A los pocos que la trataban no hay forma de arrancarles una palabra amable. Fría, distante, introvertida… es lo más suave. Otros hablan de una mujer con doble personalidad, «bipolar», afirman algunos, y vengativa.
«Una asocial, una estirada, no le interesaba integrarse en nada», dicen los vecinos de la calle San Marcos en la que está la casa familiar paterna.
«Santiago la dejó porque tenía miedo de que le arruinara la vida. Tuvieron muchas peloteras, pero la más grave fue cuando le puso a él la pistola en el pecho y le dijo que lo iba a matar», cuenta un allegado cercanísimo al padre de las niñas.
«¿A quién van a creer a ti o a mí si me denuncias? Soy guardia civil y conozco la ley y además me dedico a lo que me dedico». Es el literal que su exmarido le confesó a su familiar.
Aunque Paola estaba destinada en el puesto, en Seguridad Ciudadana, la Guardia Civil asigna agentes para encargarse de violencia de género en lugares apartados y pequeños como ese.
Ella era la responsable de recoger las denuncias de mujeres víctimas y del seguimiento de los casos. Y ese argumento profesional, cuentan, que lo utilizaba contra su ex.
«Mami se ha enfadado porque vamos a pasar la Nochebuena con vosotros y porque también queremos pasar la Nochevieja aquí», dijo una de las pequeñas a Mari, su abuela paterna.
«No le digáis a papá que nos vamos a ir a vivir a Algeciras».
Era la frase que, según revelaron las niñas a Santiago, más les repetía Paola en los últimos tiempos.
