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Europa

El suicido de Francia: Macron es el símbolo de una «nueva sociedad individualizada, globalizada e irreligiosa»

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En la imagen: Los manifestantes de los "chalecos amarillos" ocupan los escalones que conducen a la basílica de Sacré-Cœur el 23 de marzo en París.
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Por Giulio Meotti,. «Respecto a Francia, en 2019, ya no se puede negar una transformación crucial y arriesgada, que está en marcha un ‘Gran Giro'», observó el fundador y presidente del Jean-Jacques Rousseau Institute, Michel Gurfinkiel. Se lamentaba de «la defunción de Francia como un país distinguido, o al menos como la nación occidental y judeocristiana que hasta ahora se presumía que era». Un reciente reportaje de portada del semanario Le Point lo llamó «la gran turbulencia».

Giro o turbulencia, los días de la Francia que conocíamos están contados: la sociedad ha perdido su centro de gravedad cultural: el viejo estilo de vida está desvaneciéndose y se acerca a la «extinción».

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La «francesidad» está desapareciendo y siendo sustituida por una especie de balcanización de enclaves que no se comunican entre sí.

El giro francés también se está volviendo geográfico. Francia parece ahora dividida entre los «guetos para los ricos» y los «guetos para los pobres», según un análisis del mapa electoral del mayor periódico de Francia, Le Monde. «En el sector más pobre, 6 de cada 10 nuevos hogares cuentan con un miembro nacido en el extranjero», señala Le Monde. Una especie de abismo separa ahora la Francia periférica —las localidades pequeñas, los suburbios y las áreas rurales— de las metrópolis globalizadas de los «burgueses bohemios». Cuanto más se enclaustren las élites francesas, con sus ingresos y su ocio cultural en sus enclaves, menos probable será que entiendan el impacto diario del fracaso de la inmigración masiva y el multiculturalismo.

Una reciente encuesta europea reflejó estas «dos Francias que no se cruzan ni hablan la una con la otra», observó Sylvain Crepon, de la Universidad de Tours, al analizar el éxito del partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional, en las últimas elecciones al Parlamento europeo. Le Pen y el presidente, Emmanuel Macron, los dos ganadores de las elecciones, hablan para dos grupos sociológicos completamente distintos. En los suburbios de París —Aulnay-sous-Bois, Sevran Villepinte y Seine-Saint-Denis—, Agrupación Nacional, de extrema derecha, ha experimentado un auge. En las ciudades, Le Pen va muy por detrás: quedó la quinta en París, la tercera en Lila y la cuarta en Lyon. Según Crepon:

Estas ciudades quedarán protegidas del voto a Agrupación Nacional por su estructuración sociológica. Eso le da crédito al discurso populista que diagnostica una élite desconectada. Esta [visión] respalda la idea de una ruptura sociológica que no es del todo equivocada.

A un lado de esta ruptura están las localidades como Dreux, que Valeurs Actuelles llamó «la ciudad que prefigura la Francia del mañana»:

Por un lado, una ciudad regia con el vestigio de una historia que cree que todo está cambiando [el milenario]; por el otro, las ciudades están imbuidas de tráfico [de drogas] e islam. Los burgueses del centro de la ciudad votan a Macron, y los petit blancs a Le Pen.

Por otro lado, está París. «Todas las metrópolis del mundo conocen ese mismo destino. Aquí es donde fluye la riqueza y donde está la alianza entre los ‘ganadores de la globalización’ y sus ‘sirvientes’, los inmigrantes que han venido a servir a los nuevos amos del mundo, a cuidarles los hijos, a llevarles sus pizzas o a trabajar en sus restaurantes», escribe el distinguido analista social Éric Zemmour en Le Figaro. A partir de ahora, «París es una ciudad global, y no en realidad una ciudad francesa», escribe.

«Las clases superiores, burgueso-bohemizadas —según uno de los escritores más respetados de Francia, Christophe Guilluy están llenando las «nuevas ciudadelas» —como en la Francia medieval— y votando en masa a Macron. Han desarrollado «una manera única de hablar y pensar […] que permite a las clases dominantes sustituir la realidad de una nación sujeta a una grave tensión e insistir en la fábula de la sociedad acogedora». Guilluy ha sido criticado por algunos medios franceses por abordar esta realidad.

El reciente movimiento de los «chalecos amarillos» —cuyos miembros se han manifestado todos los sábados en París durante meses contra las reformas del presidente Macron— es un símbolo de esta división entre la clase trabajadora y los progresistas gentrificados. Según Guilluy, es una «conmoción social y cultural». Esta conmoción, según el filósofo francés Alain Finkielkraut, consiste en la «fealdad de la Francia periférica y sus efectos sobre las vidas concretas, la tristeza de estas clases trabajadoras que no sólo han perdido un estándar de vida, también un referente cultural». En Francia, existe ahora una sensación generalizada de «desposesión».

El partido de Marine Le Pen ha ganado más del doble de elecciones departamentales que Macron. Le Pen ganó en las áreas deprimidas y desindustrializadas del norte, el sur del centro y el este de Francia de donde proceden los chalecos amarillos.

«Desde que me vine a vivir a Francia en 2002, he visto cómo el país ha culminado una completa revolución cultural», escribió hace poco Simon Kuper en Financial Times.

El catolicismo está casi muerto (sólo el 6 por ciento de la población francesa va habitualmente a misa), aunque no de forma tan absoluta como su vieja «iglesia» rival, el comunismo. La población no blanca ha seguido creciendo.

Macron, explica Kuper, es el símbolo de una «nueva sociedad individualizada, globalizada e irreligiosa».

La huida de Francia del catolicismo es tan evidente, que un nuevo libro, L’archipel français: Naissance d’une nation multiple et divisée, del encuestador Jerôme Fourquet, ha descrito el fracaso cultural de la sociedad francesa como una «era poscristiana»: el alejamiento de la sociedad francesa de su matriz católica es ya casi total. El país, afirma Fourquet, está ahora implementando su propia descristianización. Y sólo hay un sustituto fuerte en el horizonte. Hoy ya hay, según un nuevo estudio académico, tantos musulmanes como católicos entre los jóvenes de Francia de 18 a 29 años, y los musulmanes representan el 13% de la población de las ciudades más grandes de Francia, más del doble de la media nacional.

A veces, los sentimientos musulmanes de solidaridad comunitaria parecen haberse aprovechado de esta fragmentación al crear sus propios «guetos de la sharía». Un informe del Institute Montaigne, «La fábrica islamista», ha detallado la radicalización de la sociedad francesa musulmana. En lugar de la integración, la asimilación y la europeización, los extremistas musulmanes de Francia quieren el multiculturalismo, la separación y la división. Los enclaves de inmigrantes en las afueras de las ciudades francesas, plantea Gilles Kepel en su libro La fracture, fomenta «una ruptura con los valores de la sociedad francesa y la voluntad de subvertirlos». «La gente no quiere vivir junta», dijo Gérard Collomb, exministro del Interior de Francia, en unas declaraciones recogidas por Valeurs Actuelles.

Esta «fractura» se volvió a señalar en la misma publicación: «Cuatro de cada diez niños de Seine-Saint-Denis tienen nombres de pila musulmanes». El encuestador Jérôme Fourquet reveló en un nuevo estudio que «el 18% de los recién nacidos en Francia tienen nombre musulmán».

El «Gran Giro» de Francia está en proceso. Como escribió hace poco el filósofo Alain Finkielkraut, «El incendio de Nôtre Dame no es ni un atentado, ni un accidente, sino un intento de suicido».

Fuente: Gatestone Institute


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Europa

Giorgia Meloni, Presidenta de Fratelli d’Italia: «La persecución de los cristianos es el mayor genocidio que tiene lugar en el mundo»

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Los acontecimientos de estos días, con el ataque a una Iglesia en Indonesia y la masacre islamista en Mozambique, nos han devuelto repentinamente a la dimensión trágica de la persecución de los cristianos. Fratelli d’Italia nunca se ha cansado de intentar centrar la atención en lo que es el mayor genocidio que tiene lugar en el mundo. Es un tema que nos es muy querido, tanto que tanto en el Parlamento Europeo como en el nacional fuimos los impulsores, con Carlo Fidanza y Andrea Delmastro, de los intergrupos parlamentarios por la libertad religiosa.

En 2020, más de 340 millones de cristianos fueron objeto de persecución o discriminación. Se estima que hubo casi 5.000 víctimas, más de 13 por día. A esto se suman las miles de iglesias atacadas, demolidas o cerradas y las muchas personas que siguen sufriendo, desde Nigeria hasta Kosovo, desde Egipto hasta Irán, desde Siria hasta Armenia, desde Pakistán hasta Irak , desde Mozambique hasta Corea. Del Norte. . Hasta el intento de masacre en Indonesia el Domingo de Ramos.

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Millones de cristianos son perseguidos simplemente como tales y por su fe. En algunos estados como Siria e Irak , donde están sujetos a ataques de terroristas de Daesh, es una pura emergencia. Les reiteramos nuestra solidaridad pero también nuestro firme compromiso político.

Es inaceptable que la Unión Europea, que sigue proclamándose campeona de los derechos de cualquier minoría posible e imaginable, no tenga prioridad en la defensa de estas comunidades. Cuando de forma inesperada se decidió quitar la referencia a las raíces cristianas de la Constitución europea que se estaba redactando, decisión contra la que luchamos, es como si nos hubiéramos cortado una parte y con eso perseguía el profundo vínculo con nuestros hermanos cristianos. en todo el mundo por su fe.

En cada ocasión, Europa debe situar la libertad religiosa y la defensa de las comunidades cristianas en el centro: debe hacerlo cuando firma acuerdos comerciales con terceros países, así como cuando distribuye fondos para la cooperación internacional al desarrollo. Y la comunidad internacional debe hacerlo antes de emprender aventuras militares que, con el espejismo de exportar la democracia, muy a menudo terminan allanando el camino al Islam fundamentalista. Defender a los cristianos, dondequiera que estén, significa también defender nuestra identidad, reafirmar nuestro apego a la sacralidad de la vida, a la igualdad entre hombres y mujeres, a la defensa de la familia natural basada en el matrimonio.. Me enorgullece que con motivo del Jueves Santo la FdI haya organizado la videoconferencia “En nombre del padre. La tragedia diaria de los cristianos perseguidos ”y agradezco a todos los que intervinieron, en particular a los misioneros y sacerdotes que nos enviaron su testimonio. Es gracias a estas personas valientes que participan en la primera línea todos los días que podemos tener información libre de censura y conocer hechos que de otro modo estarían excluidos. Desafortunadamente, en muchas realidades su fe y su trabajo son los únicos escudos colocados para proteger a aquellos que son olvidados o sacrificados en el altar de los intereses económicos o políticos, como vemos que sucede con demasiada frecuencia. Siempre los conservadores luchan por defender la libertad religiosa. Lo hicieron en el pasado oponiéndose al ateísmo de Estado impuesto por el comunismo soviético y lo volverán a hacer en el futuro, contrarrestando los excesos del Partido Comunista Chino, el islamismo radical y cualquier otra persona que no quiera defender la libertad religiosa.

Este compromiso está y estará aún más en el centro de mi mandato como presidente del Partido ECR, el partido de los conservadores y reformistas europeos, y es un objetivo en el que me propongo invertir. A nuestros hermanos cristianos perseguidos en el mundo, mi deseo de poder pasar, en libertad y seguridad, una pacífica Pascua de Resurrección.

Giorgia Meloni
Presidente de Fratelli d’Italia y del Partido ECR

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Europa

El Tribunal Constitucional portugués bloquea la ley de eutanasia

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Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal. /EFE
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El Tribunal Constitucional de Portugal ha declarado inconstitucional la eutanasia conforme la recoge la ley que aprobó en enero el Parlamento luso, aunque no cierra la puerta a una reformulación de la misma porque «el derecho a la vida no puede convertirse en un deber de vivir en cualquier circunstancia».

Por siete votos contra cinco, el Constitucional ha aprobado un texto que reconoce la «legítima tensión entre el deber de protección de la vida y el respeto a la autonomía personal en situaciones límite de sufrimiento» y por ello propone que se pueda «resolver por la vía de opciones político-legislativas (…) como la anticipación de la muerte asistida por mediación a petición de la propia persona». Para ello demanda al Parlamente leyes «claras, precisas, previsibles y controlables».

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En cuanto a los casos de sufrimiento extremo, el Constitucional considera que no se puede determinar «con las reglas de la profesión médica», por lo que no ha aplicado la censura constitucional. Sin embargo, los jueces han estudiado la norma en su conjunto y consideran que es «desacorde con el principio de determinabilidad de la ley».

El Constitucional responde así a una petición de fiscalización preventiva planteada por el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, que cuestionó la «excesiva indeterminación» de la norma.

La decisión de Rebelo de Sousa fue aplaudida por la derecha portuguesa y por la Conferencia Episcopal, mientras que el Partido Socialista gobernantes pedía «serenidad».


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Internacional

Así se perdió Francia para los franceses: la criminal complacencia con el Islam en las escuelas

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En Francia bulle una guerra de baja intensidad que pretende radicalizar la escuela. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, reveló que tras la decapitación del docente Samuel Paty, el pasado 6 de octubre, se registraron 800 "incidentes" islamistas en los centros educativos del país. En la imagen (Bertrand Guay/AFP, vía Getty Images), el colegio donde fue asesinado Paty, en Bois-d'Aulne, Conflans-Saint-Honorine.
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«A diferencia de usted y de tantos otros, coronel, Mila jamás se someterá», escribió el padre de la adolescente francesa al director de su academia en una carta publicada por Le Point. El 18 de enero de 2020, Mila O., una chica de 16 años, hizo comentarios insultantes sobre el islam durante un directo que estaba llevando a cabo desde su cuenta de Instagram.

En los comentarios, un chico musulmán le pidió una cita, pero ella le rechazó porque es gay. Entonces, él la acusó de racista y la llamó «sucia lesbiana». En un airado vídeo grabado nada más concluir el directo en el que fue insultada, Mila respondió diciendo que ella «odia la religión».

Mila prosiguió: «El Corán es la religión del odio; sólo hay odio ahí… El islam es una mierda». Desde entonces, ha recibido unos 50.000 mensajes y cartas con amenazas de violación, degollamiento, tortura y decapitación. Y ha tenido que saltar de un centro educativo a otro.

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Una vez más, Mila se ha visto sin centro al que acudir. En una red social, accidentalmente dio el nombre de su nueva academia militar y la dirección enseguida la excluyó por ser una potencial amenaza para la seguridad de los estudiantes. «Devastado por tanta cobardía», escribió el padre de Mila. «Ni siquiera el Ejército puede protegerla y permitirle seguir con su formación académica. ¿Qué podemos hacer nosotros, sus padres? Para nosotros, esto es una película de terror».

¿Ni siquiera el Ejército francés puede protegerla? «Tiene 17 años y vive como la redacción de Charlie Hebdo, en un búnker. ¡Esto es insoportable!», declaró el abogado de Mila, Richard Malka.

Pocos días después, Caroline L., profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Aix-Marsella, recibió incontables amenazas de muerte por «islamófoba». El fiscal de Aix-en-Provence abrió una investigación por «insultos públicos por pertenencia a una religión». ¿Su delito? Caroline L. dijo lo siguiente a sus estudiantes:

No hay libertad de conciencia en el islam. Si has nacido de padre musulmán, eres musulmán para toda la vida. Es una suerte de religión transmitida por el sexo. Uno de los mayores problemas que tenemos con el islam, pero desgraciadamente no el único, es que no reconoce la libertad de conciencia, lo cual es absolutamente estremecedor.

El instituto Pierre Joël Bonté de Riom (Puy-de-Dôme) fue clausurado el 11 de enero por «insultos y amenazas de muerte» al profesorado. «Hemos decidido cerrar el centro por los insultos y amenazas de muerte, para proteger a los estudiantes y al personal docente», manifestó un portavoz. Pocas horas después, una profesora de Toulouse, Fatiha Boudjahlat, pidió protección policial tras recibir amenazas de consideración.

En 2015, el Estado Islámico proclamó que había que atacar las escuelas francesas y alentó a sus seguidores a «matar a los profesores»Según el experto en islamismo Gilles Kepel, «para los partidarios del isñam político, la escuela se ha convertido en un bastión que asaltar».

En un artículo en L’Express se señalaba trágicamente que los centros educativos son objeto de violentas campañas islamistas en todo el mundo. En 2014, 132 jóvenes murieron en un mortífero ataque islamista contra una academia militar de Peshawar (Pakistán). Entre 2009 y 2012, el Talibán paquistaní atacó 900 escuelas, según un informe de la ONG International Crisis Group. La premio nobel de la paz Malala Yusafzai, conocida por su lucha por la instrucción de las niñas, fue disparada en la cabeza por un talibán en Swat (Pakistán). Boko Haram, responsable de numerosos ataques en Nigeria, reivindicó el secuestro de 276 chicas en Chibok. En un ataque de islamistas afiliados a Al Qaeda contra la Universidad Garissa de Kenia fueron asesinados 142 estudiantes. En Burkina Faso se han clausurado más de 2.000 escuelas.

En Francia bulle una guerra de baja intensidad que tiene por objeto radicalizar la escuela. Aunque muchos musulmanes no apoyen semejante transformación, el asalto parece haber empezado en 1989, año del bicentenario de la Revolución Francesa y de la publicación en el Hexágono de la novela de Salman Rushdie Los versos satánicos. En Creil, un centro educativo denegó la admisión a tres estudiantes por llevar el velo islámico. Las autoridades francesas trataron de rebajar la tensión mediante el diálogo y el apaciguamiento. No obstante, en un llamamiento publicado por Le Nouvel Observateur y firmado, entre otros, por Alain Finkielkraut y Elisabeth Badinter, varios intelectuales denunciaron el «Múnich de la escuela republicana».

La islamización de la escuela francesa está alcanzando un ritmo vertiginoso. En 1989, el grito fue «¡Profesores, no capitulen!». Desde entonces, algunos de los que se han negado a capitular lo han pagado con la vida.

En octubre de 2020, Samuel Paty, profesor de Historia, fue decapitado por un terrorista checheno por cumplir con su trabajo: instruir a sus alumnos en el respeto a los valores fundacionales de las sociedades occidentales y a las palabras que presiden sus escuelas (libertad, igualdad, fraternidad) debatiendo sobre la libertad de expresión y mostrándoles las viñetas de Mahoma publicadas por Charlie Hebdo.

«La convivencia es una fábula», escribió Alain Finkielkraut tras la decapitación de Paty. «Los espacios que pierde la República son espacios conquistados por el odio a Francia. Los ojos se han abierto, las pruebas ya no pueden seguir siendo ocultadas».

El ministro francés de Educación, Jean Michel Blanquer, reveló que tras la decapitación de Paty se produjeron 800 «incidentes» islamistas en los centros educativos del país.

En el Battières de Lyon, donde Paty empezó su carrera, un docente fue amenazado físicamente. Este profesor de Geografía e Historia había dado una clase sobre libertad de expresión siguiendo el programa de la asignatura. Entre otras cosas, dijo que Emmanuel Macron no es «islamófobo». El padre de uno de los alumnos –de quinto grado– fue a verle y lo desafió delante de testigos. «Fue explícito y muy intrusivo acerca de lo que se podía decir y no se podía decir en las clases», dijo uno de ellos. Conmocionado, el docente fue dado de baja por enfermedad y se le pidió que cambiara de centro.

En un instituto de Caluire-et-Cuire, cerca de Lyon, un estudiante amenazó a un profesor con «cortarle la cabeza». En Gisors, una chica distribuyó entre sus compañeros una imagen de la decapitación de Paty. En Albertville, Saboya, la Policía amonestó a cuatro escolares de diez años y a sus padres porque dijeron en clase que «ese profesor merecía morir». En Grenoble, un extremista musumám fue detenido por amenazar con decapitar a un profesor de Geografía e Historia llamado Laurent que sale en la TV. «Te cortaré la cabeza», le dijo. Laurent estaba preparando un vídeo de homenaje a Paty. En la escuela Pierre Mendès France de Saumur, un estudiante le dijo a su profesor: «Mi padre te decapitará».

Es imposible elaborar una lista exhaustiva de incidentes. Ocurren todos los días.

Una encuesta reciente da cuenta de los niveles de autocensura entre los profesores franceses. Para evitar episodios como esos, la mitad de los docentes admite que se autocensura en clase. Mediente el miedo, el terrorismo y la intimidación, el islamismo está cosechando lo que sembró.

Cómo permitimos al islamismo penetrar en la escuela es el título del libro que acaba de publicar Jean-Pierre Obin sobre el auge del islamismo en los centros educativos franceses. Obin, exinspector general de educación, coordinó en 2004 un informe sobre las manifestaciones de afiliación religiosa en los centros. No era el primer informe de un insider. Bernard Ravet fue, durante 15 años, director de tres de las escuelas más problemáticas de Marsella. En su libro ¿Director de colegio o imán de la República?, Ravet escribió:

El fanatismo lleva golpeando las puertas de decenas de centros desde hace más de diez años (…) Ha invadido el espacio físico de la República, centímetro a centímetro, imponiendo sus signos y parámetros.

El filósofo francés Robert Redeker escribió en 2006:

El islam trata de imponer sus normas en Europa, abrir las piscinas a determinadas horas sólo para las mujeres, prohibir la caricaturización de su credo, exige un menú especial para los niños musulmanes, combate por el uso del velo en la escuela, acusa de islamofobia a los espíritus libres.

Su artículo en Le Figaro se titulaba «¿Qué debería hacer el mundo libre ante la intimidación islamista?». Pocos días después, empezó a recibir amenazas de muerte. «No puedo trabajar y me he visto obligado a ocultarme», afirmó. «De alguna manera, los islamistas están consiguiendo castigarme en el territorio de la república como si fuera culpable de un delito de opinión».

Debimos haber prestado más atención a ese primer caso. Fue el primero en una ya larga serie de ataques contra profesores y centros educativos franceses. Catorce años después, Samuel Paty ha pagado con su vida, un profesor universitario acaba de recibir protección policial y otro ha tenido que abandonar su centro por amenazas. Si los extremistas consiguen intimidar a los colegios y universidades franceses, ¿por qué no van a poder someter a toda la sociedad?


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Internacional

‘Ley de la libertad’: Polonia comenzará a multar la censura de las Big Tech

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El viceministro de justicia de Polonia, Sebastian Kaleta, habló con Breitbart sobre la implementación de la ‘ley de la libertad’ la cual le permitirá al gobierno polaco multar la censura de las Big Tech cuando esta sea detectada.

“Cada vez que se utilice un algoritmo para limitar el alcance, se informará al usuario si se está limitando su alcance y por qué”, explicó el viceministro.

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El gobierno polaco designó una Junta de Libertad de Expresión que tendrá el poder de ordenar a las compañías de redes sociales restablecer las publicaciones censuradas luego de que los usuarios lo denuncien.

“El proceso de utilizar algoritmos para suprimir determinadas opiniones, siempre que no infrinjan la ley polaca, [será] regulado” y “si las plataformas de redes sociales infringen esta ley, serán multadas”, afirmó el Sr. Kaleta.

El viceministro argumentó que la decisión del gobierno de legislar a las Big Tech responde a que estas compañías se han convertido en un monopolio y fuera de ellas, la gente pierde la habilidad de comunicarse.

“Los propietarios de las compañías de redes sociales no dirigen un negocio cualquiera. Las grandes empresas tecnológicas son ahora monopolios”, dijo Kaleta, que para ilustrar su punto realizó una analogía.

“Imagínate que Alexander Graham Bell decidiera quién puede hablar por teléfono y que Thomas Edison decidiera dónde deben usarse las bombillas”, preguntó el viceministro.

Censura y persecución política, el marxismo de nuestros tiempos

Durante los 4 años de la administración Trump, Facebook, Twitter, Youtube y Google, jugaron un enorme rol en la censura o shadowban (censura invisible, solo el creador del contenido ve sus publicaciones) de las voces conservadoras, de los logros del expresidente y de cualquier contenido considerado políticamente incorrecto.

Para demonizar a Trump cualquier noticia positiva, era reportada como negativa por los medios de comunicación principales, poniendo a un gran segmento de la sociedad en contra de otro.

En los últimos meses de Trump en la Casa Blanca, la censura escaló a tal punto que el expresidente perdió su habilidad de comunicarse con los estadounidenses. De igual modo, aquellos que intentaban hacer eco de los dichos de Trump, también sufrieron censura, aun cuando muchas de estas personas viven de las redes sociales.

Habiendo sido ocupados y sometidos por los soviéticos, el gobierno conservador polaco actual, tiene un buen entendimiento de lo que sucede en el mundo en torno a la censura de las redes sociales y a aquellos que persiguen a los conservadores.

“La presión de la izquierda radical ha pasado de la corrección política blanda a una fase mucho más dura, la de la cultura de la cancelación… [es] muy preocupante, y recuerda más a las normas bolcheviques que a las democráticas”, dijo el viceministro.

Luego de que Trump dejara la Casa Blanca, los demócratas, “celebridades” de Hollywood y personajes famosos, iniciaron una ola de cancelación contra el expresidente y los republicanos que mostraron su apoyo.

Cuentas bancarias cerradas, personas despedidas de su trabajo, donaciones canceladas, e incluso leyes de la actual administración denominando “terroristas” a los estadounidenses que fueron al Capitolio aquel fatídico 6 de enero.

“Las señales de la izquierda son claras: si no estás de acuerdo con nosotros y nos criticas, el “sistema” que hemos creado no sólo hará que te despidan, sino que limitará tu acceso a determinados servicios y productos”, explicó el Sr. Kaleta que llamó a las personas detrás de esta tendencia “neo-marxistas”.

Álvaro Colombres Garmendia


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