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Religión

El gran ritual satánico en la catedral de Notre Dame: el 11-S del Cristianismo

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- «París será quemado y Marsella engullida… Se creerá que todo está perdido». (Melanie, revelación de la Virgen en La Salette)

Resulta a la vez insoportable y divertido echar un vistazo a los artículos de opinión de los medios de comunicación del sistema sobre el incendio de Notre Dame: algunos relatan aburridas historias biográficas de cuando estuvieron en París, otros lamentan elegíacamente el infortunio accidental que se abatió sobre Europa ―sí, sobre Europa, no sobre el cristianismo―, y otros, los más despiporrantes, aprovechan la ocasión para ver en tan trágico suceso la necesidad de consolidar una Europa más global, renunciando a los particularismos soberanistas (sic). Demencial, globalista a tope.

Obviamente, nadie se atreve a decir la verdad que saben, suponen, o sospechan, pues no van a poner en jaque sus lentejas por minucias conspirativas contra el cristianismo a cargo del satánico Nuevo Orden Mundial. Posiblemente la mayoría, tan adocenados y lacayunos, no tienen neuronas para llegar tan lejos, pero estoy absolutamente convencido de que saben que la destrucción de la catedral parisina no fue ningún accidente. Y es que hay que ser un borregomatrix supino para no verlo.

Naturalmente, basta ver este electroencefalograma plano de los paniaguados del mundialismo, esta unanimidad burocratizada sobre la versión oficial de la tragedia para irse ipso facto al lado contrario, arribando a los terrenos de la conspiración luciferina por el NOM, que ataca de nuevo.

Este asalto a la catolicidad tiene como prueba incontrastable las numerosas profanaciones y destrucciones de iglesias que se venían produciendo en los últimos tiempos en Europa, a cuya luz no hay que tener especiales capacidades visionarias para predecir un acontecimiento de tanta gravedad como el incendio de la catedral de Notre Dame.

En lo que respecta a Francia, en el año pasado han tenido lugar 1.063 ataques contra templos católicos, hasta el punto de que producen una media de 3 ataques diarios. En la semana anterior al incendio, 12 iglesias fueron asaltadas, destacando el incendio de la iglesia de Saint-Sulpice, no lejos de la de Saint-Germain-des-Prés, dos emblemáticos monumentos nacionales. Este acto vandálico tuvo lugar el pasado domingo, poco después de la misa de doce, con el templo ya vacío de fieles. Que se sepa, en ningún caso dijeron las autoridades que se tratara de accidentes… pero llega lo de Notre Dame, la iglesia más importante de Francia y, ¡oh, fatalidad!, se produce el lamentable accidente de una chispa soltada por un fantasmal soplete, cuando ya no quedaba en el recinto ningún obrero de la empresa encargada de la restauración del templo. Y es que así opera el NOM, que tiene siempre a su favor el contar con la tremenda suerte de un sinfín de casualidades que le ayudan en sus objetivos.

Los motivos para avivar la sospecha de que Notre Dame ha sido presa de un ataque total son tan numerosos y evidentes, que produce verdadero pasmo ―a la vez que indignación― que solamente algunos diarios alternativos y un puñado de documentales de la Red los hayan sacado a la luz. Entre éstos brilla con luz propia el hecho sorprendente de que, a los pocos minutos de que el edificio comenzara a arder, sin que se hubiera hecho todavía ninguna investigación pericial por expertos con vistas a determinar las causas del siniestro, ya se afirmaba que se trataba de un accidente.

Otra circunstancia sospechosa es que días antes el Estado Islámico había lanzado una campaña llamando a sus bases a atentar contra la Semana Santa.

Una catedral que llevaba en pie 650 años, que había sobrevivido a cataclismos, guerras y revoluciones ―incluso a un incendio, en 1871, durante «La Comuna» de París―, es destruida por un cortocircuito, qué mala suerte, justamente en la era de la tecnología, cuando poseemos los medios más variados para evitar estas tragedias, como cámaras de vigilancia, medidas contra incendio, materiales ignífugos, bomberos en formación, drones y todo eso. Por cierto, no se emplearon hidroaviones para apagar más rápidamente las llamas, a pesar de los consejos de Trump.

A todo esto hay que añadir que hay testimonios de varios testigos que afirman haber oído explosiones en el templo antes de que comenzara a arder.

Ante la tragedia, Macron ―que fue empleado de los Rothschild, por cierto― suspendió un importante discurso que iba a hacer hacer sobre el tema de la revolución de los «chalecos amarillos», que tiene en jaque a su gobierno desde hace varios meses.

Y la catástrofe sucedió al comienzo de la Semana Santa, para más inri… ¿hay quien dé más?

Si fue una tragedia provocada, ¿quién la llevó a cabo? O, mejor dicho, ¿quién la planificó, porque los agentes de este tipo de sucesos suelen ser «carne de cañón» de los mandamases que rigen en el mundo. En efecto, en un planeta donde no cae una hoja al suelo sin que lo dispongan las jerarquías luciferinas que nos dominan, ¿es posible creer que se puede dejar al albur de lo fortuito o casual un acontecimiento de la magnitud del desastre de Notre Dame?

Como siempre que sucede un megaatentado de gran relevancia para la historia, para comprender su verdadero significado es necesario fijarse muy detenidamente en la fecha en la cual tiene lugar, pues la élite que gobierna el mundo, la que planifica meticulosamente estos hechos espectaculares con los cuales quiere ejecutar un giro importante en el advenimiento del Nuevo Orden Mundial, desarrolla estos acontecimientos revolucionarios siguiendo un ritual perfectamente diseñado, que se ajusta a códigos iniciáticos y simbólicos cuya perfecta ejecución es fundamental para el éxito de sus empresas. Esta metodología iniciática viene a constituir una especie de liturgia iniciática, consustancial al proyecto que ejecutan, puesto que no hay que olvidar que todos estos atentados no son sino un sacrificio en el que inmolan víctimas ―edificios y/o personas― al señor al que sirven.

El 15 de abril de 2019 suma 22, múltiplo del 11, el número omnipresente en la mayoría de megaatentados. Además, este año estaba justo al comienzo de la Semana Santa, y es el día en el cual comienza el mes celta dedicado al sauce en los ritos druídicos, que termina el día 12 de mayo. Este mes se conoce con el nombre de «mes de las brujas», y tiene su clímax en la noche del 30 de abril, la llamada «Noche de Walpurgis». Curiosamente, fue la noche en la que Adam Weishaupt fundó la secta de los Illumninati, ya en la madrugada del día 1 de mayo, fecha que, curiosamente también, es festiva en todo el mundo.

Para seguir con las curiosidades, la palabra «sauce» en inglés es willow, término de cual proceden las palabras «witch» ―«bruja»―, y wicca ―«brujo»―. En las zonas rurales de Inglaterra el besom ―«escoba»― de las brujas todavía lleva en su confección amarres de sauce. Los sacrificios humanos de los druidas se ofrecían en canastas de sauces bajo la luna llena.

Otro hecho recurrente en estos megaatentados es que son anunciados años antes de que sucedan, a través de variados medios, pero presentados de tal manera que pasan inadvertidos para las mentes poco observadoras. Recuerdo que con motivo del atentado de las Torres Gemelas, éste apareció claramente en varios cómics americanos, especialmente en un par de viñetas de «Los Simpsons» ―en una se ve incluso el avión antes de estrellarse contra una de las torres― y en alguna que otra escena de la filmografía de Walt Disney.

En cuanto al incendio de Notre Dame, aparecía en la película «El jorobado de Notre Dame» de la factoría Disney, pero ésta, a su vez, no hacía sino reflejar el argumento de la novela de Víctor Hugo «Nuestra Señora de París», escrita en 1831, con la intención de llamar la atención de la sociedad francesa sobre el deterioro de las catedrales góticas, que la mentalidad de aquel tiempo consideraba como bárbaras. Y lo consiguió, por cierto, pues a raíz de su libro se restauraron muchas.

Desde este punto de vista, resulta curioso y sorprendente que un pretendido benefactor de la catedral gótica describa un episodio destructivo referente a la misma, un incendio, que resultó premonitorio, a la vista de que finalmente se ha hecho realidad:

«Todas las miradas se dirigían a la parte superior de la catedral y era algo extraordinario lo que estaban viendo: en la parte más elevada de la última galería, por encima del rosetón central, había una gran llama que subía entre los campanarios con turbillones de chispas, una gran llama revuelta y furiosa, de la que el viento arrancaba a veces una lengua en medio de una gran humareda.

Por debajo de aquella llama, por debajo de la oscura balaustrada de tréboles al rojo, dos gárgolas con caras de monstruos vomitaban sin cesar una lluvia ardiente que se destacaba contra la oscuridad de la fachada inferior. A medida que aquellos dos chorros líquidos se aproximaban al suelo, se iban esparciendo en haces, como el agua que sale por los mil agujeros de una regadera».

Guiado por una intuición que me falla pocas veces, investigué un poco y, claro, resulta que Víctor Hugo era masón. Y aún hay más, ya que este novelista visionario también predijo más acontecimientos, lo cual hace colegir que ya habían sido diseñados para el futuro advenimiento del NOM: impresiona saber que fue uno de los primeros que propuso la idea de una sola moneda para Europa, y que en una fecha tan temprana como 1855 hizo un llamamiento apasionado para creación de unos «Estados Unidos de Europa». ¿Profeta, o simple transmisor de un plan que ya había sido elaborado?

Otro desasosegante vaticinio del incendio de Notre Dame apareció en 2017 en una portada de «The Economist», donde se ve la carta del Tarot titula «La Torre», en cuya imagen se observa una torre incendiada por un rayo, a su izquierda u conjunto de personas portando el estandarte con la hoz y el martillo, y a su derecha una gente que porta una cruz.

Para quien sepa algo sobre el Tarot, este arcano significa que el cambio se va a producir, sí o sí, y que no hay manera de evitar la destrucción que simboliza esta carta.

Realmente, estas aparentes profecías no constituyen ningún caso de predicciones, ya que las factorías que adelantan estos trágicos acontecimientos están generalmente incluidas dentro de los círculos plutocráticos e iniciáticos que después los ejecutan, con lo cual tienen acceso a un información privilegiada: por ejemplo, Walt Disney pertenecía a la orden DeMolay, en el ámbito de la masonería. Y, por cierto, De Molay fue el último Gran Maestre del Temple ―los templarios fueron los creadores de la masonería―, el cual fue ejecutado en la plaza de Notre Dame el 18 de marzo de 1314.

De otra naturaleza, por supuesto, es la profecía que la Virgen María hizo durante sus revelaciones el 19 de septiembre de 1846 en el pueblo de La Salette et-Fallavaux, en Francia, a dos niños, Melanie (15), y Maximino (11), a cada uno de los cuales le entregó un mensaje secreto.

En un documento entregado en 1851 a Pío IX, los niños dieron a conocer al Papa estas profecías, que fueron reveladas recientemente por el sacerdote venezolano José Palmar. En la revelación a Melanie ―en el apartado 20 de las 33 profecías― se vaticina que la catedral de Notre Dame y la Basílica de San Pedro sufrirían incendios. Junto con esta revelación, el sacerdote también mostró una estampa hecha en 1956, donde se distingue perfectamente que detrás de Jesucristo señalándose el corazón se ve arder a Notre Dame, mientras que a su izquierda aparece en llamas la basílica de San Pedro. Más abajo a la izquierda, se observa a un ángel fusilado por soldados, lo cual remite al tercer secreto de Fátima.

Y también remite al atentado de las Torres Gemelas, por cierto, con el que el incendio de Notre Dame guarda un paralelismo evidente, y no solo por la semejanza entre su arquitectura de dos torres juntas (el número 11, tan caro al simbolismo ocultista), sino por un hecho que, en mi opinión, resulta demoledor, porque si la destrucción de las Torres Gemelas supuso el asalto a un símbolo económico, que fue seguido unos años después por una devastadora crisis económica, no es nada difícil imaginar lo que supone el ataque al símbolo cristiano de Notre Dame, la catedral más famosa del mundo: una intensificación hasta el paroxismo de la persecución al cristianismo que ya estamos padeciendo en Occidente. Es decir, el incendio de Notre Dame es el 11S del cristianismo.

Estamos a las puertas de un Armageddón total, de una aceleración del NOM que se asentará sobre la sangre derramada por un nuevo holocausto católico, el cual está abrumadoramente profetizado en infinidad de relatos ―incluidos los evangélicos― sobre el Apocalipsis final donde seremos juzgados.

Pero la profecía más significativa sobre la destrucción de Notre Dame se debe al mismo Víctor Hugo, quien la realizó en el transcurso de una discusión sobre la libertad de enseñanza en la Asamblea legislativa de Francia, el 14 de enero de 1850, cuando pronunció estas tremendas palabras, en las que acusaba a la Iglesia de obstaculizar la laicidad de la enseñanza con estas palabras: «Pues bien, lo repito con profundo dolor, yo que odio las catástrofes, los derrumbamientos, lo repito con la muerte en el alma: “Vosotros no queréis el progreso. Tendréis la Revolución Social”.


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