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España se mete en la final del Mundial de baloncesto en un partido épico para la historia (95-88)

Redacción

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Partido épico en Pekín. España se clasifica para la final del Mundial 13 años después en un encuentro para la historia de los Mundiales después de imponerse a Australia en un duelo histórico que ha necesitado de dos prórrogas para su resolución (95-88).. El equipo dirigido por Sergio Scariolo, que llegó a ir 11 abajo a falta de 5 minutos para que finalizara el tercer cuarto, supo mantener la cabeza fría para remontar un encuentro imposible que acabó llevándose en la segunda prórroga.

13 años después de ganar el oro en Japón, España tendrá una nueva oportunidad este domingo de conquistar su segundo título mundial ante Argentina o Francia, que disputarán la segunda semifinal.

Tras un arranque sensacional en la segunda prórroga, España se ha colocado ocho arriba (90-82) con un triple magnífico de Llull, una renta que ha sabido capaz de mantener hasta los instantes finales.

A falta de 16 segundos; 78-78 y posesión para Australia. Marc Gasol ha anotado dos tiros libres clave, después ha fallado Dellavedova y el partido se marcha a la segunda prórroga. Máxima emoción en las semifinales y 5 minutos más de baloncesto en Pekín.

El partido se decidirá en la prórroga tras empatar a 71 en el tiempo reglamentario. Mils falló un tiro libre decisivo y Ricky estuvo a punto de ganar el partido con un tiro desde el centro del campo. Habrá 5 minutos extra.

España ha seguido recortado distancias en el arranque del último cuarto y, a falta de 3:44 para el final, pierde solo de dos puntos (65-67). Todo sigue en el aire en los últimos minutos.

Australia sigue muy cómoda en ataque en el tercer periodo, mientras que a España le está costando anotar, con muchas precipitaciones en la circulación del balón y varias pérdidas (39-46). Una serie de malas decisiones y fallos en el tiro ha precipitado la ventaja australiana hasta los once puntos (39-50). Scariolo ha vuelto a parar el partido con un tiempo muerto. Sin embargo, un par de buenas acciones de Ricky Rubio han permitido que la selección cierre el tercer cuarto a solo cuatro puntos de los australianos (51-55).

Australia ha arrancado con más acierto el segundo parcial, consiguiendo hasta ocho puntos de ventaja en el marcador (24-32) tras varias asistencias de Mills, el mejor jugador de los australianos. La selección española ha ido limando distancias para terminar cinco abajo en el marcador al descanso (32-37), un resultado ajustado que deja todo abierto para la segunda mitad. Ricky Rubio, con 9 puntos, y Mills, con 11, son los máximos anotadores de cada equipo.

El partido ha arrancado marcado por la igualdad, con intercambio de canastas y acierto exterior de los dos equipos. La igualdad es ta, que el primer cuarto se ha cerrado con un solo punto de diferencia entre ambos conjuntos (22-21 para España).

ESPAÑA, UN ARMA DE ILUSIÓN MASIVA

Jesús Sánchez (Marca). Nunca lo olvidaremos.

Tengo los pelos de punta, como tantas otras veces, para contar lo memorable. La selección de básket, la mayor productora de victorias del deporte español, sigue tocándome el corazón. Es nuestra Disneyland, un arma de ilusión masiva, un generador atómico de felicidad, un cuento hecho realidad. Es difícil contar lo vivido en un partido que se recordará siempre ante un magnífico rival, Australia, en una mañana difícilmente repetible, con dos prórrogas en una semifinal de un Mundial, donde el baloncesto alcanzó su plenitud y los desfibriladores hicieron su agosto. Marc se hizo mayor. Fue el Pau de Lille. Y su equipo, magnífico, le ayudó para volver de la lona mil veces y terminar llevarse una victoria que la permitirá luchar por su segundo Mundial, otra vez en Oriente tras el de Japón.

Y perdón. Porque cuando jugaban mal no lo supe ver.

El factor Mills. El mejor amigo de Rudy Fernández en la NBA es un jugador realmente extraordinario, de esos que desestabilizan defensas con su presencia. España le padeció en el segundo cuarto cuando el súperclase se puso en plan correcaminos. Mills te puede vencer de muchas formas: con tiros en dos segundos tras bote, con triples de ocho metros, penetrando para dejarla de espaldas o generando para sus compañeros. Austarlia se disparó en el siguiente cuarto porque Mills se entonó tras sufrir a Rudy al principio y porque las rotaciones de España no funcionaron.

Por cierto, Mills formaba parte de la última plantilla de los Spurs campeones (2014). Allí también estaban entre otros Belinelli, Baynes (titular con Australia), De Colo, Diaw, Duncan, Ginóbili, Danny Green, Kawhi Leonard y Tony Parker. Se preguntarán a qué viene esto. Sólo es para decir que ser campeón de la NBA es relativamente sencillo con enormes recursos humanos. Phil Jackson lo fue con Jordan y Pippen, con Shaq y Kobe y con Kobe y Pau. Pero hacer funcionar a un equipo con jugadores buenos, pero de menor nivel cuesta algo mas. Popovich, seleccionador de la peor Estados Unidos en un Mundial, lo sabe.

Tras un buen comienzo, incluida la mandarina de Llull que definitivamente se ha rehabilitado en este Mundial, España se deshilachó. La descomposición fue notoria ante el poderoso juego físico de Australia que obligó a tirar triples a su rival. Cerró la zona con siete candados.. A Willy, de apariencia duro, la lija le superó. También un poco a Juancho, brillante de al principio. Marc, alero alto, tenía uno de esos días sin acierto habituales en este Mundial. Y solo la aparición de Claver y Rudy alteraron un poco la dinámica en defensa para que Australia le picara un poco cada ataque. En eso Rudy es el mejor. Si un entrenador quiere elevar la intensidad de su defensa, debe pulsar el botón Rudy. Una zona también ayudó. Después de un mal cuarto, con solo tres canastas, perder la batalla del rebote y con 4 de 17 en triples, España solo perdía por cinco.

España siguió contra la corriente en el tercer cuarto. Hacer el recorrido del salmón contra rivales tan buenos no es conveniente. Australia juega realmente bien al baloncesto. Hace buenos tiros siempre. Es consistente. Defiende con intensidad. Tiene jugadores grandes y atléticos. El primer paso de Mills es increíble. La selección de Scariolo, sin tanto acierto, fallaba en el intercambio de golpes y tampoco logró enfangar el ataque rival. Cuando Marc, que asumió la responsabilidad y mejoró, hizo una autocanasta saltaron todas las alarmas (-10). La defensa había llevado a la selección a las semifinales, pero no funcionaba. Ricky tomó cartas en el asunto a última hora para dejar el asunto en -4 a falta del último cuarto. Jugando mal y siendo inferior a su rival, España estaba viva.

Apareció Marc, en una versión más acorde a sus extraordinarias posibilidades, y el espíritu de la selección. Indestructible a la hora de competir, España fue remando hasta llegar a la orilla. Forzó la prórroga con un mérito terrible. Mills perdonó desde el tiro libre como Nocioni en Saitama desde el triple. El baloncesto sí es cuestión de centímetros. Marc recordó a su hermano en las semifinales del Europeo de Francia. Increíble actuación para seguir haciéndonos soñar con lo que parecía imposible. Aparecieron Ricky y Llull. Nos pusimos a volar. Que no nos bajen de las nubes.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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