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Opinión

El 28 de abril estás llamado a votar, pero tú no eliges, tu voto no vale para nada

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Pues, “eso”, que el domingo, 28 de abril no se elige nada, todo está decidido de ante mano. Los jefes de los partidos políticos más conocidos (conocidos por ser los más publicitados en las diversas televisiones), los que se hacen llamar más “representativos”, ya han elegido por todos nosotros, pues ellos –a los que nadie ha elegido- son los que han confeccionado las listas decandidatos. Los votantes no eligen, simplemente votan; son llamados a refrendar las listas que, insisto, han sido elegidas por gente a la que nadie ha elegido. Es un grandísimo embuste, una burla cruel afirmar que el 28 de abril se elige a los representantes políticos de los ciudadanos, todo es un paripé para “legitimar” a quienes más tarde se encargarán de pulsar botones en el Congreso y en el Senado, siguiendo las directrices de sus jefes de fila, y nunca mejor dicho.

Esta forma tan descarada, sin el menor recato, de “elecciones a la española”, zafia y vil, mediante la cual se reparten los escaños entre los partidos del sistema (más correcto sería afirmar que España es un país de partido único multimarca, en lugar de democracia parlamentaria, o expresiones similares), es el procedimiento mediante el cual se turnan en el poder y los puestos de mando del Estado los oligarcas y caciques, aparentando formas democráticas.

Este fue el sistema electoral pactado en la denominada transición, de la dictadura a la democracia, por políticos franquistas y políticos del PSOE, PCE, etc. la mayoría de estos últimos, también provenientes del “movimiento” y del sindicato vertical franquistas. El único objetivo de tan grosero, burdo y tosco sistema es controlar y apacentar, tal cual si fuera un rebaño, a la infantil sociedad española, para evitar que en algún momento llegue a tener la tentación de ejercer la libertad política.

De este modo la representación política es imposible, solo es posible la adhesión, más o menos entusiasta, a los partidos políticos, tal como haría un forofo de un equipo de futbol o de un cantante.

Evidentemente los diputados de los diversos partidos no representan a los votantes, son simplemente representantes de los partidos; pues, la obediencia debida a los jefes, a los oligarcas y caciques de los partidos que, son quienes han decidido incluirlos en las listas, conducen a lazos de fidelidad y obediencia más fuertes que los vínculos a los que supuestamente están obligados con los ciudadanos que han votado las listas electorales. Es más, en la mayoría de las ocasiones sus votantes son incapaces de nombrar a quiénes han votado.

En la democracia a la española que, es lo menos parecido a la democracia como forma de gobierno, los diputados electos son peones con los que trapichean los oligarcas de cada partido; la ausencia de verdadera participación y representación política de los votantes es una de las principales causas de la corrupción política y económica del régimen partitocrático que sufrimos en España desde hace décadas.
Vivimos en un país en el que no existe división de poderes: es el gobierno de turno (pocos turnos son posibles con la actual legislación) el que controla al poder legislativo, y no al revés como ocurre en las llamadas democracias parlamentarias; es el ejecutivo el que nombra y controla al poder judicial; y por supuesto no se puede hablar de “cuarto poder” pues, también, casi la totalidad de los medios de comunicación están especialmente sujetos a la voluntad del poder ejecutivo que, los riega de jugosas subvenciones.

Tal como están diseñados los procesos electorales, no permiten ni remotamente la igualdad de oportunidades, como tampoco se puede hablar de elecciones libres (cuando hablo de libertad, me refiero a la capacidad de tomar decisiones, de poder optar). En la práctica, ni existe la posibilidad de ser elegido (ser candidato en igualdad de condiciones y oportunidades que los demás), ni tampoco la de elegir a quien uno desee, por considerar que es el candidato más idóneo para que nos represente.

Son las oligarquías de los partidos las que deciden quien sí y quien no, va en las listas electorales; que además son cerradas. Es decir que desde hace alrededor de cuarenta años son siempre los mismos los que deciden sobre los integrantes de cada lista. Y además, de paso se aseguran “lealtades”, sumisión, servidumbres voluntarias (aquello de “quien se mueva no sale en la foto”), y la denominada “disciplina de partido” (aunque a veces haya alguien que les salga “rana”), o sea, la sujeción a las consignas y directrices que deciden los oligarcas y caciques que dirigen cada partido político.

No hace falta mucha imaginación para llegar a la conclusión de que es el “criterio de docilidad-fidelidad” el que determina que se repita o no en los siguientes comicios, y no la eficacia en el desempeño del cargo o el respaldo de los electores.

Aparte de lo anterior, que tiene una especial importancia, está el hecho de que quienes ya participan de una u otra forma del poder, reciben ingentes cantidades de dinero (de los presupuestos del estado) y subvenciones en múltiples formas que, les posibilita hacer un despliegue propagandístico-publicitario con el que, de ningún modo otras agrupaciones políticas pueden rivalizar.

Los partidos políticos están subvencionados por todos los contribuyentes, sea cual sea su ideología, y son parte del aparato del estado, cuyas agendas marcan la agenda del Estado; y son además la principal causa de la corrupción.

Por otro lado está, también, el acceso a los medios de comunicación (que hasta ahora han venido controlando de manera férrea los partidos gobernantes), acceso que, está casi totalmente vedado a opciones que no sean ya parte del sistema.

Tampoco podemos olvidar los “préstamos bancarios” que los principales partidos reciben una y otra vez, en cada ocasión que hay elecciones y que, generalmente les son perdonados.

Mención aparte merecen las financiaciones fraudulentas de las que casi todos los partidos políticos participan, y tampoco se pueden obviar las diversas formas de corrupción que subyacen en muchas instituciones (aquello del “sindicato del ladrillo”, pongamos por caso).

Aparte de lo anterior, hay un factor especialmente determinante: no existe proporcionalidad directa, no hay relación entre el número de votos conseguidos y el número de cargos electos que cada candidatura obtiene. La normativa electoral está diseñada de tal forma que, siempre salen favorecidos los llamados partidos mayoritarios, apenas existen resquicios para conseguir representación en las diversas instituciones.

Dicho en román paladino, dicho de forma clara, simple, sin adornos: en España no hay representación política de los votantes y, por lo tanto, en España no existe democracia.

Para que se pueda hablar de que existe democracia como forma de gobierno, es imprescindible que exista separación de poderes (y no mera distribución-delegación de funciones), y que, también, exista una verdadera participación y representación política de los electores. España no es una democracia.

No hay mayor sordo que el que no desea oír, como tampoco mayor ciego que el que no quiere ver, así que, el que quiera comulgar con ruedas de molino es porque tiene amplias tragaderas; indudablemente, dejarse influir por lo que los medios cuentan, e ir a votar pensando que su voto sirve para decidir y elegir algo o a alguien, es hacer un ejercicio de ceguera y sordera.

La mayor de las falacias que, propagan las televisiones, radios, periódicos, durante estos días previos al 28 de abril, es la de que, fulano, mengano, zutano… son candidatos a presidir el gobierno y que las elecciones son para tal cuestión. ¿Desde cuándo los españoles eligen al presidente del gobierno y sus ministros?

Hay una cuestión de la que no hay que tener dudas: participar en esté paripé de elecciones, cualquiera que sea el partido al que se vote, no va a servir para reformar el régimen del 78, y mucho menos a evitar la corrupción de dicho régimen, sino todo lo contrario, servirá para reforzarla y potenciarla; pues, la corrupción es consustancial al régimen y al gobierno. Para cambiar pacíficamente este régimen, no hay más alternativa que no apoyarlo ni legitimarlo con el voto.

¿Alguien recuerda que algún partido político haya abordado el asunto de la corrupción, y lo que es más importante: la forma de evitarla, durante los días que llevamos de campaña electoral? Pueden estar seguros de que ningún partido hablará de ello, ningún partido hablará de erradicarla.

No nos engañemos, para que haya corrupción, aparte de políticos corruptos es imprescindible que, también haya una gran mayoría de personas, de ciudadanos, que los apoyen, siendo por tanto sus cómplices (votando y volviendo a votar una y otra vez a los partidos corruptos) o convirtiéndose en estómagos agradecidos, paniaguados, miembros de la red clientelar de esos mismos políticos corruptos, de los que reciben en mayor o menor medida trato de favor, subvenciones, regalías diversas, concesiones de subsidios, y un largo etc.

Aunque ya haya hablado de ello en otras ocasiones, no está de más recordar que el sistema político español está perfectamente diseñado, de tal manera que la capacidad de decisión de los políticos, su posibilidad de decidir de forma arbitraria, caprichosa, sean de tal magnitud que corromperse, más que una consecuencia sea su resultado más lógico.

La corrupción en España se manifiesta de varias formas, tres en concreto:

  • la corrupción que tiene relación con asuntos urbanísticos, de recalificación de terrenos;

  • la corrupción relacionada con contratos de bienes y servicios por parte de las diversas administraciones;

  • y la corrupción ocasionada por los diversos subsidios y subvenciones.

En el asunto de las recalificaciones, como bien se sabe, la clave está en que hay autoridades, generalmente municipales que poseen la capacidad de alterar el valor de los terrenos que recalifican, y por lo tanto la posibilidad de hacerse ricos, o favorecer a familiares y amigos.

Por otro lado, al existir multitud de oficinas públicas con capacidad de contratar bienes y servicios, también son enormes las posibilidades de adjudicaciones millonarias y milmillonarias, con las consiguientes comisiones o mordidas, también supermillonarias, a cambio del trato de favor, monopolístico que se les concede a “empresarios patriotas”, o de la cuerda del partido gobernante, sea cual sea el territorio e independientemente de los oligarcas y caciques que campen por sus fueros allí donde esté ubicada la oficina de contratación de bienes y servicios.

Luego, como tercera forma de corrupción, están los diversos subsidios y subvenciones, que fomentan la obediencia debida, el clientelismo, los estómagos agradecidos, respecto del político que, va repartiendo favores y regalitos.

Cuando se habla de todo ello la gente se indigna, grita, vocifera, pues cae en la cuenta de que, así, de ese modo los manirrotos y despilfarradores que nos mal-gobiernan originan un déficit continuo que acaba repercutiendo en el bolsillo del común de los mortales, e hipotecando el futuro de nuestros hijos, pero esa indignación suele durar poco. Desaparece cuando a uno lo tientan y acaba siendo agraciado con alguna de esas formas de corrupción. Y así hasta que los medios de información vuelven a airear algún caso “Gúrtel”, o “papeles de Panamá”, o ERES en Andalucía…

¿Quién se alegra especialmente y exhibe como un éxito una alta participación electoral y se lamenta de la baja participación? Todos los líderes de todos los partidos políticos sin excepción.

Y ante este panorama ¿qué cabe hacer?

Pues, amigos, existe una opción: se llama abstención.

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  1. aguador

    06/08/2019 at 16:14

    Aunque la abstención fuera del 90%, no creo ni por un momento que dejaran de funcionar los porcentajes de atribución de votos. Hay tanto caradura en la casta política que, aunque sólo votase el 10%, seguirían preocupándose de lo suyo. No tendrian la vergüenza torera de dimitir. Y si el país se fuera a tomar por culo, ya encontrarían la manera de llevarse todo lo que hubieran robado…

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Opinión

Cutre sanchismo bolivariano, corrupto y caprichoso. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone…»

 

Ya no lo pueden ocultar. Se les ha visto enseguida el pelo de la dehesa y han mostrado un alto grado de chulería, bandolerismo e inusual acomodo sin importarles la ciudadanía. Con muy mala fe y peores intenciones, el sanchismo de bragueta caliente ha penetrado en las instituciones como elefante en cacharrería. Y lo han hecho con la colaboración y aquiescencia de esos pequeños partidos asalvajados, sin perspectiva, sin futuro y con miedo a quedar fuera del parlamento; me refiero a los socios del sanchismo, hoy corrompido por los cuatro costados, sin nada que ofrecer y mucho que penar por sus desmanes, presuntos delitos, comisiones ilegales, mordidas brutales, enriquecimiento ilícito, contrabando de joyas y cuentas opacas entre otras gracietas. Ayer decíamos que «el que paga por llegar, llega para robar». Y así ha sido. ¿Ha cambiado algo de ayer a hoy?

Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone, el riesgo de ser juzgado y la garantía de ser un pasante más de centro penitenciario. Solo apreciaremos una brisa de esperanza cuando el castigo de la prisión acoja a los comisionistas, golpistas, francotiradores del deshonor, corruptos, titulares de «offshore» y abusadores aprovechados del Erario Público. Tranquilos que en Hacienda también se refugian algunos, como se ha podido comprobar. ¿Acaso creen que la cúpula del ministerio de Hacienda, recién dimitida, ha dado el paso por deporte? «Átate los machos, María Jesús, que empiezan a sonar esquilas, vociferar denunciantes y llegar documentación a quien debe basarse en ella y después condenar».

La situación política de corruptos, acosadores y jueces responsables se pone interesante. No hay más que fijarse en la judicialización del sobre de Víctor de Aldama. En este sentido, Donald Trump se ha comprometido a que, de no decir la verdad la «cacatúa» venezolana, acabará en prisión. Pero ha ido más lejos el «amenazador» presidente, de ahí que haya comprometido su palabra. Antes o después, y tras ser buenos amigos, Aldama y Delcy han acabado como el rosario de la Aurora. Para quien no lo sepa, o no lo recuerde, Delcy Rodr´guez ha sido la primera responsable de asesinatos, abundante narcotráfico, procuradora de presuntas riquezas con destino a Rodríguez Zapatero y ha saqueado el petróleo venezolano para dárselo a Cuba, lo que ha supuesto un incontable enriquecimiento para ella. Con ese petróleo no se podía traficar.

Me gustaría saber qué ha tenido que ver Delcy Rodríguez en la muerte de Paco Suárez. Tal vez, todo. No lo puede negar. Quizá nada tuvo que ver Zapatero. Yo no le creo capaz, pero no pongo la mano por un sanchista ni para colgar su abrigo. Están empezando a recoger lo que han sembrado. La delincuencia sanchista me agobia, delinquen más deprisa de lo que puedo abarcar. Hoy me entero que PDVSA estaba defendida por Baltasar Garzón; conste que lo cuenta el «Pollo» Carvajal, el mismo que acusa a Garzón de haberse «llevado mucho dinero», pero ni da pruebas ni lo aclara ni lo explica, ¿será que esa información no me ha llegado o es que tira la piedra y disimula la mano?

Tras las fechorías de Delcy, se nota que ha ganado en inseguridad sobre su persona. ¿Venían las «joyas de Nefertiti» en alguna de las cuarenta maletas del aeropuerto? Ha demostrado que colaboró con el PSOE a tiempo total, desde callar trapacerías hasta ocultar las mentiras que se han dicho sobre la falsa liberación de presos por parte de Zapatero y el episodio de Edmundo González, pasando por la posible entrega de mina de otro y joyas sin controlar tras expropiarlas, al menos es lo que cuenta el «Pollo», que más tiene de gallo que de cobardica. Eso, sí, el expresidente, Rodríguez Zapatero, que no vuelva a hablar de liberación de presos bolivarianos porque no lo ha hecho.

Esa falsa liberación y sus amenazas a presos del helicoide, tan solo son palabras vacías del ministro Albares para tapar su propia inutilidad en el exterior. No coincide lo dicho por el «joyero» Zapatero con lo que cuentan los presos y la ciudadanía venezolana. Al «Zapa», como le llaman en Caracas, le consideran una de las personas que más ha colaborado con el régimen y más daño ha hecho a los venezolanos, de ahí su miedo a que hablen Corina Machado, Trump, Edmundo González, Diosdado Cabello y el «Pollo» Carvajal. Ya solo le falta decir a Rodríguez Zapatero que el helicoide y la tumba eran un «resort», un invento de la oposición y un chiringuito financiero para los presos políticos, con ahorro obligatorio.

¿De dónde venía el dinero de las comisiones y mordidas de Rodríguez Zapatero y sus hijas? Canta, canta, José Luis, que te va a arder la lengua. Se habla de unos trabajos, llevados a cabo por las «góticas», que no tenían el valor de lo que ingresaban. ¿Y pensaba ZP que no se iban a investigar esas cantidades astronómicas? Todos sanchistas y «zapateristas» nos toman por imbéciles hasta que alguien los orina en la oreja para que crean que llueve. José Luis estaba convencido que nadie le metería mano por haber sido presidente. Demostraba ser un chulo de estantería, sin más, como Patxi López ante las preguntas del considerado y profesional de la comunicación, Vito Quiles.

A la vista de lo sucedido, estamos ante un mentiroso compulsivo y lo hemos visto en el tema de las joyas: ha dado varias versiones diferentes y difíciles de creer. Es tan torpe que, con tal de que nos creamos sus inventados relatos, lo mismos le da planchar huevos que freír corbatas o arrastrar catedrales. Si bien es tan chapucero y mentiroso como Sánchez, también es falso, corrupto y zángano, además de irresponsable. ¿A quién se le ocurre pringar a sus hijas en su trama, sabiendo que pueden acabar en prisión como él? El tiempo dará fe de cuanto digo. De momento, la doy yo. Al «Bambi» se le ha caído el sombrajo. Hoy tiene menos credibilidad que la directora general de la Guardia Civil, el DAO y la fiscalía general del Estado juntos.

¿Tendrá Zapatero la hombría, categoría moral y dignidad de renunciar al doctorado que la Universidad de León (ULE) le regalo por desconocimiento de sus fechorías y abusos posteriores? ¿Qué mérito y merecimiento tenía este señor? ¿Tendrá dignidad Fernández Mañueco para exigir a la ULE que le retire el doctorado?

Supongo que algo tendrá que decir la Junta de Castilla y León de este caso y de las acusaciones de corrupción al todavía presunto, y tal vez futuro imputado por la UCO, exalcalde soriano.

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