Sociedad
El canciller iraní dice que su país ejecuta a los homosexuales por «principios morales»
Santiago Fontenla.- Durante la reciente visita del canciller alemán Heiko Mass a Teherán, un periodista del diario Bild dirigió una serie de preguntas al canciller iraní Javad Zarif.
En una de sus preguntas, Paul Ronzheimer cuestionó las políticas del régimen iraní: «¿Por qué los homosexuales en Irán están siendo ejecutados por su orientación sexual?».
El canciller iraní respondió que la sociedad iraní «tiene principios morales. Vivimos acorde a estos principios. Estos son principios morales que se refieren al comportamiento de la gente en general. Y esto significa que la ley es respetada y obedecida».
Según informes, cientos de personas han sido ejecutadas en Irán por su orientación sexual. Este mismo año, a finales del mes de enero, un homosexual fue colgado en Irán por su orientación sexual tras determinar que había violado las leyes antigay del país.
El embajador de EEUU en Alemania, Richard Grenell, criticó duramente a Irán por su posición y por los comentarios emitidos por Zarif: «El régimen iraní ha violado los principios básicos de las Naciones Unidas. Los miembros de la ONU deben honrar la Declaración Universal de los Derechos Humanos si quieren ser miembros. La criminalización de la homosexualidad simplemente viola esta declaración».
Por su parte, la cancillería israelí inició una campaña contra la ejecución de homosexuales por parte del régimen iraní. En su cuenta oficial de Twitter en español publicó un video sobre el tema: «El canciller de Irán dijo que su régimen ejecuta a los LGBTQ por ‘principios morales’. Estos ‘valores morales’ que guían a Zarif van en la misma línea con la política de Irán de promover el terrorismo y violar los derechos humanos. #EstoDebeParar».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
