Internacional
El genocidio ignorado por el papa y los líderes de Occidente: 900 iglesias destruidas y al menos 16.000 cristianos asesinados en Nigeria desde 2015
Por Giulio Meotti.- Martha Bulus, católica nigeriana, iba a su fiesta de bodas cuando fue secuestrada por extremistas islámicos de Boko Haram. Martha y sus acompañantes fueron decapitados y su ejecución, filmada. El vídeo de los brutales asesinatos de estos 11 cristianos fueron hechos públicos el 26 de diciembre para que coincidiera con las celebraciones navideñas. Recuerda a las imágenes de otros cristianos vestidos con monos naranjas, arrodillados en una playa, cada uno de ellos agarrados por un yihadista enmascarado y de negro que sostenía un cuchillo sobre sus gargantas. Sus cadáveres se descubrieron en una fosa común en Libia.
En la escala de la persecución anticristiana en Nigeria, Martha tuvo menos suerte que otra muchacha secuestrada, Leah Sharibu, que lleva ya en cautiverio casi dos años y acaba de pasar su segunda Navidad en manos de Boko Haram. ¿Por qué motivo? Leah se negó a convertirse al islam y negar su cristianismo. Los líderes cristianos nigerianos también están protestando por el «continuo secuestro de cristianas menores a manos de jóvenes musulmanes». Estas niñas «son convertidas a la fuerza al islam y tomadas como esposas sin el consentimiento de sus padres».
Nigeria está sufriendo una guerra islamista de exterminio de cristianos. Hasta ahora, Boko Haram ha destruido 900 iglesias en el norte de Nigeria. El presidente de EEUU, Donald J. Trump, fue informado de que al menos 16.000 cristianos han sido asesinados desde 2015. En una sola diócesis católica nigeriana, Maiduguri,fueron asesinados 5.000 cristianos. ¿Cuánto debe crecer y extenderse esta guerra contra los cristianos para que Occidente la considere un «genocidio» y actúe para impedirlo?
El día después de que los cristianos fuesen decapitados en Nigeria, el papa Francisco amonestó a la sociedad occidental. ¿A propósito de los cristianos decapitados? No. «Dejen sus teléfonos y hablen en las comidas», dijo el papa. No dijo ni una palabra sobre la terrible ejecución de sus hermanos y hermanas cristianos. Unos días antes de eso, el papa Francisco colgó una cruz rodeada por un chaleco salvavidas en memoria de los inmigrantes que perdieron la vida en el mar Mediterráneo.
El pasado septiembre, el papa desveló un monumento a los inmigrantes en la plaza de San Pedro, pero no conmemoró las vidas de los cristianos asesinados por extremistas islámicos con siquiera una mención.
El cardenal Robert Sarah, uno de los muy pocos líderes de la Iglesia católica que mencionó el carácter islámico de esta masacre, escribió: «En Nigeria, el asesinato de 11 cristianos a manos de islamistas dementes es un recordatorio de cuántos de mis hermanos africanos cristianos viven su fe arriesgando su propia vida».
No sólo el Vaticano guarda silencio. Ni un solo gobierno occidental encontró tiempo para expresar su horror e indignación por la decapitación de los cristianos. «¿Dónde está la repulsión moral por esta tragedia?», preguntó el obispo nigeriano Matthew Kukah tras la masacre de Navidad. «Esto es parte de un drama mucho mayor con el que vivimos a diario».
Los líderes europeos deberían seguir el ejemplo del primer ministro británico, Boris Johnson, que, en su primer mensaje navideño a la nación, dijo:
Hoy en especial, quiero que recordemos a aquellos cristianos de todo el mundo que se enfrentan a la persecución. Para ellos, el día de Navidad se celebrará en privado, en secreto, tal vez incluso en una celda en prisión.
La canciller Angela Merkel ha dicho que su prioridad será combatir el cambio climático. No mencionó a los cristianos perseguidos. El presidente francés, Emmanuel Macron, en su discurso de mitad de invierno, no fue capaz siquiera de decir: «Feliz Navidad».
Mientras, The Economist escribió que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, apasionado defensor de los cristianos perseguidos, «explota» políticamente el problema.
Los líderes de Europa no han condenado la salvaje ejecución de los cristianos el día de Navidad: la corrección política está corroyendo la sociedad occidental desde dentro.
A principios de diciembre, otro obispo africano, Justin Kientega, de Burkina Fasso, dijo: «Nadie nos está escuchando. Evidentemente, Occidente está más preocupado por proteger sus propios intereses».
«¿Por qué el mundo guarda silencio mientras los cristianos están siendo asesinados en Oriente Medio y África?», escribió Ronald S. Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial.
En Europa y Estados Unidos, hemos presenciado manifestaciones por la trágica muerte de palestinos que han sido utilizados como escudos humanos por Hamás, la organización terrorista que controla Gaza. Naciones Unidas ha realizado investigaciones y centra su ira en Israel por defenderse a sí mismo de la misma organización terrorista. Pero el bárbaro asesinato de miles y miles de cristianos se recibe con relativa indiferencia.
¿Dónde estaban los gobiernos occidentales cuando miles de jóvenes musulmanes entraron en Siria e Irak para dar caza y matar a los cristianos y destruir sus iglesias y comunidades? Occidente no hizo nada y sufrió por su inacción. Los islamistas empezaron con los cristianos en Oriente y siguieron con los «poscristianos» en Occidente. Como dijo el medievalista francés Rémi Brague: «Las fuerzas que quieren expulsar a los cristianos de sus tierras ancestrales se preguntaron a sí mismos: ¿por qué no seguir en Occidente un trabajo que tan bien empezó en Oriente?».
No ha habido indignación en Occidente por que se hayan cortado cabezas cristianas, sólo silencio, interrumpido por gritos de «Alá Akbar», disparos y bombas. Los libros de historia del futuro no verán con buenos ojos esta traición occidental; dependiendo de quién los escriba. El fin de los cristianos de Oriente será un desastre para la Iglesia de Occidente. Ya no les quedará nadie que viva en la que es su propia cuna de civilización.
¿Qué estaríamos leyendo si, por ejemplo, unos terroristas cristianos hubiesen parado un autobús, separado a los pasajeros en función de su fe, ordenado a los musulmanes a convertirse al cristianismo y asesinado a 11 de ellos? Es justo lo contrario de lo que pasó en Kenia. ¿Qué hemos leído? Nada. El 10 de diciembre, la organización terrorista islámica Al Shabab paró un autobús en el norte de Kenia y después asesinó a los que no eran musulmanes. Los occidentales solemos conmovernos por la persecución de una u otra minoría. ¿Por qué nunca por nuestros cristianos?
La cristianofobia de los extremistas musulmanes que masacran a cristianos en Oriente Medio y África es fundamental en una ideología totalitaria que tiene como objetivo unificar a los musulmanes de la umah (la comunidad islámica) en un califato, tras destruir las fronteras de los Estados nacionales y liquidar a los «no creyentes»: judíos, cristianos y otras minorías, así como a los «apóstatas musulmanes». Nigeria está ahora en la primera línea de ese drama.
«Nigeria es ahora el lugar más mortal del mundo para ser cristiano», señaló Emmanuel Ogebe, abogado.
Lo que tenemos es un genocidio. Están intentando desplazar a los cristianos, están intentando poseer sus tierras y están intentando imponer su religión a los llamados infieles y paganos, que es lo que consideran que son los cristianos.
Occidente vuelve a dormirse. «Occidente abrió sus fronteras sin dudar a los refugiados de los países musulmanes que huían de la guerra», escribió la economista Nathalie Elgrably-Lévy. «Esta solidaridad occidental, aparentemente virtuosa es, sin embargo, bastante selectiva y discriminatoria». Los cristianos perseguidos han sido abandonados por los gobiernos y esferas públicas de Occidente.
El primer ministro de la India, Narendra Modi, ha sido hace poco asediado por los musulmanes que protestaban por una nueva ley que le ofrecía la ciudadanía a los no musulmanes vecinos que huían de la persecución. Tarek Fatah explicó en el Toronto Sun que la indignación musulmana por la nueva ley india proviene de los temores a que «conceder la ciudadanía a los cristianos paquistaníes, hindúes y sijs perseguidos aumente la población no musulmana del país y por lo tanto diluya el poder de veto que han ejercido en la India durante los últimos 70 años».
¿Dónde están las plazas llenas de londinenses o neoyorquinos por los refugiados cristianos discriminados por Occidente? En las partes de Siria ocupadas por los islamistas, los cristianos acaban de pasar una «Navidad especial», sin campanas ni luces y con muchas de sus iglesias convertidas en establos.
La región siria del Jabur, donde vivían los cristianos asirios, se llama ahora «valle muerto». El exarzobispo de Canterbury, George Carey, escribió hace poco:
«La guerra en Siria ha recomenzado. Una vez más, los refugiados llenan sus caminos, necesitando nuestra compasión. Sin embargo, aquellos que profesan la «fe equivocada» no la encontrarán en el Gobierno británico. En el reasentamiento de 16.000 refugiados del conflicto anterior, casi ninguna de las minorías más brutalizadas ha alcanzado un lugar seguro en nuestra tierra. De los refugiados que llegaron aquí en 2015 bajo el Programa de Personas Vulnerables, sólo el 1,6% eran cristianos. Eso, a pesar de que este grupo supone el 10% de la población siria».
Los musulmanes llenan las plazas occidentales por los suyos, pero esas plazas permanecen vacías por nuestros hermanos cristianos perseguidos.
(Gatestone)
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
