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Las empanadillas de Arturo y el piolet de Trotsky

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- A las 15.20 horas del día 20 de agosto de 1940, Ramón Mercader ―conocido como «Raymond» en el mundo bolchevique de la NKVD― penetró en el despacho del judío Lev Davídovich Bronstein, alias Trotsky, en la ciudad mexicana de Coyoacán, se le acercó por la espalda, y le clavó salvajemente un piolet en la cabeza. El exrevolucionario ruso soltó un grito estruendoso, a pesar de lo cual derribó a su agresor, falleciendo al día siguiente.

En la noche del 18 de noviembre de 2018, casi 80 años después, Arturo Pérez-Reverte, el más famoso escritor español en la actualidad, va y dice en un programa de «La Sexta Noche», a una pregunta de Iñaki López ―su presentador― acerca de su opinión sobre la exhumación de Franco: «Que lo piquen y con la mojama hagan empanadillas de carne, me da exactamente lo mismo… Me importa un carajo». De esta tremenda respuesta los malintencionados podrían deducir que, si tiene esa actitud con un relevante hombre de Estado, también le importaría una higa que hicieran picadillo a otros cadáveres… incluido Trotsky, supongo.

Otra pregunta pertinente sería interrogar al Reverte sobre qué instrumento sería el más adecuado para esa carnicería. Podría ser un picahielos, un estilete, un bisturí a lo «Jack el Destripador», pero me da que posiblemente para Arturo lo más idóneo sería un piolet parecido a aquel con el que se asesinó a Trotsky, pues quedaría como más novelesco, sin duda.

En cuanto a la receta de las empanadillas, pues no hay ninguna pregunta sobre esa cuestión, pues todas las empanadillas famosas acaban en Móstoles, con receta de la Encanna. ¿Por qué ha elegido el Reverte empanadillas de carne y no hamburguesas? Pues me da que porque el Alatriste ése zampaba empanadillas, ya que la hamburguesa todavía no estaba por nuestros lares.

Así que, a falta de tener a algún Vlad El Empalador del que presumir, ya contamos con un Pérez El Empanador ―o Empanadillador, como prefieran―. Y no me digan que éste apodo no queda mejor que llamarle «Destripador», personaje sobre el que igual hace una novela, vete a saber, en la cual Falcó descubre su verdadera identidad.

A ustedes les parecerá ―como a mí― pasmoso, desasosegante, francamente aterrador, que un prestigioso escritor muestre ese prurito carroñero, atreviéndose a ultrajar el cadáver de Franco con una expresión que ni siquiera se le había ocurrido a los más satánicos de los gilipuertas rojos, que vierten en las redes una cantidad tal de comentarios de odio y crueldad contra Franco que aterrorizaría a los mismos milicianos del 36, pero no hay por qué escandalizarse, pues el canibalismo que parece desprenderse de las palabras del Reverte no es sino la continuación del que practicaron los milicianos del 36, aquellos que picaban la carne de las monjas ―cuando todavía estaban vivas―, y luego se la echaban a los cerdos que había en algunas checas, presumiendo luego de que habían hecho chorizos de monjas. Pobres monjas, que de los pellizquitos pasaron a la charcutería.

¿Qué pensará el señor Reverte de esos chorizos monjiles? ¿Le importarán también un carajo? Porque, puestos a picar, qué más da un general que una monja.

Cuando me enteré de esta tremenda y sacrílega frasecita del Reverte, además del escalofrío de horror que me sacudió el espinazo, sentí la flama de una oleada de indignación, que en cuestión de segundos sucedió al pasmo ojiplático. Hasta ese momento, sentía curiosidad por el Reverte, pues todavía no sabía de lo que iba. La gente decía que era buen escritor, así que leí su novela «Un día de cólera», sobre el 2 de mayo, que me pareció magnífica. Pasé luego a leer «El asedio», sobre el sitio a Cádiz de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia, novela que no llegué a terminar. Y estaba pensando leer «Sidi: una historia de frontera», pero, como es natural, desistí de la empresa al enterarme de su opinión sobre Franco. Porque, para mí, «Sidis» no hay más que uno.

Así que uno más para mi lista negra, para ese cajón donde he desterrado para siempre a todo aquel que emita opiniones negativas sobre el Caudillo, o milite en las mentiras de la memoria histórica. Por supuesto que al Reverte le importará un carajo que no le vuelva a leer más, pero espero que esta cruz y raya que le hago anime a todos los patriotas a hacer lo mismo, y le manden a esparragar.

Porque, lo que son las cosas, a mí me importan desde ahora un carajo los libros de este señor, y, por mí, que los usen para prender barbacoas, calzar mesas, o para otros menesteres, porque no quedarían sabrosos rellenando empanadillas.

Pero, si se mira bien la historia del Reverte, realmente no sorprende tanto su exabrupto antifranquista, pues es un personaje que ya ha confesado en algunas ocasiones una cierta admiración por El Profanador, a quien considera «valiente«, «con agallas», «interesante», «aventurero»… o sea, Alatriste redivivo.

Puede servir de excusa a su catilinaria antifranquista su penosa manía de destacar, de escandalizar con su tuiterismo filibustero, desde el cual goza repartiendo estopa con actitud mesiánica, como si fuera Moisés descendiendo del Sinaí con sus tablas de Flandes, con actitud bravucona de primo Zumosol aleccionando con su palabra iluminada a los ignorantes mortales, maestro de esgrima formidable blandiendo una artúrica Excalibur con la que asustar a los ignorantes, a los incultos, como si fuera in castizo Obiwankenobi.

Quizá todo se deba a sus largos años de reportero de guerra, durante los cuales tuvo que ver muchos picadillos humanos, muchas empanadillas y hamburguesas hechas de carne cadavérica, y esas visiones le traumatizaron de por vida. Criado en territorios komanches, posteriormente sacó su vena «gore» en un programa de esos de «reality», titulado «Código Uno», donde abordaba casos criminales no resueltos por la policía, emitido entre 1993 y 1994, que abandonó porque el mismo Reverte dijo que contenía «basura».

Porque estamos ante un tipo que dijo en cierta ocasión que los espacios de sucesos «son dinamita pura, siempre están en el límite y, a veces, uno se puede pasar». Pues eso, maestro de esgrima, que te has paso dos pueblos con lo de la empanadilla de Móstoles.

Su arte para la esgrima polemizadora y cáustica la ejerce urbi et orbe en su columna periodística «Patente de corso», donde se abriga la prerrogativa de embestir contra lo que no se amolda a sus mayestáticos principios y sus ideas iluminadas: «Me he venido despachando a gusto […] ni reconocí sagrado, ni en distinguir me he parado al clérigo del seglar. Por eso, mis ajustes de cuentas semanales pueden calificarse de cualquier cosa menos de cómodos para quienes alberga». Por algo se llama «patente de corso», y los corsos pueden hacer empanadillas con quien les dé la gana, pues por algo son divinos de la muerte.

Jacobino confeso, anticlerical, el Reverte parece aureolado por un halo masónico, que impregna su filosofía con el típico liberalismo del mandil. Desde este punto de vista, lo del piolet antifranco también hay por dónde entenderlo.

Sin embargo, su indiferencia ante una profanación pioletera del Generalísmo no le es óbice para honrar a sus muertos, que para eso son suyos: «Cuando a mi padre lo bajaron a la tumba, un tipo dijo de él: “Era un hombre honrado, un caballero”. No soy alguien de emociones, pero escuchar eso me emocionó. Es un epitafio magnífico para cualquiera».

Pues mire usted, don Reverte, eso era justamente Franco, merecedor de ese magnífico epitafio, y usted lo sabe, porque vivió bajo Franco 24 años, uno más de los que yo tuve la suerte de vivir. Por cierto, además de estudiar en la Complutense, ¿hizo usted alguna actividad de militancia contra el franquismo, hizo usted alguna empanadilla? Yo, mire usted, estuve apresado una semana en Carabanchel por motivos políticos, y ahora no presumo de empanadillas…

Sin embargo, como a pesar de todo le considero un tipo inteligente, me parece que coincidirá conmigo en que no fue una época oscura en absoluto, pues en ella no había muchas de las lacras que hoy usted denuncia en la España actual. A no ser, claro, que usted viviera en una España paralela a la mía, sacada de un «Club Dumas» de esos.

Y también me permito recordarle unas palabras suyas sumamente reveladoras, que sirven perfectamente para justificar el Alzamiento Nacional de Franco contra la luciferina II Repúblika: «Cuando a la gente la acorralas, tiene dos caminos: resignarse a ser cordero, o pelear».

Volviendo al rey del piolet, el camarada Ramón Mercader salió de la cárcel en 1960, vivió un tiempo en la Unión Soviética y luego en Cuba, donde falleció en 1979. Cuando estaba a punto de morir, su mujer le preguntó si tenía miedo. «No, pero todavía le oigo gritar». «¿A quién?» «A Trotsky. Todavía le oigo gritar y sé que me está esperando al otro lado», se cuenta que dijo el camarada.

Así que, don Reverte, tenga mucho cuidado de lo que dice: evidentemente, los muertos hechos picadillo para empanadillas no gritan, pero mucha gente dice que es posible que esperen al otro lado. Yo que usted ―un tipo inteligente―, tendría cuidado.

PD: y es una pena todo esto, porque, de verdad, es usted un buen escritor, y me hubiera gustado leer su novela «Sidi». Qué se le va a hacer: también un escritor como usted puede tener sus «empanadas» mentales.

ARTÍCULO DE ARMANDO ROBLES PUBLICADO EN 2012: ARTURO, DEBÍ DEJAR QUE TE OSTIARAN DEL TODO

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España

Diferencias en la cobertura mediática según ideología

Descubre las diferencias en la cobertura mediática según ideología. Analiza cómo los medios influyen en la percepción según orientaciones políticas.

Redacción

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Periodista analizando y comparando diferentes periódicos españoles

La ideología es la variable que mejor explica la selectividad informativa en España. Los medios no se limitan a transmitir hechos: actúan como vehículos ideológicos que seleccionan, encuadran y jerarquizan la realidad según líneas editoriales definidas, configurando dos grandes esferas mediáticas, una progresista y otra conservadora, con audiencias que rara vez se solapan. La investigación empírica sobre exposición selectiva y polarización en España confirma que los ciudadanos con posicionamiento claro en el eje izquierda-derecha consumen medios ideológicamente afines con una probabilidad muy superior a quienes no se ubican en ese eje. Menos del 1 % de los ciudadanos en España ejerce una dieta mediática ideológicamente mixta, mientras que la mayor parte puede considerarse mediáticamente neutral, según datos del CIS. Sin embargo, la polarización mediática es creciente entre quienes sí tienen una identidad ideológica definida.

Las diferencias de cobertura mediática según ideología se manifiestan en tres planos simultáneos:

  • Selección temática (agenda setting): cada medio prioriza los asuntos que refuerzan su marco ideológico y silencia o minimiza los que lo contradicen.
  • Encuadre (framing): el mismo acontecimiento recibe interpretaciones radicalmente distintas según la línea editorial, condicionando la percepción del lector.
  • Desinformación estructural: en casos extremos, la distorsión deliberada del relato constituye una forma de manipulación que va más allá del sesgo ordinario.

Casos como la cobertura de Ada Colau en ABC frente a El País, o el tratamiento de la extrema derecha en medios conservadores y progresistas, ilustran con datos concretos cómo la filiación ideológica del medio determina el tono, el volumen y el encuadre de la información política en España.


¿Cómo opera el sesgo ideológico en la cobertura mediática?

El sesgo mediático se ejerce principalmente mediante tres mecanismos que la investigación académica identifica como centrales en la construcción ideológica del discurso periodístico: la agenda setting, el framing y, en su expresión más extrema, la desinformación.

Expertos analizan estudios sobre la parcialidad en los medios de comunicación

La agenda setting opera en la fase de selección: el medio decide qué temas existen para su audiencia y cuáles no. Un partido político puede protagonizar una semana de portadas en un diario y ser prácticamente invisible en otro, no porque los hechos difieran, sino porque la jerarquía editorial responde a criterios ideológicos. Esta selectividad temática condiciona la percepción pública de manera más profunda que cualquier editorial explícito, precisamente porque el lector no percibe la omisión como una decisión editorial.

El framing actúa en la fase de presentación. Un mismo dato económico puede encuadrarse como «fracaso de la gestión gubernamental» o como «resultado de la herencia recibida», dependiendo de la línea del medio. Estudios con técnicas de procesamiento del lenguaje natural, como TF*IDF y word2vec, han detectado que durante campañas electorales los medios españoles tienden a asociar candidatos con extremismos, eclipsando propuestas concretas y amplificando la polarización afectiva.

La desinformación representa el tercer nivel, cualitativamente distinto. Watzlawick fue el primero en usar el término para referirse a la distorsión intencional del relato en función de la sensibilidad editorial de cada medio: elegir de qué hablar y de qué no, dar más o menos recurrencia a ciertos hechos, o usar palabras e imágenes con carga emocional calculada. Según el análisis académico sobre ideología y desinformación, hay ideología en los medios que retrata de forma subjetiva la realidad, y eso afecta a la percepción de la sociedad de manera directa.

  • Agenda setting: selección de temas según prioridades ideológicas.
  • Framing: encuadre del mismo hecho con interpretaciones opuestas.
  • Desinformación: distorsión deliberada del relato para alinear la percepción con intereses editoriales.
  • Gestión emocional: los medios calculan los efectos cognitivos y emocionales que sus decisiones narrativas provocan en la audiencia para generar adhesión o rechazo.

Consejo profesional: Para identificar el mecanismo activo en una noticia concreta, compara la misma información en al menos dos medios de línea editorial opuesta y observa qué elementos aparecen, cuáles se omiten y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción. Puedes profundizar en esta técnica en la guía de agenda mediática oculta de Alerta Nacional.


La polarización mediática y sus efectos en la sociedad española

La polarización mediática en España no es solo un fenómeno de oferta: se reproduce en el comportamiento de las audiencias. La investigación sobre selectividad y polarización de audiencias distingue dos procesos conceptualmente diferentes que conviene no confundir: la polarización de audiencias, referida a la estructura de la oferta mediática y sus distintos públicos, y la polarización mediática propiamente dicha, que describe el proceso individual por el cual los ciudadanos restringen progresivamente su dieta informativa a medios ideológicamente afines.

El perfil del ciudadano mediáticamente polarizado en España presenta rasgos consistentes. Los hombres, las personas de mayor edad y quienes tienen ingresos más altos muestran mayor probabilidad de consumir dietas informativas restrictivas. Pero la variable más determinante es la ideológica: quienes se ubican con claridad en el eje izquierda-derecha, están afiliados a partidos o participan activamente en elecciones presentan una selectividad ideológica notablemente superior al resto.

Las cámaras de eco que resultan de este proceso tienen consecuencias directas sobre el debate público. Cuando la opinión publicada en un medio está alineada con su línea editorial, el efecto de resonancia es idéntico al que se produce en redes sociales: el lector no busca información objetiva, sino un enfoque de la realidad que confirme su percepción previa. La confianza en los medios se fragmenta según la ideología del receptor, y el debate público pierde el suelo común necesario para el contraste de argumentos.

Un dato relevante: la polarización mediática no es simétrica entre ideologías. Los efectos marginales muestran una ligera mayor diferencia entre quienes se sitúan en el centro-izquierda y la izquierda, aunque sin la solidez estadística suficiente para establecer un patrón definitivo. Lo que sí confirman los datos es que el extremismo ideológico, entendido como posicionamiento en los extremos del eje, no es el motor principal de la selectividad: la mera declaración de una identidad ideológica, incluso moderada, ya aumenta la probabilidad de consumo restringido.


¿Cómo cubren los medios españoles a la extrema derecha y otros grupos ideológicos?

El tratamiento mediático de la extrema derecha en España varía de forma sistemática según la línea editorial del medio, con diferencias observables en tono, volumen de cobertura y encuadre. Los medios progresistas tienden a asociar a estos grupos con conceptos de riesgo democrático y extremismo, mientras que los conservadores suelen presentarlos como una opción política legítima dentro del espectro parlamentario, cuando no como una respuesta comprensible a demandas ciudadanas ignoradas.

Manos tecleando junto a informes políticos

El estudio sobre la cobertura de mujeres políticas en ABC y El País ofrece uno de los análisis más precisos disponibles sobre cómo la ideología del medio determina el tono editorial. En ese trabajo, Ada Colau (líder de izquierdas) recibió una cobertura negativa destacada en ABC, mientras que en El País la polaridad positiva hacia ella fue notable. Inés Arrimadas (liberal) obtuvo mayor cobertura positiva en ABC que en El País. La diferencia no responde a los méritos o deméritos de cada política, sino a la distancia ideológica entre el medio y el sujeto cubierto.

Política Medio Cobertura negativa Cobertura positiva
Ada Colau ABC
Ada Colau El País
Inés Arrimadas ABC
Inés Arrimadas El País

Este patrón se replica en el análisis de portadas durante las elecciones generales de 2023, donde los medios principales otorgaron mayor espacio a los partidos grandes, con diferencias apreciables en la valencia positiva o negativa según el partido y el diario. El análisis computacional de discurso electoral confirma que los encuadres negativos y polarizadores predominan sobre la cobertura de propuestas programáticas concretas.

Consejo profesional: Cuando analices la cobertura de un partido o líder político, examina no solo el número de noticias sino la proporción de piezas de opinión frente a informativas: la opinión es donde el sesgo ideológico se manifiesta con mayor intensidad y menor disimulo.


¿Qué dice la investigación académica sobre ideología y polarización mediática?

La conceptualización más influyente en el análisis del discurso mediático es la de Teun van Dijk, para quien la ideología es un conjunto básico de creencias compartidas por grupos sociales que los medios emplean para generar y gestionar opiniones, diferencias y conflictos. Esta definición desplaza el foco del partido político al sistema de creencias subyacente, lo que permite analizar el sesgo mediático incluso cuando un medio no tiene una afiliación partidista explícita.

El modelo de Hallin y Mancini sitúa a España dentro del sistema de «pluralismo polarizado», caracterizado por una fuerte vinculación entre medios y partidos políticos, baja autonomía profesional del periodismo respecto al poder político y una tradición de paralelismo político en la prensa. Este marco teórico explica por qué la polarización mediática española es estructuralmente más intensa que en sistemas del norte de Europa, donde la prensa desarrolló una tradición de mayor independencia editorial.

La relación entre propiedad, financiación y línea editorial es otro eje central del análisis académico. Los grupos mediáticos con vínculos accionariales o publicitarios con determinados sectores económicos tienden a alinear su cobertura con los intereses de esos sectores, lo que añade una dimensión económica al sesgo ideológico que va más allá de la mera preferencia política de los directivos. La percepción pública del sesgo no siempre coincide con el comportamiento editorial real: medios asociados a la derecha pueden criticar a líderes conservadores en determinados contextos, y viceversa, lo que complica la identificación del sesgo por parte del lector ordinario.

Contribuciones académicas recientes relevantes para el análisis del sistema mediático español:

  • Van Dijk (2003): ideología como sistema cognitivo de creencias que estructura el discurso mediático.
  • Hallin y Mancini (2004): modelo de pluralismo polarizado aplicado a España y el sur de Europa.
  • Investigación sobre exposición selectiva en España: relación entre ideología declarada y restricción de la dieta informativa.
  • Análisis computacional con NLP sobre sesgo en discurso electoral en medios españoles.
  • Estudio sobre ideología como forma de desinformación: propuesta de herramienta de medición de sesgos con variables de contenido, económicas y políticas.

Selectividad ideológica en medios españoles y su impacto en la percepción electoral

La metodología empleada en los estudios sobre dietas mediáticas en España opera mediante una escala que clasifica el consumo de medios en un rango de valores, desde el consumo exclusivo de medios progresistas hasta el consumo exclusivo de medios conservadores, pasando por posiciones intermedias que reflejan mayor heterogeneidad. La clasificación ideológica de cada medio se establece a partir de la media de autoubicación ideológica de su audiencia, lo que permite construir una variable de dieta mediática que agrega el consumo en prensa impresa, radio, televisión y prensa digital.

Los resultados de esta metodología revelan un patrón consistente: la ideología, más que el interés por la política o el nivel de ingresos, es la variable que mejor predice la restricción de la dieta informativa. Los ciudadanos con menor apego a la política y a las instituciones muestran menor probabilidad de ejercer selección de medios afines, mientras que los más politizados concentran su consumo en fuentes ideológicamente coherentes con sus predisposiciones.

Variable Efecto sobre la selectividad mediática Observación
Ideología declarada Alto Variable más explicativa del consumo restringido
Interés por la política Moderado-alto Mayor interés correlaciona con mayor selectividad
Afiliación a partido Moderado Refuerza la restricción ideológica de la dieta
Ingresos personales Moderado Mayor renta asociada a mayor restricción
Extremismo ideológico No confirmado No hay patrón claro de mayor restricción en los extremos

El impacto de esta selectividad en la percepción electoral es directo. Quien consume exclusivamente medios de una línea ideológica recibe una imagen del adversario político construida por fuentes hostiles, lo que amplifica la percepción de amenaza y reduce la disposición al acuerdo. La polarización de audiencias no produce necesariamente ciudadanos más radicales en sus posiciones, pero sí ciudadanos con una imagen más distorsionada del campo político contrario.

  1. Clasifica los medios que consumes según la autoubicación ideológica de su audiencia, no según tu percepción subjetiva de su línea editorial.
  2. Mide la heterogeneidad de tu dieta informativa: ¿consumes al menos un medio cuya audiencia se ubica en el lado opuesto del eje ideológico al tuyo?
  3. Distingue entre noticias y opinión dentro de cada medio: el sesgo es más intenso y menos disimulado en las piezas de opinión.
  4. Contrasta la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta antes de formarte una opinión definitiva.

Consejo profesional: La herramienta más eficaz para detectar tu propia burbuja informativa no es leer más, sino leer distinto. Incorporar regularmente un medio de línea editorial opuesta a la tuya no implica aceptar su marco, sino disponer de la información necesaria para cuestionarlo.


¿Cómo influyen la propiedad y la financiación en el sesgo ideológico de los medios?

La estructura de propiedad de los grupos mediáticos españoles es uno de los factores que más condiciona la línea editorial, aunque también el menos visible para el lector ordinario. Los grandes conglomerados mediáticos mantienen vínculos accionariales con sectores financieros, energéticos y de construcción cuyos intereses regulatorios y fiscales dependen directamente de las decisiones del gobierno de turno. Esta dependencia económica crea incentivos estructurales para alinear la cobertura con las posiciones del poder político que favorece esos intereses, independientemente de la ideología declarada del medio.

La financiación publicitaria institucional, es decir, la publicidad contratada por administraciones públicas, partidos y organismos estatales, añade otra capa de condicionamiento. Un medio que recibe una proporción significativa de sus ingresos de la publicidad institucional de un gobierno autonómico o central tiene razones económicas concretas para moderar su cobertura crítica de ese gobierno. La propuesta académica de una herramienta de medición de sesgos contempla explícitamente variables económicas y políticas junto a las de contenido, precisamente porque el sesgo ideológico no puede entenderse sin la estructura de incentivos que lo sostiene.

La concentración de la propiedad mediática en España ha reducido la pluralidad real de voces, aunque la proliferación de medios digitales ha creado nuevos actores con estructuras de financiación distintas. Medios nativos digitales como eldiario.es o El Confidencial carecen de editorial corporativa explícita, pero mantienen líneas editoriales reconocibles que sus audiencias identifican con claridad. La ausencia de editorial formal no equivale a ausencia de sesgo: la subjetividad persiste en la selección de temas, en las fuentes consultadas y en el encuadre de la información, a veces de forma más acentuada que en los medios tradicionales. Entender cómo los incentivos mediáticos afectan la cobertura es indispensable para leer cualquier medio con criterio.


Los algoritmos de redes sociales y su efecto en el consumo ideológico de noticias

Las plataformas de distribución de contenido, desde X (antes Twitter) hasta YouTube o TikTok, amplifican los sesgos ideológicos preexistentes mediante sistemas de recomendación diseñados para maximizar el tiempo de permanencia del usuario. El algoritmo no tiene ideología propia, pero sí un objetivo claro: mostrar el contenido que genera más reacción. Y el contenido ideológicamente cargado, especialmente el que provoca indignación o confirmación de creencias previas, genera más reacción que el informativo neutro.

El resultado es una aceleración del proceso de segregación mediática que los estudios sobre dietas informativas detectan en el consumo tradicional. Un usuario que interactúa con contenido de una línea ideológica recibe más contenido de esa misma línea, lo que reduce progresivamente su exposición a perspectivas distintas sin que medie ninguna decisión consciente de su parte. La influencia de los algoritmos en la percepción pública opera de forma más opaca que la línea editorial de un periódico, precisamente porque el usuario no percibe el mecanismo de selección al que está sometido.

La interacción entre medios tradicionales y redes sociales ha creado además un ciclo de retroalimentación: los medios producen contenido diseñado para circular en redes, lo que incentiva los titulares polarizadores y el encuadre emocional sobre el análisis reposado. La viralidad se convierte en criterio editorial, y los formatos que generan más comparticiones, generalmente los más ideológicamente cargados, reciben más recursos de producción. Este fenómeno afecta tanto a medios progresistas como conservadores, aunque con diferencias en los temas y los marcos que cada uno privilegia para maximizar su alcance digital.


La evolución histórica de las divisiones mediáticas ideológicas en España

El paralelismo político entre medios y partidos en España tiene raíces históricas que preceden a la democracia actual. Durante la Segunda República, la prensa española estaba abiertamente alineada con posiciones políticas definidas, y el franquismo consolidó un modelo de control estatal de la información que eliminó cualquier pluralismo real durante cuatro décadas. La Transición no produjo una ruptura limpia con ese modelo: los medios que surgieron o se reconvirtieron en los años setenta y ochenta lo hicieron con vínculos explícitos con partidos, sindicatos o grupos empresariales con intereses políticos concretos.

El País nació en 1976 con una orientación claramente progresista y europeísta que reflejaba el consenso de la Transición entre las élites intelectuales y políticas de centro-izquierda. ABC mantuvo su tradición monárquica y conservadora. La irrupción de nuevos actores en los años noventa, como El Mundo, añadió una línea editorial diferenciada que combinaba el conservadurismo con una vocación de denuncia política que la situaba en posición de competencia directa con el PSOE. Esta arquitectura mediática, consolidada antes de la llegada de internet, sigue siendo el esqueleto sobre el que se construye la polarización actual.

La fragmentación del sistema de partidos a partir de 2015, con la irrupción de Podemos, Ciudadanos y posteriormente Vox, obligó a los medios a redefinir sus alineamientos. Algunos lo hicieron con rapidez y coherencia; otros oscilaron según la coyuntura electoral, lo que confirma la observación académica de que la percepción ideológica de un medio no siempre coincide con su comportamiento editorial real en momentos concretos. La realidad del sesgo mediático es más compleja y contextual que la etiqueta fija que el lector suele asignarle a cada cabecera.


España frente a otros países: ¿es el sesgo ideológico especialmente intenso aquí?

El modelo de pluralismo polarizado que Hallin y Mancini identificaron en España, Italia, Portugal y Grecia se distingue del modelo liberal anglosajón y del modelo democrático corporativo del norte de Europa precisamente por la intensidad del paralelismo político. En los sistemas del norte, la prensa desarrolló una tradición de mayor distancia respecto al poder político, con mecanismos de autorregulación profesional más consolidados y una financiación menos dependiente de la publicidad institucional.

En el contexto latinoamericano, el estudio de la cobertura de las elecciones presidenciales argentinas de 2023 en medios como Clarín, La Nación, Infobae y El Destape muestra procesos de selección, omisión y priorización de información que son estructuralmente similares a los observados en España, aunque con particularidades propias de cada sistema político. La influencia de los medios en la comunicación política y el proceso de legitimación a través del discurso público son fenómenos compartidos en los sistemas de pluralismo polarizado, independientemente del país.

Lo que distingue a España dentro de ese modelo es la combinación de una polarización política especialmente intensa desde 2015, una estructura de propiedad mediática concentrada y una dependencia significativa de la publicidad institucional. El resultado es un sistema donde las diferencias de cobertura mediática según ideología son más pronunciadas y más estables que en sistemas con mayor autonomía profesional del periodismo. Identificar ese sesgo requiere herramientas de análisis crítico que vayan más allá de la intuición: la guía para identificar sesgo mediático de Alerta Nacional ofrece un punto de partida metodológico para ese análisis.


Cómo analizar críticamente el sesgo ideológico en los medios que consumes

Detectar el sesgo ideológico en la prensa española exige un método, no solo una actitud de desconfianza general. La desconfianza sin criterio produce el efecto contrario al deseado: el lector que rechaza todos los medios por igual termina siendo más vulnerable a la desinformación, no menos. El análisis crítico requiere herramientas concretas aplicadas de forma sistemática.

El primer paso es identificar la línea editorial del medio, no a partir de su autopresentación, sino a partir de la autoubicación ideológica media de su audiencia y de sus vínculos de propiedad y financiación. El segundo es distinguir entre géneros periodísticos: la noticia, el reportaje, la crónica y la opinión tienen convenciones distintas, y el sesgo opera con diferente intensidad en cada uno. La opinión es donde el encuadre ideológico se manifiesta con mayor claridad y menor disimulo; la noticia es donde el sesgo se ejerce de forma más sutil, a través de la selección de fuentes y la jerarquía de la información.

El tercer paso es la comparación sistemática. Contrastar la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta permite identificar qué elementos aparecen en uno y no en el otro, qué fuentes se consultan y cuáles se ignoran, y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción, y su identificación es el primer paso para una lectura informada. Alerta Nacional ha desarrollado un análisis detallado sobre cómo se manipula la opinión pública que complementa este enfoque metodológico.


Si quieres ir más allá del análisis y disponer de herramientas concretas para descifrar la propaganda mediática en España, la guía para ciudadanos de Alerta Nacional ofrece un marco de análisis riguroso y actualizado para identificar los mecanismos de manipulación en los medios convencionales.

https://alertanacional.es


Puntos clave

La ideología es la variable más determinante de la selectividad informativa en España, configurando dos esferas mediáticas con audiencias que rara vez se cruzan.

Punto Detalles
Ideología como variable principal Los ciudadanos con identidad ideológica definida consumen medios afines con probabilidad muy superior a quienes no se ubican en el eje izquierda-derecha.
Dieta mediática mixta casi inexistente Menos del 1 % de los ciudadanos ejerce un consumo ideológicamente heterogéneo, según datos del CIS y estudios recientes sobre polarización mediática en España.
Framing y agenda setting como mecanismos centrales El sesgo opera principalmente mediante la selección de temas y el encuadre, no solo mediante la desinformación explícita.
Cobertura diferenciada según ideología del medio En ABC, Ada Colau recibió un — de cobertura negativa; en El País, Inés Arrimadas obtuvo un — de cobertura negativa, patrón inverso al esperado sin sesgo.
Propiedad y financiación condicionan la línea editorial Los vínculos accionariales y la publicidad institucional crean incentivos estructurales que van más allá de la preferencia política de los directivos.

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