Sergio Fernández Riquelme: "Vivimos una guerra política y cultural entre 'globalistas' y ‘soberanistas'" - ALERTA NACIONAL
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Sergio Fernández Riquelme: “Vivimos una guerra política y cultural entre ‘globalistas’ y ‘soberanistas'”

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Sergio Fernández Riquelme.
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Raúl González Zorrilla.- Sergio Fernández Riquelme, profesor titular de la Universidad de Murcia y director de la revista La Razón Histórica, historiador y doctor en Política Social, acaba de publicar bajo el sello editorial de La Tribuna del País Vasco su último trabajo, el libro Perfiles Identitarios, “un sencillo mosaico de líderes soberanistas actuales y futuros, desde los movimientos que han llegado al poder a los que se han quedado a las puertas, desde los partidos que han plantado la semilla identitaria a los que han sido simple flor de un día. Mosaico, eso sí, complejo y plural, más allá de lo que muchos creen y de lo que los medios de comunicación dominantes nos hacen creer”.

¿Qué objetivos se planteó a la hora de escribir este libro?

Fundamentalmente, dar a conocer, historiográficamente, el devenir y el impacto de estos movimientos identitarios en el mundo occidental, analizar sus éxitos y fracasos, señalando sus diferencias y puntos en común, su ideosincrasia nacional y las plataformas compartidas.

Todos los líderes políticos retratados en Perfiles Identitarios parecen tener orígenes y evoluciones muy diferentes. Pero, ¿qué comparten todos ellos? ¿qué tienen en común?

Todos ellos comparten, a mi juicio, un elemento que permite englobarlos en una concreta categoría de interpretación histórica, social y política: la reacción nacional a la identidad homogeneizadora del globalismo liberal-progresista, desde sus propias tradiciones políticas, sociales y culturales, con una concepción más o menos similar sobre los “valores tradicionales” y la primacía de los ciudadanos nacionales, con una posición semejante en el control de las fronteras y en el rechazo de las políticas de sustitución multiculturales, y ciertas coincidencias en la convicción de un mundo multipolar (geopolíticamente hablando).

Si tuviera que definir con una sola frase a cada uno de los líderes identitarios retratados en su trabajo, ¿cuál sería esta?

Donald Trump sería el peculiar e impactante regreso del “excepcionalismo” identitario norteamericano, ahora en clave muy mediática; Viktor Orbán, el líder del pretendido mundo cristiano y conservador europeo frente a la Unión Europea; Jair Bolsonaro el proclamado mesías del emergente evangelismo político iberoaméricano; Jarosław Kaczyński, la fortaleza inesperada del nacionalismo católico y social polaco; Alternativa para Alemania, la opción nacionalista más allá de la CDU y más allá de la historia condenatoria germana; la saga Le Pen, la eterna alternativa soberanista europea y francesa (en clave republicana y laicista); Matteo Salvini, la transformación exitosa y directa del soberanismo nacional y regionalista italiano; y Vox la incógnita sobre el futuro movimiento identitario español, en la cantidad de votos y en la calidad de su impacto.

¿Cómo ve usted el futuro a medio y largo plazo de Europa y de la civilización occidental? ¿Qué porvenir espera a nuestros hijos?

Toda civilización tiene fecha de caducidad; así nos lo muestra la Historia. Unas cambian y otras desaparecen, en función de la capacidad de sus elites para equilibrar tradición y modernidad en los procesos de desarrollo. Y cuando una sociedad decide abandonar o transformar radicalmente las primeras verdades (de la naturaleza ambiental, societaria o humana) la capacidad de adaptación es cada vez menor. Occidente parece caminar hacia un nuevo horizonte histórico donde algunos estratos sociales vivirán más y mejor, a costa de buena parte de la población con menos derechos y bienestar, con trabajadores autóctonos o foráneos convertidos en meros productores y consumidores sin capacidad de reivindicación y sin identidades cohesionadoras, con amplias zonas despobladas o convertidas en meros lugares turísticos para esos estratos, y con problemas medioambientales crecientes producto del sistema vigente. Los hijos de Occidente (que serán cada vez menos por la crisis demográfica), fuera de esos estratos dominantes (que eliminarán progresivamente los mecanismos de ascenso social) posiblemente vivirán con más ocio y cosas materiales de usar y tirar para no cuestionar el sistema que cada vez más desprecia su herencia, y con menos valores y principios morales para no crear alternativas a dicho sistema que consume nuestro patrimonio natural.

¿Estamos en medio de una guerra no declarada entre Identitarismo y Globalización?

Por supuesto. Es una guerra política, económica y, sobre todo, cultural, entre los “globalistas” ligados al llamado “liberalismo progresista” (que une a las antiguas izquierdas y derechas en un consenso partitocrático en defensa del sistema), y los “soberanistas” (más plurales de lo que parece y muy complejos en su discursos), que más allá de las diferencias nacionales o estratégicas entre ellos, comparten el objetivo de la independencia de su propia patria en función de los valores que consideran tradicionales.

¿En qué nuevos proyectos literarios está trabajando?

En estos momentos estoy trabajando en un próximo libro sobre el desarrollo humano sostenible. Un libro que explica, muy personalmente, un paradigma alternativo a los modelos publicitarios e ideológicos actuales (como el creado en torno a la figura de Greta Thunberg), y fundado en las primeras verdades naturales del ser humano, imprescindibles para recuperar aquello que nos permite vivir con menos y con más solidaridad: familia, comunidad y soberanía. Pero no como repertorio de soluciones técnicas (de las que hay reputados expertos) sino desde la reflexión sobre la reforma moral y social que puede permitirnos, desde la experiencia pasada, adaptarnos a los cambios que se avecinan, y que, en mi opinión, es básica para fundamentar un verdadero “desarrollo para todos los hombres y para todo el hombre” (del que hablaba Benedicto XVI en Caritas in veritate).


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Pilar Gutiérrez: “España se encuentra en un estado de esquizofrenia y de psicopatía, la patología más grave y destructiva”

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Pilar Gutiérrez
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AN.- Irrumpe en el firmamento patriótico nacional la figura de Pilar Gutiérrez, la líder de Movimiento por España que se ha convertido en una figura icónica del rechazo creciente a la pretensión del Gobierno socialista de saldar viejas cuentas revanchistas. Y ello en medio de una situación social y política pavorosa, con tenebrosos nubarrones cerniéndose amenazadoramente sobre el futuro de esta vieja y legendaria nación europea.

Psicóloga de profesión e hija de Joaquín Gutiérrez Cano, ex ministro de Planificación del Desarrollo en 1974, ex director ejecutivo del Banco Mundial y ex embajador de España en Japón, entre otros cargos, hemos querido conocer más de cerca a esta española genuina y de una pieza. Su entereza moral y sus convicciones patrióticas le obligan a mantenerse fiel a los principios que siempre ha defendido, contrapuntando de esa forma el camino elegido por casi todos los demás. Fácil y rentable para ellos, accidentado y bacheado para España. AD ha conversado con Pilar Gutiérrez.

P: ¿Quién es Pilar Gutiérrez?

R: Soy una persona que ha vivido 22 años en el régimen de Franco y que incluso llegó a conocerle personalmente.

Más aún, la noche que murió recibí la noticia al mismo tiempo que mi padre, por entonces ministro de Planificación del Desarrollo, con el mismo estremecimiento y consternación que la gran mayoría de los españoles (el 82%, según encuesta del Instituto ICSA Gallup).

Posteriormente, he contemplado el desguace de España, por la que tanto trabajó mi padre y tantos españoles, en primera persona y por el testimonio privilegiado de mi padre, por el que pude conocer mejor lo que había sido el régimen de Franco y admirarlo cada vez más.

También soy una persona que ha vivido muchos años en una democracia de verdad, como era la norteamericana en los años 60, donde aprendí a involucrarme política y socialmente para promover la verdad y la justicia.

Posteriormente, como psicóloga, me he visto impelida a hacer lo que llamo “terapia nacional” con un pueblo que lleva 40 años sufriendo un terrible estrés post-traumático.

P: ¿Qué es eso de la terapia nacional?

R: Es lo mismo que la personal pero dirigida a sanar los traumas de todo un país, que pasaron de una neurosis colectiva inveterada del miedo al “qué dirán” (el “que no digan que soy facha”) a un estado de disonancia cognitiva (no saber reconocer la realidad), a la psicosis delirante (“estamos en la champions league económica”, Zapatero dixit) hasta el estado actual de esquizofrenia y paranoia colectiva y de psicopatía, la patología más grave y destructiva. Y todo esto no de forma accidental, sino inducido a conciencia por la clase dirigente y los poderes mundialistas en la sombra, el contubernio judeo-masónico del que nos avisaba Franco. Por ello he dedicado los últimos 30 años a trabajar de muchas maneras para paliar estos traumas nacionales que están destruyendo nuestra convivencia y la vida de los más débiles.

P: ¿Y cómo se aplica eso a su actividad política y a Movimiento por España?

R: De una forma natural fui llegando a la raíz estructural de los traumas personales y sociales que trataba, y esa raíz era política. Concretamente era muy evidente en el terreno de la lucha contra el aborto, a la que me he dedicado desde 1992, creando el movimiento Unidos por la Vida que derrotó por primera vez en la historia un proyecto de ley de aborto libre, en 1998. Desde entonces, al degenerar tan rápidamente el régimen político que vivimos, me fui involucrando cada vez más en la acción política, colaborando en campañas como las de la AVT en tiempos de Zapatero, para quienes organicé, junto con mi hija y colaboradora, Sandra Gutiérrez, una manifestación ante el Parlamento Europeo de Bruselas contra la interlocución con ETA. Y así infinidad de campañas que figuran en las 11 páginas webs y blogs que he ido creando en estos años, como la dedicada a mi padre: gutierrezcano.blogspot.com, damnifica2porelpsoe.wordpress.com, y la que nos concierne de Movimiento Por España, con el que hemos hecho numerosas iniciativas que han recogido varias veces los medios. En ellas figura mi trabajo de terapia nacional desde la verdad, y la libertad que da conocerla. Estamos inmersos en una guerra contra la población, que es principalmente psicológica, y hay que armarse psicológicamente para defender nuestra salud mental y nuestra vida misma.

P: Sin embargo su enfoque de la situación no es psicológico sino religioso

R: Es las dos cosas: psicológico en cuanto que ofrece un cauce para que miles de personas superen sus miedos y se atrevan a mostrar y defender su verdad y sus derechos, y religioso, porque mi terapia ha ido evolucionando hacia un enfoque espiritual. Porque no estamos solos sino que nos rodean fuerzas espirituales tanto benignas como malignas, y tenemos que contar con la ayuda de las primeras, las fuerzas celestiales.


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Juan Carlos Bermejo, miembro de Ciudadanos: “Soros financió el golpe de Estado en Cataluña”

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“Acusaciones son acusaciones, lo que hay que hacer es demostrar los hechos y probarlos”, afirma Juan Carlos Bermejo, miembro de Ciudadanos, en una entrevista a Sputnik. Ingeniero y propietario de una empresa de distribución informática que contrata a noventa personas de España e Italia, Bermejo compitió con Ignacio Aguado por la candidatura de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid. Bermejo ha hablado de la rapidez con la que algunos medios se apresuraron a juzgar a Rusia sobre la supuesta presencia de espías rusos en Barcelona días antes del referéndum de 2017.

– Acabamos de presenciar una campaña mediática sobre un supuesto espía que se trasladó a Barcelona días antes del referéndum y ahora hablan de un grupo militar de élite que tendría como objetivo desestabilizar Europa. ¿Qué opina de todas estas noticias?

Yo, honestamente, tengo que decir que no hay ninguna razón objetiva por la que Rusia quiera hacer daño a España. Rusia y España son naciones hermanas.

Siempre se han caracterizado a lo largo de la historia por ser naciones que han contenido el radicalismo, compartimos la cultura cristiana. Y, además, incluso hay un movimiento en España de intelectuales que persigue lo que era el sueño de Dostoyevski, que era una Europa que empezara en Lisboa y terminara en Vladivostok. Y eso sería realmente Europa.

No puedo concebir que Rusia haya hecho tal cosa, eso es una falsedad. De hecho, el propio jefe de Estado ruso que no quiere ver a ningún Estado europeo desmembrado.

Hay muchísimos ciudadanos rusos que viven en España, dudo que todas esas personas quieran provocar la ruina, que es al fin y al cabo lo que sería la independencia de Cataluña. Sería una ruina para España, para Europa y también para estos ciudadanos rusos que aman nuestro país.

Es una cortina de humo esto de querer poner otra vez a Rusia como culpable de algo y no es cierto.

Con relación al espía ruso, más bien me inclino a pensar que es una maniobra más de ese genio de George Soros, quien tiene el objetivo de destruir a Europa, por el odio que le tiene.

Hay, además, pruebas evidentes de que ha financiado el golpe de Estado en Cataluña con sus organizaciones, con sus ONG’s, financiando la sociedad diplomática de la Generalitat y sus medios de comunicación globales, que han dado a bombo y platillo a toda esa injusticia que sufren supuestamente los independentistas catalanes.

– Los medios de comunicación lanzaron acusaciones contra Rusia sin tener pruebas concretas y sin esperar los resultados de la investigación. ¿Por qué han sacado este titular precisamente ahora?

Hay muchos medios de comunicación en España y muchos periodistas que están a sueldo y tienen que decir lo que dicen. Durante la crisis económica, la mayoría de los medios de comunicación importantes entró en bancarrota. Fueron salvados por supuestos fondos de inversión y por capitales extranjeros que están influenciados por Soros.

Insisto, las acusaciones son acusaciones. Lo que hay que hacer es demostrar los hechos y probarlos.

Honestamente, desde mi punto de vista, no encuentro ni una sola razón por la que Rusia quiera perjudicar a España. Es más, estos mismos medios de comunicación deberían dar las gracias a Rusia, ha sido prácticamente la única que ha luchado y derrotado al Estado Islámico en Siria.

Y es muy fácil: pueden mandar a un corresponsal allí, a Alepo, y hablar con todos aquellos ciudadanos cristianos y familiares de los que han sido masacrados y que les expliquen cómo, gracias a la intervención rusa, esa ciudad ha podido ser liberada como toda Siria. Insisto, esto a lo mejor tendrían que publicar los medios y estar agradecidos. Cosas que, lamentablemente, Europa no ha hecho.

A nosotros nos preocupa mucho la llegada de los inmigrantes. Gracias a este tipo de intervenciones se reduce también este tipo de riesgos, porque dentro de esas masas de inmigrantes pueden haber personas que luego pueden producir atentados o radicalizar a sectores.

También vemos la islamización de Europa. Hay que ser muy contundentes en las actuaciones y las fronteras son sagradas. Es algo que en Europa no ha dejado muy claro. A Europa lo único que le une es la cultura cristiana y Rusia lo que siempre ha querido, en mi opinión, es utilizar este punto en común para hacer una Europa más fuerte.

Juan Carlos Bermejo

– No es el primer caso en el que a Rusia se le acusa con el argumento de ‘altamente probable’, en vez de presentar pruebas reales. Un ejemplo de esto es el caso de Skripal, entre muchos otros. Ahora, regresando a Cataluña, ahora hablan de un grupo militar y sus posibles acciones desestabilizadores en la región. ¿Pero cuál fue el detonante real de la crisis catalana?

— Si uno analiza la evolución del independentismo en Cataluña, podemos ver que siempre tiene unos picos en épocas de inestabilidad. Principalmente inestabilidad política y económica. Antes de la crisis, los niveles de independentismo en Cataluña eran relativamente bajos.

De hecho, en el Parlamento español, partidos como Esquerra Republicana de Catalunya tenían dos o tres diputados, hoy ERC tiene 13. Por lo tanto, lo que ocurrió es que la crisis económica en el 2007 también alentó el discurso populista. Al fin y al cabo, el independentismo es populismo, es hablar de las “injusticias”, supuestas injusticias. Y eso incrementó el deseo de “oye, si en Madrid no saben resolver los problemas, pues entonces preferimos resolverlos por nuestro lado”, que tiene sentido.

También es cierto que en Madrid ha habido muchos faltos de moral gobernando durante estos años, que han pensado más para sus adentros que en el resto de la población. Y, además, precisamente estas personas que han gobernado en Madrid han estado compensados con estos nacionalistas catalanes que siempre han condicionado las políticas en España.

Somos culpables de haber permitido que en las escuelas los independentistas hayan adoctrinado a los niños desde hace muchos años, porque al ceder las competencias de educación, lógicamente esos docentes han ido obedeciendo unas doctrinas independentistas, que al fin y al cabo, son los que les pagaban el sueldo.

Es un gravísimo error ceder las competencias de educación en toda España, porque España es una de las naciones más antiguas de Europa, tiene una historia hermosa, tenemos este idioma, que es el idioma más hablado del mundo, toda esa riqueza, lógicamente, no tendría por qué estar subvertida en Cataluña.

¿Quién querría separarse de un país donde todos somos iguales ante la ley, donde hay prosperidad, donde hay riqueza, donde, además, estamos en una de las zonas geográficas más apreciadas de todo el mundo?

Insisto, el problema del independentismo está en Madrid.

Si en Madrid hay un gobierno que sea decente, que sea sensato, que trate a todos igual y que acabe con la corrupción, y que acabe con los privilegios y que realmente los ciudadanos sientan que se está gobernando para los ciudadanos y no para los partidos, entonces ¿quién querría separarse? No tendrían ningún motivo las personas para poder pensar de otra forma.

Pero los ciudadanos catalanes han sido alimentados, primero, con esa desinformación de la cultura española y, por otro lado, la crisis económica entre los años 2007 y 2015 castigó muchísimo a Cataluña, igual que al resto de España. Ellos empezaron este discurso de “España nos roba porque nosotros estamos contribuyendo más de lo que recibimos”, pero ese discurso es totalmente falso.

No nos olvidemos que los propios independentistas han descubierto documentos donde entablaban negociaciones con ejércitos mercenarios norteamericanos. No quiero decir que son estatales, son principalmente empresas norteamericanas mercenarias para una posible intervención a sueldo y tomar posiciones estratégicas en caso de una revolución.

En resumen, no encuentro ninguna razón por la que Rusia quiera hacerle daño a España, todo lo contrario, yo creo que Rusia ama a España.

Fuente: Sputniknews


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Winston Galt: “El pensamiento políticamente correcto es la censura más eficaz que se ha inventado jamás”

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Frío monstruo, una novela de suspense, geopolítica y ciencia-ficción recientemente publicada en la red mundial de Amazon, se ha convertido en una de las primeras grandes distopías literarias en español que tratan de adivinar y dibujar cómo será el futuro próximo de Europa. Y lo que puede entreverse sobre nuestro porvenir entre las páginas de Frío monstruo no es especialmente agradable porque la novela, firmada por W. Galt y levantada sobre una narración trepidante que se desarrolla en el año 2050, esboza un continente convulso, dramático e irreconocible arrasado por la corrección política, la islamización, la censura, el auge de los movimientos populistas de extrema-izquierda, el terrorismo, el integrismo ecológico y la dictadura de la ideología de género.

W. Galt, que firma Frío monstruo y que también es el nombre del protagonista de la novela, es el pseudónimo de un experimentado escritor español que cuenta en su haber con una decena de obras ya publicadas, algunas de ellas en editoriales reconocidas, y que ahora ha decidido escudarse bajo un alias.

“El pseudónimo provoca una abstracción respecto al autor que me parecía interesante. Cuando un escritor utiliza su nombre, quienes están familiarizados con su obra no pueden evitar cierto prejuicio respecto a lo que esperan de ese autor, y los que no están familiarizados con su obra observarán la novela desde lejos y con los prejuicios que les provoque el autor a través de referencias. Usar un pseudónimo evita todo esto y pone de relieve únicamente el texto. El valor o disvalor del texto será el único criterio de los lectores, lo que, en cierto sentido, “purifica” la obra, opción a considerar cuando, además, la novela trata cuestiones políticas espinosas y difíciles que pueden incluso molestar a muchas personas de determinadas ideologías o lugares de procedencia. Finalmente, utilizar como pseudónimo el nombre de un personaje es un juego novelesco que me apetecía utilizar”.

¿Cómo surge la idea de escribir una novela tan corrosiva, políticamente incorrecta y demoledora comoFrío Monstruo? ¿Es esta su primera obra? ¿Qué otras obras inspiran su novela?

En absoluto es la primera obra. He escrito más de diez novelas y publicado algunas de ellas en editoriales tradicionales, algunas de ellas muy importantes. Ya entonces tuve algún problema con una de esas editoriales por unos comentarios sobre el terrorismo de ETA.

Es difícil aprehender el momento en que surge una idea. Seguramente fue hace muchos años, cuando leí por primera vez 1984, de George Orwell, una novela imprescindible. Me impresionó cuando era muy joven. Seguramente es la novela que más veces he leído. La idea, que rondaba por ahí, fue madurando a lo largo de los años y a través de muchas lecturas, siempre muy heterogéneas. Soy autodidacta y leo a impulsos según el interés del momento y, sobre todo, según el tema a tratar en la siguiente novela. De modo que es imposible decir un momento en que surge la idea, aunque seguramente el desencadenante fue el descubrimiento de La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, una novela impresionante que se convirtió, durante el siglo XX, en una “Biblia” para muchos librepensadores liberales americanos. Por desgracia, parece que en Europa no ha tenido la misma relevancia, lo que no es extraño dado el pensamiento políticamente correcto y socialista que impregna la cultura europea desde hace décadas con unos resultados más que discutibles.

Su novela presenta una Europa en 2050 arrasada por el totalitarismo socialdemócrata, por la corrección política, por los movimientos de extrema izquierda y por la islamización. De hecho, hay páginas de su obra que parece ser más un ensayo que una ficción. ¿Así ve nuestro futuro colectivo a medio plazo o todo es ficción?

Espero no haber caído en el error de haber dejado sin trama literaria la novela. Pero lo que entendía que debía decir tenía que decirlo. Para ello, es necesario que los personajes hablen y expliquen. He intentado imaginarlos en ese marco que describes e intentado comprender cuáles serían sus impresiones y sus reacciones y mover a los personajes en ese mundo imaginado.

En cuanto a si he acertado, el tiempo lo dirá. Espero equivocarme. Como dice la frase de Wells que da inicio a la novela: “No hay un modelo de lo que está por llegar”, de modo que estamos a tiempo de evitarlo. Otra cuestión es si queremos evitarlo y, sinceramente, no veo a los ciudadanos europeos con la voluntad de hacerlo. Esto tampoco significa que inexorablemente vayamos a una Europa como la que describo en la novela, pero lo cierto es que hay indicios de que podemos llegar a esa Europa horrible si no rectificamos a tiempo.

En este momento, esa rectificación, como digo, no se ve: los partidos socialdemócratas que conocíamos hace veinte o treinta años, que aceptaban sin reservas el sistema capitalista y la democracia liberal, están pereciendo o mudando de piel arrasados por el populismo de izquierdas. Véase los resultados electorales de la socialdemocracia alemana; en Francia, prácticamente ha desaparecido, al igual que en Italia. En el Reino Unido está en manos de un individuo que se parece más a Pablo Iglesias que a Willi Brant; en España, el PSOE se ha radicalizado tras el surgimiento de Podemos y defiende políticas de ingeniería social que arrasan con la igualdad de los ciudadanos y con la igualdad de los territorios, aliado de un nacionalismo decimonónico. Lógicamente, nadie puede ya esperar de estos movimientos, que representan a millones de europeos, oponiéndose a las políticas de discriminación que ellos mismos defienden o intentando volver a los principios que hicieron de Europa la civilización más avanzada de la historia hace apenas unas décadas. Tampoco nadie puede imaginar a esos movimientos oponiéndose a una islamización que avanza lenta pero inexorablemente con su enorme peso demográfico. Alguien puede pensar que esa invasión silenciosa es programada según algunas noticias que filtran informaciones de los servicios secretos alemanes o que es meramente casual, pero lo cierto y verdad es que se espera que en Europa haya en 2050 unos 150 millones de musulmanes. ¿Será Europa entonces Europa y podrá sostenerse sobre los mismos principios que ahora cuando una tercera parte de su población sustente unos principios incompatibles con nuestra cultura y nuestra idea de libertad y democracia?

Basta mirar a la historia para adivinar la respuesta.

Frío monstruo es una distopía que presenta un futuro de Occidente cuyos primeros esbozos podemos observar ya mismo, simplemente prestando atención a lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Por qué cree que estas cuestiones, claves para el futuro de nuestra civilización, apenas se tratan actualmente en la literatura de ficción occidental?

Hace 100 años el comunismo llegó al poder en Rusia y desde el primer momento se tuvo conciencia por parte de algunos de la verdadera faz del monstruo. Personas cultas, como Zamiatin, seguramente conocían utopías como la de Tomás Moro. Adaptar, dándole la vuelta al argumento, esos textos previos a la situación real de la Rusia comunista sólo necesitó una vuelta de tuerca de un autor inteligente. Unos años después, Huxley vio la oportunidad de crear otra distopía, pero en un marco completamente diferente, en las entonces ya prósperas democracias occidentales británica y estadounidense y ve que el mundo artificialmente feliz puede ser real. Sobre las ruinas de Europa, Orwell crea 1984 con el modelo soviético.

Por tanto, podemos ver que fue la realidad la que inspiró a esos autores. En la Europa actual, mucho más próspera que la de hace cien años, la literatura de las últimas décadas ha girado en torno a la indagación introspectiva del individuo o en la metaliteratura, ejercicio inteligente pero absurdo e implicado sólo en la consideración íntima del individuo, literatura, al final, lógica en unas sociedades de la opulencia, como las nuestras, en las cuales el individuo vuelve la mirada a su egocéntrico interior: por otra parte, los autores que se consideran comprometidos, que siempre son de izquierdas, critican sin contención alguna la mejor civilización jamás creada por los hombres. Esta crítica siempre se basa en los mismos principios socialistas, aunque en muchos casos no se diga expresamente porque, imagino, a algunos les da vergüenza reconocer que la alternativa que podrían plantear es la que ha fracasado reiteradamente llevando ruina y opresión por donde se ha aplicado.

De este modo, criticar el capitalismo se ha convertido en un lugar común, dando la impresión de que vivimos en el peor de los mundos posibles, cuando es evidente que es el mejor creado hasta ahora. La corriente subterránea del socialismo más radical y del comunismo nunca ha dejado de trabajar en ese sentido. Por supuesto, ni que decir tiene que han ganado la batalla del lenguaje, pues se denomina progresista a las ideologías precisamente más nocivas para la humanidad. Como también la izquierda ha ganado la batalla de la opinión pública (una presentadora muy guapa y muy tonta dijo hace poco que ella era de izquierdas porque era buena persona) hasta el punto de que el pensamiento políticamente correcto trabaja como la censura más eficaz que probablemente se haya inventado jamás, pues funciona desde fuera, como presión frente a quienes piensan de forma diferente, pero también es interiorizada por los autores, que se limitan de este modo en sus críticas (salvo que sean contra el capitalismo y la democracia, claro).

Aunque Frío Monstruo transcurre en diversas capitales europeas, España, con una Cataluña independizada y vendida al mejor postor, desempeña un papel central en la trama. ¿Será España uno de los primeros países en caer ante el Leviatán totalitario que dibuja en su ficción?

Sin duda. España cometió el error de otorgar excesivas concesiones a los movimientos nacionalistas y ahora mismo está en el primer puesto en la carrera en Europa por la secesión. Sabemos que hay movimientos secesionistas en Europa desde hace mucho tiempo: flamencos, bávaros, corsos, por no mencionar Escocia e Irlanda del Norte. No obstante, lo que parecía imposible hace unas pocas décadas, que un territorio español estuviera más cerca de la independencia que Irlanda del Norte, por ejemplo, se ha cumplido. Ya los estatutos de autonomía españoles son excesivamente generosos, y España fue demasiado confiada y generosa en la autonomía concedida a las regiones. No se tuvo en cuenta que el poder localista, para subsistir, necesita convertir el localismo en su esencia. Así, las tensiones nacionalistas han ido a más, lo que es evidente. Cataluña ostenta unos niveles de autogobierno como no existen en ningún otro territorio de Europa. Pero desde el principio, como antes apuntaban algunos entre las recriminaciones generales, y luego han confirmado los hechos, trabajó para crear un país independiente de la nada. Bastaba con controlar, como sabe cualquier marxista, los medios de comunicación y la educación, de modo que en pocas décadas han conseguido una desafección total respecto al resto de España de la mitad de su población. Si algún territorio se independiza en Europa en los próximos años será, salvo sorpresa mayúscula, Cataluña. A ello contribuye que una izquierda que se quedó en los años ochenta sin discurso, se ha apuntado al discurso nacionalista bajo falsas banderas como la autodeterminación y el falso derecho a decidir. Esto ha contribuido a que no sólo la mitad de Cataluña desee la independencia, sino que parezca no importar, o que se comprenda dicho anhelo por amplias capas de la población española. En este marco, esperar que dentro de unos años, diez o quince, como dijo Iceta, el porcentaje de población que desee la independencia sea algo mayor de la mitad actual, no sólo es esperable, sino que parece una situación inexorable. En tal caso, como muchos tememos, si dentro de unos años ocurre una situación aún más seria que la octubre de 2017, nadie apoyará a España si ésta decide utilizar la violencia para sofocar la independencia. La vía eslovena será un hecho porque Europa no permitirá que se use la violencia, aunque sea legítima.

La independencia sería un juego de dominó. Si lo hace Cataluña, inmediatamente detrás hará lo mismo el País Vasco. Y en algunas otras regiones, como Baleares y Valencia, se está trabajando desde los grupos de izquierda en la misma línea de creación artificial de identidades nacionales. Por tanto, unos años después, éstas también podrían solicitar un estatus independiente con alguna variante de colaboración para maquillar una independencia de facto.

Ahora mismo no veo esto como un futuro impensable, sino como la secuencia lógica de los acontecimientos a la luz de lo que ahora vivimos.

Como decía, no veo ninguna otra región de Europa más cerca de la independencia que Cataluña, ni siquiera Escocia.

En su Europa distópica, el Estado es una maquinaria que lo arrasa todo a su paso, mientras los ciudadanos europeos le ceden dócil y alegremente el paso…

El verdadero enemigo de una sociedad libre es el subsidio. Evidentemente, no me refiero a las ayudas públicas a las personas más desfavorecidas, utilidad que ya proclamaban los primeros liberales, sino a esa manera de concebir la vida política y social que consiste en subsidiar la sociedad para construir una industria política que permita la vida fácil a una élite inepta y parasitaria que, de este modo, va garantizándose durante décadas su pervivencia a costa de la sociedad productiva. Sólo se puede sostener la industria política desde la creación artificial de conflictos inexistentes y desde la mentira, y para eso se cuenta con todos los resortes del Estado, en manos de los dirigentes de esa industria política. Basta comprobar el nivel medio de los políticos para comprender que no son precisamente lo mejor de la sociedad española. La industria política necesita ingentes cantidades de recursos, lo que parasita la sociedad y, al mismo tiempo, le hace creer en la necesidad de sostener esa ficción. Más de la mitad del Estado y de la Administración que sostenemos es completamente artificial, innecesaria desde el punto de vista de la política real y de las necesidades reales de la sociedad. Pero nos hacen creer lo contrario para incrementar cada vez más ese monstruo.


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