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Opinión

Sigue aumentando la burbuja universitaria

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No hay día en el que quienes nos hablan de Europa y de la “identidad europea” no hagan referencia a la enorme aportación que hicieron a Europa y al mundo los antiguos romanos, pero nunca suelen decir qué aportaron y qué ha perdurado de aquella cultura, aquella civilización que surgió de una aldea de campesinos en el territorio de la actual Italia. Sí, aunque muchos lo ignoren, la antigua Roma y la cultura romana estaban dominadas por una oligarquía rural, de propietarios que, explotaban directamente sus propias tierras: una clase social muy distinta de la nobleza guerrera de la epopeya homérica de la antigua Grecia. Una de las razones fundamentales por la que Roma duró siglos y siglos fue por la forma en que los romanos eran educados. La educación romana se basaba en el “mos maiorum”, “la costumbre de los ancestros”, conjunto de reglas y de preceptos que el ciudadano romano, apegado a la tradición, estaba obligado a respetar. Transmitir esa tradición a los jóvenes, hacerla respetar como un ideal incuestionable, como base de toda acción y de todo pensamiento, era la tarea esencial del educador. Al joven romano no sólo se le educaba en el respeto a la tradición nacional, patrimonio común a toda Roma, sino también el respeto a las tradiciones propias de su familia de origen. En opinión de los antiguos romanos la familia es el entorno natural en el que debe crecer y formarse el niño. La educación de los niños y adolescentes en la antigua Roma se producía en el ámbito familiar hasta los diecisiete años; primero, hasta los siete años, se llevaba a cabo bajo la supervisión de la madre; y con posterioridad, bajo la vigilancia del pater familias, a quien acompañaban en sus actividades cotidianas. En la antigua Roma el padre era considerado como el verdadero educador; el pater familias romano se entregaba con plena implicación, en el cumplimiento de su papel de educador. El conservadurismo -conservar lo que funciona- del que vengo hablando justifica el que Cicerón, a mediados del siglo I a. C., acabe afirmando que el bien de la patria es la suprema ley -salus publica suprema lex esto-, y años después estará presente en el intento de restauración de los viejos ideales morales que llevarán a cabo algunos emperadores siguiendo las directrices de Marco Flavio Quintiliano (originario de Calahorra, La Rioja) en el primer siglo de nuestra era. Si observamos aquella “antigua educación”, advertimos, en primer lugar, un ideal moral: lo esencial es formar la conciencia del niño o del adolescente, inculcarle un sistema rígido de valores morales, de reflejos seguros, perdurables, un estilo de vida. Cuando los antiguos romanos acaban asumiendo la cultura griega y se “helenizan”, hacen suya la filosofía griega, sus costumbres (no sin reticencias y múltiples protestas “nacionalistas”) adaptan su sistema educativo a las nuevas corrientes de pensamiento y pedagógicas que les llegan de oriente. Los romanos crearon un sistema nacional-estatal de enseñanza, una red de centros educativos en todas sus provincias, que llegaba hasta los lugares más remotos del imperio. Aunque no fueron especialmente innovadores, pues calcaron el modelo de la los griegos, mejor dicho atenienses, sí fueron ellos quienes lo divulgaron e implantaron por todos los lugares que rodean el “Mare Nostrum”, el Mediterráneo. Tanto en la red de centros estatal de enseñanza, como en los centros privados, el objetivo principal era preparar a la juventud para que acabase asumiendo cargos de responsabilidad, ya fuera en la empresa privada como en la administración de la cosa pública; tanto en un ámbito como en el otro, los antiguos romanos pensaban que debían estar presentes la honestidad, la laboriosidad y la lealtad. El sistema educativo romano pretendía formar personas de orden, metódicos y enérgicos; una élite activa, emprendedora y bien educada. Los romanos de entonces nunca perdían de vista su ideal de “ciudadanos hechos a sí mismos”, para lo cual, para progresar, tanto académicamente como profesionalmente, o en la política, eran tenidos en cuenta la capacidad y el mérito, sin olvidar el compromiso ético de servicio a sus conciudadanos. Efectivamente, los antiguos romanos eran educados en la responsabilidad, en la justicia y en el sentido del deber… Todo lo contrario de lo que actualmente se practica en España.
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Los antiguos romanos pusieron en marcha un sistema de instrucción pública equiparable a los actualmente existentes en el mundo desarrollado, y que este sistema educativo fue una de las razones de que la cultura, la civilización romana durara siglos y siglos. He comenzado describiendo como era la educación en la antigua Roma, porque en estos tiempos que nos han tocado vivir, es imprescindible –más que nunca- releer a los clásicos, volver la vista atrás, no para regodearnos en la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor, sino para aprender de los aciertos y de los errores de nuestros ancestros. Bien, regresemos a la España del siglo XXI: La formación de nuestros niños y jóvenes españoles cada vez es peor, se ha ido deteriorando de forma terrible en las últimas décadas, basta con echarle un vistazo a los informes Pisa (Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) que, se lleva a cabo en los países pertenecientes a la OCDE, y observar también el funcionamiento de las universidades sostenidas con fondos públicos para comprender la situación de degradación a la que hemos llegado. Una prueba de ello es el número de universitarios españoles que, tras terminar sus estudios, no encuentra empleo, que dobla la media europea. Doce de cada cien titulados españoles está en el paro, frente al 5,2% de la Unión Europea. Otra muestra del deterioro del que vengo hablando es la alta tasa de abandono en nuestras universidades: más del 30% de los estudiantes no concluyen sus estudios, el doble que en Europa; a lo que hay que añadir el alto índice de repetidores, pues apenas la tercera parte de los que se titulan finaliza la carrera sin repetir curso, según los datos del Ministerio Español de Educación. Tampoco está de más recordar que, año tras año, las universidades españolas no consiguen ser incluidas en la lista de universidades con mayor reconocimiento internacional. El índice de Shanghái, el más prestigioso, suele ubicar a los centros universitarios españoles más allá del puesto 201. Solo hay diez universidades españolas están entre las 500 mejores del mundo. Según diversos informes internacionales, y en particular el Directorio de Asuntos Económicos de la Comisión Europea en 2016, el 68% de los jóvenes españoles que lograron terminar sus estudios en las universidades españolas –a las que en general llegan con una paupérrima enseñanza primaria y secundaria- no reúne los requisitos mínimos exigidos para incorporarse al mercado laboral, motivo por el cual es un absoluto disparate que haya quienes reclamen para ellos empleos para los que se necesita una alta especialización, así como altos salarios. La idea, repetida hasta el hartazgo, de que los jóvenes actuales son la generación mejor preparada de la historia de España y que por desgracia está condenada a emigrar o a aceptar empleos precarios, mal remunerados, es un tópico muy socorrido, sin fundamento, una absoluta necedad. Es una tremenda falsedad con la que los políticos profesionales que España y los españoles sufrimos desde hace años, tratan de engañarnos de forma demagógica, porque su tremenda mediocridad los conduce a creérsela, o para tratar de no tener mala conciencia y eximirse de cualquier responsabilidad, o sencillamente porque nos toman por estúpidos. Los caciques y oligarcas, los profesionales de la política y sus trovadores, han convencido, entre otra muchas cuestiones, a una gran mayoría de nuestros compatriotas de que la escolarización masiva –masificada es un signo de modernidad. Han convencido a la mayoría de los españoles de que, la modernidad consiste en impedir y sancionar el mérito y el esfuerzo, a la vez que se premia la mediocridad (el aprobado general). Han convencido a los españoles de que la modernidad, el progreso, consiste en hacer más fácil el acceso a los estudios universitarios (más del 95 por ciento de quienes se someten a la selectividad supera el examen de acceso). Olvidan a propósito que, progresar es sinónimo de avanzar para mejorar; y por supuesto, tampoco tienen en cuenta que uno de los principales problemas a los que se debe enfrentar España es la pobrísima calidad de la enseñanza que reciben nuestros jóvenes que, inevitablemente conduce a la incapacidad para satisfacer las necesidades que demandan las empresas. Pero, lo que más sorprende es que todos aquellos a los que, de vez en cuando se les llena la boca de expresiones como que “es necesario un pacto nacional por la educación” y recursos retóricos vacuos semejantes, nunca argumentan nada medianamente racional, nunca mencionan ninguna medida que, pretenda mejorar la actual situación de indigencia y que, vaya en la dirección de que los jóvenes tengan salidas profesionales y empleos duraderos.
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Por un lado tenemos a la izquierda española que nos vende constantemente la idea de que la culpa de todo la tienen los empresarios, esos bandidos que se niegan a contratar a la generación de jóvenes mejor preparada de la historia de España y que, cuando lo hacen les ofrecen sueldos irrisorios y regímenes poco menos que esclavistas (esta historia macabra también se vende en los centros de enseñanza, desde el parvulario a la universidad, y se ve reforzada por los medios de información “progresistas”). Pero la triste y cruda realidad es muy diferente, esos sapientísimos y cualificadísimos jóvenes, son generalmente analfabetos funcionales, y muchísimos de ellos no dominan su propio idioma y la mayoría tendría enormes dificultades para superar las antiguas reválidas que, ahora tanto se denostan y demonizan. Sí, son muchos los que apenas saben hacer la “o” con un canuto, y por no saber, algunos no saben qué es un canuto. Y, por otro lado, está la derecha boba que, se ha adherido, también, al consenso socialdemócrata y al discurso igualitarista, hasta el extremo de que algunos de sus miembros han llegado a afirmar que, una posible solución para acabar con la precarización de la enseñanza, el fracaso escolar y el abandono temprano de los centros de estudio, era permitir pasar de curso con suspensos… e incluso promocionar al bachillerato de ese modo. ¿Se trata de una burla cruel o de sadismo? De veras, es llamativo que sigan administrándole al enfermo una medicación que, a todas luces hace que empeore su salud. Es aquello muy común, de haber emprendido un camino equivocado, darse cuenta de que no conduce a ningún lado, y en lugar de volver al comienzo del sendero –para tomar el camino correcto-, seguir, seguir hacia delante, y repetir una y otra vez que ya se encontrará un atajo, y que bastantes dinero, tiempo y energías se han invertido ya, como para volver al principio… Sería reconocer que se ha emprendido un camino equivocado, pero eso será lo último que hagan nuestros actuales gobernantes, sean en las taifas hispánicas o en el gobierno de la nación. Por supuesto, todos, el gobierno y la oposición nos dirán que les preocupa la mejora la empleabilidad de los jóvenes y que están estudiando la manera de procurarles ese empleo estable por el que dicen “apostar”. Aunque siempre olvidan decirnos que el dinero que apuestan no es el de ellos, sino el nuestro. Y no se trata, solamente de que en las universidades españolas entren muchos malos estudiantes, sino que la mayoría de ellos acaba consiguiendo el título sin apenas hacer esfuerzo, y por supuesto con muy escasa formación. Y todo ello se da por la sencilla razón de que, en la enseñanza universitaria española, tal como en el resto de los centros y niveles educativos está proscrito el mérito y el esfuerzo, y apenas sirve de guardería en la que se aparca a nuestros jóvenes, a los que se les crea falsas expectativas, se les engaña, y se les acaba suscitando frustraciones. Claro que, a quienes parasitan a nuestra costa y viven de nuestros impuestos, todo esto les importa un bledo. Y mientras tanto, existe una enorme cantidad de padres españoles que parecen estar satisfechísimos, enormemente orgullosos con la idea de tener en casa uno o varios titulados universitarios, y orlas que colgar en las paredes… pero con conocimientos, y capacitación que, la empresa privada no pide (tampoco la pública), titulados universitarios que tienen como futuro inmediato el desempleo. Llegados a este punto, la única conclusión posible es que todos los españoles, salvo honrosas excepciones, viven felizmente engañados. Pasemos a hablar de la “burbuja universitaria”: España vive en una continua burbuja, que cambia de forma y de tamaño; la tendencia al endeudamiento, al despilfarro, por parte de las administraciones es enfermiza, obsesiva. Tenemos –y sufrimos- la burbuja de los aeropuertos, también la del AVE, la de las autopistas de peaje y las denominadas “radiales”, la burbuja de las cajas de ahorro… y por supuesto, no podemos olvidar la más famosa de todas: “la inmobiliaria”. Pero de la que apenas nadie habla, y cuando reviente puede tener resultados catastróficos, es de la burbuja universitaria.
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¿De veras en España son necesarios 2500 grados y casi 3000 másteres? España posee más de 1,5 millones de estudiantes universitarios, frente a una población de 3,23 millones de sus mismas edades, es decir una tasa del 47%, lo que nos sitúa en la parte más alta de la lista de países de UE. En España hay carreras similares, con el mismo programa de estudios, a las que, las universidades les ponen nombres diferentes -cada vez más rimbombantes- con la intención de hacerlas más atractivas pues entre las diversas universidades hay una encarnizada competición en lo de captar alumnos-clientes. Tal es así que, hasta la universidad más pequeña de España ofrece la misma lista de titulaciones que la más grande, pues todos los papás desean que sus hijos estudien cerca de casa. Otra causa de la desmesura, del exceso de grados y de másteres de nueva creación, es la lucha permanente entre departamentos de las diversas facultades universitarias por conseguir capacidad de influencia. Cada departamento es una taifa que aspira a conseguir el mayor número posible de alumnos, para poder pretextar la necesidad de aumentar el número de profesores, y así y conseguir más poder. Casi todos los departamentos ofrecen su propio grado, un esperpento, pura demencia. Ofrecer más titulaciones es la excusa perfecta para reclamar más puestos de trabajo. Hasta el extremo de impartirse másteres con escasamente una decena de alumnos. Existe una hiperinflación, una enorme burbuja de titulaciones: infinidad de títulos que se crean, no para atender a la demanda de los estudiantes sino, para justificar la contratación de profesores, y para conservar sus empleos. Y la calidad de la mayoría de las titulaciones deja mucho que desear… Y la gran paradoja es que cada año que pasa hay menos jóvenes que el año anterior, y por lo tanto una demanda a la baja, debido al descenso de la natalidad. A pesar de ello, la oferta de titulaciones con baja demanda sigue persistiendo y vuelve a incrementarse, sin que nadie la cuestione ni esté por la labor de ponerle remedio a tamaño desbarajuste. España cuenta con 83 universidades y más de 240 Campus presenciales, es decir 25 universidades por cada millón de personas en edad universitaria; 1,78 universidades por cada millón de habitantes. Hablo de una descomunal burbuja a la que nadie pretende poner fin. Y lo peor de todo es que se siguen abriendo nuevas universidades, al ritmo de una por año, y como consecuencia, a corto o medio plazo habrá facultades universitarias en las que muchos profesores no tendrán alumnos o que el número de horas semanales sea auténticamente ridículo. ¿Cómo podemos mantener, pagar, todo esto? Pues, no olvidemos que “nada es gratis”. ¿Estamos dispuestos a seguir malgastando, despilfarrando, derrochando tales cantidades de dinero, con la intención de mantener a nuestros hijos al lado de casa, y para obtener un título sin apenas valor? Como resultado de lo que vengo narrando, en España existe una minoría de jóvenes altamente especializados, y realmente bien preparados que, generalmente son hijos de padres que se pueden permitir enviarlos a prestigiosas universidades privadas, en España, o en el extranjero. Y obviamente esos jóvenes acaban teniendo más posibilidades de optar a mejores puestos de trabajos y conseguir altos salarios. Y, por otra parte existe una enorme cantidad de titulados universitarios, con formación escasa, precaria que tiene muy difícil, por no decir imposible, acceder a empleos bien pagados. Ni que decir tiene que este círculo vicioso irá aumentando de forma exponencial a medida que se vaya generalizando la mecanización y robotización de los diversos sectores de la economía. Frente a esto, solo caben dos soluciones. Una a largo plazo: aumentar la natalidad, e incluso si así se hiciera, tampoco tiene demasiado sentido mantener tal número de centros universitarios. Otra opción sería darle otro uso a multitud de instalaciones universitarias, cerrar algunas de ellas y recolocar a los profesores en otros centros, e incluso, más todavía: reciclar a parte del profesorado universitario, para que preste mejores servicios a los españoles, en otros ámbitos. Es mucho más barato becar al conjunto de alumnos existentes, más de 1,5 millones con 12.000 euros/año, para que vayan a las mejores universidades, que mantener la burbuja universitaria, la multitud de facultades universitarias que en muchos casos no poseen ni calidad ni excelencia.
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«Turismo de dolor y muerte» por Fátima Pellico

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Siempre desde el respeto , la transversalidad, el entendimiento y el diálogo me permito hacer esta reflexión en alta voz escrita acerca de las acertadísimas y no bien acogidas declaraciones de la ministra Reyes Maroto acerca de lo bonito que puede llegar a ser para los turistas poder contemplar el espectáculo de luz y sonido del volcán de la La Palma:  «La isla se convierte en un reclamo para quien quiera ver este espectáculo tan maravilloso de la naturaleza; siempre con prudencia», aseguró la ministra de Industria, Comercio y Turismo.

Desde luego que con prudencia, porque la lava, a mil cien grados centígrados, está arrasando a su paso todo y dejando en la miseria a muchas personas. Personas que, desde luego, no le ven el lado optimista a esta inmensa tragedia, pero porque no se ponen las gafas rojas del optimismo de quien contempla todo desde su ministerio o su casa en un buen barrio. Pero es cierto que puede ser un momento ideal para hacerse selfies, para ganar seguidores en las redes y hacer preciosas fotos donde puedas decir «yo estuve allí y no morí calcinado».

Realmente, siempre desde el respeto querría hacer hincapié en que esta mujer que ve el vaso medio lleno podría haber hecho mención también a las colas del hambre que se pueden ver cuando se viene en plan turista a España. Si se es un poco más atrevido y uno quiere empaparse realmente de los muchos encantos de España se puede hasta preguntar a los que hacen cola qué sienten dependiendo de la caridad para comer.

Muchas de estas personas hasta hace poco eran autosuficientes o, al menos, no necesitaban pedir comida para subsistir.

Pero si nos detenemos a pensar en las maravillas turísticas que atesoramos, nada como hacer turismo de okupación, para poder ver en primera persona cómo vive un okupa y hasta cómo puede llegar a dejar la casa, en plan cochiquera cuando se va varios años después de apropiarse ilegalmente de ella.
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Con suerte puede ver también alguna agresión de falsa bandera, que también están muy bien y se están haciendo famosas por la multiculturalidad de los agresores. Sólo se les da un poco más de bombo y platillo si se llega a dar el caso de que los agresores sean españoles. Si no es el caso nos solemos quedar sin saber de qué zona tercermundista han llegado (de lo bien que viven nos podemos hacer una idea certera). Pero no debemos perder de vista que son sus costumbres, que no saben que está mal violar, romper bocas y demás actitudes propias de bestias de cuatro patas.

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Como bien dice el refrán «Nada es blanco ni negro. Todo depende del color del cristal con que se mira».

Me alegra comprobar, por enésima vez, que tenemos unos gobernantes en los que no sabemos qué apreciar más, si su desmedido caudal intelectual o su inconmensurable bastardía ética y moral. Ahora no vale con disculparse, más que nada porque el cerebro lo tenemos para pensar antes de hablar, no para rebuznar y después disculparse entre rebuznos.

Si yo fuera un habitante de La Palma y la señora ministra tuviera a bien preguntar cerca de mí cómo se está viviendo esta catástrofe, este espectáculo de luz y sonido que nos brinda la Naturaleza, le diría que se metiera sus miserables y enfermizas palabras donde la espalda pierde su honesto nombre. 

Esto es España 2021.

 


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Ya estamos todos: faltaba la División Azul. Por el General de División Juan Chicharro, Presidente de la Fundación Francisco Franco

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Nos dice el Papa Francisco en una entrevista reciente que “yo no sé si España está totalmente reconciliada con su propia historia, sobre todo la historia del siglo pasado. Y si no lo está, creo que tiene que hacer un paso de reconciliación con la propia historia, lo cual no quiere decir claudicar de las posturas propias , sino entrar en un proceso de diálogo y de reconciliación; y sobre todo, huir de las ideologías, que son las que impiden cualquier proceso de reconciliación. Además , las ideologías destruyen”.

Vaya por delante que discrepo en parte con las palabras del Santo Padre toda vez que asumida la historia y la reconciliación, durante la transición, por quienes fueron protagonistas de la tragedia de la guerra civil de 1936 – allí de forma tácita se asumió no olvidar la historia pero no utilizarla como arma arrojadiza – millones de españoles se acogieron a esa situación y comenzaron a pensar en el presente y en el futuro. La reconciliación era un hecho hasta que aparecieron Zapatero y posteriormente Sánchez levantando ambos una nueva hacha de guerra al resucitar odios antiguos y superados. Y haciéndolo ante una derecha – póngale Vd. el calificativo -representada por el Partido Popular que ya incluso antes en el año 2002 condenó en sede parlamentaria el alzamiento del 18 de julio y consecuentemente a sus padres y abuelos.

Tiene razón el Santo Padre en lo que dicen sus palabras cuando expresa que las ideologías destruyen. Lástima que no haya añadido cuando habla de proceso de diálogo y reconciliación que esto no es posible cuando una de las partes asume una ideología destructiva y se empeña en prolongar aquel conflicto que perdieron con las armas y luego con la paz de Franco. Hoy esa reconciliación comienza a ser imposible. Yo lo he dicho mil veces. Estoy dispuesto así como muchos otros a tratar aquellos hechos como historia, si bien acogiéndome a ello, como bien dice el Santo Padre, sin claudicar de posturas propias. Sucede que aquellos con quienes habría que establecer ese diálogo reconciliatorio se han instalado en el guerracivilismo y así es imposible nada. Cuando el odio ciega las mentes nada es posible. Sí, el Santo Padre tiene razón : las ideologías destruyen, especialmente – añado yo – las que se acogen al dictado del más rancio comunismo hoy disfrazado con otras caras.

Sirva esta introducción para referirme ahora al cambio introducido en el proyecto de Ley de Memoria Democrática para prohibir cualquier reconocimiento de las unidades civiles o militares que colaboraron con las potencias del eje durante la IIGM en clara alusión a la denominada División Azul. Bueno, como diría un castizo “ya estamos todos”. Ya me extrañaba a mí que en ese sectario y totalitario proyecto de ley no se mencionara antes a esa División. Al hacerlo estos totalitarios que nos gobiernan nos aclaran aún más si caben sus intenciones.

La División Azul fue a luchar a Rusia con el ejército alemán contra el comunismo soviético. No hay que olvidarse de esta circunstancia. Franco venció con las armas al comunismo y Franco al transformar España sacándola de la miseria dejó al comunismo fuera de juego en nuestra Patria durante todo su mandato. El sistema comunista nunca olvida y es obvio que ahora con las posibilidades que la posesión del BOE les proporciona están propiciando revertir aquella derrota. Es evidente que la División Azul no podía quedar fuera . Sus componentes eran furibundos anticomunistas y esto los totalitarios no lo perdonan. Hoy cuando vemos una España rota, desbordada y sujeta a los vaivenes del odio de un Gobierno socialcomunista me pregunto para qué sirvió tanto sufrimiento de una generación que lo entregó todo por la causa de una España unida, cristiana y justa. No sé si el Santo Padre sabe quienes eran unos y otros. En España primero y en Rusia después lucharon miles de jóvenes idealistas españoles contra la barbarie marxista y lo hicieron para salvar la civilización cristiana. Y allí dejaron su vida con el nombre de Dios y de España en los labios.

Hoy quieren borrar de la historia su hazaña y el proyecto de Ley de Memoria Democrática es la vía elegida. Pues conviene que sepan sus responsables que el sacrificio de aquellos jóvenes soldados no fue baldío pues sobre su sangre reverdecerán laureles de victoria. Su ejemplo pervive en nosotros y mientras sea así no desmayaremos en la defensa de los ideales por los que tantos españoles lucharon y murieron . Hay un dicho que nos recuerda que mientras alguien hable de ti nunca mueres. Me ciño a este aserto y una vez más mi recuerdo vuela para quienes cayeron para siempre por una España mejor. Pueden hacer todas las leyes que quieran que el recuerdo de tantos caídos no caerá nunca en el olvido y su sangre vertida nunca habrá sido en vano. Otros vendrán que levanten las banderas caídas y devuelvan a esta España, hoy desconocida, a su mayor esplendor.

Y en cualquier caso como he empezado mencionando las palabras del Santo Padre, el Papa Francisco, refiriéndose a España no puedo terminar sin añadir a todo cuanto he dicho que eran muchos de los soldados que hoy quieren borrar de la historia que portaban colgando de sus cuellos una placa que decía : “Ante Dios nunca serás un héroe anónimo”. Lo dieron todo y, hoy como nunca, cuando vemos que todo aquello por lo que lucharon se desmorona, ese aserto cobra un extraordinaria actualidad.

La verdad es que cabe estar más tranquilos de lo que pueda parecer. La mera comparación de los aguerridos divisionarios que lucharon en el Volchov, en el lago Ilmen o en Krasny Bor con los niños pijos jugando a bolcheviques desde sus buenas casonas y buenas estancias vacacionales a costa de los españolitos de a pie da para mucho juego.

Tranquilidad. Aquí no hay nada perdido. No hay partido posible.

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España no tiene Ministro del Interior: Tiene un PROBLEMA. Por Efrén Díaz Casal, Coronel de Infantería

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Desde su desembarco en el Ministerio del Interior, Fernando Grande-Marlaska viene acaparando el foco de la crítica política por confundir su cargo al frente de un organismo público, consiguientemente al servicio del pueblo español y no de facción política alguna, con el de abogado defensor del PSOE y de todos los enemigos de España como lo demuestran los hechos que se expresan  a continuación, lista en la que no figuran la totalidad de despropósitos cometidos por este individuo para no agotar al lector con una lista interminable.

En vísperas de las elecciones autonómicas madrileñas del pasado 4 de mayo, las cartas con balas y amenazas, la primera de ellas dirigida a Pablo Iglesias y las siguientes al propio Marlaska, a la ministra Reyes Maroto que recibió un cuchillo ensangrentado, y a la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, cuyos remitentes ni están ni Marlaska les espera a excepción del remitente de la carta a la ministra Reyes Maroto diagnosticado de esquizofrenia, dan la medida de la calidad moral del sujeto en cuestión.

Una de las consecuencias de la política pactada del PSOE con EH Bildu a cambio de su apoyo parlamentario, que el infrascrito está cumpliendo con verdadero deleite, ha sido el acercamiento de numerosos etarras a prisiones del País Vasco o próximas a esta región, al tiempo que ha autorizado más de 140 beneficios penitenciarios a presos etarras contra el criterio de las juntas de tratamiento de las prisiones así como homenajes públicos a terroristas etarras humillando a sus víctimas.

Al inicio de la campaña de las elecciones autonómicas madrileñas del pasado 4 de mayo, en un acto en Vallecas se produjo una lluvia de piedras y palos que terminó con 13 heridos entre los militantes y simpatizantes de VOX asistentes al mitin debido a la escasa dotación policial que la Delegación del Gobierno, dependiente del elemento en cuestión, dispuso para mantener el orden a pesar de conocer previamente la violenta actuación que tenían prevista radicales de ultraizquierda.

Entre los detenidos que lideraban las agresiones contra los asistentes al citado mitin figuraban dos escoltas de Pablo Iglesias, entonces candidato de Podemos a los comicios madrileños, de lo que Marlaska tuvo conocimiento desde pocas horas después de los hechos ocultándolo y ordenando ocultar durante toda la campaña hasta después de las elecciones.

Los pasados 17 y 18 de mayo, Ceuta, abandonada por el departamento de Interior en toda clase de medios, y a pesar de que Marlaska estuviese previamente informado sobre el asalto a la frontera decidiendo no reforzarla, estuvo sometida a un asalto de más de 10.000 marroquíes que, según el departamento que el aludido todavía dirige cifra alrededor de 500 pretextando que “los datos no han podido ser actualizados porque se encuentran aún bajo análisis y tratamiento”; esperemos que la correspondiente actualización esté finalizada en el 5º milenio después de Cristo.

Esta invasión estuvo auspiciada por Marruecos en respuesta a la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, con identidad falsa a nombre de Mohammed Ben Battouche, con dos causas judiciales abiertas en la Audiencia Nacional, ingresado subrepticiamente en un hospital de Logroño ocultando estos hechos al gobierno marroquí.

Marlaska no solo no evitó el conflicto con Marruecos comunicando su oposición a la acogida de Brahim Ghali a María Aránzazu González Laya, entonces ministra de Asuntos Exteriores, sino que la agravó provocando con su silencio la alianza económica y militar entre Estados Unidos y Marruecos, de la que se derivan para España graves perjuicios estratégicos, militares y económicos.

Después de que el interfecto echase toda la carne en el asador para tratar de inculpar a los partidos de la oposición de la agresión homófoba del barrio de Malasaña de Madrid, que posteriormente resultó ser falsa según reconoció la propia víctima, Pedro Sánchez convocó y presidió la Comisión de Seguimiento del Plan de Acción de Lucha contra los Delitos de Odio para continuar inculpando a los mismos respaldando por tanto  las declaraciones de Marlaska al respecto que se ha negado a dimitir y dar las explicaciones que pide la oposición al efecto en sede parlamentaria.

Con todo descaro Marlaska ha descargado su responsabilidad manifestando que la policía no le informó oportunamente de las sospechas sobre la falsa agresión de Malasaña, ocultando asimismo que  miembros del PP y VOX han sufrido agresiones por motivaciones ideológicas amparadas por la Comisión de Seguimiento del Plan de Acción de Lucha contra los Delitos de Odio, y Sánchez no ha expresado ninguna condena, por lo que la citada comisión parece más apropiada para los dirigentes del PSOE que para quienes éstos intentan inculpar hasta del diluvio universal.

La necia disculpa de Marlaska ha suscitado la indignación entre los agentes de Policía Nacional que le acusan de ensuciar la imagen del Cuerpo y desamparar a las Fuerzas de Seguridad del Estado para justificar su actuación y eludir la asunción de responsabilidades escudándose en la actuación policial para ocultar sus errores en la gestión mediática y política del asunto Malasaña.

El odio evidente del infrascrito a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado lo incrementa con los arbitrarios ceses de distintos mandos de la Guardia Civil, resultando sorprendente la paciencia de varios mandos del Cuerpo soportando estoicamente la bronca de este individuo por no haberle informado con el suficiente adelanto de la acción que miembros del mismo llevaron a cabo en septiembre de 2019 con el resultado de nueve detenciones contra los separatistas Comités de Defensa de la República (CDR) que, además de formar un grupo terrorista, fabricaban explosivos y recababan información para atentar contra destacados miembros de la oposición.

Desde el 7 de junio de 2018, fecha en la que este fulano tomó posesión del cargo que todavía detenta, le he solicitado reiteradamente que comunique a las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno que dependen de él, organismos autónomos análogos vascos, navarros y catalanes, ayuntamientos y Conferencia Episcopal Española, que tramiten los actos religiosos en la vía pública según lo establecido por la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión.

El silencio que ha aplicado a su respuesta viene provocando que el ministro del Interior que España todavía aguanta y las entidades gubernativas aludidas en el párrafo anterior, vengan conculcando y permitiendo reiteradamente la vulneración de la citada Ley Orgánica 9/1983 por parte del resto de entidades, incumpliendo sus respectivas funciones asignadas por la Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector Público, convirtiendo España en un país sin ley.

Los hechos expuestos dan testimonio del vacío moral, disparates y sectarismo de su autor, constituyendo una prueba fehaciente de que España no tiene Ministro del Interior, tiene un problema que debe erradicar de inmediato para evitar que, con el respaldo del doctor antes  “Cum Fraude”, ahora “Cum Gafe” por atraer todos los desastres  que se presentan, cause otros problemas de mayor trascendencia y difícil solución.


Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
 

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Opinión

Pagafantas de España: ¡sindiquémonos!

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paga fantas 2
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Estimado pagafantas, ha llegado la hora de constituir un sindicato donde todos aquellos que sólo tengamos deberes y ningún derecho podamos intentar subvertir el orden social actual y recuperar lo que es por lógica lo correcto, que es que una persona tenga derechos y deberes.

 

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Sí, eso es lo lógico, y alguien podría decirme si es que acaso en España no tenemos todos derechos y deberes y ahí mi respuesta es tajante: no, en España no tenemos todos derechos y deberes. Algunos millones de personas sólo tenemos deberes, porque los derechos los acaparan los vagos y maleantes, por decirlo de una forma un tanto metafórica pero real.

 

Un español medio tiene el deber de permitir el acceso a su vivienda al primer sinvergüenza que se ha encaprichado con ella y sus pertenencias y que decide entrar. Y a lo mejor decide quedarse a vivir en ella a costa del propietario, pero el pagafantas debe pagar y callarse. No puede cortarle los suministros porque estaría incurriendo en un delito de coacciones. Sólo puede esperar a que el sinvergüenza decida irse, porque ha encontrado un chalé más cuqui donde okupar con sus lechoncillos, o llamar a empresas tipo Desokupa, para que saquen de allí al miserable e indeseable delincuente. Eso es en el mejor de los casos porque si el pagafantas vive de milagro y no llega a fin de mes le correspondería okupar un puente y vivir entre cartones y ratas. Eso por no mencionar que el dueño de la casa decida defenderse del intruso, porque como lo mate en defensa propia acaba en prisión, dado que lo mismo no fue una autodefensa proporcional porque no tuvo en cuenta hacerle el cuestionario correspondiente para saber para qué había entrado, si a robar, matar, violar o qué.

 

El español medio, el pagafantas de este artículo, tampoco tiene derecho a protestar porque no quiere que España se llene de extranjeros, que van a vivir de los impuestos de todos, que vienen a vivir del cuento y del robo y la okupación.

 

Se ha hecho regla general que el extranjero que viene, sobre todo si es moro, tiene que tener acceso cuasi ilimitado a todo, que paga el pagafantas, valga la redundancia. Sí, español, sí: esto es barra libre para quien llega (no hablo de quien viene a trabajar y a vivir de manera digna pagando impuestos, como todo hijo de vecino) y cree que España es el paraíso de los jetas, que eso es lo que lamentablemente somos a día de hoy. Los progres, una parte de españoles que creen que sus ideas son las mejores y que debes acatarlas so pena de lo que se les ocurra, dictaminan que allí donde haya un conflicto, nos traemos a todas las víctimas. Da igual si el Derecho internacional dice que en caso de guerra los que huyen deben ser acogidos por el primer país más cercano que no esté en guerra. Da igual.

 

Los progres exigen que nos los traigamos a vivir aquí (pero no los meten en sus propias casas, claro está) y los que llegan exigen sus derechos, que no llevan aparejados ningún deber. Para eso ya está el pagafantas, que debe hacer una leve genuflexión, como nos ha enseñado Pedro Sánchez que hay que hacer, tal cual él la hizo ante la bandera de la comunidad autónoma catalana.

 

Podría seguir enumerando casi hasta la náusea, pero tampoco quiero que este artículo sea una invitación al suicidio. La parte positiva de todo este desvarío es que puedes cambiar de sexo siempre que quieras, pagafantas. No sé si hay un número ilimitado de cambios gratis o si a partir del cambio equis se paga una tasa, no lo sé, pero oye, a eso de momento sí tienes derecho… Menos da una piedra. Algo bueno tenía que haber salido de este atajo de desgarramantas que está convirtiendo España es un inmenso lodazal de lava vital.


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