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Internacional

Marruecos y España desmantelan conjuntamente una célula terrorista del Estado Islámico

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Imagen de archivo de la detención de un yihadista
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Las autoridades marroquíes anunciaron hoy el desmantelamiento conjunto con sus homólogos españoles de una célula terrorista leal al grupo yihadista Estado Islámico (conocido como Daesh por su acrónimo árabe) compuesta por cuatro miembros.

Según informó el Buró Central de Investigación Judicial (BCIJ, órgano antiterrorista marroquí) en un comunicado, el cabecilla de la célula fue arrestado en las afueras de Madrid, mientras que los otros tres miembros fueron detenidos en la región de Nador (noreste de Marruecos).

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Los tres miembros de la red fueron arrestados concretamente en las localidades de Farjana y Beni Nsar, y uno de los detenidos es hermano de un yihadista activo en los combates en la región sirio-iraquí.

Mientras que el cuarto arresto se produjo de forma simultánea por los efectivos españoles en las afueras de Madrid, explicó la nota.

Los cuatro arrestados, de edades entre 24 y 39 años, «se habían sumado a las campañas de propaganda de los actos sanguinarios del Daesh en represalia por la muerte del presunto jefe de esta organización terrorista».


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¿Izquierda? CENSURA y MANIPULACIÓN: “La mitad de los seguidores en Twitter de Biden son falsos”

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Un revelador análisis denuncia que la mitad de los seguidores del presidente Joe Biden en su cuenta de Twitter son falsos. Lo que pone de manifiesto dos cosas, por un lado que la popularidad de Biden es muy baja y por otro que Big Tech está más que nunca a disposición para colaborar con Biden y las políticas de izquierda.

Big Tech ha estado trabajando arduamente para buscar mejorar la imagen del presidente Biden en las redes sociales y la percepción pública sobre él. Entre las estrategias utilizadas han implementado inflar artificialmente la cantidad de seguidores en Twitter debido a los bajos números que manejaba naturalmente.

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Un usuario de Twitter identificado como Bre Wylde hizo un correcto análisis sobre los seguidores en la cuenta del presidente Biden. Wyle escribió en un mensaje:

“¡Joe tiene 100.000 seguidores en Twitter todos los días! ¡¡Excepto que TODOS son FALSOS!!. Si vas a los seguidores de Joe Biden, yo diría que al menos el 70 por ciento de ellos se unieron a Twitter en enero y no tiene seguidores”.

Fácilmente se puede chequear que la información es cierta, con acceder a la cuenta del presidente Biden e ingresar a sus seguidores se puede observar que la gran mayoría son usuarios creados durante el mes de enero y no cuentan con seguidores.

La cuenta de YouTube de Biden también generó inconvenientes que manifestaron su pobre popularidad. En absolutamente todos los videos que se publicaron en su canal oficial desde que asumió la presidencia, ha obtenido significativamente más votos negativos que positivos.

Un video de la inauguración de Biden, el más visto en el canal, manifiesta 43.000 “no me gusta” y solo 9.200 “me gusta”.

Pero un exempleado de Youtube y Google espantado por la censura de sus exempleadores, expuso que YouTube está dispuesto a editar y modificar las estadísticas con tal de beneficiar a Biden.

Tal es el caso de la imagen que se muestra a continuación en la que se ve que el discurso de Biden tenía en un momento 9.000 “no me gusta”, pero un tiempo después, cuando las visualizaciones se habían casi duplicado, los “no me gusta” pasaron a ser 4.800.

En el primer video de la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, sucedió algo similar.

Además, la página de YouTube de la Casa Blanca de Biden, tras recibir un aluvión de mensajes contra el nuevo presidente y su equipo, ha optado por desactivar la sección de comentarios.

En el otro extremo de la popularidad se encuentra el expresidente Trump, quien antes de que fuera eliminada su cuenta, contaba con aproximadamente 88,7 millones de seguidores.

Trump no solo tenía 88,7 millones de seguidores lo cual significa una cantidad enorme de usuarios, sino que era muy activo en la red generando importante impacto dentro de Twitter con cada mensaje que publicaba.

A tal punto llegaba su popularidad en la red social, que cuando decidieron eliminar permanentemente su usuario las acciones de Twitter Inc. cayeron un 7% en las operaciones posteriores.

Fuente: (Bles)


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La razón por la que Biden ya está fracasando como Presidente

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El presidente Joe Biden firma una orden ejecutiva, junto a la vicepresidenta Kamala Harris, durante un evento sobre la crisis económica, en el Comedor Estatal de la Casa Blanca, el 22 de enero de 2021. (Alex Wong/Getty Images) Fuente: The Epoch Times en español
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(Thomas Del Beccaro) 1Los presidentes tienen dos trabajos. El primero, y más visible, es ser el jefe del poder ejecutivo, y el segundo es ser el jefe de su partido político. Los presidentes exitosos suelen tener un control funcional sobre su partido político. Joe Biden, sin embargo, apenas ha asumido el cargo y su presidencia ya está en peligro, debido a miembros de su propio partido.

La mayoría de las personas, cuando observan cómo funciona la presidencia de EE.UU., se enfocan en los aspectos más visibles de ese trabajo. Los presidentes tienen perfiles muy altos, viven en la Casa Blanca, celebran conferencias de prensa, se reúnen con funcionarios extranjeros y firman leyes, entre muchas, muchas otras funciones. Son tantas obligaciones que, de hecho, muchos creen que es el trabajo de un hombre relativamente joven.

En la historia reciente, EE.UU. ha tenido presidentes enérgicos. Desde Bill Clinton hasta George W. Bush y Barack Obama, la Casa Blanca ha estado ocupada por hombres jóvenes. No obstante, aunque es cierto que Donald Trump tiene más de 70 años, no hay duda de que tenía más energía que la mayoría.

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Muchos se han preguntado si Biden, debido a su edad y condición, estará a la altura de ese trabajo. Lo poco que hizo en su campaña y las pocas veces que habló, y lo poco que ahora le habla a la prensa, ha alimentado esas dudas. Mientras tanto, sus meteduras de pata dan lugar a diferentes preocupaciones.

Con todo lo anterior, muchos suponen que habrá alguien o quizás varios detrás del trono de Biden. Las posibilidades incluyen a la esposa de Biden, Jill; Susan Rice, directora del Consejo de Política Interior de la Casa Blanca; Ron Klain, quien es el jefe de personal de Biden; o incluso John Podesta, quien ha sido un agente de poder demócrata durante años. Otros creen que será la vicepresidenta Kamala Harris, de la cual algunos creen que se desenvolverá como la más alta consejera de Biden después de las reuniones y que se convertirá en presidente dentro de cuatro años.

Dejando a un lado la especulación, el período entre la elección y la toma de posesión de un presidente se conoce como interregno. Normalmente, durante ese período, hay un proceso de transición y también, lo que es más importante, un proceso mediante el cual la parte entrante se reúne, se pone de acuerdo y planifica los primeros 100 días. Los presidentes recién elegidos suelen tener la mayor voz en ese proceso.

Según todos los indicios, Biden ya está demostrando que no está a la altura del segundo aspecto de su trabajo: dirigir su partido político. En parte es culpa suya y en parte se debe a la naturaleza de lo que yo llamo La Era Dividida, el período que va desde mediados de los años 90 hasta la actualidad y en el que se observan divisiones cada vez mayores.

Lo que está en juego en la política estadounidense crece con cada aumento en el gasto público. El gobierno federal gastó casi USD 2 billones más en 2020 que en 2019, incluso gastó más si se consideran las políticas de la Reserva Federal. Como estadounidenses, competimos intensamente para obtener esos dólares, competimos intensamente para repartir esos dólares (en forma de elecciones) y casi con la misma intensidad competimos para no pagar impuestos por esos dólares. Esa competencia es, por su naturaleza, divisoria.

Cuanto más dinero se gaste, mayor será nuestra división.

No satisfechos con el gasto récord, muchos demócratas en el Congreso, incluida la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, tienen enormes planes de gasto. El ala más liberal del partido quiere políticas y programas totalmente socialistas. La representante Alexandria Ocasio-Cortez y el senador Bernie Sanders quieren avanzar a toda velocidad en esos planes socialistas, pero es probable que Biden quiera un ritmo más lento. Con Sanders a cargo del Comité de Presupuesto del Senado, es difícil saber quién ganará esa batalla.

Aunque lo más inmediato, sin embargo, es el tema del impeachment. Nunca en nuestra historia el partido de un presidente entrante había impulsado una medida tan divisoria.

Para aquellos que votaron por Trump, el comienzo de la presidencia de Biden, si finalmente incluye un impeachment en el Senado, no podría comenzar de manera más divisiva. Biden los perderá para siempre. Para los independientes, que quieren que Washington solucione realmente los problemas existentes, se verá como una desviación partidista -y posiblemente bastante fea- de los asuntos importantes que se deben tratar.

Muchos demócratas en el Congreso consideran que el impeachment es esencial, ya sea porque temen el regreso de Trump o porque lo odian demasiado.

En total, el impeachment significa más división y el probable descarrilamiento de cualquier luna de miel presidencial que quiera tener Biden. Señalará que la unidad no estará en la agenda, algo que querían muchos de sus votantes.

Biden quiere un período de luna de miel, pero sabe que no puede detener el impeachment.

En otras palabras, el Partido Demócrata no se unió después del día de las elecciones en una sola agenda. Eso también significa que Biden simplemente no tiene el control de su propio partido, y eso significa que ya está fracasando como presidente.

  1. Thomas Del Beccaro es un aclamado autor, orador, escritor de opinión de Fox News, Fox Business y The Epoch Times, y expresidente del Partido Republicano de California. Es autor de “La era dividida” y “El nuevo paradigma conservador”. []

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El comunismo vuelve a devorar Chile: ¿Es necesario otro salvador, como Pinochet?

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El Senado chileno justifica las violentas protestas izquierdistas y da el primer paso para indultar a los procesados.

La Comisión de Derechos Humanos del Senado chileno ha aprobado este lunes por tres votos a favor y dos en contra una resolución que defiende conceder un indulto general a quienes han sido imputados en las violentas protestas izquierdistas.

La iniciativa ha contado con el apoyo de los tres senadores de la oposición que integran la comisión y que además son autores de la misma: la presidenta del Senado, Adriana Muñoz (Partido por la Democracia, PPD); el presidente de la comisión, Juan Ignacio Latorre (Revolución Democrática, RD) y la senadora Yasna Provoste (Partido Demócrata Cristiano, DC). Los propios impulsores han reconocido que el texto necesita modificaciones.

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Los senadores Iván Moreira (Unión Demócrata Independiente, UDI) y Felipe Kast (Partido Evolución Política, Evópoli) han rechazado la iniciativa y porque justifica la violencia y se inmiscuye en las funciones del Poder Judicial.

El texto deberá pasar ahora a las comisiones de Constitución y Seguridad, para luego ser o no ratificado por el pleno del Senado.

El 18 de octubre de 2019 marcó el inicio de las mayores movilizaciones sociales de la historia reciente de Chile. Comenzaron como una movilización contra la subida del precio del transporte público y desembocaron en violentas protestas contra la policía auspiciadas por la extrema izquierda para aprobar una nueva Constitución, que se plasmará a partir de la elección de una Asamblea Constituyente tras las elecciones previstas para el próximo 11 de abril.

Los estragos de octubre de 2019 aún permanecen en Chile. La polarización de los ciudadanos, la transgresión de las instituciones y el poco respeto por la democracia ya es la tónica en el país. Por ello, aunque suene increíble, durante la última semana senadores de la oposición presentaron un proyecto de ley que busca indultar a los “presos políticos” de la revuelta del 18-O.

¿El motivo? Los detenidos producto de actos insurreccionales, violentos y delictuales habrían sido procesados por la justicia por razones políticas, y su detención se debe a que “se ha vivido un proceso distorsionado por una respuesta estatal desproporcionada seguida de detenciones masivas y la apertura de múltiples procesos penales, abusos y vulneraciones a las garantías procesales de las personas imputadas, lo que ha significado la privación preventiva de la libertad en plazos injustificados que no tomarían lugar en circunstancias de normalidad”. Esto se suma al rechazo por parte de las izquierdas al proyecto de ley que buscaba exigir a los partidos renunciar a la violencia como método de acción política.

Esta iniciativa fue levantada por los senadores de la centro izquierda e izquierda chilena como Isabel Allende, Yasna Provoste, Adriana Muñoz, Juan Ignacio Latorre y Alejandro Navarro. Sostienen que se debe aplicar un indulto general para aquellos que, a su juicio, solo hicieron desorden público siendo acusados injustamente por “casos de montaje” y con pruebas falsas. Este proyecto será tramitado en la Comisión de Derechos Humanos del Senado chileno durante la próxima semana.

A pesar de que la tónica del último tiempo ha sido un gobierno que le ha costado hacer frente a la narrativa de la izquierda radical y deconstruccionista, el vocero de Gobierno, Jaime Bellolio, expresó que en Chile no hay presos políticos, por lo que este proyecto presentaría una impunidad a la grave violencia que el país ha vivido.

Por su parte, el ministro del Interior, Rodrigo Delgado, señaló que quienes están presos en este contexto no lo están por motivos políticos, sino que están privados de libertad por cometer delitos. Incluso, el presidente Sebastián Piñera señaló que en caso de que se aprobase esta iniciativa, llegaría a vetarla.

No obstante, desde octubre de 2019 a la fecha, han sido detenidos 232 insurrectos por el contexto del ―mal llamado― “Estallido Social”. Entre los motivos se encuentran delitos tales como saqueos, incendios, atentados contra las estaciones de la red de Metro, desórdenes públicos, violencia contra Carabineros, porte de artefactos incendiarios y de armas.

Pero la narrativa de los “presos políticos” no es nueva ni en Chile ni en el resto de Occidente, pues también se ve en distintos puntos de Europa como en España, en Italia o en Grecia. La izquierda deconstruccionista, con rasgos incluso ácratas e insurreccionales, ha logrado copar en numerosos espacios sociales. El discurso es el mismo: los presos políticos son justicieros sociales que han sido marginados de un sistema sociopolítico, por tanto, oprimidos.

Luchar contra el capital, su ideología y los aparatos ideológicos del Estado son algunos de los objetivos, así como también modificar aquellas nociones de la norma y lo que entendemos por normal, al reemplazarlos por comportamientos que históricamente han sido considerados marginales, desviados o anormales.

Michel Foucault, teórico posestructuralista francés, apuntó sus ejes discursivos bajo estos lineamientos. Los dispositivos (instituciones, comportamientos, epistemes, relaciones, discursos, saberes, etc.) disciplinarían nuestros comportamientos y lo que concebimos como bueno y verdadero, con el fin de alinearnos bajo las categorías hegemónicas occidentales. Por ello, lo que entendemos por sentido común sería producto de un constructo social inminentemente capitalista y hasta neoliberal.

Por este motivo, la cárcel sería un dispositivo de disciplinamiento de aquellos cuerpos y comportamientos que se saldrían de la norma de este sistema opresor. Porque esto normalizaría y produciría “verdades” para el mantener el statu quo. Por ello que Foucault y sus seguidores entienden que ser “criminal” es un acto político, pues implica evadir y transgredir las normas y convenciones sociales.

Los presos políticos, entonces, serían aquellas identidades y cuerpos antagonistas que buscan disputar el sistema político. El acto insurreccional y violento sería un discurso “emancipatorio”, que comprende la dicotomía de opresores y oprimidos (y no necesariamente de clases), de una sociedad disciplinaria que actúa como cárcel.

Ante la propuesta de indulto a los “presos políticos” demanda por las izquierdas, el discurso desde el Gobierno apunta en una deseable dirección al rechazar e incluso llegar a vetarla. No obstante, no se ha mostrado advertido que la violencia e insurrección relacionada a la revuelta del 18-O responde a fundamentos ideológicos y políticos más que a simples delitos y desorden público.

Las izquierdas han instalado una agenda política desvergonzada que busca hacer de la violencia y la delincuencia una causa que se justifique políticamente, pues todas las prácticas serían permitidas. El incendio a más de 20 estaciones de metro fue un reflejo de cortar los flujos del sistema, en este caso el tránsito de las personas, como un intento de agrietar los imaginarios sociopolíticos y normativos.

Si ante estas narrativas no se logra hacerle frente políticamente, lamentablemente nos augura un escenario con un Estado de Derecho fallido, tal como Hannah Arendt asertivamente ha señalado: “no alcanza con decir que poder y violencia no son lo mismo. Poder y violencia son contrarios; donde uno gobierna en forma absoluta, el otro está ausente”.


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La suprema estupidez y pertinaz cretinismo de la izquierda «progre»: No ver, no escuchar y no hablar del supremacismo de la izquierda

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Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo».

Todos conocemos el símbolo de los Tres Monos Sabios, ¿verdad? Hay hasta emojis de ellos. Uno se tapa los oídos, otro, los ojos, y el tercero, la boca, una viejísima exhortación a no prestar oídos al mal, no verlo y no hablarlo. Sabiduría oriental de esa que tanto gustaba a los progres de los sesenta y setenta del pasado siglo.

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Bueno, pues es horriblemente racista y debe desaparecer. Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo». Veremos cuánto duran los emojis.

Tengo para mí que la corrección política es, entre otras cosas, un medio de desactivar el sentido del humor. Se ponen tan serios, tan trágicos, que da cosa reírse en su cara cuando, en realidad, es la reacción de cualquier persona sana y normal ante sus «más difícil todavía», ante las pruebas de este concurso público de a ver quién dice la mayor estupidez. Y, del mismo modo, estoy convencida de que si respondiéramos colectivamente como nos pide el cuerpo y soltáramos la carcajada, todo el edificio se vendría abajo y podríamos tener una vida aproximadamente normal.

¿A qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo

Pero nadie lo hará. La espiral de virtud es una proyección de estatus y poder, y siempre hay que adelantar por la izquierda para quedarse en el mismo sitio, demoliendo nuestra civilización y sentido común en el proceso.

A ver, señores académicos, que los tres monos en cuestión proceden de la cultura japonesa, un símbolo muy popular en el pueblo japonés entre los años 1185 y 1392. Cuéntennos, augustos próceres del saber, ¿a qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo.

Porque, admitámoslo, el antirracismo de este palo es el último racismo con pase oficial. La ola de antidiscriminación es la cosa más brutalmente discriminatoria, igual que la ‘diversidad’ consiste en aplastar la variedad.

Veamos el caso. Lo único que se nos ocurre para juzgar «estereotipo racial opresivo» este de los tres monos es la identificación de los negros con simios. Y eso, naturalmente, es la prueba evidente de que el único criterio que importa, la única cultura que cuenta, es la nuestra, la de los blancos y, afinando aún más, la del varón heterosexual anglosajón.

«Los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas»

Porque es de cajón que esos monos fueron introducidos por una cultura para la que los negros, sencillamente, no existían, con lo que difícilmente podían pensar en ellos al representarlos. Más: en Occidente, donde no hay monos en la naturaleza, atribuyen a este animal rasgos simbólicos completamente diferentes que en Oriente. Aquí, «hacer el mono» no es exactamente un halago. En Asia, en cambio, es un animal sabio, lleno de connotaciones positivas. En China, el Mono es un signo zodiacal de gran fortuna. Como lo es, por ejemplo, el cerdo, otro animal que en nuestro entorno occidental equivale a un insulto.

Ahora, imagine que se le llama a alguien «león», o «águila». Es poco probable que se ofenda, ¿verdad? Porque nuestra cultura asocia cualidades positivas a esos animales, de un modo completamente arbitrario, porque «perro», un animal tan leal, inteligente y simpático, es un terrible insulto.

A lo que voy: los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas. Primero, viendo una asociación imposible en un antiguo símbolo asiático y, segundo, despreciando por completo cualquier visión cultural que no sea la suya propia, por la que juzgan a todas las demás.

Recuerden bien esto, porque es lo que quieren decir en realidad con «multicultural»: imponer los prejuicios occidentales procedentes de la Ilustración a todas las demás culturas, dejando de ellas la espuma: gastronomía y folclore ocasional.

Es por eso mismo que solo los varones blancos y heterosexuales tienen méritos y deméritos personales, individuales. En mujeres, no blancos y de sexualidades alternativas, su mayor mérito, como estamos viendo en los comentarios sobre el gabinete formado por el presidente Joe Biden, es que tengan esos rasgos que aún se consideran exóticos.


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