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Opinión

Reflexiones sobre el proceso penal

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El proceso penal español, está contaminado, de tal manera que ha puesto en evidencia una justicia cuya credibilidad, en la aplicación de los principios básicos constitucionales y procesales, han quebrado, alcanzando las cuotas más bajas de desprestigio del Poder Judicial.

Se aceptan acusaciones populares espurias de partidos políticos con objeto de sacar rentabilidad política.
Se efectúan imputaciones sin indicios sólidos que posteriormente se desvanecen por haber sido infundadas o precipitadas.

Se efectúan por la UDEF y la UCO informes no ya serios, sino atribuyéndose competencias de la Fiscalía.

Se hace un uso abusivo, arbitrario y desigual de la prisión preventiva.

Se condena ante la sociedad con la pena del telediario, en un escarnio público.

Se producen dilaciones indebidas e injustificadas que no tienen compensación posterior.

Se producen filtraciones a “determinados” medios de comunicación social, para premiar su fidelidad perruna al régimen, y cómo forma de estigmatizar a enemigos y adversarios políticos, a los que conviene “destruir”.

Se acusa con penas desproporcionadas por parte del Ministerio Público para posteriormente forzar conformidades.

La fiscalía tiene una total dependencia del Gobierno, y los fiscales no son autónomos, y estar organizados jerárquicamente, de forma que tienen que obedecer lo que les dicen sus jefes, nombrados a dedo, y con arreglo a criterios políticos, no profesionales, de formación, experiencia y competencia.

  1. No se repara el daño causado a la deshonra, prisión, en caso de absolución.

Mientras estas anomalías no se corrijan el proceso penal continúa contaminado y esa contaminación perjudica gravemente un proceso penal que debe ser escrupuloso en sus fases.

Jurista y secretario general del sindicato Manos Limpias


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¿Pacto de Estado PSOE-PP para septiembre?

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La desafección política de la sociedad española motivada por los sangrantes casos de corrupción del PP (cuyo paradigma sería la sentencia del Caso Gürtel), generó un tsunami popular de denuncia del actual déficit democrático, social y de valores originando un caos constructivo que facilitó la presentación de una moción de censura por parte de Pedro Sánchez, quien tras lograr el apoyo del resto de partidos de la oposición (excepto Ciudadanos), consiguió finiquitar el Gobierno de Rajoy y abrir un horizonte limitado en el tiempo que podría suponer el retorno del Bipartidismo. La estrategia electoral de Pedro Sánchez se basó en el mantra de la recuperación económica edulcorada con sibilinas promesas de aumento del techo de gasto autonómico, subidas salariales a funcionarios y jubilados así como reducciones fiscales al estar la sociedad española integrada por individuos unidimensionales que no dudaron en primar el “panem et circenses” frente al vértigo que suscitaba VOX, consiguiendo el PSOE una holgada victoria.

¿Se está tejiendo un Pacto de Estado PSOE-PP para septiembre?

La negativa de Pablo Iglesias a facilitar la investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno ante la negativa del PSOE a conformar un Gobierno de Coalición con ministros de Unidas Podemos, dejaría abierta la posibilidad de unas nuevas elecciones en el otoño que tendría como efecto colateral la inestabilización de la economía española al subir de forma desbocada la prima de riesgo. Descartado un Gobierno de Salvación PSOE-Ciudadanos por la intransigencia y miopía política de su líder, Albert Rivera,la mass media del establishment habría iniciado la cruzada mediática para presionar a Pablo Casado y convencerlo “en aras del interés general de España” de la necesidad imperiosa de una abstención del PP en la sesión de investidura de Pedro Sánchez.

En esta coyuntura, el PP estaría revisando su actual estrategia política para incorporar a su bagaje político la llamada inteligencia maquiavélica, consistente el uso de comportamiento cooperativos o combativos que le puedan reportar mayores posibilidades de adaptación en función de una situación concreta. Asimismo, la inteligencia mediática se distingue por una extraordinaria capacidad para encontrar las debilidades ajenas y utilizarlas en beneficio propio así como de realizar acciones complejas que pueden no ser entendidas en un principio por sus votantes pues sus metas se proyectan hacia un futuro mediato (léase abstención en la investidura de septiembre de Pedro Sánchez).

Así, tras el paréntesis veraniego, no sería descartable que Pedro Sánchez lograra ser investido como Presidente del Gobierno en septiembre al contar con la abstención del PP fruto del Pacto de Estado PP-PSOE que se estaría ya tejiendo entre bambalinas y que se terminará de perfilar para septiembre. Dicha abstención lograría esquivar la dependencia de Pedro Sánchez tanto de ERC como de Bildu, contaría con las bendiciones del establishment financiero y posibilitará futuros acuerdos de Estado entre PP y PSOE para escenificar la metamorfosis del Régimen del 78 mediante una reforma edulcorada de la actual Constitución siguiendo la máxima del gatopardismo (“Cambiar todo para que nada cambie”).

Asimismo, Pablo Casado pasaría a ser el interlocutor válido de Pedro Sánchez como líder de la oposición, no siendo descartable que el otrora partido estrella de la regeneracion democrática (Ciudadanos), se vaya diluyendo en sus contradicciones siguiendo la estela de la extinta UCD. El acuerdo PSOE-PP para facilitar la investidura de Pedro Sánchez incluiría la implementación del 155 en Cataluña en el supuesto de Declaración Unilateral de Independencia por el Parlament catalán y la posterior reforma del artículo 99 de la Constitución que otorgara un plus de diputados al partido vencedor de las elecciones y que tendría como último objetivo el retorno del Bipartidismo en un futuro mediato y condenar al ostracismo a Ciudadanos, Podemos, Vox y los nacionalismos vasco y catalán.


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La Torre de Babel

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Hace muchos siglos se vino abajo la mayor construcción humana llevada a cabo, como consecuencia de comenzar a no entenderse con tantas lenguas distintas usadas por los que construían la gran torre.

En España vamos camino de lo mismo: cargarnos la grandiosa obra de tener la segunda lengua más hablada del planeta. Ahí es nada!

Con Cataluña y Pais Vasco como punta de lanza, ahora le toca el turno a Baleares y Comunidad Valenciana.

Parece que a la Presidenta Armengol le queda corto lo de la vigilancia catalana de que los niños no usen el español ni en los recreos.

Así que prohibición absoluta del idioma cervantino en las escuelas. Aduce que en catalán se obtienen “mejores resultados”.

No sé qué entiende por mejores resultados. Tal vez que los millones de visitantes no entiendan nada en su estancia en las Islas. Tal vez.

O qué tal vez los resultados de matemáticas son más exactos en catalán. Tal vez.

En Valencia la cosa no pinta mejor. Ahí la nueva Ley de Función Pública fija como “mérito” para conseguir una plaza de médico el conocimiento del valenciano.

Como no podría ser de otra forma, el colectivo médico está encolerizado. Y le preguntan a la Consejera de Salud si un infarto se atiende mejor en valenciano que en castellano o euskera.

De momento, no hay respuesta.

En fin, que vamos camino de imitar a los babelinos. Luego vendrá el galego, bable, caló y silbo gomero…
Lo difícil es construir. Destruir es muy fácil.

Pena me da, oiga.


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Opinión

¿Por qué me fui de VOX en septiembre de 2014?

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Esta pasada semana estuvo cargada en lo personal de sucesos que me han tenido lejos de lo noticiable, aunque lo poco que he podido seguir es que “todo sigue igual”, como aquella canción que le dio el premio del Festival de Benidorm a Julio Iglesias allá por 1968, el año de aquel Mayo parisino que quizás supondría un antes y un después en la Universidad española y el inicio de esa corriente izquierdista que poco a poco se fue imponiendo, primero con cierta clandestinidad “simpática” y sin tapujo alguno a partir de 1982, cuyo alcance no se podía prever entonces, pero que ahora estamos viendo su efecto devastador en las siguientes generaciones. Siguen sin gobierno Madrid y Murcia, después de haber visto unidos en el sentido del voto a los dos populismos, de izquierda y derecha, para evitar lo que unos no querían por principio y otros juraban que llegaban para impedirlo, mientras sigue el flirteo entre el gobierno okupa en funciones y su socio “preferente”, uno de los que le ayudó a llegar. Lo dicho, “todo sigue igual”, tirando a peor, porque el tiempo pasa y cuesta el dinero público.

Y ante esta situación inmovilista que puede llevar a España al tsunami de una nueva cita con las urnas, o a varias, se me ha ocurrido remontarme en el tiempo y rescatar algunas de mis reflexiones sobre mi salida de VOX que no vieron la luz en su momento, aunque puede que las haya compartido a título personal en charlas de café con determinados interlocutores.

Como ya es sabido, mi baja del partido que pudo ser la alternativa a la podredumbre que por aquellos tiempos venía siendo mucho más presente de lo deseable en el Partido Popular –al menos eso creíamos bastantes de los ilusos que nos acercamos a su llamada-, se produjo tras nueve meses de militancia, un “parto” duro en el que los primeros tres meses fueron de ilusión que muy pronto se vio aflojar al comprobar que era más de lo mismo o peor, porque a partir del día de las elecciones europeas de 2014 se destapó el cisma que ya latía desde un poco antes, pareciendo que lo querían para seguir con los privilegios que la política activa otorgaba o para tratar de conseguir lo que esa política, de la que alguno vivió hasta entonces de apaño en apaño, no le había permitido consolidar convirtiéndolo en su chiringuito personal al que junto a sus tres fieles “mosqueteros” -uno de ida y vuelta según soplara el viento, el “señorito” y ahora portavoz Iván Espinosa- ha ido hundiendo año a año hasta que la “jugada de fortuna” de hace poco más de un año -para ellos, claro- les dio un impulso que ni los más optimistas pudieron imaginar y empezaron a aparecer, día sí, día también, en los medios de comunicación que antes denostaban, en una política evidente de “divide y vencerás” que le vino muy bien al Dr. Falconeti cum Fraude, sin duda diseñada por su jefe de Gabinete, el otro Iván, en este caso Redondo.

Fue poco después de la asamblea del 20 de septiembre de 2014 -ya había habido una fallida por innumerables defectos de forma y de fondo el 26 de julio anterior, que acabó como el rosario de la aurora, con la Policía Nacional y la Municipal en el recinto de San Chinarro ante sendas denuncias de varios militantes- cuando se consumó el “golpe” y la deslealtad ya patente de Santiago Abascal para con quien tan generosamente le había dado de comer recogiéndolo de la calle, donde lo dejaba el Partido Popular de Madrid. Deslealtad que, como apuntaba, ya se había puesto de manifiesto antes de las citadas europeas, pero que en un exceso de optimismo se permitió porque eran “chiquilladas que ya habrá tiempo de corregir conseguido el escaño”, para evitar hacer público un cisma interno que hubiera acabado con las expectativas de un partido que todavía no era nada en plena precampaña electoral. Craso error no haber cortado por lo sano en su momento.

Esta situación de cisma se puso de manifiesto ya sin tapujos el 26 de mayo -día siguiente al de aquellos comicios europeos-, cuando en un chat interno, uno de los principales “palmeros” de Santiago Abascal entonces -coordinador provisional de una conocida provincia castellana y hoy creo que también fuera del partido, aunque de ser así desconozco sus razones- dejó este mensaje: “2) compartir proyecto con personas como José Antonio (Ortega Lara), Santiago, Iván o Cristina (Seguí) es las personas que quiero llevar a mi lado” (sic, y bastante mal redactado, por cierto) -entonces, la señora ‘monjasterio’ era simplemente militante consorte de a pie-. Es decir, al parecer, este compañero, como le hice ver al entonces Secretario General provisional -Abascal- en la carta que le dirigí el 14 de junio siguiente -que nunca respondió, como era habitual en él-, no quería a su lado al resto del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Alejo Vidal-Quadras, José Luis González Quirós o Ignacio Camuñas -por citar sólo a los tres principales- y por ende a los que habíamos llegado al proyecto por ellos por lo que el 22 de septiembre me fui -como cientos de militantes- tras un verano de intentos vanos por parte de un grupo -al que nos bautizaron despectivamente como “Voxistas”- para salvar la esencia del partido, cuyo relato alargaría demasiado este artículo.

Y me fui también porque hasta esa fecha del 20S, el aspirante a presidir el partido esgrimía una serie de “principios” -antítesis del comportamiento personal que pudimos constatar en aquellos meses de cercana convivencia-, como su razón de ser para tan inmerecido propósito.

Entre otras cosas, VOX -o sea él- decía que defendía un “Modelo económico sostenible”; una “Educación de calidad”; a la “Familia y a la Vida”; las “Raíces cristianas de nuestra civilización” y la “Unidad de España”, entre otras cosas. Este era el discurso para convencidos fieles que no cuestionaban lo que dijera su carismático líder, con el que se presentaba a la elección como presidente, después de impedir candidaturas alternativas y fabricarse una desde el engaño al “candidato” con promesas que nunca cumplió para demostrar la “democracia interna” que nunca existió -ni existe, según leo en los últimos meses- en VOX. Pero como mi experiencia vivida en su entorno me decía que no estaba precisamente cerca de esos buenos puntos de partida, le escribí estos argumentos, contradictorios de su prédica, que ahora comparto con mis lectores:

  • Para defender un “modelo económico sostenible” hay que saber de qué se habla, empezando por explicar las propias cuentas del partido con claridad y detalle, lo que no se hizo nunca hasta entonces -después creo que tampoco- pese a las peticiones realizadas por muchos afiliados. Si las dos hojas con tres líneas presentadas en el conato de asamblea del 26J significaban que ‘las cuentas se explicaron…’, como decía en uno de sus comunicados para desinformados el ahora candidato, que baje Dios y lo vea.

  • Para defender una “educación de calidad en libertad” el entonces candidato no era el mejor ejemplo a seguir, pues distaba mucho en su día a día de demostrar esa “educación de calidad” que proponía -su trato déspota y totalitario con muchos militantes y la rueda de prensa del Club Siglo XXI del pasado enero son un buen ejemplo-.

  • Para defender “familia y vida” hay que demostrar que se cree en esos conceptos más allá de las meras palabras, muy bonitas para el discurso a fieles seguidores, “ignorantes” -que nadie lo tome como insulto personal- de la realidad. “Haz lo que yo diga pero no mires lo que yo haga” es una frase que forma parte de su “aserto intelectual”.

  • Para defender las “raíces cristianas de nuestra civilización” hay que demostrar en el comportamiento diario que se tienen esas raíces y que se trata de algo más que una frase para convencidos de la ‘causa’, sin entrar en más detalles.

  • Para defender la “unidad de España” hay que empezar por defender la unidad de “todos” los españoles en lugar de descartar a los que son críticos en su partido con la “doctrina” del carismático líder y permitir campañas de calumnias, amenazas y mentiras que lejos de unir separan.

Hasta aquí unas pequeñas pinceladas de lo que me alejó de VOX aunque el asunto daría para mucho más. Claro que, ahora caigo, no me acordaba de una de las frases que hicieron más popular al entonces Alcalde de Madrid, el desaparecido Profesor Tierno Galván, cuando dijo aquello de “Las promesas electorales se hacen para no cumplirlas”.

El populismo confluyente en Vistalegre de “soluciones sencillas para problemas complejos”, el oportunismo de aspirantes al poder público que todavía no lo habían probado o el desecho de políticos caídos de otros partidos y acostumbrados a la cosa pública, desde la que se vive muy bien, por no extenderme demasiado, hicieron el resto y así estamos, con el atisbo en el horizonte de una nueva crisis interna en VOX que ya veremos en qué acaba después del batacazo electoral en tan sólo cuatro semanas, en las que se quedaron por el camino la mitad de los votos de la “amarga victoria” de las elecciones generales.


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