España
«La derechita cobarde» enseña la patita: El programa de Díaz Ayuso, más allá de la economía: ideología de género y adoctrinamiento LGTBI
¿De verdad pensaban que Ayuso era diferente? ¡Ay, ingenuos!
Díaz Ayuso se muestra partidaria de equiparar el matrimonio a las uniones homosexuales y de las leyes de imposición LGTBI. Preguntada por el PIN Parental, escurre el bulto, mientras se muestra partidaria de los vientres de alquiler con argumentos de sentimentalismo y trilerismo dialéctico.
Isabel Díaz Ayuso no encajó bien que, durante la campaña electoral que le llevó a la presidencia de la Comunidad de Madrid hace un par de años, algunos le recordaran sus posiciones favorables al aborto y a la agenda LGTBI.
Tanto que trató de censurar la libertad de HazteOir.org, la entidad responsable de dichas campañas en las que se daban a conocer frases literales de la entonces neocandidata del Partido Popular apoyando el aborto y las leyes de adoctrinamiento e imposición LGTBI en la Comunidad de Madrid. Pero el Tribunal Supremo ya había establecido doctrina favorable a la participación de HazteOir.org en las campañas electorales, tras una dura batalla legal emprendida por su antecesora, Cristina Cifuentes.
HazteOir.org retrató a Díaz Ayuso entonces como un camaleón:
Ayuso vuelve a confirmar la campaña de HazteOir.org a través de un reportaje publicado en el diario El Mundo, en el que se pasea por el madrileño barrio de Chueca -icono pop de la ideología de género patria- mientras comenta algunos puntos de calado ideológico.
La presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid confirma que es contraria al recurso que el Partido Popular interpuso ante el Tribunal Constitucional contra la ley que equiparó civilmente el matrimonio a las uniones entre personas del mismo sexo por que, alega «no se puede legislar sobre cuestiones tan personales».
Sin embargo, sí es partidaria de las leyes LGTBI aprobadas en la Comunidad de Madrid cuando ella formaba parte del Grupo parlamentario Popular. Se trata de la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación y la Ley de Protección integral contra la LGTBIfobia y la Discriminacion pro razón de Orientación Sexual, que se meten, y mucho, «sobre cuestiones tan personales».
Ayuso también ha aprovechado para desmarcarse de la protección del derecho de los padres a tener voz y voto sobre determinados contenidos controvertidos que se imparten en los centros educativos. Contenidos impuestos precisamente por las leyes anteriormente citadas apoyadas por Díaz Ayuso.
Sobre el PIN Parental, la candidata del Partido Popular resume con respuesta calculada, tergiversando el sentido del PIN Parental, una de las reivindicaciones más notorias de quien, previsiblemente, será un apoyo imprescindible para alcanzar la Presidencia de la Comunidad de Madrid y gobernar: «Yo no quiero que un padre del PP o una madre de Podemos le diga constantemente al profesor lo que ha de hacer».
Ayuso también entra al trapo de otra cuestión que está muy discutida en los ambientes LGTBI, en especial por los varones que mantienen relaciones con personas de su mismo sexo: la gestación subrogada o los vientres de alquiler.
En esta ocasión, la neolideresa del PP en Madrid tira de sentimentalismo y trilerismo dialéctico: «El enfermero que habitualmente me hace las PCR tiene un hijo por gestación subrogada y es precioso. No puedo pensar que estos niños son un fracaso».
El sentimentalismo -una de las razones de estado de la ideología moderna- lleva a Díaz Ayuso a hablar del aspecto físico un bebé concebido de tal manera bajo encargo y previo pago de un conocido suyo. Ni una palabra de la cosificación de la mujer y del bebé, además de sobre otras implicaciones éticas según el método de fecundación empleado o sobre el ambiente en el que se criará ese niño.
El trilerismo dialéctico le lleva a atribuir a las personas contrarias a los vientres de alquiler la calificación de «fracaso» a esos niños. Se trata de una imputación falaz que no resiste la mera comprobación de los argumentos de quienes denostan tal práctica.
La argucia es aún más sangrante. ¿Se atrevería Díaz Ayuso a responder lo mismo -«no puedo pensar que estos niños son un fracaso»- preguntada por cómo justifica el aborto de quien fue concebido en una violación? Porque lo justifica.
Que Díaz Ayuso haya hecho una gestión más que razonable y exitosa en la medida en que puede hacerse en medio de una pandemia y con el gobierno de la nación poniendo palos en las ruedas no debería ocultar que, en otras materias, Ayuso necesita un «empujoncito». Y esto sólo pasa por que Vox saque un resultado suficiente para condicionar, al menos en parte, un posible Gobierno de Ayuso en estas materias.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
