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Barcelona venció por la mínima a la Real Sociedad para anotar su nombre en semis de Copa del Rey
El encuentro que abrió, oficialmente, los Cuartos de Final de la Copa del Rey, tuvo al FC Barcelona y a la Real Sociedad como protagonistas. Desde la previa, el partido se avizoraba como uno de los más prometedores de esta instancia, consideración que se terminó cumpliendo entre dos de los mejores equipos del fútbol español en la actualidad.
El triunfo y la clasificación quedó del lado de la oncena ‘Culé’, que se impuso por la mínima (1-0) a los de San Sebastián, en un partido disputado en su feudo, el Camp Nou, y donde el cuadro visitante, tercer ubicado en la presente Liga, no se dejó intimidar por el escenario, mostrando capacidades para poner en peligro al líder del campeonato doméstico.
Si bien el Barcelona hizo respectar su fortín y validó los pronósticos de strafe, el equipo volvió a evidenciar un bajón en lo futbolístico durante el segundo tiempo, al igual que le pasó contra el Getafe en la pasada jornada liguera, donde también sacaron las tres unidades por la mínima viniéndose a menos en el complemento y sufriendo más de la cuenta.
Después de un buen comienzo, los de Xavi se fueron quedando sin gasolina a medida que pasaba el encuentro, encontrando en un inspirado Dembélé al factor determinante para terminar llevándose la victoria e internarse entre los cuatro mejores de la competición.
El extremo francés, vivió una de sus mejores noches como jugador ‘Blaugrana’, sacando a relucir todo su potencial; desequilibrante en el uno contra uno e indetectable por el buen manejo de sus dos perfiles. Cuando los de casa parecían tener una merma en su juego durante el 2T, apareció la figura del campeón de mundo para resolver todo.
A los 52’, Koundé puso a correr a su compatriota por la banda derecha, luego de que este le ganara la espalda a sus marcadores. En velocidad, Dembélé ingreso al área y levantó la cabeza, viendo como Lewandowski entraba al área esperando la habilitación.
Sin embargo, el internacional francés aprovechó ese movimiento del polaco para, en lugar de mandar el centro rasante que era lo que pedía la jugada, sorprender a todos con un remate potente al primer palo que nunca se esperó Álex Remiro, que más allá de tocar el balón con las manos, no lo pudo sacar de la dirección de arco que llevaba, en la fracción 52’.
Aunado a eso, la Real Sociedad tuvo que estar más de medio partido con un hombre menos, puesto que, a los 40’ Brais Méndez vio la roja directa tras una fuerte entrada sobre Busquets, en una acción donde el jugador visitante llegó tarde a la acción y le terminó clavando los botines al capitán ‘Culé’ a la altura de la canilla, situación que dejó tendido y adolorido sobre el césped al mediocentro español.
En primera instancia, el juez del compromiso, Jesús Gil Manzano le sacó amarilla a Méndez, pero, después de ver la acción con detenimiento en el VAR, el colegiado cambió su decisión inicial y expulsó al elemento de la Real Sociedad, que estuvo por más de una hora con un hombre menos y, aun así, logró llevar peligro sobre la portería contraria.
Barcelona (31) es el club con más títulos de Copa del Rey
Con esa inferioridad numérica, la visita estuvo muy cerca de equiparar la pizarra, pero un grosero error debajo del arco de uno de sus atacantes los privó de conseguir la igualdad. Un centro raso de Kubo desde la izquierda, se paseó por el área barcelonista sin que nadie lo pudiese sacar, llegándole a donde se ubicaba Alexander Sörloth.
El delantero noruego, apareció por detrás de todos sin que nadie lo detectara, colocando el pie para marcar un gol que parecía estar hecho, pero su remate, de manera increíble, se fue por arriba del arco de ter Stegen, que estaba totalmente vencido.
Esta jugada dejó de manifiesto la disminución de nivel y ritmo competitivo del Barcelona en los periodos complementario de sus últimos encuentros, sin poder aprovechar el hombre de más que tenía sobre el campo y, peor aún, estando a nada de encajar un gol que les hubiese complicado el panorama.
Ahora, al Barcelona le tocará esperar por su rival en las semifinales, que se conocerá el lunes 30 de enero, cuando se realice el sorteo correspondiente. La ronda de semis se jugará a partidos de ida y vuelta, que se disputarán el 8 y 9 de febrero, y el 1 y 2 de marzo respectivamente, mientras que la final, en La Cartuja, en Sevilla, será el 6 de mayo.
La última vez que los dirigidos por Xavi se impusieron en este torneo, fue hace dos ediciones, en la temporada 2020/21, cuando alzaron su 31ª consagración copera.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
