Opinión
«¡Arriba España! ¡Arriba siempre!» por Fátima Pellico
Cae en mis manos no por casualidad la lista de militares que han firmado la declaración del Teniente General Perez Alamán y veo entre los nombres algunos muy conocidos para mí,dado que soy hija, más concretamente huérfana , del coronel de Ingenieros DEM y Estados Mayores Conjuntos Raúl Pellico Alonso.
Mi padre construyó a lo largo de los años una sólida carrera militar en puestos tales como la agregaduría militar de España en Hungría y varios países vecinos durante los años que van de 1998 a 2001 o el Ministerio de Defensa o el juicio del 23F en comisión de servicios, dejando por donde iba el pabellón muy alto ( y esto no es pasión de hija, es la realidad).
Bien,mi padre forma parte de una clase de hombre , de una clase de militar, curtido bajo las balas de los actuales hombres de paz, herederos indiscutibles de esos otros hombres tan enamorados de la paz de los cementerios donde tenían a bien enviar a todo aquel que vestía un uniforme y cuya misión es proteger la vida de los españoles, de todos sin excepción.
ESo es el Ejército y es la Guardia Civil y es la Policía Nacional: defensores a ultranza de todos y cada uno de los españoles, hasta de los que se merecen que se les deje morir en las riadas que se han dado varios años en VAscongadas. Esos hombres nunca han dejado de lado su obligación y su honor salvando vidas de gentuza que si no fuera porque se iban a morir arrastrados por al agua y estaban cagados de miedo con gusto empuñarían una pistola para asesinarlos. O una bomba lapa o una ametralladora…En eso sin duda nadie les gana en sapiencia.
La memoria de cada militar, guardia civil y policía que ha dado su vida en un atentado ( bueno, no la ha dado, se la han robado los asesinos de ETA con el apoyo implícito o explícito de mucha gente) ha sido pisoteada por esto que se ha dado en llamar de manera a todas luces ampulosa Gobierno y que realmente no me merece el menor de los respetos como española, como hija y nieta de militares y como nieta,bisnieta,etc, de la Benemérita. Y no soy la única.
Estoy con todos y cada uno de los militares que han mostrado su disconformidad con la actual situación de España y lo estaré siempre.
Quien vea en mis palabras una incitación al odio o un aplauso explícito a un supuesto golpe de estado militar que se olvide. No apoyo, a pesar de todo, un golpe de estado del que nadie está hablando. Sólo los cretinos y los enfermos de odio izquierdista ven golpes de estado por todas partes. Por mucho odio que derramen o muchas voces que intenten silenciar la Historia ya está escrita, y ellos fueron los subcampeones en 1939.
Algunos militares, afortunadamente muchos, han hablado porque tienen derecho y porque militar se es hasta la muerte.
Y muchos millones de españoles les apoyamos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

Rufino López
27/07/2024 at 20:34
En parte estoy de acuerdo en lo que dices, aunque matizaria algunas cosas.