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Opinión

Unos en Defensa de España y otros rompiéndola entre “coalición” y “cooperación”

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He comentado alguna vez mi pertenencia desde 2013 al Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia, adscrito a la Universidad CEU San Pablo, que se define como “un centro multidisciplinar de investigación y estudios superiores de posgrado” y dentro de éste, la citada Aula Política “se propone congregar a un grupo de personas con preocupación por la vida pública, por el hombre y por la sociedad, con espíritu universitario capaz de analizar críticamente el pensamiento correcto, desde el respeto a los principios básicos del humanismo cristiano”, que en los diferentes cursos académicos viene desarrollando seminarios y análisis sobre temas tan interesantes e importantes para la realidad política de España como los de la posible y necesaria Reforma constitucional explicada en “Recuperar España. Una propuesta desde la Constitución” -libro presentado en 2013-; la revisión de los Valores que inspiran España y Europa; la Organización y Modelo del Estado; las también necesarias reformas de la Ley Electoral y del Poder Judicial; el estudio de la deriva de la organización territorial del Estado y las desorbitadas comunidades Autónomas o el pormenorizado trabajo recogido en el libro “España, Democracia y Futuro”, publicado en 2017, en el que se recogen diferentes aspectos sociales, políticos y económicos dentro del marco democrático que los españoles nos dimos a partir de 1978, analizados con la perspectiva de 40 años de luces y sombras de una “democracia participativa” evolucionada en “partidocracia endogámica” -esta última frase es mía-.

El pasado martes tuve el privilegio de asistir a la clausura del actual curso académico, celebrada en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas de la citada Universidad, en la que el que fuera Ministro de Presidencia y de Educación con Adolfo Suárez durante la Transición, José Manuel Otero Novas, Presidente del IED y del Aula Política, presentó el documento “Propuestas urgentes a la Nación”, tras lo que se procedió a la entrega de los Premios al Mérito en Defensa de España.

Otero Novas, desde una visión retrospectiva, recogió en su discurso las conclusiones del ciclo que se ha desarrollado en el Aula durante el presente curso y que, como se hiciera con los anteriores y el conferenciante destacó, se ofrecerán a los diferentes partidos políticos que “hasta ahora, han hecho poco caso a lo que venimos enviando”. Hizo un resumen del devenir de estos cuarenta años -largos ya- de periodo constitucional, lamentando tal vez, en mi opinión, la evolución en algunos aspectos de la interpretación de la propia Constitución, así como de la triste influencia y creciente demanda que los minoritarios partidos nacionalistas han ejercido siempre sobre los diferentes gobiernos.

Ya se tratara del Partido Socialista Obrero Español o del Partido Popular, ambos han venido “pagando” excesivas prebendas, siempre y “especialmente en el caso del País Vasco”, muy superiores a las que corresponderían a su escasa representación electoral considerada a escala nacional -seguramente evitable si una nueva Ley Electoral estableciera un límite porcentual mínimo, por ejemplo del 3% referido al censo global, para tener representación en el Congreso, añado yo también- y nada indica que esto vaya a cambiar, “es ingenuo pensar que no van a seguir así” decía Otero Novas, y mi experiencia vital -porque creo que es un fenómeno no exclusivo de la política sino comprobable en la vida diaria- me dice que esa política de “Ceder siempre en algo que eleva el suelo desde el que se produce la siguiente reivindicación” ha sido un tremendo error de desconocimiento o infravaloración del nacionalismo y sus fines, porque no hay más que observar un poco para ver que su deseo de poder es insaciable por mucho que se les dé y siempre pedirán más hasta que llegado el momento en el que consideren que tienen el suficiente para atentar contra el todo, lo harán sin dudar, como lo demuestran los hechos de estos años, especialmente el golpe de Estado intentado de Octubre-2017. Llegado a este punto me pregunto si no se debería haber actuado ya ilegalizando los partidos políticos que tengan como fin algo tipificado como delito -¿no lo es atentar contra “la indisoluble UNIDAD de la Nación española, PATRIA COMÚN e INDIVISIBLE de TODOS los españoles”, que dice el Art- 2 de la Constitución?-, que para el caso de las asociaciones -no otra cosa son en esencia los partidos políticos- recoge el Artículo 22.2 de la ya mencionada varias veces C.E.

En relación a aquella propuesta reformista de 2013 y reconociendo que “en los seis años transcurridos, el problema se agudizó” añadió que “no podíamos esperar pasivamente a la crisis del Régimen”, para pasar a continuación a aportar algunas “Soluciones para detener ahora la deriva”, expresando cierta nostalgia porque “Los grandes Partidos nacionales… podrían haber pactado… en momentos puntuales…, unas cuantas abstenciones o votos positivos, para no tener que entregarse, en contra del resto de España, a la voracidad de los Partidos nacionalistas”, citando que “Los apoyos que hay que pactar… son realmente cinco en cada legislatura, uno para la investidura de Presidente de Gobierno y cuatro para pasar las votaciones de totalidad en las Leyes de Presupuestos”, para rematar esta parte afirmando que “No han tenido la suficiente visión de Estado para ello”, pero “Todavía pueden hacerlo ahora”, como nuevo llamamiento a los políticos.

Pasó a continuación por una referencia al posible delito de Rebelión que se juzga en el Tribunal Supremo, recomendando que “Deberíamos dejar a los Tribunales que decidan lo más procedente”, resaltando que “El independentismo no puede juzgarse acto a acto… se trata de un conjunto unitario al servicio de un fin que sus mismos autores califican precisamente como procés” y afirmando que, de acuerdo con la Ponencia presentada en su día en el Aula Política por el Fiscal en excedencia de la Audiencia Nacional, Ignacio Gordillo, “pensamos que procede estimar la existencia de un delito de rebelión” , para el que “no es preciso el uso de fuerza militar, cuando el propio precepto concibe eso como agravante”, para concluir admitiendo que “Si lo ocurrido no es rebelión, estamos invitando a que se repita y triunfe”.

Hizo después una referencia a “Los límites de los Partidos” y a determinados tipos de democracia, reflejando la necesidad de cambiar la Ley de Partidos para incluir “como causa de ilegalización la redacción o ejecución de planes de separación”, concluyendo con un “España vale la pena” refiriéndose a la Ponencia presentada por otro miembro del Aula, José Miguel Ortí Bordás, sobre “el extraordinario valor de la nación española, de las más antiguas del mundo, que ya se llamaba Hispania en tiempos de los romanos”, y reconocía que “si bien el Estado vuelve a estar desfalleciente, la nación se mantiene como realidad pujante”, que “La nación es algo que los españoles actuales hemos recibido de nuestros antepasados fruto de muchos sacrificios y esfuerzos acumulados a lo largo de los siglos, que debemos dejar a nuestros descendientes” y que “En más de dos mil años Nuestra vitalidad y cohesión decayó muchas veces, en ocasiones parecía irremediable, pero siempre la nación española resurgió”.

Finalizó su brillante conferencia con una Coda “Debemos mantener un sano y razonable orgullo de pertenencia a la Nación hispana” e invitando a los presentes a que “se asocien con nosotros, rindiendo público homenaje a cuatro ciudadanos… que destacan por su dedicación, desde diferentes campos, a la promoción y defensa de la Idea y los intereses de España”.

A continuación el Cuarteto de cuerda Arte entre amigos interpretó “La oración del torero” y se procedió a la entrega de los Premios que citaba antes, por parte del Gran Canciller de la Universidad CEU San Pablo, Alfonso Bullón de Mendoza, a cuatro representantes de la sociedad española:

Francesc de Carreras, Catedrático Emérito de Derecho Constitucional de la Universidada Autónoma de Barcelona, militante en su juventud en el PSUC –Partido Socialista Unificado de Cataluña- y fundador junto a Félix de Azúa, Albert Boadellas y Arcadi Espada, entre otros de la plataforma que acabó convirtiéndose en 2006 en el partido político Ciudadanos.

Augusto Ferrer-Dalmau, pintor y seguidor del estilo realista de Antonio López, evolucionado desde el diseño textil y los paisajes urbanos de Barcelona hasta la temática militar, en la que recoge los principales episodios de la Historia de España, en un excelente trabajo de documentación sobre armamento, uniformidad, vexilología y pertrechos militares de impecable rigor histórico.

Gloria Lago, Profesora en el Instituto San Tomé Freixeiro de Vigo y creadora de la Asociación Galicia Bilingüe, destacada en su lucha porque los padres gallegos puedan elegir libremente la lengua para educar a sus hijos en contra de la creciente inmersión lingüística que también va ganando terreno en Galicia y, desde 2017, Presidente de la Asociación Hablamos Español, que consiguió 500.000 firmas de ciudadanos españoles para presentar en el Congreso de los diputados una iniciativa parlamentaria para una Ley de Libertad de Elección Lingüística.

Alfonso Ussía, nieto del dramaturgo Pedro Muñoz Seca, autor entre otras fantásticas y divertidas obras de La venganza de don Mendo, del que no hace falta mucha presentación por ser de sobra conocido por sus libros, columnas periodísticas en ABC y La Razón y aquellos “Debates sobre el estado de la Nación” radiofónicos con Tip y Coll, Mingote y Antonio Ozores -todos q.e.p.d.- y creador de su personaje fantástico, el Marqués de Sotoancho, a través del que analiza con simpática agudeza e ironía el momento social y político de España.

Todos agradecieron el premio recibido con unas breves palabras, coincidiendo en lo “inmerecido del premio”, de las que las del último premiado destacaron por algunas anécdotas tales como la referida a Federico Muelas, que en 1955 fue pregonero de Navidad en el convento de la Encarnación y “empezó a las siete y media de la tarde y a punto estuvo de no poderse celebrar la Misa del gallo” y al año siguiente, Manuel Alcántara se refirió a su antecesor por cortesía, dijo: “En el Portal de Belén, habló Federico Muelas y al terminar, las pastoras eran ya todas abuelas” o, en palabras de Manuel del Palacio, poeta satírico y diplomático, explicando la facilidad que tiene el español para meter la pata en los momentos más inoportunos “Diálogo al vuelo cogido en el baile de Menchaca: Oriénteme usted querido ¿quién es esa horrible vaca que al pasar me ha sonreído? Se lo diré caballero, es doña Julia Terrón, hija del Duque de Ampuero y madre de este ternero que está a su disposición” y que dijo que “una cosa es la Nación, España, y otra el Estado”, al que definió como el “administrador de España, a veces desastroso y en estos momentos arruinando a la mitad de españoles con unos impuestos salvajes”, “la España de las autonomías se equivocó con este nuevo feudalismo”, afirmaciones que suscribo.

Cerró el acto el mismo Cuarteto con la interpretación del Himno Nacional y de los que se debaten entre la “coalición” y la “cooperación” sin saber lo que dicen, ya escribiré en otro momento. Creo que es un tema menor frente a lo tratado hoy.


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¿Son las mujeres efectivas en el Ejército?

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En la pregunta va implícita el debate entre el militar institucional (o vocacional) y el ocupacional, que parece ser el caso de esta comandante, que sigue abierto, pues responde, también al modelo de FAS que se pretende, máxime cuando está abierta la cuestión sobre la profesionalización del Ejército. La profesión militar, para ser auténtica, hay que vivirla vocacionalmente. Y ello sin perjuicio de que cada día gane más en un pretendido ocupacionalismo fruto de la inevitable especialización técnica.

La única cuestión que parece haber suscitado, aquí y en otros lugares, algunos problemas es la de la integración de las mujeres en las FAS. El principio constitucional de igualdad veta cualquier discriminación por razón de sexo; y en virtud de la necesaria desigualdad a la que lleva la igualdad bien entendida han existido, en ocasiones, dobles baremos: el masculino y el femenino, menos exigente por estar adaptado a las globalmente inferiores capacidades y condiciones físicas de la mujer.

El problema tiene dos importantes variaciones: en primer lugar, si es posible que la mujer ocupe cualquier puesto en las FAS; y, en segundo, si es necesario y conveniente un doble baremo de pruebas para el acceso a la carrera militar o a algunos de sus puestos y funciones.

Como término general existen las siguientes diferencias:

1.- Físicas: menor peso, menor estatura, menor resistencia a la fatiga, mayor resistencia al dolor, diferencias constitucionales, menor fuerza, mayor flexibilidad, mayor elasticidad.

2.- Psicológicas: menor estabilidad emocional, menor resistencia al estrés, menor control emocional, mayor capacidad verbal, menor agresividad física, mayor sumisión, menor independencia.

Muchas de estas diferencias, además de las fisiológicas derivadas de las físicas y con posibles consecuencias psicológicas (periodo, embarazo, lactancia, menopausia), son las que llevan a numerosas fuerzas armadas a vetar el acceso de la mujer a determinados puestos en las FAS o, en general, a primera línea de fuego (éste es el caso de Inglaterra, Francia, República Checa, EEUU y Grecia). Otros ejércitos, como es el caso del israelí, tras la experiencia de movilización general y participación de la mujer en combate han comprobado que existen una serie de circunstancias que obligan a apartarla de esa primera línea, aun cuando hace un papel insustituible en segunda línea. Finalmente, en otros países se permite que las mujeres ocupen cualquier puesto, como son los casos de Hungría, Canadá, Suecia, Belgica, Holanda y Noruega, aunque muchos de ellos tengan limitaciones puntuales en los destinos como submarinos, tanquistas, comandos especiales o fuerzas navales. Hay países en los que en ningún caso participa la mujer en las Fuerzas Armadas. Italia y Alemania, principalmente.

Lo que en ningún caso debe hacerse es rebajar el baremo para cubrir los puestos vacantes con quien sea. Es decir, a cada tipo de puesto le corresponde un mínimum físico y psíquico que debe ser superado por quien sea para ocupar ese puesto. Pues, de otro modo, se perdería la efectividad militar y, por tanto, la guerra.

La fallecida ex ministra socialista de Defensa, Carmen Chacón, junto a un grupo de mujeres militares.La fallecida ex ministra socialista de Defensa, Carmen Chacón, junto a un grupo de mujeres militares.

En España, la incorporación de la mujer a las FAS es una cuestión que se ha legislado tarde y mal. El Decreto Ley 1/1988 trató de ordenar esta cuestión sin demasiado éxito. (Derogado por el R.D 562/1990 de ingreso en los centros docentes militares). Y es que a los problemas derivados de la legalidad se unen otros reales: instalaciones en cuarteles, campamentos, buques, etc. La regulación posterior ha sido incompleta e incoherente, entre otras cosas, porque nunca se ha sabido hacia dónde ir.
En este sentido, existían diferentes baremos de pruebas físicas para acceso a militar de empleo en la modalidad de tropa y marinería, y no, en cambio para las Escalas Superiores y Medias del CGA. ¿Es justificable ese doble baremo? ¿Por qué no pueden ingresar varones que, no pasando su baremo, sí pasan el de las mujeres? Pero aún resulta más clamoroso que se vetara de forma general el acceso de soldados femeninos a destinos de tipo táctico u operativo en destinos de la Legión, de operaciones especiales, paracaidistas, así como de fuerzas de desembarco, dotaciones de submarinos o de buques menores, unidades que sí podian estar bajo el mando de oficiales y suboficiales féminas.

El artículo 129.2 in fine de la Ley 17/99 dice expresamente que “entre los requisitos exigidos para ocupar determinados destinos se podrán incluir límites de edad o condiciones psicofísicas especiales (…), sin distinción ninguna por razón de sexo”. Pauta interpretativa que deroga, implícitamente, toda distinción de puestos en razón de sexo, como los antes señalados.

Por mandato de la Ley 17/99 y del RD. 66/2000, la OM. de 12 de abril de 2000 dispone que serán las correspondientes convocatorias las que establezcan un doble baremo físico para medir la capacidad de los aspirantes en los procesos selectivos. Así pues, en las resoluciones por las que se convocan plazas para los centros docentes militares de formación (así como para MPT.s) se incluyen ya dobles baremos.

Jurídicamente ya no tiene cabida la discriminación en el acceso y en la posterior carrera, aunque hay que revisar, precisamente, el concepto de igualdad en el acceso y la carrera, no pareciendo lógica la asimilación de políticas de “discriminación inversa” según modelos civiles y por la propia naturaleza de la función militar.

En cuanto a la existencia de dobles baremos se argumenta que en deporte las pruebas son diferentes, pero la guerra no es un deporte. También se señala que, en todo caso, la diferencia cualitativa entre hombre y mujer enriquece el funcionamiento de las FAS, y es cierto, sobre todo si nos dirigimos a los más altos escalones de mando y dirección, pero no es así en niveles inferiores en los que la capacidad física y ciertas actitudes de obediencia militar son todo.

Desde mi punto de vista y dado lo delicado de la cuestión (eficacia militar adversus igualdad civil), parece lógico establecer una sólida y rigurosa política de puestos que, con realismo, acepte al mejor, física y psicológicamente, sea hombre o mujer. Con unas pruebas únicas que sean lo duras que tengan que ser.

Teniente coronel de Infantería y doctor por la Universidad de Salamanca


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Opinión

Tres batallas decisivas

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Cuando aún gobernaban los socialistas, los cabestros de la Junta de Andalucía pretendieron desfigurar el sentido de las Navas de Tolosa convirtiéndolo en una especie de homenaje a la multiculturalidad, entre ignorante y malintencionado.

Vivimos en el reino del disparate, que podría ser divertido si no ocultara propósitos repulsivos. El hecho real es que el sultán almohade Muhammad al Násir (Miramamolín para los cristianos), decidió hacer un esfuerzo extremado para imponerse en la península y proseguir, si las armas le favorecían, hasta la misma Roma. Al efecto hizo predicar la guerra santa en el islam, reuniendo contingentes de muy diversas procedencias, hasta turcos, calculados en unos 120.000 hombres.

La yihad alarmó al rey castellano Alfonso VIII y a los cristianos en general, de los que acudieron a España hasta 30.000 de más allá del Pirineo, para unirse a unos 70.000 peninsulares. Visto el extremo peligro, los reinos españoles dejaron de lado las rencillas, bien participando directamente, como Navarra, con Sancho VII, y Aragón, con Pedro II, o permitiendo a sus súbditos acudir al encuentro, casos de Portugal y León. Sin embargo, las fuerzas ultramontanas, principalmente francesas, se volvieron atrás, disgustadas por lo que consideraban excesivas complacencias de los españoles con judíos y moros.

Los musulmanes, sagazmente, prefirieron esperar en Despeñaperros, a fin de que el ejército hispano, mal abastecido en una época de hambre, se cansase y desgastase en una larga marcha desde Toledo, bajo la canícula implacable de julio. Llegados los españoles al lugar donde esperaban los islámicos, comprobaron la imposibilidad de forzar el paso, y también de perder tiempo en rodeos, pues ello podía provocar deserciones en masa, después de las fatigas sufridas. Como es sabido, un pastor les orientó por un paso oculto que les permitió acercarse indemnes al campamento enemigo. Ante el primer choque, favorable a los musulmanes, Alfonso “animó” al arzobispo de Toledo: “Voy y yo aquí muramos”. Pero una carga impetuosa de los cristianos rompió las líneas contrarias y alcanzó el real del sultán, desbandando a su ejército.

Fue un episodio decisivo porque frenó una expansión islámica que ya había causado derrotas muy dolorosas a los hispanos; porque desprestigió al Imperio almohade en el norte de África, facilitando su descomposición interna y las rebeliones contra él en el Magreb; y porque la frontera española era desde siglos antes la defensa europea que contenía los embates musulmanes, y entonces corrió un muy grave riesgo de quebrarse, con efectos difíciles de calcular. De haber vencido los almohades, habrían tenido el camino libre hasta, al menos, los Pirineos.

Al año siguiente Pedro de Aragón, uno de los héroes de las Navas de Tolosa, se enfrentó en Muret, sur de Francia (o de la actual Francia) a una cruzada predicada por el papa Inocencio III contra los cátaros, a quienes protegían muchos nobles de la región. La cruzada congregó a numerosos nobles del norte de Francia al mando de Simón de Montfort, cuya intervención temían los señores del sur y el rey de Aragón, que por entonces se expandía más allá de los Pirineos, hacia Toulouse y Provenza. En esta ocasión Pedro II tuvo menos suerte, pues fue vencido y muerto.

El resultado tuvo importantes efectos históricos, pues afirmó la presencia francesa en toda aquella zona, bloqueando la expansión de aragoneses y catalanes, y obligó a estos a concentrar más sus energías en la otra dirección de sus avances, es decir, en la Reconquista. Quizá, aunque no es seguro, una victoria aragonesa en Muret habría apartado de la península los esfuerzos de aragoneses y catalanes, orientándolos al sureste francés. En todo caso, los nacionalistas suelen lamentar mucho el resultado de la batalla, pues, de haber sido otro, habría alejado a Cataluña (o eso piensan y desean ellos) de los asuntos de España. El hijo de Pedro, Jaime I el Conquistador, ya dedicó plenamente sus afanes a la Reconquista.

Y un año después tuvo lugar en Bouvines, al norte de Francia, otra batalla decisiva para la historia de Francia y de Europa occidental. Por entonces lo que hoy entendemos por Francia estaba dividido políticamente entre los territorios del oeste, los más extensos con diferencia, bajo la soberanía del rey de Inglaterra; amplias zonas al este pertenecientes al Sacro Imperio Romano Germánico; una serie de condados y ducados en el centro, bajo teórico vasallaje del rey francés, que lo era en la práctica poco más que de la región de París; y el sureste, prácticamente independiente o bajo el protectorado de Aragón hasta la batalla de Muret.

El rey Felipe II Augusto de Francia se propuso recobrar cuantos territorios pudiera de los ingleses y someter a su autoridad real, no solo teórica, a los nobles. Ello, más las intrigas en torno a la titularidad del Sacro Imperio, llevaron a la formación de una alianza entre Inglaterra (Juan Sin Tierra), el Imperio (Otón IV de Brunswick) y diversos nobles: Felipe Augusto quedaba cogido en una tenaza, con probabilidad de sucumbir él y sus proyectos, y hasta la misma Francia, al menos por largo tiempo. Por suerte para él, ingleses e imperiales actuaron mal coordinados y finalmente los franceses pudieron enfrentarse en Bouvines, en inferioridad material, a los imperiales de Otón, derrotándolos.

La batalla tuvo efectos extraordinarios: Otón fue derrocado y el Imperio entró en un período de descomposición; la alianza antifrancesa se disolvió y los ingleses tuvieron que ceder Bretaña, Normandía y otros extensos territorios; Felipe Augusto, quizá exagerando algo, vio en su victoria la salvación de Francia y la explotó para acrecentar el prestigio real y su poder sobre los nobles, impulsando una orientación unitaria que tardaría aún siglos en completarse. Una consecuencia indirecta, no menos crucial, fue el descontento de los barones ingleses que habían perdido sus posesiones en el continente, y las disputas entre la nobleza normanda y la anglosajona, que derivaron en la imposición, al rey Juan, de la CartaMagna.

Esta limitaba considerablemente el poder regio y aseguraba el de los nobles y la Iglesia, estableciendo al mismo tiempo el principio esencial del habeas corpus para impedir los juicios arbitrarios (un precedente de ese derecho se encuentra en la España visigoda). La CartaMagna, aunque de carácter netamente feudal, está considerada un precedente o semilla del liberalismo inglés y del estado moderno.


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Carta abierta a Griezmann

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Antoine: Permíteme que te diga te has equivocado totalmente. Me explico. Ante todo, no es bueno salir de un sitio por la puerta de atrás, como tú has hecho.

La vida da muchas vueltas y cerrarte para siempre la del Atleti no conduce a nada.

Si fueras un Señor (que no lo eres), te habrías marchado hace dos años, sin necesidad de sacar el pastón que te has sacado…para nada.

Porque eres un buen jugador, pero no un crack. Un crack no falla un penalty en una final de Champions.
Y como el Atleti sí lo es, jamás te lo ha recriminado, pero yo sí. Tampoco has ganado ningún Trofeo al más goleador de la Liga. Ni te has echado nunca el equipo a la espalda. Más bien te la guardaban.

Con el mejor portero del mundo y la mejor defensa detrás, es fácil hacer alguno que otro gol. Ya veremos en el Barça sin lo uno ni lo otro cómo te va.

Has preferido ser cola de león que cabeza de ratón. Craso error. Los elogios siempre se los llevará tu admirador Messi.

Querías comer en su mesa, ya lo has conseguido. Pero sólo te vas a comer el postre. El solomillo, siempre para él.

Y también ya sabes que no llegas con buen pie a tu nuevo equipo.

Cuando falles, te vas a enterar de las broncas que te van a echar. Y cuando hagas un buen pase, el gol siempre será “del otro”.

Como será, que antes de empezar, por no respetar, no te han respetado ni tu 7. Por algo será…
Acabo. Deberías haber cambiado impresiones con Falcao, el Kum Agüero o Arda Turan. Ellos te podrían explicar mejor que nadie el frío que hace fuera del Atleti.

En fin, como la cosa no tiene remedio, allá tú; ya eres mayorcito. Dices que sabes el paso que has dado.
Sinceramente, creo que no.


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