¿Por qué se quiere africanizar Europa? - ALERTA NACIONAL
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¿Por qué se quiere africanizar Europa?

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AD.- Los europeos ya no tenemos a nadie en quien confiar. Hasta Salvini ha sucumbido a la mayor campaña de linchamiento que se recuerda contra un líder europeo. Africanizar Europa es el objetivo de las élites globalistas. El problema es que nos ha sido vetado abordar estos asuntos con toda su crudeza porque prevalece el matiz subjetivo de la corrección política. Uno de los mayores logros del marxismo cultural está siendo la entronización de la mentira informativa con el consiguiente destierro de cualquier tipo de verdad.

Nadie habla del cupo de inmigrantes que bajo ninguna circunstancia debería ser sobrepasado sin poner el peligro la supervivencia de la Europa que ha sido punta de lanza de la humanidad. Por ejemplo, si permites la entrada en Europa de cientos de millones de africanos, lo que haces es trasladar al Viejo continente los problemas estructurales que tiene África. Es Europa la que ha llevado al mundo la filosofía griega, el derecho romano, el Renacimiento, la universidad, la imprenta, el cine, la ciencia, las operaciones de cataratas, la penicilina, la lucha contra el dolor, la neurocirugía, los implantes ortopédicos, los trenes, los aviones, los automóviles, la radio, el teléfono, la televisión, entre otras miles de aportaciones sin las cuales la humanidad estaría hoy más cerca de Atapuerca que del siglo XXI. El genio europeo no vino determinado por los ríos o las montañas de sus territorios, por sus paisajes o sus atardeceres, sino por la herencia biológica transmitida desde hace centenares de años.

El antropólogo Gunnar Heinsohn ofreció hace años algunos datos demoledores que probarían la pulsión al suicidio de la vieja Europa. De los 12 millones de inmigrantes llegados a Alemania desde 1990, sólo un 10% pudo ser laboralmente aprovechado. «Alemania fue a buscar trabajadores al extranjero. Los que vinieron eran analfabetos o fracasados escolares en sus países. La incapacidad de muchos de estos inmigrantes para integrarse no ha sido ajeno a su escasa formación. Si tenemos en cuenta que los países productores de inmigrantes tienen un promedio IQ entre su población inferior al de Alemania y que, a pesar de ello, nosotros nos traemos a sus fracasados escolares, los resultados están a la vista», señaló Heinsohn.

Denunció asimismo que los políticos alemanes, no sólo favorecen esta inmigración escasamente cualificada, sino que también animan a sus integrantes a que tengan hijos, muchos hijos, obteniendo por ello toda clase de beneficios. Advirtió que el resultado será una inmensa clase proletaria de incontrolable crecimiento frente a una minoría productora de riquezas. En la actualidad, más del 33% de los niños por debajo de los 5 años nacidos en Alemania provienen de familias inmigrantes frente a un 19% de niños alemanes. Ello ya ha provocado que se tengan que poner en marcha servicios de integración en la enseñanza pública, lo que está repercutiendo negativamente en su calidad y reduciendo por tanto el valor del capital humano de la nación que alumbró a Beethoven. ¿Es esto lo que mejor que pueden darle los progresistas a los ciudadanos europeos?

Al tiempo que los Estados africanos se niegan a tomar medidas para restablecer un parecido de civilización en sus países, ¿no sería más lógico europeizar África y no africanizar Europa, con lo que europeos y africanos saldríamos ganando? ¿Dónde está la lógica de las políticas migratorias puestas en marcha? No hay ninguna.

África es un continente fallido y casi enteramente poblado de decenas de millones de personas que sobreviven gracias a la ayuda internacional, es decir occidental. Atraer a Europa a esas decenas de millones de personas no impedirá que África resuelva sus problemas, ni que esos problemas se trasladen a Europa.

Esta es una situación pintada con trazos gruesos, sin duda. Pero es así que la Historia pinta a menudo sus episodios más sórdidos, los más decisivos también. Japón, China, Rusia, Corea, Polonia, Alemania, Vietnam, Laos, Camboya y otros han tenido que superar situaciones mucho más duras que las que soporta África. Muchos de esos países ayudan hoy a este continente e invierten en él, mientras que África, con sus enormes savanas y sus opulentos pastizales no aporta prácticamente nada a nadie.
Mientras tanto, las poblaciones africanas agotan sus recursos y provocan daños ecológicos catastróficos. En 2050, la población de Etiopía alcanzará los 177.000.000: el equivalente de Francia, Alemania y el Benelux juntos, pero situados en la zona más árida y devastada del Valle del Rift, donde las fuentes de proteínas son cada vez más escasas.

¿Qué sentido tiene fomentar activamente el aumento de la población de un país ya sobrepoblado, con un entorno devastado y económicamente dependiente?

El drama que sufren las naciones con democracias liberales es que sus ,mandatarios tienen que establecer un diagnóstico basado en las exigencias de la opinión pública, cautiva de la mafia mediática, y no en la enfermedad real del enfermo. De nada sirve la coherencia intelectual en democracia. Tienes que hacer lo que sea necesario para tener éxito. Lo ideal, sin embargo, sería que un dirigente hiciera lo que debe, a pesar de las consecuencias personales, a pesar de los obstáculos, peligros y presiones, porque esa y no otra es la base de la moralidad humana.

Las izquierdas ya no camuflan sus objetivos aniquiladores. El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, y la cúspide de la envidia, su virtud inherente es compartir con igualdad la miseria.

Tampoco la derecha liberal se libra a la hora de afrontar el problema. Hace unos meses, durante una visita a Ceuta, Pablo Casado apostó por un programa de ayudas “tipo ‘Plan Marshall” para África. Hay una terca pulsión en sectores de la derecha a pretender resolver los problemas a golpe de talonario. El dinero no puede imponerse al dictado de las leyes naturales.

No hay un continente que haya recibido más ayudas que África en los últimos decenios. Miles de millones de euros en ayudas evaporadas como un chorro de agua en mitad del desierto. Sabemos que el de África no se trata de un problema económico y que si Casado se atuviese al diagnóstico verdadero, se le sometería a un linchamiento sin tregua; pero nosotros, que nos debemos sólo a Dios y a los lectores, afrontamos ese riesgo. Así pues, hagamos un ejercicio de simulación basada en circunstancias reales. Imaginemos que los más de 190 millones de nigerianos son trasladados a Alemania y Austria, con sus infraestructuras, su PIB y su potencial económico intacto, y que los 90 millones de alemanes y austriacos de origen se desplazan a Nigeria, también con sus actuales estructuras económicas intactas. Imaginemos ahora el resultado de este doble asentamiento al cabo de cuarenta años. ¿Sería disparatado concebir una Nigeria convertida en un parecido de civilización, económicamente pujante, con un elevado desarrollo social, un potencial fabril de primer orden y unas ciudades transformadas en ejemplos de prosperidad y belleza arquitectónica? ¿Sería al mismo tiempo descabellado imaginar una Alemania empobrecida, caótica, llena de desigualdades y devastada por las guerras tribales?

Ya es hora de que dejemos de pedir perdón por crímenes que no hemos cometido, que nos sintamos orgullosos del legado científico, artístico, humano y cultural que ha sido Europa para toda la humanidad y que convirtamos en asunto capital, prioritario, la supervivencia de ese legado.

Hoy cada africano nace con el sueño de venir a Europa. No aspiran a transformar ni a mejorar lo que tienen. Sus sociedades son un fracaso, solo porcentajes mínimos tienen asistencia medica, medios de subsistencia, educación, y ni siquiera acceso a agua potable. Y esto no va a cambiar aunque se les riegue con toneladas de dinero. Todos vendrían a Europa si no hubiera fronteras y cualquiera puede imaginarse el futuro que nos esperaría.

La solución, lamentablemente, no es permitirle la entrada a los inmigrantes extraeuropeos que quieran vivir en Europa. Esto nos creará problemas tan serios en el futuro como los que hoy tiene África. Estamos ya más que hartos de todo este tinglado buenista. Nos toman por el pito de un sereno. Somos los europeos los malos malísimos de la película, la hez del mundo, el cáncer de la humanidad, pero siempre somos nosotros los que hemos de salvarle el cuello a todos los demás pueblos de la tierra, incapaces de salir adelante sin que estemos perpetuamente asistiéndolos como a eternos menores de edad.


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Terstch denuncia la existencia “de un entramado inmenso de multinacionales de todo el mundo al servicio del marxismo cultural”

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El eurodiputado de Vox, Hermann Terstch, ha denunciado la existencia “de un entramado inmenso de multinacionales, de empresas semipúblicas y privadas, que funcionan en todo el mundo al servicio del marxismo cultural y sus conexiones, lavando, por ejemplo, el dinero negro de la cocaína de las FARC, y financiando el surgimiento y el crecimiento de numerosos partidos comunistas, tanto en Latinoamérica como en otras partes del mundo, incluyendo España”.

“Pero lo más importante es la dinámica de penetración cultural”, añade Hermann Tertsch. “Una dinámica que se completa con la ayuda de ese rodillo socialdemócrata, izquierdista, que ha ido, con diferentes matices, avanzando en toda Europa; se trata de un rodillo aplastante que solo tiembla ante fisuras como las que están surgiendo en países como Hungría o Polonia, y que estalla ante las brechas internas que surgen en el Sistema de la mano de partidos que no controla. Hay una tendencia general que busca la aniquilación de toda discrepancia cultural. Todo lo que tenga un mensaje de trascendencia del hombre o de sentido religioso, hay que aniquilarlo. Y para ello, los nuevos marxistas han contado con una colaboración importante por parte de la Iglesia Católica, que en una rápida adaptación al devenir de los tiempos, y tras el fulgor magnífico de presencia que fueron Juan Pablo II y Josep Ratzinger, tiene en la figura del Papa Francisco un ejemplo de cómo la penetración comunista o neomarxista en las principales instituciones occidentales se está produciendo también en el ámbito eclesiástico”.

Preguntado sobre cómo se produce esta infiltración del ‘marxismo cultural’, manifestó: “Realmente, están en todas las partes. Las universidades están tomadas, y la infiltración, como hemos explicado antes, viene ya de lejos. La educación media, en la mayor parte de los países occidentales, y sobre todo en un país como el nuestro, ha colapsado la política de transmisión de conocimientos y lo que se hace es, simple y llanamente, adoctrinamiento; las ciencias sociales son, del mismo modo, ciencias de adoctrinamiento neomarxista todas ellas, con poquísimas excepciones. Se modela de tal manera a los jóvenes que es prácticamente imposible que éstos puedan aprender cosas que pudieran desmentir o cuestionar la ideología comunista aprehendida, y por eso rechazan cualquier tipo de conocimiento o información o datos y lecturas que cuestionen o entren en conflicto con su pequeño mundo establecido. En este sentido, el neomarxismo funciona con los mecanismos de una programación de secta”.

Y agregó: “Para ello, entran en juego dos herramientas fundamentales: el lenguaje y la enseñanza, y los medios de comunicación. La educación y los medios son los dos grandes arietes sobre los que se está produciendo está conquista de los nuevos comunistas. Se ridiculiza, caricaturiza, desprecia y persigue a todos aquellos que pongan en cuestión este proyecto ideológico igualitarista, que es también antirreligioso, antinacional y antiindividualista. Todo lo que genere una percepción de la trascendencia de la individualidad es enemigo de este proyecto de dominación neocomunista que, no hay que olvidarlo, se basa en que el hombre es indefinidamente maleable. El ser humano, según el comunismo clásico, es solo un producto de lo que se adoctrina en él; la ideología es la que ha de crear al ser humano, tal y como ocurre en los países comunistas más extremos. El ser humano no vale nada para Pol Pot, pero tampoco para quienes extienden en Berkeley, Oxford o en la Complutense esas ideologías llenas de humanitarismo y merengue compasivo. Para ellos, el ser humano es un producto de las circunstancias, es intercambiable y, en un último punto, es canjeable y prescindible”.

En su análisis del marxismo cultural, Hermann Tertsch añade un elemento importante de análisis que no se suele tener en cuenta. “Hay que recordar que en otros momentos del pasado siglo XX, ya se había hecho notar que la penetración cultural de los comunistas había llegado muy lejos. Hay una anécdota de la periodista y escritora rumana Monica Lovinescu, que le ocurre cuando en 1947 llega a París después de haber padecido todo tipo de dificultades bajo el poder de los estalinistas rumanos. Cuando llega a la capital francesa se da cuenta de que allí también, si uno dice las verdades de lo que estaba ocurriendo en su país bajo el régimen comunista, enseguida te tachaban de fascista y se te cerraban todas las puertas. Primero te conviertes en un anticomunista, de anticomunista pasas a ser un fascista, y como fascista te conviertes en un ser despreciable que no merece ser escuchado y que tampoco merece hablar. Si eres anticomunista, culturalmente, mereces ser aniquilado. Esto ya ocurría en 1947 en Francia. Así controlaba ya la izquierda francesa el pensamiento a mediados del pasado siglo, tal y como lo denunciaron escritores y pensadores como Jean-François Revel y Raymond Aron. Y tal como lo padeció también Albert Camus. Ellos denunciaron las persecución y los ataques constantes que sufrían quienes se atrevían a denunciar los dogmas sagrados de los marxistas en la cultura”.

“Con el paso del tiempo”, explica Hermann, “esto se ha ido extendiendo y transformando en lo que ahora conocemos como la ‘corrección política’ o lo ‘políticamente correcto’, que no es más que un rodillo censor implacable de la socialdemocracia. Es una imposición muy sutil y muy eficaz, con muchas menos aristas en sus prohibiciones, mucho más perfeccionada, en la que los sentimientos siempre se utilizan para romper los diques de contención que han formado las sociedades abiertas y los Estados de Derecho. Lo estamos viendo ahora perfectamente en España con el asalto bestial a los jueces que han dictado la sentencia sobre el caso de ‘la Manada’”.

“‘La Manada’, con un militar y un guardia civil en su interior, es el enemigo perfecto que ataca a una ‘niña indefensa’ con cinco hombres que representan lo peor de los poderes del Estado: la represión, el machismo, etc. Se trata de movilizar a la gente a través de la bondad, porque cuando se lucha a favor de “la bondad” todo lo demás, las leyes, por ejemplo, no importa. Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona de extrema-izquierda, lo ha dicho muy claramente: ‘las leyes injustas, las ignoro’. Esta es la nueva forma de asaltar al Estado que han elegido los nuevos comunistas; ya no se trata de asaltar el Palacio de Invierno, se asaltan las instituciones después de haber creado, a través de la educación y de los medios de comunicación, una sociedad dócil, volcada en el sentimentalismo, sin pensamiento crítico, sin pensamiento libre y sin pensamiento individual, y siempre preocupada por militar al lado de los buenos y nunca formar parte de los “perversos”… Descarrilamos hace tiempo contra la razón y ahora, a través del neomarxismo, se están minando todas las defensas de la sociedad: los códigos de honor, la tradición, el reconocimiento de una historia exitosa… Se trata de un movimiento inmenso, de una maquinaria cultural abrumadora e implacable, a la que es muy difícil hacer frente, porque también es muy mal enemigo”. cincluye el periodista y político,  conciencia clara de nuestro tiempo.


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China adopta unas maliciosas normas de “ciberseguridad”

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La completa visibilidad de Pekín en las redes de las empresas extranjeras tendrá consecuencias sumamente perjudiciales. (Foto: Wikimedia Commons)
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Por Gordon G. Chang. El 1 de enero, entra en vigor la Ley de Criptografía de China. Esta legislación sigue a la implementación el 1 de diciembre del Esquema de Protección Multinivel 2.0, emitido al amparo de la Ley de Ciberseguridad de 2016.

En conjunto, estas medidas demuestran la absoluta determinación de Pekín de confiscar a las empresas extranjeras todas sus comunicaciones, sus datos y otra información almacenada en formato electrónico en China.

El presidente Trump debería usar sus poderes de emergencia para prohibir a las empresas estadounidenses cumplir las nuevas normas o almacenar datos en China.

Después de que todas estas normas de “ciberseguridad” estén vigentes, ninguna empresa extranjera podrá encriptar los datos para evitar que pueda leerlos el Gobierno central chino y el Partido Comunista de China. Con otras palabras, las empresas tendrán que entregar sus claves de cifrado.

A las empresas también se les prohibirá emplear redes privadas virtuales para mantener los datos en secreto, y algunos creen que ya no podrán usar servidores privados.

El sistema de Pekín, una vez implementado, será tan invasivo que las autoridades chinas ya no necesitarán pedirles a las empresas extranjeras que entreguen los datos. Los funcionarios chinos podrán simplemente tomar esos datos por su cuenta.

“Una vez que los datos cruzan la frontera china en una red —escribe Steve Dickinson en el China Law Blog—, el 100% de los datos estarán íntegramente a disposición del Gobierno chino y el PCC.”

La completa visibilidad de Pekín en las redes de las empresas extranjeras tendrá consecuencias sumamente perjudiciales, señala Dickinson. Primero, la ley china permitirá a los funcionarios chinos compartir la información confiscada con las empresas estatales. Esto significa que las empresas estatales podrán usar esa información contra sus competidores extranjeros.

Segundo, las nuevas normas de China, casi seguramente, harán que las empresas extranjeras pierdan la protección del secreto comercial en todo el mundo. Un secreto comercial pierde su estatus como tal cuando se divulga ampliamente. Una vez que una empresa permite que ese secreto entre en su red china, la empresa debe saber que Pekín lo sabrá. “Puesto que ninguna empresa puede razonablemente asumir que sus secretos comerciales seguirán siendo secretos una vez sean transmitidos a China por una red de control chino, corren el gran riesgo de que también se evapore la protección de sus secretos comerciales fuera de China”, escribe Dickinson.

Tercero, el programa de ciberseguridad de China expone a las empresas a sanciones por vulnerar las leyes estadounidenses de exportación de tecnología. Las empresas han asumido que la tecnología cubierta por las prohibiciones de exportación estadounidenses no se “exporta” si se mantiene en una red china protegida por el cifrado de extremo a extremo, es decir, que no esté a disposición de las autoridades chinas. Como a las empresas ya no se les permitirá encriptar los datos de extremo a extremo, es casi seguro que se considerará que vulneran las normas estadounidenses respecto a la tecnología almacenada en una red de China.

No todos los analistas están alarmados por las medidas chinas del 1 de diciembre. James Andrew Lewis, por ejemplo, sostiene que las nuevas normas de Pekín son un “esfuerzo legítimo” de proteger las redes en China. Además, argumenta que los chinos no necesitan el Esquema de Protección Multinivel 2.0 para obtener información, porque pueden robar toda la que quieran con sus grupos avanzados de hackers APT (amenaza persistente avanzada, por sus siglas en inglés). “Su intención no es utilizarla con fines maliciosos”, arguye Lewis, refiriéndose a los funcionarios chinos.

Se desconoce cómo Lewis, un experto en tecnología del Center for Strategic and International Studies, de Washington, puede saber cuál es la intención de los funcionarios chinos. Además, decir que esa intención es benigna parece ingenuo —ridículo, incluso—, cuando ese país está robando cientos de miles de millones de dólares de propiedad intelectual estadounidense cada año, y cuando el dirigente chino Xi Jinping prosigue sus decididos ataques contra las empresas extranjeras. En estas circunstancias, hemos de asumir que los funcionarios chinos están actuando con intenciones malignas.

Lewis también restan importancia a la cuestión básica de que los ciberespías de China, una vez que tengas las claves de cifrado y acceso a la red china de una firma extranjera, estarán en mejor posición para penetrar las redes de esa firma fuera de China. Por lo tanto, será sólo cuestión de tiempo que Pekín robe datos y saque a las empresas del mercado o las arruine hasta el punto de que entidades chinas puedan abalanzarse y comprarlas baratas. Muchos alegan que China robó datos a Nortel Networks, de Canadá, y que así la llevó a la bancarrota hace casi una década. La empresa quedó, según el Financial Post, “hackeada hasta dejarla hecha pedazos”.

Por último, Lewis, del CSIS, no reconoce que las normas de Pekín del 1 de diciembre legitiman en general la regulación de China y su función de custodio de la información, es decir, el robo de China.

El senador Josh Hawley es, con razón, más suspicaz respecto a las intenciones de Pekín. En noviembre, el republicano de Misuri presentó un proyecto de ley, la Ley de Protección de Datos y Seguridad Nacional de 2019, que prohíbe a las empresas estadounidenses almacenar los datos de usuario o las claves de cifrado en China. Por supuesto, las empresas tecnológicas que hacen negocios en ese país están en contra de este proyecto de ley.

Sin embargo, hay quienes, con un trazo de pluma, pueden implementar el proyecto de ley de Hawley. El presidente Donald John Trump puede usar sus amplios poderes al amparo de la Ley de los Poderes Económicos de la Emergencia Internacional de 1977 para prohibir a las empresas que acaten las perniciosas nuevas normas o almacenen sus datos en China.

La lógica de esa orden presidencial tan radical es que al pueblo estadounidense le interesa que China no se haga con el control de las empresas estadounidenses que operan allí, una probable consecuencia de la aplicación de las medidas del 1 de diciembre y el 1 de enero.

Esa orden de emergencia obligaría efectivamente a las empresas estadounidenses a salir de China, así que este paso sería drástico. Sin embargo, es China, con su captura de datos increíblemente ambiciosa, la que está forzando esa cuestión.

El pueblo estadounidense tiene un interés vital en la protección de los datos estadounidenses. Trump debería emitir dicha orden de inmediato.

(Gatestone Institute)


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Cartas desde Colombia: España no es un Estado Fallido (aún)

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Manifestación en favor de la unidad de España en Barcelona en octubre de 2017 Carlos Arturo
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Carlos Arturo Calderón Muñoz*. Aprovechando la tribuna que tan generosamente se me presta en este medio, quisiera poner en perspectiva algunas de las afirmaciones que don Armando Robles ha realizado en el programa Alt News de Santiago Fontenla. En el espacio radial de Cadena Ibérica, don Armando ha dado una serie de argumentos para afirmar que España es un Estado fallido. Aunque los datos proporcionados son auténticos, creo que no muestran con toda justicia la realidad española. Usando mi nación como punto de referencia, quisiera hacer algunas comparaciones de índole material.

Empecemos por eso que, según las moradas pañuelo verde, es un derecho quitar, la vida. En Colombia la mortandad infantil es de 13,02 por cada 1.000 nacimientos, mientras que en España es de 3,3. La expectativa de vida es 74,5 años en Colombia y 83,4 en España. Puede que eso de vivir 9 años más en España que en Colombia se deba a que por cada 100.000 habitantes en Colombia matamos a 24,3 personas y en España sólo 0,6.

En lo que a educación se refiere, en Colombia el 56% de las personas nunca terminaron el bachillerato y sólo el 22% llegan a tener un titulo universitario; en España, por otra parte, la tasa de acceso a la educación superior es del 47%. Los ingresos que genera esa educación también son un poquito dispares. La renta per cápita en Colombia es de 5.599 euros, mientras que en España de 24.970.

En cuanto a infraestructura, podemos decir que a pesar de que Colombia es el doble de grande que España sólo tiene 299 kilómetros activos de vías férreas, mientras que la madre patria cuenta con 15.618. Colombia tiene 2.279 kilómetros de carreteras de doble calzada, mientras que España tiene 15.048 kilómetros de autopistas y autovías (El tercero del mundo). Los puertos colombianos mueven 3,9 millones de contenedores al año, los españoles casi 17,2 millones…

…Y un larguísimo etc. En casi todos los datos relevantes para determinar el desarrollo de una nación, España es aplastantemente superior a Colombia. A pesar de las ineficiencias del Estado colombiano, no puedo decir que sea fallido. Para que un Estado sea fallido, debe encontrarse en un nivel de descomposición tal que todos los indicadores de progreso, como los del IDH, vayan en caída libre. Pero igual el concepto mismo es bastante subjetivo, así que se pueden tomar en cuenta otras variables.

En el caso de Colombia estamos muy por detrás de España, pero llevamos décadas mejorando nuestra realidad. Lo siguiente les va a sonar super raro, sobre todo porque su capital sólo tuvo 20 homicidios el año pasado, pero en 2018 celebramos porque en Bogotá “sólo” tuvimos 1041 asesinatos ¿y saben por qué? Porque es la tasa más baja en 49 años, “sólo” 12.7 muertos por cada 100.000 habitantes.

En 1990 éramos el país con la más alta tasa de homicidios en el mundo, para este año hemos reducido en un 65% esa cifra. Desde 2015 la educación se convirtió en la cartera más importante del Estado y para 2020 se aprobó el presupuesto para la educación más alto en toda la historia del país. ¡Por fin! después de tener que deshacernos de Pablo Escobar, el Cartel de Cali, el Cartel del Norte del Valle, los paramilitares y de reducir a irrisorias proporciones a las FARC, ELN y EPL, podemos gastar más en libros que en guerra.

Llevamos ya casi 20 años de sostenido crecimiento económico, con una inflación controlada y cada vez mayor poder adquisitivo. Mientas el promedio de crecimiento económico para la mal llamada América Latina es de 0.6%, nosotros lo hacemos al 3.3% Fuimos la economía más dinámica de Sur América este año y lo seremos el próximo. Hemos duplicado nuestra infraestructura y el acceso a la educación superior en sólo 10 años; todas las tasas de enfermedad y mortalidad están a la baja, y ya más de 127 países en el mundo no nos piden visa, en los años 90 hasta nuestro presidente tenía prohibido entrar a USA.

A este paso, en 15 años, Colombia estará a la altura de Chile, que después de Estados Unidos y Canadá es el país con mejor calidad de vida del continente, todo eso a pesar de que estamos dando refugio a casi 2 millones de hermanos venezolanos. Por cierto, Venezuela nos ayudó durante décadas, incluidos los periodos más oscuros y violentos. Pueden seguir llegando, los recibiremos hasta que puedan recuperar su nación.

Hablando de Venezuela, eso es un Estado fallido. Una nación en donde la gente literalmente muere de hambre, donde matan perros callejeros para comer, la electricidad falla todos los días, los hospitales no tienen doctores y con una inflación que, según muchos expertos, llegará al 500.000% en 2020.

Es cierto que España no ha tenido el mejor manejo económico y social después de Franco. Pasó de estar en el top 10 de las potencias económicas a la casilla 14, dejó de ser una nación industrializada, perdió soberanía política frente a las autonomías y soberanía monetaria y jurídica con la UE; también la matonea Marruecos, mata casi 100.000 bebés al año, la natalidad está en picada y de una deuda externa inexistente se ha llegado a una que casi duplica al PIB. Todo eso es verdad, sin embargo, España no es un hueco tercermundista.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, en el presente año España quedó en el puesto número 1 en el índice de salud. Con un puntaje de 92.75 sobre 100, es la nación más saludable del planeta; para 2040 tendrá la expectativa de vida más alta del mundo (Los hábitos japoneses ya no se ven tan perfectos).

Desde 2017 España es el país número 1 en el mundo en gestión de infraestructura, 8 empresas españolas están en el top 32 de gestión de concesiones en el planeta. Según la FAO, desde 2013 España es el primer puesto en exportación de frutas y hortalizas frescas a nivel mundial. España también es el cuarto exportador de productos televisivos en el mundo y el quinto en exportaciones generales de Europa.

España es el segundo país que recibe más turistas en el planeta, España es el país con la mejor fibra óptica de Europa, España es el primer país de Europa y el tercero en el mundo con más vías férreas de alta velocidad, España es el país con mayor capacidad de almacenamiento de energía proveniente de fuentes renovables en toda la tierra, España es la nación que más trasplantes de órganos y la que voluntariamente dona más órganos per cápita en el mundo y un gigantesco etc.

Es cierto que en el gobierno democrático España perdió posiciones en riqueza, soberanía y otras áreas importantes. Pero también es verdad que han sido gobiernos posteriores a Franco los que han logrado las cifras de los párrafos anteriores. La de turismo dice mucho, la gente no visita masivamente cuchitriles miserables, por naturaleza buscan la belleza y sin lugar a dudas muchas de las ciudades más espectaculares de la humanidad están en España. Madrid es un referente urbanístico en todo el planeta y eso se ha logrado con las gestiones del PP.

Aparte de sugerir que España es un Estado fallido, don Armando también declaró que la independencia catalana no se dio porque ningún país la reconoció. Pero la razón por la que no lo hicieron fue porque más de un millón de catalanes, ¡Catalanes! Se tomaron Barcelona para decir que son españoles y a ver quién los obliga a dejar de serlo. El pueblo español es lento como nadie, siempre reacciona al final, o después, y fue cuando se hizo esa declaración de independencia, cuando parecía que la cosa sí era en serio, que se les despertó la genética y salieron con ganas de bronca. Por eso se echaron para atrás la UE y demás naciones enemigas. Ni por el carajo querían cabrear a esos que tienen antecedentes históricos de ser invencibles.

Pero, después de esas gigantescas marchas, hemos tenido un indicativo más fuerte de que los españoles tienen ganas de reconquista: ¡VOX! Ese partido es disidencia controlada pura, es el plan de emergencia de los globalistas y tuvieron que sacarlo porque resulta que más de 3.6 millones de españoles tienen la sangre muy caliente. Si ese partido fuera auténtico, al menos al nivel de Orban, ya habría sobrepasado al PP y en muy poco se llevaría por delante al PSOE.

Es innegable que España ya no tiene un norte moral, carece de una fe que le sirva de base. A diferencia de los jóvenes musulmanes que aman con locura a Alá, los miembros del IDF israelí, las orgullosas juventudes católicas polacas o el fanatismo de las admiradoras de Putin. Los jóvenes españoles no tienen ni idea de los visigodos, pero no se pierden un vídeo de AuronPlay o el Rubius. Es tanto el bienestar material logrado por España, que ha desaparecido el sentido de la trascendencia.

Es esa deriva zombie la que crea la ilusión de que España está acabada. Espejismo reforzado por los incontestables hechos que sugieren una muy posible independencia catalana. Si a eso le sumamos, que la potencia económica española depende de la piedad del Banco Central Europeo, que en cualquier momento puede mandar al traste la estabilidad nacional, es completamente comprensible que muchos españoles crean que ha llegado el final de la nación.

¡Pero España siempre ha sido así! Siempre ha sido una nación orgullosa que cree que todo lo puede lograr, por eso siempre deja que todo se valla al mismísimo infierno antes de ponerse seria. A España le encanta hundirse en los abismos, la situación actual es grave, pero no es ni de cerca lo peor que le ha pasado a la nación. La reconquista se demoró tanto porque los reinos cristianos pasaban más tiempo peleándose entre sí que con los moros. Las amigas de Juana la Galana derrotaron a los soldados de Napoleón echándoles agua caliente. En la guerra civil eran millones de españoles valientes y muertos de hambre contra millones de españoles valientes y muertos de hambre. Y antes de todo eso, le dieron tres emperadores a Roma justo después de ser una tribu sin oficio ni beneficio.

No creo que este fatalismo sea apropiado. 20 años no es nada, diría el tango. España está en sus ciclos de siempre, apuñalándose a sí misma para luego resucitar (Con razón les gusta tanto el toreo y el catolicismo). Puede que no veamos el nuevo siglo de oro de la hispanidad, pero llegará eventualmente.

Los tiempos humanos son muy cortos, pero en perspectiva histórica la cosa está como siempre. España no ha desaparecido, sigue ahí, latente en la sangre de decenas de millones de ibéricos. Son grandiosos guerreros, pero endemoniadamente lentos. Los moros, Napoleón y Stalin fueron derrotados después de que se habían tomado el país, no antes. España no ha reaccionado porque todavía no es el momento, todavía no la destruyen.

*Desde la hispanísima Colombia


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