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Cartas del Director

La soberbia castiga a la derecha

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El portavoz del grupo parlamentario del PSOE en la Asamblea Regional de Murcia Diego Conesa (i) conversa con la portavoz de Ciudadanos Isabel Franco
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Vox y Ciudadanos volvieron a dinamitar ayer cualquier posibilidad de acuerdo que permitiese al candidato del PP, Fernando López Miras, ser designado presidente de Murcia. El día fue tan frenético como inútil para el centro-derecha. De nuevo, Albert Rivera y Santiago Abascal, culpables a partes iguales de esta absurda falta de entendimiento, se enrocaron en una incomprensible posición política que prolonga la incertidumbre en Murcia y amenaza con enterrar toda opción de acuerdo también en la Comunidad de Madrid. El enquistamiento de las relaciones entre ambos partidos ha aumentado en las últimas horas y amenaza con un bloqueo que, en definitiva, solo beneficia a la izquierda. Vox y Ciudadanos tendrán sus respectivos motivos para aborrecerse, no firmar juntos ningún documento, no aparecer públicamente unidos y ni siquiera para posar ante los fotógrafos. Rivera está en su legítimo derecho de creer que ceder ante Vox es tóxico y contamina su marca. Y a su vez, Abascal tendrá sus motivaciones para desconfiar de Rivera y de sus mensajes ambivalentes, confusos y ambiguos. Pero lo ocurrido ayer en Murcia supone un desprecio al votante conservador en la medida en que los vetos mutuos pueden desencadenar o bien gobiernos socialistas o bien la repetición de elecciones. Es inquietante la incapacidad de dos partidos con un objetivo común -impedir que la izquierda gobierne- para ponerse de acuerdo por una simple cuestión de gestos, por puro tacticismo o por mera cuestión de imagen. Más que nada, porque la imagen que ofrecieron ayer es irritante.

La obsesión política por retratar al culpable es lo de menos ahora. Tanto Vox como Ciudadanos tienen su parte alícuota de responsabilidad en lo ocurrido ayer, más allá de que el error cometido pueda corregirse dentro de unos días. Sin embargo, Ciudadanos no puede pretender beneficiarse de los votos de Vox sin siquiera agradecer con un mínimo gesto la generosidad de ese partido al regalarle vicepresidencias y consejerías autonómicas. Más aún, la división interna en Ciudadanos es palpable, y quien impone el veto drástico es la dirección del partido en Madrid. Si Abascal tiene la llave para consensuar gobiernos de centro-derecha, Ciudadanos no debe imponer el ordeno y mando de una negociación que ningunee a Vox, que desprecie a sus diputados como si no hubiesen sido democráticamente elegidos y que lo esconda en un gueto del que son aprovechables sus votos gratis, pero no sus demandas. Parece razonable empezar a pensar también que este tipo de bloqueos tienen más que ver con una pugna de egos y soberbia que con diferencias programáticas insalvables. Rivera y Abascal están a tiempo de reconducir una deriva que, de mantenerse, solo beneficia a Pedro Sánchez. Justo lo que ninguno de los dos quiere. No cabe mayor contradicción.


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Cartas del Director

El 95% de los españoles ya no podrá dormir

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En el mes de septiembre, Pedro Sánchez concedió una entrevista al presentador de “Al Rojo Vivo” Antonio Ferreras. Allí analizó la falta de apoyos para lograr la investidura y la próxima convocatoria de elecciones generales que se celebró el pasado fin de semana. Allí pronunció unas palabras que hoy, en medio del anuncio de preacuerdo para formar gobierno con Podemos a las 48 horas de las elecciones, serán recordadas y carne de meme.

Sánchez aseguró que “ni él 95% por ciento de los españoles no dormirían tranquilos” con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, como vicepresidente. Hoy le recordarán al líder socialista esas palabras ya que hace tan solo unos minutos anunció en una declaración conjunta con el secretario general de la formación morada que ambas formaciones han alcanzado un preacuerdo “para conformar un Gobierno de coalición progresista que combine la experiencia del PSOE con la valentía de Unidas Podemos”, en palabras del líder morado.

El principio de acuerdo se ha alcanzado en menos de 48 horas desde las elecciones generales del pasado domingo y ha sido rubricado en un acto solemne ante los informadores gráficos. En su declaración no hubo ni preguntas ni respuestas, tan sólo una declaración institucional de los líderes del PSOE y de Unidas Podemos


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Cartas del Director

España no puede perder más tiempo

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(R) Convocadas a la medida de las expectivas y los cálculos particulares de Pedro Sánchez y su equipo de asesores, con los que ayer no tuvo pudor en ignorar la jornada de reflexión para posar en una burda imagen de propaganda partidista tomada en La Moncloa, las elecciones generales de hoy sitúan a los votantes ante la alternativa del desbloqueo parlamentario o de la ingobernabilidad a la que como consecuencia de la fragmentación del voto se ha abonado España.

Las cuartas elecciones celebradas en los últimos cuatro años corren el riesgo de convertirse en la enésima semifinal que disputan la izquierda y la derecha, cada una por su lado, para hacerse con la hegemonía del voto de sus respectivas parroquias de seguidores, unas primarias encubiertas en las que los verdaderos problemas y retos a los que se enfrenta España, crecientes según pasa el tiempo y se retrasan las reformas y las decisiones políticas, resultan secundarios para los partidos. El frenazo del crecimiento económico o el desafío del separatismo no pueden esperar a que Pedro Sánchez logre -en la jornada de hoy o dentro de unos meses, en una próxima convocatoria electoral- la representación parlamentaria que considere necesaria para gobernar en solitario. España no puede permitirse perder más tiempo, ni una nueva prórroga de los presupuestos que Mariano Rajoy dejó en herencia y que, paradójicamente, han servido hasta ahora de muro de contención para el irresponsable populismo económico que anuncia Sánchez.

El pulso que el PSOE libra con Podemos está en la raíz de las segundas elecciones generales de este 2019, una batalla sectorial y cainita cuyo traslado a un centro-derecha también fragmentado ha contribuido a perpetuar la provisionalidad que condiciona y lastra el futuro inmediato de España. Con la opción de Ciudadanos muy debilitada como bisagra -primero dejó caer a Rajoy y más tarde jugó la baza, también puramente táctica, de no apoyar a Sánchez-, el centro-derecha reaparece hoy como la única alternativa para impedir que el PSOE tome las riendas de la nación en un momento de especial gravedad, definido por amenazas internas y externas. El extremismo que sembró Rodríguez Zapatero, ahora cultivado por Sánchez, no solo ha dado pie a la fractura y la radicalización de una izquierda descentrada y partida, sino a la división política de la derecha, que de la mano de Aznar y Rajoy y desde la unidad proporcionó a España los mejores años de su reciente historia legislativa. Por acción u omisión, también se acumularon errores, expuestos y denunciados en estas mismas páginas, pero no en el grado caricaturesco que algunos insisten en presentar a los votantes para priorizar su guerra particular y sacrificar los intereses de Españas. Son estos, y no otros, los que hoy nos llevan a las urnas.


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Las consecuencias del 10-N

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En las elecciones que se celebran mañana, los españoles van a decidir más que la composición de un Parlamento. Incluso más que las opciones de gobierno en las que pueden moverse el PSOE y el PP. Son unas elecciones en las que los votantes deben sentirse concernidos por la inflexión histórica que pueden suponer para el desarrollo del sistema democrático español. En primer lugar, España decide mañana su configuración ideológica, no tanto por los resultados adversos o insuficientes que vayan a obtener la socialdemocracia y el conservadurismo liberal, sino por la probable consagración de opciones que se presentan y que reclaman el voto para una impugnación populista de la democracia parlamentaria y del Estado constitucional de 1978. A esta situación se ha llegado, sin duda, porque la izquierda se liberó, de la mano del PSOE de Zapatero, de cualquier compromiso con los consensos constituyentes y abrió de la caja de Pandora del revisionismo histórico y la deslegitimación del régimen constitucional. A partir de entonces los sentimientos políticos extremos, a derecha e izquierda, han cuajado en dos formaciones que mañana pueden alcanzar un centenar de escaños, en el mejor de los escenarios contemplados por algunas encuestas. Ha sido el PSOE el que ha nutrido esa radicalización, alimentando su margen izquierda con discursos de los años treinta del siglo pasado, que también han exacerbado a una parte de la derecha instalada desde el comienzo de la transición en las coordenadas del orden constitucional.

Por otro lado, el votante decide mañana si de nuevo opta por la fragmentación desestabilizadora o recupera el sentido pragmático del voto para reforzar la capacidad del sistema parlamentario para formar gobiernos. El decaimiento del bipartidismo fue recibido como una muestra de pluralismo político, lo cual, aun aceptando que sea así, ha supuesto la mayor etapa de inestabilidad política desde 1978. Con cuatro elecciones en cuatro años, el experimento de la representatividad absoluta ha fallado.

Ya saben los españoles a lo que conduce la dispersión del voto. Si las encuestas se confirman y los candidatos se mantienen a partir del lunes en los vetos recíprocos, habrá nuevas elecciones en el primer trimestre de 2020. El voto es libre, pero también responsable. España se adentra en una crisis económica, mientras subsiste, y se agrava, el desafío separatista en Cataluña. La Unión Europea se acerca al Brexit, mientras sufre tensiones centrífugas eurófobas. Iberoamérica está convulsa y el Mediterráneo, entre la presión migratoria, el polvorín de Siria e Irak y las revueltas populares, sigue siendo un foco de preocupación. La alternativa es clara para mañana: o dar a España la opción de un gobierno serio y bien dirigido para afrontar estas situaciones o sacar a nuestro país del circuito de las democracias europeas estables.


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