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Opinión

«Las ramas no dejan ver el bosque», por el General de División y Presidente de la Fundación Francisco Franco, Juan Chicharro

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[L]as ramas no dejan ver el bosque. Reina un ambiente de optimismo general en el ambiente político como consecuencia de la indubitable victoria electoral de la Sra Ayuso en las recientes elecciones en Madrid . Si bien es cierto que esto ha dado un halo de esperanza a la posibilidad del fin de la hegemonía social comunista en España no es menos cierto que la fractura territorial presente es muy grave. Vean si no lo que sucede en Cataluña, Navarra, Baleares, en las otrora denominadas provincias vascongadas e incluso ya casi hasta en Galicia.  Todo esto me lleva hoy a una reflexión siquiera sea parcial y retrospectiva sobre cuánto ha acaecido en España en esos últimos 40 años.

Dicen que la cultura es lo que a uno le queda después de haberse olvidado de cuánto ha estudiado, y aprendido antes, y es conforme a este sentido con el que emprendo la tarea de escribir estas líneas; es decir, escribo sin ahondar en datos sino en percepciones personales.

Tomo como punto de partida el año 1975, año de la muerte del Generalísimo Franco y comienzo del fin del régimen político que su persona mantenía. Por aquel entonces yo era un joven teniente recién egresado de la Escuela Naval Militar y hoy, un veterano soldado, a la sazón General retirado. Mucho han cambiado las cosas desde entonces y la sociedad ha evolucionado a una velocidad de vértigo, especialmente en los últimos años, como consecuencia, sobre todo, de la influencia de los avances en la tecnología y desde luego de la mejora de la calidad de vida.

En 1975 todavía se sentían los efectos de la pasada guerra civil pues, guste o no reconocerlo, el régimen político imperante derivaba del construido por los vencedores en aquella contienda y si bien gran parte de la sociedad española se sentía cómoda con ese sistema político, como consecuencia del estado de bienestar social alcanzado, no es menos cierto que existía un anhelo de identificación con los postulados de los países denominados democracias occidentales, y a los que España estaba abocada a unir su destino so pena de quedarse aislada del concierto internacional. Esto es tan obvio que no necesita mayor explicación. De ahí que no puedo objetar que resultara imprescindible cuantas medidas se tomaron en lo que se denominó la transición política y que culminaron con la Constitución española, aún vigente. Una Constitución que siendo de consenso, o precisamente por ello, aún perdura y que hoy algunos pretenden reformar rompiendo la entente cordial que entonces se estableció, lo que entraña el riesgo de despertar de nuevo a las dos Españas enfrentadas durante siglos. Y es que por desgracia vuelven a aparecer los mismos fantasmas decimonónicos: un sistema democrático viciado, y abocado a una partitocracia, en la que los intereses particulares de los partidos ( y sobretodo los de aquellos que los sostienen económicamente ) se anteponen a los superiores de la nación y de otra parte – formando parte de lo mismo – la ruptura creciente de la integración nacional como consecuencia de la creación de lo que se denomina el Estado de las Autonomías , una situación ridícula, cuando no esperpéntica, si nos atenemos a lo que vemos todos los días y que supone un despilfarro económico sin precedentes como si fuéramos un país rico. Ahora estamos cerca de nuevo de la situación cantonal de finales del XIX o a la más lejana, pero también similar, de los reinos de taifas de la España musulmana. Basta con ver el caos presente en relación con las gestiones de la pandemia y no digamos con la derivada de la finalización del Estado de Alarma.

Pero volvamos a 1975, año en el que se produjo la retirada española del Sahara. Una retirada que supuso una indignidad nacional por la forma en que se produjo. Una situación propiciada por políticos mediocres quienes por tomar posiciones ante lo que se avecinaba no dudaron en poner en entredicho el honor de España (esto les traía sin cuidado) y el de su ejército. No tengo la menor duda de que el Sáhara, otrora español, habría alcanzado su independencia con el tiempo y que hubiera llegado a ser un Estado próspero estrechamente ligado a España con beneficios para ambos, pero la ambición de Marruecos así como la traición de algunos líderes saharauis lo impidió. Todos sabemos cómo acabó aquello. Si alguien, entonces, hubiera tomado las riendas del poder con energía, las amenazas del Sultán marroquí hubieran quedado en agua de borrajas pues nuestras FAS, llegado el caso, hubieran puesto en su sitio al Moro, incluso sin necesidad de guerra, pero de haberla habido también se le habría derrotado estrepitosamente. Lo malo que sucedió entonces es que la única persona con fuerza, honor y energía para liderar aquella contienda estaba al borde de la muerte. El Moro jamás se habría enfrentado a Franco. Y sin su liderazgo abandonamos el Sahara de forma ignominiosa.

Y entonces vinieron años duros por el golpe continuo de atentados terroristas de ETA contra todo, y contra todos, buscando no sólo debilitar al Estado sino ,y sobretodo, destruir España. Hoy casi nos hemos olvidado de aquellos aciagos días cuando, por ejemplo, recuerdo salir de mi casa acompañando a mi padre, arma en mano, mirando para todas partes por lo que pudiera venir ( en la casa de mis padres ETA ya había asesinado a dos Ttes.Coroneles). Y, ¿cuántos conocidos nos quitaron esos asesinos criminales? No es de extrañar que más tarde o más temprano surgieran hechos como los del 23 de febrero de 1981, sucesos en los que no voy a entrar entre otras razones para no divagar, pues este acontecimiento se une, en mi opinión, a los del 11 M o al del asesinato del Almte. Carrero Blanco, años antes, en el sentido de que es curioso que los tres sucedidos más significativos del último medio siglo en España sigan sin tener explicaciones convincentes. Siguen los tres envueltos en un gran misterio pues, digan lo que digan, y se haya dictaminado lo que se quiera, yo sigo sin estar convencido de quienes fueron los autores «intelectuales» en cualquiera de los tres casos.

El 23F supuso un antes y un después para las FAS que desde entonces han estado sometidas, ley tras ley, a una minoración de su representación institucional con la clara intención de desviarlas de su misión fundamental, como tal prefigura la propia Constitución española en su Tratado Preliminar. La influencia política en el seno de las FAS puede tener significado a la hora de la elección de sus mandos superiores, es decir de sus Generales, pero es que, hoy, la selección o elección de sus mandos comienza incluso en los tempranos empleos de Comandante con la consiguiente ruptura e incidencia en el compañerismo y en la propia disciplina. Largo sería extenderme en explicaciones al respecto pero si alguien quiere de verdad saber o conocer qué es lo que ha pasado en nuestras FAS en los últimos 35 años le aconsejo la lectura del libro del que fuera Ministro de Defensa, Narcis Serra, » la transición militar». Allí encontrará la claves del devenir de como, y tal como decía antes, ley tras ley, se han transformado los ejércitos en lo que son hoy. Unos ejércitos ya cuasi ocupacionales, tal que si fueran bomberos o  policías municipales, lejos de su responsabilidad institucional, la de la defensa de los valores permanentes de la Patria que es la misión que le encomienda el Art. 8 de la Constitución. ¿O no?

La prudencia es virtud del gobernante pero la inoperancia no lo es, y, hoy, cuando vemos cuanto sucede en Cataluña a uno le entran temores fundados de que lo peor puede estar por venir si no se ponen los medios para impedir tanto desatino. Y, lo siento, las FAS no pueden permanecer ajenas al peligro de desmembramiento de nuestra Patria. Y no pueden estarlo simplemente porque se lo ordena la Constitución por la que se rigen. Por eso, y  como dijera Clausewitz, «la guerra es la continuación de la Política, y por tanto, es el Ejército el que mantiene la política cuando fallan los medios pacíficos», es decir, al Ejército corresponde la guardia de aquellas constantes históricas de un país, al servicio de las cuales se halla la gestión política. Es esto lo que con distintas palabras proclama nuestra actual Constitución en su articulo 8. Pienso honradamente que en la actualidad las FAS cumplen escrupulosamente con su mandato constitucional y están en el sitio que les corresponde lo que no obsta para que aquellos que tienen como objetivo romper la unidad de nuestra Patria sean conscientes de que nunca lo conseguirán.

Sí, sé que estamos en el año 2021 y que hoy las circunstancias no son las mismas que las de los años 30 del siglo pasado, por la sencilla razón de que la sociedad ha evolucionado mucho, pero los valores que conformaron nuestra Patria siguen vigentes.

Por eso, pese a la distancia en el tiempo, y a que hay que ubicarlas en su contexto histórico,  cobran valor las palabras que en su día pronunció José Antonio Primo de Rivera:

«el Ejército es, ante todo, la salvaguardia de lo permanente; pero no debe mezclarse en luchas accidentales. Pero cuando es lo permanente lo que peligra,  cuando está en juego la misma permanencia de la patria (que puede, por ejemplo, si las cosas van de cierto modo, incluso perder su unidad), el Ejército no tiene más remedio que deliberar y elegir. Si se abstiene, por una interpretación puramente externa de su deber, se expone a encontrarse de la noche a la mañana sin nada a que servir. En presencia de los hundimientos sucesivos, el Ejército no puede servir a lo permanente más que de una manera: recobrándolo con sus propias manos«. Y en otro lugar añadía: «¿Habrá todavía entre nosotros quien proclame la indiferencia de los militares por la política? Esto pudo y debió decirse cuando la política se desarrollaba entre partidos. No era la espada militar la llamada a decidir sus pugnas, por otra parte, hasta mediocres. Pero hoy está en litigio la existencia misma de España como entidad y como unidad. Cuando lo permanente peligra, ya no tenéis derecho a ser neutrales. El que España siga siendo depende de vosotros. El enemigo, cada día, gana unos cuantos pasos. Cuidad de que al llegar el momento inaplazable no estéis paralizados por la insidiosa red que alrededor se os teje”.

Y es que uno tiene la impresión, por todo cuanto ve y oye, que la insidiosa red, a la que se refería José Antonio, sigue tejiéndose ante la pasividad pasmosa de tantos. Cuando el Estado pierde el sentido de su misión,  cuando deja de creer en la filosofía política que le dio nacimiento y fuerza, empieza a adquirir un complejo de inferioridad, inicia una etapa de disimulo, utiliza un idioma contradictorio y débil, abdicante y enfermizo, deja que las fuerzas secesionistas  se envalentonen y avancen, pululen y brujuleen.

 Ya he dicho que cuanto escribo no es sino una reflexión personal y evidentemente subjetiva o parcial. Reconozco que a muchos todo cuanto digo le pueden parecer ideas trasnochadas y fuera de tiempo o época; y es que vivimos tiempos en los que el relativismo moral se ha adueñado de todo y donde los valores permanentes que han constituido referencia moral para muchos hombres y mujeres de mi generación se encuentran en clara crisis. A pesar de todo, mantengo un optimismo creciente  cuando veo a muchos de nuestros  jóvenes, y entre ellos  a los que mandan nuestras unidades militares, manteniendo enhiesta la Bandera con la misma dedicación y desvelo que sus mayores y es que, pese a tanta medida conducente a que esto no fuera así, va a ser cierto que puede más el ejemplo de padres y abuelos.

Han pasado ya 45 años de la muerte de quien fuera Jefe del Estado y Generalísimo de los ejércitos, Francisco Franco, y, hoy, vilipendiada su figura por grandes sectores sociales, incluso por aquellas personas , instituciones o grupos que le debían su supervivencia, con una actitud cobarde y vil, cobran relieve sus palabras respecto a las FAS cuando dijo aquello de que » la máquina se deshace pero la obra queda «.

 

Ingresó en la Escuela Naval Militar en 1969.

Ha participado en las siguientes operaciones: Campaña del Sáhara en 1975, En Nicaragua/Honduras en 1989 y en Bosnia Herzegovina en 1999.

Es General de División de Infanteria de Marina y Diplomado de Estado Mayor del Ejercito de tierra.

Actualmente en la situación de reserva ha sido el Comandante General de la Infantería de Marina entre el 2006 y el 2011 y fue Ayudante de Campo de SM el Rey durante 4 años.

En la actualidad es Presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco.

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    JUAN J R.S.

    15/05/2021 at 04:24

    En España empieza a amanecer.

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España

Los sindicatos reactivarán algaradas y movilizaciones. Por Jesús Salamanca Alonso

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«La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas»

 

Con tanta ayuda pública, los sindicatos mayoritarios viven en la abundancia como señores feudales venidos a menos. Permiten llevar una vida de lujos y privilegios; eso hizo hace unos años que, en algunas sedes de las formaciones mayoritarias, colgaran longanizas como forma de llamarlos «chorizos»: esas debieron de ser bien acogidas porque no las devolvieron, confirmando lo que ya se sabía.

Mientras se dan una vida de lujo y sin sobresaltos, los trabajadores ven cómo los recortan y aprietan cada vez más. Por eso, la ciudadanía en general, exige que sean los afiliados quienes mantengan a esas organizaciones tan costosas, tan poco rentables y desprestigiadas. Protestar, deben de protestar mucho, pero en lo de trabajar ya tengo más dudas y una prueba es que más del 30% de los convenios colectivos siguen sin aprobar, pero como no afecta directamente al bolsillo de ellos, pues tranquilidad, no hay prisa. Si esa es su forma de actuar en todo, mejor que cierren sus sedes, envíen al tajo a sus liberados y se jubilen los dirigentes, que ya chirría y molesta hasta su imagen degradada y despreciada sindicalmente.

¡Qué diferencia, de lidiar con esta gente que se agarra como lapas al sillón, a negociar con Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y, posteriormente, José Mª Fidalgo y Cándido Méndez! Hay que destacar que Nicolás Redondo luchó y padeció el franquismo y siempre fue un referente en la lucha obrera en las acerías navales de Vascongadas. Y puesto que vive en el mismo municipio del que es natural Patxi López, no estaría de más que le diera unas lecciones de urbanidad, educación básica, cortesía, dignidad y protocolo; tal vez de esa forma dejaría de hacer el ridículo en las controladas y sesgadas ruedas de prensa del Congreso de los Diputados, más propias de un dictador que de un demócrata. No por casualidad lo llaman «el zorro del Congreso» por sus espantadas.

Volvamos al gran logro que ya planifican las comunidades donde la derecha y VOX trabajan para formar Gobierno: la eliminación y dependencia de las ayudas públicas. Andalucía lo tiene claro y ya ha anunciado que retirará el 50% de las ayudas sindicales. Sin duda, es un intento fallido, ya que debe ser el 100% si no quiere tener problemas a corto plazo, lo mismo que Castilla y León. De Aragón apenas ha trascendido nada al respecto, pero es firme el convencimiento de seguir la misma línea que las demás comunidades. Extremadura también acabará con ese atropello que ha existido durante años: tal vez se chupen menos cabezas de gamba y se respete más a los pobres crustáceos emparentados con el langostino y el camarón.

Lo prometido por Andalucía es el camino que seguirán las demás, excepto las dos comunidades rebeldes, más egoístas y aprovechadas e insolidarias. También es el momento de que los trabajadores se organicen contra los sindicatos sectarios y de clase y convoquen movilizaciones contra ellos. En una reunión de amigos, el más político de todos comentaba que «si VOX no cumple su compromiso, lo mejor es que no participe en los gobiernos autonómicos y calle en lo sucesivo» La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas. Desde que se celebraron las elecciones ya va siendo hora de que se formen los gobiernos. Han perdido demasiado tiempo con la constitución de las mesas de cada Parlamento y cualquiera diría que les da miedo dar el paso de formar los gobiernos. ¡A trabajar, gandules!

A ver si es verdad que se les acaba el abuso público y se inicia la transparencia que nunca ha existido, ni en las comunidades y no digamos en el Gobierno central donde nos ocultan hasta los viajes viciosos, lascivos y deshonestos del Falcon al ser declarados treinta y nueve de ellos como secreto de Estado. Eso no huele bien y menos los que llevaban destino a República Dominicana y a Venezuela vía Colombia.

Llevamos sin una huelga general muchos años y no será que no ha habido motivos para ello: corrupción, latrocinio, malversación, mordidas, comisiones, nula transparencia, ataques a los jueces, corrupción del exfiscal general y otras instancias más respetables que el Gobierno del felón «cum fraude». Ahora que se sienten rechazados los sindicatos, las huelgas se cuadruplican en este año 2026, debido al bloqueo de las negociaciones salariales. Más de un 30% de los trabajadores están afectados.

Hay que recordar que desde 2022 parecía que la relación entre empresas y trabajadores se había normalizado o, por lo menos, se había calmado debido al acuerdo entre CEOE, Cepyme y el sindicalismo fantasma de la izquierda bolchevique, protegidos por doña Yolanda «Tucán», hoy caída en desgracia en el Gobierno sanchista. Sus traiciones al sanchismo y a Podemos le han pasado factura. Nadie le admite en sus filas porque lo que toca, lo desgobierna. ¡Si tendrá capacidad de traición y facilidad para la misma que hasta a su principal mentor lo «apuñaló» por la espalda! ¿Se acuerdan de Xosé Manuel Beiras, político y economista gallego, además de líder del BNG? Si a ello añaden la protección y encubrimiento al pederasta Ramiro Santalices por pare de Yolanda, pues ya tienen todos los ingredientes para que nadie se fie de ella y genere un rechazo brutal, menos en UGT y CC.OO. a quienes ha regado de euros y prebendas.

Las solicitudes de huelga y los conflictos laborales ya han comenzado y aumentarán si hay adelanto electoral y se hunde, como es previsible, la zurda sindical, falsaria y ruinosa. Quienes llevan siete años tirándose a la bartola se reactivarán con las algaradas y las movilizaciones.

Tan sólo las huestes del felón tranquilizan a esos sindicatos radicales y reaccionarios cuyo logro de la «derechita cobarde» será eliminar por completo las abundantes ayudas y subvenciones públicas que reciben los dos sindicatos sectarios y falsarios amparados y amamantados también por la mafia criminal sanchista.

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