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Mujer, negra, inmigrante y asesina

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Rebeca Argudo (La Razón) Dice Nacho Escolar que hay un discurso del odio hacia Ana Julia Quezada, la asesina confesa de Gabriel Cruz, alentado por el hecho de ser mujer, negra e inmigrante. Y dice el colectivo Afroféminas que se está produciendo un racismo misógino alrededor de este caso. Y digo yo que qué pereza me dan ya.

Supongo que para ellos el hecho de que esta persona asesinara a un niño indefenso de ocho años no tiene nada que ver con esos sentimientos negativos que despierta en gran parte de nuestra sociedad. Ese odio se debe, claro está, al hecho de ser mujer, inmigrante y negra. Única y exclusivamente. Que haya acabado, con sus manitas, con la vida de un pequeño es irrelevante tanto para Escolar como para Afroféminas. Un insignificante dato biográfico que pesa muchísimo menos que el color de su piel o su nacionalidad. Vaya por Dios.

Hago como que me sorprende, porque yo soy muy melodrámatica y no desperdicio ocasión, pero hace ya tiempo que vivo constantemente asombrada. Es más, el asombro es mi nueva zona de confort, de tanto tiempo que hace que no salgo de él. Han dejado de causarme estupor los encajes de bolillos dialécticos de ciertos sectores de una izquierda, en caída libre intelectual, para que la realidad se ajuste exactamente a la idea preconcebida que de ella tienen. En sus preciosas cabecitas posmodernas, todos nosotros (Los Otros) somos una suerte de multitudinaria representación de Ebenezer Scrooge; solo que en lugar de odiar la Navidad y a los niños, odiamos, todos a una, a los negros y a las mujeres. Y a los homosexuales, los transexuales, los asexuales, los veganos, los monitores de pilates y al orfeón donostiarra, si se tercia. No hay minoría, oprimida o sin oprimir, a la que le hagamos ascos en lo que a odiar se refiere. ¡Menudos somos nosotros!

Tratemos de poner orden a todo esto: Ana Julia Quezada es la asesina confesa de un niño. Eso es motivo más que suficiente para que, de entrada, no despierte precisamente las simpatías del público. Fingió preocupación por el niño durante los doce días que duró la búsqueda, apareció consolando al padre, su novio, y participó en las batidas simulando gran sufrimiento y alimentando, incluso, la esperanza de la familia de encontrarlo con vida. No tuvo ni siquiera la humanidad de entregarse y confesar, de acabar voluntariamente con la incertidumbre y el sufrimiento de esa gente. Con todo esto, podría ser perfectamente un hombre blanco, heterosexual y natural de Burgos que, muy probablemente, sería uno de los individuos más odiados del país. Podría ser un enano disléxico, y nadie le odiaría más por su acondroplasia o por su dificultad para combinar con soltura los tonos de su indumentaria. Podría ser un oso panda bebé deslizándose risueño por un tobogán pintado con los colores del arcoíris mientra come algodón de azúcar y cae en una piscina de purpurina (no se me ocurre ahora mismo nada más adorable e hiperglucémico) y España entera, a lo Fuenteovejuna, le tendría ojeriza. Es más, quitando a cuatro histéricos con cuenta en redes sociales y poco conocimiento, al colectivo Afroféminas y a Escolar, no creo que a nadie más le importe demasiado ni que Ana Julia sea dominicana, ni que sea mujer, ni que sea inmigrante, ni que haya ejercido la prostitución. Este dato lo acabo de añadir yo por lo del dramatismo que contaba más arriba, pero ya ves lo que me importa a mí cómo se haya ganado la vida. A la mayoría de los españoles lo que nos importa es que una familia (una como la nuestra, normal y corriente, de infantería) ya no tiene entre ellos a un pequeño inocente, a una criatura que tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino de un monstruo (sin colores y sin nacionalidad).

Quiero pensar que Ignacio Escolar a lo que se refería, con bastante poco tino, es a que algunas personas han aprovechado las circunstancias para dar salida a su racismo y a su misoginia en sus manifestaciones, sobre todo en redes sociales. Y es cierto que se han leído ciertas exposiciones en ese sentido, algunos insultos haciendo referencia al color de la piel o a su condición de inmigrante, pero en absoluto me parece que sean sintomáticas de nuestra sociedad o dignas de mención, más allá de la reprobación o la crítica concreta y singular. Intentar que esos casos puntuales pasen por representativos del sentir general de todo un país me parece, como poco, irresponsable. Irresponsable y alarmista. Y a lo mejor un poquito oportunista también, ya puestos.

En “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, Oliver Sacks cuenta, entre otros, el caso del doctor P., un entrañable profesor de música que percibía los elementos que conformaban una escena por separado, identificándolos independientemente pero no como parte de un todo, siendo incapaz de reconocer la escena al completo. Además, solo era capaz de recordar los objetos situados a su derecha.

Hasta tal punto llegaba su incapacidad para identificar un objeto por encima de las partes que lo conformaban que, en una ocasión, confundió la cabeza de su esposa con su propio sombrero. En otra, su zapato con su pie. Hay veces, demasiadas últimamente, en las que creo encontrar al doctor P. en algunos de nuestros personajes más hipermotivados y supervitaminados. Parecen encontrar en toda escena social los mismos elementos, los que su agnosia les permite identificar, obviando por completo otras informaciones igual de válidas e importantes para conformar una visión global de la realidad, para percibirla y analizarla como el cuerpo poliédrico que es. Todos, siempre, intentando colocarse la cabeza de su señora donde debería ir su sombrero.

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La marchenera, en modo petenera

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Ya pasó en el 34 con el golpe revolucionario de Asturias y el ablandamiento de la calidad suprema de entonces, que se quedó en extra Castelblanch. Poquita almendra y nauseabunda blandenguería con los autores del intento bolchevístico -tras perder las elecciones del 33- como el pobre Largo, el escayolista-leninista, que se había quedado viudo el hombre y eso le valió escapar del tribunal militar que le hubiera ajustado las costuras, por lo de los más de mil muertos que puso el angelito de los ojitos azules.

Le condenaron a 30 años, que quedó en un bluf de viudito. Ahora andan con la unanimidad. Ellos sabrán. También demuestran cierta tendencia totalitaria y sospechosita, a ordenar donde deben ser enterrados nuestros muertos, y no se hable más, salvo que nos protejan los de los sombreritos de Estrasburgo de estas normativas privilegiadas -a medida del trauma- y obliguen a repetir la jugada que se comenta, entre risotadas.

Eso le valió a Franco, gracias al supremo de entonces, tenerle –al escayolista estuquista- de ministro de la guerra, de cuerpo presente, y durante los primeros seis meses de guerra -decisivos- que nunca se lo agradeció debidamente y eso debe reclamarlo a sus descendientes la vicepresidenta, la de Cabra –la caprese- con motivo de la profanación y consiguiente exaltación, cuando le monten los honores militares que le corresponden por antigüedad en el cargo, siguiendo las leyes en vigor para estos eventos honoríficos. ¿Por qué habría de ser de otro modo en plena postverdad y rigorismo autárquico? ¿Han tenido en cuenta la resolución del 19 de septiembre del parlamento europeo sobre la criminalidad del comunismo y del pacto Molotov-Ribbentrop como origen de la II Guerra mundial, con 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones? ¿Habrá que esperar a Vox en su nueva versión post-día 10 de noviembre, para que lo airée y exija las revisiones de rigor?

Indalecio, el hombre, pedía perdón cuando ya no había busilis. Al final la guerra civil, que era lo que buscaban estúpidamente los frentepopulistas, sin otros argumentos que el robo de actas y las reservas de oro que, si no les valió para ganar a Franco, tampoco les dio para mucho cuando trastrabillaban en la inepcia de los de la Frunze.

Al que sí le valió fue al malévolo enano de las viruelas locas y el bracito encogido, el jodido seminarista de Tiflis, que daba muy bien en la puerta de Alcalá, en tamaño estreno, aunque le oliese el aliento a muerto. Eso sí, los putos españoles republi-caines, víctimas de estos badanas, sufrieron el hambre que dejaron tras su paso por donde no les correspondía y que no se lo perdonan a Franco ni en la versión para menores.

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Tribunales

Cayetana Álvarez de Toledo: “Me cuesta disimular mi decepción con algunos aspectos de la sentencia”

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La portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, Cayetana Álvarez de Toledo, ha sido entrevistada este martes en ‘Herrera en COPE’ tras conocerse el fallo del procés. A su juicio, la sentencia representa la “derrota del totalitarismo” y demuestra que “no hay impunidad en España”.

“Estamos en una grandísima democracia y esta gente debería pedir perdón a la sociedad española y a sí mismos y a sus familias y plantearse si valía la pena todo esto: destrozar familias, romper una comunidad política, causar destrozos y devastación económica. Tienen que hacer una profunda reflexión que su entorno no está haciendo”, ha señalado.

Pese a ello, Álvarez de Toledo ha manifestado su disgusto con el fallo. “Me cuesta disimular mi decepción con algunos aspectos de la sentencia”, ha señalado. “Me resulta sorprendente que un golpe a la Constitución pase por una ensoñación para presionar y negociar”, ha justificado. Pese a ello, ha dicho que “esta decepción personal es compatible con la absoluta defensa del Estado de Derecho”.

La popular también ha dicho que tiene “dudas sobre la idoneidad de haber publicado esta sentencia en camapaña electoral”, pese a que era la fecha tope, pues de lo contrario el Supremo debería dejar en libertad a los ‘Jordis’ o ampliar su estancia en prisión provisional, lo que resultaría más difícil de justificar. “No creo que haya sido la mejor idea. Se podría haber postergado un mes”, ha dicho.

Sobre la posibilidad de que Vox capitalice las críticas al fallo, la popular ha dicho que el partido de Abascal “va a lo suyo. Harán sus valoraciones, pero yo no entro a valorar lo que haga para definir mi posición”.

La dirigente ha señalado que “lo que estamos viendo en Cataluña es un espectáculo intolerable. No son solo escuadrones en la calle, sino que esto está siendo jaleado por la autoridad política de la comunidad”. En este sentido, Álvarez de Toledo ha dicho que “el Estado tiene que poner todos los medios al alcance para frenar esto”, lo que implica “romper cualquier acuerdo político con quienes están jaleando la violencia”. Álvarez de Toledo ha dicho que si a Sánchez “le conviene electoralmente y coincide con el interés general”, actuará.

En cuanto a sus propuestas para Cataluña, la diputada ha hablado de “la aplicación de la ley siempre, proyecto político que dé incentivos a los constitucionalistas que se sienten desamparados desde hace 40 años, y unión constitucionalista verdadera, no solamente de boquilla o en momentos de crisis”. Para la popular, el PSC es “cómplice blanqueador del nacionalismo en Cataluña” y Pedro Sánchez es presidente en funciones gracias “a dos partidos cuyos líderes han sido condenados por subvertir el orden público”.

A su juicio, Casado es el candidato ideal para lograr estos, “pero tenemos que gobernar”. “Quizás se produzca la paradoja de que la persona que quiso convocar las elecciones sea la principal derrotada, ha dicho sobre los comicios del 10-N.

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Colaboraciones

Una pregunta a Pedro Sánchez

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Cárcel de Lledoners
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La Justicia depende de un tribunal y sus circunstancias. A los siete magistrados ya los conocemos, pero conviene tener en cuenta la necesidad de unanimidad y detenerse en la pobre legislación existente. Algunas preguntas:

  1. ¿Quién descafeinó la tipificación del delito de rebelión en la reforma del Código Penal (artículo 217 del CP de 1973)? El biministro Belloch, y el presidente González, en 1995.

  2. ¿Quién eliminó del Código Penal el delito de referéndum ilegal (artículo 506 bis)? El ministro Alonso y el presidente Zapatero, en 2005. Aquella medida había sido aprobada a finales de 2003 y contribuyó frenar el plan Ibarretxe.

  3. ¿Quién decidió entregar la competencia sobre las cárceles a Cataluña? El ministro Barrionuevo, y el presidente González, en 1983.

  4. ¿Quién decidió trasladar a los políticos independentistas presos a la cárcel de Lledoners, en Barcelona? El ministro Grande-Marlaska, y el presidente Sánchez, en 2018.

El elemento común a estas cuatro decisiones políticas es que fueron adoptadas por ejecutivos socialistas.

Ahora que nos gobierna otro presidente socialista y que hay elecciones el 10 de noviembre, conviene hacer una última pregunta tras un breve preámbulo:

Dado que los políticos sediciosos (¡se acabó lo de los políticos presos!) dormirán en una cárcel catalana bajo administración de la Generalitat, es posible que vean la luz del sol antes de la cuenta. Sólo en el caso de que la autoridad penitenciaria decidiera cambiarles antes de tiempo a un régimen de semilibertad (al tercer grado) la decisión sería recurrida y acabaría en manos del Tribunal Supremo, que previsiblemente la revocaría. Pero antes de traspasar esa línea roja hay al menos tres atajos que permitiría a los sediciosos empezar a salir a la calle: un permiso regular para un fin concreto, como el de Urdangarín (artículo 117); una actividad puntual como la de los etarras arrepentidos a los que un juez permitió hace unas semanas una visita cultural en el día en Logroño (artículo 114), o permitir a un recluso en segundo grado disfrutar de beneficios propios del tercer grado (artículo 100.2). Estas tres últimas decisiones, en caso de recurso, no acabarían en el Tribunal Supremo.

Por tanto, la pregunta final es: ¿está dispuesto Pedro Sánchez, del Partido Socialista, a aplicar el artículo 155 para recuperar ya mismo la gestión de las competencias penitenciarias, de forma que las decisiones sobre el cumplimiento de condena de Junqueras y compañía no las tome un empleado de la Generalitat, sino el Ministerio del Interior?

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