La catástrofe desapercibida de Sudán: la junta militar mata y viola al pueblo ante el silencio mundial - ALERTA NACIONAL
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La catástrofe desapercibida de Sudán: la junta militar mata y viola al pueblo ante el silencio mundial

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Policías sudaneses en Jartum, el 30 de junio de 2019.
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RT.- Decenas de miles de personas salieron a las calles de la capital y otras ciudades de Sudán el último domingo de junio en rechazo a la gobernante junta militar de Abdel Fattah al Burhan, que derrocó al autócrata Omar al Bashir a principios de abril. Las autoridades locales han confirmado que al menos siete personas murieron en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y 181 resultaron heridos, 21 de ellos por armas de fuego.

Los manifestantes reclamaron un Gobierno civil de transición, corearon eslóganes a favor de la democracia, la paz y la justicia, y expresaron su desconfianza en el Consejo Militar de Transición (CMT) que orquestó el golpe bajo la promesa de unas elecciones democráticas y un Gobierno de transición con las Fuerzas por la Libertad y el Cambio.

Las protestas, descritas desde Sudán como las más grandes en la historia del país, coincidieron con el 30.º aniversario del golpe de Estado islamista de 1989, que derrocó al último Gobierno electo y elevó al poder a Al Bashir. Se produjeron 27 días después del asesinato por los militares de decenas de manifestantes en una sentada pacífica en la capital, Jartum, el 3 de junio, el último día del Ramadán y del cese de las negociaciones con las Fuerzas para la Libertad.

Sudán, dos meses después: del sueño de revolución a la pesadilla tiránica

Los médicos denunciaron 118 muertes y afirmaron que 40 cadáveres habían sido arrojados al río Nilo en un intento de ocultar su muerte aquel día. Cientos resultaron heridos y también se reportaron como mínimo 70 casos de violaciones, tanto de mujeres, como de hombres. El Gobierno, por su parte, solo reconoció 61 muertes.

Actualmente en Sudán falta agua potable, alimentos y medicamentos básicos. En la capital del país, así como en otras ciudades, tienen lugar asesinatos masivos, ejecuciones extrajudiciales, el saqueo de los bienes de la población civil, un drástico aumento de las violaciones, palizas en plena calles y otros actos de terror.

El agudo descontento social estalló en diciembre de 2018 a raíz de la mala situación económica y la política interna de Omar al Bashir que llevó al drástico crecimiento de los precios del combustible, el pan y la harina, el déficit de alimentos básicos y el aumento de la inflación, que aquel mes alcanzó el 70 %. En aquel entonces, cientos de sudaneses salieron a las calles.

Con el derrocamiento de Al Bashir el 11 de abril, los militares anunciaron el inicio de un período transitorio de dos años y la euforia de los manifestantes dio lugar a la decepción y la amargura cuando se percataron de que el Consejo Militar de Transición no se apresuraba en darles las prometidas libertades y derechos.

Los manifestantes decidieron continuar su protesta y organizaron una sentada pacífica frente al Comando General Militar en Jartum en lucha por un país gobernado por civiles, con representantes de la oposición, y no por militares. Tras semanas de conversaciones para lograr un acuerdo de Gobierno compartido, las partes no solucionaron sus diferencias y con el fracaso de las negociaciones, el 3 de junio las fuerzas sudanesas atacaron el campamento, asesinando a decenas de personas.

No se sabe con certeza qué tipo de fuerzas de seguridad sudanesas, que están fragmentadas, fueron responsables de lo sucedido. La Embajada de EE.UU. en el país africano atribuyó la responsabilidad al Consejo Militar de Transición, pero los testigos y videos desde el lugar de los hechos evidenciaron la presencia de los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), conocidas por sus abusos y represiones contra civiles, que en las últimas semanas quemaron comercios y cometieron violaciones y asesinatos.

Con el inicio de las represiones, la junta militar desconectó Internet, que a día de hoy está disponible solo en algunos hoteles y otros pocos puntos, mientras la mayor parte del territorio de Sudán permanece desconectada. La ausencia de Internet impide que la información sobre lo que está ocurriendo traspase las fronteras nacionales.

Entretanto, la televisión local informa sobre el fracaso del movimiento opositor y desmoraliza a los manifestantes, mostrando a las mujeres con ropa de estilo occidental y hasta una confesión de un hombre, que afirmó haber participado en las protestas solo por alcohol y hachís. “No quieren que el mundo vea la verdad”, comentó a The New York Times el dentista sudanés Ahmed Babikir.

Los médicos, en peligro

El periódico mencionó la profesión de Ahmed no en vano: los médicos fueron la principal fuerza organizadora de las protestas de abril, cuando depusieron a Omar al Bashir, y lo hacían todo para que ninguna muerte ni lesión pasara desapercibida. Documentaban con detenimiento cada herida, hacían copias de los dictámenes médicos, ayudaban a los heridos y creaban movimientos clandestinos.

Ahora los representantes de esta profesión no están a salvo en Sudán. La ONG Physicians for Human Rights, que documentó extensos ataques contra los médicos por las fuerzas del destituido Al Bashir, anunció el 26 de junio que presentó ante la sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU las evidencias de los numerosos casos de violaciones de los derechos humanos en Sudán y ataques contra la infraestructura médica y el personal.

La comunidad internacional, muda ante el terror

Mientras el poder está en manos del Consejo Militar de Transición, la comunidad internacional observa el desarrollo de los hechos desde fuera. La ONU condenó el uso excesivo de la fuerza contra los manifestantes durante las protestas pacíficas e instó a facilitar una investigación independiente de las muertes, pero no se mostró favorable a intervenir en la situación, solo a reubicar a su personal en territorio sudanés.

La Unión Africana suspendió la membresía de Sudán y le prohibió participar en las actividades del organismo hasta que en el país se establezca “una autoridad civil de transición”, pero la Liga Árabe no siguió el camino de los países africanos.

Los esfuerzos de la Unión Africana y Etiopía para que los generales y los líderes de las manifestaciones regresaran a la mesa de negociaciones no dieron frutos.

Los acontecimientos de Sudán tampoco ocupan el centro de la atención mediática. Pese a la ausencia de una cobertura estable de Internet, la información desde las recientes protestas fue ampliamente compartida en redes sociales. El canal Al Jazeera también cubrió diferentes protestas pese al cierre de su oficina en Jartum.

En un grito de socorro, los usuarios lanzaron la campaña #BlueForSudan (Azul para Sudán) tras la muerte el 3 de junio del artista de 26 años Mohammed Mattar. Su color favorito era el azul, de ahí el nombre de la campaña.

Shahd Khidir, ‘influencer’ sudanesa residente en Nueva York, denunció en su cuenta de Instagram la masacre en su país, acompañada de “un apagón mediático y la censura de Internet”. Compartió mensajes que indicaron que en Jartum disparaban contra las viviendas de los civiles, violando a las mujeres, torturando a los residentes locales, quemando sus cuerpos, impidiendo a los musulmanes rezar e instalando el terror.

Uno de los mensajes fue de un testigo que narró un aterrador caso de violencia contra un grupo de manifestantes, a los que golpearon, ataron y e hicieron ver cómo violaban a una niña de seis años.

“No hay ningún medio de comunicación objetivo que comparta lo que está sucediendo, a excepción de Al Jazeera, cuyas oficinas fueron cerradas. Mi amigo Mattar fue asesinado por las Fuerzas de Apoyo Rápido. Mi mejor amigo se escondía el 2 de junio y fue la última vez que hablé con él. Estuvo desaparecido durante cuatro días y cuando me puse en contacto con él, dijo: ‘Me atraparon, me golpearon y abusaron de mí, me humillaron y arrestaron y confiscaron mi teléfono. En este momento estoy herido’. Y todo lo que pude hacer fue publicar esto”, escribió Shahd Khidir.


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Un niño reclutado por Daesh asesina en Nigeria a un preso cristiano

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Un niño de unos ocho de edad aparece en un vídeo publicado por la rama nigeriana del grupo terrorista Daesh asesinando a un hombre adulto por ser cristiano, informa el medio británico Daily Mail.

«No pareremos hasta que nos venguemos por toda la sangre que ha sido derramada», afirma el menor en las imágenes, según la misma fuente, en una amenaza dirigida al resto de cristianos nigerianos.

No es la primera vez que los terroristas de Daesh usan a niños para llevar a cabo crímenes de este tipo, con la intención de dar a conocer su propaganda terrorista.

«Cachorros del califato»

Desde que el líder yihadista Abu Bakr al Bagdadi proclamara su «califato» desde su atalaya en la mezquita de Mosul en 2014, varios reportajes e informes han denunciado los campos de entrenamiento para « cachorros del califato», donde se les instruye sobre cómo matar al enemigo, explicaba Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, a ABC en 2016.

África, como informa Europa Press, se está convirtiendo cada vez más en el nuevo foco de la actividad yihadista, como lo muestra el hecho de que las acciones de los numerosos grupos terroristas que operan en el continente se haya duplicado desde 2013 hasta los casi 3.500 actos violentos registrados en 2019 por el Africa Center for Strategic Studies (ACSS), dependiente del Departamento de Defensa estadounidense.


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A diez años del devastador terremoto que mató a más de 200.000 personas, Haití sigue en ruinas

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Haití recuerda este domingo a las decenas de miles de personas que murieron en el devastador terremoto del 12 de enero de 2010, mientras el dolor se mezcla con la ira y la amargura por los esfuerzos fallidos de reconstrucción y la continua inestabilidad política del país. Durante unos 35 largos segundos, un terremoto de magnitud 7 transformó la capital, Puerto Príncipe, y las ciudades cercanas de Gressier, Leogane y Jacmel en ruinas polvorientas, matando a más de 200.000 personas e hiriendo a otras 300.000.

Más de 1,5 millones de haitianos quedaron sin hogar, dejando a las autoridades de la isla y a la comunidad humanitaria internacional ante un desafío colosal en un país que carece de un registro de tierras o de reglas de construcción.

“Ha sido una década perdida, totalmente perdida”, dijo el economista haitiano Kesner Pharel a la AFP. “La capital no ha sido reconstruida, pero nuestra mala gobernanza no es responsabilidad exclusiva de las autoridades locales; a nivel internacional no hemos visto un mecanismo para administrar la ayuda que permita que el país se beneficie”.

Los miles de millones de dólares prometidos por los donantes internacionales en las semanas posteriores a la catástrofe parecen haberse desvanecido, alimentando la amargura de los sobrevivientes que están hoy expuestos a los mismos peligros que existían antes del terremoto.

“Diez años después, vemos una concentración aún mayor de personas en el área metropolitana”, señaló Pharel. “Si tuviéramos un terremoto de la misma magnitud, los resultados serían los mismos, ya que no hubo seguimiento en la mayoría de las casas reconstruidas”. “El país nunca fue reconstruido y estamos de vuelta en el punto de partida”, aseguró.

El terremoto destruyó cientos de miles de hogares, así como edificios administrativos y escuelas, sin mencionar el 60% del sistema de salud. Una década después, la reconstrucción del hospital principal del país sigue estando incompleta, y las organizaciones no gubernamentales luchan para compensar las muchas deficiencias del Estado.

“Tras el terremoto, vimos un gran flujo de casos de politraumas, con un número enorme de heridas. Ahora tuvimos que reabrir el centro de trauma, aunque las heridas ahora no tienen el mismo origen y, desafortunadamente, más del 50% de los heridos que vemos ahora son víctimas de disparos”, dijo Sandra Lamarque, jefa de misión de Médicos Sin Fronteras en Haití.

Haití se ha visto también afectado por una grave crisis sociopolítica. En el verano boreal de 2018, los escándalos de corrupción que implican al actual presidente Jovenel Moise y a todos los gobiernos posteriores al terremoto provocaron una fuerte y violenta reacción.

Las protestas han sido protagonizadas sobre todo por jóvenes -más de la mitad de los habitantes de Haití son menores de 30 años- que viven con pocas posibilidades de empleo en un país marcado por una creciente inseguridad en medio de frecuentes enfrentamientos entre pandillas armadas.

Las manifestaciones antigubernamentales se extendieron a ciudades de todo el territorio, paralizando la vida cotidiana entre septiembre y diciembre del año pasado. La debilidad estatal, expuesta al mundo tras el terremoto, solo ha crecido: las elecciones a la Asamblea Nacional previstas para noviembre simplemente no se llevaron a cabo, lo que significa que el mandato de la cámara baja expirará el lunes.

Sin un parlamento que funcione, el presidente Moise, quien es fustigado no solo por sus opositores políticos sino por una gran parte de la población civil, ahora tendrá la posibilidad de gobernar por decreto.


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Al menos 15 muertos al estrellarse un avión en Kazajistán con 100 personas a bordo

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Un avión Fokker-100 perteneciente a la compañía aérea Low Cost Bek Air con 100 personas a bordo (95 pasajeros y 5 miembros de la tripulación) se estrelló esta mañana nada más despegar del aeropuerto de la ciudad de Alma-Atí, el principal centro económico de Kazajstán.

Según el jefe del Departamento de Sanidad de Alma-Atí, Tleuján Abildáyev, se han contabilizado ya 15 muertos, entre ellos el primer piloto y una niña, y 66 heridos. 50 han tenido que ser hospitalizado y más de una decena están en estado grave y hay niños entre ellos. El aparato, que cubría el vuelo Z2100 entre Alma-Atí y Nur-Sultán, la capital del país, no pudo elevarse suficientemente y se estrelló contra un edificio de viviendas.

El avión desapareció del control de los radares a las 7.05 hora local, pocos minutos después del despegue, y, según las autoridades, fue perdiendo altura hasta empotrarse en un edificio de dos plantas en una zona residencial cercana al aeropuerto, junto al poblado de Kzyl-tu. Pese a que la aeronave llevaba los depósitos de combustible repletos, no se incendió con el impacto, lo que explica el alto número de supervivientes. El fuselaje del Fokker, sin embargo, ha quedado partido en varios fragmentos. Sobre el terreno trabajan los equipos de rescate. Al parecer, la casa afectada estaba abandonada, aseguran los medios de comunicación kazajos.


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