El plan de acción, en contra de lo que muchos describen, estaba claramente definido a partir de los apoyos con los que se contaba con seguridad. No estaba improvisado, ni era un cuartelazo ni un pronunciamiento clásico del siglo XIX.
Madrid era la clave, para Mola. El 25 de mayo ofrecía una de las primeras instrucciones donde aseguraba que la capital de la nación resultaba decisiva: «todo hecho que se realice en ella, se adopta como cosa consumada por la inmensa mayoría de los españoles». Pero reconocía la falta tanto de apoyos como de responsables:
Desgraciadamente para los Patriotas que se han impuesto en estos momentos trágicos la obligación de salvar a España, volviendo las cosas a su justo medio, en Madrid no se encuentran las asistencias que lógicamente eran de esperar entre quienes sufren más de cerca que nadie los efectos de una situación político-social que está en trance de hacernos desaparecer como pueblo civilizado y sumiéndonos a la barbarie: ignoramos si falta Caudillo o si faltan sus huestes; quizás ambas cosas.
Sanjurjo recibía el día 18 de mayo un cifrado, bien pudiera ser de Galarza, en el mismo sentido: «En Madrid nada. Siguen cinco generales de siempre, bajo la jefatura de Villegas, pero no hacen nada ni creo que harán» . El primer y principal objetivo, por tanto, no estaba claro. Por la falta de apoyos seguros en Madrid, Mola tuvo durante toda la trama una honda preocupación, como reconocía a su propio ayudante:
Constituía para el Gral Mola una preocupación primordial el que nuestro Movimiento no dejase de producirse en Madrid … La labor para conseguir tal propósito era dura y exigía disponibilidades y asistencias que desgraciadamente no se encontraban y a medida que el tiempo iba pasando y la conspiración avanzaba, febrilmente en el resto de España, en Madrid iban siendo más dueños de la situación los elementos marxistas afines al Gobierno que se multiplicaba en concederles y permitirles organización y medios … No desmayaba por ello nuestro Gral y ya que él no pudo conseguir el ir a Madrid, no solo con permiso, que él hubiese aprovechado eficazmente para su propósito, sino que hasta se le negó el trasladarse a la Capital para extraer el caballo que le correspondía del Depósito Central de Remonte, envió a dicha Ciudad a distintos emisarios suyos, hizo venir a Pamplona a sus enlaces de la capital, no pasaba día sin enviar cifrados al Tte Coronel Galarza con órdenes, instrucciones y gestiones a realizar para conseguir por lo menos que al estallar el Movimiento en provincias, la guarnición de Madrid se limitase a abandonar sus cuarteles sin entablar lucha con las masas marxistas en la población dirigiéndose a buscar cuanto antes el contacto con las columnas que de Burgos, Valladolid, Pamplona y Zaragoza marcharían en dirección a Madrid y una vez establecido el contacto todas las fuerzas unidas y al grito de «Viva España» entrar en la Capital haciéndose dueños de la misma .
El plan militar establecido para el golpe pretendía caer sobre Madrid, al no contar ya con esta ciudad. El general de cada división orgánica debería declarar el estado de guerra para poner en manos militares la autoridad de los gobernadores civiles y de los alcaldes, lo cual les permitiría militarizar el orden público. Las divisiones orgánicas V (Zaragoza), VI (Burgos) y VII (Valladolid) tenían una importancia fundamental. En cuanto se produjera el levantamiento debía salir sin demora una fuerte columna de Valladolid para marchar sobre Madrid a través de los puertos de Guadarrama y Navacerrada, para lo que sería auxiliada por fuerzas de Salamanca, Zamora y Cáceres. Esta columna coincidiría en la sierra madrileña con otras que, procedentes de Burgos, Pamplona y Zaragoza, confluirían sobre Madrid a
través del puerto de Somosierra. Por su parte, la VIII División (La Coruña) y la IV (Barcelona) contendrían a los revolucionarios de sus propias regiones, mientras que la III (Valencia) lanzaría también una columna sobre Madrid. Zaragoza y Valencia debían acudir en ayuda de Barcelona.
| 1.ª Que se declaren en rebeldía las Divisiones 5.ª, 6.ª y 7.ª con el doble objeto de asegurar el orden en el territorio que comprenden, y caer sobre Madrid.
2.ª Que las fuerzas de la Comandancia Militar de Asturias tengan a raya a las masas de la cuenca minera y Puerto de Musel, y que parte de la 8.ª División y guarnición de León refuercen dichas tropas. 3.ª Que la 3.ª División secunde también el movimiento y disponga de dos columnas; una para remontar la costa levantina, hasta Cataluña si fuera preciso y otra para lanzarla sobre Madrid en ataque demostrativo. 4.ª Que la 4.ª División se haga cargo del mando y Gobierno de la Región Catalana y tenga a raya a las masas proletarias de Cataluña, coadyuvando de esta forma al Movimiento General. 5.ª Que permanezcan en actitud pasiva las fuerzas que guarnecen Baleares, Canarias y Marruecos; para que en el caso probable de que el Gobierno acuerde traer a la Península fuerzas de choque a combatir a los Patriotas, dichas fuerzas se sumen al Movimiento con todos sus cuadros. 6.ª Que la 1.ª y 2.ª Divisiones si no se suman al movimiento, por lo menos adopten una actitud de neutralidad benévola, y desde luego se opongan terminantemente a hacer frente a los que luchan por la causa de la Patria. 7.ª La colaboración de la Marina de Guerra, la cual debe oponerse a que sean desembarcadas en España fuerzas que vengan dispuestas a oponerse al Movimiento. 8.ª La colaboración de las masas ciudadanas de orden así como sus milicias, especialmente Falange y Requetés . Fuente: Archivo General Militar de Ávila, Armario 31, Legajo 4, carpeta 8. |
En junio, ante el pesimismo sobre la situación de Madrid, Mola toma una decisión estratégica de gran importancia: llevar el estallido al Marruecos español. Allí se organizarían dos columnas mixtas, sobre la base de La Legión y Regulares, una en la circunscripción oriental y otra en la occidental, columnas que debían desembocar, respectivamente, en Málaga y Algeciras, emprendiendo, sin pausa, una rápida marcha sobre Madrid por Despeñaperros. Con ellas se completaba el avance desde otras provincias hacia la capital definido en el plan original. Mola tenía «casi la seguridad
absoluta» de que este solo hecho sería suficiente «para que el Gobierno se dé por vencido» . Entonces, el general Sanjurjo llegaría para presidir la Junta Militar.
El 20 de junio, Mola elevaba confidencialmente una serie de instrucciones para la armada. A la Base Naval de Cádiz le encarga que «actuará de acuerdo con las tropas de África con las cuales se pondrá inmediatamente en contacto para facilitar los embarques, transportes y desembarques en los puertos que le indique el Jefe de las fuerzas de tierra», y a las fuerzas navales de África, «su cometido principal es de escoltar los transportes de tropas y facilitar el embarque y desembarque de ellas» .
Como ha escrito uno de los principales historiadores militares, el protagonismo de Marruecos cambiaba todo: «Aparecía Marruecos, y con Marruecos, Yagüe y Franco. Pues la nueva dirección impresa por Mola al Alzamiento convertía al comandante militar de Canarias en la figura principal de la futura operación estratégica; y el hecho de ofrecerle el mando de todas las fuerzas marroquíes remarcaba la fe que en él se tenía de que nadie como Franco sería capaz de hacer que aquellas fuerzas llegasen rápidamente a Madrid, ocupándole».
Para completar las instrucciones a las fuerzas de Marruecos, Mola también establecía las claves para dar aviso de estar preparados y después para comunicar día y hora del movimiento:
El telegrama de estar preparados dirá: Mil felicidades en nombre de toda la familia. Eduardo. A lo que contestará el director con un telegrama fechado en Ceuta y firmado por Juan por el que se comprende está dispuesto poniendo en el telegrama un texto cualquiera. El movimiento se avisará por un telegrama que dirá: Día (tal) llegará a esa fulanito ruego salgas a recibirle. Firmado Eduardo. El nombre de fulanito indicará por el número de letras, la hora, que será de la mañana, si no lleva apellido; si se pone apellido, se refiere a la tarde.
El 1 de julio «El Director» redactaba las directivas para la II División , en Andalucía, cuya misión principal era favorecer el desembarque en sus costas de las fuerzas expedicionarias de Marruecos y el avance de dichas tropas sobre Madrid. Para ello estipulaba los pasos a seguir: declaración del estado de guerra en todas las guarniciones comprometidas; requisa de los vehículos de tracción mecánica, que serán concentrados en los puertos de desembarco; asegurar el orden y «hacer abortar la huelga general usando de la mayor energía»; destitución de todas las autoridades y su sustitución por comisiones gestoras; facilitar a los «paisanos patriotas» armamento y municiones para que engrosen las columnas de Marruecos; organización de una columna en Sevilla para hacer frente a fuerzas que pudieran proceder de Extremadura.
Para algunos autores, ante la falta de compromisos y de plan de acción, los generales conjurados pretendían sublevar las guarniciones del Marruecos español para, por efecto dominó, ir extendiéndola acto seguido al resto de acuartelamientos de la Península. «Para el triunfo de este plan contaban más con los efectos psicológicos de una acción rápida, eficaz y brutal que con el número de los sublevados», escribe Beevor . Según Payne, ante la imposibilidad de organizar y conectar bien las varias regiones y unidades, al punto de que una sola sublevación instantánea y coordinada de casi todo el Ejército parecía imposible, empezaba «casi como un pronunciamiento decimonónico, con sublevaciones escalonadas desde el sur hasta el norte por un período de tres días, y de hecho de cuatro o cinco días; esencialmente, una serie de pequeñas revueltas mal conectadas». Para él, el resultado es que en muchos lugares, como Madrid y Valencia, «fue más un cuartelazo que una sublevación enérgica».
Federico Escofet, responsable del orden público de la Generalitat de Cataluña en 1936 y principal artífice de la estrategia oficial frente a la sublevación en ese territorio, también ha visto como un error de los sublevados que las guarniciones se rebelaran escalonadamente, perdiendo así la ventaja que proporciona siempre una acción inesperada y simultánea.
Frente a estas versiones tradicionales cada vez parece más seguro el acierto, de nuevo, del general Mola. El golpe militar de julio de 1936 tuvo una estrategia muy diferente a levantamientos anteriores para evitar el fracaso de estos. Hay que recordar la sublevación artillera del 29 de enero de 1929, cuando todas las fuerzas comprometidas tenían orden de actuar el mismo día y a la misma hora. Hubo contraorden y algunos siguieron adelante, como el Regimiento Primero Ligero de Ciudad Real, constituyendo el movimiento un rotundo fiasco.
Ahora no se preveía el alzamiento de las guarniciones comprometidas en un día y hora concretos, sino que Mola dio libertad a cada plaza para que buscara el momento más oportuno. La única fecha y hora establecida era la del estallido, en Melilla el 17 a las 17. El triunfo escalonado de las guarniciones provocó un efecto dominó: aquellas unidades que dudaban, se lanzaron con mayor seguridad al alzamiento, porque sus responsables lo primero que preguntaban era qué sucedía en el resto de guarniciones y de provincias, sobre todo las más cercanas. El plan estratégico de Mola, por tanto, no fue ni mucho menos improvisado, sino meditado en función de las circunstancias y de las limitaciones de los medios de comunicación y de transporte del momento. Sabía que contaba con un margen de varios días para ir sublevando unidades, pues ni las fuerzas terrestres, ni la aviación ni la armada que quedaran al lado del gobierno tenían una fácil capacidad de movilización. Tampoco las noticias llegaban de forma inmediata en aquel momento, lo que permitía a los sublevados jugar con el efecto de la sorpresa en circunstancias poco sorpresivas en el contexto actual.
fuente: www.generalfranco.com
