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Internacional

El genocidio ignorado por el papa y los líderes de Occidente: 900 iglesias destruidas y al menos 16.000 cristianos asesinados en Nigeria desde 2015

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Hasta ahora, Boko Haram ha destruido 900 iglesias en el norte de Nigeria. Al menos 16.000 cristianos han sido asesinados allí desde 2015. En la imagen: la Primera Misión de la Iglesia africana en Jos (Nigeria), quemada, el 6 de julio de 2015.
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Por Giulio Meotti.- Martha Bulus, católica nigeriana, iba a su fiesta de bodas cuando fue secuestrada por extremistas islámicos de Boko Haram. Martha y sus acompañantes fueron decapitados y su ejecución, filmada. El vídeo de los brutales asesinatos de estos 11 cristianos fueron hechos públicos el 26 de diciembre para que coincidiera con las celebraciones navideñas. Recuerda a las imágenes de otros cristianos vestidos con monos naranjas, arrodillados en una playa, cada uno de ellos agarrados por un yihadista enmascarado y de negro que sostenía un cuchillo sobre sus gargantas. Sus cadáveres se descubrieron en una fosa común en Libia.

En la escala de la persecución anticristiana en Nigeria, Martha tuvo menos suerte que otra muchacha secuestrada, Leah Sharibu, que lleva ya en cautiverio casi dos años y acaba de pasar su segunda Navidad en manos de Boko Haram. ¿Por qué motivo? Leah se negó a convertirse al islam y negar su cristianismo. Los líderes cristianos nigerianos también están protestando por el «continuo secuestro de cristianas menores a manos de jóvenes musulmanes». Estas niñas «son convertidas a la fuerza al islam y tomadas como esposas sin el consentimiento de sus padres».

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Nigeria está sufriendo una guerra islamista de exterminio de cristianos. Hasta ahora, Boko Haram ha destruido 900 iglesias en el norte de Nigeria. El presidente de EEUU, Donald J. Trump, fue informado de que al menos 16.000 cristianos han sido asesinados desde 2015. En una sola diócesis católica nigeriana, Maiduguri,fueron asesinados 5.000 cristianos. ¿Cuánto debe crecer y extenderse esta guerra contra los cristianos para que Occidente la considere un «genocidio» y actúe para impedirlo?

El día después de que los cristianos fuesen decapitados en Nigeria, el papa Francisco amonestó a la sociedad occidental. ¿A propósito de los cristianos decapitados? No. «Dejen sus teléfonos y hablen en las comidas», dijo el papa. No dijo ni una palabra sobre la terrible ejecución de sus hermanos y hermanas cristianos. Unos días antes de eso, el papa Francisco colgó una cruz rodeada por un chaleco salvavidas en memoria de los inmigrantes que perdieron la vida en el mar Mediterráneo.

El pasado septiembre, el papa desveló un monumento a los inmigrantes en la plaza de San Pedro, pero no conmemoró las vidas de los cristianos asesinados por extremistas islámicos con siquiera una mención.

El cardenal Robert Sarah, uno de los muy pocos líderes de la Iglesia católica que mencionó el carácter islámico de esta masacre, escribió: «En Nigeria, el asesinato de 11 cristianos a manos de islamistas dementes es un recordatorio de cuántos de mis hermanos africanos cristianos viven su fe arriesgando su propia vida».

No sólo el Vaticano guarda silencio. Ni un solo gobierno occidental encontró tiempo para expresar su horror e indignación por la decapitación de los cristianos. «¿Dónde está la repulsión moral por esta tragedia?», preguntó el obispo nigeriano Matthew Kukah tras la masacre de Navidad. «Esto es parte de un drama mucho mayor con el que vivimos a diario».

Los líderes europeos deberían seguir el ejemplo del primer ministro británico, Boris Johnson, que, en su primer mensaje navideño a la nación, dijo:

Hoy en especial, quiero que recordemos a aquellos cristianos de todo el mundo que se enfrentan a la persecución. Para ellos, el día de Navidad se celebrará en privado, en secreto, tal vez incluso en una celda en prisión.

La canciller Angela Merkel ha dicho que su prioridad será combatir el cambio climático. No mencionó a los cristianos perseguidos. El presidente francés, Emmanuel Macron, en su discurso de mitad de invierno, no fue capaz siquiera de decir: «Feliz Navidad».

Mientras, The Economist escribió que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, apasionado defensor de los cristianos perseguidos, «explota» políticamente el problema.

Los líderes de Europa no han condenado la salvaje ejecución de los cristianos el día de Navidad: la corrección política está corroyendo la sociedad occidental desde dentro.

A principios de diciembre, otro obispo africano, Justin Kientega, de Burkina Fasso, dijo: «Nadie nos está escuchando. Evidentemente, Occidente está más preocupado por proteger sus propios intereses».

«¿Por qué el mundo guarda silencio mientras los cristianos están siendo asesinados en Oriente Medio y África?», escribió Ronald S. Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial.

En Europa y Estados Unidos, hemos presenciado manifestaciones por la trágica muerte de palestinos que han sido utilizados como escudos humanos por Hamás, la organización terrorista que controla Gaza. Naciones Unidas ha realizado investigaciones y centra su ira en Israel por defenderse a sí mismo de la misma organización terrorista. Pero el bárbaro asesinato de miles y miles de cristianos se recibe con relativa indiferencia.

¿Dónde estaban los gobiernos occidentales cuando miles de jóvenes musulmanes entraron en Siria e Irak para dar caza y matar a los cristianos y destruir sus iglesias y comunidades? Occidente no hizo nada y sufrió por su inacción. Los islamistas empezaron con los cristianos en Oriente y siguieron con los «poscristianos» en Occidente. Como dijo el medievalista francés Rémi Brague: «Las fuerzas que quieren expulsar a los cristianos de sus tierras ancestrales se preguntaron a sí mismos: ¿por qué no seguir en Occidente un trabajo que tan bien empezó en Oriente?».

No ha habido indignación en Occidente por que se hayan cortado cabezas cristianas, sólo silencio, interrumpido por gritos de «Alá Akbar», disparos y bombas. Los libros de historia del futuro no verán con buenos ojos esta traición occidental; dependiendo de quién los escriba. El fin de los cristianos de Oriente será un desastre para la Iglesia de Occidente. Ya no les quedará nadie que viva en la que es su propia cuna de civilización.

¿Qué estaríamos leyendo si, por ejemplo, unos terroristas cristianos hubiesen parado un autobús, separado a los pasajeros en función de su fe, ordenado a los musulmanes a convertirse al cristianismo y asesinado a 11 de ellos? Es justo lo contrario de lo que pasó en Kenia. ¿Qué hemos leído? Nada. El 10 de diciembre, la organización terrorista islámica Al Shabab paró un autobús en el norte de Kenia y después asesinó a los que no eran musulmanes. Los occidentales solemos conmovernos por la persecución de una u otra minoría. ¿Por qué nunca por nuestros cristianos?

La cristianofobia de los extremistas musulmanes que masacran a cristianos en Oriente Medio y África es fundamental en una ideología totalitaria que tiene como objetivo unificar a los musulmanes de la umah (la comunidad islámica) en un califato, tras destruir las fronteras de los Estados nacionales y liquidar a los «no creyentes»: judíos, cristianos y otras minorías, así como a los «apóstatas musulmanes». Nigeria está ahora en la primera línea de ese drama.

«Nigeria es ahora el lugar más mortal del mundo para ser cristiano», señaló Emmanuel Ogebe, abogado.

Lo que tenemos es un genocidio. Están intentando desplazar a los cristianos, están intentando poseer sus tierras y están intentando imponer su religión a los llamados infieles y paganos, que es lo que consideran que son los cristianos.

Occidente vuelve a dormirse. «Occidente abrió sus fronteras sin dudar a los refugiados de los países musulmanes que huían de la guerra», escribió la economista Nathalie Elgrably-Lévy. «Esta solidaridad occidental, aparentemente virtuosa es, sin embargo, bastante selectiva y discriminatoria». Los cristianos perseguidos han sido abandonados por los gobiernos y esferas públicas de Occidente.

El primer ministro de la India, Narendra Modi, ha sido hace poco asediado por los musulmanes que protestaban por una nueva ley que le ofrecía la ciudadanía a los no musulmanes vecinos que huían de la persecución. Tarek Fatah explicó en el Toronto Sun que la indignación musulmana por la nueva ley india proviene de los temores a que «conceder la ciudadanía a los cristianos paquistaníes, hindúes y sijs perseguidos aumente la población no musulmana del país y por lo tanto diluya el poder de veto que han ejercido en la India durante los últimos 70 años».

¿Dónde están las plazas llenas de londinenses o neoyorquinos por los refugiados cristianos discriminados por Occidente? En las partes de Siria ocupadas por los islamistas, los cristianos acaban de pasar una «Navidad especial», sin campanas ni luces y con muchas de sus iglesias convertidas en establos.

La región siria del Jabur, donde vivían los cristianos asirios, se llama ahora «valle muerto». El exarzobispo de Canterbury, George Carey, escribió hace poco:

«La guerra en Siria ha recomenzado. Una vez más, los refugiados llenan sus caminos, necesitando nuestra compasión. Sin embargo, aquellos que profesan la «fe equivocada» no la encontrarán en el Gobierno británico. En el reasentamiento de 16.000 refugiados del conflicto anterior, casi ninguna de las minorías más brutalizadas ha alcanzado un lugar seguro en nuestra tierra. De los refugiados que llegaron aquí en 2015 bajo el Programa de Personas Vulnerables, sólo el 1,6% eran cristianos. Eso, a pesar de que este grupo supone el 10% de la población siria».

Los musulmanes llenan las plazas occidentales por los suyos, pero esas plazas permanecen vacías por nuestros hermanos cristianos perseguidos.

(Gatestone)


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¿Izquierda? CENSURA y MANIPULACIÓN: “La mitad de los seguidores en Twitter de Biden son falsos”

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Un revelador análisis denuncia que la mitad de los seguidores del presidente Joe Biden en su cuenta de Twitter son falsos. Lo que pone de manifiesto dos cosas, por un lado que la popularidad de Biden es muy baja y por otro que Big Tech está más que nunca a disposición para colaborar con Biden y las políticas de izquierda.

Big Tech ha estado trabajando arduamente para buscar mejorar la imagen del presidente Biden en las redes sociales y la percepción pública sobre él. Entre las estrategias utilizadas han implementado inflar artificialmente la cantidad de seguidores en Twitter debido a los bajos números que manejaba naturalmente.

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Un usuario de Twitter identificado como Bre Wylde hizo un correcto análisis sobre los seguidores en la cuenta del presidente Biden. Wyle escribió en un mensaje:

“¡Joe tiene 100.000 seguidores en Twitter todos los días! ¡¡Excepto que TODOS son FALSOS!!. Si vas a los seguidores de Joe Biden, yo diría que al menos el 70 por ciento de ellos se unieron a Twitter en enero y no tiene seguidores”.

Fácilmente se puede chequear que la información es cierta, con acceder a la cuenta del presidente Biden e ingresar a sus seguidores se puede observar que la gran mayoría son usuarios creados durante el mes de enero y no cuentan con seguidores.

La cuenta de YouTube de Biden también generó inconvenientes que manifestaron su pobre popularidad. En absolutamente todos los videos que se publicaron en su canal oficial desde que asumió la presidencia, ha obtenido significativamente más votos negativos que positivos.

Un video de la inauguración de Biden, el más visto en el canal, manifiesta 43.000 “no me gusta” y solo 9.200 “me gusta”.

Pero un exempleado de Youtube y Google espantado por la censura de sus exempleadores, expuso que YouTube está dispuesto a editar y modificar las estadísticas con tal de beneficiar a Biden.

Tal es el caso de la imagen que se muestra a continuación en la que se ve que el discurso de Biden tenía en un momento 9.000 “no me gusta”, pero un tiempo después, cuando las visualizaciones se habían casi duplicado, los “no me gusta” pasaron a ser 4.800.

En el primer video de la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, sucedió algo similar.

Además, la página de YouTube de la Casa Blanca de Biden, tras recibir un aluvión de mensajes contra el nuevo presidente y su equipo, ha optado por desactivar la sección de comentarios.

En el otro extremo de la popularidad se encuentra el expresidente Trump, quien antes de que fuera eliminada su cuenta, contaba con aproximadamente 88,7 millones de seguidores.

Trump no solo tenía 88,7 millones de seguidores lo cual significa una cantidad enorme de usuarios, sino que era muy activo en la red generando importante impacto dentro de Twitter con cada mensaje que publicaba.

A tal punto llegaba su popularidad en la red social, que cuando decidieron eliminar permanentemente su usuario las acciones de Twitter Inc. cayeron un 7% en las operaciones posteriores.

Fuente: (Bles)


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La razón por la que Biden ya está fracasando como Presidente

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El presidente Joe Biden firma una orden ejecutiva, junto a la vicepresidenta Kamala Harris, durante un evento sobre la crisis económica, en el Comedor Estatal de la Casa Blanca, el 22 de enero de 2021. (Alex Wong/Getty Images) Fuente: The Epoch Times en español
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(Thomas Del Beccaro) 1Los presidentes tienen dos trabajos. El primero, y más visible, es ser el jefe del poder ejecutivo, y el segundo es ser el jefe de su partido político. Los presidentes exitosos suelen tener un control funcional sobre su partido político. Joe Biden, sin embargo, apenas ha asumido el cargo y su presidencia ya está en peligro, debido a miembros de su propio partido.

La mayoría de las personas, cuando observan cómo funciona la presidencia de EE.UU., se enfocan en los aspectos más visibles de ese trabajo. Los presidentes tienen perfiles muy altos, viven en la Casa Blanca, celebran conferencias de prensa, se reúnen con funcionarios extranjeros y firman leyes, entre muchas, muchas otras funciones. Son tantas obligaciones que, de hecho, muchos creen que es el trabajo de un hombre relativamente joven.

En la historia reciente, EE.UU. ha tenido presidentes enérgicos. Desde Bill Clinton hasta George W. Bush y Barack Obama, la Casa Blanca ha estado ocupada por hombres jóvenes. No obstante, aunque es cierto que Donald Trump tiene más de 70 años, no hay duda de que tenía más energía que la mayoría.

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Muchos se han preguntado si Biden, debido a su edad y condición, estará a la altura de ese trabajo. Lo poco que hizo en su campaña y las pocas veces que habló, y lo poco que ahora le habla a la prensa, ha alimentado esas dudas. Mientras tanto, sus meteduras de pata dan lugar a diferentes preocupaciones.

Con todo lo anterior, muchos suponen que habrá alguien o quizás varios detrás del trono de Biden. Las posibilidades incluyen a la esposa de Biden, Jill; Susan Rice, directora del Consejo de Política Interior de la Casa Blanca; Ron Klain, quien es el jefe de personal de Biden; o incluso John Podesta, quien ha sido un agente de poder demócrata durante años. Otros creen que será la vicepresidenta Kamala Harris, de la cual algunos creen que se desenvolverá como la más alta consejera de Biden después de las reuniones y que se convertirá en presidente dentro de cuatro años.

Dejando a un lado la especulación, el período entre la elección y la toma de posesión de un presidente se conoce como interregno. Normalmente, durante ese período, hay un proceso de transición y también, lo que es más importante, un proceso mediante el cual la parte entrante se reúne, se pone de acuerdo y planifica los primeros 100 días. Los presidentes recién elegidos suelen tener la mayor voz en ese proceso.

Según todos los indicios, Biden ya está demostrando que no está a la altura del segundo aspecto de su trabajo: dirigir su partido político. En parte es culpa suya y en parte se debe a la naturaleza de lo que yo llamo La Era Dividida, el período que va desde mediados de los años 90 hasta la actualidad y en el que se observan divisiones cada vez mayores.

Lo que está en juego en la política estadounidense crece con cada aumento en el gasto público. El gobierno federal gastó casi USD 2 billones más en 2020 que en 2019, incluso gastó más si se consideran las políticas de la Reserva Federal. Como estadounidenses, competimos intensamente para obtener esos dólares, competimos intensamente para repartir esos dólares (en forma de elecciones) y casi con la misma intensidad competimos para no pagar impuestos por esos dólares. Esa competencia es, por su naturaleza, divisoria.

Cuanto más dinero se gaste, mayor será nuestra división.

No satisfechos con el gasto récord, muchos demócratas en el Congreso, incluida la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, tienen enormes planes de gasto. El ala más liberal del partido quiere políticas y programas totalmente socialistas. La representante Alexandria Ocasio-Cortez y el senador Bernie Sanders quieren avanzar a toda velocidad en esos planes socialistas, pero es probable que Biden quiera un ritmo más lento. Con Sanders a cargo del Comité de Presupuesto del Senado, es difícil saber quién ganará esa batalla.

Aunque lo más inmediato, sin embargo, es el tema del impeachment. Nunca en nuestra historia el partido de un presidente entrante había impulsado una medida tan divisoria.

Para aquellos que votaron por Trump, el comienzo de la presidencia de Biden, si finalmente incluye un impeachment en el Senado, no podría comenzar de manera más divisiva. Biden los perderá para siempre. Para los independientes, que quieren que Washington solucione realmente los problemas existentes, se verá como una desviación partidista -y posiblemente bastante fea- de los asuntos importantes que se deben tratar.

Muchos demócratas en el Congreso consideran que el impeachment es esencial, ya sea porque temen el regreso de Trump o porque lo odian demasiado.

En total, el impeachment significa más división y el probable descarrilamiento de cualquier luna de miel presidencial que quiera tener Biden. Señalará que la unidad no estará en la agenda, algo que querían muchos de sus votantes.

Biden quiere un período de luna de miel, pero sabe que no puede detener el impeachment.

En otras palabras, el Partido Demócrata no se unió después del día de las elecciones en una sola agenda. Eso también significa que Biden simplemente no tiene el control de su propio partido, y eso significa que ya está fracasando como presidente.

  1. Thomas Del Beccaro es un aclamado autor, orador, escritor de opinión de Fox News, Fox Business y The Epoch Times, y expresidente del Partido Republicano de California. Es autor de “La era dividida” y “El nuevo paradigma conservador”. []

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El comunismo vuelve a devorar Chile: ¿Es necesario otro salvador, como Pinochet?

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El Senado chileno justifica las violentas protestas izquierdistas y da el primer paso para indultar a los procesados.

La Comisión de Derechos Humanos del Senado chileno ha aprobado este lunes por tres votos a favor y dos en contra una resolución que defiende conceder un indulto general a quienes han sido imputados en las violentas protestas izquierdistas.

La iniciativa ha contado con el apoyo de los tres senadores de la oposición que integran la comisión y que además son autores de la misma: la presidenta del Senado, Adriana Muñoz (Partido por la Democracia, PPD); el presidente de la comisión, Juan Ignacio Latorre (Revolución Democrática, RD) y la senadora Yasna Provoste (Partido Demócrata Cristiano, DC). Los propios impulsores han reconocido que el texto necesita modificaciones.

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Los senadores Iván Moreira (Unión Demócrata Independiente, UDI) y Felipe Kast (Partido Evolución Política, Evópoli) han rechazado la iniciativa y porque justifica la violencia y se inmiscuye en las funciones del Poder Judicial.

El texto deberá pasar ahora a las comisiones de Constitución y Seguridad, para luego ser o no ratificado por el pleno del Senado.

El 18 de octubre de 2019 marcó el inicio de las mayores movilizaciones sociales de la historia reciente de Chile. Comenzaron como una movilización contra la subida del precio del transporte público y desembocaron en violentas protestas contra la policía auspiciadas por la extrema izquierda para aprobar una nueva Constitución, que se plasmará a partir de la elección de una Asamblea Constituyente tras las elecciones previstas para el próximo 11 de abril.

Los estragos de octubre de 2019 aún permanecen en Chile. La polarización de los ciudadanos, la transgresión de las instituciones y el poco respeto por la democracia ya es la tónica en el país. Por ello, aunque suene increíble, durante la última semana senadores de la oposición presentaron un proyecto de ley que busca indultar a los “presos políticos” de la revuelta del 18-O.

¿El motivo? Los detenidos producto de actos insurreccionales, violentos y delictuales habrían sido procesados por la justicia por razones políticas, y su detención se debe a que “se ha vivido un proceso distorsionado por una respuesta estatal desproporcionada seguida de detenciones masivas y la apertura de múltiples procesos penales, abusos y vulneraciones a las garantías procesales de las personas imputadas, lo que ha significado la privación preventiva de la libertad en plazos injustificados que no tomarían lugar en circunstancias de normalidad”. Esto se suma al rechazo por parte de las izquierdas al proyecto de ley que buscaba exigir a los partidos renunciar a la violencia como método de acción política.

Esta iniciativa fue levantada por los senadores de la centro izquierda e izquierda chilena como Isabel Allende, Yasna Provoste, Adriana Muñoz, Juan Ignacio Latorre y Alejandro Navarro. Sostienen que se debe aplicar un indulto general para aquellos que, a su juicio, solo hicieron desorden público siendo acusados injustamente por “casos de montaje” y con pruebas falsas. Este proyecto será tramitado en la Comisión de Derechos Humanos del Senado chileno durante la próxima semana.

A pesar de que la tónica del último tiempo ha sido un gobierno que le ha costado hacer frente a la narrativa de la izquierda radical y deconstruccionista, el vocero de Gobierno, Jaime Bellolio, expresó que en Chile no hay presos políticos, por lo que este proyecto presentaría una impunidad a la grave violencia que el país ha vivido.

Por su parte, el ministro del Interior, Rodrigo Delgado, señaló que quienes están presos en este contexto no lo están por motivos políticos, sino que están privados de libertad por cometer delitos. Incluso, el presidente Sebastián Piñera señaló que en caso de que se aprobase esta iniciativa, llegaría a vetarla.

No obstante, desde octubre de 2019 a la fecha, han sido detenidos 232 insurrectos por el contexto del ―mal llamado― “Estallido Social”. Entre los motivos se encuentran delitos tales como saqueos, incendios, atentados contra las estaciones de la red de Metro, desórdenes públicos, violencia contra Carabineros, porte de artefactos incendiarios y de armas.

Pero la narrativa de los “presos políticos” no es nueva ni en Chile ni en el resto de Occidente, pues también se ve en distintos puntos de Europa como en España, en Italia o en Grecia. La izquierda deconstruccionista, con rasgos incluso ácratas e insurreccionales, ha logrado copar en numerosos espacios sociales. El discurso es el mismo: los presos políticos son justicieros sociales que han sido marginados de un sistema sociopolítico, por tanto, oprimidos.

Luchar contra el capital, su ideología y los aparatos ideológicos del Estado son algunos de los objetivos, así como también modificar aquellas nociones de la norma y lo que entendemos por normal, al reemplazarlos por comportamientos que históricamente han sido considerados marginales, desviados o anormales.

Michel Foucault, teórico posestructuralista francés, apuntó sus ejes discursivos bajo estos lineamientos. Los dispositivos (instituciones, comportamientos, epistemes, relaciones, discursos, saberes, etc.) disciplinarían nuestros comportamientos y lo que concebimos como bueno y verdadero, con el fin de alinearnos bajo las categorías hegemónicas occidentales. Por ello, lo que entendemos por sentido común sería producto de un constructo social inminentemente capitalista y hasta neoliberal.

Por este motivo, la cárcel sería un dispositivo de disciplinamiento de aquellos cuerpos y comportamientos que se saldrían de la norma de este sistema opresor. Porque esto normalizaría y produciría “verdades” para el mantener el statu quo. Por ello que Foucault y sus seguidores entienden que ser “criminal” es un acto político, pues implica evadir y transgredir las normas y convenciones sociales.

Los presos políticos, entonces, serían aquellas identidades y cuerpos antagonistas que buscan disputar el sistema político. El acto insurreccional y violento sería un discurso “emancipatorio”, que comprende la dicotomía de opresores y oprimidos (y no necesariamente de clases), de una sociedad disciplinaria que actúa como cárcel.

Ante la propuesta de indulto a los “presos políticos” demanda por las izquierdas, el discurso desde el Gobierno apunta en una deseable dirección al rechazar e incluso llegar a vetarla. No obstante, no se ha mostrado advertido que la violencia e insurrección relacionada a la revuelta del 18-O responde a fundamentos ideológicos y políticos más que a simples delitos y desorden público.

Las izquierdas han instalado una agenda política desvergonzada que busca hacer de la violencia y la delincuencia una causa que se justifique políticamente, pues todas las prácticas serían permitidas. El incendio a más de 20 estaciones de metro fue un reflejo de cortar los flujos del sistema, en este caso el tránsito de las personas, como un intento de agrietar los imaginarios sociopolíticos y normativos.

Si ante estas narrativas no se logra hacerle frente políticamente, lamentablemente nos augura un escenario con un Estado de Derecho fallido, tal como Hannah Arendt asertivamente ha señalado: “no alcanza con decir que poder y violencia no son lo mismo. Poder y violencia son contrarios; donde uno gobierna en forma absoluta, el otro está ausente”.


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La suprema estupidez y pertinaz cretinismo de la izquierda «progre»: No ver, no escuchar y no hablar del supremacismo de la izquierda

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Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo».

Todos conocemos el símbolo de los Tres Monos Sabios, ¿verdad? Hay hasta emojis de ellos. Uno se tapa los oídos, otro, los ojos, y el tercero, la boca, una viejísima exhortación a no prestar oídos al mal, no verlo y no hablarlo. Sabiduría oriental de esa que tanto gustaba a los progres de los sesenta y setenta del pasado siglo.

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Bueno, pues es horriblemente racista y debe desaparecer. Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo». Veremos cuánto duran los emojis.

Tengo para mí que la corrección política es, entre otras cosas, un medio de desactivar el sentido del humor. Se ponen tan serios, tan trágicos, que da cosa reírse en su cara cuando, en realidad, es la reacción de cualquier persona sana y normal ante sus «más difícil todavía», ante las pruebas de este concurso público de a ver quién dice la mayor estupidez. Y, del mismo modo, estoy convencida de que si respondiéramos colectivamente como nos pide el cuerpo y soltáramos la carcajada, todo el edificio se vendría abajo y podríamos tener una vida aproximadamente normal.

¿A qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo

Pero nadie lo hará. La espiral de virtud es una proyección de estatus y poder, y siempre hay que adelantar por la izquierda para quedarse en el mismo sitio, demoliendo nuestra civilización y sentido común en el proceso.

A ver, señores académicos, que los tres monos en cuestión proceden de la cultura japonesa, un símbolo muy popular en el pueblo japonés entre los años 1185 y 1392. Cuéntennos, augustos próceres del saber, ¿a qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo.

Porque, admitámoslo, el antirracismo de este palo es el último racismo con pase oficial. La ola de antidiscriminación es la cosa más brutalmente discriminatoria, igual que la ‘diversidad’ consiste en aplastar la variedad.

Veamos el caso. Lo único que se nos ocurre para juzgar «estereotipo racial opresivo» este de los tres monos es la identificación de los negros con simios. Y eso, naturalmente, es la prueba evidente de que el único criterio que importa, la única cultura que cuenta, es la nuestra, la de los blancos y, afinando aún más, la del varón heterosexual anglosajón.

«Los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas»

Porque es de cajón que esos monos fueron introducidos por una cultura para la que los negros, sencillamente, no existían, con lo que difícilmente podían pensar en ellos al representarlos. Más: en Occidente, donde no hay monos en la naturaleza, atribuyen a este animal rasgos simbólicos completamente diferentes que en Oriente. Aquí, «hacer el mono» no es exactamente un halago. En Asia, en cambio, es un animal sabio, lleno de connotaciones positivas. En China, el Mono es un signo zodiacal de gran fortuna. Como lo es, por ejemplo, el cerdo, otro animal que en nuestro entorno occidental equivale a un insulto.

Ahora, imagine que se le llama a alguien «león», o «águila». Es poco probable que se ofenda, ¿verdad? Porque nuestra cultura asocia cualidades positivas a esos animales, de un modo completamente arbitrario, porque «perro», un animal tan leal, inteligente y simpático, es un terrible insulto.

A lo que voy: los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas. Primero, viendo una asociación imposible en un antiguo símbolo asiático y, segundo, despreciando por completo cualquier visión cultural que no sea la suya propia, por la que juzgan a todas las demás.

Recuerden bien esto, porque es lo que quieren decir en realidad con «multicultural»: imponer los prejuicios occidentales procedentes de la Ilustración a todas las demás culturas, dejando de ellas la espuma: gastronomía y folclore ocasional.

Es por eso mismo que solo los varones blancos y heterosexuales tienen méritos y deméritos personales, individuales. En mujeres, no blancos y de sexualidades alternativas, su mayor mérito, como estamos viendo en los comentarios sobre el gabinete formado por el presidente Joe Biden, es que tengan esos rasgos que aún se consideran exóticos.


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