Internacional
Del paraíso al infierno: La implacable radicalización de Suecia
Por Judith Bergman.- Un nuevo estudio[1] sobre el salafismo en Suecia, realizado por la Universidad de Defensa de Suecia, muestra un lúgubre retrato de la radicalización de los musulmanes que está teniendo lugar en Suecia.
Los Salaf son los “píos antepasados” de las tres primeras generaciones de los seguidores de Mahoma; su ideología se ha acabado asociando en las últimas décadas con Al Qaeda y el ISIS, así como con organizaciones locales asociadas a Al Qaeda. Según el estudio, los salafistas, que creen en el islam tal como lo practicaban los primeros seguidores de Mahoma, tienden a rechazar la sociedad occidental a favor de un islam “puro”: “No todos los salafistas son yihadistas, pero todos los yihadistas son salafistas[2]”.
Aunque el estudio no ofrece una estimación de cuántos salafistas hay en Suecia, sí describe los entornos salafistas que han evolucionado y cobrado fuerza, especialmente en la última década, y enumera varios ejemplos de su influencia en diferentes ciudades y pueblos suecos.
“Los salafistas […] defienden la segregación por sexos, exigen que las mujeres se cubran para limitar la ‘tentación sexual’, restringen el papel de la mujer en la esfera pública y se oponen enérgicamente a escuchar música y a algunas actividades deportivas[3]”, concluyen los autores del estudio.
Según el estudio, muchos salafistas también les dicen a los musulmanes que no tengan amigos suecos, y se refieren a ellos como “kafires”, el término árabe para referirse a un no musulmán o “no creyente”. Un predicador salafista, Anas Jalifa, dijo:
“¿Significa eso que si te encuentras con un cristiano o un judío debes pegarlo o amenazarlo? No. No hay una guerra entre tú y los cristianos y judíos de tu escuela, por ejemplo. Los odias por complacer a Alá. Odias que no crean en Alá. Pero en tu corazón deseas que amen a Alá. Así que tienes que trabajar con ellos, hablar con ellos, porque quieres que Alá los guíe”[4].
Los salafistas, al parecer, se han dividido geográficamente Suecia entre ellos. Según el estudio: “Es interesante que los predicadores salafistas, sobre los cuales se centra el estudio, parecen más bien cooperar entre ellos, en vez de ser rivales. En su lugar, estos predicadores parecen dividirse sus dawas (misiones) en diferentes áreas geográficas” […][5].
Estas son algunas de las revelaciones del estudio sobre diferentes ciudades donde están activos los salafistas:
En Borås, algunos niños no beben agua en el colegio o pintan con acuarelas, porque dicen que el agua es “cristiana”.
La policía dice que los niños musulmanes les han dicho a sus compañeros de clase que los van a degollar, enseñándoles decapitaciones en sus móviles. Hay por ejemplo “adolescentes que llegan a las mezquitas al final de la jornada escolar para ‘lavarse’ tras haber interactuado con la sociedad [no musulmana]”. Los profesionales [de la salud, de la infancia, etc.] de la ciudad han atestiguado el control que los hombres ejercen sobre las mujeres, a las que vigilan incluso en las salas de espera[6]. Un cuidador dijo:
“Me he percatado de que existe una red que controla que las mujeres no se queden a solas con los profesionales. No se les da la opción de hablar con nadie de su situación. La vida de muchas mujeres es peor aquí que en sus países de origen”.
Este tipo de control sobre las mujeres parece estar teniendo lugar en prácticamente todas las ciudades suecas mencionadas en el estudio.
En Västerås, la influencia religiosa se mezcla con la delincuencia. “Puede ser un grupo de tipos que entran en un supermercado. Si la cajera no lleva el velo, cogen lo que quieran sin pagar, llaman ‘zorra sueca’ a la cajera y le escupen”, dijo un policía citado en el estudio. En otros casos, sirios y kurdos que dirigen tiendas y restaurantes en la zona son interrogados por jóvenes musulmanes sobre su religión. Si la respuesta no es el islam, son hostigados. En otros casos, chicos de incluso diez o doce años se han acercado a las mujeres mayores de la zona, preguntándoles si eran musulmanas y diciéndoles “esta es nuestra zona[7]”.
La Universidad de Defensa de Suecia ha publicado un estudio que traza panorama funesto sobre la radicalización de los musulmanes en dicho país.
En Gotemburgo, según el estudio[8], los salafistas les han dicho a los musulmanes que no voten en las últimas elecciones porque es “haram” (está prohibido). “Han dicho que el día del juicio final serás responsable de los actos de todos los políticos estúpidos si les votas. Se apostaron en las cabinas de votación. […]. En un centro de votación ondearon una bandera del ISIS”, dijo un funcionario municipal a los autores del estudio. Según un imán de la localidad, Gotemburgo ha sido la capital del uahabismo (una versión saudí del salafismo) en Europa desde la década de 1990[9].
De los trescientos musulmanes suecos que se unieron al ISIS en Siria e Irak, casi un tercio provenía de Gotemburgo[10]. (En relación con su población total, han viajado más personas desde Suecia para unirse a organizaciones yihadistas en Siria e Irak que de la mayoría de los países europeos; sólo Bélgica y Austria tienen una proporción mayor[11]). El predicador somalí-canadiense Said Regeah, en un discurso en la mezquita salafista Bellevue de Gotemburgo, “planteó la importancia de que las personas nazcan ‘puras’ y que sólo los musulmanes son puros.
Todos nacen musulmanes, pero son los padres los que les educan para ser ‘judíos, cristianos o zoroastras[12]’”.
El estudio también informa de que los propietarios de negocios no musulmanes han sufrido actos de vandalismo en sus propiedades, con pintadas del Estado Islámico, y que han amenazado a los sacerdotes cristianos con decapitarlos[13]. Un hombre, Samir, dijo: “Si no profesas el islam, la gente te margina. Hay padres que colocan velos a sus hijas de tres años. Es surrealista. No estamos en Irak[14]”.
A otro hombre, Anwar, se le negó el servicio en un restaurante musulmán porque no es religioso. Señala que la sociedad está dejando abandonados a los musulmanes laicos. “No necesito una Biblia o un Corán en mi vida. El único libro que necesito es […] la ley [sueca]. Pero si la sociedad ni siquiera está de tu lado, ¿qué puedes hacer[15]?”.
En el área de Estocolmo, el estudio calcula que hay hasta 150 salafistas yihadistas[16]. Los salafistas se concentran especialmente en la zona de Järva, una “zona de exclusión”. A veces los yihadistas y los elementos criminales se solapan, y estos musulmanes aterrorizan a otras personas que viven en la zona. Una mujer dijo que los salafistas y los islamistas han acabado dominando los negocios, los sótanos de las mezquitas y las asociaciones culturales en los últimos diez años, y que “los suecos no tienen ni idea de la influencia que tiene el islam político en los suburbios”.
Explicó incluso cómo los niños son segregados por sexos y que los líderes religiosos les dicen a las mujeres que no les cuenten a las autoridades si sus maridos las maltratan. “Las leyes suecas no se aplican en los suburbios[17]”.
El estudio termina con una crítica a las autoridades suecas por su aparente incapacidad para vincular a individuos musulmanes radicales con “los entornos que forman sus ideas y en ciertos casos han facilitado la voluntad de unirse a organizaciones más radicales y violentas”. El estudio menciona el siguiente ejemplo:
“Cuando el entonces coordinador nacional contra el extremismo violento dijo que la pregunta de por qué tantas personas optaban por viajar al ISIS desde Suecia era “la pregunta del millón”, era un ejemplo de la incapacidad general de las autoridades suecas (con la excepción de la policía y el servicio de seguridad) para ver que este problema no ha surgido de un vacío”[18].
Esta incapacidad —o, posiblemente, ceguera voluntaria— para ver que el terrorismo yihadista no surge de un vacío, sino que se alimenta en entornos concretos, no es ni mucho menos exclusiva de la situación sueca. La insistencia de tantas autoridades europeas y occidentales de describir los ataques terroristas como un “trastorno mental” lo ilustra a la perfección.
Los autores del estudio también dicen que las escuelas y otras autoridades locales no saben realmente cómo manejar los desafíos creados por los salafistas. El estudio habla, por ejemplo, de una alumna musulmana que quería quitarse la pañoleta para jugar a las peluqueras con otros niños, pero el personal sueco no se lo permitió por respeto a los deseos de sus padres. En una escuela de preescolar sueca, una niña pequeña no quería llevar la pañoleta, pero el personal sueco le obligó a llevarla, “aunque les pareciese mal”, porque ése era el deseo de sus padres. Los trabajadores de las escuelas suecas también explicaron que no saben qué hacer cuando los niños quieren comer y beber durante el Ramadán pero los padres les han dado instrucciones de que deben ayunar[19].
Este estudio es un primer paso importante en Suecia para reconocer por fin que hay un problema, pero a menos que las autoridades suecas pertinentes —incluido el Gobierno sueco y los líderes políticos, que se niegan a reconocer la realidad en Suecia— lo lean y lo interioricen, el estudio habrá sido en vano.
[1] “Between Salafism and Salafist Jihadism – Impact and Challenges for Swedish Society”, publicado el 28 de junio. El estudio fue encargado por la Agencia Sueca de Contingencias Civiles.
[2] “Between Salafism and Salafist Jihadism – Impact and Challenges for Swedish Society”, pág. 14.
[3] Íbid., pág. 24.
[4] Íbid., pág. 132.
[5] Íbid., pág. 223.
[6] Borås se explica a partir de la página 162 del estudio.
[7] Västerås se explica a partir de la página 168.
[8] Íbid., pág. 186.
[9] Íbid., pág. 182.
[10] Íbid., pág. 103.
[11] Íbid., pág. 107.
[12] Íbid., pág. 131.
[13] Íbid., pág. 186.
[14] Íbid., pág. 187.
[15] Íbid., pág. 187.
[16] Íbid., pág. 210.
[17] Íbid., pág. 213.
[18] Íbid., pág. 109.
[19] Íbid., pág. 194.
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
