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Repetición de elecciones: ¿Vuelve el bipartidismo imperfecto?

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Es evidente que estamos viviendo todo un despropósito político que nos tuvo sumidos en cierta inestabilidad política desde Diciembre de 2015 y no sólo política, sino dando señales de alarma, otra vez, en el campo socioeconómico desde Junio de 2018. Ya he dejado constancia en mis tres últimos artículos, y no pocos anteriores, lo que a mi juicio y en buena parte ha llevado a la situación actual, que se remonta al principio de la transición por no haber cerrado bien el marco -la Constitución Española- algunos o por no haber hecho bien la tarea -por acción o por omisión- unos y otros desde entonces. No voy a repetirlo y ahí está la hemeroteca para consultarlo.

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Cierto es también que “los dos grandes partidos”, el PSOE por acción con sus políticas erráticas y el PP por omisión y también con decisiones -como la suspensión en Marzo de 2001 del Servicio Militar- que en mi opinión hubieran requerido cierta gradualidad en la medida y otras que no tomó a tiempo -como la tan necesaria reforma educativa o la derogación en su segunda oportunidad de la nefasta Ley de Memoria Histórica-, han sido “los dos grandes actores” del desaguisado impulsando o permitiendo que se fuera deteriorando la base fundamental de una sociedad, la Educación, dejada en manos de la izquierda y los nacionalismos periféricos y separatistas que poco a poco se fue convirtiendo en adoctrinamiento y lo peor, se fue contagiando a otras regiones que nunca tuvieron el más mínimo interés “particularista” e identitario fuera de la generalidad inclusiva de lo español.

El nuevo siglo y un premeditado atentado -pretendidamente terrorista- para cambiar el signo del buen comienzo que suponía continuar las políticas del PP de José Mª Aznar, nos dejó primero la crisis de la izquierda, después de una desastrosa etapa de siete años largos con un descerebrado contador de nubes -resentido y sectario- al frente de un gobierno desnortado que volvió a despertar las dos Españas de Antonio Machado y dieron como resultado una descomunal ruina moral, social y económica que propiciaron la aparición de un movimiento social callejero que fue utilizado por la ultraizquierda comunista más rancia para crear un caldo de cultivo que pasaría factura años después y que quiso ser aprovechado -si no impulsado- erróneamente por la derecha para acabar con su hasta entonces único oponente, en lugar de hacer bien los deberes que le habíamos puesto casi once millones de españoles, que sí que habría acabado con el PSOE para varias décadas en espera de su necesitada renovación. Esa crisis de la izquierda socialista dio lugar a la aparición en el escenario político de dos nuevos actores, uno socialdemócrata moderado, Ciudadanos, que después perdió la brújula y otro de izquierda comunista radical y “anticapitalista”, Podemos, que ya llegó pervertido al sistema a los que se unió un tercero como “extra”, VOX, que se quedó en “aborto” porque ya venía trufado con las luchas internas características de la derecha vividora española. Pero no haber hecho bien los deberes trajo cuatro años después la crisis de la derecha, en dos fases a cual peor, que también quiso ser aprovechada por la izquierda socialista para recuperar, con fórceps y respiración asistida, desde la incubadora, el “aborto” antes citado.

Parecía en 2015 que se había acabado el bipartidismo imperante hasta entonces al repartirse el grueso de la Cámara Baja entre cuatro partidos -franquicias de uno de ellos incluidas- con la ponzoña constante de nacionalistas vascos y catalanes, estos últimos crecidos al no haber tenido la respuesta adecuada en Noviembre de 2014, pero el inestable resultado dio lugar a la repetición de elecciones seis meses después, en las que la “derecha” salvó los muebles aunque el daño estaba hecho.

El ensayo pluripartidista no terminó de funcionar, como era previsible teniendo en cuenta el bajísimo perfil profesional, si no humano, de los principales líderes y equipos llegados al Congreso por una mezcla de populismo, oportunismo y cambio de chaquetas desde la frustración de no pocos que ya habían probado las mieles de la “profesión” de político y se agarraban al clavo ardiendo del que le diera cobijo cuando se vieron descabalgados de las listas de su “elector digital” y eludo nombres porque correría el riesgo de convertir este artículo en una edición breve de la guía telefónica.

¿Cómo se puede fiar nadie, pasada la “euforia” del cambio por el desencanto, de uno -Albert Rivera- que nunca iba a votar ni … ni…. y pactó después con los dos en menos de seis meses? ¿De alguien que se presenta en Cataluña “para ocupar el espacio de centroizquierda” y cuando ve caladero en el centroderecha por el soberano cabreo con Rajoy, se hace progresista liberal y “negocia” con uno u otro según convenga a su “estrategia” electoral en cada momento y región? El desfile de deserciones de los últimos meses deja claro que no soy el único que no se fía. Francesc de Carreras (uno de los fundadores), Toni Roldán, Francisco de la Torre -no confundir con el buen Alcalde de Málaga- o Javier Nart -éste último sin dejar el escaño europeo, que eso gusta, pero ese es otro tema que habrá que abordar- parece que tampoco se fían mucho del presidente elegido por orden alfabético.

¿O cómo alguien en su sano juicio puede fiarse de un comunista -razón ya suficiente para desconfiar- como PabLenin Iglesias, que nada más llegar al primer plano público desde una financiación poco clara, procedente “aparentemente” de regímenes nada recomendables -Irán, Venezuela o Bolivia-, “se olvida” de su “principio de “todo para el pueblo” -pero sin el pueblo, claro- y al verse instalado en el sistema “se” compra un casoplón en Galapagar -se dice que a mitad del precio de mercado allí-, en la Sierra Noroeste madrileña, una de las más caras de la provincia? ¿De alguien que sin oficio ni beneficio académico o profesional demostrado más allá del adoctrinamiento personal y universitario recibido, pretende convertirse de la noche a la mañana en salvador de la izquierda española?

Evidentemente, con esos mimbres pocos cestos se podían hacer y la inestabilidad salvada por la campana el 26-J de 2016 pero que dejaba una peligrosa suma de intereses antiespañoles en el hemicirco terminó, como era previsible desde el hartazgo del 20-D de 2015 ante un partido de izquierda medio roto y uno de derechas incumplidor y decepcionante, con lo que llegó el 1-J de 2018, una moción de censura apoyada en los enemigos de España que puso en Moncloa al más chulo -al tiempo que más falso (Dr. Plagio) y falto de escrúpulos (abuso de medios públicos)- de la historia de la democracia, Pedro Sánchez, que empezaba a hacer menos malo -nunca bueno- al que clonaba, el amigo de Pedro J. Ramírez, cuyo nombre omito como pequeña satisfacción personal.

Lejos de solucionar nada, ese escenario todavía cuatripartito, con el veneno nacionalista siempre presente, sólo podía producir la parálisis política y el deterioro de lo único bueno de los seis años y medio anteriores, la situación laboral y económica en franca recuperación, que es lo único que sabe hacer bien la derecha -ya sé que no es poco, pero a todas luces sí insuficiente a la vista de los resultados- y de nuevo el ridículo internacional tapado con un “carguillo” devaluado en Europa. Y como “cualquier situación mala es susceptible de empeorar” (Ley de Murphy) llegaron unas nuevas elecciones anticipadas que, lejos de solucionar nada, acabaron de completar el despropósito con un nuevo actor invitado, VOX, que ya citaba antes y que llegaba para romper más aún la derecha y “ayudar” a dar la patada en el trasero de Pablo Casado que todavía no habían dado del todo al PP de Rajoy y Sáenz de Santamaría -la mala del tándem-. Y esta llegada me lleva a añadir otra pregunta que completa las dos anteriores ¿cómo se puede fiar nadie de un partido que casi había desaparecido liderado por un vividor de la política que traicionó cuatro años antes a los que generosamente lo recogieron de la calle en la que lo dejaba el PP, un charlatán populista y con escaso bagaje personal y político, acompañado de gente poco transparente e incluso con antecedentes de “irregularidades” fiscales, que llegaba cargado de venganza personal e impulsado por la izquierda precisamente para lo que hizo, romper aún más a la derecha? Lo cierto es que se fiaron de este partido más de los que debieron aunque muchos menos de los pretendidos, que se quedaron en la mitad en cuatro semanas, pero el objetivo estaba cumplido y la derecha más rota que dos años antes.

Y llegados aquí, parece que estamos abocados a una nueva llamada electoral que si Dios no lo remedia -y me temo que tenga cosas más importantes que atender- o el sentido común -tan poco demostrado hasta ahora en España- no se impone, puede dar como resultado una vuelta al bipartidismo imperfecto, pero más imperfecto de lo que fue hasta 2011, porque seguirá necesitando apoyos que hasta ahora se han demostrado inútiles cuando no nocivos si se trata de los del nacionalismo, cada día más separatista y mercenario.

Ante esta delicada situación, vuelvo a llamar al Sentido de Estado desde una posibilidad que ya propuse en Enero de 2016 tras el batacazo de Rajoy en 2015, un Gobierno de Transición presidido por un independiente de reconocido prestigio propuesto por el Rey -Artículo 99.5 y 99.1 de la Constitución, por este orden- para abordar las urgentes reformas que el sistema necesita -Ley Electoral, de Partidos, Senado, Educación, Justicia, Sistema Autonómico… por citar sólo algunas de las muchas ya muy repetidas- y sanear nuestra pervertida y perversa democracia. Aportaba entonces los nombres de Manuel Pizarro y Pablo Isla, ambos de acreditado prestigio en la Administración y en la empresa privada y añado ahora otros posibles candidatos desde la perspectiva de mi ya conocida pertenencia al Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad San Pablo CEU por la que además de sus más de trescientos miembros pasan cada año muchos y reconocidos ponentes de altísimo nivel humano, profesional y político.

Sin ser exhaustivo podría citar no menos de una docena de nombres relevantes, pero me voy a limitar a dos de diferentes generaciones, para no ponerlo muy difícil al proponente y al mismo tiempo ofrecerle dos alternativas igualmente válidas y desde luego complementarias. Me refiero a su Presidente, José Manuel Otero-Novas, Abogado del Estado entre otras cosas y miembro de los dos primeros gobiernos de Adolfo Suárez, Ministro de Presidencia primero y de Educación después y buen conocedor de aquellos primeros pasos que después de su salida se torcieron hasta no parecerse hoy en prácticamente nada al proyecto de 1978 y a uno de sus miembros más destacados, Alfredo Dagnino, Letrado del Consejo de Estado y que fue Presidente de la Asociación Católica de Propagandistas y de la Fundación San Pablo CEU, además de Consejero Delegado del Grupo Intereconomía y Director de un prestigioso despacho legal. Cualquiera de los dos, o ambos, podrían encabezar esa iniciativa transitoria y formar un magnífico Gobierno de concentración que pusiera en orden este magnífico país que es España hasta que ese bipartidismo imperfecto se perfeccione porque el abanico de partidos no funciona aquí.

Del resto de asuntos, como el aumento del presupuesto del Plan África del gobierno en funciones para dar más contenido al forzado e inmerecido contrato de la “primera damisela”, la iDIotADA separatista con Himno Nacional incluido a la que el aniversario del 11-S neoyorquino le quitó protagonismo ayer o el falso teatro de dos pésimos actores como Sánchez e Iglesias, entre otras muchas cosas, ya hay bastante en la prensa. Sólo queda que Dios reparta suertes.


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Li Wenliang, primer mártir del coronavirus

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El sistema dominante chino utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas por el Politburó chino, técnicas que habrían logrado el encefalograma plano de la sociedad china actual, conciencia acrítica favorecida por la asfixiante censura ejercida por el Gobierno en Internet que aunado con el finiquito del código deontológico periodístico habrían convertido a la mass media china en mera correa de transmisión de los postulados del Partido Comunista chino.

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Sin embargo, la falta de adopción de medidas profilácticas por las autoridades chinas en los casos de contaminación del aire, la falta de previsión en la crisis de la peste porcina que habría aumentado los precios de la carne de cerdo hasta límites estratosféricos y la reciente irrupción de la pandemia del coronavirus (con sus consiguientes efectos colaterales en forma de oscurantismo informativo, cuarentenas de ciudades, falta de material médico, paralización de la actividad productiva y episodios de desabastecimiento de alimentos), podría provocar el final del endémico aislamiento y pasividad del individuo sumiso y acrítico que conforma la actual China.

La teoría del Cisne Negro fue desarrollada por Nicholas Taleb en su libro “El Cisne Negro (2010) en el que intenta explicar “los sesgos psicológicos que hacen a las personas individual y colectivamente ciegas a la incertidumbre e inconscientes al rol masivo del suceso extraño en los asuntos históricos”, lo que explicaría el proceder del Politburó chino ante la actual epidemia de coronavirus. El pensamiento del Gran Líder, Xi Jinping, sería rígido e incorregible lo que le impele a no tener en cuenta las razones contrarias (ausencia de la necesaria empatía para conectar con la angustia y desolación que embarga a la sociedad y china ante el apocalíptico coronavirus que los asola) y tan sólo recogería datos o signos que le confirmen el prejuicio para convertirlo en convicción, lo que se plasmaría en la imposición de una censura total en las informaciones sobre el coronavirus en Internet que estaría provocando la creciente desafección de la sociedad china respecto de los cuadros políticos del Politburó chino.

Así, estaría ya surgiendo un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia crítica, sustentado en valores caídos en desuso pero presentes en el código atávico chino como el respeto al medio ambiente, la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes y dispuesto a quebrantar las normas y las leyes impuestas por el Partido Comunista, de lo que sería paradigma el joven bloguero Chen Qiushi que se encarga de radiografiar la angustia de Wuhan a través de sus vídeos colgados en Youtube y que logran burlar la censura del Gobierno chino a través de las VPN que permiten conectarse a un servidor de Internet en el extranjero. Finalmente, el fallecimiento del doctor Li Wenliang, (represaliado por la censura del Partido Comunista Chino y considerado por la sociedad china como el primer mártir del coronavirus), terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica de la sociedad china (consumismo compulsivo), no siendo descartable la aparición de manifestaciones de protesta espontáneas integrados por ciudadano hastiados de la incompetencia de los cuadros dirigente del Partido Comunista y de la falta de las mínimas libertades democráticas, movimientos que irán in crescendo y harán oscilar en sus valores al otrora monolítico Partido Comunista chino.


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Un melancólico San Valentín

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Yo que pensaba que San Valentín era una especie de Día del Orgullo de las parejas de toda la vida, pues resulta que no, que después del día o de la semana del Orgullo Gay, se han propuesto hacerse supervisibles y se están alzando también con San Valentín. Es un día en el que a los del resto de sexualidades, les encanta lucir su amor. Les gusta que se les vea. Creo que se lo exigen mutuamente, como una especial muestra de amor.

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Es que tanta exhibición mosquea un rato. Al final vas a parar al “dime de qué presumes, y te diré de qué careces”. ¿Presumir de “normalidad”? ¿Y cómo hace uno para “lucir” su normalidad? ¿Llamando la atención? Pues debe ser eso. Comparemos simplemente cómo ‘se manifiesta’ y cómo se celebra el día de la pareja de toda la vida (San Valentín o San Jordi), y cómo se ostenta, se exhibe y se celebra el día de las parejas homosexuales y de las demás sexualidades sobrevenidas. Uno ve y compara, y lo único que puede decir es que aquí pasa algo: cualquier cosa menos la normalidad que se intenta vender. En esa celebración hay algo de patológico, mucho de histérico y bastante de histriónico. Un esfuerzo totalmente desmesurado y anormal por lucir normalidad y presumir de igualdad social y sociológica con la pareja de siempre. Lo grave es que si comparamos la actuación pública con la política aplicada, estamos exactamente en lo mismo: en un esfuerzo tremendo por apabullar a la opción más “normal” (la del tropecientos por ciento), por imponerse sin contemplaciones, por ejercer contra esa desventurada opción, toda la presión que se pueda.

No sólo eso, observen el libro de estilo de los medios. Lo único que muestran éstos con enorme fruición respecto a la pareja estadísticamente normal, es su crítica, son sus patologías, son sus anomalías, son sus crímenes: como si fuesen exclusivos de la forma de relación “anticuada”.

Está bien claro que las manifestaciones no son iguales. Ni las manifestaciones ni desde luego las políticas. La “manifestación” de las parejas mayoritarias es alegre, tranquila, sin estridencias. Ni San Valentín ni San Jordi son manifestaciones estentóreas (o como decía Gil y Gil, “ostentóreas”). Lo único (que tampoco está mal) es su bien calculada comercialización. En cambio, tanto las manifestaciones como las políticas en pro de las formas de sexualidad “diferente” son estridentes a más no poder: esas minorías manifiestan un empeño muy sospechoso por alzarse con lo que corresponde a la mayoría; por imponerle a la mayoría, sobre todo a través de la educación, lo que son formas de ser o de actuar propias de ínfimas minorías.

¿Por qué no se celebran el día del orgullo de ser hombre o de ser mujer, de ser padre o de ser madre, o de ser mecánico o abogado, y sin embargo hay que imponerle a toda la sociedad el día del orgullo de ser gay? Sí, ya sé cuál es la respuesta: es que estaban en el armario y se han destapado. Pero sigo con la pregunta: eso que exhiben con el “orgullo” es lo que tenían escondido y tanto necesitaban destapar? ¿Era eso? A los del otro bando nunca se les ocurrió que para sentirse bien consigo mismos necesitasen hacer una gran exhibición de carácter marcadamente pornográfico. Esos extremos, que siempre han existido, los tenían preservados en ambientes más o menos reservados. No sentían la necesidad de exhibirlos en plena calle. Por eso es normal que todo el que no es de ese “tarannà” que dicen en catalán, mire esas exhibiciones, esos aspavientos y esos nuevos “derechos” tan especiales, tan exclusivos y que incluyen además de la exhibición de lo que todo el mundo entiende como pornografía, el derecho de pernada sobre los que no son de la colla. Con el resultado de una enorme preocupación sobre todo por parte de los que tienen hijos menores; y justamente por eso, en muchos casos la reacción es de fobia: es decir de miedo. Un miedo que por lo que vamos viendo, no es nada gratuito. ¿Quién le pone barreras al miedo? Otra cosa es que las fobias, es decir los miedos, se conviertan en odios como acto reflejo de defensa. No estaría nada mal de todos modos, estudiar cuál es la carga de misantropía, de odio al hombre, que caracteriza a todas esas manifestaciones cuyo objetivo no es la auto-defensa, sino la hetero-ofensa.

Pero tampoco es todo de color tan oscuro. Porque ni siquiera el mundo gay y arcoíris, con un invento de sexualidad distinto para cada color de la luz, ni siquiera ese mundo todo él, está de acuerdo con esa tremenda manifestación del orgullo y del poder gay.

Sobre todo del poder. Porque no todos los que viven esa tendencia, se sienten a gusto con esas exhibiciones ni se identifican con ellas. Ni tampoco están seguros de que el poder que tienen hoy, vayan a tenerlo siempre. Por eso les gustaría vivir su singularidad con la misma discreción con que viven su sexualidad la inmensa mayoría de la gente.
Y sobre todo, lo que tiene recelosa a muchísima gente, es ese empeño por exigir que se eduque homosexualmente o transgenéricamente a los niños casi desde la guardería. Y que no sean sólo los “niños homosexuales” o los “niños transgénero” los que reciban una educación homosexual o transgénero, sino que sean todos los niños. A la fuerza, sin derecho a discrepar. Poco, muy poco tiene que ver esto con la libertad. Y obviamente es una fuente inagotable de fobia, es decir de miedo que, si se exacerba puede degenerar en odio, un odio tan corrosivo como el de la misantropía. Con el miedo (es decir con la fobia) se puede vivir, aunque no siempre. Con el odio, el choque es inevitable.

Los argumentos para actuar de este modo, es decir para imponer a todos la supuesta libertad de unos pocos que pretenden que todos nos igualemos a ellos, por ahí andan sueltos. En la educación, argumentan, algo hay que forzar y disciplinar al niño para que aprenda gramática, aritmética, ortografía y si se puede caligrafía. Algo hay que forzarlo.

¿Qué tiene pues de extraño o abusivo que se le fuerce también para darle una correcta educación sexual? Porque si no se hace así, ¿cómo se conseguirá que “se normalicen” la homosexualidad o el transgénero o todas las demás formas de sexualidad, todas ellas igual de legítimas y por tanto igualmente dignas de ser incluidas en la enseñanza obligatoria desde la infancia? Y en eso andan, en la reivindicación de su derecho a forzar a toda la población, empezando por la infancia, a ver con absoluta normalidad y a aceptar hasta con cariño y deleite todos los géneros sexuales existentes y por existir (no sé muy bien dónde tienen colocados el sadismo y el masoquismo, que también se aprenden a base de práctica: como las matemáticas).

Pero nada, estamos en San Valentín, en la fiesta de la humildad, discreción y gozo contenido del amor de toda la vida, del amor perseguido, que ahí es donde se lució San Valentín, casando a las parejas -varón y mujer, claro- a las que el emperador romano les prohibía casarse. Y por esa “desobediencia” fue decapitado. En fin, San Valentín, sin comerlo ni beberlo, ha venido a ser el símbolo de la resistencia de las uniones de toda la vida, frente al poder, al inmenso poder con que quieren educar a nuestros hijos los demás modos, que empiezan en la L, siguen en la G, continúan en la T, aparcan en la B, para reemprender el camino hacia el resto de letras del abecedario y doblando letras, porque se les han agotado. Frente a esa marabunta, ahí está San Valentín velando por las parejas de toda la vida.


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Clases de Tropa: Imposibilidad de fundar una familia

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Si bien el término “pobreza” tiene muchos significados y abarca una infinidad de situaciones, es aceptable definirlo como “la situación de aquellos hogares que no logran reunir, en forma relativamente estable, los recursos necesarios para satisfacer las necesidades básicas de sus miembros (…)” (CEPAL / DGEC, 1988a). A ello puede agregarse que “la pobreza (…) es un síndrome situacional en el que se asocian el infraconsumo, la desnutrición, las precarias condiciones de vivienda, los bajos niveles educacionales, las malas condiciones sanitarias, una inserción inestable en el aparato productivo o dentro de los estratos primitivos del mismo, actitudes de desaliento y anomía, poca participación en los mecanismos de integración social, y quizás la adscripción a una escala particular de valores, diferenciada en alguna manera de la del resto de la sociedad” (Altimir, 1979). Estas definiciones son compatibles con al menos dos mecanismos para determinar cuáles hogares son pobres, proceso conocido como de “identificación” de los pobres. Una primera posibilidad es evaluar directamente si los hogares han logrado satisfacer sus necesidades básicas, encuestándolos sobre los bienes y servicios de que disponen. La segunda alternativa consiste en medir los recursos del hogar, usualmente sus ingresos o sus gastos, y estimar si estos son suficientes para que el hogar pueda gozar de un nivel de vida aceptable, de acuerdo con los estándares sociales prevalecientes (Feres y Mancero, 1999).

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¿Cuántas necesidades de las personas pueden o deberían satisfacerse? El tamaño de los hogares varía entre un trabajador y otro, y también a lo largo de la vida de cada trabajador. En efecto, durante la vida útil de una persona, es normal que la familia de un asalariado comprenda tanto personas adultas como personas a cargo. Al respecto, ¿cuántas son las personas a cargo? ¿Cuántas necesidades de las personas deberían satisfacerse? Teniendo en cuenta la multiplicidad potencial de situaciones, ¿cuál es el mejor enfoque para estimar el tamaño de un hogar? A continuación, se presentan tres opciones posibles:

‐ adoptar el tamaño medio nacional (3 miembros según el estudio del BBVA, “La evolución de la familia en España”, 2001)
‐ considerar que un hogar formado por dos adultos y dos menores de edad es una estructura que garantiza la reposición de la población.

‐ adoptar el tamaño medio de los hogares con menores ingresos, teniendo en cuenta que el salario mínimo se destina por lo general a proteger a estos grupos, y que los hogares más pobres tienden a tener más miembros.

Independientemente de la opción que se elija, el tamaño del hogar también debería ajustarse ponderándolo en función de las menores necesidades de consumo de los niños y de las economías de escala. En efecto, la línea de pobreza para una familia de cuatro personas no es equivalente a cuatro veces la línea de pobreza para una persona, ya que, por ejemplo, los niños consumen menos calorías y se necesita sólo una vivienda (y no cuatro viviendas, una por cada miembro de la familia de cuatro personas). Hay diferentes maneras de tener cuenta las diferencias en el consumo y las economías de escala. Un ejemplo de fórmula de ajuste es: E = (A + α 〖K)〗θ , en que A representa el número de adultos, K es el número de hijos a cargo, α representa el gasto de un niño en relación al gasto de un adulto, y θ representa las economías de escala en un hogar determinado. Otra opción consiste en utilizar la escala de equivalencia de la OCDE, que asigna un valor de 1 al primer miembro de la familia, un valor de 0,7 a cada adulto adicional y un valor de 0,5 a cada niño.

Para el año 2019 el Consejo de Ministros a través del Real Decreto 1462/2018 de 21 de Diciembre de 2018 ha fijado el Salario Mínimo Interprofesional en los siguientes valores:

• Salario Mínimo diario: 30,00€
• Salario Mínimo mensual: 900,00€
• Salario Mínimo anual: 12.600,00€ (14 pagas)
• SMI Empleados de Hogar: 7,04€ por hora
• SMI eventuales y temporeros: 42,62€ diarios

A día de hoy, las clases de tropa de nuevo ingreso y hasta los contratos de larga duración inclusive, tienen un sueldo entre 900 y 1000 euros líquidos, incluyendo todos los complementos.

Por otra parte, el 35% de los jóvenes de entre 25 y 34 años que viven en España no ha logrado terminar el bachillerato ni su FP equivalente, porcentajes que se elevan en el personal de los Ejércitos hasta cifras insoportables para su posterior cualificación. El porcentaje es uno de los más elevados de la OCDE y dobla la media (el 16%) de los países analizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

El nivel de estudios alcanzado es determinante a la hora de encontrar empleo de calidad y salarios más altos. Según la última Encuesta de Población Activa, la tasa de paro entre los universitarios es de un 11,6%, frente a la media del 20%. A medida que la formación disminuye, aumenta el paro. Así, más de una cuarta parte de quienes no acabaron la Educación Secundaria Obligatoria están desempleados.

La formación es clave para lograr un hueco en el mercado laboral. La tasa de paro varía mucho según el nivel de estudios alcanzado. En el caso de los considerados analfabetos, el 43,07% está desempleado, un porcentaje que se va reduciendo a medida que se amplía la formación. Siguiendo este parámetro, el 38,15% de aquellas personas con estudios incompletos se encuentra desocupada. La tasa continúa cayendo en aquellos con educación primaria (33,15%) y se reduce al 26,7% para aquellos con la primera etapa de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

En los activos que completan el segundo ciclo de la ESO el desempleo es algo mayor entre aquellos con orientación profesional (21,06%), que incluye la formación profesional de grado medio, frente a aquellos con orientación general (19,10%). Pero en la cumbre formativa, entre los universitarios, solo el 11,6% engrosan las filas del paro, frente a una media nacional del 20%.

De la aparente contradicción que se produce al haber más paro entre las personas con formación profesional de grado medio que sin ella, se deduce que no necesariamente “a más formación, menor paro”. También hay que acertar con el enfoque de los estudios escogidos, ya que al especializarse también se pierden oportunidades laborales.

Y aquí es cuando la cosa entronca con los famosos ninis, que tanto empañan las estadísticas que hablan de recuperación económica en España. Es verdad que ya no somos el país con mayor porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan, como ocurría hace un par de años, pero la tasa durante 2016 fue del 23%, si tenemos en cuenta a los jóvenes de entre 18 y 24 años, y del 21,7%, si ampliamos el grupo a los de entre 15 y 29 años. Son todavía unas cifras muy altas, superiores a las de hace una década. Nos encontramos a la altura de México (21,8%) y superados por Grecia (23,5%), Italia (26%) y Turquía (28,2%).

El mayor porcentaje de paro se concentra en los menores de 34 años, y a partir de esa edad se mantiene entre el 15% y el 18%. Esta diferencia también se refleja en el salario anual de los trabajadores de 20 a 24 años (11.835 euros) inferior al de los trabajadores de entre 55 y 59 años (27.360,02).

Así pues, la posibilidad de encontrar pareja con trabajo que aporte otro sueldo antes de los 35 años de edad, edad media de las Clases de Tropa, es prácticamente imposible; por lo que una familia de tres miembros, media de las familias españolas, tendría que sobrevivir con 900-1000 euros al mes.

Aplicando la fórmula de la OCDE, debemos contar con un coeficiente de 2,2 salarios mínimos, 1+0,7+0,5, para mantener esa familia de tres miembros. Es decir, 1900 euros; muy lejos de las retribuciones mensuales que va a cobrar un soldado al mes en toda su vida militar como Clase de Tropa para mantener esa unidad familiar.

Necesidades humanas básicas

Se ha creído tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas; que están constantemente cambiando; que varían de una cultura a otra, y que son diferentes en cada período histórico. Pero tales suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual, que consiste en confundir las necesidades con los satisfactores de esas necesidades.

Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Además las necesidades humanas fundamentales son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, son la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.

Las necesidades fundamentales son: subsistencia (salud, alimentación, etc.), protección (sistemas de seguridad y prevención, vivienda, etc.), afecto (familia, amistades, privacidad, etc.) entendimiento (educación, comunicación, etc.), participación (derechos, responsabilidades, trabajo, etc.), ocio (juegos, espectáculos) creación (habilidades, destrezas), identidad (grupos de referencia, sexualidad, valores), libertad (igualdad de derechos).

Concebir las necesidades tan sólo como carencia implica restringir su espectro a lo puramente fisiológico, que es precisamente el ámbito en que una necesidad asume con mayor fuerza y claridad la sensación de “falta de algo”. Sin embargo, en la medida en que las necesidades comprometen, motivan y movilizan a las personas, son también potencialidad y, más aún, pueden llegar a ser recursos. La necesidad de participar es potencial de participación, tal como la necesidad de afecto es potencial de afecto.

Integrar la realización armónica de las necesidades humanas en el proceso de desarrollo, significa la oportunidad de que las personas puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos; dando origen así a un desarrollo sano, auto-dependiente y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se pueda conciliar el crecimiento económico, la solidaridad social, el crecimiento de las personas y la protección del ambiente.

Las necesidades humanas básicas referidas, deben constituirse en derechos inalienables del ser humano, ya que su posesión y práctica hacen a la dignidad del individuo y las comunidades, comunidad militar que se encuentra a niveles de pobreza.

*Teniente coronel de Infantería y doctor por la Universidad de Salamanca


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