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MEMORIA HISTÓRICA NO MANIPULADA

El pasado asesino y terrorista del partido que sostiene al gobierno Comunista de Pedro Sánchez: ERC tuvo un centro de tortura en el barrio de Gracia (Barcelona)

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el PSOE, el PCE, ERC o el PNV gestionaron sus propiar chekas, centros de tortura durante la Guerra Civil española, según cuenta el escritor, periodista e historiador, César Alcalá (Barcelona, 1965), en su libro “Chekas. Las prisiones republicanas” (LibrosLibres).

El autor explica que ERC disponía de su propia cheka y estaba en la calle Carolinas 18, de Barcelona. “Los dirigentes de ERC incautaron las instalaciones del colegio de los religiosos de San Vicente Paúl. Estaba dirigida por militantes de Esquerra Republicana de Catalunya y era el centro de detención y tortura de las patrullas de control de la sección séptima, que solía actuar en los barrios de Gracia y San Gervasio”, relata.

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“Se calcula que más de 12.000 personas fueron torturadas en las chekas, y la mayoría de ellas fueron posteriormente asesinadas”, añade. “Tanto el PSOE como otros grupos socialistas afines controlaban directamente, entre Madrid y Barcelona 92 chekas. De las cuáles, la mayoría estaban en Madrid”, detalla. “Por su parte, el sindicato de trabajadores UGT tenía militantes y dirigentes que estaban al frente de 6 chekas en Madrid”, se explica en el libro.

El autor, César Alcalá, actualmente compagina su labor al frente del grupo Revista Digital con la dirección de Occidental World Magazine. Articulista en diferentes medios de comunicación. Está especializado en la guerra civil y las guerras carlista.

Entre sus obras destacan Checas de Barcelona, La llista maçònica, Checas de Valencia, Los niños del exilio, Las checas del terror, Les guerres remences, Històries encantades de Catalunya, Voluntarios catalanes en la guerra de África, Claves para comprender el independentismo, Constitucionalistas sin complejos, Los niños del exilio, entre otros.


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Ejército

Dos cloaqueros franquistas: Arias Navarro y Gutiérrez Mellado

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Dos cloaqueros franquistas (I): la CIA mató a Carrero con la ayuda de…

 

 

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La Transición: un timo para todos los españoles

 

Ante la gravedad de la crisis presente, en todos los aspectos de la vida española, y al margen de la ideología personal de cada uno, cada vez más españoles se preguntan cómo hemos llegado hasta aquí. Cómo la vida pública ha podido degenerar tanto en tan pocos años, si es que son pocos los que viene durando este Régimen horrendo, basado en la mentira absoluta en la Transición y la democracia.

En realidad, el timo de la Transición no empezó con la muerte de Franco, como se nos dice, sino bastante antes. Con los propios franquistas enzarzados en una lucha a muerte por la sucesión de un Caudillo que no podía durar eternamente. Y con unos servicios extranjeros trabajando intensamente por apoderarse de España y aprovechar esas rencillas internas del propio Régimen, cuya salud se deterioraba el mismo ritmo que la de Franco.

Y al final, como no podía ser de otra manera, al final, esta olla a presión terminó reventando y se llevó por delante a la única persona que podía mantener el tinglado unido. Incluso por encima de las diferencias abismales entre las distintas facciones de los franquistas.

 

La ETA no fue, pero estuvo encantada de figurar

 

Los etarras, es tiempo ya de decirlo, son los payasos de este circo. Siempre lo fueron, ya en tiempos del Franquismo, cuando el Régimen anterior los utilizó a destajo para sus propios fines propagandísticos. Siempre viene bien tener un enemigo común y despiadado, cuanto más salvaje mejor, pero los capullos veinteañeros que vinieron a hacer su máster a Madrid no pudieron ser los autores de nada.

Y eso se supo desde el principio. Incluso el difunto Suárez ignoró a la ETA en esta farsa de la autoría cuando afirmó, en su día, que se iba de Moncloa sin saber si la muerte de Carrero se había pagado con dólares o rublos, pero no es posible que fuera tan imbécil como para creerse eso. Más bien pienso yo que nos creía imbéciles a los españoles, como demostró en tantos otros de sus timos transicionales. Y es que hay demasiadas pruebas de que fue la CIA, en connivencia con sus cómplices en el régimen de Franco, la organización terrorista que estuvo por detrás y por delante del magnicidio de Carrero. Lo de ETA no hay quien se lo crea.

 

Hay que desmitificar el comando Madrid

 

Vamos a ver si terminamos con el mito de los temibles comandos de ETA de una puñetera vez. Porque aquí nadie niega que haya habido terroristas expertos entre sus filas, pero el común de sus famosos gudaris siempre han sido chavales en edad de ser estudiantes. Y eso cuando aún estudiaban, como era el caso en los 70, una época en que todavía mostraban una mínima preparación intelectual de algún tipo, pero en cualquier caso ese comando Madrid que mató a Carrero no era más que una pandilla de jovenzuelos. Ellos solos nunca pudieron hacerlo.

Mucho menos cuando se sabe muy bien cómo fueron sus correrías por Madrid, siempre en compañía de comunistas que estaban más fichados que el Dioni. Y pegando tiros en la Casa de Campo, claro, para entrenar. Y tomándose sus cañas por Carabanchel sin dejar de hablar en vascuence, por supuesto, para que luego digan que el Franquismo perseguía esa diversidad lingüística.

¡Tanto daban el cante que en el bar al que iban, por cierto, demasiado lejos de Ciudad Universitaria, llamaban a estos estudiantes los de la ETA! Y a un guardia civil que frecuentaba el lugar les llamó la atención todo esto y se enteró de hasta dónde vivían, por lo que informó a sus superiores del asunto, pero recibió la orden tajante de dejar en paz a los chavales.

 

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Cinco razones para matar a Carrero

 

Carrero Blanco era un tipo muy duro y totalmente de la cuerda de Franco, es decir: era de todos en el Régimen y de ninguno. Y fue así como ambos consiguieron hacer perdurar el Franquismo pese a las presiones externas y las discusiones internas, pero ahí está también la clave de su asesinato por varias razones.

Una causa para matarlo, la principal, es porque no admitía las interferencias de los gringos ni de nadie. De hecho, Carrero se había reunido con Kissinger justo el día antes de su muerte, para decirle como tantas veces que no a sus guerras en Oriente Próximo. El Régimen de Franco se había caracterizado por decirles NO A LA GUERRA a los yanquis y hasta habían llegado, en su atrevimiento, a aconsejarles por su bien que dejaran en paz a los vietnamitas, como hizo el propio Caudillo con el bueno de Lyndon Johnson. Porque estos demócratas no dejaban de presionarnos para involucrarnos en sus cruzadas, entre otras injerencias graves a las que querían obligarnos y a las que ahora, curiosamente, estamos totalmente plegados.

La segunda razón para matarlo es que, al estar por encima de todas familias del Régimen, como primus inter paris al servicio sólo de Franco, Carrero resultaba el principal escollo para que ninguna de esas facciones pudiera hacerse con la hegemonía.

Y otra razón es que precisamente por esta lucha interna, entre facciones del Franquismo, para evitar que ninguna familia se sintiera desplazada, Franco había delegado en Carrero la Presidencia de un Gobierno de su elección. Un gabinete formado por tecnócratas que a él le debían lealtad, por supuesto, pero en que se le había obligado a aceptar un Ministro del Interior ajeno a él. Un miembro del sector más bunkerizado, Arias Navarro, con fuertes apoyos en las Fuerzas de Seguridad y también en personas cercanas el Caudillo. Entre otros, la propia Carmen Polo.

 

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Los espías de Carrero Blanco

 

También relacionado con lo anterior estaba la cuarta circunstancia, no menos importante, de que Carrero Blanco comandaba un Servicio Secreto formidable, que se enteraba absolutamente de todo. Eran los mejores espías de España y Carrero los utilizaba para neutralizar a los posibles adversarios del Régimen, que él convertía en sus propios enemigos personales. Incluso truncó la carrera de personas muy allegadas al Caudillo, porque el neutral protector del trono no se casaba con nadie. No es de extrañar, por tanto, que una vez desaparecido Carrero, muchísimos potentados respirasen tranquilos. Aliviados de no tener sobre sí esa presión latente.

Por último, la quinta gran razón para cargarse a Carrero Blanco era su austeridad. No cambiaba ni de bolígrafo por no gastar, ¿podéis imaginarlo hoy en día? Y no sólo esto, sino que se mostraba completamente intransigente con los despilfarros de los demás funcionarios, por supuesto, a los que quería hacer extensiva su estoicismo de monje. Otro rasgo más que compartía con Franco, su bienamado jefe, al que sirvió toda su vida, pero que no le hacía popular entre sus subordinados.

Y no es ilógico pensar que, en el seno de sus propias Fuerzas de Seguridad, que él controlaba totalmente, muchos gerifaltes soñarían con presupuestos más abultados y nóminas en B. Y ahí están los famosos fondos reservados para demostrarlo, que el Felipismo hizo tan famosos, pero que ya antes se manejaban a destajo.

Como podemos ver, de todas estas razones, ninguna encaja directamente con ETA. ¿Por qué? Porque los etarras, como en toda su patética historia, son irrelevantes en el magnicidio que cambió España.

 

También intentaron matar a Franco

 

Esta última razón constituiría el aldabonazo último para el atentado, ya que no hay muchas dudas sobre qué Arias Navarro estuvo directamente implicado en el crimen. Es más, llegó a jactarse de ello en conversaciones que los propios agentes de Carrero, tras la muerte de éste, llegaron a interceptar y le pasaron al propio Caudillo:

Hay que cargarse al viejo… ¡Me lo paso por los cojones!

Por supuesto, se refería a Franco, pero hacía extensivo su desprecio al entonces franquista Juan Carlos:

¡Qué se ha creído el mozo! Hemos estado a punto de cargarnos al viejo y ahora, ¿vamos a seguir aguantando el caudillaje? Eso se ha acabado, ¿me oyes? ¡Me paso al mozo por los cojones!

Por su parte, Franco aconsejaba moderación a su camarilla.

¡Qué vamos a hacer si el primer traidor es el Presidente! Pero no hagan nada, no hagan nada, que sería complicar las cosas.

 

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Franco se vio superado por la traición

 

¿A quién tenía prevención Franco, ya mayor y con un pie en el estribo? Lógicamente a los gringos, por supuesto, que estaban encantados de ver cómo el Régimen se descomponía: ellos serían sus herederos. Pero para monitorizar esa voladura controlada de un Régimen que los había desafiado desde el principio, pese a su inmenso poder, los yanquis necesitaban de unos ejecutores que realizaran el trabajo sucio desde las entrañas.

Y no hablo precisamente de los jovenzuelos vascos que vinieron a Madrid a hacer el mamón, no: hablo del Ministro del Interior de entonces, que alardeaba en petit comité de poderse cargar hasta a Franco, y también de un no menos oscuro personaje: el deificado General Gutiérrez Mellado. Pero de estos dos hablaremos en el siguiente episodio, donde aclararemos más detalles de este magnicidio y su manto de mentiras y silencio.

 

Dos cloaqueros franquistas (II): los mejores asesinos antifranquistas eran franquistas

 

 

El Régimen Franquista tardío: un homenaje a los Corleone

 

Por más que saquen pecho los etarras y sus amigos comunistas de entonces, que eran cuatro pelagatos de Madrid, ninguno de ellos tuvo un papel mínimamente relevante en lo ocurrido con Carrero Blanco. Los franquistas no necesitaban de nadie para matarse entre ellos y liquidar, tirando cada bando por su lado, de un Régimen que sólo Franco había podido unificar. Y a la sombra del Caudillo, por supuesto, su perro guardián y estratega de cloacas: Don Luis Carrero Blanco.

Ya nos hemos referido en el artículo anterior a la imposibilidad de que ETA tuviera el más mínimo protagonismo en el gran magnicidio, tal vez el más espectacular de la Historia, pero tampoco la CIA hubiera podido hacerlo todo sin ayudas internas del Régimen. También hemos razonado cómo el Ministro del Interior del Gobierno de Carrero no sólo se cargó al Presidente, o le ayudó a morir, sino que amenazaba con matar también a Franco o al entonces joven Juan Carlos. Un Príncipe de Asturias que estaba bajo la tutela de Carrero, en todos los aspectos, por lo que la muerte repentina de éste dejó al heredero de Franco en una situación complicada. La misma que la de Amadeo de Saboya cuando mataron a Prim.

 

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La carta de Milans del Bosch a Gutiérrez Mellado

 

Para ilustrar este clima de puñales desenvainados, entre los propios subalternos de Franco, no se me ocurre un mejor testimonio que la carta del Milans del Bosch a su compañero de armas: Gutiérrez Mellado. Según Ricardo De la Cierva, probablemente la carta más dura que jamás un General español le haya escrito a otro y en la cual, escrito entre líneas, están algunas de las claves de lo sucedido. No sólo en el 23-F, en el cual ambos fueron los grandes protagonistas militares, sino incluso en la propia Guerra Civil y la muerte de Carrero. Hay que aclarar, antes de nada, que la misiva está fechada justo después del desgraciado 23-F, por lo que Milans la escribió desde una prisión militar:

No puedo empezar esta carta con el encabezamiento normal entre militares, de «mi querido amigo y compañero», porque a ti no te considero ni amigo, ni compañero, pero, además, tendría que cambiar el adjetivo de querido por el de «despreciable», que es lo que realmente siento por ti y que, a fuer de ser sincero conmigo mismo, tengo que decírtelo…

No está mal para empezar, ¿verdad? El destinatario de la carta, General Gutiérrez Mellado, había sido el supuesto héroe de la quijotada del Congreso, pero aquí llega lo interesante del asunto:

Decía, que ni yo ni nadie, podíamos admitir lecciones de ética militar de ti, pues ¡cómo se pueden admitir de quien —siendo oficial—, la única vez que ha combatido, en vez de hacerlo al frente de sus tropas y frente al enemigo, lo ha hecho de la sucia forma de los espías, de las dos caras; de la puñalada por la espalda!

 

Un General y un Ministro con demasiados trapos sucios

 

¿Un General-espía como lugarteniente de Suárez y héroe del 23-F? Como veremos ahora, siguiendo con la carta de Milans, su historial de cloaquero se prolongaba mucho más hacia atrás:

¿No es así como luchaste en lo que yo llamo Guerra de Liberación y ahora se suele conocer por Guerra Civil? Es decir, luchamos en el mismo bando, pero de forma bien distinta: yo al frente de unidades de La Legión; tú desde dentro del bando rojo o republicano, como quieras llamarle. Y muchas y muy importantes «fechorías» debiste de hacer cuando no solamente creo que tienes el «valor reconocido» sino que, según se dice (es vox populi), tú mismo te propusiste para una importante condecoración, que un prestigioso general rechazó diciendo: «A un espía se le paga, pero no se le condecora».

Nuestra actitud, por lo tanto, en la guerra, ha sido bien distinta y esa misma actitud la hemos seguido, los dos, en la paz: yo siempre de frente, de cara; tú siempre actuando en la sombra y por la espalda. En cuanto a tu valor «reconocido» también tendría algo que decir, pues creo que es preceptivo para alcanzarlo, tres operaciones con bajas en tu unidad o una herida frente al enemigo o un determinado periodo de operaciones. No sé que tengas nada de ello, pero en fin, algo muy importante debiste hacer en la retaguardia roja, cuando te lo apuntaron en tu Hoja de Servicios, sin pasar, tampoco, por Rusia, Ifni o Sahara…

 

La realidad de las 13 rosas: ¿un ajuste de cuentas entre franquistas?

 

Pero después de este repaso a su Hija de Servicios como espía, y no como soldado combatiente, Milans le lanza a su enemigo su estocada definitiva:

Podría seguir dando razones para demostrar que nadie puede recibir lecciones de ética militar de ti y recordar muchas cosas que se dicen de tus actuaciones y que nunca han quedado suficientemente claras: Villaviciosa, Regimiento a Caballo, muerto en la Carretera de Extremadura, etcétera, etcétera, pero estimo que no es necesario.

Muy bien: quedémonos en ese punto. Resulta que ese famoso crimen de las 13 rosas tuvo en su organización, cuando menos, la existencia de una mano negra que no era precisamente roja: era este personaje tan curioso, el espía uniformado de Franco, a quien Milans relacionaba con un secreto a voces entre las Fuerzas Armadas: el hecho de que ese crimen de la Carretera de Extremadura, en el que otro importante gerifalte del Régimen murió, apenas terminada la Guerra, bien pudiera tener un origen franquista. ¿Por qué?

Por la misma razón por la que muchos potentados del Régimen, al enterarse de la muerte de Carrero, respiraron de alivio: ese muerto en el atentado sabía demasiadas cosas demasiado graves sobre personas influyentes del Franquismo. Y el entonces notario Arias Navarro, que en la Guerra se aplicó a fondo en la represión de los pro-gubernamentales en Málaga, al parecer tenía un pasado como masón que interesaba a toda costa ocultar. ¿Figuraba en una lista negra el que llegó luego a Ministro y hasta a Presidente del Gobierno, Don Carlos Arias Navarro? Eso explicaría por qué mataron a ese espía a traición, simulando una cacicada terrorista como la que luego prepararían contra Carrero.

 

Entre espías anda el juego

 

El desprecio visceral de Milans del Bosch por su compañero, el también General Gutiérrez Mellado, no es nada nuevo en los mundos de Inteligencia. Los soldados combatientes siempre despreciaron a los espías, que se valen del juego sucio y pueden cambiar de bando con facilidad. Y es que encima son ellos los que luego tienen la influencia suficiente como para escalar alto, en las dignidades del Estado, hasta el punto de llegar a dar órdenes a esos soldados de verdad. Y creo que con estas anécdotas que he contado sobre estos dos personajes, Arias Navarro y Gutiérrez Mellado, se puede entender un poco mejor qué clase de personas son las que toman las decisiones que afectan a los países.

Lo más curioso de todo es que el destino es irónico, porque Gutiérrez Mellado también murió en una carretera, en su caso en un sospechoso accidente. Y Arias Navarro, por su parte, cumplió un recurrente papel en la Historia de España: el del Ministro de Interior que entierra a su Presidente y ocupa su plaza, ni más ni menos, una circunstancia surrealista, pero que se ha repetido hasta la saciedad desde Prim hasta nuestros días.

 

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¿Cómo? ¿Qué el que mató al Presidente ocupó su sillón?

 

¿Cómo puede ser que al Ministro del Interior le maten al Presidente y no le pase nada sino al contrario, pues le encumbran hasta ocupar la plaza del caído? Resulta chocante, sí, pero es lo que sucedió con Arias Navarro y el finado Carrero: no en vano fue este oscuro malagueño el que nos comunicó a los españoles ese lacrimoso Franco ha muerto. Pero es que él mismo intentó matarlo, poco antes, lo que resulta todavía más irónico.

Además, si no fuera así, no se entiende todo lo que sucedió antes, durante y después del magnicidio. Pensadlo bien: ¿cómo es posible que esa pandilla de jóvenes vascos que vienen a Madrid, sin tener ni idea cómo es la ciudad ni mucho menos de su oficio de terroristas, hayan podido cambiar ellos solos el rumbo de nuestra Historia? ¿Conocía Carrero Blanco, jefe del poderoso CNI de la época, las correrías del comando Madrid? Por supuesto que sí, suponemos, cuando era además el Presidente del Gobierno, lo que nos invita a pensar que Carrero estaba jugando con estos ratones por algo. Alguna razón estratégica, seguramente, como marcar objetivos por medio de seguir a estos personajes. Después de todo, es lo que hacen todos los servicios de Inteligencia con sus disidentes.

Y lo que es más inquietante aún:

¿Cómo es posible que en la Seguridad del Estado, donde conocían perfectamente los movimientos de los etarras en Madrid, les dejaran matar al Presidente? ¿Recordais la anécdota del guardia civil que quiso detenerlos y al cual le pararon los pies?

Pues hubo más episodios como ésos. El propio etarra Argala, al que luego matarían en Francia en otro atentado, acudió a un congreso de comunistas en el cinturón rojo de Madrid, y esto a pocos días del magnicidio. Tranquilamente. Parece sacado del guión de una película, ¿no creen?

 

La CIA se aprovechó de las rencillas dentro del Régimen

 

A río revuelto, dicen, ganancia de pescadores, pero siempre hay un pescador que tiene una red más grande. Y la realidad del magnicidio de Carrero fue que la CIA, a pocos metros de la embajada yanqui en Madrid, ejecutaron a la mano derecha de Franco con la ayuda imprescindible de sus subalternos. Algunos subalternos, quiero decir, que vieron su oportunidad de pegar su zarpazo y avanzar posiciones en la lucha por el trono.

Tan grave fue el asunto que el propio nieto de Franco afirmaba, emocionado, que vio a su abuelo llorar en casa antes de que todos lo contemplásemos en público. Y su abuela le explicó que no había visto llorar a su marido desde que la Guerra terminó, tal vez porque el viejo intuía que otra contienda sangrienta empezaba: la de la lucha por el poder, pura y dura, ya sin cortapisas ni protectores del trono, porque tras Carrero sobrevino una anarquía fáctica dentro del Régimen. Y de hecho nunca hubo juicio, siquiera, como síntoma de que a nadie le interesaba remover el asunto, sino al contrario. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Lo mataron y se acabó.

No es de extrañar, por tanto, que Juan Carlos se rindiera a la evidencia de que no podía sostener ya ningún Franquismo sin Franco. Nada estaba atado y bien atado, claro está, salvo por la CIA. Por esto fue que el Emérito se plegó a las órdenes de Kissinger y echó a andar un auténtico Frankestein de Régimen, llamado democrático, pero formado por cloaqueros de todas las especies posibles: eso que llamamos Régimen del 78 y que hoy por hoy está a punto de terminar, se diría, aprovechando la triste coyuntura de una epidemia, en un enésimo golpe contra la Soberanía e Independencia de los españoles.

 

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Dos cloaqueros franquistas (III): el Presidente Arias Navarro

 

 

Gutiérrez Mellado y el Presidente Arias Navarro: un tándem mortal

 

El final de estos dos cernícalos es muy diferente según el caso, pero ante todo según la altura que ambos quisieron tomar en las cloacas del Estado. Gutiérrez Mellado, por ser más conformado que el otro, tuvo una vida útil más prolongada en esas altas esferas: llegó a Capitán General, la máxima graduación del Ejército, y pudo dedicarse a descomponer las Fuerzas Armadas como Vicepresidente de su compadre Suárez, pero todo ello se lo debe a que escaseaban los altos oficiales con tan bajos escrúpulos como él. Más tarde nos ocuparemos de su caso.

Arias Navarro, por su parte, llegó a Presidente, ni más ni menos, por lo que estaba claro desde el principio que su vuelo iba a ser más bien corto y problemático. Es el típico caso del estadista que quiere estar con todos y con ninguno, por lo que al final se vio atrapado en su propio doble juego. Nadie se fiaba de él en el Régimen ya caducó y en el nuevo, como es lógico, no pintaba nada. Simplemente le habían utilizado los mismos que más tarde, por distintas razones, no le querían ni ver.

 

Los yanquis lo utilizaron y lo deshecharon

 

Por un lado, su propio bando del búnker andaba desnortado, tras la muerte de Franco, y Arias se veía perseguido por el propio fantasma de su culpa en la eliminación de Carrero. Y por el otro lado, el que de verdad contaba, los yanquis le volvieron la espalda, con su rey a la cabeza, poco dispuestos a sostener ese reducto de un Franquismo ya caduco. En el nuevo Régimen que se estaba fraguando, entre Washington y Londres sobre todo, ninguna de esas reliquias naftalínicas tenían lugar. Aquello era un nuevo orden que ya estaba pactado afuera de España y Arias fue utilizado, al igual que sus cómplices en el magnicidio de Carrero, para descabezar el Régimen antes de triturarlo. Y después de metido, como siempre, olvidar lo prometido.

 

Ascendió al poder a base de sangre

 

Frente a viento y marea, el cloaquero Arias Navarro se agarraba a poltrona que tanto le había costado conseguir. Tanta sangre de otros, sobre todo, en tu imparable ascensión el poder supremo. Un largo camino desde que siendo notario en Málaga, cuando la Guerra, ocultó su pertenencia la masonería y se sumó al Alzamiento. Y tapaba así sus vínculos con el poder occidental mientras depuraba, con la máxima energía, a los elementos peligrosos para la Patria, la Religión y quién sabe si para el mismo, por su pasado, dado que tenía tanto tenía que ocultar. Hasta tal punto de que tuvieron que liquidar más tarde a Gabaldón, junto a tu chófer e hija, en ese mafioso crimen de la Carretera de Extremadura.

 

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Ese feo asunto del que ya hemos hablado anteriormente y en el que Gutiérrez Mellado, como el General Milans le recordó en una carta pública, estaba metido hasta el cuezo. Un crimen de omertá para que Gabaldón no cantase los ilustres nombres de tantos masones y en general de personas con trapos sucios, para los parámetros de Franco y su gente, lo que podía significar el final repentino de su ascendiente en la nueva España. Por el camino, por supuesto, murieron también cabezas de turco como las 13 rosas, pero hubo más crímenes de este tipo e incluso en pleno centro de Madrid. Porque hay gente que no se conforma con salvar únicamente la vida con el cambio de chaqueta, sino que quieren progresar a toda costa, aunque sea sobre una escalera de fiambres.

Y así fue que nuestro amigo llegó a Alcalde de Madrid, antes de ser Ministro del Interior. Y en ese puesto aprovechó enseguida la coyuntura de un Presidente como Carrero, tan temido y odiado por tantos, para liquidarlo y ocupar el sitio de su víctima. Sin embargo, él, que tanto iba de duro, no tenía el carácter ni seguramente la legitimidad de los que sí podía presumir Carrero Blanco.

 

Nadie lo quería, ni en el Régimen ni fuera de él

 

Estaba claro que era un Presidente de paso, algo interino hasta que muriera Franco y se le pudiera reemplazar por alguien más dócil para los yanquis. Porque detrás de Arias estaban los duros del Régimen, pero es que hasta sus acérrimos lo abandonaron. Por ejemplo, el veterano Iniesta Cano, que mandaba la Guardia Civil, le dejó de lado por mostrarse dispuesto a abrir el melón del aperturismo. Y hay que comprender quiénes eran los personajes. Iniesta Cano era un General veterano de la Guerra que había combatido en la División más fuerte y temida, la Mano Negra, que presumía de invencible en todas sus batallas.

Y su participación posterior en lo de Carrero parece obligada, por su responsabilidad al mando de la Benemérita, de tal modo que el propio Blas Piñar lo señaló como cómplice en el crimen. Y aparte de esos amigos y apoyos que le abandonaron, los del sector del búnker, en el Régimen era sabida su participación en el complot que mató a Carrero.

El caso es que Arias Navarro carecía de las espaldas y los apoyos que permitían a Carrero medirse, con toda la contundencia, frente a notorios terroristas como Kissinger, que fue sin duda el verdadero capo de la conspiración. No en vano también se reuniría con el Primer Ministro italiano, Aldo Moro, justo antes de que éste fuera secuestrado y asesinado en otro espectacular magnicidio. Es el sello de la CIA, no cabe duda: organizan guerras y golpes de Estado y no disimulan sino al contrario, parecen jactarse de su impunidad. Pero en España, parece mentira, los progres se alegran mucho de casi todo lo que nos hacen.

 

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Se ofreció a entrar en guerra con Portugal

 

Arias Navarro, por el contrario, siempre ocultó su ascensión en el poder por una escalera de ataúdes. Una lista que incluía a víctimas del propio Régimen, por lo que estaba ya marcado antes de empezar a gobernar. Pero sus intentos de seducir a unos y otros terminaron mal, porque la disidencia y la CIA ante todo no querían cambios: querían acabar con el Régimen por completo. Y desarrollaron una estrategia terrorista que culminó en el atentado de la Calle del Correo, pero que tuvo muchos episodios violentos, en los cuales Arias se jactó de emplearse a fondo. Y de una estrategia conciliadora con la oposición pasó, a golpe de atentado, a una postura más inflexible y enrocada.

Cercado por los enemigos del Régimen quiso mostrarse duro, pero ya era tarde: los suyos le habían ya abandonado. De hecho, uno de sus gestos más patéticos fue ofrecerse a los yanquis para invadir Portugal desde España. Acabar por la fuerza con el auge comunista del país hermano, tras el éxito de la Revolución de los Claveles. Un intento desesperado por congraciarse con aquéllos a los que tanto debía, pero que a la vez tanto a él le debían también. Nada de esto le funcionó.

 

La lucecita del Pardo

 

Arias Navarro ha pasado la historia como ese señor entrañable que nos anunció el fallecimiento de Franco, con lágrimas en los ojos, pero hasta eso es otra mentira. Como ya hemos visto, Arias no sólo mató a Carrero, sino que por poco no mata a Franco. Y se jactaba de ello ante sus esbirros. Sin embargo, puede que sí haya un trasfondo de verdad en ese rostro desencajado por la pena, al dar el anuncio del fallecimiento de Franco, y es que Arias Navarro se vio muy solo en esos meses finales del Régimen.

Ahí quedan para la historia esas palabras famosas, llenas de patetismo, al recordarles a los españoles que Franco, pese a lo delicado de su salud, aún estaba vivo: la lucecita del Pardo del Caudillo, que aún trabajaba por las noches en su despacho. Sin duda alguna, la única garantía que quedaba del mantenimiento de la unidad del Régimen y de la paz, que muy pronto terminarían.

 

Dos cloaqueros franquistas (IV): el General Gutiérrez Mellado

 

 

Suárez: un hombre gris del Franquismo

 

Una vez dimitido Arias, se seleccionó a otro miembro del Régimen para continuar la voladura controlada del Franquismo. Y el elegido no podía reunir mejores condiciones para la tarea: un hombre gris de Falange, el partido oficial del Régimen, de buena planta y dispuesto a acatar incómodas órdenes. Después de todo, no tenía otro pito que tocar y ahí lo pusieron: de Presidente del Gobierno, ni más ni menos. Un puesto para el que Arias Navarro tuvo que pelear tanto, correr los riesgos que todo cloaquero enfrenta, pero Suárez se encontró con el poder servido en la mesa. De hecho, se trataba de un protegido del propio Arias.

 

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¿Hasta qué punto era un traidor Gutiérrez Mellado?

 

¿Hasta qué punto era Gutiérrez Mellado un traidor o no? Yo no tengo nada claro. Por un lado, se le pueden atribuir todas las canalladas de Suárez y sus amigos, por haber permitido que se desarrollase el kamikaze Sistema de las Autonomías. Y todo ello en paralelo con la destrucción controlada del Ejército hasta reducirlo, tras sucesivos vaivenes, a la ONG-ETT que es hoy en día. Un dócil instrumento al servicio de los políticos o, mejor dicho, de los intereses globalistas de la OTAN y otras organizaciones genocidas.

Y recordemos el papel trascendental que tuvo Gutiérrez Mellad o en todo esto al llegar a encarcelar, incluso, a generales que habían sido compañeros suyos de armas. Y él sabía que se iba a producir el 23-F y no hizo nada para evitarlo, como Vicepresidente y General, por lo que no se puede aducir que estaba castigando a unos golpistas: él mismo lo era y de raíz, al permitir el 23-F y ante todo la infame Constitución del 78.

 

El proyecto nuclear español: la última carta de la independencia nacional

 

Suárez y su lugarteniente militar y cloaquero, Gutiérrez Mellado, a pesar de todas sus traiciones a la Patria, sí tienen un argumento en su favor para el juicio de la Historia: el Proyecto Islero del arma nuclear española.

Se trata del secreto a voces, aunque siempre mal contado, de que la España de Franco tuvo en su mano el comodín del arma nuclear, y de haberlo conseguido es muy probable que nuestro devenir hubiera sido muy distinto. ¿Os imagináis la España de la Restauración utilizando el submarino de Isaac Peral contra los yanquis, en la Guerra de Cuba? Los enemigos internos de España nunca permitieron que desarrollásemos esa arma fundamental, que hubiera podido dar un vuelco al declive militar español contemporáneo. Pues bien, una traición similar impidió que nuestro país se convirtiera ni más ni menos que en un miembro de ese selecto club de naciones independientes. Y, ¿qué es lo que da la verdadera independencia a una nación moderna? El arma nuclear.

 

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Cuando veas las barbas de Al Assad cortar, pon el hidrógeno a remojar

 

Lo hemos visto recientemente. ¿Qué es lo que impide a los gringos invadir Corea del Norte, como les gustaría, al igual que han hecho con Siria o Irak? El arma nuclear. ¿Qué les pone tan nerviosos a los del Imperio, en el tema de Irán? El arma nuclear. ¿Qué arma nos faltaría para no haber tenido que sufrir el maldito calvario del Régimen del 78 y las constantes agresiones externas, e internas (facilitadas desde el exterior)? El arma nuclear. Al final, todo lleva a lo mismo.


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Cantabria

1937. El año en que el nuevo orden mundial perdió a España

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El Gobierno del Frente Popular perdió la guerra en el verano de 1937

Todas las guerras, como los partidos de fútbol, se luchan hasta el último minuto, pero menudo ocurre que se sabe va a ganar desde mucho tiempo antes de que el árbitro pite el final.

En el caso de la guerra de España, por ejemplo, se puede decir con total autoridad que el Gobierno del Frente Popular la perdió en el verano de 1937, con la doble derrota de Brunete y Santander. Porque hay que entender que la sangrienta batalla de Brunete fue lanzada por el Gobierno del Frente Popular para evitar precisamente en la conquista de Santander, lo que sucedió de todos modos, cuando ambas batallas las ganaron los nacionales. Y después de estos dos episodios decisivos, que resultaron en la pérdida del Norte para el Frente Popular, vendrían muchas más derrotas importantes para ellos como Teruel o el Ebro, pero la victoria de Franco ya estaba sellada mucho antes.

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Contrariamente a lo que muchos piensan, la batalla del Ebro no fue la de que determinó la victoria del Ejército Nacional en la Guerra Civil Española, igual que tampoco la batalla de Gettysburg fue el turning point de la Guerra de Secesión estadounidense. Ambas grandes batallas fueron realmente la consolidación de la victoria del bando que realmente se haría con el triunfo final, pero hubo otras batallas que anticiparon ese desenlace mucho antes. Para la Guerra de Secesión estadounidense, ese momento decisivo se produjo con la Batalla de Antietam, primera victoria indiscutible del Norte, que desanimó la potencia es como Francia o Reino Unido de intervenir a favor del Sur.

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Cómo se desarrolló realmente la Guerra Civil Española

Este artículo tal vez pueda ayudar a mucha gente a entender cómo se desarrolló realmente la Guerra Civil Española, aunque sea de forma resumida, pues hay un gran interés desde el poder para confundirnos y que no vemos las cosas como técnicamente fueron. Al margen de filosofía barata y pajas mentales, tanto políticas como pseudo militares.

Para empezar, hay un concepto que conviene siempre tener en cuenta y es el de romper el frente, qu significa ni más ni menos que las líneas enemigas en un punto en concreto y poder internarse en el territorio contrario. Esto significa una gran ventaja la estratégica que nos puede permitir hasta embolsar grandes formaciones enemigas y para conseguirlo suele hacer falta concentrar muchas fuerzas y de gran calidad en ese punto en concreto. En nuestra Guerra Civil Española, por ejemplo, en la primera mitad del 37, se produjo una gran concentración de fuerzas nacionales en el Norte, para acabar de tomar Vascongadas y Santander, antes de continuar la conquista hacia Asturias. Y por supuesto que estaban allí reunidas las mejores tropas del Ejército Nacional con toda la artillería, carros y aviación posible.

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Un Gobierno de corruptos al servicio del Nuevo Orden Mundial

El Frente Popular entendió entonces que la suerte del Norte estaba echada y con ella la de todo su Gobierno de políticos corruptos al servicio del Nuevo Orden Mundial. Y por eso intentó ayudar a sus alejadas provincias del Norte y al Gobierno de Euskadi, que se había independizado incluso de ellos, mediante una gran operación en torno a Madrid. La campaña que luego sería conocida como la Batalla de Brunete y cuyo objetivo no era otro que distraer fuerzas del Norte para retrasar o impedir esa gran ofensiva nacional. Sin embargo, la política de Franco de no ceder ni un palmo de tierra dio sus frutos una vez más. Y envió a las mejores tropas a Madrid para combatir ese ataque del Frente Popular por la zona de Brunete, Quijorna, Villanueva de la Cañada y otras poblaciones cercanas.

La División 13 Mano Negra: ¿quién ganó la batalla?

El resultado de la batalla de Brunete fue discutido, pero estratégicamente no hay duda de que fue una victoria nacional. Para este bando, sólo se perdieron algunos pueblos y por un tiempo, mientras que la campaña del Norte se pudo reanudar con toda normalidad. Fue evidentemente un nuevo fracaso del Frente Popular, que ni con todo el apoyo de todo el Nuevo Orden Mundial pudo conseguir esa victoria estratégica que necesitaban. Y hartos de que sus enemigos se apropiaron victorias que eran suyas, las fuerzas nacionales bautizaron a su mejor dirección con este lema en árabe:

 

¿Quién ganó la batalla?

Se trataba de la mejor división del Ejército Nacional, la División 13 Mano Negra, cuyo emblema era una mano de Fátima sobre fondo rojo y con ese lema en árabe.

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La batalla de Santander fue el evento decisivo de la Guerra Civil Española

Una División compuesta por las mejores tropas marroquíes, falangistas, legionarias, etc. Una división que nace precisamente en esta Batalla de Brunete y que seguirá ganando batallas para el Ejército Nacional durante mucho tiempo, hasta el final de la Guerra. Un conflicto que quedó sentenciado cuando el Ejército Popular frentepopulista quedó derrotado bajo el sol del ardiente verano en Madrid en 1937. El anticipo de la embestida decisiva del Ejército Nacional contra el Norte, llevada a cabo a continuación, siendo la Batalla de Santander su evento más decisivo, yo diría que de toda la Guerra Civil Española. De hecho, la prensa nacional celebró con increíble la victoria, inclusive con titulares como éstos:

La vida es milicia y hay que vivirla con acendrado espíritu de patriotismo y sacrificio.

Tropas regulares de santanderinos mezclados con independentistas vascos: aquello no podía funcionar

En la Batalla de Santander se observaron con toda crudeza los vicios que lastraban al Ejército Popular (con sus facciones independientes de Euzkadi y Cataluña) desde el principio de la Guerra. Problemas iniciales que en todo un año de guerra no supieron corregir y que les costaron la victoria. En concreto, la falta de unidad de mando incluso con respecto a Madrid, pues el del Norte fue un Ejército que se desenvolvió prácticamente a sus expensas, prácticamente sin el apoyo de aviación que tanto necesitaban. Y tampoco se entendieron entre ellos, cómo podrían, cuando estaban juntándose tropas regulares de santanderinos mezclados con independentistas vascos, cada uno con su partido e ideología propios. Un auténtico maremagno del que solo podían salir derrotados frente al entusiasmo y unidad del Ejército que tenían enfrente, no menos dividido entre carlistas, liberales o fascistas, entre los cuales destacaban las numerosas tropas italianas. También había muchos contingentes marroquíes, pero todos ellos sabían que había una jerarquía única y un objetivo muy claro: ganar la Guerra cuanto antes para evitar que el conflicto europeo por venir se concatenara con nuestro propio conflicto civil. Y fue un objetivo que se cumplió.

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Sirva este artículo como homenaje a todos los combatientes honrados de ambos bandos y a la población civil, que sufrieron en sus carnes esta desgracia, y como un homenaje de desagravio a los que son hoy en día insultados después de haberlo dado todo por la Patria. Insultados, además, por políticos corruptos como son los del PP o el PSOE, con sus respectivas marcas blancas. Vergüenza para ellos y honor y gloria a los héroes. ¡Viva España!


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MEMORIA HISTÓRICA NO MANIPULADA

Los asesinos y criminales socialistas vuelven a perder La Guerra Civil -justo cuando creían ganarla en los despachos- Largo Caballero perderá su calle en Madrid: el PSOE, víctima de su Ley de Memoria Histórica

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PP y Cs votarán a favor de una propuesta de Ortega Smith en el pleno del Ayuntamiento. Primera vez que un líder socialista pierde su calle.

PP, Ciudadanos y Vox han llegado a un acuerdo para quitar la calle de Francisco Largo Caballero en Madrid. Lo han hecho a instancias de los de Santiago Abascal, que presentan su propuesta en el pleno municipal de este martes. Así lo ha contrastado este periódico a través de las tres fuerzas implicadas.

Será la primera vez en la capital que un líder del PSOE -fue presidente del partido, secretario general de UGT y presidente del Gobierno- pierda su placa en virtud de la ley de Memoria Histórica diseñada por Zapatero en 2007.

Si José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís no dan marcha atrás a la hora de votar, los operarios municipales procederán a la retirada de dos placas: la referida a la calle -en el distrito de Ciudad Lineal- y la correspondiente a su casa natal, en la plaza de Chamberí.

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El proceso de votación será complejo. La propuesta de Vox también incluye la abolición de las menciones en el callejero a Indalecio Prieto, también líder socialista en tiempos de la República y de la Guerra Civil. Una circunstancia que el PP ha aceptado, pero que Ciudadanos está tratando de evitar.

Según ha sabido EL ESPAÑOL, los liberales exigirán una enmienda de viva voz para que los nombres de Prieto y Largo Caballero puedan votarse por separado. Y no está claro que Vox vaya a aceptarlo. Ese es el principal escollo del debate.

La exposición de motivos que alegará Javier Ortega Smith en calidad de portavoz -y que apoyarán PP y Cs- define a Francisco Largo Caballero (1869-1946) como un hombre de “sanguinaria trayectoria política y personal”. Su calle -expondrá Vox- “es una ofensa para los madrileños que sufrieron sus crímenes y sus pillajes”.

El golpe de Asturias

Ortega Smith recordará el golpe de Estado que dio Largo Caballero contra la II República en 1934, la llamada “revolución de Asturias”. Un delito por el que acabó en la cárcel, aunque la sentencia final le absolvió “por falta de pruebas”.

Presidente del Consejo de Ministros durante la Guerra Civil -antes ministro, presidente del PSOE y secretario general de UGT- Largo Caballero era conocido como el “Lenin español” debido a la beligerancia de su discurso. Revolucionario confeso, llegó a decir que los socialistas irían a la guerra en caso de que “las derechas” ganaran las elecciones de febrero de 1936.

Aunque con matices -la figura de Largo Caballero es poliédrica y sus logros como responsable de Trabajo se alternan con sus oscuridades revolucionarias-, PP, Ciudadanos y Vox coinciden en tacharlo de “antidemócrata”.

Tras la guerra, se exilió en Francia, donde fue detenido por la Gestapo a la llegada de los nazis. Internado en el campo de concentración de Sachsenhausen, fue puesto en libertad cuando llegó el Ejército Rojo. Murió en París en 1946.

Ortega recogerá algunas de sus citas más revolucionarias y le asociará al “horror de las checas”, ya que se produjeron “durante su mandato” como jefe del Gobierno. Le vinculará, incluso, con los asesinatos de Paracuellos del Jarama.

Largo Caballero también tiene una estatua en Madrid, en la zona de Nuevos Ministerios, levantada en época de Felipe González. Al ser su custodia de carácter estatal, la resolución se limitará a instar a Pedro Sánchez a que la quite. Algo que no sucederá.

Cabe destacar que la placa de su casa natal fue inaugurada en 1981. Enrique Tierno Galván -entonces alcalde de Madrid- celebró que los partidos la aprobaran por unanimidad: izquierda, centro y derecha.

La duda de Indalecio Prieto

Vox ha presentado el texto a PP y Cs como una “disposición única”. Es decir, todo en el mismo paquete. Indalecio Prieto (1883-1962) fue varias veces ministro y presidente del PSOE en el exilio.

En su alegato, Ortega Smith le asociará al “robo de más de quinientas toneladas de oro del Banco de España” y al “saqueo del Museo Arqueológico Nacional”. Junto a Largo Caballero, fue uno de los instigadores del golpe de 1934.

Encañonó en el Congreso con su pistola a un diputado de la CEDA y llevó una vida de lujo y excesos en México tras robar el tesoro republicano”, reiteran los de Vox. También destacan que “La motorizada” -su guardia personal- “estuvo directamente implicada en el asesinato de Calvo Sotelo”.

A diferencia de Largo Caballero -aunque hay historiadores que sostienen que el “Lenin español” iba en la misma dirección cuando contrajo la enfermedad renal que le llevaría a la muerte-, Indalecio Prieto mostró arrepentimiento y renunció a sus posturas revolucionarias. Quiso pactar con los monárquicos para restaurar la Democracia en España. Una eximente que Ciudadanos quiere tener en cuenta. De ahí su deseo de que se vote por separado. La pelota está en el tejado de Vox.


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España

El «deporte» de los milicianos socialistas y comunistas durante la II República y la Guerra Civil: La violación y el asesinato de monjas

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El canalla de Largo Caballero (en el centro) rodeado de los típicos asesinos y violadores, los sarnosos milicianos republicanos

Javier Paredes.- Almudena Grandes es faro que ilumina y orienta a las feministas. Por eso, con motivo de la celebración del Día Internacional de la violencia contra la mujer, se permitió blasfemar contra nuestras monjas martirizadas durante la Guerra Civil con estas palabras, publicadas en El País el 24-XI-2008:«¿Imaginan el goce que sentiría al caer [la monja] en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?».

Está muy documentada la muerte de las 295 monjas mártires. Pues bien, veamos solo unas pocas gestas heroicas y galantes de las que realizaron durante la Guerra Civil los jóvenes milicianos, armados y sudorosos, con los que -¡mmm!- se relame Almudena Grandes.

Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas son hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y las tres han profesado como Misioneras del Corazón de María. Tienen respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonan su convento de Mataró y se refugian en una casa de Riudarenas, pero son detenidas el 25 de septiembre y las trasladan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L’Hostalet, donde había un bosque que estaba a siete kilómetros de la población y allí las desnudan, después las violan y, a continuación, las penetran con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introducen de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, las desgarran del todo sus entrañas y aprietan el gatillo.

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En Valencia, los jóvenes milicianos armados y sudorosos, héroes admirados del feminismo militante de la columnista de El País y demás escritoras y políticas progres, dieron un trato parecido a una seglar, Concepción Carrión González, a la que asesinaron junto con dos religiosas de las Carmelitas Calzadas de Valencia, Sor María Josefa Ricart Casabant, natural de Albal (Valencia) y Sor Trinidad Martínez Gil, que había nacido en Soneja (Castellón).

Valencia. De Acción Católica, Concepción Carrión no se dejó sobar los pechos. Entonces, los milicianos se los acribillaron a balazos

Concepción Carrión era una mujer de 35 años, bien parecida, que presidía la agrupación Acción Cívica de la Mujer de La Alcudia. Esta asociación, formada en buena parte por las mujeres de Acción Católica, tuvo una influencia notable en Valencia. Por dar una idea, baste con decir que esta asociación valenciana tenía, en 1932, 150 locales y 50.000 afiliadas. Como esta, también surgieron otras organizaciones semejantes en distintos puntos de España, aunque con nombres diferentes, como fue el caso de Asociación Femenina de Unión Regional de las Derechas de Galicia o Acción Ciudadana de Sevilla, que se unieron a la Confederación Española de Derechas Autónoma (CEDA) de Gil Robles.

El 21 de septiembre de 1936, Concepción Carrión González y las dos religiosas citadas fueron llevadas a Sueca, a un lugar llamado del Caballo. Durante el trayecto, los milicianos intentaron abusar de Concepción, sin conseguirlo. Volvieron a intentarlo cuando la bajaron del coche, y de la frustración que les produjo la negativa le acribillaron los pechos a balazos, porque antes no había permitido que se los sobaran. Y cuando cayó muerta en el suelo, la desnudaron y la clavaron una caña en la vagina.

Carmen García Moyón, es otra seglar, apodada ‘la francesita’ porque su madre procedía del país vecino. Se la incluye a veces entre las monjas martirizadas, porque en 1918 ingresó en el noviciado de las Terciarias Capuchinas de Altura (Castellón). Pocos años después, entiende que no es esa su vocación y abandona el convento. Acaba viviendo en Torrent (Valencia), donde instala un taller de costura. Mujer muy piadosa, en 1934 se une a la rama femenina de la Real Pía Unión de San Antonio. Ella es la que organiza la catequesis de las niñas de Torrent, y cuando estalla la guerra ayuda a los católicos escondidos, a los que lleva comida y la Eucaristía.

Denunciada por una vecina, en enero de 1937 es detenida y llevada a un paraje conocido como Barranc de les Canyes, en Torrent. Al bajarla del coche, los milicianos tratan de abusar de ella, a lo que se resiste y les increpa:

-«Me mataréis, pero no abusaréis de mí».

Con juicio incluido: un tribunal popular se quedó con las dos religiosas más jóvenes de la congregación… para ellos

En vista de que no pueden cumplir sus propósitos, los verdugos de Carmen García Moyón la rocían con gasolina y la prenden fuego viva. Carmen, durante unos segundos camina por el campo como una tea ardiente, poco después se tambalea y, por fin, se desploma y muere.

Cambiemos de región. Las carmelitas descalzas de San José de Guadalajara se ven obligadas a abandonar el convento, y vestidas de seglares, pasan la noche del 23 al 24 de julio de 1936 en los sótanos del Hotel Iberia y en una pensión. El día 24 por la tarde, tres de ellas caminan por la ciudad disimulando como pueden, pero el grito de una mujer que las reconoce las condena a muerte:

-¡Son monjas, disparad contra ellas!

Los milicianos comienzan la cacería y al instante, caen dos de ellas. Una tercera puede huir. Es la hermana Teresa del Niño Jesús, tiene 27 años y natural de Mochales (Guadalajara). Trata de refugiarse en el Hotel Palace, pero se lo impiden unos hombres que están en la puerta. Y en ese momento, se acerca a ella un individuo, que la ofrece su protección y le sugiere dirigirse a las afueras. Pero en el puente de San Antonio la sujeta con fuerza del brazo y se la lleva a las tapias del cementerio, donde trata de abusar de ella sin conseguirlo. A la agresión se suman otros dos valientes milicianos, y ya entre tres es más fácil manosearla, pero la monja sigue resistiéndose. Frustrada su lujuria, se les desata la ira. Un empleado de la funeraria es testigo de lo que sucede, oye las frases soeces que la dirigen y que la exigen que dé vivas al comunismo, a lo que la hermana Teresa del Niño Jesús responde con un ¡Viva Cristo Rey! Entonces se separan un par de metros de ella, cargan sus armas, ella cae de rodillas con los brazos en cruz y la acribillan a balazos.

La persecución religiosa de la Guerra Civil española se ha presentado a veces como la acción criminal de unos incontrolados. Pero los hechos no sucedieron así. Los asesinatos fueron promovidos y planificados por los partidos y los sindicatos de izquierdas, con un innegable protagonismo del PSOE. Así por ejemplo en Santander, las juventudes socialistas publicaban un semanario titulado Nueva Ruta, y en esta publicación aparecían las listas de los que los socialistas consideraban como facciosos, que a continuación eran buscados para asesinarlos.

No eran incontrolados: era un régimen que favorecía el desprecio a la mujer y a la feminidad. Como Almudena Grandes

Naturalmente, que antes de matarlas se las juzgaba, en un simulacro de justicia, porque como nos recuerdan insistentemente Pedro Sánchez y sus socios de Podemos, lo del Frente Popular era el Estado de Derecho. Así es que gracias a que el bando republicano era el imperio de la ley, en cierta ocasión se formó un Tribunal Especial para juzgar a un nutrido numero de monjas de las Carmelitas de la Caridad de Cullera, y el juez dictó la siguiente sentencia: «Como que dichas mujeres no han dado provecho al pueblo, ni tampoco lo darán en el futuro, a la catalana que se vaya a su tierra, pero a las otras, como son del norte, país fascista, las fusilaremos, excepto a las dos más jóvenes que serán para nosotros». Nada se dice de que estas dos monjas dieran un sí explicito para entregarse sexualmente, pero como no cabe en cabeza alguna que estos tribunales del Estado de Derecho republicano fueran machistas, estoy convencido que cuando esto lo lea la ministra Isabel Celaá, como dicen que es la católica del Gobierno y la responsable de Educación, con esta doble cualidad, si no es en los archivos del Estado será en los archivos eclesiásticos, pero en algún sitio encontrará el documento en el que figure el consentimiento de entrega sexual de estas dos monjas al juez y sus secuaces, que seguro que también eran milicianos sudorosos de los que con tanto entusiasmo habla Almudena Grandes.

El problema de la ministra Isabel Celaá es que se va encontrar con algunos casos en los que le va a ser imposible encontrar el consentimiento de algunas monjas para mantener relaciones sexuales con los milicianos jóvenes y sudorosos, por imposibilidad física y metafísica, por la sencilla razón de que aquellos aguerridos luchadores por las libertades y los derechos de la mujer del Frente Popular tuvieron sexo con ellas y hasta practicaron lo que ni imaginar se puede con sus cuerpos desnudos, pero todo eso lo hicieron con los cadáveres de las monjas, después de asesinarlas.

Y eso fue, exactamente lo que sucedió, entre otras mujeres, con las dos hermanas Vicenta y Purificación Asensio Vila, del Monasterio de La Puridad de Valencia, que fueron arrestadas y asesinadas cuando contaban 60 y 44 años respectivamente, junto a la Madre María Inmaculada Trinidad Peneli, Esclava de María, que tenía 70, el 2 de octubre de 1936 en el término municipal de Silla (Valencia). Las tres religiosas fueron violadas después de matarlas a tiros, según constató un médico forense que recogió los cadáveres y los fotografió cuando estaban tendidos en una carretera.

*Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá


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