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Internacional

Breve historia de Antifa (I)

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Por Soeren Kern.- El fiscal general de EEUU, William Barr, ha culpado a Antifa, movimiento «antifascista» militante, de la violencia que ha tenido lugar en las protestas registradas en todo el país por la muerte de George Floyd. «La violencia instigada y perpetrada por Antifa y grupos similares en los disturbios es terrorismo doméstico y será tratada como tal», afirmó.

Barr también dijo que el Gobierno federal tenía pruebas de que Antifa había «secuestrado» las protestas legítimas para «provocar el caos, disturbios violentos, incendios, el saqueo de comercios, el asalto de propiedades públicas, agentes del orden y gente inocente, incluso la muerte de un agente federal». Previamente, el presidente Trump había instruido al Departamento de Justicia para que designara a Antifa organización terrorista.

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La intelligentsia y los medios simpatizantes han aducido que Antifa no puede ser considerada una organización terrorista porque, dicen, es un movimiento de protesta de definición difusa que carece de una estructura centralizada. Mark Bray, apologeta de Antifa y autor del libro Antifa: manual antifascista, asegura que «no es una organización global con una cadena de mando».

La evidencia empírica y anecdótica muestra que Antifa está, de hecho, altamente conectada y bien financiada, y que tiene una presencia global. Cuenta con una estructura organizativa horizontal, con decenas y posiblemente centenares de grupos locales. No sorprende que el Departamento de Justicia norteamericano esté investigando a individuos ligados a Antifa para desentrañar la amplitud de la organización.

En EEUU, la ideología, las tácticas y los objetivos de Antifa han sido tomados prácticamente en su totalidad de grupos Antifa europeos, donde los denominados ‘grupos antifascistas’ llevan activos, de una manera u otra y de forma prácticamente ininterrumpida, desde hace un siglo.

¿Qué es Antifa?

Antifa puede ser descrito como un movimiento insurgente transnacional que pretende, a menudo con extrema violencia, subvertir la democracia liberal a fin de reemplazar el capitalismo global con el comunismo. La proclamada meta de Antifa, tanto dentro como fuera de EEUU, es establecer un orden mundial comunista. En EEUU, su objetivo inmediato es acabar con la Administración Trump.

Entre los enemigos de Antifa se cuentan las fuerzas de seguridad, por proteger el orden establecido. Tanto en EEUU como en Europa, Antifa suele emplear una violencia extrema en la destrucción de propiedades públicas y privadas para provocar la reacción de la Policía y demostrar así que el Gobierno es «fascista».

Antifa afirma oponerse al fascismo, término peyorativo de amplio espectro que a menudo utiliza para desacreditar a quien tenga ideas políticas distintas. El significado tradicional de fascismo, tal y como lo define el diccionario Webster, es «sistema de gobierno totalitario comandado por un dictador que ensalza el nacionalismo agresivo, el militarismo y a menudo el racismo».

Antifa asume la definición marxista-leninista de fascismo, por la que este se equipara al capitalismo. «La lucha contra el fascismo sólo se podrá ganar cuando el sistema capitalista sea destruido y se alcance la sociedad sin clases», dice el grupo alemán Antifaschistischer Aufbau München.

La Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), servicio de inteligencia alemán, consignó lo siguiente en un informe especial sobre el extremismo de izquierdas:

La lucha de Antifa contra los extremistas de extrema derecha es una cortina de humo. Su auténtico objetivo sigue siendo el «Estado democrático-burgués», que, en la interpretación de los extremistas de izquierda, acepta y promueve el «fascismo» como una forma de gobierno posible y por eso no lo combate lo suficiente. A fin de cuentas, arguyen, el «fascismo» está enraizado en las estructuras políticas y sociales del «capitalismo». Por eso los extremistas de izquierda, en sus actividades «antifascistas», se centran sobre todo en la eliminación del «sistema capitalista».

En la imagen, un hombre de edad avanzada, tras ser brutalmente golpeado por miembros de Rose City Antifa el 29 de junio de 2019 en Portland, Oregón.

Matthew Knouff, autor de An Outsider’s Guide to Antifa: Volume II [Guía Antifa de un outsider, vol. II] explica la ideología Antifa de esta manera:

«La filosofía básica Antifa se centra en la batalla entre tres fuerzas básicas: el fascismo, el racismo y el capitalismo; las tres están interrelacionadas, según Antifa (…) el fascismo es considerado la manifestación o fase final del capitalismo, siendo el capitalismo un medio de opresión, y el racismo un mecanismo opresivo vinculado al fascismo».

En el ensayo «What Antifa and the Original Fascist Have in Common» [Qué tienen en común Antifa y los fascistas primigenios], Antony Mueller, profesor alemán de economía que actualmente imparte clases en Brasil, describe cómo el anticapitalismo militante enmascarado en antifascismo revela el propio fascismo de Antifa:

«Luego de que la izquierda se apropiara del concepto de liberalismo y lo convirtiera en lo contrario de lo que significaba originalmente, el movimiento Antifa emplea una terminología falsaria para ocultar su verdadera agenda. Al denominarse ‘antifascista’ y declarar al fascismo su enemigo, el propio Antifa es un movimiento fascista de primer orden».

Los miembros de Antifa no son oponentes del fascismo, sino sus genuinos representantes. El comunismo, el socialismo y el fascismo están unidos por el anticapitalismo y el antiliberalismo.

Antifa es un movimiento fascista. Su enemigo no es el fascismo sino la libertad, la paz y la prosperidad.

Orígenes ideológicos de Antifa



Los orígenes ideológicos de Antifa pueden rastrearse hasta la Unión Soviética, hace casi un siglo. En 1921 y 1922, la Internacional Comunista (Comintern) desarrolló el denominado frente táctico unido para «unificar las masas trabajadoras por medio de la organización y la agitación (…) a escala internacional y en cada país» contra el «capitalismo» y el «fascismo», dos términos que a menudo se utilizaban indistintamente.

El primer grupo antifascista del planeta, Arditi del Popolo (Escuadrones del Pueblo), fue fundado en Italia en junio de 1921 para resistir el auge del Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini, que a su vez se creó para prevenir la posibilidad de una revolución bolchevique en la Península Itálica. Muchos de los 20.000 miembros de la formación, conformada por comunistas y anarquistas, se unieron posteriormente a las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española (1936-39).

En Alemania, el Partido Comunista local creó el grupo paramilitar Roter Frontkämpferbund [Liga de Combatientes del Frente Rojo] en julio de 1924, que acabó siendo proscrita por su extrema violencia. Muchos de sus 130.000 integrantes prosiguieron sus actividades de manera clandestina o en organizaciones como Kampfbund gegen den Faschismus [En Lucha-Alianza contra el Fascismo].

En Eslovenia, el movimiento antifascista militante TIGR surgió en 1927 en oposición a la italianización de las zonas étnicas eslovenas tras el colapso del Imperio Austro-Húngaro. El TIGR, que se desarticuló en 1941, estaba especializado en asesinar a policías y militares italianos.

En España, el Partido Comunista creó las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, que estuvieron activas en los años 30 del siglo XX.

El movimiento Antifa moderno toma su nombre de una organización denominada Antifaschistische Aktion, fundada en mayo de 1932 por los líderes estalinistas del Partido Comunista alemán. Se creó para combatir a los fascistas, término que éste utilizaba para calificar a los partidos procapitalistas del país. Su objetivo primordial era abolir el capitalismo, según una historia detallada de la organización, que tuvo más de 1.500 miembros fundadores y pasó a la clandestinidad en 1933, luego de que los nazis tomaran el poder.

El panfleto 80 Jahre Antifaschistische Aktion [80 años de acciones antifascistas] describe en detalle la continuidad histórica del movimiento Antifa desde sus orígenes ideológicos en la década de 1920 hasta el presente. En él se lee:

«El antifascismo siempre ha sido fundamentalmente una estrategia anticapitalista. Por eso el símbolo de la Antifaschistische Aktion nunca ha perdido su fuerza inspiratoria (…) El antifascismo es más una estrategia que una ideología».

En la posguerra, el movimiento Antifa alemán reapareció bajo varios avatares, como el movimiento contestatario radical estudiantil de la década de 1960, y hubo grupos insurgentes de izquierdas activos en los años 70, 80 y 90.

La Facción del Ejército Rojo [RAF, por sus siglas en alemán], también conocida como Banda Baader-Meinhof, fue una guerrilla urbana marxista que cometió asesinatos, atentados y secuestros con el objetivo de provocar una revolución en Alemania Occidental, a la que consideraba una secuela de la Alemania nazi. A lo largo de tres décadas, la RAF asesinó a más de 30 personas e hirió más de 200.

Tras el colapso del régimen comunista en Alemania Oriental en 1989-90, se descubrió que la RAF había recibido entrenamiento, refugio y suministros de la Stasi, la policía política de la propia RDA.

John Philip Jenkins, profesor de Historia en la Universidad de Baylor, ha descrito las tácticas de la RAF, que son similares a las que utiliza hoy Antifa:

«El objetivo de su campaña terrorista era provocar una respuesta agresiva del Gobierno, lo que pensaban desencadenaría un vasto movimiento revolucionario».

Ulrike Meinhof, fundador de la RAF, explicó cómo veía el extremismo violento de izquierdas a la Policía:

«El tipo que va en uniforme es un cerdo, no un ser humano. Eso quiere decir que no tenemos que hablar con él y que está mal hablar con esa gente. Y, por supuesto, puedes dispararles».

La periodista alemana Bettina Röhl, hija de Meinhof, sostiene que el movimiento Antifa es una continuación de la RAF. La principal diferencia es que, a diferencia de los de la RAF, los miembros de Antifa temen revelar sus identidades. En un ensayo publicado en junio en el diario suizo Neue Zürcher Zeitung, Röhl llamó asimismo la atención sobre el hecho de que Antifa no sólo es tolerado oficialmente, sino que el Gobierno alemán le paga para combatir a la extrema derecha:

«La RAF veneraba a las dictaduras comunistas de China, Corea del Norte, Vietnam del Norte, Cuba, que fueron transfigurados por la Nueva Izquierda como los países mejor situados en la ruta al mejor comunismo (…)

El florecimiento del radicalismo de extrema izquierda en Occidente, que golpea duramente en la inauguración de la sede del Banco Central Europeo en Fráncfort, en cada cumbre del G-20 y en cada Primero de Mayo en Berlín, ha conseguido el más alto nivel de reconocimiento por el Estado, en buena medida gracias al apoyo de numerosos diputados, periodistas y expertos prominentes.

Comparada con la RAF, la Antifa militante sólo carece de rostros relevantes. Por cobardía, sus miembros se tapan la cara y ocultan sus nombres. Antifa amenaza constantemente con la violencia y con atacar a políticos y oficiales de policía. Promueve ataques insensatos y onerosos contra la propiedad. Aun así, la diputada Renate Künast (Verdes) denunció recientemente en el Bundestag que los grupos Antifa no han sido adecuadamente financiados por el Estado en las últimas décadas. Künast quiere que «las ONG y los grupos Antifa no tengan que estar siempre luchando por conseguir dinero y lograr sólo contratos de corta duración de año en año». A esto aplaudieron sus correligionarios de Alianza 90/Los Verdes y diputados de izquierdas y del SPD.

Cabe preguntarse si Antifa es una suerte de RAF oficial, un grupo terrorista que recibe dinero del Estado a guisa de ‘combatir a la derecha’».

La BfV alemana explica la glorificación de la violencia por parte de Antifa:

«Los extremistas de izquierdas consideran que el capitalismo provoca guerras, racismo, desastres ecológicos, desigualdad social y gentrificación. Así pues, capitalismo no remite a un mero orden económico. En el discurso ultraizquierdista, determina el orden social y político, así como la idea de una reorganización social y política radical. La democracia parlamentaria, denominada «burguesa», debe ser superada [por la vía anarquista o por la comunista].

Por esta razón, los extremistas de izquierda suelen ignorar o legitimar las violaciones de los derechos humanos en dictaduras socialistas o comunistas, o en Estados que ellos consideran amenazados por Occidente. A día de hoy, tanto los comunistas ortodoxos como los activistas autónomos justifican, ensalzan y celebran a la organización terrorista de izquierdas Facción del Ejército Rojo o a terroristas de izquierda extranjeros como supuestos «movimientos de liberación» o incluso como ‘combatientes de la resistencia’».

En el Reino Unido, la Anti-Fascist Action (AFA), grupo militante antifascista fundado en 1985, alumbró el movimiento Antifa en EEUU. En Alemania, la Antifaschistische Aktion-Bundesweite Organisation (AABO) fue fundada en 1992 para combinar los esfuerzos de pequeños grupos antifascistas desperdigados por el país.

En Suecia, Antifascistisk Aktion (AFA), fundado en 1993, tiene un largo historial de violencia contra sus oponentes. En France, L’Action Antifasciste es conocida por su fiera oposición al Estado de Israel.

Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y el colapso del comunismo en 1990, el movimiento Antifa abrió un nuevo frente contra la globalización neoliberal.

Attac, fundada en Francia en 1989 para promover una tasa global a las transacciones financieras, ahora lidera el denominado movimiento alterglobalizador, que, como el Movimiento por la Justicia Global, se opone al capitalismo. En 1999 hizo acto de presencia en Seattle durante las violentas manifestaciones que llevaron al fracaso de las negociaciones de la OMC. Attac participó asimismo en manifestaciones anticapitalistas contra el G7, el G20, la OMC y la guerra de Irak. Hoy, la asociación está activa en 40 países, con un millar de grupos locales y cientos de organizaciones de apoyo. La estructura descentralizada y no jerárquica de Attac parece ser el modelo de referencia de Antifa.

En febrero de 2016, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional dio cuenta de los fundamentos políticos del movimiento global contra la guerra, que, como Antifa, culpa al capitalismo y al globalismo neoliberal de la existencia de conflictos bélicos:

El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, dado que no puede haber una lucha seria contra la guerra sin luchar para poner fin a la dictadura del capital financiero y del sistema económico que es la causa fundamental del capitalismo y la guerra.

En julio de 2017, más de 100.000 manifestantes antiglobalización y antifascistas se reunieron en Hamburgo para protestar por la cumbre del G20. Las turbas izquierdistas devastaron el centro de la ciudad alemana. Un grupo Antifa denominado Bienvenido al Infierno, G20 presumió de cómo había conseguido movilizar a grupos Antifa de todo el mundo:

Las movilizaciones del verano han sido preciosos momentos de encuentro y cooperación de grupos izquierdistas y anticapitalistas y de redes europeas y del resto del mundo. Hemos compartido experiencias y luchado juntos, asistido a encuentros internacionales, sido atacados por policías apoyados por el ejército, reorganizado nuestras fuerzas y contraatacado. El movimiento antiglobalización ha cambiado, pero nuestras redes permanecen. Estamos activos en nuestras regiones, ciudades, villas y bosques. Pero también luchamos transnacionalmente.

El servicio alemán de seguridad añadió en un informe anual:

«Las estructuras de la extrema izquierda trataron de volver en su favor el debate público sobre las protestas violentas por la cumbre del G20. Con la distribución de fotos e informes sobre supuestas actuaciones desproporcionadas de la Policía durante las protestas, promovieron la imagen de un Estado que condena las protestas legítimas y las reprime con violencia policial. Contra ese Estado, dicen, la «resistencia militante» no sólo es legítima sino necesaria».

La segunda parte de esta serie examinará las actividades de Antifa en Alemania y EEUU.

(Gatestone Institute)


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Internacional

Trump: «No vamos a permitir que la extrema izquierda borre nuestra historia, adoctrine a nuestros niños y abuse de nuestras libertades»

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La nación comenzaba a celebrar su 244 aniversario con fuegos artificiales y Donald Trump pronunciaba las últimas palabras de su discurso anual por el 4 de julio en la Casa Blanca, cuando finalmente la estatua de Cristóbal Colón de mármol de Carrara que llevaba en el puerto de Baltimore desde 1984 fue derribada por una turba armada con maromas, que después arrastró los pedazos que quedaban hasta un embarcadero y los lanzó al agua del puerto, entre gritos y cánticos.

Han caído ya varias estatuas de Colón en todo el país desde que estalló la protesta racial en Estados Unidos a finales de mayo, pero esta en concreto era especial, orgullo de la comunidad italoamericana de una de las grandes ciudades de la costa este, inaugurada en 1984 por Ronald Reagan en persona.

Momentos antes, Trump, en su discurso en Washington, dijo: «No vamos a permitir que una turba de extrema izquierda tire nuestros monumentos y borre nuestra historia, adoctrine a nuestros niños y abuse de nuestras libertades. Preservaremos nuestros valores, tradiciones, costumbres y creencias. Enseñaremos a nuestros hijos a querer y adorar a su país para que puedan construir su futuro. Juntos lucharemos por el sueño americano, y defenderemos, protegeremos y preservaremos el estilo de vida americano, que comenzó en 1492 cuando Colón descubrió América», dijo ayer Trump en la Casa Blanca durante la celebración del 4 de julio, día de la independencia estadounidense.

Fuegos artificiales

Caía la noche sobre la costa este de EE.UU. y comenzaban los tradicionales fuegos artificiales. También en Baltimore, a apenas 60 kilómetros de Washington. Justo entonces, una multitud de unas 300 personas se había congregado alrededor de la estatua de Colón en el barrio conocido como Pequeña Italia, justo frente al puerto. La ataron con unas maromas, tiraron de ella y la lanzaron al suelo. La escultura perdió en la caída la cabeza. Un grupo que se hace llamar Baltimore Bloc se atribuyó la autoría del derribo en redes sociales, donde compartió el vídeo de la caída del navegante y virrey de la corona de Castilla con el mensaje: «Acaban de deportar a Colón».

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La estatua de mármol de Carrara fue inaugurada el 12 de octubre de 1984, en un acto solemne en el que dio un discurso el entonces presidente Reagan. Era uno de los tres monumentos que hay en Baltimore, la mayor ciudad de Maryland, dedicados al navegante, incluido un obelisco que fue erigido en 1792 para conmemorar el 300 aniversario de su travesía. Baltimore goza de una importante comunidad italoamericana, de la que procede la actual presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, cuyo padre fue alcalde de la ciudad entre 1947 y 1959.

Los demócratas de California, donde ahora reside Pelosi, retiraron recientemente una estatua de Colón y de la reina Isabel la Católica de una sala del Capitolio estatal en Sacramento. La presidenta de la Cámara ha mantenido silencio al respecto. El candidato demócrata Joe Biden sí se ha pronunciado, y ha pedido que se deje en paz al menos a las estatuas de Colón. Los manifestantes también han atacado monumentos dedicados a conquistadores españoles y a fray Junípero Serra, fundador de nueve misiones en California, nacido en Mallorca.

El alcalde de Baltimore, el demócrata Bernard C. Young, ha defendido a quienes perpetraron el derribo. «Entendemos su dolor. Lo que la ciudad quiere hacer es servir como modelo nacional, particularmente dado el modo en que hemos afrontado estas protestas. Hemos visto que las personas que han salido a las calles, las hemos apoyado. Vamos a seguir apoyándolas. Y punto», dijo el edil a través de un portavoz. Preguntado por el diario «The Baltimore Sun» sobre qué hizo la Policía ante el derribo, el alcalde respondió: «Nuestros agentes en la ciudad de Baltimore están principalmente ocupados en la preservación de la vida. Eso es sacrosanto. Todo lo demás es secundario, incluidas las estatuas».

El presidente Trump centró sus discursos de celebración del 4 de julio en la preservación de la memoria histórica y del patrimonio artístico. De hecho, ha instado a la Fiscalía, por decreto, a que pida 10 años de prisión para aquellos que vandalicen monumentos de propiedad federal. Además, ha propuesto la creación de un nuevo parque nacional con estatuas de figuras históricas estadounidenses, un «jardín de héroes», donde tendrían lugar líderes religiosos como el reverendo Billy Graham, los presidentes Reagan, George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, además de Martin Luther King Jr., Daniel Boone, Davy Crockett, Frederick Douglass, Amelia Earhart, Douglas MacArthur, Harriet Tubman, y muchos más.

«Los héroes americanos derrotaron a los nazis, derribaron a los fascistas, derrocaron a los comunistas, salvaron los valores americanos, defendieron los principios americanos y persiguieron a los terroristas hasta los confines de la tierra. Ahora estamos en el proceso de derrotar a la izquierda radical, los marxistas, los anarquistas, los agitadores, los saqueadores y demás gente que en muchos casos no tienen ni idea de lo que están haciendo», dijo el presidente en la Casa Blanca.

Tras el derribo de la estatua de Colón en Baltimore, la siguiente en caer será la de Filadelfia, por orden, en esta ocasión, del gobierno municipal, después de que varios intentos de hacerla caer por la fuerza hayan provocado disturbios. El año pasado, un concejal de Washington, la capital, propuso hacer lo propio con otra escultura del navegante que se halla junto a la estación de trenes nacional.

La Embajada española en Washington ha lamentado los ataques a estas estatuas en varias comunicaciones públicas. El Gobierno español, sin embargo, no ha tomado ninguna medida concreta al respecto. Son los líderes de la comunidad italoamericana quienes defienden a Colón, pues nació en Génova. A otros personajes históricos españoles, como fray Junípero, los ha defendido la Iglesia Católica, que ha armado una campaña de comunicación en defensa de su imagen.


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Internacional

Cientos de miles de estadounidenses firman una petición para «declarar a George Soros terrorista y confiscar todos sus bienes»

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Una petición para declarar al multimillonario de extrema izquierda George Soros como “terrorista” y confiscar todos sus activos se ha vuelto viral.

La petición “Nosotros, el pueblo” , alojada en el sitio web oficial de la Casa Blanca, pide que los activos de las organizaciones de Soros sean confiscados por el gobierno de los Estados Unidos bajo la ley RICO.

Después de ser compartida a lo largo y ancho de las redes sociales, la campaña ha acumulado la asombrosa cifra de 216.158 peticiones (en el momento de la publicación) .

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La petición llama al Departamento de Justicia (DOJ) para «declarar inmediatamente a George Soros y todas sus organizaciones y miembros del personal como terroristas domésticos».

También exige que el Departamento de Justicia que «toda su riqueza personal y los bienes de sus fundaciones y asociaciones sean incautados bajo la ley de Confiscación de Activos Civiles».

La petición se puede firmar en el sitio web “We the People” (Pinche aquí)

El texto completo de la petición viral es el siguiente:

«George Soros ha intentado desestabilizar y cometer actos de sedición contra los Estados Unidos y sus ciudadanos, ha creado y financiado docenas (y probablemente cientos) de organizaciones discretas cuyo único propósito es aplicar el modelo terrorista Alinsky para facilitar el colapso de los sistemas y el gobierno constitucional de los Estados Unidos, y ha desarrollado una influencia malsana e indebida sobre todo el Partido Demócrata y una gran parte del gobierno federal de los Estados Unidos. Por ello, el Departamento de Justicia debe declarar de inmediato a George Soros y todas sus organizaciones y miembros del personal terroristas domésticos, y confiscar toda su riqueza bajo la ley de Confiscación de Activos Civiles».

Como explica el sitio web “Nosotros, el pueblo”, la plataforma de peticiones faculta a todos los ciudadanos estadounidenses a “convertirse en agentes de cambio”.

Establece que si una petición logra 100.000 firmas en 30 días, la Casa Blanca «se asegurará de que se presente ante los expertos correspondientes»:

 


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Europa

La determinación francesa para poner fin a la libertad de expresión

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Por medio de una nueva ley, el Gobierno francés ha decidido delegar la censura estatal en plataformas online como Facebook, Google, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat. De ahora en adelante, unas compañías privadas se verán obligadas a actuar como policía del pensamiento por cuenta del Estado francés so pena de fuertes multas.
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Por Judith Bergman.- El 13 de mayo, el Parlamento francés adoptó una ley que requiere a plataformas online como Facebook, Google, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat[1] que retiren el contenido reportado como «promotor del odio» en 24 horas y en una hora el reportado como «terrorista». De no hacerlo, podrían ser objeto de multas exorbitantes, de hasta 1,25 millones de dólares o del 4% de los ingresos globales de la plataforma en caso de que persista en su negativa.

Como es frecuente en las leyes europeas sobre los discursos de odio, el espectro del contenido online considerado «odioso» bajo la denominada Ley Avia (en referencia a la legisladora que la promovió) es muy amplio e incluye «la incitación al odio, o el insulto discriminatorio en función de la raza, la religión, la etnia, el género, la orientación sexual o la discapacidad».

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Esta norma francesa está directamente inspirada en la controvertida ley alemana NetzDG, adoptada en octubre de 2017 y explícitamente mencionada en el preámbulo de aquélla.

«Este proyecto de ley pretende combatir la difusión del discurso del odio en internet», se lee en la introducción de la Ley Avia.

Nadie puede discutir la exacerbación del discurso del odio en nuestra sociedad (…) los ataques al otro por lo que es, por sus orígenes, sus creencias religiosas, su sexo o su orientación sexual (…) remiten (…) [a] las épocas más oscuras de nuestra historia (…) la lucha contra el odio, el racismo y el antisemitismo en internet es un objetivo de interés público que justifica (…) provisiones efectivas y poderosas (…) esta herramienta de apertura al mundo, de acceso a la información, a la cultura, a la comunicación [está haciendo referencia a internet], puede convertirse en un auténtico infierno para quienes se convierten en objetivo de ‘haters’ o de acosadores ocultos tras las pantallas y los pseudónimos. Según una encuesta llevada a cabo en mayo de 2016, el 58% de nuestros conciudadanos consideran internet el nodo principal del discurso del odio. Más del 70% dicen habérselas visto con el discurso del odio en las redes sociales. El ciberacoso puede ser devastador, sobre todo para la gente joven (…) Sin embargo (…) se presentan pocas denuncias, pocas investigaciones concluyen exitosamente y se dictan pocas sentencias: todo esto crea un círculo vicioso (…)

Tras reconocer que el «odio» online es complicado de perseguir con la legislación existente, porque «se presentan pocas denuncias, pocas investigaciones concluyen exitosamente y se dictan pocas sentencias», pero aún así confiado en que la censura es la panacea para los problemas percibidos, el Gobierno francés decidió delegar la tarea de la censura estatal en las propias plataformas online. De ahora en adelante, unas empresas privadas se verán obligadas a actuar como policía del pensamiento por cuenta del Estado francés so pena de exponerse a fuertes multas. Como en Alemania, esa ley hará que las plataformas exhiban un celo desusado en la eliminación o bloqueo de todo lo que pueda ser percibido como odioso, para evitar las sanciones.

El propósito de la ley parece ser doble: a la censura efectiva mediante la eliminación o el bloqueo de comentarios hay que sumar las (inevitables) consecuencias de la censura sobre el debate online en general. «La gente se lo pensará dos veces antes de cruzar la línea roja si sabe que es muy probable que se le pidan cuentas», afirmó la ministra francesa de Justicia, Nicole Belloubet, en unas declaraciones que sonaron ominosas en boca de un miembro de un Gobierno de un país que aún se sigue proclamando democrático.

Desde el primer momento, cuando el presidente del país, Emmanuel Macron, encargó a un grupo liderado por Laetitia Avia que confeccionara la ley, ésta ha sido objeto de críticas. Así, la Comisión Consultiva Nacional de Derechos Humanos la criticó por incrementar el riesgo de censura, y la La Quadrature du Net, organización que lucha contra la censura y la vigilancia online, advirtió de que «los breves plazos para la retirada y las cuantiosas multas incentivarán a las plataformas a hiper-eliminar contenido». La organización en defensa de la libertad de expresión Article 19, con sede en Londres, afirmó que la ley representa una amenaza para la libertad de expresión en Francia. Gabrielle Guillemin, de dicha organización, sostiene:

La Ley Avia permitirá en la práctica al Estado francés delegar la censura online en las compañías tecnológicas dominantes, de las que se esperará que actúen como juez y parte a la hora de determinar qué es un contenido ‘manifiestamente ilegal’. La Ley atañe a una amplia gama de contenidos, así que no siempre tomarán la decisión correcta.

El Gobierno francés ha ignorado las preocupaciones manifestadas por grupos en defensa de la libertad de expresión y de los ciberderechos, y el efecto será demoledor para la libertad de expresión online en Francia.

Dados los plazos de que dispondrán las compañías para responder, hemos de esperar que pequen de exceso de precaución cuando tengan que decidir si un contenido es legal o no. Igualmente, habrán de emplear filtros que, inevitablemente, les llevarán a una sobre-retirada de contenido.

La ley también ha topado con rechazo en Francia. El 22 de mayo, Guillaume Roquette, director editorial de Le Figaro Magazine, escribió:

«Con el pretexto de combatir el contenido ‘odioso’ en internet, [la Ley Avia] implanta un sistema de censura que es tan eficaz como peligroso (…) el ‘odio’ es el pretexto al que recurren sistemáticamente quienes quieren silenciar las opiniones disidentes.

Este texto [la ley] es peligroso porque, según el abogado François Sureau, «introduce la penalización criminal de… la conciencia». Es peligroso (…) porque delega la regulación del debate público (…) en internet en multinacionales norteamericanas (…) Una democracia digna de tal nombre debería aceptar la libertad de expresión».

Jean Yves Camus, de Charlie Hebdo, ha dicho que se trata de «un placebo para combatir el odio» y señalado que «hiperenfocarse en el odio online» enmascara el auténtico peligro:

«No fue el odio online lo que mató a Ilan Halimi, Sarah Halimi, Mireille Knoll, las víctimas de Bataclan, el Hyper Cacher y Charlie; fue una ideología denominada antisemitismo y/o islamismo (…) ¿Quién determina qué es odio y qué es crítica? Acaban de abrir la caja de Pandora (…) Hay un riesgo de una lenta pero inexorable marcha hacia un lenguaje digital hiperregulado por la corrección política, tal y como la definen minorías activas».

«¿Qué es el odio?», se pregunta retóricamente el escritor francés Éric Zemmour. «¡No sabemos! Tienes el derecho a no amar… tienes el derecho a amar, tienes el derecho a odiar. Es un sentimiento… No puede judicializarse, legislarse».

Pues bien, eso es lo que las leyes sobre el discurso del odio hacen, ya sea en la web o en el mundo no digital. Exigir a compañías privadas –o al Gobierno–que actúen como una policía del pensamiento no es propio de un Estado que dice conducirse según el imperio democrático de la ley.

Por desgracia, la pregunta no es si Francia será el último país europeo en introducir leyes así de censoras, sino cuáles le seguirán.

[1] Así como otras plataformas online y motores de búsqueda que alcancen un cierto nivel de actividad en Francia (nivel que será especificado en un decreto posterior).

(Gatestone)


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