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Ciencia Y Tecnología

Cómo querer a un robot

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Kate Darling
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Federico Kukso (Agencia Sinc). Las máquinas inteligentes ya están entre nosotros y, para bien o para mal, alteran nuestros vínculos sociales. A medida que se infiltran en ámbitos privados de nuestra vida, psicólogos y especialistas en ética advierten cómo nos afectan emocionalmente las relaciones con estos seres artificiales.

Toda gran historia tiene un principio, un medio y un final. El 13 de febrero pasado la NASA anunció el desenlace de una de las más importantes odiseas espaciales de nuestro tiempo: a ocho meses de la última comunicación con la Tierra, el robot Opportunity fue declarado muerto en Marte.

Durante casi 15 años, este vehículo de exploración de seis ruedas y del tamaño de un carrito de golf vagó por el planeta rojo, encontrando en los 45 km que recorrió pruebas concluyentes de que nuestro vecino albergó grandes cuerpos de agua líquida en un pasado lejano.

“Junto a su gemelo Spirit, Opportunity ha hecho de Marte un lugar familiar”, declaró John Callas, gerente de proyectos del Jet Propulsion Laboratory, después de que una feroz tormenta de polvo bloqueara los paneles solares del rover, impidiéndole recargar sus baterías.

Los controladores del vehículo hicieron más de 835 intentos de contacto con el robot geólogo. Incluso le mandaron a “Oppy” –como cariñosamente lo conocían– una última canción para que despertara: I’ll Be Seeing You de Billie Holiday, que provocó lágrimas en los ojos de varios miembros del equipo. La única respuesta fue el silencio.

Se trataba del final. “Este es un día difícil”, dijo Callas en una suerte de funeral organizado en Pasadena, California. “A pesar de que es una máquina y nos estamos despidiendo, sigue siendo muy difícil y conmovedor”.

“Descansa, robot –escribieron en la cuenta oficial de Twitter de Opportunity–. Tu misión ha sido completada”.

Este tipo de tributos exhibieron una increíble predisposición humana: la de involucrarnos emocionalmente con objetos. Al fin y al cabo, Opportunity era (es) eso: un cuerpo inanimado, un entramado de aluminio, cables, cámaras y paneles. Una cosa.

“Estamos biológicamente programados para proyectar intencionalidad y vida a cualquier objeto que nos parezca autónomo –explica Kate Darling del Media Lab del MIT–. Por eso la gente trata todo tipo de robots como si estuvieran vivos”.

Para esta especialista en ética y derecho que se presenta como Mistress of machines (“Maestra de las máquinas”) en la conferencia IBM Think en San Francisco, tenemos una tendencia general a humanizar a los animales e incluso a seres no vivos que nos rodean o con los que habitualmente interactuamos.

Los seres humanos creamos conexiones emocionales con animales de peluche, automóviles y otras máquinas. Si están equipadas con características o partes del cuerpo típicas de seres con vida –como ojos o brazos–, las percibimos como entidades en lugar de dispositivos o herramientas. Les asignamos nombres, tratamos a aspiradoras robóticas como “ellas” en lugar de como “eso”.

“Los robots no tienen sentimientos –advierte Darling– pero las personas que tratamos con robots sí tenemos sentimientos hacia ellos. Y eso no ha sido del todo explorado”.

Lazos de acero

Los humanos hemos mostrado durante generaciones una curiosa tendencia para fraternizar con objetos, ya sea como proyecciones o en nuestra constante búsqueda de afecto y compañía. En la película Cast Away (Náufrago, 2000), el personaje interpretado por Tom Hanks arriesga su vida para salvar a un balón de voley llamado Wilson, que se ha convertido en su mejor amigo y confidente en la soledad de una isla desierta en el Pacífico.

Sin embargo, ahora que nuestras creaciones muestran elementos rudimentarios de inteligencia, los lazos que los humanos forjamos con las máquinas son aún más impresionantes.

“Los robots no tienen sentimientos –advierte Darling– pero las personas que tratamos con robots sí tenemos sentimientos hacia ellos. Y eso no ha sido del todo explorado”

Las guerras en Afganistán e Irak se han convertido en un estudio de campo sin precedentes en las relaciones humanas con estos seres artificiales. Estos conflictos son los primeros en la historia en ver un despliegue generalizado de miles de robots de batalla encargados de despejar caminos de dispositivos explosivos, buscar bombas debajo de autos, espiar al enemigo. Y también de aniquilar personas.

Sin embargo, aún más asombrosas que las capacidades de estas máquinas son los efectos que tienen en sus controladores humanos. En 2007, el reportero de The Washington Post Joel Garreau entrevistó a miembros del ejército de Estados Unidos sobre sus relaciones con robots. Un coronel que supervisaba el ejercicio de prueba de un robot construido para caminar y detonar minas terrestres terminó ordenando que se detuviera, porque la imagen del robot arrastrándose destartalado por el campo después de una explosión era demasiado “inhumana”.

Los soldados –que en muchos casos confiaban sus vidas en estas máquinas– no solo les ponían nombres cariñosos. Como cuenta Peter Warren Singer en Wired for War: The Robotics Revolution and Conflict in the 21st Century, hay historias de soldados que arriesgan sus vidas para salvar a los robots con los que trabajan. Robots militares incluso han recibido medallas y funerales con honores.

Simpatía por lo artificial

A medida que los asistentes digitales se vuelven omnipresentes, nos estamos acostumbrando a hablar con ellos como si fueran seres sensibles. Hay quienes ya tratan a Siri, Alexa o Google Home como confidentes, como amigos y terapeutas.

En las guerras de Irak y Afganistán, los soldados ponían nombres cariñosos a los robots con los que trabajaban; incluso alguno arriesgó su vidas para salvar a un robot.

“Cada vez creamos más espacios en los que la tecnología robótica está destinada a interactuar con los humanos –indica Darling–. Nuestra inclinación a proyectar cualidades reales en los robots plantea interrogantes sobre el uso y los efectos de la tecnología”.

En su libro Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other, a la psicóloga Sherry Turkle le preocupa que las relaciones seductoras de robots, que se supone que son menos agotadoras que las relaciones con humanos, tienten a las personas a evitar la interacción con sus amigos y familiares.

A medida que la inteligencia artificial impregna nuestras vidas, debemos enfrentarnos a la posibilidad de que afecte nuestras emociones e inhiba conexiones humanas profundas.

Darling justamente investiga los efectos sociales, éticos y legales a corto plazo de la integración de la tecnología robótica en la sociedad. Explora cómo los robots sociales funcionan como reflejos de nuestra propia humanidad: cómo incitan nuestras emociones, cómo son disparadores de empatía, además de funcionar de compañía de personas dentro del espectro autista o en una población cada vez más avejentada.

En 2013, en un taller realizado en Ginebra, Darling, le dio a cinco equipos de personas un robot Pleo, un dinosaurio de juguete para niños, de ojos confiados y movimientos cariñosos. Les pidió que le pusieran un nombre e interactuaran con ellos durante aproximadamente una hora. “Luego les dimos un martillo y un hacha –recuerda– y les dijimos que torturaran y mataran a los robots”.

Ninguno de los participantes aceptó hacerlo. Así que finalmente, Darling amenazó: “Vamos a destruir todos los robots a no ser que alguien destruya con un hacha uno de ellos”. Entonces, una mujer se puso de pie, tomó el hacha y le dio un golpe al robot en el cuello. Toda la habitación se estremeció. “Fue mucho más dramático de lo que nunca habíamos anticipado».

No se trata solo de una anécdota. En un estudio, investigadores de la Universidad de Duisburg-Essen en Alemania utilizaron un escáner de resonancia magnética funcional para analizar las reacciones de las personas ante un vídeo de alguien que torturaba un dinosaurio robótico Pleo: asfixiándolo, metiéndolo dentro de una bolsa de plástico o golpeándolo.

La psicóloga Astrid Rosenthal-von der Pütten y sus colegas descubrieron que los participantes experimentaban una sensación de empatía al ver a un robot sometido a tortura. Las respuestas fisiológicas y emocionales que midieron fueron mucho más fuertes de lo esperado, a pesar de ser conscientes de que estaban viendo un robot.

Este tipo de reacciones se advierten en las redes sociales cada vez que la compañía Boston Dynamics sube un nuevo vídeo de uno de sus robots que reciben patadas y tirones para demostrar que pueden lidiar con fuerzas imprevistas.

En 2015, incluso la organización por los derechos de los animales PETA se pronunció: “Si bien es mucho mejor patear a un robot de cuatro patas que a un perro real, la mayoría de las personas razonables consideran que incluso la idea de tal violencia es inapropiada”. Sin mencionarlo, hacían referencia al argumento de la serie Westworld, sobre un alzamiento robótico luego de décadas de subyugación.

En ese sentido se creó la campaña Stop Robot Abuse: “¡Actúa junto con nosotros para detener el abuso y la crueldad hacia los robots! ¡El abuso de robots es un problema real y debe detenerse inmediatamente! Únase y ayúdenos enseñando a los niños humanos cómo manejar mejor los robots desde una edad temprana”.

Sin embargo, el problema con la tortura de un robot no tiene nada que ver con el robot en sí, sino con los valores sociales y los impulsos de las personas que ven tal espectáculo.

Nuevos y viejos derechos

La apariencia de las máquinas juega un papel importante en cómo las tratamos. En 2016, investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que la gente se siente realmente incómoda cuando se les pide tocar las partes íntimas de un robot. “La gente responde a los robots de una manera primitiva y social”, dice la Jamy Li, una de las autoras del estudio. “Las convenciones sociales sobre tocar las partes privadas de otra persona se aplican también a las partes del cuerpo de un robot».

En muchos casos, las percepciones que tienen las personas sobre lo que es y es capaz de hacer un robot provienen de la ficción. “Creo que estamos muy atrapados en las ideas de ciencia ficción y la cultura pop de lo que la inteligencia artificial y los robots pueden hacer o no pueden hacer –señala Darling–. Las personas a veces sobrestiman o subestiman lo que la tecnología puede hacer».

Investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que la gente se siente realmente incómoda cuando se les pide tocar las partes íntimas de un robot.

Proyectamos en los robots más inteligencia de la que realmente tienen. Los robots aún no pueden lidiar con cosas fuera de parámetros muy limitados. Esta atribución, en ciertas ocasiones pude ser divertido y en otras, problemático. Como recuerda esta investigadora, existe el concepto de sesgo de automatización: “A veces confiamos demasiado en las máquinas. Confiamos ciegamente en su toma de decisiones, o confiamos en que un algoritmo es neutral y no sesgado. A menudo, ese no es el caso”.
En el caso de Opportunity, la percepción social estuvo, tal vez, influenciada por personajes como el robot Wall-E. Y también por el curioso estilo de redacción de las cuentas oficiales de Twitter de este tipo de máquinas o lo que se conoce como encuadre antropomórfico: en sus redes sociales, parecen vivas, con personalidad y voluntad.

La infiltración de estos seres artificiales en la sociedad y en nuestros ámbitos privados abre así un territorio inexplorado para la psicología. “La llegada de los robots se siente como si una raza alienígena aterrizara en la Tierra. No sabemos qué hacer con ella”, dice Darling, quien sospecha que durante una primera fase trataremos a los robots como mascotas.

Lo que sigue –¿robots sociales con derechos legales? – por ahora pertenece al dominio de la ciencia ficción y la especulación. O no tanto: en 2017, Arabia Saudita se convirtió en el primer país en otorgar la ciudadanía a un robot. Sin estar obligada a usar hiyab o a estar acompañada por un tutor masculino, este ser artificial de aspecto femenino recibió algunos derechos que las propias mujeres sauditas no pueden disfrutar en su país.


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Internacional

La NASA cumple su promesa de divulgar un «Importantísimo anuncio para el lunes 26″: Acabamos de detectar «inequívocamente» agua en la Luna y 40.000 km2 donde buscarla

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>Nos prometieron un «nuevo y emocionante descubrimiento sobre la Luna» y, en esta ocasión, la NASA no ha decepcionado: no solo acabamos de descubrir inequívocamente agua (H2O) en la superficie de la Luna, sino que hemos identificado áreas del satélite capaces de atraparla de manera estable. Se trata de dos descubrimientos separados, pero que engarzan a la perfección de cara a pensarnos muy bien cómo encaramos las próximas misiones (que, como bien sabemos, ya se están preparando).

¡Agua en la Luna!

Valery Sysoev
Pero ¿no sabíamos ya que había agua en la Luna? Sí, es cierto. Lo que ocurre es que, hasta ahora, las investigaciones que habían encontrado signos de agua se basaban en una forma espectral concreta (a 3 µm) que no pueden discriminar a ciencia cierta el agua de otros compuestos del grupo hidroxilo.

¿Qué han hecho ahora? En un primer artículo, Casey Honniball y su equipo han usado el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja (SOFIA) para observar la Luna a 6 µm. A esta longitud de onda, se puede detectar una firma espectral de H2O que no es compatible con otros compuestos. Es más, el equipo descubrió que en las latitudes altas del hemisferio sur hay agua en abundancia: entre 100 a 400 partes por millón. Según estos autores, es probable que el agua detectada esté almacenada en estructuras que la protegen del duro ambiente.Como curiosidad, al SOFIA es un instrumento muy particular: se trata de un Boeing 747 modificado con un orificio al que va acoplado el telescopio reflector más grande que hemos metido nunca en un avión. Eso evita hasta el 99% de la distorsión atmosférica y permite observaciones mucho más precisas.¿Dónde se esconde el agua para resistir allá arriba? A esa pregunta tratan de responder Paul Hayne y sus colaboradores. Este equipo de investigación trató de demostrar la existencia de lo que denominamos «trampa fría» en la Luna. El concepto, propuesto por K. Watson, B.C. Murray y H. Brown en 1961, sugería que podía haber cráteres ubicados cerca de los polos lunares en los que podría mantenerse en una oscuridad virtualmente perpetua. Eso podría hacer que retuvieran «cualquier elemento volátil que […] hubiera caído en la zona». Y muy especialmente el agua, «el elemento volátil más frecuente en el Sistema Solar».

Los autores se fijaron en un tipo muy concreto de «trampas frías»: las de un centímetro de diámetro. Y descubrieron que estas «microtrampas» son cientos o miles de veces más numerosas que las trampas frías más grandes (y se pueden encontrar en ambos polos). Por ponerlo en cifras: los autores sugieren que aproximadamente 40.000 km2 de la superficie lunar tiene la capacidad de atrapar agua.¿Y ahora qué? Ahora nos queda entender con detalle cómo surge y se acumula agua en nuestro satélite. Gracias a ello podremos empezar a pensar cómo adaptar nuestras misiones a una enorme cantidad de agua que puede cambiarlo todo. Astronómicamente hablando.


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Ciencia Y Tecnología

Facebook pagará 52 millones de dólares a sus censores por tener “síndrome de estrés postraumático” provocado por machacar las opiniones “no correctas”… en USA. De intentarlo en España, no tendría dinero suficiente

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Facebook pagará 52 millones de dólares a sus censores, tanto a los que están en activo como a los que dejaron la empresa, en calidad de compensación por los problemas de salud mental desarrollados en el trabajo, informa The Verge, que cita el acuerdo preliminar presentado el pasado viernes en el Tribunal Superior de San Mateo (California, EE.UU.).

Además de los pagos, la red social también se avino a prestar asesoramiento y apoyo adicional a sus actuales censores. Los términos del acuerdo conciernen únicamente a los empleados que empezaron a trabajar a partir del año 2015 en los estados de Arizona, California, Florida y Texas.

Ignoramos si los censores que se ocupan de las secciones sobre España y en español o no sufren ningún tipo de «síndrome de estrés postraumático» o fueron contratados entre las filas de partidos más proclives a PSOE, PODEMOS y en general al globalismo mundial, con lo que seguramente estén trabajando gratis. 

El número total de censores que pueden acogerse a estas medidas asciende a 11.250. Cada uno de ellos recibirá una compensación mínima de 1.000 dólares, aunque podrá solicitar pagos adiciones si se prueba que padece trastorno de estrés postraumático (TEPT) u otros problemas mentales relacionados, incluida melancolía, que desarrollaron mientras trabajaban en Facebook.

Según el medio, los abogados involucrados en el caso estiman que hasta la mitad de los 11.250 censores tendrían derecho a solicitar el pago extra. El acuerdo no precisa condiciones de gasto de la compensación, por lo que los censores no están obligados a utilizar el dinero para cubrir tratamientos u otros costes asociados con problemas de salud.

La cantidad de pagos adicionales dependerá del diagnóstico que sufre el solicitante. Por ejemplo, un censor al que se le diagnostique una enfermedad mental podrá recibir otros 1.500 dólares además de los 1.000 dólares iniciales. Pero si tiene varios diagnósticos simultáneos, podrá solicitar hasta 6.000 dólares adicionales.

«Estamos muy contentos de que Facebook haya trabajado con nosotros», declaró el abogado de la parte demandante, Steve Williams, agregando que «el daño que puede causar este trabajo es real y extremo».

La vida secreta de los censores de Facebook

El año pasado, varios empleados de la compañía Cognizant, subcontratada por Facebook, relataron bajo anonimato a The Verge los perjuicios para la salud mental que comporta el trabajo de los censores. De hecho, la mayoría de las cerca de 15.000 personas que censuran el contenido de Facebook no son empleados de la propia red social, sino que provienen de empresas como Cognizant.

A lo largo de una semana, un censor revisa unas 1.500 publicaciones. En un tiempo promedio de 30 segundos deben decidir si borran o permiten una publicación. Pese a lo difícil de la tarea, los profesionales se quejan de que unos pocos errores pueden condicionar su despido.

Pese al estrés que conlleva su trabajo y la estricta disciplina a la que están sometidos, su salario es casi diez veces menor que el de los empleados de Facebook.

Aquí en España todos sabemos que es «Newtrola» (el nombre de guerra con el que los internautas se refieren siempre a la empresa de Ana Pastor, Newtral) la encargada de las funciones de censura, aunque de momento no se ha sabido de ningún caso de queja o protesta por parte de sus trabajadores. 

Analista político señaló la forma de expulsar al sesgado Facebook de Rusia

La red social Facebook reacciona con provocaciones a los principales eventos en Rusia: la votación en las elecciones o el Día de la Victoria. El analista político Alexander Dudchak recordó que Facebook es un participante indispensable en todas las guerras de información.

Según el experto, Facebook cumple diligentemente la misión de la propaganda antirrusa e interfiere constantemente en los procesos políticos en todo el mundo.

“Facebook es un participante conocido en las guerras de información, es un participante casi sin cambios en todas las revoluciones de color y golpes de estado. Contribuye seriamente a estos eventos en todo el mundo”, señaló el experto en un comentario a la publicación Slovo i delo.

Dudchak señaló que todos los usuarios de Facebook, especialmente el segmento de habla rusa, pudieron sentir la política antirrusa.

“Tampoco sorprende a nadie: una política sesgada con un enfoque muy unilateral. Facebook desempeña el papel que sus propietarios encontraron para él, los organizadores son la estructura estatal de los Estados Unidos”, agregó el politólogo.

Dudchak cree que debería crearse una alternativa a Facebook en Rusia, que no «fusionaría» los datos personales de los usuarios y no violaría la ley.

«Sería ideal encontrar una alternativa para Facebook, aprovecharla, incluida la posibilidad de desconexión, porque los trucos de esta red social van más allá de todos los límites posibles de sentido común, moral, honor y conciencia», resumió.

Dudchak enfatizó que en Rusia hay redes sociales con una audiencia millonaria. Es necesario participar en su desarrollo y mejorar para que no sean inferiores a Facebook.


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Ciencia Y Tecnología

Bill Gates ya avisó del coronavirus en 2015: «No estamos preparados para una epidemia global»

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Bill Gates cofundador de Microsoft y copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, en 2019
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En el año 2015 el mundo estaba atravesando la peor parte de la terrible epidemia del virus ébola: un filovirus asesino procedente de murciélagos, transmitido por contacto directo y que llegó a matar a 11.325 personas en África occidental. Por entonces, exactamente el 18 de marzo de 2015, Bill Gates, magnate y cofundador de Microsoft, avisó: « No estamos preparados para una epidemia global».

Como fundador y copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, enfocada en extender la cobertura sanitaria y reducir la pobreza extrema, contaba con información sobre lo ocurrido en la epidemia del ébola: «Lo que he aprendido es realmente aleccionador», escribió en « The New York Times». «Por muy horrible que haya sido esta epidemia, la próxima podría ser mucho peor. El mundo sencillamente no está preparado para lidiar con una enfermedad, como una gripe especialmente virulenta, que infecte a muchas personas muy rápidamente».

Aquella misma semana impartió una charla TED sobre el mismo tema y publicó un artículo en la página web de su fundación. Ya en 2018, cuando el mundo ya no estaba preocupado por la epidemia del ébola, escribió otro artículo más en « The New England Journal of Medicine» (NEJM) donde volvió a alertar sobre la falta de preparación ante las pandemias.

«Este error debería preocuparnos a todos, porque la historia nos ha enseñado que habrá una nueva pandemia mortal. No podemos predecir cuándo, pero teniendo en cuenta la constante emergencia de nuevos patógenos, el cada vez mayor riesgo de ataques bioterroristas y la mayor interconectividad de nuestro mundo, hay una probabilidad importante de que una gran y letal pandemia moderna ocurra durante nuestra vida».

«La historia nos ha enseñado que habrá una nueva pandemia mortal»

En el artículo publicado en 2015 en «The New York times» le puso números a ese horror invisible: «De entre todas las cosas que podrían matar a más de 10 millones de personas en el mundo en los próximos años, de lejos las más probable es una epidemia».

No hay sistema de defensa

Gates avisó de que no hay suficiente capacidad para hacer frente a algo así: «Gran parte de la discusión sobre la respuesta al ébola ha sido si la OMS o los CDCs podrían haber respondido más eficazmente. (…) Pero el problema no es que el sistema no funcionase bien, el problema es que no tenemos ningún sistema».

En este sentido, indicó la necesidad de construir un sistema global de alerta y respuesta frente a epidemias: «Yo aplicaría el tipo de planificación que se usa en defensa nacional, con sistemas de reclutamiento, entrenamiento y equipamiento de personal sanitario o inversiones en nuevas herramientas».

«(Frente a epidemias) yo aplicaría el tipo de planificación que se usa en defensa nacional»
Además, dijo que era necesario mejorar los sistemas de vigilancia, especialmente en países pobres, y contar con personal entrenado y con equipo para enviarlos con rapidez a los países afectados al comienzo de los brotes.

«En comparación con los planes que las naciones ponen en defensa (redes de entrenamiento y reclutamiento, equipamiento, investigación y capacidad de respuesta rápida) no hay casi nada de eso en respuesta a las epidemias».

De hecho, dijo que «el mundo no cuenta con ninguna organización, ni siquiera la OMS, que pueda coordinar las acciones necesarias para detener una epidemia. Así que, en resumen, en una guerra contra una epidemia severa, iríamos con un cuchillo a una batalla de bazucas».

Bill Gates incluso aventuró cómo podría ocurrir la próxima pandemia. «No será de ébola. Por muy horrible que sea este virus, solo se transmite por contacto directo, y cuando los pacientes infectan a otras personas ya están mostrando los síntomas de la enfermedad, lo que hace que identificarlos sea relativamente fácil».

Sin embargo, este no es siempre el caso, como recordó Gates: «Otras enfermedades, como la gripe, por ejemplo, se extienden por el aire y la gente puede contagiar antes de que tengan los síntomas, lo que significa que una persona puede infectar a muchas otras solo por ir a un espacio público. Hemos visto algo así antes, con horribles resultados: en 1918, la gripe española mató a más de 30 millones de personas».

De hecho, él mismo reconoció que los expertos de salud de todo el mundo llevaban años advirtiendo de que la pregunta no es si va a ocurrir una nueva pandemia, comparable en velocidad y severidad a la gripe de 1918, sino cuándo.

¿Es la COVID-19 la pandemia del siglo?

En su artículo, Bill Gates se preguntó: «Imaginen qué podría hacer (la gripe española) en el mundo altamente interconectado de hoy». Sin embargo, en estos momentos la capacidad de imaginar se ha visto superada por la realidad: la pandemia del coronavirus y la COVID-19 sigue extendiéndose y segando vidas, obligando a los estados a confinar a sus habibantes para evitar el colapso de los sistemas sanitarios.

El virus SARS-CoV-2 es menos letal que el de la gripe española (alrededor de un 1% frente a un 2%), pero se contagia por vía aérea, es muy contagioso y puede ser transmitido incluso cuando no se tienen síntomas. Exactamente como vaticinó Bill Gates.

«En la última semana, COVID-19 ha comenzado a comportarse como el patógeno del siglo que tanto nos preocupa», escribió Gates el pasado 28 de febrero, cuando la epidemia estaba todavía centrada en China. «Espero que esto no sea tan malo, pero deberíamos asumir que lo será hasta que podamos descartarlo».

En su opinión hay dos razones por las que la COVID-19 es una grave amenaza: «Primero, puede matar a adultos sanos y a personas mayores con problemas de salud previos».

«En segundo lugar, COVID-19 se transmite bastante eficientemente. Por término medio, una persona infectada extiende la enfermedad a dos o tres personas. Esta es una tasa exponencial de crecimiento», explicó. «Además, hay fuertes evidencias de que puede transmitirse entre personas con síntomas moderados o sin síntomas. Esto significa que la COVID-19 será mucho más difícil de contener que el SARS (otro coronavirus cuya epidemia se produjo en 2003)». Este viernes por la tarde el virus ya había infectado a 255.000 personas en todo el mundo, matando a más de 10.000, sobre todo en Italia.

¿Cómo se debe responder a la COVID-19?

En febrero, Bill Gates dijo que, en cualquier crisis «Los líderes tienen dos responsabilidades igual de importantes: resolver el problema inmediato y evitar que ocurra de nuevo». Por eso argumentó que el mundo necesita «salvar vidas ahora, pero también mejorar la forma cómo se responde a las epidemias», para evitar consecuencias en el futuro.

Para frenar esta pandemia, en su opinión es clave poner el foco en los países menos ricos: «Ayudando a los países de África o del sur de Asia ahora, podemos salvar vidas y también ralentizar la circulación global del virus». De hecho, la fundación que preside ha comprometido 100 millones de dólares para esta finalidad.

Además de eso, cree que «el mundo necesita acelerar el trabajo en los tratamientos y vacunas». Recordó que la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) está preparando los ensayos clínicos para ocho candidatos a vacunas frente a la COVID-19 y que éstos podrían empezar en junio. Aparte de eso, añadió que la tecnología de aprendizaje maquinal y la creación de librerías podría acelerar la búsqueda de compuestos para identificar antivirales más rápidamente.

Medidas para evitar la próxima pandemia

Una vez superada la COVID-19 podría haber otra gran epidemia. Para Bill Gates, la clave para evitarlo es construir un sistema global de alerta y respuesta frente epidemias y reforzar los sistemas sanitarios de los países más pobres, para aumentar su capacidad de tratar, diagnosticar y administrar vacunas.

También ha recomendado crear una base de datos de infectados, accesible para organizaciones y establecer normas para que los países intercambien información. Por otro lado, cree que los gobiernos deberían tener acceso a listas de personal entrenado, a nivel local y global, capaces de responder a una epidemia inmediatamente, al igual que a listas de suministros que pudieran ser almacenados o redirigidos.

Cree que es necesario mejorar y estandarizar los sistemas para desarrollar vacunas y antivirales e invertir para producirlos a gran escala, lo que en gran parte dependerá de la diplomacia, la capacidad de hacer ensayos clínicos gigantescos y de firmar acuerdos internacionales. Y, definitivamente, «necesitamos invertir mucho más en investigación en medicamentos, vacunas y tests de diagnóstico».

Todo esto requiere presupuestos de miles de millones de euros y de una colaboración muy estrecha entre gobiernos y empresas. Tal como dijo Bill Gates, «dado el daño económico que una epidemia puede causar, todo esto será una ganga». En su opinión, los líderes ya deberían estar trabajando en ello. «No hay tiempo que perder». La historia reciente ha mostrado que no se equivocaba.

 


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Ciencia Y Tecnología

Sánchez crea el Comité Científico del Covid-19 una semana después de la declaración del estado de alarma

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha constituido este sábado el Comité Científico del Covid-19 que contará con la presencia del ministro de Sanidad, Salvador Illa, y seis científicos, aunque este grupo se podrá ampliar con expertos nacionales e internacionales, según ha informado Moncloa.

La primera reunión del Comité se ha producido de manera telemática y no se descarta la incorporación de expertos en distintos campos de la medicina y la ciencia en la lucha contra el coronavirus.

La Comisión Europea creó el pasado 17 de marzo este mismo órgano para asesorar a la Unión Europea sobre la pandemia y en la adopción de medidas para luchar contra el coronavirus.


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