Connect with us

Opinión

Sigue aumentando la burbuja universitaria

Avatar

Published

on

No hay día en el que quienes nos hablan de Europa y de la “identidad europea” no hagan referencia a la enorme aportación que hicieron a Europa y al mundo los antiguos romanos, pero nunca suelen decir qué aportaron y qué ha perdurado de aquella cultura, aquella civilización que surgió de una aldea de campesinos en el territorio de la actual Italia. Sí, aunque muchos lo ignoren, la antigua Roma y la cultura romana estaban dominadas por una oligarquía rural, de propietarios que, explotaban directamente sus propias tierras: una clase social muy distinta de la nobleza guerrera de la epopeya homérica de la antigua Grecia.

Una de las razones fundamentales por la que Roma duró siglos y siglos fue por la forma en que los romanos eran educados. La educación romana se basaba en el “mos maiorum”, “la costumbre de los ancestros”, conjunto de reglas y de preceptos que el ciudadano romano, apegado a la tradición, estaba obligado a respetar. Transmitir esa tradición a los jóvenes, hacerla respetar como un ideal incuestionable, como base de toda acción y de todo pensamiento, era la tarea esencial del educador.

Al joven romano no sólo se le educaba en el respeto a la tradición nacional, patrimonio común a toda Roma, sino también el respeto a las tradiciones propias de su familia de origen.

En opinión de los antiguos romanos la familia es el entorno natural en el que debe crecer y formarse el niño.

La educación de los niños y adolescentes en la antigua Roma se producía en el ámbito familiar hasta los diecisiete años; primero, hasta los siete años, se llevaba a cabo bajo la supervisión de la madre; y con posterioridad, bajo la vigilancia del pater familias, a quien acompañaban en sus actividades cotidianas.

En la antigua Roma el padre era considerado como el verdadero educador; el pater familias romano se entregaba con plena implicación, en el cumplimiento de su papel de educador.

El conservadurismo -conservar lo que funciona- del que vengo hablando justifica el que Cicerón, a mediados del siglo I a. C., acabe afirmando que el bien de la patria es la suprema ley -salus publica suprema lex esto-, y años después estará presente en el intento de restauración de los viejos ideales morales que llevarán a cabo algunos emperadores siguiendo las directrices de Marco Flavio Quintiliano (originario de Calahorra, La Rioja) en el primer siglo de nuestra era.

Si observamos aquella “antigua educación”, advertimos, en primer lugar, un ideal moral: lo esencial es formar la conciencia del niño o del adolescente, inculcarle un sistema rígido de valores morales, de reflejos seguros, perdurables, un estilo de vida.

Cuando los antiguos romanos acaban asumiendo la cultura griega y se “helenizan”, hacen suya la filosofía griega, sus costumbres (no sin reticencias y múltiples protestas “nacionalistas”) adaptan su sistema educativo a las nuevas corrientes de pensamiento y pedagógicas que les llegan de oriente.

Los romanos crearon un sistema nacional-estatal de enseñanza, una red de centros educativos en todas sus provincias, que llegaba hasta los lugares más remotos del imperio. Aunque no fueron especialmente innovadores, pues calcaron el modelo de la los griegos, mejor dicho atenienses, sí fueron ellos quienes lo divulgaron e implantaron por todos los lugares que rodean el “Mare Nostrum”, el Mediterráneo.

Tanto en la red de centros estatal de enseñanza, como en los centros privados, el objetivo principal era preparar a la juventud para que acabase asumiendo cargos de responsabilidad, ya fuera en la empresa privada como en la administración de la cosa pública; tanto en un ámbito como en el otro, los antiguos romanos pensaban que debían estar presentes la honestidad, la laboriosidad y la lealtad. El sistema educativo romano pretendía formar personas de orden, metódicos y enérgicos; una élite activa, emprendedora y bien educada. Los romanos de entonces nunca perdían de vista su ideal de “ciudadanos hechos a sí mismos”, para lo cual, para progresar, tanto académicamente como profesionalmente, o en la política, eran tenidos en cuenta la capacidad y el mérito, sin olvidar el compromiso ético de servicio a sus conciudadanos. Efectivamente, los antiguos romanos eran educados en la responsabilidad, en la justicia y en el sentido del deber… Todo lo contrario de lo que actualmente se practica en España.

Los antiguos romanos pusieron en marcha un sistema de instrucción pública equiparable a los actualmente existentes en el mundo desarrollado, y que este sistema educativo fue una de las razones de que la cultura, la civilización romana durara siglos y siglos.

He comenzado describiendo como era la educación en la antigua Roma, porque en estos tiempos que nos han tocado vivir, es imprescindible –más que nunca- releer a los clásicos, volver la vista atrás, no para regodearnos en la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor, sino para aprender de los aciertos y de los errores de nuestros ancestros.

Bien, regresemos a la España del siglo XXI:

La formación de nuestros niños y jóvenes españoles cada vez es peor, se ha ido deteriorando de forma terrible en las últimas décadas, basta con echarle un vistazo a los informes Pisa (Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) que, se lleva a cabo en los países pertenecientes a la OCDE, y observar también el funcionamiento de las universidades sostenidas con fondos públicos para comprender la situación de degradación a la que hemos llegado.

Una prueba de ello es el número de universitarios españoles que, tras terminar sus estudios, no encuentra empleo, que dobla la media europea. Doce de cada cien titulados españoles está en el paro, frente al 5,2% de la Unión Europea.

Otra muestra del deterioro del que vengo hablando es la alta tasa de abandono en nuestras universidades: más del 30% de los estudiantes no concluyen sus estudios, el doble que en Europa; a lo que hay que añadir el alto índice de repetidores, pues apenas la tercera parte de los que se titulan finaliza la carrera sin repetir curso, según los datos del Ministerio Español de Educación.

Tampoco está de más recordar que, año tras año, las universidades españolas no consiguen ser incluidas en la lista de universidades con mayor reconocimiento internacional. El índice de Shanghái, el más prestigioso, suele ubicar a los centros universitarios españoles más allá del puesto 201. Solo hay diez universidades españolas están entre las 500 mejores del mundo.

Según diversos informes internacionales, y en particular el Directorio de Asuntos Económicos de la Comisión Europea en 2016, el 68% de los jóvenes españoles que lograron terminar sus estudios en las universidades españolas –a las que en general llegan con una paupérrima enseñanza primaria y secundaria- no reúne los requisitos mínimos exigidos para incorporarse al mercado laboral, motivo por el cual es un absoluto disparate que haya quienes reclamen para ellos empleos para los que se necesita una alta especialización, así como altos salarios.

La idea, repetida hasta el hartazgo, de que los jóvenes actuales son la generación mejor preparada de la historia de España y que por desgracia está condenada a emigrar o a aceptar empleos precarios, mal remunerados, es un tópico muy socorrido, sin fundamento, una absoluta necedad. Es una tremenda falsedad con la que los políticos profesionales que España y los españoles sufrimos desde hace años, tratan de engañarnos de forma demagógica, porque su tremenda mediocridad los conduce a creérsela, o para tratar de no tener mala conciencia y eximirse de cualquier responsabilidad, o sencillamente porque nos toman por estúpidos.

Los caciques y oligarcas, los profesionales de la política y sus trovadores, han convencido, entre otra muchas cuestiones, a una gran mayoría de nuestros compatriotas de que la escolarización masiva –masificada es un signo de modernidad. Han convencido a la mayoría de los españoles de que, la modernidad consiste en impedir y sancionar el mérito y el esfuerzo, a la vez que se premia la mediocridad (el aprobado general). Han convencido a los españoles de que la modernidad, el progreso, consiste en hacer más fácil el acceso a los estudios universitarios (más del 95 por ciento de quienes se someten a la selectividad supera el examen de acceso). Olvidan a propósito que, progresar es sinónimo de avanzar para mejorar; y por supuesto, tampoco tienen en cuenta que uno de los principales problemas a los que se debe enfrentar España es la pobrísima calidad de la enseñanza que reciben nuestros jóvenes que, inevitablemente conduce a la incapacidad para satisfacer las necesidades que demandan las empresas.

Pero, lo que más sorprende es que todos aquellos a los que, de vez en cuando se les llena la boca de expresiones como que “es necesario un pacto nacional por la educación” y recursos retóricos vacuos semejantes, nunca argumentan nada medianamente racional, nunca mencionan ninguna medida que, pretenda mejorar la actual situación de indigencia y que, vaya en la dirección de que los jóvenes tengan salidas profesionales y empleos duraderos.

Por un lado tenemos a la izquierda española que nos vende constantemente la idea de que la culpa de todo la tienen los empresarios, esos bandidos que se niegan a contratar a la generación de jóvenes mejor preparada de la historia de España y que, cuando lo hacen les ofrecen sueldos irrisorios y regímenes poco menos que esclavistas (esta historia macabra también se vende en los centros de enseñanza, desde el parvulario a la universidad, y se ve reforzada por los medios de información “progresistas”).

Pero la triste y cruda realidad es muy diferente, esos sapientísimos y cualificadísimos jóvenes, son generalmente analfabetos funcionales, y muchísimos de ellos no dominan su propio idioma y la mayoría tendría enormes dificultades para superar las antiguas reválidas que, ahora tanto se denostan y demonizan. Sí, son muchos los que apenas saben hacer la “o” con un canuto, y por no saber, algunos no saben qué es un canuto.

Y, por otro lado, está la derecha boba que, se ha adherido, también, al consenso socialdemócrata y al discurso igualitarista, hasta el extremo de que algunos de sus miembros han llegado a afirmar que, una posible solución para acabar con la precarización de la enseñanza, el fracaso escolar y el abandono temprano de los centros de estudio, era permitir pasar de curso con suspensos… e incluso promocionar al bachillerato de ese modo.

¿Se trata de una burla cruel o de sadismo?

De veras, es llamativo que sigan administrándole al enfermo una medicación que, a todas luces hace que empeore su salud. Es aquello muy común, de haber emprendido un camino equivocado, darse cuenta de que no conduce a ningún lado, y en lugar de volver al comienzo del sendero –para tomar el camino correcto-, seguir, seguir hacia delante, y repetir una y otra vez que ya se encontrará un atajo, y que bastantes dinero, tiempo y energías se han invertido ya, como para volver al principio… Sería reconocer que se ha emprendido un camino equivocado, pero eso será lo último que hagan nuestros actuales gobernantes, sean en las taifas hispánicas o en el gobierno de la nación.

Por supuesto, todos, el gobierno y la oposición nos dirán que les preocupa la mejora la empleabilidad de los jóvenes y que están estudiando la manera de procurarles ese empleo estable por el que dicen “apostar”. Aunque siempre olvidan decirnos que el dinero que apuestan no es el de ellos, sino el nuestro.

Y no se trata, solamente de que en las universidades españolas entren muchos malos estudiantes, sino que la mayoría de ellos acaba consiguiendo el título sin apenas hacer esfuerzo, y por supuesto con muy escasa formación. Y todo ello se da por la sencilla razón de que, en la enseñanza universitaria española, tal como en el resto de los centros y niveles educativos está proscrito el mérito y el esfuerzo, y apenas sirve de guardería en la que se aparca a nuestros jóvenes, a los que se les crea falsas expectativas, se les engaña, y se les acaba suscitando frustraciones.

Claro que, a quienes parasitan a nuestra costa y viven de nuestros impuestos, todo esto les importa un bledo.

Y mientras tanto, existe una enorme cantidad de padres españoles que parecen estar satisfechísimos, enormemente orgullosos con la idea de tener en casa uno o varios titulados universitarios, y orlas que colgar en las paredes… pero con conocimientos, y capacitación que, la empresa privada no pide (tampoco la pública), titulados universitarios que tienen como futuro inmediato el desempleo.

Llegados a este punto, la única conclusión posible es que todos los españoles, salvo honrosas excepciones, viven felizmente engañados.

Pasemos a hablar de la “burbuja universitaria”:

España vive en una continua burbuja, que cambia de forma y de tamaño; la tendencia al endeudamiento, al despilfarro, por parte de las administraciones es enfermiza, obsesiva. Tenemos –y sufrimos- la burbuja de los aeropuertos, también la del AVE, la de las autopistas de peaje y las denominadas “radiales”, la burbuja de las cajas de ahorro… y por supuesto, no podemos olvidar la más famosa de todas: “la inmobiliaria”. Pero de la que apenas nadie habla, y cuando reviente puede tener resultados catastróficos, es de la burbuja universitaria.

¿De veras en España son necesarios 2500 grados y casi 3000 másteres?

España posee más de 1,5 millones de estudiantes universitarios, frente a una población de 3,23 millones de sus mismas edades, es decir una tasa del 47%, lo que nos sitúa en la parte más alta de la lista de países de UE.

En España hay carreras similares, con el mismo programa de estudios, a las que, las universidades les ponen nombres diferentes -cada vez más rimbombantes- con la intención de hacerlas más atractivas pues entre las diversas universidades hay una encarnizada competición en lo de captar alumnos-clientes. Tal es así que, hasta la universidad más pequeña de España ofrece la misma lista de titulaciones que la más grande, pues todos los papás desean que sus hijos estudien cerca de casa.

Otra causa de la desmesura, del exceso de grados y de másteres de nueva creación, es la lucha permanente entre departamentos de las diversas facultades universitarias por conseguir capacidad de influencia. Cada departamento es una taifa que aspira a conseguir el mayor número posible de alumnos, para poder pretextar la necesidad de aumentar el número de profesores, y así y conseguir más poder.

Casi todos los departamentos ofrecen su propio grado, un esperpento, pura demencia. Ofrecer más titulaciones es la excusa perfecta para reclamar más puestos de trabajo. Hasta el extremo de impartirse másteres con escasamente una decena de alumnos.

Existe una hiperinflación, una enorme burbuja de titulaciones: infinidad de títulos que se crean, no para atender a la demanda de los estudiantes sino, para justificar la contratación de profesores, y para conservar sus empleos. Y la calidad de la mayoría de las titulaciones deja mucho que desear…

Y la gran paradoja es que cada año que pasa hay menos jóvenes que el año anterior, y por lo tanto una demanda a la baja, debido al descenso de la natalidad. A pesar de ello, la oferta de titulaciones con baja demanda sigue persistiendo y vuelve a incrementarse, sin que nadie la cuestione ni esté por la labor de ponerle remedio a tamaño desbarajuste.

España cuenta con 83 universidades y más de 240 Campus presenciales, es decir 25 universidades por cada millón de personas en edad universitaria; 1,78 universidades por cada millón de habitantes.

Hablo de una descomunal burbuja a la que nadie pretende poner fin. Y lo peor de todo es que se siguen abriendo nuevas universidades, al ritmo de una por año, y como consecuencia, a corto o medio plazo habrá facultades universitarias en las que muchos profesores no tendrán alumnos o que el número de horas semanales sea auténticamente ridículo.

¿Cómo podemos mantener, pagar, todo esto? Pues, no olvidemos que “nada es gratis”. ¿Estamos dispuestos a seguir malgastando, despilfarrando, derrochando tales cantidades de dinero, con la intención de mantener a nuestros hijos al lado de casa, y para obtener un título sin apenas valor?

Como resultado de lo que vengo narrando, en España existe una minoría de jóvenes altamente especializados, y realmente bien preparados que, generalmente son hijos de padres que se pueden permitir enviarlos a prestigiosas universidades privadas, en España, o en el extranjero. Y obviamente esos jóvenes acaban teniendo más posibilidades de optar a mejores puestos de trabajos y conseguir altos salarios. Y, por otra parte existe una enorme cantidad de titulados universitarios, con formación escasa, precaria que tiene muy difícil, por no decir imposible, acceder a empleos bien pagados.

Ni que decir tiene que este círculo vicioso irá aumentando de forma exponencial a medida que se vaya generalizando la mecanización y robotización de los diversos sectores de la economía.

Frente a esto, solo caben dos soluciones. Una a largo plazo: aumentar la natalidad, e incluso si así se hiciera, tampoco tiene demasiado sentido mantener tal número de centros universitarios. Otra opción sería darle otro uso a multitud de instalaciones universitarias, cerrar algunas de ellas y recolocar a los profesores en otros centros, e incluso, más todavía: reciclar a parte del profesorado universitario, para que preste mejores servicios a los españoles, en otros ámbitos.

Es mucho más barato becar al conjunto de alumnos existentes, más de 1,5 millones con 12.000 euros/año, para que vayan a las mejores universidades, que mantener la burbuja universitaria, la multitud de facultades universitarias que en muchos casos no poseen ni calidad ni excelencia.

Advertisement
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

Cutre sanchismo bolivariano, corrupto y caprichoso. Por Jesús Salamanca Alonso

Avatar

Published

on

«Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone…»

 

Ya no lo pueden ocultar. Se les ha visto enseguida el pelo de la dehesa y han mostrado un alto grado de chulería, bandolerismo e inusual acomodo sin importarles la ciudadanía. Con muy mala fe y peores intenciones, el sanchismo de bragueta caliente ha penetrado en las instituciones como elefante en cacharrería. Y lo han hecho con la colaboración y aquiescencia de esos pequeños partidos asalvajados, sin perspectiva, sin futuro y con miedo a quedar fuera del parlamento; me refiero a los socios del sanchismo, hoy corrompido por los cuatro costados, sin nada que ofrecer y mucho que penar por sus desmanes, presuntos delitos, comisiones ilegales, mordidas brutales, enriquecimiento ilícito, contrabando de joyas y cuentas opacas entre otras gracietas. Ayer decíamos que «el que paga por llegar, llega para robar». Y así ha sido. ¿Ha cambiado algo de ayer a hoy?

Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone, el riesgo de ser juzgado y la garantía de ser un pasante más de centro penitenciario. Solo apreciaremos una brisa de esperanza cuando el castigo de la prisión acoja a los comisionistas, golpistas, francotiradores del deshonor, corruptos, titulares de «offshore» y abusadores aprovechados del Erario Público. Tranquilos que en Hacienda también se refugian algunos, como se ha podido comprobar. ¿Acaso creen que la cúpula del ministerio de Hacienda, recién dimitida, ha dado el paso por deporte? «Átate los machos, María Jesús, que empiezan a sonar esquilas, vociferar denunciantes y llegar documentación a quien debe basarse en ella y después condenar».

La situación política de corruptos, acosadores y jueces responsables se pone interesante. No hay más que fijarse en la judicialización del sobre de Víctor de Aldama. En este sentido, Donald Trump se ha comprometido a que, de no decir la verdad la «cacatúa» venezolana, acabará en prisión. Pero ha ido más lejos el «amenazador» presidente, de ahí que haya comprometido su palabra. Antes o después, y tras ser buenos amigos, Aldama y Delcy han acabado como el rosario de la Aurora. Para quien no lo sepa, o no lo recuerde, Delcy Rodr´guez ha sido la primera responsable de asesinatos, abundante narcotráfico, procuradora de presuntas riquezas con destino a Rodríguez Zapatero y ha saqueado el petróleo venezolano para dárselo a Cuba, lo que ha supuesto un incontable enriquecimiento para ella. Con ese petróleo no se podía traficar.

Me gustaría saber qué ha tenido que ver Delcy Rodríguez en la muerte de Paco Suárez. Tal vez, todo. No lo puede negar. Quizá nada tuvo que ver Zapatero. Yo no le creo capaz, pero no pongo la mano por un sanchista ni para colgar su abrigo. Están empezando a recoger lo que han sembrado. La delincuencia sanchista me agobia, delinquen más deprisa de lo que puedo abarcar. Hoy me entero que PDVSA estaba defendida por Baltasar Garzón; conste que lo cuenta el «Pollo» Carvajal, el mismo que acusa a Garzón de haberse «llevado mucho dinero», pero ni da pruebas ni lo aclara ni lo explica, ¿será que esa información no me ha llegado o es que tira la piedra y disimula la mano?

Tras las fechorías de Delcy, se nota que ha ganado en inseguridad sobre su persona. ¿Venían las «joyas de Nefertiti» en alguna de las cuarenta maletas del aeropuerto? Ha demostrado que colaboró con el PSOE a tiempo total, desde callar trapacerías hasta ocultar las mentiras que se han dicho sobre la falsa liberación de presos por parte de Zapatero y el episodio de Edmundo González, pasando por la posible entrega de mina de otro y joyas sin controlar tras expropiarlas, al menos es lo que cuenta el «Pollo», que más tiene de gallo que de cobardica. Eso, sí, el expresidente, Rodríguez Zapatero, que no vuelva a hablar de liberación de presos bolivarianos porque no lo ha hecho.

Esa falsa liberación y sus amenazas a presos del helicoide, tan solo son palabras vacías del ministro Albares para tapar su propia inutilidad en el exterior. No coincide lo dicho por el «joyero» Zapatero con lo que cuentan los presos y la ciudadanía venezolana. Al «Zapa», como le llaman en Caracas, le consideran una de las personas que más ha colaborado con el régimen y más daño ha hecho a los venezolanos, de ahí su miedo a que hablen Corina Machado, Trump, Edmundo González, Diosdado Cabello y el «Pollo» Carvajal. Ya solo le falta decir a Rodríguez Zapatero que el helicoide y la tumba eran un «resort», un invento de la oposición y un chiringuito financiero para los presos políticos, con ahorro obligatorio.

¿De dónde venía el dinero de las comisiones y mordidas de Rodríguez Zapatero y sus hijas? Canta, canta, José Luis, que te va a arder la lengua. Se habla de unos trabajos, llevados a cabo por las «góticas», que no tenían el valor de lo que ingresaban. ¿Y pensaba ZP que no se iban a investigar esas cantidades astronómicas? Todos sanchistas y «zapateristas» nos toman por imbéciles hasta que alguien los orina en la oreja para que crean que llueve. José Luis estaba convencido que nadie le metería mano por haber sido presidente. Demostraba ser un chulo de estantería, sin más, como Patxi López ante las preguntas del considerado y profesional de la comunicación, Vito Quiles.

A la vista de lo sucedido, estamos ante un mentiroso compulsivo y lo hemos visto en el tema de las joyas: ha dado varias versiones diferentes y difíciles de creer. Es tan torpe que, con tal de que nos creamos sus inventados relatos, lo mismos le da planchar huevos que freír corbatas o arrastrar catedrales. Si bien es tan chapucero y mentiroso como Sánchez, también es falso, corrupto y zángano, además de irresponsable. ¿A quién se le ocurre pringar a sus hijas en su trama, sabiendo que pueden acabar en prisión como él? El tiempo dará fe de cuanto digo. De momento, la doy yo. Al «Bambi» se le ha caído el sombrajo. Hoy tiene menos credibilidad que la directora general de la Guardia Civil, el DAO y la fiscalía general del Estado juntos.

¿Tendrá Zapatero la hombría, categoría moral y dignidad de renunciar al doctorado que la Universidad de León (ULE) le regalo por desconocimiento de sus fechorías y abusos posteriores? ¿Qué mérito y merecimiento tenía este señor? ¿Tendrá dignidad Fernández Mañueco para exigir a la ULE que le retire el doctorado?

Supongo que algo tendrá que decir la Junta de Castilla y León de este caso y de las acusaciones de corrupción al todavía presunto, y tal vez futuro imputado por la UCO, exalcalde soriano.

Continue Reading
ALERTA NACIONAL