Lunes, 7 de septiembre de 2026
Diario Independiente España
Opinión

Mateo

Estoy sentado.

Leo noticias; veo noticias. Incorporo información a mi cerebro para procesarla después.

De repente, la náusea me inunda, y tengo que ponerme en pie. Me cuesta, pero lo consigo, y miro por la ventana.

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Puedo ver la terraza de un bar. Llena, por supuesto. Hay familias con niños. Hay niños corriendo alrededor. Niños comportándose como salvajes. Todos ellos españoles: no nos engañemos. Nadie como unos padres españoles para cultivar la mala educación en sus hijos.

Veo a los padres; veo el trasiego incesante de cervezas; alcohol: ellas lían cigarrillos. O lo que espero que sean cigarrillos. Podrían ser otra cosa, pero no le importa a nadie, ciertamente.

Un poco más lejos, un parque infantil. Niños jugando. Niños cayéndose. Niños que no lloran porque el suelo es de goma. Otro grado más de comodidad y seguridad. Sobre todo, para los padres que se emborrachan a pocos metros.

Lo de siempre, vaya.

Me llegan conversaciones: la gente berrea a un volumen insoportablemente alto. Parece que hablan de fútbol. O de las Olimpiadas. O de algo que han visto en internet.

No veo, y los busco, signos de preocupación en los adultos. No parece importar el asesinato de un niño de 11 años por 11 puñaladas de ayer, en Mocejón.

No tiene porqué importarles. A ellos no les va a pasar. Es un hecho aislado. El detenido tiene problemas mentales. Lo han dicho los medios. Los medios lo saben, se lo dice la policía. Los que saben. Los que mandan. Esos.

Sobre todo, hay que proteger al extranjero. No sea que se le culpe por serlo. Aunque sea criminal. Aunque tenga antecedentes.

Aunque haya roto la cadera de la abuela de la Viky cuando le arrancó la medalla de la Vírgen a la salida de Misa. Que fíjate que listo fue, esperar allí, en la puerta de la Iglesia. Si es que llegan los más espabilados.

Tenemos mucha suerte de recibirlos aquí.

Al fin y al cabo, a la abuela de la Viki le sobraba la medalla. ¿Para qué la quiere? Pues para humillar a las otras abuelas que no tienen la medalla de oro de ninguna Virgen.

Ahora ya no puede humillar a nadie. Se lo tenía merecido. Por fascista. Votaba a VOX.

La vieron en un mitin de Abascal. Hace un par de años, cuando vino Abascal a hablar por las elecciones.

Mientras tanto, Mateo se desangraba ayer por once cuchilladas que atravesaban su carne. La carne de un niño pequeño. Acuchillada. Hasta la muerte. La sangre que sale. La carne que se seca. La piel teñida de rojo. Los labios cada vez más morados. Los ojos volviéndose mates. La respiración agónica, ¡el último “Mamá!” y al final, la muerte.

La gente sigue bebiendo cerveza. Nada ha cambiado.

Excepto mi náusea. Voy al baño. Vomito sangre.

Vomito con la sensación de cumplir mi castigo por permanecer de este lado de la ventana, mirando.

Yo, y ellos, deberíamos sangrar hasta la muerte, pero no Mateo.

Mateo, no.

Tenía 11 años.

11 puñaladas acabaron con él.

Que Dios le acoja en su seno. Amén.

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