Internacional
Físicos logran hacer levitar una pequeña esfera de vidrio en el vacío cuántico
Con sus 100 nanómetros de diámetro, la bola parecía demasiado grande para poder regirse por las leyes de la mecánica cuántica, pero pese a ello los investigadores consiguieron concluir con éxito su experimento.
Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza) lograron hacer levitar a una pequeña esfera de vidrio dentro de un vacío enfriado a 269 grados bajo cero en un potente campo electromagnético y bajo un haz de luz láser.
Lo esencial para este experimento era que la partícula suspendida en lo que sus autores llaman «trampa óptica» fuera dieléctrica (de un material con baja conductividad, como es el vidrio) y no tan pequeña en términos de física cuántica. Así, esta medía 100 nanómetros de diámetro (una décima parte de un micrómetro) y contaba con hasta 10 millones de átomos, lo que sitúa a esta esfera más cerca del mundo macrométrico, donde rigen las leyes de la física clásica y no de la mecánica cuántica.
Esta prueba de levitación forma parte de una serie de experimentos en la que los científicos prueban objetos cada vez más grandes. Según explica en un comunicado la institución suiza, los investigadores se plantearon una pregunta fundamental: ¿por qué los átomos o las partículas elementales pueden comportarse como ondas -algo que determina la física cuántica y que les permite estar en varios lugares al mismo tiempo- mientras que todo lo que vemos alrededor obedece a las leyes físicas clásicas que lo hacen imposible?
Hasta la fecha era bastante común hacer levitar moléculas formadas por miles de átomos, pero ahora la plataforma experimental suiza ofrece la posibilidad de investigar la mecánica cuántica a escalas macroscópicas y aumentar la escala gradualmente.
«Es la primera vez que se utiliza un método de este tipo para controlar el estado cuántico de un objeto macroscópico en el espacio», afirmó el autor principal del estudio, Lukas Novotny. Incluso cuando se apaga la luz láser, el sistema permite examinar la esfera en un completo aislamiento, si es necesario.
Al estabilizar la esfera en movimiento, los esfuerzos del equipo se enfocaron en ralentizarla cuanto fuera posible, hasta lo más cerca que pudieran del punto cero de la mecánica cuántica. Este objetivo se logró por medio de la reducción de oscilaciones y también de la temperatura y el movimiento térmico.
Novotny señala que las nanoesferas flotantes en el vacío son de interés no solo para la ciencia fundamental, sino también pueden tener aplicaciones prácticas. En la actualidad, ya existen sensores que pueden medir las más mínimas aceleraciones o rotaciones utilizando ondas atómicas interferentes. A medida que crece la masa del objeto que interfiere mecánicamente en esta clase de sensores, su sensibilidad aumenta, asegura el científico.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
