Considérenlo una pregunta: ¿En qué se han convertido nuestros queridos ambulatorios, ahora llamados “Centros de Atención Primaria? Porque desde la inefable pandemia del Covid-19, se han transformado en unos lugares de acceso exclusivo, guardados por cancerberos de mandíbula entreabierta y diente brillante, tras lo cuales encontramos salas, pasillos y consultas que parecen una película distópica: el vacío y el silencio más absolutos reinan en estos lugares, donde los ecos y la luz mortecina se confunden con timbres telefónicos que no cesan nunca, del todo, de sonar.
Porque al principio, debemos reconocerlo, quisimos creer las declaraciones de médicos y enfermeras que, llorosos y con ojeras al estilo mapache, protestaban por la inmensa, gigantesca, inabordable carga de trabajo que portaban sobre sus espaldas.
Pero, poco a poco, y tras llegar a traspasar en alguna afortunada ocasión las Puertas del Infierno -o las del centro de atención primaria del barrio, que son lo mismo- nos dimos cuenta que tras las puertas entreabiertas de las consultas no había pacientes, sino doctores, doctoras y doctoros jugando al solitario. O cosa parecida, porque, desde luego, pacientes a los que atender no había por allí ninguno.
¿Qué ocurre, por ventura?
¿Qué ocurre en estos centros, pináculos del gasto inenarrable de nuestros impuestos? ¿Qué acontece para que, voto a Dios, los doctísimos médicos y las doctísimas profesionales de la salud, hayan declarado, por demás, huelgas salvajes para reclamar todo tipo de prebendas, mejoras y golosinas variadas?
Porque, hete aquí, que si viéramos colas soviéticas entrando y saliendo de los Ambulatorios, enfermos caídos por las aceras camino a los mismos, y médicos sudorosos, temblones, cansados, reventados incluso, podríamos entender reivindicaciones y peticiones múltiples.
Pero no es cosa así, vemos, dado que lo que no vemos es grupo, rebaño o piara de enfermitos esperando pacientemente -de ahí, suponemos, el término paciente- para ser atendidos por su otrora magnífico doctor en medicina.
Pero yendo más allá: ¿A dónde se ha llevado Pedro Sánchez nuestros médicos? Los tiene a todos, quizá, tratándole panadizos rebeldes y cimarrones en Moncloa?
Misterios tiene esta vida, mas este tiene de misterio lo que un político tiene de cosa honrada.
