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Europa

La soberbia europea nos lleva a nuestro propio fin

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LTY.- Boumediene fue un político argelino que, ya en 1974, dijo en la ONU lo siguiente: Un día millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque comparecerán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria”.

Ese día fue hace muchos años. Hoy, la realidad es que esos millones de hombres están en Occidente, y ya ha empezado la fase de la conquista. Las palabras de Boumediene dejaron de ser una predicción y se han convertido en un hecho evidente.

No sólo él, también el ex líder libio Gadafi habló en diversas ocasiones de este tema. Y a pesar de que los suyos le mataron, sus palabras no han perdido en absoluto vigencia:

“Hay signos de que Alá –dijo el líder libio Muammar al-Gaddafi– garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.

Parece que el desaparecido mandatario libio tenía razón. Todos los datos demográficos apuntan a que el envejecimiento de la población europea será compensado con la alta demografía que tienen las familias musulmanas asentadas en el Viejo Continente. El gobierno de Alemania ha reconocido que “de los cincuenta y dos millones que hay en estos momentos en Europa se duplicará en los próximos años hasta llegar a los 104 millones y, posiblemente, habrá un estado islámico en 2050”.

Con la inmigración musulmana en Europa y la reticencia de los europeos en casarse y tener hijos, un centenar de personas no engendrarán más que ochenta, y diez años más tarde, esos ochenta serán reemplazados por unos sesenta, y esos sesenta serán después reemplazados por cuarenta, y esos cuarenta ya no serán más que diez una década má tarde, y veinte años después ¡ya no quedará ni uno solo! Europa ya lo sabe. Dentro de poco Europa será un Estado islámico que no conocerá más que: “No hay más dios que Alá y Mahoma es su mensajero”. Así es, nos guste o no: ¡El islam está llegando!

Mientras tanto, Europa, sus gobiernos, sus jueces y leguleyos, sus oenegeros y mucha gente de a pie, no es que no hayan hecho nada. No, eso sería mentir. Han hecho todo lo posible por facilitar la sustitución demográfica y por entregar Europa al islam, como si creyeran que realmente el dios islámico nos ha condenado a vivir en el infierno que supone la sharia. Como si quisieran realmente dejar a sus hijas un mundo en el que no valdrán mucho más que un mueble, en el que vivirán peor que esclavas, sin dignidad ni derechos. Como si quisieran realmente dejar a sus hijos un mundo en el que estarán sometidos a una ley de hace miles de años, que no contempla derechos ni libertades, que no contempla más que sumisión ciega y absoluta a una ideología perversa.

Buscar las causas de esta actitud suicida y estúpida es quizá una tarea imposible a estas alturas. Probablemente existan muchas, completamente distintas entre sí, únicamente relacionadas en su fin: la destrucción de la cultura occidental. Supongo que a cada uno de los lectores se les ocurrirá una (o incluso varias). Podemos analizarlas, investigarlas, comentarlas, debatirlas, sacar conclusiones, todo lo que queramos. No servirá de nada si además de reflexionar sobres las causas no actuamos sobre las consecuencias. Porque conocer el problema no servirá de nada si seguimos de brazos cruzados, viendo como la plaga se extiende como una inundación en un campo llano.

Van a ganar. Están ganando. Y los imbéciles apuntados a esa alianza de civilizaciones que nadie comprende ni desea en el otro lado, llorarán lágrimas de sangre. No dudo de que al final serán superados por su propia ignorancia, por su propio fanatismo, por sus divisiones tribales y teológicas, pero llevará mucho dolor, mucho esfuerzo. Pero hay una circunstancia que quiero comentar de modo especial. Insisto, no la única ni quizá la más evidente, pero a mi modo de ver, la más dañina. La que da título a esta entrada: la soberbia de Occidente.

Y no me refiero a la creencia de que nuestra superioridad moral les va a convencer y se acabarán rindiendo a nuestra civilización, o que descubrirán que nuestra forma de vida les hace más libres y les da una dignidad de la que carecen en su ideología. Nadie que conozca mínimamente el islam creerá semejante cosa. Al decir soberbia me refiero a esa manía que tenemos de poner detrás de las palabras mahometanas los conceptos tal y como los entendemos nosotros, no tal y como ellos los entienden.

Es decir, cuando un musulmán habla de “tolerancia”, o de “democracia”, o de “respeto a las culturas”, o de “libertad”, o incluso de “paz”, automáticamente damos por supuesto que está diciendo lo mismo que nosotros entendemos por tolerancia, o por democracia, o por libertad o por paz. Y no es así. El mundo islámico gira en torno a la sumisión al islam, nada más, y única y exclusivamente en torno a eso. Cualquier concepto que un musulmán pueda usar siempre lo hará siempre teniendo como fondo esa sumisión, prescrita en los hádices y en el corán, y obligada por la ley sharia.

Así, por poner unos cuantos ejemplos, cuando un musulmán habla de paz, está diciendo que la paz sólo es posible cuando todo esté sometido al islam, y no antes. La paz pasa por someter a todos los pueblos y naciones al islam, y al decir “paz” está diciendo eso, y no “ausencia de conflictos”. Y cuando un musulmán habla de libertad, está diciendo que ésta sólo es posible cuanto la persona está sometida al islam, y por tanto, nunca habla de libertad como opción de elegir, ya que vivir sometido al islam es la máxima libertad a la que puede aspirar. O cuando un musulmán habla de derechos, sólo considera que merecen derechos aquellos que están sometidos al islam. La inmediata consecuencia es que quienes no son musulmanes carecen de ellos, cosa contemplada en la ley islámica y de obligado cumplimiento en los países que viven bajo la sharia. Pero además, los derechos que tiene un musulmán son, insisto, sólo los que se recogen en la sharia.

Esto no es ni mucho menos algo banal. Occidente vive engañado bajo una ilusión mental, fruto de su soberbia, que le hace pensar que todos hablan su lenguaje, que todos ponen en las palabras el mismo significado que Occidente quiere poner. Y esa ilusión le ha llevado a hacer cosas tan estúpidas como pretender una alianza de civilizaciones, creyendo estar en igualdad de condiciones en un diálogo imposible con quienes no la desean ni la entienden, pero si la aprovechan para continuar su invasión tranquila y de paso, si pueden, sacar el dinero que se les dé.

A estas alturas del partido es evidente que está todo perdido, salvo que se produjera un despertar simultáneo de los pueblos europeos. Y, aunque no hay señales de que eso vaya a suceder en breve, no podemos descartar que finalmente suceda. Cuando un pueblo se ve acorralado, abocado al exterminio, cuando los padres vean el futuro que espera a sus hijos (y sobre todo a sus hijas) bajo el yugo islámico, pueden reaccionar de una manera que hoy ni se nos pasa por la imaginación. Pero en cualquier caso, no podrá hacerse sin sufrimiento, sin dolor, sin lágrimas de sangre.

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