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Opinión

Las zalagardas de los zaragateros

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En el reino de la trapisonda todo es posible. Desde amenazar airadamente donde no se debe y a los continentales que traen y llevan con la naturalidad de quienes carecen de escrúpulos, a dedicar las tardes a la búsqueda de añagazas y zalagardas de todo tipo para burlar los controles de alcoholemia, mínimos de sapiencia y otras naderías democráticas de primero de BUP. La chulería debe excluirse de la política o se terminará con ella y habrá que partir de cero. La zaragatería en España suena a triste según Antonio Machado y resulta tristísimo contemplar tanta nadería, tanta vacuidad y tanta burla desgraciada para hacerse selfies con el león. No es otra cosa lo que vemos. Estupidez.

Alardear de inepcia y trujimanería trilera y hacerlo ante el pueblo soberano cuando no se te ha elegido, es subvertir el orden de las cosas y apañarlo a tus ansias irrefrenables. Permitirlo sin mover un dedo por entidades con autoridad moral para decirlo y frenarlo, es abocar a peligros sociales y a maniobras peligrosas. Que la prensa ponga las alcachofas donde se debe, no donde les dicen que las pongan. España no puede permitirse esto por sus malos precedentes, como no puede permitir que sus tribunales y sus normas pasen por debajo del arco de ningún tribunal europeo, sin advertir a quién corresponda que eso puede dar al traste con su pertenencia a la UE. Con estas cosas no se juega. Tampoco cabe que los ratones ciegos y tontos hagan fiesta en las fallas legales y se cuelen donde no deben.

Cuando la memez se legitima en las urnas –véase Zapatero y sus dos legislaturas, la segunda con más votos que la primera- podrán ejercer cuanto quieran hasta llegar al 25% de paro, al 35%, e incluso exportar la gilipollez a Sudamérica. Por tanto no pierdan la esperanza de salir votados y convoquen elecciones.

Hay un jefe del Estado, digo y hay un ministerio de Trasuntos exteriores, aunque no lo parezca. Hay academias, hay académicos endémicos, hay académicas palancas y mecanismos de eyección a operar, tipo catapulta.

El pueblo soberano –no la apapichada y maché ciudadanía- se merece otra cosa que desplantes, ocurrencias y picardías vergonzosas de incapaces “donnadies”, que juegan con el dinero de “nadie” sin “ningún” reparo y sin que “nadie” proteste. ¡Manda pelotas!

¿Es esto el progreso del que nos habla la criatura malhadada? ¿Alguien en la sala o en los corredores se vale creerlo? ¿Es posible que esto se produzca sin que salten las alarmas y los dispositivos de vigilancia escolar? ¿No hay nadie responsable –que no sea, please, Méndez Vigo y Montojo- que salga al paso de esta criatura hitleriana, sus turiferarios y sus corifeos? ¿Donde están las academias de la Historia, de la Jurisprudencia y de otros palos que se mojen y emitan avisos, advertencias, recomendaciones, billetitos con copia a la prensa y a un solo efecto y manden los toros burriciegos al corral? ¿Hay que acudir a instancias extracorpóreas para que alguien nos cuente sobre los códigos penales de Bélgica, Alemania y otros países subsaharianos del contorno? ¿Hemos de soportar a estas mujeres airadas y caducas? ¿Qué culpa nos cabe de su malquisto ajamiento en sepia republicano? ¿Estamos a merced del rufianismo abyecto o es puro postbolivarianismo de peseta? ¿Qué hemos hecho mal, aparte de un montón de cosas como dividir la historia, la justicia, la sanidad, la seguridad y otras naderías en 17 trozos o tarazones a precios astronómicos?

Devolver la deuda y reintegrarla a quién corresponde, sólo puede salir de eliminar duplicidades, triplicidades, malas copias y devaneos de seres rurales de la garrulería cañí en la que estamos inmersos hasta las ijadas. ¡Qué pedagógico es apreciar a los jayanes goyescos arreándose con estacas y metidos en el fiemo inguinal!

La universidad provinciana, endogámica y ridiculizada a máximos históricos ha caído a mínimos y sus defensores, con las manos enharinadas, la hunden más cada vez que abren el pico de peltre con que se adornan. ¿Hasta donde hay que caer para coger carrerilla astronáutica? En estas materias no es cierto que sepa más el tonto en su casa que el listo en la ajena. ¡El tonto a su casa, coño!

Es urgente una limpieza de fondos para eliminar percebes y mejillones adheridos, un calafateado de resquebrajaduras, un replanteamiento de los conceptos excelencia, independencia y universalidad y terminar con las masificaciones, los interinazgos, los deudos, nepotes y pegotes y el rehúse generalizado de pasar bajo las horcas o de saltar lo que se debe con la pértiga de reglamento.

No hay otra.

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La edad heroica del franquismo

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La etapa más denigrada del franquismo es la de la guerra civil y los años 40. En ello coinciden incluso los más o menos profranquistas y liberales que ensalzan el “milagro español” de los años 60-75, milagro aceptado a regañadientes o distorsionado por los demás antifranquistas. Y sin embargo, la etapa más interesante del régimen es aquella, habitualmente pintada como una época de hambre, opresión, estancamiento económico y represión sanguinaria.

Cualquier época debe ser entendida en relación con los retos y dificultades que afrontaba, y la verdad es que aquellos fueron excepcionales. Fue preciso derrotar, en primer lugar, a las fuerzas totalitarias y separatistas del Frente Popular, partiendo de una inferioridad material casi desesperada. Y es significativo que los abundantes episodios que cabe calificar de heroicos en aquella guerra correspondieron casi exclusivamente a los nacionales.

Vencido al Frente Popular, hubo por un momento la ilusión de que la buena marcha económica del bando nacional se extendería con naturalidad a la mitad del país que había estado bajo poder enemigo.

Pero era solo una ilusión. Media España se encontraba con la economía desarticulada, hambre extrema, campos y fábricas arrasados por los experimentos revolucionarios, y una herencia de terror. La reconstrucción, entonces, se volvía sumamente ardua. La he comparado con la difícil asimilación de Alemania Oriental tras la reunificación. Con la enorme diferencia de que la Alemania occidental era un país riquísimo, mientras que la España nacional no pasaba de estar bien abastecida y con una economía simplemente sana.

Además, Alemania estaba incluida en un conjunto de países que de muchas formas le prestaban su apoyo. En cambio España se vio aislada por su neutralidad en la guerra mundial. Fue un “espléndido aislamiento”, desde luego, pero en la práctica supuso verse sometida a la posibilidad de invasión por los alemanes y a las limitaciones y chantajes de los Aliados. Así, debido al control del mar por los anglosajones, el país recibía la mitad del petróleo, fertilizantes y plásticos que necesitaba, y la continua amenaza por sus exportaciones de volframio, perfectamente legítimas, a Alemania. En estas condiciones hubo de reconstruirse el país, y de hecho se consiguió. Al terminar la contienda mundial se habían alcanzado o superado muchos de los niveles del mejor años de la República (los del Frente Popular se superaron casi desde el primer momento). De paso se había solventado judicialmente la herencia de crímenes y terror izquierdista (por cierto que con mucha más legalidad y garantías que en la Europa occidental al terminar la contienda europea).

El fin de la guerra mundial podía haber mejorado drásticamente la situación, pero entonces España se vio inmediatamente acosada por amenazas de invasión de los vencedores de Alemania y por una guerra de guerrillas comunista. Y enseguida por un aislamiento delictivo decretado por los países comunistas, las democracias y regímenes despóticos varios, conjuntado en la ONU. Era una situación parecida a la del inicio de la guerra civil, en la que muchos, dentro y fuera de España, no daban un duro por la supervivencia del régimen, bajo la amenaza de que los tanques useños e ingleses impusieran la vuelta a un régimen como el republicano, bajo una monarquía sin apoyo social. Y nuevamente, contra todas las amenazas y presiones aplastantes, el franquismo se mantuvo en lo esencial, con ligeras concesiones y maniobrando con destreza para evitar los peores daños económicos.

En su primer discurso de fin de año al terminar la guerra civil, Franco prometió prestar especial atención a tres necesidades: la construcción de viviendas, la lucha contra la mortalidad infantil, y la erradicación de la tuberculosis. Y desde luego en estos tres esfuerzos consiguió el régimen éxitos muy importantes.

La esperanza de la vida al nacer había aumentado en 12 años al terminar los años 40. Pese a las restricciones económicas, la estatura media de los reclutas había aumentado, prueba de una mejor alimentación que en la república, pese a las enormes dificultades. La tuberculosis había dejado de ser un problema grave. Y cientos de miles de familias de escasos ingresos disponían por primera vez de viviendas aceptables. Los índices de enseñanza, sobre todo media y universitaria y técnica, también superaban notablemente los de la república.

Podría pensarse que, con todo, no eran grandes logros que pusieran a España a la cabeza de Europa ni mucho menos. Pero sí eran grandes comparados con la situación de la que se partía. Y el balance no fue solo económico, sino más aún moral y político: España fue una excepción en Europa occidental, convertida en protectorado de Usa, a cuyo ejército debía su liberación, su democracia y en gran medida su reconstrucción económica. España había logrado rconstruirse con sus propias fuerzas y en contra de la hostilidad de medio mundo, incluidas las mayores potencias. Se había librado de las atrocidades masivas de la guerra europea, de sus bombardeos y deportaciones, había derrotado una guerra de guerrillas que en Grecia había obligado a intervenir a Inglaterra y Usa, se había librado, manteniéndose firme, de una invasión anglouseña que habría vuelto al país a las viejas experiencias que habían abonado la guerra civil. Y se había logrado una reconciliación nacional muy mayoritaria, sin la cual habría sido imposible resistir a las presiones y amenazas extranjeras y al maquis comunista, alcanzando además importantes logros económicos.

El precio, dirán muchos, fue la pérdida de la libertad y la democracia. Eso no es cierto tampoco. El Frente Popular había sido todo lo contrario de la democracia, y la república un auténtico caos. En el franquismo de aquellos años había gran libertad personal, economía de mercado, iniciativa privada y cuatro partidos, llamados “familias”, con libertad política. No había esa libertad, en cambio, para comunistas, separatistas, socialistas o anarquistas, que habían llevado al país al borde de la catástrofe.

Era natural que no las hubiera, y que el régimen tomase medidas de excepción ante la permanente hostilidad exterior.

Fueron años duros, Años de hierro como he titulado mi libro sobre ellos. Y, en fin, años heroicos, y así deben ser enfocados por cualquier historiografía que respete la verdad.

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Los encuentros

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En las últimas jornadas han tenido lugar dos encuentros entre políticos que llevan una profunda carga de intenciones.

De un lado, el café en la cafetería del Congreso entre Rivera e Iglesias, tras sus sendos fracasos de acuerdo con el Presidente en funciones. Lamiéndose las heridas, se podría titular.

El segundo, una comida más preparada y menos imprevista entre Pablo Casado y su antecesor al frente del PP. Encuentro de viejos amigos, se podría asimismo enunciar.

El primero de tales encuentros no tiene mayor trascendencia que la del lógico desahogo entre perdedores tras los fracasos. “La que se nos viene encima”, coincidirían ambos cafeteros. Insisto, no tiene mayor trascendencia.

La que sí la tiene (y mucha) es la comida con Rajoy. Que seguro no tuvo como eje central un “qué bien te sienta la barba” por parte del ex, precisamente.

Casado tiene un futuro sobre la base de intentar restar votos a C,s y VOX. Y ahí no es precisamente un experto Rajoy para aconsejarle. Sobre C,s, porque no lo consiguió y sobre VOX porque no “existía”.

Por otra parte, tampoco su gestión de Cataluña ni País Vasco fueron precisamente ejemplares.

Como tampoco lo fue su manera “arriólica” de hacer, no haciendo nada. Dejando pasar el tiempo. Sin contacto con los medios, con la gente, con los problemas, con nadie. Sin coger, en suma, el toro por los cuernos en nada.

El PP no sólo tiene que regenerarse con nuevos candidatos. También con su forma de hacer campaña. De dejar de hablar de economía y más “de lo nuestro”: planes de empleo, mejora de la Sanidad y la Educación, el problema de la vivienda, control de inmigración ilegal, supresión de mamandurrias y así.

Lo demás es perder el tiempo (y votos).

Si Casado quiere ganar, lo tiene que tener claro: menos Rajoy y más “allá voy”. De frente y por derecho. Sin “maricomplejos”, sin bobadas, sin dudar.

Todavía tiene mucho lastre que soltar en el Partido. Sorayistas que no han admitido su victoria y no están dispuestos a apoyarle limpiamente. Pues a coger la escoba y a barrer.

Pero sin pedir consejo al causante de todo.

Al pan, pan. Y al vino, vino.

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Opinión

El “parto de los montes” o la irresponsabilidad de un “iluminado”

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Seguramente todos hemos escuchado alguna vez esa frase de “El parto de los montes” que parece venir de una de las famosas fábulas de Esopo (S. VI a. de C.) que alude a la exagerada importancia que se da algunas veces a unas expectativas que acaban en nada, resumida seis siglos después por Horacio: “Parturient montes, nascetur ridiculus mus” o “parieron los montes; nació un ridículo ratón” y no me resisto a recoger la actualización de nuestro gran fabulista, Félix Mª de Samaniego con unos geniales versos: “Con varios ademanes horrorosos / los montes, de parir dieron señales. / Consintieron los hombres temerosos / ver nacer los abortos más fatales. / Después que con bramidos espantosos / infundieron pavor a los mortales, / estos montes, que al mundo estremecieron, / un ratoncillo fue lo que parieron. / Hay autores que en voces misteriosas, / estilo fanfarrón y campanudo / nos anuncian ideas portentosas; / pero suele, a menudo, / ser el gran parto de su pensamiento, / después de tanto ruido, sólo viento”.

Todo ello a cuenta, como habrá podido deducir el lector, de la miserable pérdida de tiempo que ha supuesto para España este largo periodo de casi cinco meses de parálisis política desde las últimas elecciones generales, ya precedidos del parón preelectoral desde que a primeros de Marzo fueron convocadas tras el periodo de desgobierno iniciado con la moción de censura del 1 de Junio de 2018 por ese personaje siniestro y ambicioso, chulo hasta decir basta, que es Pedro Sánchez, alias Falconeti y Dr. Plagio, que sólo fue capaz de “gobernar” en precario vía reales decretos y ni siquiera consiguió la aprobación de unos presupuestos o en funciones con los que sí consiguió aprobar Mariano Rajoy, comprando al traidor PNV que en cinco días pasó de “socio” al peor Judas Iscariote aliado con el advenedizo.

En definitiva, dieciocho meses largos de deriva creciente hasta los próximos comicios del 10-N y ya veremos cuántos más hasta que se consiga formar gobierno, algo que la celebración de una nueva encuesta real no garantiza. Para ese viaje, no hacían falta alforjas Sr. Postureo, aunque con tal de cumplir su “sueño de una noche de verano” -y el de su consorte- valía todo, aunque fuera a costa de un despilfarro inútil que continuará unos meses más por aquello de que “el dinero público no es de nadie”, como se jactaba la tan mala como inane egabrense Carmen Calvo -deshonra de Juan Valera y Alcalá-Galiano, ilustre escritor y político, también de Cabra (Córdoba)-, un producto de la peor cuota feminista, encantada de haberse conocido. Y es que desde que llegó el “ilustre cambiador de colchones” no ha hecho otra cosa que alargar como fuera su estancia en Moncloa, tan escasa de merecimiento como de justificación, empezando por el dudoso mérito de ser el primer candidato que llega a la Presidencia del Gobierno sin ser ni siquiera diputado del grupo parlamentario que lo proponía. Pero todo vale para completar un inmerecido álbum de fotos y una agenda de contactos entre los que muchos de ellos no querrían tener al yerno del “señor de las saunas gay”.

Nadie en su sano juicio, salvo un “iluminado” irresponsable, con sólo 123 escaños -los mismos que llevaron a Rajoy en 2016 a declinar la propuesta del Rey para formar Gobierno-, pese a la debacle del Partido Popular y sin ningún apoyo garantizado como se ha podido comprobar en este tiempo, hubiera tratado de sobrevivir como primer ministro de un país, de haber tenido el más mínimo sentido de Estado, anteponiendo su enfermiza y ególatra ambición que lo llevaba, de forma incuestionable, a repetir elecciones a las primeras de cambio tras incumplir su primera promesa con la que “justificaba” su hoy fallida -para España, que no para él, consorte y amigos- moción de censura: “La inmediata convocatoria de elecciones para dar estabilidad a España” dijo ser su objetivo al presentarla. La prueba es que en sus dos intentos de investidura tras las elecciones del 28-A, sólo consiguió el apoyo del representante del “falangista” de las anchoas, el otrora lugarteniente local del Movimiento, Miguel Ángel Revilla.

Lo cierto es que no hay que pensar mucho para ver que con los resultados del 28-A y tras conocerse los de las municipales y autonómicas, se podía intuir que el único que quería de verdad una posible repetición de elecciones era al partido socialista, que podía aprovecharse del rebufo de tener a su disposición los recursos del gobierno y las principales instituciones del Estado. El desgaste ya iniciado en Podemos, Ciudadanos y muy especialmente en VOX, dejaba claro que a ninguno de estos tres nuevos actores les interesaba tentar la suerte teniendo en cuenta sus descensos significativos en votos el 26-M y la tendencia a la baja que todas las encuestas dan a los tres. Tampoco al Partido Popular, pese a su notable mejora en estas últimas y el favor de las consultas, porque todavía no está del todo organizado y recuperado del lastre de corrupciones personales de demasiados miembros notables de su partido tan bien manipulada por la prensa de izquierdas, es decir, por la prensa en general.

Los naranjas cada vez engañan a menos y “amarillean” más, como socialdemócratas que nunca dejaron de ser pese a su juego hacia el “progresismo liberal” al que dijo virar su líder y que algunos medios más “conservadores” le compraron hasta caerse del guindo como Libertad Digital, su máximo valedor con el que sustituyó a UPyD-. Alberto Carlos Rivera sacó in extremis un órdago -más bien un farol que no se creía ni él- tras dos meses de ausencia en paradero desconocido: “Si Sánchez dice sí a un gobierno constitucionalista en Navarra, sí al respeto a las sentencias del procés y a no indultar a los condenados y que no habrá subida de impuestos en los Presupuestos ni cargas adicionales a los autónomos” le ofrece su abstención desde la que pretendía conseguir la de Pablo Casado, misión imposible. Todo ello después de algunas publicaciones tales como “Si el 10-N fracasa, tendrá que dimitir”, que ya le advertían las bases naranjas ante la salida de no pocos miembros notorios de su partido. Perdió la oportunidad de sumar una mayoría absoluta con el PSOE por segunda vez, de lo que yo particularmente me alegro muchísimo y ahora tras rendirse a la realidad se escuda en que “Las elecciones serían una segunda oportunidad para echar a Pedro Sánchez”.

Los morados y rojos por dentro no parecen levantar cabeza tras la crisis iniciada en Vistalegre-2 y en cada cita pierde escaños y militancia, al tiempo que se le abren escisiones y sabe que el discurso extremo de su socio Sánchez le quita espacio, al tiempo que su humillación hacia la nada ha dejado en evidencia su ansia por entrar en un gobierno a toda costa, desde la coalición a la cooperación, para acabar ofreciendo una “coalición a prueba” en el sumun de su delirio existencialista.

Por último, ese brote verde resurgido en el mismo escenario que los morados, desde la llegada al poder del socialista errante, perdió la mitad de sus apoyos en cuatro semanas y sabe que unos nuevos comicios le supondrá volver al ostracismo del que provenían a unos cuantos de los que acaban de pisar moqueta por primera vez o se reengancharon sobre la campana desde un supuesto descontento con el PP del que procedían cuando veían que se les acababa el chollo largamente disfrutado.

Tampoco al PP creo que lo coge en un buen momento, porque Pablo Casado no ha terminado de reorganizar “su” partido, con frentes abiertos en Vascongadas y Galicia que podrían frustrar el ascenso que viene experimentando desde el castigo recibdo en Abril por el descontento acumulado con Rajoy pagado en el tafanario del recién llegado. Pero como dice el propio Casado “Las elecciones las carga el diablo” y ojalá el sentido común que ha faltado en las anteriores citas electorales, se imponga esta vez en torno al único partido que puede liderar, hoy por hoy, un cambio de rumbo, esta vez sin ambages y no sólo en lo económico.

Al final, Don Felipe VI comunicó que no había ningún candidato a investir -sí unos cuantos a embestir, añadiría yo- pero no se acabó de animar a lo que algunos le recomendábamos sobre proponer a un independiente para presidir un Gobierno de Transición que pusiera las cosas en orden mientras se reorganizaba el bipartidismo imperfecto que a mi juicio es lo que mejor funciona en una democracia después de comprobar el desastre que puede significar el multipartidismo, especialmente en nuestra querida España. Ya veremos si la España Suma, descartada por dos de los invitados a integrarla se convierta en una verdadera suma de los desengañados de naranjas y verdes que ya han podido comprobar lo que pueden aportar esas dos opciones, una sin definir después de más de una década de existencia desde su aparición en Cataluña, de donde no debió salir ni habría salido de no ser por la deriva nacionalista del PSC y otra con demasiado fanatismo en sus filas y “resucitada” artificialmente desde la izquierda para romper ala derecha, muy cuestionada tras su última etapa.

Espero que, como recoge mi buen amigo Diego López en un artículo que ha compartido en su muro de Facebook y que recomiendo: “estas elecciones habrá que tomárselas como una SEGUNDA VUELTA ENTRE LOS DOS PARTIDOS MÁS VOTADOS el 28 de Abril. Cualquier otra cosa será volver a la misma situación en que estamos ahora, que por cierto es en la que más a gusto se encuentra Pdr Snchz” -el “avocálico” personaje, añado, ya que así se presentó en una de sus “ocurrentes gracietas”, nada más llegar al primer nivel del socialismo español-.

Como decía en la despedida de mi anterior artículo “Que Dios reparta suertes” y, a ser posible, en forma de “sentido común”, ese que se demuestra con demasiada frecuencia como “el menos común de los sentidos”, como desde muy niño le escuchaba decir a mi padre (q.e.p.d.).

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