre es de su miseria moral,- vigilada y encauzada hacia modelos de vida presentados como exitosos por la máquina propagandística y publicitaria de las grandes empresas de la comunicación y del ocio, a la par que imbuidos educativamente desde una ética laica anclada en un pensamiento racionalista y en el naturalismo pedagógico, tendente al laicismo radical; y defendidos y propagados desde un derecho que rota su vinculación con el orden moral objetivo, niega el conocimiento jurídico como saber prestatario de los grandes principios axiológicos de validez universal e inmutable que debe ser el fin último de la ley, e informando socialmente comportamientos negativos moralmente dañinos y destructores de la persona y del bien común. Nos encontramos con la derivación totalitaria de la democracia liberal.

Configuramos así las sociedades light, donde descuella lo huero, lo fútil, imponiéndose el facilismo. El problema es que este hombre light, dócil, con actitud pasiva e indolente, hijo y engendro de la democracia liberal ilustrada, interesa al poder mundial, de ahí el dominio directo que se pretende ejercer sobre la educación de la persona, violando tanto la libertad de educación como la propia patria potestad, con el adoctrinamiento obligatorio de los menores en un modelo ético-moral enrejado en el relativismo axiológico, axioma éste absolutista, en la moral de situación, y en la permisividad sexual. La intervención estatalizadora de la educación, cada vez más en aumento, es uno de los métodos que los diversos totalitarismos, entre ellos el democrático, emplean para el control de la sociedad y para el desarrollo de sus futuras masas borreguiles y amodorradas, que no pueblo.

Así las escuelas trasmiten cultura y valores y pueden canalizar a los niños hacia diversos papeles sociales. Contribuyen a mantener el orden social [neutralizando las revoluciones]. Es difícil concebir la eliminación de la escuela en la distribución de papeles sin cambios en la misma estructura económica y social. Las escuelas tienen que ayudar a convencer a los niños o reforzar su creencia de que el sistema es básicamente sano y el papel que les ha asignado [de perpetuar la estructura social,] es el que deben desempeñar. Mediante esa “colonización”, la sociedad evita tener que redistribuir los aumentos del producto nacional y reduce la necesidad de reprimir directamente al populacho (…) reformar las escuelas para que se enseñara a los niños a interiorizar la autoridad externa y convertirse en individuos que seguirían las reglas.

El Estado fabrica la masa social entrando directamente en competencias, antes exclusivo de los padres, como la formación de la personalidad en planos como el sexual, emocional, moral, espiritual o religioso, cara a una uniformización del ciudadano, siempre manipulable y dócil al poder. Creación de las masas favorecido por la cosmovisión dominante ofrecida por los medios de comunicación, servidores, mantenedores y beneficiarios del sistema, a los cuales sólo importa los criterios empresariales de supervivencia en el tiempo y rentabilidad, y por una concepción laicista de la política, la única que tiene cabida real en una democracia liberal, según la cual tanto el orden social como el derecho son totalmente independientes del orden moral.

Para la creación de la masa y su embrutecimiento gradual debe destruirse las estructuras que vertebran la sociedad y para ello es necesario demoler los principios que garantizan su cohesión y armonía; debe, por tanto, conquerirse un adoctrinamiento del pensamiento único, una programación educativa radicalmente inmanentista, librepensadora, para borrar del entendimiento toda huella de Dios y minar la prosperidad espiritual y moral del hombre, e implantar en las conciencias ideas tan erróneas y dañinas que degradando al hombre lo alienen de su más profunda realidad, dedicándose tan sólo a satisfacer las primitivas necesidades del hombre animal.

En el fondo subyace una negativa al propio conocimiento y combate interior que deriva de la ausencia de valores espirituales y la falta de un sentido pleno de propia vida.

La libertad, el bienestar y la grandeza de un Estado están en razón directa al desarrollo del bien común trascendente, que tiene presente la moral de sus hombres y que “depende del cultivo y exquisitez de la vivencia axiológica. En este sentido el bien común no coincide con el interés general, público o político, dice referencia al bien integral de la persona, de la familia y de la sociedad; y éste exige una firme y sólida instrucción y educación religiosa.

4. La destrucción de la justicia y la prevaricación de los encargados de hacerla

Empecemos por definir conceptos. Cuando hablamos de ley positiva, derecho positivo u ordenamiento jurídico positivo quiere decir que está plasmado en un código estatal vigente. Aquí positivo no se contrapone a negativo, sino que es factible, que se puede hacer; lisa y llanamente que es una ley emanada por los órganos competentes del Estado y como tal, es legal.

Por ley natural, según definición clásica tomista, entendemos “la concepción naturalmente ínsita en el hombre, por la cual se dirige éste a obrar de modo conveniente en sus acciones propias” determinando lo bueno y lo malo. El derecho natural, que es la misma ley natural en cuanto regula las relaciones interhumanas, se funda en la misma naturaleza de la persona, en su doble dimensión cognoscitiva y volitiva. V. gr. el hombre, por su naturaleza, está connaturalmente propenso a conservar y prolongar su vida, y de ahí nace el derecho a la vida y a la legítima defensa de la misma, así como el derecho a proveerse de los medios de subsistencia; el hombre, también por su naturaleza, está esencialmente inclinado a la propagación y conservación de su especie, y de ahí nace el derecho al matrimonio, y a la crianza y educación de los hijos.

El ius humanum es lo que tradicionalmente, en la época medieval se denominó como derecho de gentes, y que constituye el antecedente de los modernos derechos del hombre, que no brotan de la nada. En un principio los derechos humanos surgen como aplicación de esa moral objetiva, de esa ley natural, al funcionamiento del ser humano, para ir progresivamente trasmutando tras la revolución francesa a una visión más antropocéntrica y racionalista de los mismos, a la par que se produce la ruptura del derecho y de la moral, del derecho positivo con la naturaleza de la persona.

La concepción moderna y contemporánea del derecho se fundamenta principalmente en el consenso de las mayorías o en el subjetivismo irracionalista del gobernante de turno. El ius naturale asentado filosóficamente en el realismo metafísico y ético deja de orientar al derecho positivo, y la justicia ya no es una categoría moral donde prima las ideas de verdad y de bien a la luz de las eternas verdades que subyacen en el modo del ser y del obrar, sino una categoría meramente jurídica.

El derecho pasa a convertirse así un poderoso instrumento de reingeniería social con la finalidad de favorecer, plasmar y asentar en la sociedad los comportamientos y actitudes que los poderes dominantes deciden arbitrariamente para constituir conceptualmente el orden jurídico. De forma que nos encontramos en la práctica un Estado dictatorial, que figura una democracia, pero en realidad es una tiranía legal controlada directamente, y recíprocamente sometida, por los poderes ejecutivo y legislativo-parlamentario, y de forma indirecta por el poder judicial, el económico y el informativo.

El derecho se vuelve corruptor y disuelve la sociedad, tanto respecto a su fin, que es la perfección de la sociedad, como a sus elementos esenciales ya que el fundar el poder sobre la autoridad social, que consiste en la suma del número y fuerzas materiales, es carecer de fundamento, que ha de ser moral, o sea la ley natural, de la que todas las leyes han de ser su proclamación o determinación.

Surgen de esta guisa nuevos derechos humanos fundamentales consensuados, cuando no tiránicamente impuestos desde los núcleos de poder al vulgo, al que previamente se ha adoctrinado ideológicamente a través de los mass media y de la educación. Son derechos sin arraigo en la índole propia del hombre, exponente y exacerbación del positivismo jurídico, en el que sólo valen las normas emanadas del Parlamento y no existen principios universales de justicia; derechos como aborto, eutanasia, infanticidio, ideología de género, matrimonio homosexual, multiculturalismo, o a la libertad sexual, ergo, sexo animal sin compromiso. La democracia no sólo consagra estos nuevos derechos humanos laicos y democráticos, al servicio del poder y quien lo detenta, sino que los unilateralmente los publicita e impone coactivamente desde las Naciones Unidas. La realidad es que vivimos en una cada vez más férrea dictadura silenciosa, muy peligrosa, porque no se ve, y cuyas principales fuerzas que la dirigen se mueven entre bambalinas.

El problema se ve agravado por una doble perversión. Por un lado el mayor problema radica cuando a través de estos derechos inexistentes, denominados de tercera generación, se tamiza y reinterpreta perversamente los llamados derechos de primera generación, pilares de la convivencia civil, modificando así su sentido y extensión originaria, de tal forma que podemos aseverar que los derechos de primera generación han dejado de existir; y por otro lado, se disuelven conceptualmente los prístinos conceptos jurídicos a fuerza de definiciones legales e introduciendo anfibologías en los propios términos que se asientan en lo contrario que dice que garante.

Estos derechos de nueva generación transmutados y entronizados en leyes, leyes asumidas, sustentadas, defendidas, propagadas e impuestas por la agenda globalista de la ONU, y utilizadas para implantar estatalmente un sistema centralizador e intervencionista, haciendo pedagogía y difusión de la ideología de género, y para adoctrinar instrumentalizando el sistema educativo con una visión mecanicista y utilitarista del hombre propia del materialismo darwiniano. De tal manera que en nombre de los derechos humanos se está eliminando la persona y destruyendo la humanidad. La ONU se ha convertido en depredadora de aquello para lo que fue creado: los derechos humanos.

La crisis de libertades actual va pareja a la de los derechos humanos, que son previos al orden político. Hay una restricción de la libertad a nivel personal y a nivel social fruto de la concepción de libertad irrestricta desligada de la ley moral natural y de la verdad objetiva sobre la misma persona humana, lo que deriva en la imposibilidad de cimentar los derechos de la persona sobre un firme asiento racional, y la misma imposibilidad de gestación y cimentación de un ordenamiento jurídico intrínsecamente justo, porque es la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y en unidad de alma y cuerpo, el fundamento y el fin de la vida socio-política, a la que el derecho, desde los postulados dictados por la recta ratio, debe servir.

El respeto y acatamiento a la ley moral natural camina paralelo a la instauración de un orden social justo y a la plenitud de la libertad humana. Una noción puramente subjetiva del derecho separada de la referencia a la verdad de la naturaleza humana, cerrada a su dimensión trascendente, subvierte los principios morales básicos del orden social, deslegitima en la medida que lo haga al propio derecho positivo, y convierte la libertad en imposible al contravenir el orden natural. Así las democracias liberales actuales, ancladas en la dictadura partitocrática del Estado liberal de puro derecho positivo, corrompen moralmente por el inherente deterioro espiritual y la elevación del relativismo ético a punto de referencia de la propia democracia, acabando con la verdadera libertad y desembocando de facto en el totalitarismo y la tiranía de los partidos políticos en tanto pueden decidir sobre lo fundamental e intangible afirmando en funesta utopía naturalista que el hombre y la sociedad pueden prescindir de la Verdad revelada, del Derecho natural y de la Moral objetiva; preconizando, en definitiva, un antiteísmo frontal y formal.

Uno de los aspectos más serios de la situación histórica actual, es la mengua de respeto hacia los valores esenciales que rigen la vida humana.

5. La destrucción programada de las bases de la sociedad. La batalla decisiva

Los ataques son a los pilares de la sociedad, de la persona y de la convivencia social: al matrimonio, a la familia, a la sexualidad, a la cultura, a la religión y a la patria.

5.1. Ataque al Matrimonio

El matrimonio, unión indisoluble hasta la muerte de un hombre y una mujer, aceptando como un don los hijos que Dios mande, es la fórmula insustituible para la familia, célula básica de nuestra sociedad, que hay que proteger para que se salvaguarde nuestra civilización, y que no puede ser alterada ni cambiada sin poner en serio peligro todo el entramado social y moral de la nación.

La buena salud del matrimonio es determinante para el bien común de los pueblos. A nivel global, aunque a diferentes velocidades, constatamos una disolución conceptual, la primigenia se produce con la ley del divorcio, llevándose a su paroxismo con el divorcio express que conduce a la banalización de la institución del matrimonio, para proseguir su disolución a base de definiciones y artificios legales, como el abuso de derecho y referido al cambio de régimen jurídico, de la institución de derecho natural que es el matrimonio. Al recoger en un concepto varias realidades legales heterogéneas, lo desvirtuamos falsificándolo legalmente, lo desvalorizamos, lo convertimos en etéreo y subjetivo, y corrompemos la propia institución del matrimonio.

Coadyuvante a esta desnaturalización del matrimonio tenemos la implementación transversal de la ideología de género, sustentada y propagada desde agencias de la ONU.

5.2. Ataque a la familia

La unidad de la familia es libre, voluntaria y la raíz de toda organización social, económica, cultural o política, desde el comienzo de la historia. La recta familia, fundada por hombre y mujer en el ámbito del matrimonio y con vocación de permanencia y procreación, es igualmente el parapeto de la persona frente a la violencia social y el lugar natural donde los hijos pueden alcanzar su plena madurez humana y espiritual.

El ataque a tumba abierta contra la familia responde a una oscura estrategia externa programada desde poderosas instancias multilaterales de cuño masónico en abyecto servilismo al mundialismo, y cuyos objetivos son coincidentes en la eliminación de la persona y la deconstrucción de la familia, que en la práctica supone su aniquilación al desvirtuar su misión, función y fines, y que pasa: a nivel jurídico, por su paulatina desnaturalización y disgregación mediante la subversiva legislación moral en el campo de la familia implantando el divorcio, suplantando el favor iuris por la neutralidad sofística, igualando en injusta extensión de derechos la familia a las más variopintas coyundas, subvirtiendo el principio de subsidiaridad, penando social e impositivamente las familias numerosas, y legislando permisivamente el asesinato intrauterino; a nivel económico, por la comprensión del hombre y de la familia como instancias esencialmente económicas que hay que conquistar, de ahí la cosificación capitalista-utilitarista del hombre, homo faber, hecho para producir, o homo consumiens, para poseer y consumir bienes materiales, mercantilizando incluso el propio cuerpo humano, v.gr. con la pura eugenesia prenatal; a nivel ético, la crisis viene por la prevalencia del materialismo, la obsesión por el dinero, que hace que se valore más el tener que la persona, y tiene como resultado el vacío e insatisfacción que produce concebir la felicidad como posesión y comodidad, el frenesí de la productividad que absorbe la vida y en realidad convierte los hogares en pensiones, y los consiguientes desequilibrios afectivos entre los propios esposos y en los hijos, que sufren la incomunicación y la marginación; a nivel cultural, la hegemonía del relativismo ético que impregna la cultura actual, que tiene efecto boomerang tanto en la permisividad educativa de los padres como en la mentalidad hedonista, la ausencia de espíritu de sacrificio y la incapacidad para adquirir y mantener compromisos; a nivel educativo, por la deseducación continua y despersonalizadora transmitida a través de planes de estudio obligatorios transidos, en clara violación de la patria potestad, de adoctrinamiento ideológico y aborregamiento colectivo por su anclaje en el absolutismo laicista y en el naturalismo pedagógico, y por los medios de comunicación, por medio de los que se insta a los jóvenes a rebelarse contra la institución familiar, lo que socava el propio hogar familiar.

¿Ustedes creen, por ejemplo, que las series de televisión son producto de la casualidad? Muy al contrario. Están perfectamente diseñadas para hacer del personal almas vacías, sin criterio, eternos adolescentes consentidos. Eso si, todo con buen humor. Los mensajes que se transmiten van socavando nuestra dignidad, en pro de una manipulación despreciable. La familia se tiene como una inquisición. Y como me decía un buen amigo, ¿ustedes han visto alguna vez que en dichas series los chavales estudien? Ni los verán. Todo queda en francachelas sexuales de todo tipo y condición.

El fruto de estas políticas conspiradoras, en definitiva el objetivo conquerido, no es otro que la crisis antropológica de la naturaleza de la persona desarraigada de su religación metafísica, la destrucción de la familia y su instrumentalización dentro una sociedad narcotizada racionalista tutelada por la velada dialéctica del egoísmo ególatra y la atomización.

5.3. Ataque a la sexualidad

Banalización de la sexualidad con agresivas políticas de “educación sexual” y “salud reproductiva”, traducido en román paladino como “sexo sin compromiso”; campañas que degradan y cosifican la persona humana, desvaloran su dignidad, incrementan en realidad el número de enfermedades de transmisión sexual, facilitan el acceso a anticonceptivos, la mayoría abortivos, y encierran el holocausto del aborto, quirúrgico y químico.

El maridaje de la iniciación sexual precoz y promiscua con la mentalidad anticonceptiva disfrazada de derecho humano embrutece a la sociedad reduciendo la vida sexual a un placer egoísta socialmente autodestructivo, e impidiendo a la persona crecer y madurar en el auténtico amor.

Por la mentada ideología de género, el sexo desligado de su dimensión personal unitaria pasa a convertirse en un producto cultural siendo “una realidad biológica indiferente y género una construcción social”.

Contribuye a la degradación de la sexualidad la difusión de un modelo de vida muy individualista y pragmático en la que el amor prácticamente reducido a la genitalidad se concibe como un negocio comerciándose con los afectos. Favorece potencialmente la reducción del sentido de la sexualidad la epidemia de erotismo inserta en la subcultura dominante que todo lo invade y difundida por doquier por los grandes conglomerados mediáticos.

La sexualidad debe integrarse en el cuerpo que tiene una forma esponsal, precisamente para ser dado, para vivir la vocación primordial de la persona al amor.

5.4. Ataque a la Cultura

La cultura, entendida genéricamente por tal las letras y las ciencias, las artes y la información, constituye expresión de un modo de acercamiento a Dios, al universo y a la propia realidad del hombre mismo, y a la vez el termómetro de la vida de un pueblo, de modo que la degradación cultural camina concomitante con la decadencia moral, y a la inversa, alcanzando la riada subversiva a la metamorfosis del orden socio-político-económico.

La misma obra de arte no es en absoluto aséptica, tiene un trasfondo, referencia, base y asiento en la cultura dominante. Eso significa que “toda realización artística tiene, en forma implícita o explícita, una concepción filosófica o antifilosófica, religiosa o antirreligiosa, o combinaciones de ambos extremos”.

La dictadura cultural existente tiene diversas caras, pero hay algunos denominadores comunes conexos: la masificación de la vulgaridad, la creación de una nueva cultura intramundana condicionante de la política, la decadencia de los lenguajes artísticos que naufragan en la ininteligibilidad de la subjetividad de lo privado y muchas veces con pretensiones de gnosis iniciática, y la soberbia pretensión de forjar una cosmogonía. Esta cultura desligada del cultivo de la interioridad apaga la vida interior de la persona, de forma que sutilmente limita su libertad por su desvinculación con la verdad, y siempre masificándola por someter a la razón a la preeminencia de los instintos inferiores.

Nos encontramos insertos en una tendencia a la globalización cultural, imponiendo el imperio de la homogeneización cultural y de la uniformidad identitaria conducente al mismo estilo de vida y al mismo modo de pensar, diluyendo las identidades nacionales e insertando a la persona en artificiales y voluntariosas superestructuras político-económicas globales, siempre funcional a la estrategia gramsciana y satélite de la aldea global, con la persona desarraigada y desprovista de un sentido de la vida trascendente que responda al hombre completo, no unidimensional.

La cultura consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma contra la educación y la familia. En la línea de la penetración constructivista del gramscismo cultural su finalidad pasa por la sistemática destrucción del orden objetivo del ser ocultando la dignidad espiritual del ser humano y su transmutación en una sociedad mecanicista y maquinal.

Si analizamos el arte, como paradigma de la cultura, vemos que los modelos pasados ligados a normas y a referencias sólidas para el horizonte del arte quedan arrumbados. Para el hombre postmoderno nada hay perenne en el mundo ni nuclear en el arte. Comprendemos entonces que el arte no es un compartimiento estanco que pueda analizarse separadamente de la historia, y que la evolución del arte como modo de interacción del hombre con lo circundante discurre paralelo a la evolución existencial del individuo. Así explicamos que “hasta el advenimiento de la edad moderna, el arte y los artistas siempre estuvieron imbuidos de una misión cuasi religiosa a la vez que moral y social, y el arte vivía en armonía con el orden espiritual y social”. La modernidad trajo la crisis del hombre y el arte, privado de toda función salvo la estética, ya “no surge de la virtud moral; no se pretende que salve almas”. Ahora el yo, en la soledad de un radical individualismo, es concebido como principio y como fin, pasando también a transmutarse el arte por el desmoronamiento de la realidad común como relación individual, y primero con el yo, de ahí que “la mística del arte moderno ha consistido siempre en que (…) no es un arte comprensible, salvo para una pequeña élite”. Un yo deshumanizado aprisionado en los límites del humanismo inmanentista se muestra confundido e incapaz de traspasar la barrera en que se halla sumido el arte moderno olvidándose “de algo importantísimo dentro de la función artística de todos los tiempos: salvar al hombre por elevación”.

En el ideologizado arte actual el individuo carente de imperativos morales objetivos, carece igualmente de esa visión de participación en una realidad trascendente y de con-creación redentora por los acaecimientos meramente humanos, el arte por ejemplo. Es el propio individuo en su finitud arrogante el que busca fervientemente la autodeificación, de ahí el constante abrazo de las vanguardias artísticas –v.gr. Modrian, Kandinsky o Malevich, o Julio Cortázar en literatura- a la gnosis, fundamentalmente teosófica, enclavada en Madame Blavatsky y en la filosofía ocultista de Ouspenski, en un intento de alcanzar por desvelamiento perfectivo en el yo la tradición primordial. El arte vanguardista es reflejo de su propia ruptura interior, de la índole solipsista que lo caracteriza y de la desazón vital, pareciendo que fuera arrastrado en una permanente revolución cósmica “cada vez más deprisa, a su pesar, hacia ese punto de ruptura como hacia una catarata sin fondo”.

Además de propugnar las delicuescentes vanguardias, -desde la carencia “de teorías consistentes sobre el conocimiento, o sobre la semántica, o sobre las condiciones que hacen viable la comunicación por medio de la palabra” -, la “muerte de su pasado, así como la toma de consciencia del papel decisivo del arte en el advenimiento de una nueva sociedad, de una nueva civilización”, pretende dentro del absurdo que la caracteriza y en su radical individualismo, que juntamente con “el antitradicionalismo son una misma fuerza psicológica”, la multiplicidad para la conciencia penetrada de un querer divinizarse inmortalizándose, dando entrada así tanto al degenerado narcisismo estético representado por la performance, como al voluntarismo nihilista de el arte por el arte con objetivo revolucionario, transgresor y transido de escepticismo. Pero el arte es siempre reflejo del amor humano, y el amor se encuentra relacionado estrechamente con el bien y la Verdad.

5.5. Ataque a la religión

Feministas de Femen arrojan agua bendita al presidente de la Conferencia Episcopal belga, un acto que, según las leyes españolas, sería considerado de "agresión" y no un delito de odio.

Feministas de Femen arrojan agua bendita al presidente de la Conferencia Episcopal belga, un acto que, según las leyes españolas, sería considerado de “agresión” y no un delito de odio.

Tras la progresiva exaltación antropocéntrica caracterizada en el ámbito religioso tanto por la reivindicación de una radical libertad autonomía sin asumir la existencia de un orden de heteronomía y en connivencia con la soberbia intelectual del estrecho cientificismo y del feroz individualismo racionalista, como por el nomadismo y la subjetividad espiritual, y siempre presentando la religión de modo aceptable para el hombre moderno, [que] parece equivaler en la práctica a prescindir poco a poco de Dios, sustituyéndole por el hombre, hasta llegar a afirmar, como de hecho algunos hacen, que ‘la esencia de la religión es el servicio del hombre’”; entramos en una nueva era religiosa donde manteniéndose el primado de la subjetividad nos retrotraemos a una era paleolítica de divinización del cosmos entrelazada con el deseo y búsqueda de dominio y posesión del mundo y de las fuerzas de la naturaleza. Una religión neopagana civil y uniformizada, tiránica y totalizadora, sin dogma y sin moral, impuesta desde una tecnocracia global dirigida por los organismos multilaterales de la ONU. Esta nueva espiritualidad cósmica y arcaica con arquetipo en la filosofía panteísta de la Carta de la Tierra y la filantropía universal, vinculada directamente con el New Age, es más sinuosa, peligrosa y siniestra que las tres ideologías triunfantes en nuestra postmodernidad nihilista, el ateísmo marxista en el campo del pensamiento, el relativismo ético-cultural y el consumismo capitalista en lo económico, por cuanto disuelve plenamente el orden natural y destruye el orden objetivo del ser.

El presente laicismo integral de impronta y cuño masónico concuerda en fines con la Nueva Era, además de contribuir a su implantación, por cuanto en la práctica propugna un hombre autosuficiente y poderoso, olvidándose de que es criatura radicalmente dependiente de Dios.

5.6. Ataque a la Patria

La desintegración física, moral y espiritual de las Patrias es algo perfectamente planificado, estudiado al detalle y ejecutado con maestría. Sus fautores no actúan inocentemente, tienen la perfidia como norma de conducta.

Todos los ataques anteriores se encuentran entreverados y convergen en el ataque a la Patria y a la Religión. Tanto la unidad del matrimonio como la familia sólidamente constituida son expresión, y se encuentran en proporción directa, de la fortaleza y pujanza estatal. Y sensu contrario, la degradación personal va pareja a la degradación familiar y ésta en correlación al aumento de insania social, pues la unidad y armonía familiar, además de ser la escuela adecuada de desarrollo de virtudes naturales y sobrenaturales, y de su necesario efecto cauterizador, tiene resonancias saludables en los planos personal, familiar y social. La Fe Católica no sólo es expresión y reflejo del ser y sentir nacional, sino esencialmente configuradora de la esencia, misión y destino de España y la Hispanidad, que perpetúa la Cristiandad política, con respecto al mundo y que pasa por la defensa, conservación y propagación de la Fe Católica.

De ahí que la defensa de la Fe Católica y la restauración de la Patria en Cristo sea la forma más pura y plena de servir a la Patria. La impiedad masónica, por el contrario, es causa de indiferencia, desprecio y deslealtad a la Patria.

Estatua de Hernán Cortés en Medellín (Badajoz)

Estatua de Hernán Cortés en Medellín (Badajoz)

La destrucción de la memoria es nuclear en esta guerra abierta contra la esencia de los pueblos. Blanco de este ataque son los principios genesíacos civilizadores en exigencia permanente en la verdadera expansión imperial de un orden de valores superiores, las gestas heroicas, y la desvinculación moral y espiritual de toda realización política; en definitiva, la tradición cristiana como la savia nutricia que ha configurado mayormente a lo largo de los siglos el ser nacional de España, de parte de Europa, y de Hispanoamérica.

La instauración del Gobierno Mundial sigue un plan perfectamente elaborado cuyas etapas son: paulatina desintegración de las naciones sustituidas por una superestructura jurídico-política netamente administrativa y ajena a ideales trascendentes configuradores y vertebradores de una misión y un destino capaz de elevar almas, y levantar personas aunando esfuerzos comunes en pro de su consecución; lenta pero progresiva desaparición de los ejércitos nacionales, por castración de las virtudes castrenses, de los valores patrios, por reducción drástica de capacidad operativa, y por su inserción en un supraejército mundial al servicio de intereses globalistas; debilitación extrema, de facto eliminación de la vida social, del cristianismo por constante inoculación del liberalismo descristianizando las naciones y orillando o pervirtiendo en todo momento a nivel religioso y educativo las ideas básicas de Dios, Patria y Justicia; y finalmente cesión de todos los poderes soberanos de las naciones a los grandes organismos supranacionales: ONU, FMI, UNESCO, UE … para dar el salto al Gobierno Único Mundial.

Del olvido que llevamos sobre nuestros hombros el fideicomiso de los santos, mártires y héroes que murieron por Dios y por la Patria en causa justa, de la deliberada omisión de la Tradición, la Fe y la memoria edificante del combate de los mejores, de la pérdida de los valores cristianos, surge la hecatombe, la destrucción del matrimonio, de la familia y de toda la sociedad con el divorcio, el aborto, las leyes contra-natura y la perversión cultural y educativa que conduce a la anomia social, la atonía civil, al crecimiento de los factores de insolidaridad en el orden social y al general agostamiento de la caridad.

6. La universalización de la democracia liberal como preludio del Anticristo

Lo sostiene nada menos que Castellani, Doctor Sacro Universal, cun licentia ubique docendi, que escribe que la democracia liberal es una herejía que posiblemente preludie el anticristo.

El democratismo liberal, en el cual somos nacidos, uno puede considerarlo como una herejía, pero también por suerte como un carnaval o payasada: con eso uno se libra de llorar demasiado, aunque tampoco le es lícito reír mucho. Ahora está entre nosotros en su desarrollo último, y una especie de gozo maligno es la tentación del pensador, que ve cumplirse todas sus predicciones, y desenvolverse por orden casi automático todos los preanuncios de los profetas y sabios antiguos que, empezando por Aristóteles, lo vieron venir y lo miraron acabar … como está acabando entre nosotros. De suyo debería morir, si la humanidad debe seguir viviendo; pero no se excluye la posibilidad que siga existiendo y aun se refuerce nefastamente, si es que la humanidad debiera morir pronto, conforme el dogma cristiano. Más eso no será sino respaldado por una religión, sacado a la luz el fermento religioso que encierra en sí, y que lo hace estrictamente una herejía cristiana: la última herejía quizás, preñada del Anticristo.

El férreo ensamblaje del liberalismo partitocrático con la masonería y su ligazón con el Anticristo aparece también en textos magisteriales de primer orden.

Todo español, pero principalmente la juventud, debe saber que Catolicismo y Masonería son términos que se contradicen y excluyen absolutamente, como el Cristo y el Anticristo. Y también debe saber que el liberalismo o laicismo, en todas sus formas, constituyen la expresión ideológica propia de la masonería.

Poco importa que muchos liberales no sean masones; hay instrumentos lúcidos e instrumentos ciegos. Lo importante es que unos y otros colaboran objetivamente en la destrucción de la Iglesia de Cristo y del orden católico de la República.

El sistema político actual en que todo se decide por mayoría, sin dejar nada al amparo de los juicios de esta, por otra parte tan manipulable, nos lleva, consciente o inconscientemente, a pensar que la razón y el futuro están del lado de la mayoría. Y puede que en algún caso sea así, pero no necesariamente: la única vez que Cristo fue presentado a unas elecciones democráticas las perdió. “¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús al que llaman Cristo?” Y la mayoría abrumadora pidió el indulto de Barrabás y la condena a muerte de Jesús. Ni la razón ni el futuro estaban del lado de la mayoría.

Los errores del liberalismo político tienen su génesis en dos negaciones supremas conducentes ambas a la negación de la verdad y de la índole propia de la libertad verdadera: “una relativa a Dios, y otra, relativa al hombre”: el deísmo y el naturalismo roussouniano. Bajo la férula de los subversivos principios liberales globalmente impuestos caminamos al Estado homogéneo universal destructor de las tradiciones y los cuerpos orgánicos sociales, consolidando los avances de la revolución.

Uno de los rasgos de de la presente guerra revolucionaria desencadenada a nivel mundial contra las patrias para erigir un supragobierno mundial masónico es la renuncia, el menosprecio a la ocupación del terreno físico, procurándose la ocupación mediante la corrupción ideológica y moral y la propaganda psicológica refinada de los dirigentes enemigos, lográndose así la inoperancia efectiva por deserción de deberes o corrupción. Frente a la minoría irreductible, un tanto por cierto minoritario de mentes que no dejan colonizar, la táctica es directa: terrorismo y chantaje.

Paso obligado para el cumplimiento de este sueño del gobierno mundial es la globalización, ergo la unificación a escala mundial de la economía, las finanzas, la política y la cultura; globalización que responde a un proceso de colonización ideológico en su vertiente liberal, y cuyos fautores visibles principales son la ONU y el G7. Los denominados alter-globalizadores de inspiración troskista y apátridas por esencia, convergen en la necesidad de la globalización aunque discrepan de su giro neoliberal. Pero en el fondo el resultado es el mismo y pasa por la supresión de las patrias, arruinando su concepto y desligándolo de la religión, la supresión de los ejércitos, y la supresión de las creencias, en particular el cristianismo, que no quiere decir adscripción a lo ateo, sino la sustitución de la creencia objetiva configuradora en lo íntimo y social de la persona por un vago evolucionismo cósmico y subjetivo, confesional de la tradición primordial. Así este supergobierno mundial postula continuamente e impone la democracia liberal como modelo de bien supremo, el relativismo ético inseparable a la democracia liberal como axioma indiscutible y verdad paradigmática, y el hedonismo como correlato vital del escepticismo sistemático y esquizoide, en gran medida derivado del relativismo ético, y de la ausencia de valores superiores dignos por sí mismos de ser buscados.

La soberanía parlamentaria, afirmada y sustentada en el imperio democrático de la ley, instituye y constituye el más grande de los totalitarismos que jamás haya existido en la historia. La democracia liberal partitocrática se ha mostrado como el instrumento más eficaz para corromper la sociedad, paganizar los pueblos, deshumanizar y destruir la persona humana, y aniquilar la civilización cristiana.

Vivimos un terrorismo democrático sustentado en el montaje de supuesto pluralismo, libertad, legalidad y derechos humanos. Este totalitarismo iluminista fundado en un laicismo radical crea a través de sus instrumentos operativos, medios de comunicación social, educación y positivismo jurídico en el derecho, una sosegada tiranía consensuada, y que para más inri, ignorante de su lacaya servidumbre se mantiene con el aplauso de las almas sibilinamente persuadidas y convencidas, no soliviantadas. Como en “La guerra de las galaxias”: Así termina la libertad, con una sonora ovación.

La dictadura mundial liberal auspiciada por los poderes fácticos visibles globalizadores, y por poderes ocultos, crea a una sociedad desestructurada, laica y nihilista, conforme sus intereses hegemónicos y de uniformidad social, mientras el vulgo mayoritario, necio por su propia definición e incapacitado para percibir su propia situación, se muestra convencido de alcanzar el paraíso de la plena libertad en la espléndida democracia. Pero ni el Evangelio, ni la Tradición, ni los Romanos Pontífices ponen su esperanza en la extensión universal de la democracia liberal a todas las naciones, sino en la restauración de éstas en Nuestro Señor Jesucristo. Y la realidad de la democracia liberal, en definitiva de expulsar a Dios de la vida pública y del ámbito privado, la muestra Joseph Ratzinger: “una sociedad en la que Dios está absolutamente ausente se autodestruye”. Marchamos así al suicidio lento, silencioso, progresivo e inexorable de nuestra civilización.

Ver video: “Simiocracia”, de Aleix Saló.


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El Apocalipsis de los niños (o la conspiración del Thelema)

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Monumento a las víctimas del Holodomor
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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.-

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En aquella mañana de verano del año 28, una multitud se arremolinaba en la plaza principal de Betsaida, una aldea arracimada en el nordeste del Mar de Galilea, que destellaba con el sol del mediodía.

Entre esa multitud, destacaba un grupo nutrido de niños, que se apretujaban en torno a un hombre que, sentado bajo un emparrado, hablaba a la gente con ademanes pausados.

En un momento de su discurso, refiriéndose a los niños que le rodeaban, aquel hombre dijo:

«Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar». (Mateo 18, 6)

Tremendas palabras, terroríficas, y más si se tiene en cuenta que fueron pronunciadas por el ser más misericordioso que se ha encarnado en nuestro Planeta, un ser extraordinario lleno de compasión por los descarriados, que abrazaba a los publicanos, que perdonaba a las prostitutas, que se rodeaba de toda suerte de pecadores; pero, que, sin embargo, no dudó en anatematizar con una horrenda tortura a los corruptores de niños, a los que pervierten la inocencia infantil.

Infantes devorados por los heidelbergensis en incontables Atapuercas caníbales, sacrificados en números incontables a Moloch, a siniestras Minervas con cara de lechuza, bajo ardientes esfinges; abortados sin misericordia en Suburras infectas, en Tenochtitlanes emplumados, en gélidos Holodomores, en republikanos Paracuellos , en hecatombes de jemeres y revoluciones culturales; niños masacrados en razzias devastadoras de feroces guerreros, de soldados ebrios de sangre; niños abusados por seres perversos, agentes de Bafomet, degollados en sus ceremonias negras; niños alienados por Hamelines perroflautados, torturados y masacrados en las orgías devastadoras de los abortorios… después de todo ese horror, de milenios de apocalipsis infanticida, el globalismo malvado que domina el mundo viene a por los hijos que han sobrevivido a carniceros y hechiceros, y nos dicen que los hijos no nos pertenecen, que los padres no tienen derecho a educar a sus hijos según sus convicciones morales, que en nombre de la libertad y la democracia el Estado debe enseñarles sus perversas ideologías mundialistas. Bondad graciosa, que los hijos son de las madres para que los asesinen en sus vientres, pero luego, si tienen la suerte de venir al mundo, ya no les pertenecen, sino al Estado; bondad graciosa la de las feministas que claman contra la violencia machista, pero luego justifican la violencia mediante la cual se despedazan los fetos en los vientres maternos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí vienen las Circes, las horripilantes brujas que convierten a los hombres en cerdos, y a los niños también… aquí pululan las Cruelas de Vil, que, no satisfechas con reventar fetos mientras claman por las focas, no contentas con despellejar dálmatas y niños, ahora vienen a por la infancia, enseñándoles cómo masturbarse, cómo abortar sin pedir permiso, cómo disfrutar de la analidad, cómo denunciar a los padres si ejercen su patrian potestad.

Skola, Skolae… jueguecitos eróticos para los más tiernos infantes… tocamientos, tallercitos supermodernos y chiripitifláutikos donde los nenes son adoctrinados en lo que el ínclito Aleister Crowley (1875-1947) llamó Thelema, filosofía luciferina cuyo lema es «haz tu voluntad: será toda la ley», y «amor es la ley, amor bajo voluntad»… Crowley creía que para descubrir la Verdadera Voluntad, uno debe liberarse de toda restricción sexual, y a fe que ese personaje cumplió lo que filosofaba, hasta el punto de que ha sido proclamado por unanimidad como el ser más maligno que ha habitado en nuestro mundo ―por cierto, aparece en el disco ese tan famoso de los Beatles de la «Lonely Hearts Club Band» del Sargento Pepper (traducido: Sargento Pimienta… por qué este nombre… ¿lo adivina?)―. Da arcadas y vómitos conocer el horrendo historial de crímenes de este ser luciferino.

Thelema puro el que se inocula a nuestros hijos, mientras los papás terracean cerveceramente, futbolean que da gusto, y se repantigan ante el Dios Netflix, porque no va con ellos, porque así es la modernidad, porque sus retoños les importan un pimiento. Y es de notar un 84% de los podemitas aprueban el adoctrinamiento de los niños en el Thelema LGTBI, lo cual me parece bien, siempre y cuando no pongan sus sucias manos en nuestros hijos ―bueno, nietos en mi caso―.

Porque este mundo empozoñado está sumido en un aluvión de lacras, de lepras apestosas, de escándalos sin cuento, pero los más hediondos, los más criminales, son aquellos que tienen como víctimas a los niños: el aborto, y el adoctrinamiento que busca cercenar su inocencia infantil.

Cuando suene el trompeterío celestial llamando a juicio, cuando las legiones angélicas desenfunden sus espadas flamígeras y una estampida de caballos blancos arrase los campamentos luciferinos, y el fin de este mundo atrone las esferas, ¿habrá suficientes piedras de molino para que los ángeles del Apocalipsis hagan justicia a todos los que durante toda la historia del mundo han escandalizado a nuestros hijos? ¿Se colmatarán las aguas enfurecidas por terremotos y erupciones con tantas piedras de molino, que posiblemente se encuentren en un futuro lejano, como quien encuentra ánforas romanas tapizadas de algas y corales en los fondos abisales?

Como no puedo desear mal a nadie, quiera Dios que esto no ocurra, que, antes de que todo esto suceda, los escandalizadores sientan un dardo luminoso que despierte sus conciencias, y se arrepientan de sus crímenes. Porque tened cuidado, escandalizadores: creéis que Dios no existe, que no hay otra vida, pero, como jamás tendréis la completa seguridad de la certeza de esas creencias, reflexionad, tomad conciencia de vuestros delitos… porque aquí podrá ser legal el escándalo, pero hay otros tribunales, hay una Corte celestial, y, si no cesáis en vuestros escándalos, allí será el llanto y crujir de dientes.


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La Asociación de Chinos denuncia la discriminación que sufren en España: “La xenofobia es peor que el virus”

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Tiene gracia que una de las comunidades más racistas y endogámicas que existen en el mundo, tache a los españoles de xenófobos. La exogamia está tan perseguida en China como el proselitismo cristiano.

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En China existen campos de detención para minorías étnicas que se convierten en campos de trabajo forzado. El objetiv0 de estos campos es controlarlos y adoctrinarlos.

Documentos oficiales que no se habían dado a conocer hasta ahora indican que cada vez más prisioneros de otras etnias están siendo enviados a fábricas nuevas, construidas dentro de los campos de trabajo o cerca de ellos, donde no tienen muchas opciones excepto aceptar los empleos y obedecer las órdenes.

Estos reclusos realizan trabajos forzados de manera gratuita o a muy bajos costos para estas fábricas. Cada vez más pruebas indican que de estos campos surge un sistema de trabajo forzado, un proyecto que probablemente intensificará la crítica internacional hacia las iniciativas radicales de China para controlar y adoctrinar a las minorías étnicas.

China ha desafiado la protesta internacional contra el amplio programa de reclusión en Sinkiang, el cual tiene como objetivo convertir a los uigures, los kazajos y otras minorías étnicas —muchos de ellos agricultores, tenderos y comerciantes— en obreros industriales disciplinados que hablen chino y que sean leales al Partido Comunista y a los dueños de las fábricas.

Son pocos los relatos imparciales de los reclusos que han trabajado en las fábricas. La policía impide los intentos de acercarse a los campos y vigila de cerca a los periodistas extranjeros que van a Sinkiang, lo cual hace imposible realizar entrevistas en esa región. Además, la mayoría de los uigures que han huido de Sinkiang lo hicieron antes de que creciera el programa de las fábricas en los últimos meses.

No obstante, Serikzhan Bilash, fundador de Derechos Humanos Kazajos Atajurt, una organización de Kazajistán que ayuda a los kazajos que han salido de Sinkiang, señaló que ha entrevistado a los familiares de diez reclusos que dijeron a sus familias que los hacían trabajar en las fábricas después de pasar por un adoctrinamiento en los campos.

Fabricaban principalmente ropa y llamaban a sus patrones “fábricas negras” debido a los bajos salarios y a las condiciones tan difíciles, señaló.

Sofiya Tolybaiqyzy, a quien enviaron de un campo a trabajar en una fábrica de tapetes; Abil Amantai, de 37 años, a quien enviaron a un campo hace un año y comentó a sus familiares que estaba trabajando en una fábrica de textiles por 95 dólares al mes; Nural Razila, de 25 años, quien había estudiado explotación petrolera pero después de un año en un campo fue enviado a una fábrica nueva de textiles en las cercanías.

“No pueden elegir si quieren trabajar en una fábrica ni a qué fábrica se les asigna”, comentó Darren Byler, catedrático de la Universidad de Washington que realiza estudios sobre Sinkiang y quien visitó esa región en abril.

Esta es la forma que tiene China de competir con las economías occidentales que sí respetan los derechos laborales y sociales de los trabajadores. China es un país sin alma donde la dignidad humana se cifra en térmimos de utilidad económica. Lo vemos a diario en los miles de bazares chinos que han proliferado como hongos en nuestras ciudades. Estos bazares, mayoritariamente, emplean a personas que trabajan sin interrrupción una media de quince horas al día, incluidos domingos y festivos, ejerciendo una competencia desleal al comercio local. ¿Por qué se consiente a los bazares, almacenes y tiendas regentadas por chinos  vender de todo, incluso a menores de edad: comida, ropa, tabaco, preservativos, bebidas alcohólicas y todo un larguísimo etcétera.

Más fácil de dilucidar, sin duda, es el misterio de los vendedores ambulantes chinos que suelen plantarse los fines de semana ante las puertas de las salas de fiesta, discotecas y cadenas de comida rápida, para vender a los incautos juerguistas las sobras de los restaurantes chinos al módico precio de 1 euro la bolsa. Nuestros resacosos y famélicos jóvenes, que no brillan precisamente por su sagacidad a tan intempestivas horas de la madrugada, engullen con fruición estas sobras babeadas por unos comensales que las regurgitaron y metabolizaron varias horas antes, y sólo saben decir cuando les preguntan que “por un euro han cenado” sin preguntarse a qué se debe tan módico precio, y si se están zampando pantagruélicamente a Pat Morita, el legendario instructor de ‘Karate Kid’. Tal vez, para guardar el secreto de estas prácticas de ‘reciclaje’ alimentario, tan desleales como antihigiénicas, es por lo que no hay camareros españoles trabajando en los restaurantes chinos. Al menos, no recordamos haber visto a ninguno. Ni siquiera ahora que el desempleo nos atenaza.

De paso, podrían aclararnos por qué se permite la importación masiva, y sin control de ningún tipo, de juguetes chinos que incumplen todas las normativas de seguridad de obligado cumplimiento para los sufridos fabricantes españoles. Nos referimos a esos flotadores playeros que se deshinchan con la mirada, a esos juguetes con piezas diminutas, peligrosas para los más pequeños, fabricados con materiales que pueden ser tóxicos y entrañar un riesgo para los niños en caso de ser ingeridos. En fin, otro largo etcétera de naderías. De paso, y si no es mucha molestia, podría aclararnos por qué se permite la importación de calzado chino bajo pésimas condiciones de seguridad e higiene, lo que ha llevado a muchos usuarios de calzado de mercadillo a sufrir terribles infecciones en los pies.

Los chinos que vienen a España a instalar grandes negocios no son ciudadanos privados. Suelen ser funcionarios del Gobierno chino enviados aquí para comprar negocios sistemáticamente.

La calidad de los ‘originales’ y las supuestas ‘falsificaciones’ que venden es la misma. Esas ‘imitaciones’ salen de las mismas fábricas que producen allí la ropa de marca.

Por consiguiente, sorprende que los representantes de un país tan alejado de conceptos como dignidad, libertad, respeto y tolerancia, entre otros, se hayan unido a la moda de acusarnos de “xenófobos” cuando les vienen mal dadas .

“La xenofobia en ocasiones es peor que el propio virus”

El presidente de la Asociación de Chinos en España, Dawei Wing, ha denunciado que estos días deben lidiar con situaciones de “xenofobia” por el miedo al coronavirus: “El virus no es chino, es un virus de todo el mundo, hay que luchar contra ello, y la xenofobia en ocasiones es peor que el propio virus”.

Además, Wing lamenta que muchos de los comerciantes chinos en España hayan tenido que cerrar algunas tiendas, mientras que otros han bajado hasta en un 40% su facturación, como consecuencia del miedo al contagio por el virus.

“Estamos utilizando aplicaciones móviles y de mensajerías para avisar a los compatriotas que regresan a España para hacer cuarentena”, explica Wing. Y es que los chinos residentes en nuestro país tienen un sistema de lo más peculiar para proceder a la cuarentena: se encierran en pisos y casas en función de los grupos en los que regresaron a España. “Si venían en el avión en grupos de tres, los tres hacen cuarentena en el mismo apartamento; si venía una sola persona sola, esa persona hace cuarentena en su casa sin compañía, y así sucesivamente”.

Además, los que tienen recursos están encontrando lugares para estar solos, y los que no tienen tantos medios para hacerlo, la propia comunidad está aportando medios para que estén solos en el piso. “Les llevamos comida hasta la puerta, y sus propias familias les ayudan y les facilitan material, mascarillas u otras necesidades”.

Antes de hablar de xenofobia en España, ellos que han tenid0o la libertad que ningún comerciante español tendría nunca en China, Wing debería empezar por denunciar la represión del régimen chino contra el  doctor Li Wenliang, el primer médico que avisó de la propagación de una nueva enfermedad y que fue obligado a retractarse por la policía. Pero Wing no lo denuciará nunca. Por eso nos resultan tan poco fiables.


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