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Internacional

Ex fiscal sospechoso de vínculos con rusos se oculta en España

Redacción

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El ex fiscal ucraniano Kyrylo Yakovets, acusado de participar en operaciones especiales rusas, actividades subversivas contra Ucrania y vínculos con militantes rusos y delincuencia internacional, lleva dos años escondido en España.Según informan los medios de comunicación ucranianos, Yakovets se marchó a España a finales de 2023 y se encuentra en Benidorm o Valencia.

En Ucrania se ha desatado un escándalo en torno a Kyrylo Yakovets, ex fiscal y director de la ONG Non-Stop. Recientemente ha sido inhabilitado en rebeldía. Según la decisión de la Comisión de Calificación y Disciplina del Colegio de Abogados de la región de Poltava, se le prohíbe ejercer la abogacía debido a la difusión pública de mensajes incompatibles con la deontología jurídica. Al parecer, la comisión tiene motivos para tomar esta decisión: «Non-Stop se opuso activamente a la movilización del ejército ucraniano, pidió un cambio de gobierno en Ucrania y utilizó narrativas propagandísticas rusas.

La noticia causó resonancia en la sociedad ucraniana. El ex jefe de la Administración Militar Regional de Luhansk, ex viceministro para los Territorios Temporalmente Ocupados y los Desplazados Internos y reputado voluntario ucraniano Heorhiy Tuka dedicó una investigación a las actividades de Kyrylo Yakovets, en la que describió su cooperación con representantes de círculos criminales. Según él, la organización Non-Stop de Yakovets estaba controlada por el líder criminal Vladimir Manukyan. El propio Yakovets reconoció públicamente que era abogado, y es posible que aún lo sea.

El entonces ministro del Interior, Arsen Avakov, declaró que Manukyan, valiéndose de sus conexiones en la administración regional, intentaba establecer un control sobre el entorno criminal de Kharkiv. Yuriy Butusov, conocido periodista y redactor jefe de uno de los medios de comunicación ucranianos más reputados , señaló que, tras la redistribución de las esferas de influencia entre los círculos delictivos de Kharkiv, Manukyan se convirtió en el principal delincuente de la ciudad. Así lo confirmó otra conocida periodista ucraniana, Khrystyna Berdinskih.

Vladimir Manukyan es considerado la mano derecha de Armen Sargsyan (Armen Gorlivsky), otro jefe criminal y fundador del batallón Arbat. Según la Dirección Principal de Inteligencia de Ucrania, fue Sargsyan quien, tras la muerte del líder de la empresa militar privada Wagner, Yevgeny Prigozhin, estuvo reclutando prisioneros rusos para Wagner. En diciembre del año pasado, el Servicio de Seguridad de Ucrania le envió un aviso de sospecha. Sin embargo, Sarkisian nunca llegó a comparecer ante la justicia ucraniana: a principios de febrero de 2025, fue asesinado en Moscú.

Según los investigadores ucranianos, entre ellos el periodista y militar Serhiy Drozd, la ONG Non-Stop estaba totalmente controlada por el grupo Manukyan-Sargsyan, y se dedicaba al chantaje, la extorsión y el trolling procesal en beneficio de sus intereses. Serhiy Drozd incluso llevó a cabo un experimento, ofreciendo a Yakovets cooperación a cambio de dinero supuestamente de un cliente real. Éste accedió fácilmente a comprometerse en el descrédito informativo de la persona propuesta y nombró la cantidad. Después de que Drozd publicara su investigación sobre las actividades de Non-Stop, Yakovets publicó los datos personales del periodista y de su familia, que viven cerca de las hostilidades. Por ello, el Departamento Principal de Investigación de la Policía Nacional abrió un proceso penal contra Yakovets en virtud del artículo 114-1 del Código Penal – obstrucción de las actividades legales de las Fuerzas Armadas de Ucrania.

Según los medios de comunicación ucranianos, además de Manukyan y Sargsyan, la ONG de Kirill Yakovets servía a otra autoridad criminal, el líder del grupo de delincuencia organizada Zalyutinsky, Leonid Mitrov («Mitrusha»), detenido el año pasado en Francia. El grupo es conocido por ser una de las bandas más brutales, dedicada a secuestros y torturas, incendios de coches, extorsiones, etc. en Ucrania y Europa.

Otro ámbito de trabajo de la ONG Non-Stop y su líder, Kyrylo Yakovets, es la desestabilización de la situación en Ucrania, en particular mediante operaciones especiales de información y psicológicas. Yakovets eligió como pretexto uno de los temas más delicados en Ucrania: la movilización en las Fuerzas Armadas de Ucrania. La ONG de veteranos Sorry to Be Alive, que investigó las actividades de Non-Stop, analizó el contenido de su canal de telegram. Resultó que, desde marzo de 2023, la palabra «movilización» se ha utilizado en un contexto negativo más de 460 veces.

Las fuerzas de seguridad empezaron a interesarse por las actividades de Yakovets. A finales de diciembre de 2023, el Servicio de Seguridad de Ucrania abrió un procedimiento penal contra Kyrylo Yakovets en virtud del artículo 336 del Código Penal de Ucrania (evasión del servicio militar obligatorio durante la movilización). El SBU también abrirá procedimientos en virtud de los artículos 111-1 (colaboración) y 114-1 (obstrucción de las actividades legales de las Fuerzas Armadas de Ucrania) a petición de los investigadores.

Actualmente, Yakovets se esconde de la justicia ucraniana en España: representantes de la organización «Sorry to be Alive» describieron con detalle cómo un hombre en edad militar logró escapar al extranjero durante la ley marcial en Ucrania. Según ellos, se valió de su condición de tutor de su padre discapacitado, pero tras cruzar la frontera, envió a su pariente de vuelta a Ucrania. Primero se instaló en Praga, en casa de Manukyan, y luego se trasladó a Benidorm (España). Por cierto, hay pruebas de que durante su estancia en la capital checa, Yakovets se reunió con personas del entorno de Viktor Medvedchuk, político prorruso acusado de traición en Ucrania y padrino del dictador ruso Putin.

Los medios de comunicación ucranianos informan activamente de que las fuerzas del orden ucranianas han enviado una petición a sus homólogos españoles para extraditar a Yakovets a Ucrania. No se sabe con certeza si esto es cierto o no, pero sería interesante conocer las respuestas a algunas preguntas de los cuerpos de seguridad españoles. Por ejemplo, si saben que Yakovets vive en España, cuáles son los motivos legales de su estancia en el país, cuáles son sus conexiones, fuentes de ingresos, etc. Es importante saberlo, dados sus amplios contactos con representantes de círculos criminales y políticos prorrusos. Por lo tanto, pedimos a las fuerzas del orden que se pronuncien sobre la estancia del Sr. Yakovets en el país.

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España

El pedido de la diplomacia y la entrega de la realidad

Redacción

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La diferencia entre lo que España esperaba de su relación con Marruecos y lo que ha recibido no es un error de logística, sino una tragedia de Estado que el Gobierno celebra como éxito diplomático

Hay un fenómeno contemporáneo que ilustra mejor que cualquier tratado de política internacional la naturaleza de nuestra relación con Marruecos. Es el meme, ya archiconocido, que compara la fotografía pulida del producto que ordenaste en una plataforma de comercio electrónico con el objeto deforme, descolorido y risible que finalmente llega a tu puerta. «Lo que pediste», dice la imagen de la izquierda, mostrando un reloj de precisión suiza. «Lo que recibiste», completa la derecha, exhibiendo un juguete de plástico con pilas oxidadas.

La broma reside en la expectativa defraudada, en la promesa sofisticada que termina en realidad chapucera. Pero lo que ocurre en nuestra frontera sur no es una broma. Es una tragedia de Estado que, lejos de provocar rectificación o indignación, ha sido recibida por el Gobierno español con la resignación de quien acepta la estafa como norma de relación.

El pedido, en este caso, era claro: una política migratoria ordenada, respetuosa con la soberanía territorial, basada en acuerdos bilaterales de reciprocidad. La entrega, sin embargo, ha sido otra cosa enteramente. Ha sido la imagen de miles de hombres jóvenes —en edad militar, en formación táctica, asistidos por fuerzas de seguridad marroquíes— asaltando sistemáticamente nuestras vallas de Ceuta y Melilla. Ha sido la constatación de que Marruecos organiza, facilita y ejecuta operaciones de presión demográfica contra España como herramienta de política exterior.

Y ha sido, sobre todo, la evidencia de que nuestros gobernantes no solo toleran esta agresión, sino que la celebran, la premian, la llaman «cooperación» mientras el territorio nacional se ve invadido por vías paralelas.

La diferencia entre lo prometido y lo recibido no podría ser más abismal. Pero aquí reside el verdadero escándalo: no es que Marruecos nos haya engañado. Es que nosotros sabíamos perfectamente qué estábamos comprando. Sabíamos que el régimen alauita utiliza la emigración como arma. Sabíamos que cada «crisis» fronteriza coincide con alguna demanda diplomática de Rabat. Sabíamos que el Sáhara, la pesca ilegal, el contrabando de drogas, son monedas de cambio en una partida donde España siempre pierde. Y, a pesar de saberlo, hemos seguido haciendo clic en «comprar ahora», convencidos de que esta vez sí llegaría el producto de calidad.

El ridículo internacional de la debilidad manifiesta

El ridículo internacional de España ha alcanzado proporciones que ya no pueden ocultarse bajo eufemismos diplomáticos. Somos el país que recibe agresiones territoriales organizadas y responde con felicitaciones. Somos la nación que ve cómo su vecino abre las compuertas de la presión migratoria y, en lugar de exigir responsabilidades, amplía los acuerdos de cooperación. Somos el Estado que ha convertido la vulnerabilidad en estrategia, la humillación en política de Estado.

¿Qué imagen proyectamos ante el mundo cuando nuestros ministros brindan en la embajada de Marruecos mientras, a escasos kilómetros, las vallas de Ceuta y Melilla son asaltadas por tropas irregulares? ¿Qué mensaje enviamos a otros actores internacionales cuando demostramos que la agresión contra España no tiene consecuencias, sino recompensas? La respuesta es evidente: enviamos la señal de que España es un objetivo blando, un socio que puede presionarse sin riesgo, un adversario que no defenderá sus intereses ni su dignidad.

Y aquí emerge la pregunta incómoda que la izquierda mediática se niega a formular: ¿hasta qué punto puede llegar esta lógica de rendición antes de que deje de ser política exterior para convertirse en algo más grave? Cuando un gobierno sistemáticamente prioriza la conveniencia diplomática a corto plazo sobre la integridad territorial nacional, cuando celebra acuerdos con quien le agrede abiertamente, cuando sacrifica el interés de sus ciudadanos en el altar de la «relación estratégica» con un régimen autoritario, ¿no estamos ante una forma de capitulación disfrazada?

El cinismo de la situación alcanza su cenit cuando observamos la reacción de otros actores internacionales. Italia ha demostrado que sí es posible defender fronteras, que sí se puede cerrar el espacio Schengen ante la presión migratoria, que la solidaridad europea no significa suicidio nacional.

Israel, tradicional aliado, ha decidido alinearse públicamente con Marruecos en esta controversia, dejando a España aislada en un escenario donde antes contaba con socios. El mensaje es claro: quien no defiende lo suyo no puede esperar que otros lo defiendan por él. La debilidad, en política internacional, no genera compasión. Genera oportunidades para el depredador. Y Marruecos, lejos de ser el único depredador en el entorno, se ha convertido en el más audaz precisamente porque ha comprobado, una y otra vez, que España no morderá. Que España pagará. Que España, al final, agradecerá el golpe.

Complicidad, traición y la alineación israelí

La complicidad del Gobierno de Pedro Sánchez con esta dinámica de agresión-recompensa no puede atribuirse ya a la mera incompetencia o a la ingenuidad. Es una opción deliberada, una estrategia de supervivencia política que hipoteca el interés nacional a cambio de estabilidad diplomática a corto plazo. Pero hay líneas que, una vez cruzadas, dejan de ser simples errores de cálculo para convertirse en algo más grave. Y la pregunta que inevitablemente surge es si estamos ante una de esas líneas.

¿Puede encuadrarse la actuación de Sánchez en el delito de traición? La pregunta suena extrema, casi barroca en su aparato legal, pero merece ser examinada con seriedad. El Código Penal español define la traición como el que, «con ocasión de guerra, o de alianza o amistad con potencias extranjeras, cause perjuicio grave a la Nación o a la defensa nacional». No estamos formalmente en guerra con Marruecos, pero la doctrina militar contemporánea reconoce la «guerra híbrida» como conflicto real aunque no declarado.

Y en esa guerra híbrida —donde se utilizan armas no convencionales como la presión migratoria masiva, la desinformación, la infiltración— Marruecos nos ha atacado abiertamente. Celebrar acuerdos con el agresor, premiarle con reconocimientos diplomáticos, entregarle posiciones estratégicas como el Sáhara, mientras se produce esta agresión, ¿no constituye un perjuicio grave a la defensa nacional?

La izquierda se escandalizará por la formulación. Dirá que es exageración, que es lenguaje propio de conspiraciones, que la realidad es más compleja. Pero la realidad, en este caso, es sorprendentemente simple: un régimen extranjero organiza invasiones de nuestro territorio, y nuestro gobierno le felicita. Si eso no es complicidad con el agresor, ¿qué es?

Y aquí entra en juego el factor israelí. La alineación de Israel con Marruecos en este conflicto no es anecdótica. Es el reconocimiento de que el mapa de alianzas en el Mediterráneo ha cambiado, y que España ya no cuenta con la influencia ni la credibilidad que antes le otorgaban posiciones de equilibrio. Cuando un socio tradicional como Israel decide que más vale estar con el agresor que con la víctima, el mensaje sobre la decadencia española en el escenario internacional es devastador.

No se trata de que Israel sea malo o bueno; se trata de que Israel, como cualquier actor racional, apuesta por quien demuestra fuerza y deja a quien demuestra debilidad. La geopolítica no tiene amigos, tiene intereses. Y España, en esta partida, ha demostrado no saber defender los suyos.

La felicitación al agresor

Pero quizás el gesto más insultante, el que mejor ilustra el abismo entre la retórica oficial y la realidad, sea la insistencia del Gobierno en «felicitar» a Marruecos como socio fiable mientras las pruebas —fotográficas, de video, de testimonios de guardias civiles, de informes de inteligencia— demuestran que las fuerzas marroquíes colaboraron activamente en la invasión. No miraron hacia otro. No fueron incapaces de contener. Organizaron. Facilitaron. Ejecutaron una operación de presión.

¿Cómo se llama a quien felicita a quien le ha agredido? ¿Cómo se denomina a quien celebra acuerdos con quien acaba de violar su frontera? En el lenguaje clásico de la política, se llamaría cómplice. En el lenguaje diplomático actual, se llama «pragmático». Pero la realidad no cambia por la elegancia del eufemismo. La realidad es que nuestros gobernantes han decidido que nuestra dignidad nacional es negociable, que nuestra soberanía territorial es un activo líquido que pueden vender por estabilidad política a corto plazo, que el español de a pie debe aceptar la inseguridad y la humillación con tal de que Sánchez siga en La Moncloa.

Y lo más grave es que esta lógica no tiene visos de revertirse. Cada asalto a la frontera es seguido de más concesiones. Cada crisis migratoria organizada desde Rabat termina en más cheques firmados por Madrid. Cada demostración de debilidad invita a la siguiente presión. Es un ciclo que solo puede terminar de dos maneras: o Marruecos alcanza todo lo que quiere —reconocimiento pleno del Sáhara, fondos europeos ilimitados, silencio sobre sus violaciones de derechos humanos— y España se convierte en un satélite económico y diplomático del Reino alauita, o la sociedad española despierta y exige que se ponga fin a esta humillación sistemática.

Conclusión: El vendedor que siempre engaña

La diferencia entre lo que pedimos y lo que recibimos no es, al final, un problema de logística diplomática. Es un problema de voluntad política. Es la constatación de que hemos elegido gobernantes que no creen en España como nación digna de defensa, que conciben la soberanía como un anacronismo molesto, que prefieren la sumisión cómoda a la resistencia costosa.

El meme de Aliexpress funciona porque todos hemos experimentado la decepción de la expectativa defraudada. Pero en el comercio electrónico, al menos, puedes reclamar. Puedes devolver el producto. Puedes exigir tu dinero de vuelta. En la política exterior de Sánchez, no hay devoluciones. No hay reembolsos. Solo hay más pedidos a un vendedor que ya ha demostrado, una y otra vez, que enviará basura y cobrará como si fuera oro.

Marruecos ha trazado su línea. Israel se ha alineado con ella. Italia nos ha dejado atrás. Y nosotros seguimos brindando en la embajada del agresor, convencidos de que si sonreímos lo suficiente, quizás esta vez sí llegue el producto de calidad. Pero no llegará. Porque el problema no es el vendedor. Es que nosotros hemos olvidado que en el mercado de la geopolítica, quien no defiende su posición termina siendo mercancía. Y España, bajo este Gobierno, está a punto de liquidarse en el mercado de ocasión de la historia.

Alerta Nacional | Análisis de política exterior y soberanía nacional

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