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Laureano Benítez Grande-Caballero: “Toda nuestra supuesta democracia ha sido coordinada por los bilderbergianos”

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Javier Navascués.- Laureano Benítez Grande-Caballero ―autor de 35 libros, la mayoría de temática católica― acaba de publicar su obra LA PATRIA TRAICIONADA: ESPAÑA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL, que puede considerarse como la segunda parte de su libro EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA, que publicó hace un año con gran éxito. Son sus dos libros de temática política, aunque el autor es un prolífico articulista de opinión en muchos medios digitales patrióticos.

Si en la obra anterior sobre la memoria histórica Laureano Benítez desmontaba las falsedades y engaños sobre los que se sustentaba la sectaria y totalitaria visión de la historia reciente que nos quiere imponer despóticamente la ideología de las izquierdas, estudiando con detalle la verdad de lo que sucedió durante la República y el franquismo, en este nuevo libro el autor arranca desde 1975 ―fecha en la que terminó el libro anterior―, para desenmascarar la gigantesca estafa de nuestra mal llamada democracia, exponiendo sus corrupciones, sus pucherazos, sus golpes de Estado, sus innumerables traiciones a la España de Franco, que fueron dirigidas y planificadas desde las cloacas del Nuevo Orden Mundial, especialmente a través del Club Bilderberg.

En su obra demuestra con profusión de datos que la Transición española fue diseñada por los poderes fácticos del Nuevo Orden Mundial (NOM). ¿Puede decirnos a grandes rasgos en qué consiste el NOM?

El Nuevo Orden Mundial (NOM) es una estructura transnacional que se está implementando progresivamente en el sistema mundo, a través de una serie de organismos supranacionales, y mediante la imposición a escala planetaria de una pensamiento global basado en una serie de ideologías cuyos postulados apuntan directamente a la eliminación de los valores ―emanados del cristianismo y la Ley Natural― que han sido la base de la civilización occidental, pues hacia este objetivo se encaminan la ideología LGTBI, el feminismo misándrico, el multiculturalismo, el altermundismo, el laicismo, la cristianofobia, el ecologismo totalitario, el animalismo, etc. La explicación de estas ideologías y su implantación en España serán objeto de otro libro que publicaré el próximo año, y que será como la segunda parte del presente trabajo.

Junto a este pensamiento único ―«políticamente correcto»―, el NOM busca la implantación de un totalitario Gobierno Mundial, para lo cual conspira por la disolución de los Estados-Nación, a los cuales pretende diluir en el magma globalista.

Según este plan del globalismo, el Gobierno Mundial afectará a todos los países, no solamente a España.

Sin embargo, en su libro usted demuestra que la ofensiva del NOM contra nuestra Patria es más intensa y poderosa que en otros países, que la dotan de unas características especiales.

Efectivamente, porque, aunque la conspiración por el Nuevo Orden Mundial afecta en su totalidad al Sistema-Mundo, el ataque globalista a España adquiere una especial intensidad, hasta el punto de que se puede afirmar que somos el país más atacado por las élites plutocráticas y las fundaciones y organismos transnacionales cuyos hilos manejan, que han escogido a España como campo de experimentación, como laboratorio pionero de sus estrategias, donde ensayan sus maquiavélicos planes con una intensidad y una amplitud desconocidas en otros lugares.

¿Por qué hemos tenido este dudoso honor? La razón principal es porque nuestra Patria ha sido el baluarte de la fe católica ―la principal enemiga del NOM―. Si a esto le añadimos a las amenazas secesionistas, y las traiciones de una casta política corrupta e inepta, cuyas fechorías se exponen en estas páginas, desde el Rey Juan Carlos hasta Pedro Sánchez, pues el resultado final es que dábamos un perfil perfecto para las conspiraciones del NOM.

Y no hay que olvidar que España ha sido el único país que derrotó al comunismo, el cual es también una creación del NOM, hasta el punto de que puede afirmarse que el futuro Gobierno Mundial será pseudocomunista, donde una minoría de plutócratas tendrá el control absoluto del mundo.

El libro repasa una amplia galería de traiciones y traidores, hasta el punto de que llega a decir que todos los políticos que han pilotado nuestra democracia han alcanzado el poder al precio de vender nuestra Patria al globalismo que pretende destruirla. Desde su punto de vista, ¿cuál ha sido la mayor traición?

Sin duda alguna, la descristianización de España, que la ha vaciado de la esencia nacionalcatólica que ha formado parte fundamental de nuestra idiosincrasia, de nuestra identidad como nación. La pavorosa apostasía que ha lobotomizado nuestra Patria nos ha privado de unos valores, de unos principios, de unos códigos que siempre habían proporcionado a los españoles una enorme motivación para defendernos con valor y gallardía contra los enemigos que durante la historia pretendieron destruirnos como pueblo y como nación, lo cual nos hizo protagonizar la Reconquista, la lucha contra el protestantismo, la guerra de liberación contra la invasión francesa, y el Alzamiento Nacional contra el bolchevismo anticatólico. Al caer en la apostasía, hemos traicionado la más pura esencia de nuestra Patria.

Según afirma en su trabajo, todas las traiciones a España han sido dirigidas y diseñadas por las jerarquías globalistas, entre las cuales destacan las conspiraciones tuteladas por el Club Bilderberg. ¿Qué hechos concretos de la Transición pueden atribuirse a este Club?

Prácticamente toda nuestra supuesta democracia ha sido coordinada por los bilderbergianos, desde el nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco ―en la famosa Operación Lolita―, hasta el golpe de Estado de la moción de censura que derribó a Rajoy y entronizó a Pedro Sánchez.

Absolutamente todos los políticos más relevantes que han tenido poder en España desde 1975 han pisado los salones del Club, desde Manuel Fraga en 1977 ―el primer español en ser invitado―, hasta Inés Arrimadas y Pablo Casado. Y es que ellos saben perfectamente que no podrán tocar el terciopelo del poder sin inclinar la cerviz ante los mandamases del Club. Es de hacer notar que la Reina Sofía ha sido la más asidua asistente, junto con Juan Luis Cebrián.

En cuanto a los hechos concretos que preguntaba, en el libro se estudia con detenimiento cómo el ataque del NOM a España se ha ejecutado mediante una sucesión de pucherazos y golpes de Estado: la creación de la ETA, el asesinato de Carrero Blanco, el autogolpe del 23F, el atentado del 11M, el fenómeno del 15-M, la moción de censura de mayo del 2018, el secesionismo catalán, y el alevoso pucherazo de las elecciones del 28-A de 2019. En todos estos casos se explican los hilos ocultos que conectan estos acontecimientos con los intereses de las oligarquías globalistas.

¿Cuál sería el horizonte final de estas traiciones contra España?

El objetivo final es la destrucción del Régimen del 78, para implantar una República Federal en la que España esté constituida por 17 comunidades-estado con práctica independencia, donde los poderes públicos serán sustituidos por corporaciones plutocráticas al servicio de las oligarquías mundialistas. Porque no hay que olvidar que el NOM persigue destruir los Estados-Nación para, en el vacío subsiguiente, acaparar el poder con sus falanges globalistas, arrasando con las riquezas nacionales para su propio beneficio. Es decir, quieren acaparar todos los recursos.

La secesión catalana, por supuesto, es otro fenómeno alentado por el mundialismo, que lo ha promovido con la intención de crear un problema para el que ofrecen el federalismo como solución. Es lo de siempre, el famoso y maquiavélico solve et coagula.

Por eso la banda de corruptos y traidores que nos malgobierna ha puesto tanto énfasis en el antifranquismo, porque, si el Régimen del 78 se constituyó de la ley a la ley, atacando el franquismo pretenden desprestigiar el Régimen que salió de él.

Para terminar, usted afirma en su libro que esta vasta conspiración contra España viene a ser como el primer acto del Armageddón, un episodio importantísimo en la lucha entre el Bien y el Mal, con lo cual proyecta la traición a nuestra Patria a un escenario apocalíptico. ¿Por qué es tan importante lo que sucede en España para el conjunto de la Humanidad?

España siempre ha estado a la vanguardia del mundo en los avatares históricos, porque, como dije anteriormente, siempre hemos sido el campo de experimentación de los grandes movimientos de la historia, que primero se ensayan en nuestra Patria antes de homologarlos para el resto del mundo.

Quizá hoy día nuestra mayor originalidad es que somos dos países en uno: las dos Españas. No es cierto que siempre hayamos tenido este conflicto bipolar, pues éste nació a raíz de la invasión napoleónica, cuando España se bifurcó entre afrancesados liberales y tradicionalistas absolutistas. La Guerra Civil fue la contienda entre estas dos Españas, que, tras su unificación bajo Franco, vuelven a estar enfrentadas ahora debido al guerracivilismo de la izquierda.

Al igual que nuestra Guerra Civil fue la antesala y el ensayo de la Segunda Guerra Mundial, el desaforado y traicionero ataque globalista a nuestra Patria que tiene lugar en la actualidad refleja la batalla entre dos mundos: la civilización occidental generada por el cristianismo y el clasicismo, y el Nuevo Orden Mundial, creación de «La Sinagoga de Satanás», que pretende arrasar los valores tradicionales e identitarios de las sociedades para instaurar su Gobierno Mundial, que será la sede donde se entronice el Anticristo, vicario de Lucifer. Es la eterna batalla ―ya declarada― del Bien contra el Mal.

Estamos en primera línea de fuego, en la vanguardia del combate porque nuestra dualidad como país encarna la oposición entre el Bien y el Mal, ya que la nacionalcatólica tradicional refleja el Bien, y la España jacobina y bolchevique encarna el Mal. De quién gane esta batalla dependerá una parte importante del futuro que nos aguarda.

No es mala suerte, porque si nos han elegido como protagonistas pioneros de esa lucha es porque ninguna otra nación está capacitada para acaudillar ese conflicto perenne entre el Bien y el Mal, que nos ha llevado de victoria en victoria. Somos el tablero de ajedrez donde se está jugando la decisiva partida en la que la Humanidad se alzará definitivamente hacia la luz, o se hundirá en las tinieblas del Averno.

Somos la vanguardia del Bien, y por eso se nos ha encomendado otra vez la tremenda responsabilidad de luchar en la avanzadilla de la historia contra las fuerzas de las tinieblas.

Dios salve a España.

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Mathieu Bock-Côté: “Ser un ‘ciudadano del mundo’ es lo mismo que ser un ciudadano de la nada”

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Ascen Corcuera (Revista Naves en Llamas).- El sociólogo canadiense Mathieu Bock-Côté se ha revelado durante los últimos años cómo uno de los críticos más acérrimos del consenso socialdemócrata impuesto a rajatabla en Occidente y es uno de los pensadores que mejor ha analizado cómo la progresiva implantación legal y cultural de la corrección política es, al final, una nueva forma de sofisticado totalitarismo.

Autor de libros como Le multiculturalisme comme religion politique y L´empire du poliquement correct (ambos sin traducir al español), Bock-Côté, colaborador habitual del diario francés Le Figaro y del periódico canadiense Le Journal de Montreal, está convencido de que, de hecho, es la propia reacción que está surgiendo contra lo políticamente correcto la que se encuentra detrás del ascenso a lo largo y ancho de Europa de los partidos populistas o de la nueva derecha. “Para entender la corrección política, no debemos simplemente contemplar ésta cómo algo que atañe a los medios de comunicación. Se trata, más bien, de un principio de recomposición del espacio público de acuerdo con la lógica del progresismo obligatorio”.

“Se ha dictado que nuestro tiempo es el de la revolución de la diversidad y esto se ha acompañado del despliegue de un dispositivo inhibitorio que censura directamente o induce a la autocensura de todos aquellos que se oponen a esto de una manera u otra. Además, se ha patologizado el desacuerdo y se ha psiquiatrizado. Esto se ve claramente en la inquietante multiplicación de las ‘fobias’ que los analistas de asuntos públicos creen que están diagnosticando, para posteriormente invitarnos a luchar contra ellas en nombre de una gran batalla que se librará entre la sociedad abierta y la sociedad cerrada. Xenofobia, islamofobia, eurofobia, transfobia: estos términos se han convertido en categorías de análisis del lenguaje ordinario de los medios de comunicación, sin ningún esfuerzo por definirlos, sin reconocer también que son menos descriptivos que prescriptivos. Estos términos son usados por la mayoría de los periodistas y comentaristas, quienes no se dan cuenta de que, al usarlos, también están revelando su sesgo ideológico”.

“Pero tomemos un.momento para definir estos términos. La simple crítica de la inmigración masiva y el multiculturalismo se asimila cada vez más a la xenofobia, al igual que se considera que la islamofobia critica al islamismo y al islamismo. Con el mismo espíritu, se acusará a quien desea restaurar la soberanía nacional de caer en la eurofobia y a quien cuestione la ideología de género, aunque sea la persona intelectualmente más preparada del mundo, se le acusará de transfobia. Cualquier que no acepte este diferencialismo militante es inmediatamente expulsado del campo de la respetabilidad político-mediática”.

“Esto se observa en particular en el uso cada vez más distorsionado que se hace en la vida pública contemporánea del concepto de racismo. El racismo es algo odioso, pero actualmente se asimila a cualquier negativa a comprometerse con el multiculturalismo. Cualquier afirmación de que algunas culturas no pueden cohabitar espontáneamente en la misma ciudad, debido a que los puntos de fricción entre ellas son más numerosos que los puntos de encuentro, es catalogada inmediatamente como de xenofobia. Pero cuanto más la ideología multicultural empuja a nuestras sociedades a la descomposición, cuantas más tensiones provoca la inmigración masiva, cuando la desconstrucción de los marcos antropológicos de la ciudad engendra más neurosis en las identidades, más quiere convencernos la propaganda al servicio del régimen diversitario que debemos disfrutar de una radiante convivencia. De este modo, lo políticamente correcto nos condena a evolucionar en un universo dividido del cual solo salimos convirtiéndonos en una figura aislada o, al menos, controvertida”.

“La política, sofocada por lo políticamente correcto, es incapaz de defender sus fronteras, dentro de las cuales los pueblos están siendo atacados por el temor de convertirse en extranjeros en su propio país. Pero las necesidades del alma humana son irreprimibles y, por ello, estamos presenciando el regreso de las naciones y de las civilizaciones. La feliz globalización ha quebrado y podemos esperar la reconstrucción de un nuevo orden del mundo en el que será menos violenta la necesidad de buscar un arraigo. Será un mundo que reconocerá el derecho a la soberanía nacional, que se liberará de la fantasía de su homogeneización jurídico-política y que se liberará de la figura del ciudadano del mundo, ya que, al final, ser un ciudadano del mundo es ser un ciudadano de la nada”.

1984 en 2019

“El 8 de junio de 1949 apareció el 1984 de George Orwell, una verdadera obra maestra de la literatura política. Contiene la mejor descripción del funcionamiento del totalitarismo y sus efectos en la conciencia humana. Orwell estaba señalando a la Unión Soviética. Pero la lectura de su libro maestro, setenta años más tarde, golpea: si el comunismo se derrumba, la tentación totalitaria, consustancial a la modernidad, se recompone hoy a través de una ideología diversa y políticamente correcta. Por ello, y aun cuando la democracia liberal lograra contener la amenaza totalitaria y preservar las libertades públicas, 1984 es una una luz esencial en 2019”.

“Orwell lo vio claramente: el totalitarismo instituye un mundo paralelo invertido y obliga a los que lo sufren a jurarle lealtad. Orwell había imaginado, en 1984, los ‘dos minutos de odio’, donde todos están invitados a expresar su odio al enemigo público del momento. Todo el mundo debía participar vigorosamente y con ostentación en esa catarsis pública. Esta escena tiene una equipración directa con nuestro mundo contemporáneo cunado la opinión pública se muetsra en guerra contra ‘la intolerancia’ o contra algo dictado por políticos y medios de comunicación que exige una indignación total. Ni tan siquiera guardar silencio sirve como medida de protección. El silencio enmascara ideas innombrables. Porque, bajo un régimen totalitario de vigilancia general, se rastrea no solo los pensamientos de culpabilidad, sino también los motivos ocultos, incluso cuando no están formulados. Cada uno debe ser su propio policía en nombre de una vigilancia virtuosa”.

“Sabemos los lemas orwellianos: ‘La guerra es paz; la libertad es esclavitud’; ‘La ignorancia es la fuerza’. Sin demasiado esfuerzo, podemos pensar en este mundo actual que quiere obligarnos a ver florecer una vida en conjunto en sociedades cada vez más fragmentadas y atravesadas por tensiones de identidad. O la asombrosa capacidad de la pedagogía oficial para presentar el colapso de la cultura general como una democratización del conocimiento. De la misma manera, cuanto más se esfuerza el islam por adaptarse al mundo occidental, más celebramos su contribución luminosa a nuestra civilización. Lo esencial está en la obligación que todos tienen de ver el mundo no con sus propios ojos, sino con las gafas ideológicas que proporciona el régimen”.

“Orwell marcó las conciencias con su denuncia de la ‘neolengua’, cuya función no es dar cuenta de lo real, sino oscurecerlo, bloquear los parámetros exclusivos de la ideología. El totalitarismo quiere aprovechar el lenguaje y hacerlo absolutamente transparente, liberado de cualquier forma de ambigüedad. Quién controla a la perfección el significado de las palabras, logra proscribir los términos que considera peligrosos para el pensamiento colectivo. Como dice un personaje en el libro, ‘el verdadero propósito de la neolengua es limitar los límites del pensamiento’”.

“Se podría argumentar sin exagerar que la creciente brecha entre el lenguaje de los medios y el popular evidencia una ruptura en las condiciones básicas de la experiencia democrática. Orwell, en 1984, repitió que la única esperanza de revuelta estaba del lado de los proletarios. Sin convertirlo en un profeta del populismo, se verá que vio entre las clases populares la última fuerza posible de resistencia contra la desproporción de la modernidad”.

“La tentación totalitaria que se está desplegando hoy en día significa alejarnos de la antigua civilización occidental y obligarnos a una utopía diversitaria que dará a luz al nuevo hombre, sin raíces ni sexo, sin naturaleza ni cultura, sin padres o hijos, y perfectamente maleable de acuerdo con los métodos de la ingeniería de la identidad. Sí, volveremos a leer a George Orwell no solo para comprender el mundo de ayer, sino también el que se está construyendo”.

Nota: Artículo publicado originalmente en la Revista Naves en Llamas

Fuentes:

http://premium.lefigaro.fr/vox/societe/mathieu-bock-cote-george-orwell-auteur-pour-notre-temps-20190614
https://www.journaldemontreal.com/2019/06/11/1984-en-2019
http://premium.lefigaro.fr/vox/societe/mathieu-bock-cote-le-multiculturalisme-n-est-pas-consubstantiel-a-la-democratie-liberale-20190607

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Malika Sorel: “La no asimilación terminará por poner en minoría los ideales franceses en su propio suelo

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Malika Sorel / Imagen: Youtube
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Ingeniera y profesora del MBA de Estudios Políticos de París, Malika Sorel ha sido miembro del Alto Consejo para la Integración, institución dependiente del Primer Ministro (francés). Es autora del libro “Décomposition française” (“Descomposición francesa”) (Editorial Fayard, 2015), que ha recibido el premio “Honor y Patria” de los Miembros de la Sociedad de la Legión de Honor.

Malika Sorel se rebela contra las declaraciones de Nicole Belloubet (Ministra de Justicia francesa) que ha afirmado que “Francia siempre se ha construido y agregado alrededor de un multiculturalismo secular”. La entrevistada recuerda la tradición asimiladora de dicho país.

– “Francia siempre se ha construido y agregado alrededor de un multiculturalismo secular; negarlo es no comprender nuestra historia”, ha declarado Nicole Belloubet en la Asamblea Nacional. ¿Qué le inspiran estas declaraciones?

Esa es la palabrería que se sirve al público desde hace ya un cierto tiempo. En realidad, desde que las élites políticas ya no pueden esconder la amplitud del desastre que han originado. La señora Belloubet es nueva en ese ámbito y no la hago corresponsable, por supuesto, pero eso que dice es falso.

Para empezar, su “siempre” lleva a algunas preguntas. ¿A qué periodo se remonta con precisión? Como lo ha evidenciado muy bien la historiadora Marie-Claude Blanc-Chaléard, al final de la época moderna Francia forma un mundo cuya población había aumentado en el propio territorio, y donde la inmigración nace con la llegada de campesinos italianos a partir de los años 1860-1870. Comparado con la larga historia de Francia, ese “siempre” de la ministra es bastante inapropiado.

Seguimos con el multiculturalismo: fuera de casos precisos heredados de la Historia y circunscritos a islas francesas lejanas y poco pobladas, el multiculturalismo no ha sido nunca una política francesa, y todavía menos un objetivo. Incluso ha sido todo lo contrario, como se puede ver en el Código Civil según el cual “nadie puede ser naturalizado si no justifica su asimilación a la comunidad francesa”. Y es en este punto preciso del respeto al Código Civil sobre el que las élites de mando –el mundo político y la alta administración- han fallado en un caso, y han traicionado en el otro.

Para comprender bien la complejidad de la asimilación, que sigue siendo la condición necesaria para formar un mismo pueblo, hay que repetir incansablemente que solo un italiano de cada tres se asentó en Francia, y que el 42% de los polacos de la ola de 1920-1939 no se quedaron, incluso cuando ninguna mejoría económica substancial podía justificar a primera vista la vuelta a su país. Así que imaginar que los flujos migratorios de culturas más alejadas que éstas puedan asimilarse mejor sale de los límites del sentido común.

La asimilación debe ser una elección libremente aceptada. No puede ser impuesta ya que influye enteramente en las facetas moral y afectiva de la persona. Hay que cuidar simplemente de que esa asimilación no se vuelva imposible. Cuando se evoca la inmigración y la integración cultural sistemáticamente se deja en silencio la dureza que constituye el exilio y los sufrimientos que puede causar. ¡Es incomprensible! En cuanto a la concesión de los documentos de identidad debe corresponder a una asimilación real y no a otras cuestiones.

¿Qué es lo que revelan esas declaraciones sobre la visión de Francia del partido en el poder? ¿Es el Presidente de la República favorable al multiculturalismo sin decirlo?

Siendo el partido en el poder una cacofonía continua me es difícil realizar un juicio en su conjunto, pero lo que veo me lleva a decir que tenemos bastante tela que cortar todavía.

En cuanto al Presidente ya he tenido ocasión de decir, durante la campaña presidencial, que no estábamos en la misma sintonía. Sigo pensando que Emmanuel Macron no domina estas problemáticas. Observo que busca, duda, toma posiciones, las afirma y después retrocede algunos meses más tarde…

Estimo, de todas formas, que eso es menos desesperante que la posición de otros políticos que persisten en sus errores y profundizan en su ignorancia.

Lo que está en juego a través de esta cuestión del multiculturalismo es vital para el destino del pueblo francés y de su civilización ya que todo proyecto de sociedad es el reflejo de la identidad de un pueblo.

Se trata de hablar de los principios fundamentales que estructuran la identidad. ¿Qué hacemos con la divisa de la República francesa cuando nos encontramos en presencia de culturas en las que el individuo no tiene derechos y no existe por sí mismo? ¿Qué hacer con la igualdad entre hombre y mujer si es considerada como una herejía? ¿A la basura? Lo mismo con la fraternidad si queda subordinada a las convicciones religiosas.

La no integración cultural o no asimilación aunque afecte solo a una débil proporción de los flujos migratorios, ya de por sí importantes, terminará antes o después por poner en minoría sobre el suelo francés los ideales políticos propios de la identidad francesa.

¿Continúa usted defendiendo un modelo de integración? En realidad, ¿es todavía aplicable en un contexto de inmigración de masas y de reagrupamiento por comunidades en barrios cada vez más homogéneos?

En este nivel de la discusión conviene evocar la inserción, que es el simple respeto de las reglas y normas del país donde se vive, incluso si no son compartidas en el fuero interno de la persona, ya que uno se adhiere a otras referencias culturales. Es a eso a lo que se somete cualquier francés cuando vive expatriado. Este respeto elemental es un imperativo sobre el que nuestra sociedad nunca hubiera debido transigir; sin embargo, se le ha llevado por el peligroso camino de los arreglos poco razonables de políticos entre los que una parte ignoraba la realidad de los desafíos mientras otros eran indiferentes ante los mismos.

En cuanto al modelo francés de integración, que es en realidad un largo proceso jalonado de cuestionamientos a veces dolorosos, conviene más que nunca rehabilitarlo si queremos trabajar por una vida en comunidad armoniosa y duradera.

Me pregunta usted por la inmigración de masas. Sí, ha convertido la asimilación en algo muy difícil, por la simple razón de que los flujos han persistido en gran cantidad incluso si los países de origen volvían a unos fundamentos religiosos que chocaban frontalmente con los principios de nuestra divisa republicana. Principios que se encuentran también, dicho sea de paso, en los otros países europeos. A partir de ahora, sucede que es posible vivir en un territorio sin tener que hacerlo a la misma hora que su vecino de escalera o que los habitantes de su mismo pueblo. En esas condiciones, la integración cultural se vuelve una misión imposible, y no es la escuela pública quien podrá hacerlo sola.

En lo que respecta al reparto a través del territorio, defendido tanto por la izquierda como por la derecha en las últimas décadas, incluso un niño comprendería, viendo las cifras, que eso no es ya una solución. Como recordatorio, ya en 1981, Georges Marchais, entonces secretario general del Partido Comunista francés, pedía “frenar la inmigración oficial y clandestina”. ¿Cuándo se sacará este tema de las divisiones partidistas?

Nicole Belloubet respondía a una pregunta de la oposición sobre la laicidad. ¿Debe ser intocable la ley de la laicidad de 1905? ¿La voluntad de Emmanuel Macron de plantear su reformulación le preocupa? ¿Por qué?

Siempre he dicho y escrito que la laicidad es el dique de contención que protege a Francia. Y lo sigo manteniendo. Todo el mundo sabe las consecuencias que se sufren cuando un dique se rompe. Recurriendo o no al concepto de laicidad todas las sociedades occidentales vivien según las leyes humanas. Las personas ejercen el derecho de dotarse de leyes que van a regir sus pueblos sin que esas leyes sean la transcripción de mandamientos divinos, además de que existe una jerarquía entre lo político y lo religioso.

Los golpes contra el dique son numerosos, no son recientes y se han intensificado con los años. Me acuerdo muy bien de un alto responsable político, que los medios presentaban como laico, y que explicaba en una entrevista de radio cómo los representantes políticos, sobre el terreno, podían esquivar la laicidad financiando lugares de culto mediante las concesiones a muy largo plazo así como la financiación de asociaciones culturales. Pregúntese: ¿Por qué tener cada vez más lugares de culto y no escuelas incluso cuando las encuestas PISA muestran cómo Francia se hunde en las clasificaciones educativas año tras año?

¿Es hoy la laicidad suficiente para responder al desafío cultural que plantea el islam? Además de la laicidad jurídica, ¿habría que añadir una afirmación de nuestra cultura y nuestra historia?

Numerosas situaciones que preocupan a nuestra sociedad no se refieren a la laicidad, sino al principio de igualdad y dignidad compartidas entre los sexos, retomando la expresión del islamólogo Abdelwahab Meddeb. Hay que evitar mencionar la laicidad para derribarla mejor o hacerla derribar por otros. La cuestión, ahora y siempre, nos lleva al proyecto político colectivo, es decir, al respeto de la identidad del pueblo francés. Cuando el presidente Macron, en abril de 2018, se preguntaba frente a unos periodistas: “¿Por qué la cuestión del velo nos da inseguridad? Porque no es conforme a la civilidad que hay en nuestro país”, aporta él mismo la respuesta que la sociedad espera de él. Como recordatorio, “civilidad” significa la observación de los usos de las gentes entre las que se vive en sociedad.

En Occidente, muchos de los que se afirman “progresistas” no lo son en absoluto, y han participado incluso empujando a Francia a una visión etno-racial de los individuos. No tengamos miedo de las palabras, se trata de una visión racista; cuando resulta que el proyecto francés de integración republicana es profundamente humanista. No se debería juzgar a la persona más que por sus obras. He conocido la buena época en la que, en Francia, nadie se preguntaba sobre el origen del otro, ni espiaba el contenido de lo que comía en su plato, ni le condenaba sobre la base de su nombre, nombre que sus padres le habían dado. Con el objetivo de evitar todo error recordaré aquí lo que ya he tenido ocasión de escribir a propósito de los nombres. No se puede juzgar a nadie sobre la base del nombre que recibió en su nacimiento. Simplemente, el nombre que esa persona dará también a sus hijos informará sobre la trayectoria en la que desea inscribir a su descendencia. Para su información, muchos de los miembros de las élites que he podido cruzar en los ámbitos de poder llevaban nombres cristianos. Y mientras yo defendía la identidad francesa, muchos de ellos la pisoteaban. Vivimos en una sociedad que se ha hundido en la hipocresía. Es natural, entonces, que una parte de los descendientes de inmigrantes que han escogido la vía de la asimilación no comprendan que se les eche en cara, e incluso que sientan a veces un intenso sufrimiento.

Recientemente, he asistido en el ayuntamiento de París a la proyección del documental sobre lo sucedido en Glières en 1944. El sentido del honor fue primordial para todos aquellos hombres. Es lo que recordó el Presidente de la asociación de Glières en las conmemoraciones del pasado 31 de marzo. Los participantes en Glières volvieron a levantar Francia en su honor y su orgullo.

¿Eso debe ser cuestión del pueblo o de las clases dirigentes?

De los dos, mi capitán. Lo que he oído y entendido me lleva a decirle que no hay que firmar un cheque en blanco a nuestros dirigentes. Hace ya cuarenta años que las élites occidentales cuentan la misma palabrería a sus pueblos. Al principio, se trataba de acoger poblaciones por razones humanitarias. En la actualidad, en todas partes, se les pide tolerancia teniendo que abandonar épocas enteras de su historia política y cultural. No se trata de un juego ya que todo esto podría acabar muy mal, incluyendo a las élites que han participado con su influencia en las opiniones públicas –es decir, no solo las élites políticas-sobre las que la desconfianza llega a niveles inéditos. No se empuja nunca impunemente a un pueblo en su propio territorio y, como ya lo escribió Víctor Hugo: “el símbolo más excelente del pueblo es el adoquín, se camina encima de él hasta que le cae a uno sobre la cabeza”.

En Francia haríamos mal en subestimar el alcance y el significado del movimiento de los “chalecos amarillos”. El sufrimiento es real y profundo. Como lo han subrayado los periodistas presentes en las rotondas desde el comienzo del movimiento, el tema de la inmigración salía muy rápido en las discusiones. ¡Con razón! Muchos ciudadanos se sienten abandonados en beneficio de recién llegados que son más pobres, en un momento en el que la escuela pública ya no cumple la promesa republicana de la ascensión social. El desclasamiento es el único horizonte para sus hijos. Esto amenaza el consentimiento a los impuestos y favorece la descomposición francesa. Es cierto que Macron ha heredado esta situación, pero hoy es él quien tiene el timón. Así que debe formarse de manera acelerada, escuchar, comprender y responder con empatía.

Debido a la evolución del electorado, numerosos políticos, para ser reelegidos, están obligados (o se creen obligados) a adaptar su comportamiento. De ahí un clientelismo abierto o larvado. He estado en primera fila para observar desde el interior hasta qué punto la clase política está obsesionada e incluso aterrorizada por la “diversidad”. Las sumas considerables de dinero inyectadas en las comunidades no han tenido el efecto que se esperaba. Peor todavía, han suscitado el resentimiento de unas hacia otras. En lugar de favorecer la cohesión, estas políticas han creado la división.

Es en el momento de esta evolución demográfica cuando los franceses deben hacer una lectura de las acciones políticas que se han desplegado en estos últimos cuarenta años. La clase política se ha atado de pies y manos. Es por eso que no espero ya demasiado del Parlamento cuando nos saca, de vez en cuando, la idea de aprobar cuotas anuales de inmigración mientras que el país no consigue garantizar un futuro decente a todos sus hijos.

Este asunto debe depender directamente del Presidente de la República, que tendrá que responder ante los franceses y ante la Historia. Los presidentes sin altura de miras trabajan para ser reelegidos pero los grandes, ocupándose del interés general, deben tener la ambición de inscribir su nombre en letras mayúsculas en la Historia de Francia y también en la de Europa.

(*) Entrevista publicada inicialmente en Le Figaro. Publicada en La Tribuna del País Vasco con autorización del autor. Traducción: Esther Herrera

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Juan Carlos Izpisúa: “Estamos a las puertas de una revolución biomédica donde podremos hacer otro ser humano, otra especie”

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Desde que terminó su doctorado en Bioquímica y Farmacología, Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), ha recorrido el mundo trabajando en el campo de la biología del desarrollo. Desde su laboratorio, contribuye a la creación de nuevas fronteras en la regeneración de órganos y tejidos y en frenar el envejecimiento.

¿Envejecer es completamente inevitable?

No, digamos que es negociable según la manera en la que interaccionamos con el medioambiente. El genoma de una persona hace cien años es el mismo que ahora, pero ha habido un aumento de treinta años en la esperanza de vida.

Si miramos una colonia de hormigas, la reina y las obreras tienen el mismo genoma, pero su comportamiento, su interacción con el ambiente, lo que comen –lo que marcaría su epigenoma– es distinto; de ahí que vivan una cantidad de tiempo muy diferente.

Gracias a la reprogramación celular, en 2016 consiguió alargar la vida de ratones, ¿en qué punto se encuentra la investigación para frenar el envejecimiento?

Todo va muy despacio. Aunque llevamos muchos años tratando de ralentizar el envejecimiento, no pensábamos que se podía revertir –es decir, rejuvenecer–. Quizás nuestro experimento de 2016 fue la primera vez. Sin embargo, todavía nos falta tiempo para entender bien qué fue lo que hicimos exactamente.

De momento, parece que cambiamos la epigenética del animal, no su genética. De ahí que hoy pensemos que esta información es fundamental para entender el envejecimiento.

El concepto de inmortalidad es ciencia-ficción hoy, pero ¿viviremos más y mejor?

No se trata de vivir más tiempo, sino de que nuestra vida sea más saludable, especialmente en los últimos años. Las estadísticas son claras: la cantidad de dinero que gastamos en nuestro último año de vida en la Seguridad Social equivale a todo lo que hemos gastado en los años anteriores.

El envejecimiento es el mayor factor de riesgo de enfermedad, así que si entendemos mejor ese proceso de degeneración, haremos que las patologías tarden más en aparecer o no sean tan drásticas.

¿Y será posible una vacuna contra el envejecimiento?

En un plazo no muy largo tendremos el conocimiento sobre aquellos factores que contribuyen a un envejecimiento más saludable. Y se podrán modificar en el laboratorio. No será tanto como una inyección o una vacuna, sino algo mucho más complejo. Pero estoy totalmente convencido de que en los próximos años vamos a poder mejorar el proceso del envejecimiento y retrasar la aparición de la enfermedad en la especie humana.

España es un país donde la donación de órganos es modélica y se empiezan a tener datos sobre cómo los órganos pueden vivir más de cien años gracias a los trasplantes. Se están haciendo experimentos consistentes en trasplantar en serie el mismo riñón en animales para ver cuánto tiempo pueden vivir y se está viendo que el ambiente influye muchísimo sobre la salud y el envejecimiento del órgano y, por lo tanto, del organismo. Y se trata de mejorar ese aspecto, no de ser inmortales.

¿Y cómo estamos en España en ese sentido?

La esperanza de vida aquí es mucho más alta que en EE UU. Uno de los motivos es que posee uno de los mejores sistemas sanitarios, que permite ir al médico sin tener que costearlo de forma privada. Eso hace que diagnóstico, prevención y tratamiento sean mucho más accesibles que en otras sociedades donde la seguridad social no es la misma.

La ironía es que en cuanto a la investigación –y la cura empieza en los laboratorios– es uno de los países donde hay menos apoyo. Es algo muy difícil de entender para mí ya que desarrollo mi actividad principalmente en EE. UU. donde la investigación desempeña un papel importante. Apoyar la investigación básica necesita de una cultura que nuestra generación desgraciadamente no ha experimentado. Esto no pasa con la investigación aplicada, en la que todos somos conscientes de su función.

Ya tenemos por primera vez en nuestro planeta dos niñas que poseen capacidades que están ausentes en la población. ¿Esperaban que pasara algo así en China?

Hace dos años en nuestro laboratorio hicimos el mismo experimento pero no lo llevamos a un ser humano. Fuimos los primeros en hacer esa modificación para prevenir la muerte súbita pero decidimos que esos embriones no se implantarían en la madre. Dos años después se han implantado. Era previsible que ocurriera.

Pertenece al comité de la Academia de Ciencias de EE.UU. ¿Será suficiente el aplazamiento global de cinco años para las aplicaciones clínicas de la edición genética en óvulos, espermatozoides y embriones humanos?

Hace un par de años elaboramos una serie de normas y me di cuenta de la diversidad cultural al llevarlo a otras sociedades. Estoy de acuerdo que en que se debe regular, pero el conocimiento no lo para nadie. Por eso estoy convencido de que modificaremos nuestras capacidades físicas e intelectuales. Y si se usa apropiadamente no será un problema sino un beneficio para la humanidad.

¿Qué se puede hacer para que la sociedad entienda la importancia de CRISPR (secuenciación del ADN) y no tenga miedo de su investigación?

Tecnologías como CRISPR ya están ayudando a que personas que iban a morir mañana, dejen de hacerlo. Pero no sabemos todavía todas las consecuencias que conlleva cortar el ADN; cualquier acto médico tiene riesgos y hay que poner en la balanza lo positivo y lo negativo.

Si no se toca la línea germinal no veo ninguna barrera ética que superar. Pero si se hace, es decir si se va a quedar permanente y pasar a las próximas generaciones, entonces desconocemos totalmente qué es lo que ocurrirá.

¿Se llegarán a curar algunas enfermedades?

Estamos realmente a las puertas de una verdadera revolución biomédica donde podremos hacer que el ser humano sea mejor o hacer otro ser humano, otra especie. Aunque perfectos nunca vamos a ser y se van a cometer errores. Pero no es el científico el que debe opinar si eso se debe o no aplicar. Es la sociedad la que debe decidir. En mi campo concreto estoy convencido de que vamos a vivir un poco más tiempo y lo vamos a hacer con mejor salud.

¿Seremos capaces de regular los baremos éticos y morales?

La primera persona que realizó un trasplante de riñón tuvo muchos problemas e incluso estuvo a punto de ir la cárcel. Han pasado 50 años desde entonces y no creo que haya alguna persona en el planeta que crea que salvar una vida gracias a este procedimiento no es ético.

Los baremos éticos cambian en función de los datos alcanzados, que demuestran que algo es bueno, pero también de las circunstancias personales. Modificar la línea germinal es algo que, en este momento, solo lo concibo para enfermedades mitocondriales para las que no existe una cura y condenan a muerte a los niños afectados.

En los otros casos todavía tenemos vías de seleccionar in vitro aquel embrión que no tiene la mutación. Por eso me pregunto la utilidad real de hacer ese cambio en la línea germinal. En el futuro, modificar el genoma para ser mejor y para tener una vida más saludable es una alternativa que va a convivir con nosotros.

Pero sí se espera que se generen desigualdades con la aplicación de CRISPR…

Cualquier progreso ha traído desigualdades al principio. Pero después se han equilibrado. Quizás uno de los avances más importantes en el mundo biomédico son las vacunas, que ahora mismo están extendidas por todo el mundo (y los países que más se benefician son precisamente los más pobres).

Pero si no se hace apropiadamente, estoy convencido que el poder modificar nuestro genoma generará unas desigualdades y una sociedad mucho peor que la que se está intentando arreglar hoy en día.

Obviamente en principio lo que se genere va a ser un conocimiento privado. ¿Y cómo nos vamos a beneficiar las personas que no podamos pagar por ese tratamiento? Es un problema que no soy capaz de resolver. Quizás en un país como España, en el que la sanidad es pública, deberíamos ser más conscientes de que el conocimiento tiene que ayudarnos a todos por igual.

El pasado año la revista Time le reconoció como una de las 50 personas más influyentes de 2018 en salud.

No sé bien lo que significa ‘ser influyente’. Lo más importante es que hagamos nuestro trabajo lo mejor que podamos. Lo que opinen otros es irrelevante. Uno tiene que estar a gusto con lo que hace.

En su ciudad natal le han puesto su nombre a un instituto, ¿qué les diría a los chicos y chicas en España que se plantean una carrera investigadora?

La educación de los niños es muy importante. Son ellos los que van a decidir qué va a ser la humanidad en 20 años. Hay que decirles lo que está ocurriendo en el laboratorio para que los políticos o administradores que salgan de esa generación puedan regular toda esta tecnología de forma adecuada. En sus manos está el futuro de la humanidad.

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