Conflitti&Strategie
La inmigración clandestina, incluso cuando se realiza a través de barcos de ONG, amenaza la seguridad nacional. Hay que tratarlo como tal, de lo contrario se corre el riesgo de caer en el caos. El historiador Alessandro Barbero afirmó claramente que el Imperio Romano de Occidente terminó cuando, debido a los conflictos entre pueblos bárbaros, muchas tribus derrotadas y perseguidas acudieron a Roma para escapar de la muerte. Estos últimos no fueron capaces de gestionar los flujos y por ello cayeron bajo los golpes de una asimilación fallida. Fue un desastre total. Quien facilita los desembarcos, independientemente del número de individuos que lleguen a nuestras costas (ya que lo que realmente importa es saber administrar o no estos procesos), quiere dar el golpe final a Italia.
Con el actual gobierno en el poder los desembarques han aumentado un 400% pero nuestra preparación para abordar seriamente el problema no ha aumentado. Nuestra sociedad corre el riesgo de sufrir un cortocircuito con la introducción excesiva de estos elementos extranjeros que no tienen intención de integrarse sino sólo de aprovechar las oportunidades, tanto legales como ilegales, que encontrarán ante ellos. Como escribe el almirante Nicola De Felice, el próximo éxodo de personas desesperadas o presuntamente desesperadas podría ponernos de rodillas. Llegará vía Magreb y Eslovenia. La falta de seguridad y la ausencia de una geopolítica mediterránea hacen del Bel Paese [Hermoso País] una presa dispuesta a ser devorada por todos. Nuestros adversarios extranjeros, aunque se presenten como aliados, quieren aniquilarnos quitándonos nuestra soberanía mediante maniobras especulativas o favoreciendo desequilibrios en nuestro suelo.
Una masa incontrolable de extranjeros que cometen delitos, incluso por desesperación, en nuestro territorio constituye la premisa para fomentar el desorden o incluso el terrorismo. Los políticos que favorecen o minimizan la emergencia representan quintas columnas internas manipuladas por extranjeros para la destrucción del Estado. Hay que detener a estas personas de forma adecuada. La razón pública lo dicta aunque el pueblo parezca aún dormido. Sin embargo, sin un liderazgo decidido (que desgraciadamente no se vislumbra en el horizonte) no hay comunidad que pueda transformar sus legítimos descontentos en tareas históricas. Los italianos no consiguen canalizar su creciente ira, pero cuando nuevas élites, dispuestas a sacrificarlo todo para revitalizar la patria hundida en las profundidades del servilismo, consiguen hacerse cargo de su descontento, entonces puede volver a florecer alguna esperanza.
Debemos construir el futuro sabiendo perfectamente que se necesitará una fuerza y un coraje sobrehumanos, después de décadas de conducta infrahumana por parte de nuestras clases dominantes. No tuvieron piedad de los italianos y no tendrán piedad de los italianos.
http://www.conflittiestrategie.it/limmigrazione-di-massa-e-unarma-di-distruzione-di-massa
Traducción: Carlos X. Blanco