España
Las nuevas consignas de la izquierda tras la debacle de las elecciones andaluzas
José Manuel Otero Lastres.- En un interesante artículo, titulado “El fascismo que viene” publicado en El País, su autor, Enric Gonzalez, señala que el fascismo puede definirse de muchas maneras y que su esencia consiste en “una reacción agresiva de la mayoría contra las minorías”. Desde luego, se trata de una nueva caracterización de este movimiento político que no me atrevo a discutir, pero de la que no hay ni el más mínimo rastro en las acepciones que tiene de esta palabra el Diccionario de la RAE.
Hasta ahora, y siguiendo la significación gramatical de nuestro Diccionario, además del movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia en la primera mitad del siglo XX, el término fascismo se empleaba para referirse a “una actitud autoritaria y antidemocrática”. Pero, sea de esto lo que fuere, tengo para mí que, debido a la conveniencia de poder utilizar este insultante término contra los adversarios políticos, la izquierda está construyendo un concepto nuevo de fascismo caracterizado, no por su precisión y rigor, sino por su amplitud y elasticidad para poder “lanzárselo” a todos los que convenga.
Y es que de lo que se trata es de tener a mano esa expresión para poder aplicarla a movimientos políticos que se atreven a defender democráticamente unas ideas claramente distintas a las que conforman el “catálogo” del “perfecto izquierdoso” de nuestros días: ese sujeto que, con una insultante e inadmisible superioridad moral, nos va diciendo en cada momento lo que tenemos que pensar el resto de los mortales para que nos pueda tocar el dedo de la gracia progresista y ungirnos como “intelectuales de progreso”.
El innegable éxito del centro-derecha en las elecciones andaluzas de ayer le está escociendo tanto a las izquierdas que, lejos de asumir la posición crítica que exige el análisis inteligente de la derrota, están proyectando el cañón de luz de su análisis electoral sobre el partido de aquella franja ideológica que obtuvo el menor número de escaños (12 de VOX, frente a los 26 del PP y 21 de C,S). Y lo hacen para meternos miedo, para advertirnos de que con VOX viene el lobo autoritario y antidemocrático. Esta táctica bufonesca de los perdedores no resiste un análisis serio, ni desde la propia óptica del partido en el Gobierno, ni desde la de VOX.
Desde la perspectiva del PSOE, a toda persona medianamente informada le tiene que llamar la atención que sea precisamente un partido que se ha apoyado en los comunistas, los antisistema, los independentistas y los filo-terroristas para llegar al poder, el que se atreva a advertirle al PP y a C,s de pactar con partidos escasos “de dosis democráticas”, como VOX, que es sin lugar a dudas mucho más democrático que los comunistas caribeños, los golpistas catalanes y los filo-terroristas vascos.
Si no queremos hablar de oídas y queremos calificar las cosas por lo que nos parecen y no por las consignas que nos trasmiten, para saber si VOX es o no un partido fascista o de ultra derecha, me permito recordar sus 10 principales propuestas programáticas que defendió en las elecciones andaluzas: Unidad de España; recortar el despilfarro; un solo sistema educativo y sanitario; reducir los impuestos al mínimo; apoyar a los que crean empleo y riqueza; apoyar a la familia, la vida y los valores; luchar contra la corrupción; cierre de las mezquitas fundamentalistas; control de la inmigración; y recuperar el peso de España en Europa y el Mundo.
¿Me puede decir alguien de ustedes cuál o cuáles de estas propuestas ideológicas son antidemocráticas y autoritarias? ¿Hay alguna que suponga una vulneración flagrante de la Constitución? ¿Puede considerarse el control de las fronteras y la expulsión de los imanes extremistas una agresión de la mayoría o se trata de medidas que respetan los derechos que reconoce nuestra Constitución a los extranjeros? Y finalizo con una reflexión: en la actual situación de España ¿a quién hay que temer más “al fascismo que viene” o al “Podemismo madurista” que ya está presente en nuestro país y que trata de infiltrase poco a poco en los entresijos del poder para ocuparlo definitivamente y no devolverlo jamás? ¿Les parece señores sesudos intelectuales de izquierdas que no debemos temer al señor Pablo Iglesias ese paradigma de demócrata que haya llamado a “salir a la calle” porque no está conforme con el resultado electoral? Respóndanse ustedes mismos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
