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Internacional

Del paraíso al infierno: La implacable radicalización de Suecia

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Por Judith Bergman.- Un nuevo estudio[1] sobre el salafismo en Suecia, realizado por la Universidad de Defensa de Suecia, muestra un lúgubre retrato de la radicalización de los musulmanes que está teniendo lugar en Suecia.

Los Salaf son los “píos antepasados” de las tres primeras generaciones de los seguidores de Mahoma; su ideología se ha acabado asociando en las últimas décadas con Al Qaeda y el ISIS, así como con organizaciones locales asociadas a Al Qaeda. Según el estudio, los salafistas, que creen en el islam tal como lo practicaban los primeros seguidores de Mahoma, tienden a rechazar la sociedad occidental a favor de un islam “puro”: “No todos los salafistas son yihadistas, pero todos los yihadistas son salafistas[2]”.

Aunque el estudio no ofrece una estimación de cuántos salafistas hay en Suecia, sí describe los entornos salafistas que han evolucionado y cobrado fuerza, especialmente en la última década, y enumera varios ejemplos de su influencia en diferentes ciudades y pueblos suecos.

“Los salafistas […] defienden la segregación por sexos, exigen que las mujeres se cubran para limitar la ‘tentación sexual’, restringen el papel de la mujer en la esfera pública y se oponen enérgicamente a escuchar música y a algunas actividades deportivas[3]”, concluyen los autores del estudio.

Según el estudio, muchos salafistas también les dicen a los musulmanes que no tengan amigos suecos, y se refieren a ellos como “kafires”, el término árabe para referirse a un no musulmán o “no creyente”. Un predicador salafista, Anas Jalifa, dijo:

“¿Significa eso que si te encuentras con un cristiano o un judío debes pegarlo o amenazarlo? No. No hay una guerra entre tú y los cristianos y judíos de tu escuela, por ejemplo. Los odias por complacer a Alá. Odias que no crean en Alá. Pero en tu corazón deseas que amen a Alá. Así que tienes que trabajar con ellos, hablar con ellos, porque quieres que Alá los guíe”[4].

Los salafistas, al parecer, se han dividido geográficamente Suecia entre ellos. Según el estudio: “Es interesante que los predicadores salafistas, sobre los cuales se centra el estudio, parecen más bien cooperar entre ellos, en vez de ser rivales. En su lugar, estos predicadores parecen dividirse sus dawas (misiones) en diferentes áreas geográficas” […][5].

Estas son algunas de las revelaciones del estudio sobre diferentes ciudades donde están activos los salafistas:

En Borås, algunos niños no beben agua en el colegio o pintan con acuarelas, porque dicen que el agua es “cristiana”.

La policía dice que los niños musulmanes les han dicho a sus compañeros de clase que los van a degollar, enseñándoles decapitaciones en sus móviles. Hay por ejemplo “adolescentes que llegan a las mezquitas al final de la jornada escolar para ‘lavarse’ tras haber interactuado con la sociedad [no musulmana]”. Los profesionales [de la salud, de la infancia, etc.] de la ciudad han atestiguado el control que los hombres ejercen sobre las mujeres, a las que vigilan incluso en las salas de espera[6]. Un cuidador dijo:

“Me he percatado de que existe una red que controla que las mujeres no se queden a solas con los profesionales. No se les da la opción de hablar con nadie de su situación. La vida de muchas mujeres es peor aquí que en sus países de origen”.

Este tipo de control sobre las mujeres parece estar teniendo lugar en prácticamente todas las ciudades suecas mencionadas en el estudio.

En Västerås, la influencia religiosa se mezcla con la delincuencia. “Puede ser un grupo de tipos que entran en un supermercado. Si la cajera no lleva el velo, cogen lo que quieran sin pagar, llaman ‘zorra sueca’ a la cajera y le escupen”, dijo un policía citado en el estudio. En otros casos, sirios y kurdos que dirigen tiendas y restaurantes en la zona son interrogados por jóvenes musulmanes sobre su religión. Si la respuesta no es el islam, son hostigados. En otros casos, chicos de incluso diez o doce años se han acercado a las mujeres mayores de la zona, preguntándoles si eran musulmanas y diciéndoles “esta es nuestra zona[7]”.

La Universidad de Defensa de Suecia ha publicado un estudio que traza panorama funesto sobre la radicalización de los musulmanes en dicho país.

En Gotemburgo, según el estudio[8], los salafistas les han dicho a los musulmanes que no voten en las últimas elecciones porque es “haram” (está prohibido). “Han dicho que el día del juicio final serás responsable de los actos de todos los políticos estúpidos si les votas. Se apostaron en las cabinas de votación. […]. En un centro de votación ondearon una bandera del ISIS”, dijo un funcionario municipal a los autores del estudio. Según un imán de la localidad, Gotemburgo ha sido la capital del uahabismo (una versión saudí del salafismo) en Europa desde la década de 1990[9].

De los trescientos musulmanes suecos que se unieron al ISIS en Siria e Irak, casi un tercio provenía de Gotemburgo[10]. (En relación con su población total, han viajado más personas desde Suecia para unirse a organizaciones yihadistas en Siria e Irak que de la mayoría de los países europeos; sólo Bélgica y Austria tienen una proporción mayor[11]). El predicador somalí-canadiense Said Regeah, en un discurso en la mezquita salafista Bellevue de Gotemburgo, “planteó la importancia de que las personas nazcan ‘puras’ y que sólo los musulmanes son puros.

Todos nacen musulmanes, pero son los padres los que les educan para ser ‘judíos, cristianos o zoroastras[12]’”.
El estudio también informa de que los propietarios de negocios no musulmanes han sufrido actos de vandalismo en sus propiedades, con pintadas del Estado Islámico, y que han amenazado a los sacerdotes cristianos con decapitarlos[13]. Un hombre, Samir, dijo: “Si no profesas el islam, la gente te margina. Hay padres que colocan velos a sus hijas de tres años. Es surrealista. No estamos en Irak[14]”.

A otro hombre, Anwar, se le negó el servicio en un restaurante musulmán porque no es religioso. Señala que la sociedad está dejando abandonados a los musulmanes laicos. “No necesito una Biblia o un Corán en mi vida. El único libro que necesito es […] la ley [sueca]. Pero si la sociedad ni siquiera está de tu lado, ¿qué puedes hacer[15]?”.

En el área de Estocolmo, el estudio calcula que hay hasta 150 salafistas yihadistas[16]. Los salafistas se concentran especialmente en la zona de Järva, una “zona de exclusión”. A veces los yihadistas y los elementos criminales se solapan, y estos musulmanes aterrorizan a otras personas que viven en la zona. Una mujer dijo que los salafistas y los islamistas han acabado dominando los negocios, los sótanos de las mezquitas y las asociaciones culturales en los últimos diez años, y que “los suecos no tienen ni idea de la influencia que tiene el islam político en los suburbios”.

Explicó incluso cómo los niños son segregados por sexos y que los líderes religiosos les dicen a las mujeres que no les cuenten a las autoridades si sus maridos las maltratan. “Las leyes suecas no se aplican en los suburbios[17]”.

El estudio termina con una crítica a las autoridades suecas por su aparente incapacidad para vincular a individuos musulmanes radicales con “los entornos que forman sus ideas y en ciertos casos han facilitado la voluntad de unirse a organizaciones más radicales y violentas”. El estudio menciona el siguiente ejemplo:

“Cuando el entonces coordinador nacional contra el extremismo violento dijo que la pregunta de por qué tantas personas optaban por viajar al ISIS desde Suecia era “la pregunta del millón”, era un ejemplo de la incapacidad general de las autoridades suecas (con la excepción de la policía y el servicio de seguridad) para ver que este problema no ha surgido de un vacío”[18].

Esta incapacidad —o, posiblemente, ceguera voluntaria— para ver que el terrorismo yihadista no surge de un vacío, sino que se alimenta en entornos concretos, no es ni mucho menos exclusiva de la situación sueca. La insistencia de tantas autoridades europeas y occidentales de describir los ataques terroristas como un “trastorno mental” lo ilustra a la perfección.

Los autores del estudio también dicen que las escuelas y otras autoridades locales no saben realmente cómo manejar los desafíos creados por los salafistas. El estudio habla, por ejemplo, de una alumna musulmana que quería quitarse la pañoleta para jugar a las peluqueras con otros niños, pero el personal sueco no se lo permitió por respeto a los deseos de sus padres. En una escuela de preescolar sueca, una niña pequeña no quería llevar la pañoleta, pero el personal sueco le obligó a llevarla, “aunque les pareciese mal”, porque ése era el deseo de sus padres. Los trabajadores de las escuelas suecas también explicaron que no saben qué hacer cuando los niños quieren comer y beber durante el Ramadán pero los padres les han dado instrucciones de que deben ayunar[19].

Este estudio es un primer paso importante en Suecia para reconocer por fin que hay un problema, pero a menos que las autoridades suecas pertinentes —incluido el Gobierno sueco y los líderes políticos, que se niegan a reconocer la realidad en Suecia— lo lean y lo interioricen, el estudio habrá sido en vano.

[1] “Between Salafism and Salafist Jihadism – Impact and Challenges for Swedish Society”, publicado el 28 de junio. El estudio fue encargado por la Agencia Sueca de Contingencias Civiles.
[2] “Between Salafism and Salafist Jihadism – Impact and Challenges for Swedish Society”, pág. 14.
[3] Íbid., pág. 24.
[4] Íbid., pág. 132.
[5] Íbid., pág. 223.
[6] Borås se explica a partir de la página 162 del estudio.
[7] Västerås se explica a partir de la página 168.
[8] Íbid., pág. 186.
[9] Íbid., pág. 182.
[10] Íbid., pág. 103.
[11] Íbid., pág. 107.
[12] Íbid., pág. 131.
[13] Íbid., pág. 186.
[14] Íbid., pág. 187.
[15] Íbid., pág. 187.
[16] Íbid., pág. 210.
[17] Íbid., pág. 213.
[18] Íbid., pág. 109.
[19] Íbid., pág. 194.

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Resto del Mundo

Por qué Sudáfrica es uno de los países más xenófobos del mundo

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Destrozos tras un ataque xenófobo en Johannesburgo, Sudáfrica, 5 de septiembre de 2019.
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Alberto Rodríguez García* (R).- Cuando el Congreso Nacional Africano bajo el liderazgo de Nelson Mandela puso fin al Apartheid en Sudáfrica, el futuro parecía esperanzador gracias a un proyecto nacional basado en la convivencia multiracial que durante casi medio siglo fue imposible.
Cinco lustros después, de esa convivencia soñada ya no queda apenas nada. Los brotes de violencia xenófoba contra inmigrantes a los que destruyen sus negocios e incluso machetean en mitad de la calle a plena luz del día, así como los asesinatos de granjeros bóer, ya son algo normal en una Sudáfrica económicamente ruinosa (con la mitad de la población adulta viviendo bajo el umbral de la pobreza y un 28% de paro), socialmente rota y tremendamente violenta.

A principios de mes hubo un estallido de revueltas xenófobas –que se suman a las de abril– en Johannesburgo contra inmigrantes africanos que se saldaron con decenas de negocios cerrados, otros tantos destrozados por las llamas y diez asesinatos.

“Los brotes de violencia xenófoba contra inmigrantes, así como los asesinatos de granjeros bóer, ya son algo normal en una Sudáfrica económicamente ruinosa, socialmente rota y tremendamente violenta”.
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.

Los recientes ataques indiscriminados –e injustificados– contra inmigrantes han sido el punto de inflexión que, parece, traerán consecuencias para Sudáfrica. Nigeria ha iniciado los procesos de repatriación de cientos de sus ciudadanos cuya integridad está amenazada, y se estima que otros 600 nigerianos tienen pensado volver a su país en los próximos días; algunos porque temen por su vida, y otros porque en los ataques lo han perdido todo.

Además de la población extranjera, los Bóer (grupo germánico que habita Sudáfrica) también se han visto obligados en los últimos años a abandonar las tierras, que habitan desde hace más de tres siglos. Muchos fueron hacia el norte; a Mozambique, Sudán, Zambia e incluso Libia, donde su experiencia trabajando la tierra en las duras condiciones de África es muy valorada.

Rusia también se ha convertido en un país que en el desastre sudafricano ha visto una oportunidad para su desarrollo. Tal es así que el año pasado el país acogió a las primeras 50 familias Bóer que llegaron en busca de asilo huyendo de los ataques y asesinatos que sufrían en su país. Se estima que unos 15.000 Bóer estarían dispuestos a viajar a Rusia para seguir viviendo como granjeros.

Pobreza y xenofobia, dos caras de una misma moneda

La pobreza y el analfabetismo son el caldo de cultivo perfecto para que la población sudafricana asuma, asimile y normalice cada vez más las ideas xenófobas, como si fuesen incapaces de aprender de su historia. De acuerdo a una investigación del Pew Research Center, el 62% de los sudafricanos ve a los inmigrantes como una amenaza que llega para robarles el trabajo y los beneficios sociales. Estas ideas se traducen en que los ataques xenófobos dirigidos mayoritariamente contra inmigrantes procedentes de Nigeria, Malaui, Somalia, Zimbabwe y Mozambique no han dejado de crecer hasta alcanzar en 2008 la alarmante cifra de 67 asesinatos (aunque se estima que hay más, este es el número oficial registrado).

“Sudáfrica es un país creado a partir de la segregación y construido en el odio, donde un gobierno mediocre oculta su fracaso con discursos raciales, algo de populismo barato y muchas mentiras para re-escribir la historia a su antojo”.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Según el Centro Africano para la Migración y Sociedad de la Universidad Witwatersand de Johannesburgo, la violencia xenófoba se ha convertido en una característica del Sudáfrica post-apartheid.

No se puede entender esta problemática sin mirar al pasado para conocer la esencia de Sudáfrica: un país creado a partir de la segregación y construido en el odio, donde un gobierno mediocre oculta su fracaso con discursos raciales, algo de populismo barato y muchas mentiras para re-escribir la historia a su antojo.

Que ‘Dubul’ ibuhunu’ (dispara al Bóer) sea una canción todavía popular entre los dirigentes del Congreso Nacional Africano, que no ocultan su odio racial a una comunidad en particular, dice mucho del tipo de gobierno que hay hoy día en Sudáfrica.

Hay dos formas de justificar el racismo del CNA:

1- Como no tiene complejos en decir el popular político sudafricano –de origen zulú– Mbyiseni Ndlozi, “tomar las tierras de los blancos está justificado porque no es realmente su tierra”.

2- Los Bóer siguen siendo aquellos supremacistas blancos que no aceptan el fin del Apartheid.

Ambas afirmaciones, sin embargo, parten de premisas falsas, y solo un miserable podría encontrar acomodo en las mismas para justificar el odio hacia comunidades enteras por cuestiones de raza o etnia.

“Culpar a los blancos o a los inmigrantes de los males por los que pasa un país en la ruina por representantes que no lo han sabido gestionar es muy cómodo. El problema surge cuando la población acepta el discurso, lo corea e incluso baila cuando el político de turno aparece cantando que hay que matar a los granjeros”.

Por un lado, es importante destacar que los bantúes en general y zulúes en concreto, las etnias mayoritarias de Sudáfrica, fueron ‘los últimos en llegar’… y lo hicieron mediante la conquista y el exterminio de otras tribus durante lo que hoy día se conoce como el Mfekane (aplastamiento). La única población que se puede considerar autóctona de Sudáfrica son los bosquímanos Joisán, actualmente marginados y sin el reconocimiento de su derecho aborigen a la tierra por parte de esos mismos déspotas que se llenan la boca hablando de recuperar su tierra de manos de los blancos. Del mismo modo, la primera comunidad en comenzar a labrar las tierras de la región después de que éstas fuesen abandonadas por la sequía en el siglo XIV fueron los granjeros Bóer que llegaron desde Europa con la Compañía Neerlandesa de las Indias a un lugar inhabitado en 1652. Y finalmente llegaron los zulúes, originarios de Malaui, que en los años posteriores a 1818 vivieron un periodo de expansión gracias a las conquistas de su rey Shaka Zulu.

Por otro lado, si bien es cierto que el sector más radical de los afrikáner representados en el Partido Nacional instauraron el Apartheid en 1948, los Bóer a día de hoy no son más que granjeros de raza blanca; muchos de ellos humildes. Si aun así hay alguien que llega al ridículo de pensar que el color de la piel determina la ideología, no estaría de más recordar que en el movimiento anti-apartheid también participaron blancos, y que por ejemplo, el dirigente del Partido Comunista de Sudáfrica y miembro del gobierno sudafricano surgido tras las primeras elecciones sin el Apartheid, Joe Slovo, era de origen lituano.

Pero hay quienes siguen ofuscados en hablar el idioma del odio, porque les viene bien. Culpar a los blancos o a los inmigrantes de los males por los que pasa un país en la ruina por representantes que no lo han sabido gestionar es muy cómodo. Es, añadiría, una artimaña que en Europa ya hemos vivido y que no terminó precisamente bien. El problema surge cuando la población acepta el discurso, lo corea e incluso baila cuando el político de turno aparece cantando que hay que matar a los granjeros, señalando directamente de esta manera a los Bóer.

Pero la xenofobia, el racismo y la segregación de facto entre comunidades no es algo que solo se refleja en ataques indiscriminados contra comercios, homicidios y/o canciones. Se trata de un problema asentado en las propias bases del nuevo sistema sudafricano, creado en 1994, que en lugar de destruir el Apartheid se ha limitado a desechar algunas cuestiones, mantener otras, y cambiarle el color. Así es que encontramos leyes que, como el Apartheid, promueven la segregación y premian el color de piel.
“El programa de Empoderamiento Económico Negro solo ha servido para crear un nuevo tipo de apartheid encubierto, enriquecer a una élite muy concreta y aumentar la brecha de desigualdad entre pobres y ricos”.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Para revertir la situación de desigualdad –innegable– generada por el Apartheid que durante años blindó los privilegios blancos, el Congreso Nacional Africano decidió lanzar en 2003 –una década después del final del régimen de segregación– el programa de Empoderamiento Económico Negro (EEN) que otorga a la población ‘de color’ (la ley distingue como gente de color a negros, indios y chinos) un estatus especial frente a los granjeros blancos.

El programa de Empoderamiento Económico Negro consiste en otorgar privilegios a las razas que sufrieron la marginalización del Apartheid, premiando la propiedad no-blanca para ‘igualar la balanza’. 16 años después, sin embargo, este programa solo ha servido para crear un nuevo tipo de apartheid encubierto, enriquecer a una élite muy concreta y aumentar la brecha de desigualdad entre pobres y ricos. Ni siquiera las mujeres negras, que supuestamente iban a ser las más beneficiadas del EEN, pueden valorar el programa positivamente. Incluso, al poco de lanzarse el programa, una de las principales figuras de la lucha contra el apartheid, el arzobismo Demond Tutu, alertó de que el EEN solo serviría para sustituir una élite por otra. Y no se equivocó.

Mientras Sudáfrica apuntala su fracaso económico, social y político, los inmigrantes vuelven a sus países huyendo del odio. Los granjeros buscan asilo lejos de la violencia. Pero cuando termine el día, 58 personas habrán sido asesinadas.

Dentro de un año serán más de 20.000 los homicidios. Entre las víctimas, habrán quienes hayan perdido la vida únicamente por su nacionalidad, etnia o raza. ¿Cuántos? El número exacto nunca lo sabremos, y solo serán una cifra más entre los miles de homicidios que desangran un país en el que la xenofobia, mata.

*Articulista de RT

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Internacional

Irán amenaza con “una guerra sin cuartel” si sufre un ataque militar de EEUU o Arabia Saudita

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Mohammad Javad Zarif
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Irán no quiere un conflicto armado pero, si sufre un ataque militar de EE.UU. o Arabia Saudita, se verá obligado a entrar en “una guerra sin cuartel”, ha manifestado el ministro de Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, a la cadena estadounidense CNN.

El responsable de la diplomacia de Irán ha asegurado que Teherán espera evitar esa situación, pero no volverá a negociar con Washington hasta que EE.UU. cancele todas las restricciones en su contra, como sucedió al acordar el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés) en 2015.

Asimismo, Zarif ha reiterado que su país no tiene relación con los ataques que sufrieron las refinerías de Arabia Saudita el pasado 14 de septiembre, al contrario de lo que estiman Riad y Washington.

Teherán exige “pruebas reales”

El canciller de Irán también ha señalado que en Yemen los hutíes —quienes asumieron la responsabilidad de estas ofensivas— poseen las capacidades necesarias para ejercer una operación de ese nivel, aunque no ha proporcionado evidencias para probar su implicación en esos sucesos.

“Sé que no lo hicimos y sé que los hutíes declararon que lo habían hecho ellos”, ha enfatizado Mohammad Javad Zarif.

Si EE.UU. o Arabia Saudita “tienen pruebas reales de la complicidad de Irán” respecto a los ataques a esas instalaciones petroleras de Aramco, “que las muestren”, ha dicho esta misma jornada el portavoz de la Cancillería iraní, Abbás Mousaví, al canal Al Alam.

Evidencia “innegable” de Riad

Por su parte, el Ministerio de Defensa de Arabia Saudita comunicó el pasado 18 de septiembre que los ataques a su petrolera estatal no procedieron de Yemen, “a pesar de los esfuerzos” de Teherán “para que pareciera así”, sino que “indudablemente fueron patrocinados por Irán”.

La Cancillería saudita argumentó que las ofensivas procedían del norte, mientras que Yemen se ubica al sur de Arabia Saudita. Como evidencia “innegable” de la implicación de Irán el portavoz de ese organismo, Turki al Malki, mostró restos de los 25 drones y misiles que se habrían utilizado en los ataques.

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Europa

Diego Fusaro, impulsor del nuevo partido Vox Italiae: “Sin soberanía nacional, no puede haber democracia ni derechos sociales”

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Diego Fusaro
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Carlos X. Blanco.- Diego Fusaro, uno de los filósofos más escuchados y leídos en este momento en Italia y en toda Europa, ha concedido una entrevista exclusiva a La Tribuna del País Vasco con motivo de la irrupción de un nuevo partido político soberanista, identitario y transversal en su país. En esta conversación, Fusaro matiza su vinculación con esa nueva fuerza política y aclara su ideario.

– ¿Qué es Vox Italiae? ¿Un nuevo partido político en Italia? ¿Un movimiento ciudadano que reconstruya la ruptura “populista” entre la Lega y el M5S?

-Vox Italiae es, en la realidad italiana, el primer partido soberano, populista y socialista. En Italia tenemos partidos globalistas de derecha (Forza Italia de Berlusconi), partidos globalistas de izquierda (Pd de Matteo Renzi y las otras formas de la izquierda fucsia y arco iris), partidos soberanistas y liberales (Lega, Fratelli d’Italia). No hay ningún partido que sea a la vez soberanista, populista y socialista, keynesiano y no thatcheriano, partido para las clases trabajadoras y no para el capital. Este partido es Vox Italiae. La soberanía es sin duda la condición de la democracia, pero no es suficiente. La soberanía se dice de muchas maneras: Bolsonaro -un servidor de los Estados Unidos, un liberal puro- no es Putin, Putin no es Morales, etc. Por cierto, no tiene nada que ver con Vox España, que es soberanista pero liberal. Después de la desintegración del gobierno gialloverde, hubo una tragedia: el gialloverde era populista y soberanista, con identidad y tendencias socialistas. Ahora el Movimiento 5 Estrellas ha vuelto a fluir hacia la izquierda cosmopolita fucsia y la Liga hacia la derecha liberal azul. Cualquiera que sea el bando que gane, gana el liberalismo.

– ¿Tiene usted ambiciones políticas?

  • No soy miembro del partido, sino sólo el inspirador teórico: nunca he tenido carnets y no quiero tenerlos. Soy un libre pensador, no un político. No he fundado el partido, ni tampoco lo dirijo.

– Su movimiento “Vox Italiae” se presenta como una crítica a Salvini. ¿Podría concretar esa crítica?

  • La Liga de Salvini es un partido soberanista y basado en la identidad, contrario a la UE, pero también es un partido liberal y atlantista. Nosotros somos soberanos, identitarios, contra la UE y también contra el liberalismo y la OTAN. Estamos a favor de un internacionalismo de Estados soberanos, democráticos y socialistas, libres del atlantismo y abiertos al eurasianismo. La Liga, en cambio, mira a Washington y su modelo económico es Thatcher, no Gramsci y Keynes.

– ¿Cómo se coordinaría “Vox Italiae” con las fuerzas y partidos políticos italianos actualmente existentes?

  • No somos ni de derechas ni de izquierdas. Estamos a favor de un socialismo democrático que defienda al pueblo italiano, sobre todo a las clases trabajadoras: sin soberanía nacional, no puede haber democracia ni derechos sociales. Por esta razón, los amos cosmopolitas aspiran a destruir la soberanía nacional: destruir las democracias y los derechos sociales. Por eso, la recuperación de la plena soberanía económica, monetaria (no al euro), militar (no a la OTAN) es la condición sine qua non para tener una democracia obrera socialista. Precisamente porque no somos ni de derechas ni de izquierdas, nos aliaremos con todos aquellos que – citando a Gramsci – han venido por una u otra vía para oponerse al capitalismo global.

-¿Cree que es difícil romper la inercia del esquema “izquierda-derecha” que tanto parece beneficiar al globalismo y al “europeísmo”?

Es muy difícil romper la dicotomía entre la izquierda y la derecha, porque es la base del orden liberal.  Mejor que el totalitarismo glamour del mundo liberal: te permite ser libremente lo que quieras, mientras seas liberal-liberalista. No se permiten otras posiciones. Por eso Italia es hoy emblemática: con el fucsia de izquierdas del Movimiento 5 estrellas y el azul-verde de derechas de la Liga, lo que existe no es sino un liberalismo cosmopolita de izquierdas y un liberalismo soberano de derechas. Pero el liberalismo siempre está ahí, en cualquiera de los casos. Se genera una alternancia sin alternativa. El liberalismo siempre gana, no importa si es fucsia o color azulejo. Tenemos que ir más allá. Para derribar el orden dominante, necesitamos una nueva geografía de la política: los de abajo vs. los de arriba, pueblo vs. elite, siervo vs. amo (Hegel).

Vox Italiae tiene como objetivo servir a los intereses de los más desfavorecidos, del pueblo, del siervo: soberanía nacional, más Estado y menos mercado, más derechos sociales y menos competitividad, etc.

Obviamente, dirán que esto es “rojipardo”: así que el pensamiento único difama a cada izquierda que no es fucsia globalista y a cada derecha que no es azul liberal. A la derecha, dirán que somos rojos. A la izquierda, que somos negros. La verdad es que no somos ni fucsia ni azul aciano (bluette). El pensamiento único -que también descartaría a Gramsci y Fidel Castro como rojipardos- no sólo es políticamente correcto. También es cromáticamente correcto. Sólo acepta tonos homogéneos con el arco iris globalista, que es un falso arco iris: esconde el gris del nihilismo de la civilización post-metafísica de los mercados y del relativismo absoluto en el que se basa.

* Entrevista publicada en La Tribuna del País Vasco, medio con el que Alerta Digital acordó intercambiar algunos de sus contenidos para enriquecer y mejorar nuestras respectivas ofertas informativas.

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