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Cuando Pablo Iglesias llamaba a enfrentarse a la Guardia Civil con cócteles Molotov

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El líder de Podemos ha pasado de presumir de vivir en un piso de protección oficial en Vallecas, argumento que también utilizó para atacar a quienes Podemos denomina ‘casta’, a residir ahora en un chalé de más de 2.000 metros de parcela situado en una de las zonas más exclusivas de la Comunidad de Madrid. Ocioso es decir, por ser de sobra conocido, que tanto Pablo Iglesias como su pareja no han tenido nunca otra forma saneada de vida que la lograda a través de la actividad política.

Ahora los dos viven en un suntuoso chalé y al derroche de su coste hay que sumar el de la vigilancia permanente de la Guardia Civil -una pareja en turnos de ocho horas- en el exterior de su vivienda, en la urbanización de La Navata. Curioso que estos dos sinvergüenzas, siempre refractarios a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, ahora no les hagan asco a la protección que reciben de algunos de sus agentes.

En unos momentos tan dramáticos como los que se vive en España, no ha de quedar un sólo patriota sin exteriorizar su rechazo a la forma infame en la que estos agentes tienen que desarrollar su trabajo en el interior de una caseta tercermundista, que no cuenta con aseo ni electricidad.

La Guardia Civil es un colectivo de españoles de bien que fue concebida para servir al pueblo español, no a dos políticos miserables que disponen de sobrados medios económicos para costearse una vigilancia permanente. Sería interminable la lista de cosas que requerirían de la profesionalidad de los agentes de la Guardia Civil antes que la encomendada frente al casoplón de Iglesias y Montero. Resulta infamante que quien ha logrado acceder al Instituto Armado luego miles de horas de estudio y esfuerzo, termine ocupándose de vigilar la intimidad de una de las parejas más aborrecidas de España. Muchas alforjas para tan corto viaje.

Aunque el honor como divisa no luce igual de resplandeciente que antes, en la entrada de los casas-cuarteles de la Guardia Civil que aún siguen en pie, es nuestro deber recordar algunos hechos que la hipocresía políticamente imperante aconsejaría silenciar:

Al ser preguntado por la Guardia Civil en la Escuela de Verano de Podemos en 2014, Pablo Iglesias soltó la siguiente perla: “El servicio de orden no está solamente para repeler una agresión fascista, está para defenderse de la Guardia Civil cuando vengan a desalojarnos” y abundó “si nos pegan no vamos a ir al Juzgado, a un cuartel de la Guardia Civil… esa institución burguesa que protege los intereses de la clase dominante. Nosotros hacemos política masculina, con cojones”.

Nos preguntamos entonces por qué no es el servicio de orden de Podemos el que libera a Iglesias del insoportable trance de ser protegido día y noche por “esa institución burguesa que protege los intereses de la clase dominante”.

Pese a que Podemos intentó borrar todo rastro de este audio pero las redes lograron rescatarlo.

Y otra perla para la colección: “Supongo que muchos de vosotros sabréis perfectamente fabricar cócteles Molotov, de los que incendian y explotan, sabréis hacer barricadas, que hay que correr en dirección prohibida de la policía (..) Os estaréis entrenando porque se avecina una crisis terminal del capitalismo y tendremos que estar preparados para tomar las armas”, manifestó en 2014.

Y concluyó su “hazaña” Pablo Iglesias recordando cómo asistía con cascos a las manifestaciones en la sede del PP. Una grabación, insistimos, que en Podemos han tratado de eliminar a toda costa.

Es también necesario recordar el apoyo de Podemos a grupos e individuos significados por sus ataques a la Guardia Civil, como la foto que se hizo Pablo Iglesias con los salvajes agresores de tres guardias civiles en Alsasua.

Pero ya se sabe que Pablo Iglesias es un consumado actor y que tiene una interpretación bastante teatral de los acontecimientos políticos. La clave de su papel teatral es que Pablo Iglesias no es coherente con nada de lo que defiende, y los que en un momento determinado pueden apostar la carta de Iglesias hasta sus últimas consecuencias, sólo creen en un principio, en la única esencia podemita que les interesa: que nunca lleguemos a ninguna estación donde ellos no controlen la taquilla.

Reiteramos nuestro reconocimiento a la Guardia Civil como una de las instituciones vertebradoras de millones de españoles. Pero también estamos obligados a decir que la ruta de los guardias civiles españoles tiene dos llegadas que se unen sin confundirse: España y honor. Y no hay el menor atisbo de honor, ni tampoco de decoro ni de patriotismo, en la denigrante tarea de vigilar el chalé de los Ceaucescu españoles desde el interior de una garita, que sería a la dignidad de un guardia civil lo que Echenique a Usain Bolt.

Por otra parte, la protección personal, pagada a cargo del Estado, con que cuentan los líderes de Podemos en su chalé de Galapagar es inédita entre la oposición

Ni Pablo Casado ni Albert Rivera cuentan con seguridad permanente de Guardia Civil o Policía en sus domicilios, ni ellos la ha solicitado.

Por contra, el Ministerio del Interior concedió a Iglesias y Montero estas medidas de protección tras años reclamándolas. Desde que su partido irrumpió en la escena política, el secretario general de Podemos está obsesionado por su seguridad y su falta de anonimato.

Durante el gobierno de Mariano Rajoy, desde el partido morado se trasladó en distintas ocasiones a Interior la preocupación por la seguridad de su líder, aunque el Ejecutivo descartó una situación de riesgo. Esas reclamaciones fueron atendidas desde el primer momento, sin embargo, por el departamento de Grande-Marlaska. En octubre, y coincidiendo con la negociación de los Presupuestos Generales entre ambos partidos, Interior dio además la orden de reforzar la seguridad en torno al lujoso chalé, con una continua presencia de vehículos de patrulla más los efectivos habituales.

Iglesias tampoco es jefe de la oposición en el Congreso, una figura aprobada en 1983 por la Mesa del Congreso, y que, aunque en desuso, se sigue atribuyendo de determinados ‘privilegios’ como coche oficial, escolta, despacho y personal de gabinete, todo a cargo del presupuesto del Congreso. y si se solicitan. Ese papel corresponde, hoy por hoy, a Pablo Casado.

Así las cosas, la exigencia de reivindicar el honor y el decoro de la Guardia Civil tendría que hacer efectiva la retirada de los agentes que tienen la deshonrosa tarea de vigilar el chalé de la millonaria pareja podemita. Si quieren vigilancia, que se la paguen ellos.


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