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Ciencia Y Tecnología

Científicos españoles informan de que han creado embriones de mono con células humanas

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Investigadores españoles dirigidos por el bioquímico Juan Carlos Izpisúa aseguran haber creado embriones de mono con células humanas, según ha informado el diario El País. Según este medio, la investigación se habría realizado en China para sortear los impedimentos legales que hubiera tenido en EE.UU. (donde trabaja actualmente Izpisúa) o en España (donde trabajan los coautores del trabajo, de la Universidad Católica de Murcia o UCAM). El objetivo último del proyecto es obtener órganos para trasplante, sostiene María Estrella Núñez, colaboradora de Izpisúa en la UCAM, en declaraciones a El País. Pero el experimento se habría interrumpido antes de que el mono con células humanas llegara a nacer.

La investigación de Izpisúa y Núñez habría empezado con una modificación genética de embriones de mono para inhibir genes esenciales para la formación de órganos. Posteriormente se les habrían inyectado células madre humanas con el potencial para generar cualquier tipo de tejido del cuerpo. Los datos difundidos hasta ahora no precisan si estas células madre proceden de embriones humanos o son células iPS, que se obtienen a partir de tejidos no embrionarios. En cualquier caso, se habrían obtenido quimeras, es decir, seres vivos formados por células de dos tipos distintos. De este modo, se habrían podido llegar a formar tejidos humanos sobre un sustrato de células de mono.

Según recoge el diario La Vanguardia, la investigación de tejidos y órganos para trasplante a partir de animales quiméricos con células humanas ha sido autorizada este año en Japón, donde había estado prohibida hasta ahora. Según informó la revista Nature la semana pasada, los primeros experimentos se realizarán con embriones de rata y de ratón y estarán dirigidos por Hiromitsu Nakauchi, investigador de las universidades de Tokio en Japón y de Stanford en California.

Nakauchi demostró hace dos años el potencial de esta línea de investigación cuando presentó en Nature un roedor quimérico que combinaba células de rata y de ratón –en aquel caso, por lo tanto, sin células humanas-. Obtuvo células de páncreas que después trasplantó a un ratón diabético, lo que le curó.

También en Estados Unidos se han realizado experimentos con animales quiméricos que combinan células humanas y de otras especies, aunque los Institutos Nacionales de Investigación dejaron de financiar este tipo de estudios en 2015.

En una entrevista realizada recientemente por la Agencia Sinc, Izpisua explicaba que “estamos realmente a las puertas de una verdadera revolución biomédica donde podremos hacer que el ser humano sea mejor o hacer otro ser humano, otra especie. Aunque perfectos nunca vamos a ser y se van a cometer errores. Pero no es el científico el que debe opinar si eso se debe o no aplicar. Es la sociedad la que debe decidir”.

En esta conversación, Izpisua también recordaba que la primera persona que realizó un trasplante de riñón tuvo muchos problemas e incluso estuvo a punto de ir la cárcel. “Han pasado 50 años desde entonces y no creo que haya alguna persona en el planeta que crea que salvar una vida gracias a este procedimiento no es ético. Los baremos éticos cambian en función de los datos alcanzados, que demuestran que algo es bueno, pero también de las circunstancias personales. Modificar la línea germinal es algo que, en este momento, solo lo concibo para enfermedades mitocondriales para las que no existe una cura y condenan a muerte a los niños afectados. En los otros casos todavía tenemos vías de seleccionar in vitro aquel embrión que no tiene la mutación. Por eso me pregunto la utilidad real de hacer ese cambio en la línea germinal. En el futuro, modificar el genoma para ser mejor y para tener una vida más saludable es una alternativa que va a convivir con nosotros”.

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Cara a Cara

Juan Carlos Izpisúa: “Estamos a las puertas de una revolución biomédica donde podremos hacer otro ser humano, otra especie”

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Desde que terminó su doctorado en Bioquímica y Farmacología, Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), ha recorrido el mundo trabajando en el campo de la biología del desarrollo. Desde su laboratorio, contribuye a la creación de nuevas fronteras en la regeneración de órganos y tejidos y en frenar el envejecimiento.

¿Envejecer es completamente inevitable?

No, digamos que es negociable según la manera en la que interaccionamos con el medioambiente. El genoma de una persona hace cien años es el mismo que ahora, pero ha habido un aumento de treinta años en la esperanza de vida.

Si miramos una colonia de hormigas, la reina y las obreras tienen el mismo genoma, pero su comportamiento, su interacción con el ambiente, lo que comen –lo que marcaría su epigenoma– es distinto; de ahí que vivan una cantidad de tiempo muy diferente.

Gracias a la reprogramación celular, en 2016 consiguió alargar la vida de ratones, ¿en qué punto se encuentra la investigación para frenar el envejecimiento?

Todo va muy despacio. Aunque llevamos muchos años tratando de ralentizar el envejecimiento, no pensábamos que se podía revertir –es decir, rejuvenecer–. Quizás nuestro experimento de 2016 fue la primera vez. Sin embargo, todavía nos falta tiempo para entender bien qué fue lo que hicimos exactamente.

De momento, parece que cambiamos la epigenética del animal, no su genética. De ahí que hoy pensemos que esta información es fundamental para entender el envejecimiento.

El concepto de inmortalidad es ciencia-ficción hoy, pero ¿viviremos más y mejor?

No se trata de vivir más tiempo, sino de que nuestra vida sea más saludable, especialmente en los últimos años. Las estadísticas son claras: la cantidad de dinero que gastamos en nuestro último año de vida en la Seguridad Social equivale a todo lo que hemos gastado en los años anteriores.

El envejecimiento es el mayor factor de riesgo de enfermedad, así que si entendemos mejor ese proceso de degeneración, haremos que las patologías tarden más en aparecer o no sean tan drásticas.

¿Y será posible una vacuna contra el envejecimiento?

En un plazo no muy largo tendremos el conocimiento sobre aquellos factores que contribuyen a un envejecimiento más saludable. Y se podrán modificar en el laboratorio. No será tanto como una inyección o una vacuna, sino algo mucho más complejo. Pero estoy totalmente convencido de que en los próximos años vamos a poder mejorar el proceso del envejecimiento y retrasar la aparición de la enfermedad en la especie humana.

España es un país donde la donación de órganos es modélica y se empiezan a tener datos sobre cómo los órganos pueden vivir más de cien años gracias a los trasplantes. Se están haciendo experimentos consistentes en trasplantar en serie el mismo riñón en animales para ver cuánto tiempo pueden vivir y se está viendo que el ambiente influye muchísimo sobre la salud y el envejecimiento del órgano y, por lo tanto, del organismo. Y se trata de mejorar ese aspecto, no de ser inmortales.

¿Y cómo estamos en España en ese sentido?

La esperanza de vida aquí es mucho más alta que en EE UU. Uno de los motivos es que posee uno de los mejores sistemas sanitarios, que permite ir al médico sin tener que costearlo de forma privada. Eso hace que diagnóstico, prevención y tratamiento sean mucho más accesibles que en otras sociedades donde la seguridad social no es la misma.

La ironía es que en cuanto a la investigación –y la cura empieza en los laboratorios– es uno de los países donde hay menos apoyo. Es algo muy difícil de entender para mí ya que desarrollo mi actividad principalmente en EE. UU. donde la investigación desempeña un papel importante. Apoyar la investigación básica necesita de una cultura que nuestra generación desgraciadamente no ha experimentado. Esto no pasa con la investigación aplicada, en la que todos somos conscientes de su función.

Ya tenemos por primera vez en nuestro planeta dos niñas que poseen capacidades que están ausentes en la población. ¿Esperaban que pasara algo así en China?

Hace dos años en nuestro laboratorio hicimos el mismo experimento pero no lo llevamos a un ser humano. Fuimos los primeros en hacer esa modificación para prevenir la muerte súbita pero decidimos que esos embriones no se implantarían en la madre. Dos años después se han implantado. Era previsible que ocurriera.

Pertenece al comité de la Academia de Ciencias de EE.UU. ¿Será suficiente el aplazamiento global de cinco años para las aplicaciones clínicas de la edición genética en óvulos, espermatozoides y embriones humanos?

Hace un par de años elaboramos una serie de normas y me di cuenta de la diversidad cultural al llevarlo a otras sociedades. Estoy de acuerdo que en que se debe regular, pero el conocimiento no lo para nadie. Por eso estoy convencido de que modificaremos nuestras capacidades físicas e intelectuales. Y si se usa apropiadamente no será un problema sino un beneficio para la humanidad.

¿Qué se puede hacer para que la sociedad entienda la importancia de CRISPR (secuenciación del ADN) y no tenga miedo de su investigación?

Tecnologías como CRISPR ya están ayudando a que personas que iban a morir mañana, dejen de hacerlo. Pero no sabemos todavía todas las consecuencias que conlleva cortar el ADN; cualquier acto médico tiene riesgos y hay que poner en la balanza lo positivo y lo negativo.

Si no se toca la línea germinal no veo ninguna barrera ética que superar. Pero si se hace, es decir si se va a quedar permanente y pasar a las próximas generaciones, entonces desconocemos totalmente qué es lo que ocurrirá.

¿Se llegarán a curar algunas enfermedades?

Estamos realmente a las puertas de una verdadera revolución biomédica donde podremos hacer que el ser humano sea mejor o hacer otro ser humano, otra especie. Aunque perfectos nunca vamos a ser y se van a cometer errores. Pero no es el científico el que debe opinar si eso se debe o no aplicar. Es la sociedad la que debe decidir. En mi campo concreto estoy convencido de que vamos a vivir un poco más tiempo y lo vamos a hacer con mejor salud.

¿Seremos capaces de regular los baremos éticos y morales?

La primera persona que realizó un trasplante de riñón tuvo muchos problemas e incluso estuvo a punto de ir la cárcel. Han pasado 50 años desde entonces y no creo que haya alguna persona en el planeta que crea que salvar una vida gracias a este procedimiento no es ético.

Los baremos éticos cambian en función de los datos alcanzados, que demuestran que algo es bueno, pero también de las circunstancias personales. Modificar la línea germinal es algo que, en este momento, solo lo concibo para enfermedades mitocondriales para las que no existe una cura y condenan a muerte a los niños afectados.

En los otros casos todavía tenemos vías de seleccionar in vitro aquel embrión que no tiene la mutación. Por eso me pregunto la utilidad real de hacer ese cambio en la línea germinal. En el futuro, modificar el genoma para ser mejor y para tener una vida más saludable es una alternativa que va a convivir con nosotros.

Pero sí se espera que se generen desigualdades con la aplicación de CRISPR…

Cualquier progreso ha traído desigualdades al principio. Pero después se han equilibrado. Quizás uno de los avances más importantes en el mundo biomédico son las vacunas, que ahora mismo están extendidas por todo el mundo (y los países que más se benefician son precisamente los más pobres).

Pero si no se hace apropiadamente, estoy convencido que el poder modificar nuestro genoma generará unas desigualdades y una sociedad mucho peor que la que se está intentando arreglar hoy en día.

Obviamente en principio lo que se genere va a ser un conocimiento privado. ¿Y cómo nos vamos a beneficiar las personas que no podamos pagar por ese tratamiento? Es un problema que no soy capaz de resolver. Quizás en un país como España, en el que la sanidad es pública, deberíamos ser más conscientes de que el conocimiento tiene que ayudarnos a todos por igual.

El pasado año la revista Time le reconoció como una de las 50 personas más influyentes de 2018 en salud.

No sé bien lo que significa ‘ser influyente’. Lo más importante es que hagamos nuestro trabajo lo mejor que podamos. Lo que opinen otros es irrelevante. Uno tiene que estar a gusto con lo que hace.

En su ciudad natal le han puesto su nombre a un instituto, ¿qué les diría a los chicos y chicas en España que se plantean una carrera investigadora?

La educación de los niños es muy importante. Son ellos los que van a decidir qué va a ser la humanidad en 20 años. Hay que decirles lo que está ocurriendo en el laboratorio para que los políticos o administradores que salgan de esa generación puedan regular toda esta tecnología de forma adecuada. En sus manos está el futuro de la humanidad.

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Ciencia Y Tecnología

La ONU quiere ahora imponernos lo que debemos comer con la excusa de salvar el planeta

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Cambiar la forma en la que la población mundial se alimenta, con más legumbres, frutas, verduras y frutos secos y con carne producida de forma sostenible, podría evitar para 2050 el equivalente a multiplicar por ocho las emisiones anuales de efecto invernadero que genera el transporte de toda la Unión Europea. Hasta 8 gigatoneladas de CO2. Esta es solo una de las contribuciones en las que, cambiando el sistema alimentario, el planeta estaría más cerca de no superar los 2ºC de calentamiento fijados en el Acuerdo de París, la barrera a partir de la cual se muestra la peor cara del cambio climático.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU ha publicado este jueves un informe especial con recomendaciones sobre el uso del suelo. En él, los científicos hacen un llamamiento a aumentar la masa forestal, reducir el uso de tierra para cultivos y ganadería, aplicar mejoras técnicas en su gestión y avanzar hacia dietas bajas en emisiones, así como reducir el desperdicio alimentario. Porque, dice el texto, mantener el calentamiento global por debajo de los 2º solo se puede lograr reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluido el uso de la tierra y el sistema alimentario.

No se trata de ser vegano, sino de lograr una dieta baja en emisiones, en donde también se actualice la forma de producción alimentaria y se reduzca el desperdicio. «Algunas opciones dietéticas requieren más tierra y agua, y causan más emisiones de gases que atrapan el calor que otras», dice Debra Roberts, copresidenta del Grupo de trabajo II del IPCC.

Se ha duplicado el consumo de carne

El crecimiento de la población mundial y los cambios en el consumo de alimentos, piensos, fibra, madera y energía han causado tasas sin precedentes de uso de la tierra y agua dulce, dice el informe. Solo la agricultura aglutina el 70% del uso mundial de agua dulce. Desde los años 60, el consumo de aceites vegetales y carne se ha más que duplicado y la aportación de calorías en la dieta ha aumentado en aproximadamente un tercio, a la vez que entre un 25 y un 30% del total de alimentos producidos se pierde o se desperdicia.

El informe muestra cómo la gestión sostenible de los recursos de la tierra puede ayudar a abordar el cambio climático. «La tierra que ya está en uso podría alimentar al mundo en un clima cambiante y proporcionar biomasa para energía renovable, pero se requiere una acción temprana y de gran alcance en varias áreas», dice por su parte Hans-Otto Pörtner, copresidente del Grupo de trabajo II del IPCC. «También para la conservación y restauración de ecosistemas y biodiversidad».

La agricultura, la silvicultura y otros tipos de uso de la tierra representan el 23% de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los procesos naturales de la tierra absorben dióxido de carbono equivalente a casi un tercio de las emisiones de dióxido de carbono de los combustibles fósiles y la industria.

Seguridad alimentaria

Según los expertos, la acción coordinada para abordar el cambio climático puede mejorar simultáneamente la tierra, la seguridad alimentaria y la nutrición, y ayudar a acabar con el hambre. El informe destaca que el cambio climático está afectando los cuatro pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad (rendimiento y producción), acceso (precios y capacidad para obtener alimentos), utilización (nutrición) y estabilidad (interrupciones en la disponibilidad).

Porque según aumente la temperatura del planeta (y por tanto aumente la magnitud y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos), la seguridad alimentaria irá disminuyendo: caerá el rendimiento de la tierra, especialmente en los trópicos, aumentarán los precios, se reducirá la calidad de los nutrientes y serán más probables las interrupciones de la cadena de suministro.

Por ejemplo, en un escenario con un crecimiento medio de la población, con la aplicación de ciertos avances tecnológicos y un consumo en la línea de la tendencia actual, los modelos económicos y de cultivos mundiales proyectan un aumento medio del 7,6% en los precios de los cereales en 2050 debido al cambio climático, lo que llevaría un mayor riesgo de inseguridad alimentaria.

El IPCC apunta a que hay ciertas prácticas aplicables no solo al consumo, sino también al uso de la tierra que pueden ayudar a la adaptación y mitigación del cambio climático. En los cultivos, estas incluirían medidas como una mejor gestión de los fertilizantes y de cultivos (con la introducción de variedades con mejoras genéticas para resistir mejor el calor y la sequía, por ejemplo). Para la ganadería, las opciones incluyen una mejor gestión de las tierras de pastoreo, una mejor gestión del estiércol, una alimentación de mayor calidad y el uso de razas con mejoras genéticas. «El potencial técnico total de mitigación de las actividades agrícolas y ganaderas, y la agrosilvicultura se estima en 2,3-9,6 gigatoneladas de CO2 para 2050», estima el informe. Según la ONU Medio Ambiente, en 2017 se alcanzaron 53,5 gigatoneladas de CO2, y el objetivo es reducirla a unas 42 para 2030.

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Ponen en duda que EE. UU. lanzase la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki

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Ponen en duda que EE. UU. lanzase la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki
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Existe un bulo cada vez más extendido en las redes sociales que niega que un día como este 6 de agosto, hace 74 años, se lanzara una bomba atómica. ¿La prueba definitiva? Que en Hiroshima y Nagasaki se puede vivir y en Chernóbil, no.

El 6 de agosto de 1945, el bombardero estadounidense Enola Gay dejó caer sobre Hiroshima a «Little Boy», una bomba que sería el primer ataque nuclear de la historia. Solo tres días después, «Fat Man» arrasaba Nagasaki.

Se calcula que el ataque nuclear acabó con la vida de unas 200.000 personas, según datos de la ONU, pero la evidencia no impide que vídeos y artículos especulen con que estas bombas eran incendiarias y de napalm y todo fue un montaje de Estados Unidos para exhibir su poder tras la Segunda Guerra Mundial.

AFIRMACIÓN: El principal argumento de los escépticos es que Hiroshima y Nagasaki permanecen habitadas cuando, en teoría, la radiación generada por el ataque nuclear debería haber dejado tras de sí ciudades fantasma como Chernóbil. ¿Por qué no ha ocurrido lo mismo en ambas catástrofes?

HECHOS: Lo cierto es que el accidente de Chernóbil produjo, tanto inicialmente como a lo largo del tiempo, una cantidad mucho mayor de materiales radiactivos debido a la naturaleza de la reacción, a los niveles de radiación de estos materiales y a que la explosión de la central ocurrió a nivel de suelo.

De hecho, los expertos constatan «diferencias muy grandes» entre ambos eventos: «Es como comparar un accidente en una fábrica de fuegos artificiales con una matanza en Texas. La culpable en ambas es la pólvora», explica a Efe Carlos Vázquez, vocal de Jóvenes Nucleares, dentro de la Sociedad Nuclear Española.

Los distintos efectos de la radiación se explican por el desarrollo de los acontecimientos en tres fases:

– ANTES DE LA EXPLOSIÓN

El reactor de Chernóbil estaba pensado para producir plutonio para «bombas» atómicas y energía eléctrica. Las centrales nucleares normales «no explotan» porque están hechas únicamente para generar electricidad, explica este investigador de la Universidad Politécnica de Madrid.

– DURANTE LA EXPLOSIÓN

La explosión de la planta nuclear «puso 400 veces más material radiactivo en la atmósfera de la Tierra que la bomba atómica», según el Organismo Internacional de Energía Atómica International (OIEA).
Datos de la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación lo confirman, pues la explosión del reactor ucraniano contenía 180 toneladas de combustible nuclear, el 2 % del cual (36.000 kilogramos) era uranio puro -más radiactivo que el enriquecido-; las bombas de Hiroshima y Nagasaki transportaban 63 kilos de uranio enriquecido y 6,2 de plutonio, respectivamente.

En esta línea, según el Departamento de Energía estadounidense, el rendimiento de la explosión de Hiroshima fue de 15 kilotones (la unidad de cuantificación de la energía liberada en explosiones) y la de Nagasaki, de 21.

El accidente de Chernóbil habría generado una explosión de entre 3.000 y 5.000 kilotones.
«En una central nuclear, la fisión es mucho más eficiente y esto va a producir mucha más radiactividad», argumenta el portavoz de Jóvenes Nucleares.

Y durante más tiempo: los materiales de desecho nuclear tienen una vida relativamente larga, lo que significa que aunque la explosión de un reactor puede llegar a ser menor que la de una bomba atómica, sus efectos duran mucho más tiempo.

No en vano, para algunos físicos como Javier Santaolalla el factor determinante que explica las diferencias entre Hiroshima y Chernóbil es el concepto de «vida media de la radiactividad», entendida como el periodo de tiempo en el cual este material pierde su efervescencia y comienza a apagarse.

El material radiactivo se comporta como las palomitas de maíz en el microondas, según este doctor en Física de Partículas y popular divulgador científico en las redes: «Los granos de maíz se activan enérgicamente y comienzan a explotar, hasta que al cabo de un rato el frenesí termina».

También «un pedazo de material radiactivo dispara partículas continuamente, hasta que finalmente se apaga», añade.

«Los átomos radiactivos vertidos en Japón han decaído ya en estables, es decir, no radiactivos», explica a Efe, «mientras que en Chernóbil se prevé que lo hagan dentro de 30 años».

Este es el principal motivo por el que Hiroshima y Nagasaki están habitadas hoy en día, y Chernóbil (en la zona de exclusión, a 30 kilómetros de la central) no.

– DESPUÉS DE LA EXPLOSIÓN

Sin embargo, Vázquez incide en los esfuerzos de Japón para repoblar las ciudades arrasadas desde el primer minuto, empujado por su densidad de población, frente al desdén de las autoridades de la extinta URSS por recuperar una zona contaminada tan vasta.

De hecho, el investigador desmiente que Chernóbil sea “una ciudad fantasma”, ya que en la zona contaminada -que alcanza una distancia de 400 kilómetros desde la planta- viven unos 5 millones de personas, según el Comité de Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR, por sus siglas en inglés).

El lugar de la explosión también es un factor clave en el nivel de impacto de ambos accidentes nucleares.

En Japón, las bombas detonaron en el aire y las partículas radiactivas se dispersaron con la nube que provocó la explosión. En Chernóbil, el propio terreno se volvió radiactivo al fundirse el reactor de la central nuclear a nivel de suelo, algo clave en la recuperación de una zona contaminada, ya que en la superficie se requiere de mucho más tiempo para eliminar los materiales tóxicos.

El período más peligroso después de la detonación de la bomba son las primeras semanas o meses, cuando se recomienda a las personas que no abran las ventanas, que usen máscaras, que no beban agua… pero el riesgo no persiste en el tiempo.

Sin embargo, Chernóbil estaba diseñado para utilizar todo el alcance de la fisión para producir energía a partir de un proceso de reacción lento y sostenido en el tiempo.

FUENTES:

  • Vocal de Jóvenes Nucleares (Sociedad Nuclear Española), Carlos Vázquez.
  • Físico de Partículas y divulgador científico Javier Santaolalla.
  • Informe de los “Efectos sobre la salud del accidente de Chernóbil: “Health effects of the Chernobyl accident: un resumen”, de la Organización Mundial de la Salud.
  • “El Proyecto Manhattan”, portal del Departamento de Energía de EEUU.
  • Informe del Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas
  • Artículo “Diez años después de Chernóbil, ¿qué sabemos realmente?”, de la OIEA.
  • Sitio web de la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación.

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