Hay diagnósticos que no anuncian una enfermedad, sino una traición. Al paciente de lupus, de diabetes tipo 1 o de celiaquía no le ataca un virus llegado de fuera: le ataca su propio ejército, el mismo que debería protegerle. Durante medio siglo la medicina solo supo responder de una manera: apagando ese ejército entero, a costa de dejar la fortaleza entera desprotegida. Hoy esa era está terminando. La inmunología ha localizado el freno exacto que permite detener el fuego amigo sin desarmar al organismo, y lo ha hecho con tanta solidez que Estocolmo acaba de reconocerlo con su galardón más alto. Esta es la historia de cómo se llegó hasta aquí, de los hombres tercos que la hicieron posible, y de lo que ya es real para los primeros pacientes que la están viviendo.
Del apagón inmunitario a la enseñanza selectiva
Durante décadas, ante un sistema inmunológico que atacaba por error a su propio organismo, la medicina solo tuvo una respuesta: los inmunosupresores. Apagar, rebajar, adormecer las defensas enteras del paciente para frenar el daño en una articulación, un intestino o una glándula. El precio era conocido por cualquier enfermo crónico: mayor riesgo de infecciones oportunistas y de tumores, una vida entera bajo vigilancia farmacológica. Era sofocar un incendio inundando la casa completa.
Ese paradigma está caducando. La inmunología ha aprendido a intervenir sobre el mecanismo exacto que decide si una célula defensiva ataca o tolera, sin tocar el resto del sistema. Y no es una promesa de folleto: hoy mismo hay un ensayo clínico en marcha, impulsado por la biotecnológica Sonoma Therapeutics, que modifica genéticamente las células reguladoras de un paciente para que reconozcan en exclusiva el tejido atacado en la artritis reumatoide y frenen solo ahí[1]. La técnica se llama CAR-Treg, hermana de la CAR-T que ya se usa contra la leucemia, y está reclutando pacientes en este preciso momento.
El hombre que apostó su cuerpo por una hipótesis sin probar
Este avance se sostiene sobre dos hallazgos, y el primero lo hizo un hombre al que la comunidad científica ridiculizó durante años. En 1973, Ralph Steinman describió en la Universidad Rockefeller una célula desconocida que bautizó por su forma de rama seca: la célula dendrítica. Sostuvo que era ella, y no los macrófagos que todos daban por seguros, quien enseñaba a los linfocitos a distinguir entre el invasor y el tejido propio. Su propio discípulo, Michel Nussenzweig, recuerda que la respuesta de la comunidad científica fue «silencio y ocasional ridículo»[2].
Le dieron la razón treinta y ocho años después, y de la manera más agridulce posible. El 3 de octubre de 2011 el Instituto Karolinska le concedió el Premio Nobel de Medicina, compartido con Bruce Beutler y Jules Hoffmann. Steinman había muerto tres días antes. El comité, que no lo sabía en el momento del anuncio, decidió mantener el premio porque se había concedido de buena fe[3].
Y aquí está el dato que ninguna nota institucional recoge, y que a este periódico le parece el más conmovedor de todo el hallazgo: diagnosticado en 2007 de un cáncer de páncreas con seis meses de esperanza de vida, Steinman no se resignó a esperar. Diseñó con sus colegas un tratamiento experimental con sus propias células dendríticas y se convirtió, en palabras de quienes trabajaron con él, en «un ensayo clínico de un solo paciente». Vivió cuatro años y medio, casi nueve veces más de lo previsto, trabajando y revisando datos hasta el final[2].
Un hombre pasó su vida entera intentando demostrar que el cuerpo puede aprender a reconocer a su enemigo. Al final, usó el suyo propio como la última prueba. Pocas historias explican mejor de qué está hecha la ciencia real: no de consensos cómodos, sino de tercos que se equivocan en público durante décadas hasta que dejan de equivocarse.
El freno que Estocolmo tardó treinta años en premiar
El segundo hallazgo tardó aún más en ser creído. En 1995, un inmunólogo japonés llamado Shimon Sakaguchi identificó una población de linfocitos cuya única función no era atacar, sino frenar: las células T reguladoras, hoy conocidas como Tregs. La comunidad científica, que había enterrado en los años ochenta la idea de células «supresoras», tardó en darle crédito. La pieza que faltaba la encontraron después Fred Ramsdell y Mary Brunkow, estudiando en Estados Unidos una cepa de ratones que enfermaba de autoinmunidad fulminante en cuanto un gen concreto, FOXP3, dejaba de funcionar. Sakaguchi demostró después que ese mismo gen es el que gobierna la formación de las Tregs.
El círculo se cerró el 6 de octubre de 2025, cuando el Premio Nobel de Medicina reconoció a los tres —Brunkow, Ramsdell y Sakaguchi— «por sus descubrimientos sobre la tolerancia inmunitaria periférica»[4]. Sakaguchi y Ramsdell ya habían compartido en 2017, junto a Alexander Rudensky, el Premio Crafoord de Poliartritis de la Real Academia sueca por el mismo hallazgo, considerado el equivalente del Nobel en reumatología[5].
Anatomía de una reconciliación celular
Para entender la magnitud del hallazgo conviene asomarse al campo de batalla microscópico de nuestro organismo. Imaginemos el cuerpo como una fortaleza. Las células dendríticas de Steinman son sus oficiales de inteligencia: patrullan los tejidos capturando muestras de todo lo que encuentran, desde un virus hasta una proteína inofensiva como el gluten o un fragmento de la propia glándula tiroides. Con la muestra en la mano viajan a los ganglios linfáticos, los centros de mando, y se la presentan a los linfocitos, los soldados, acompañada de una señal química: «esto es enemigo, atacad» o «esto es nuestro, dejadlo en paz». En las enfermedades autoinmunes, esa comunicación se rompe.
Es entonces cuando entran las Tregs de Sakaguchi. Cuando un linfocito desoye la orden y se lanza contra el cartílago de una rodilla o contra la piel, las células reguladoras acuden como una unidad de orden que no busca destruir, sino calmar. Se adhieren a las agresoras, liberan mensajeros químicos que actúan como sedante, y en muchos casos las inducen a retirarse antes de que causen daño. Su oficio no es aniquilar al soldado rebelde: es recordarle de qué bando es.
Ya no es solo promesa: quince pacientes sin fármacos
Porque esto ya no vive únicamente en los laboratorios. En 2021, un equipo del Hospital de Erlangen, en Alemania, tomó una terapia diseñada contra el cáncer de la sangre —las células CAR-T— y la aplicó a una paciente de lupus que ya no respondía a nada: en lugar de frenar a los linfocitos rebeldes, los eliminó por completo y dejó que el cuerpo regenerase sus defensas desde cero, sin la memoria del error. En febrero de 2024 el New England Journal of Medicine publicó el seguimiento de quince pacientes —ocho de lupus grave, tres de miositis, cuatro de esclerosis sistémica— todos en remisión sostenida y sin ningún inmunosupresor, algunos con más de dos años de control[6]. Los propios autores piden prudencia antes de hablar de curación. Pero admiten, sin rodeos, que nunca antes se había documentado una remisión así, sin medicación, en pacientes que hasta entonces se consideraban crónicos de por vida.
Los hospitales españoles no miran esto desde la grada. El Hospital Vall d’Hebron y el Gregorio Marañón participan desde 2023 en un ensayo internacional que prueba una CAR-T contra el lupus, y el Hospital Clínic de Barcelona, que fabrica sus propias CAR-T académicas, ha tratado ya a más de quinientos pacientes con esta familia de terapias[7]. Y hay una tercera vía que ya no es ensayo, sino fármaco real: el teplizumab, capaz de retrasar la aparición clínica de la diabetes tipo 1, recibió la recomendación de autorización de la Agencia Europea del Medicamento el 14 de noviembre de 2025[8]. No cura, pero gana entre dos y tres años sin insulina para un niño que hoy sería diagnosticado. Para esa infancia, dos o tres años sin pinchazos diarios lo son casi todo.
Un mapa de esperanza, sin vender humo
Las enfermedades autoinmunes agrupan más de ochenta patologías. Este es el estado real de la promesa, sin exagerar ni un paso más de lo que la evidencia permite:
- Enfermedad celíaca: afecta a alrededor del 1% de la población, y hasta un 75% de los afectados sigue sin diagnosticar[9]. Hoy el único tratamiento es una dieta sin gluten estricta y de por vida[9]. Reeducar las Tregs para que vuelvan a tolerar el gluten es uno de los horizontes más deseados por millones de pacientes.
- Tiroiditis de Hashimoto y enfermedad de Graves: las autoinmunes más frecuentes, con abrumadora mayoría de mujeres. Reprogramar la tolerancia evitaría la destrucción de la glándula o su sobreestimulación.
- Artritis reumatoide y psoriásica: el terreno donde ya se ensaya en pacientes reales la terapia CAR-Treg descrita al principio de este texto.
- Diabetes tipo 1: con el teplizumab ya aprobado en Europa como primer paso, restaurar la tolerancia por completo en fases tempranas es el siguiente horizonte.
- Enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa: frenar el ataque contra el tubo digestivo evitaría el dolor crónico y el riesgo constante de cirugía.
- Lupus, esclerosis múltiple, vitíligo y síndrome de Sjögren: el lupus ya cuenta con evidencia clínica documentada, como se ha descrito; el resto son horizontes sólidos, aunque todavía en fase de investigación.
(Nota clínica indispensable: la fibromialgia comparte con muchas de estas enfermedades el dolor crónico y la fatiga, pero se clasifica como un síndrome de sensibilización central del sistema nervioso, no como enfermedad autoinmune. Su vía de investigación discurre por caminos distintos, igualmente dignos de esperanza, y no le hacemos ningún favor mezclándola aquí.)
La lección del cuerpo
Queda una reflexión que trasciende la medicina, y este periódico quiere dejarla como cierre. Durante décadas se creyó que la única forma de que el sistema inmunitario dejara de hacer daño era debilitarlo entero. La ciencia ha demostrado lo contrario: el cuerpo sano no es el que carece de defensas, sino el que sabe exactamente contra quién usarlas. La tolerancia, en su sentido biológico más estricto, no consiste en desarmarse ante todo lo que llega, sino en distinguir con precisión lo propio de lo ajeno, y proteger lo primero sin piedad frente a lo segundo.
Steinman, Sakaguchi, Brunkow y Ramsdell no descubrieron cómo apagar el ejército del cuerpo. Descubrieron cómo devolverle la memoria de quién es. Las terapias que nacen de su trabajo ya están, hoy, en hospitales españoles y en las manos de los primeros pacientes que las han recibido. Queda ahora que las agencias evaluadoras y los sistemas de salud, en España y en toda Europa, acompañen ese ritmo con la misma seriedad con la que la ciencia ha hecho su parte. El dolor no entiende de plazos, pero por primera vez en mucho tiempo tiene motivos reales para tener paciencia.
El cuerpo que se cura no es el que deja de luchar. Es el que vuelve a saber, con precisión, por quién lucha.
Fuentes y referencias
[1] Frontiers in Medicine, «CAR-engineered T cell therapy as an emerging strategy for treating autoimmune diseases» (2024): ensayo clínico de fase I en marcha (NCT06201416) para evaluar la seguridad y eficacia de una terapia CAR-Treg autóloga en artritis reumatoide, promovido por Sonoma Therapeutics. PMC.ncbi.nlm.nih.govVolver ↑
[2] Universidad Rockefeller, obituario institucional de Ralph Steinman (2011): descubrimiento de la célula dendrítica con Zanvil Cohn en 1973, cita de Michel Nussenzweig sobre el rechazo inicial de la comunidad científica, diagnóstico de cáncer de páncreas en 2007, tratamiento experimental autodiseñado y la expresión «a clinical trial of one»; supervivencia de cuatro años y medio. Rockefeller.eduVolver ↑
[3] Fundación Nobel, biografía oficial de Ralph M. Steinman, Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2011: fallecimiento el 30 de septiembre de 2011, tres días antes del anuncio, y decisión de mantener el galardón. Premio compartido con Bruce A. Beutler y Jules A. Hoffmann. NobelPrize.orgVolver ↑
[4] Fundación Nobel, comunicado de prensa de 6 de octubre de 2025: Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2025 a Mary E. Brunkow, Frederick J. Ramsdell y Shimon Sakaguchi «for their discoveries concerning peripheral immune tolerance». NobelPrize.orgVolver ↑
[5] Real Academia Sueca de Ciencias, Premio Crafoord de Poliartritis 2017 a Shimon Sakaguchi, Fred Ramsdell y Alexander Rudensky «for their discoveries relating to regulatory T cells, which counteract harmful immune reactions in arthritis and other autoimmune diseases». CrafoordPrize.seVolver ↑
[6] Müller F., Mackensen A., Schett G. et al., «CD19 CAR T-Cell Therapy in Autoimmune Disease — A Case Series with Follow-up», New England Journal of Medicine, 22 de febrero de 2024: quince pacientes (ocho de lupus eritematoso sistémico, tres de miositis, cuatro de esclerosis sistémica) en remisión sostenida sin fármacos inmunosupresores. PubMed.ncbi.nlm.nih.govVolver ↑
[7] El Mundo, 23 de marzo de 2023: Vall d’Hebron y Gregorio Marañón participan en un ensayo internacional de una terapia CAR-T contra el lupus. Gaceta Médica: el Hospital Clínic-IDIBAPS ha tratado a más de 500 pacientes con CAR-T académicas. ElMundo.es · GacetaMedica.comVolver ↑
[8] Agencia Europea de Medicamentos, «First-in-class treatment to delay onset of type 1 diabetes», 14 de noviembre de 2025: recomendación de autorización de Teizeild (teplizumab) para adultos y niños desde los 8 años en estadio 2 de la enfermedad. EMA.europa.euVolver ↑
[9] Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE): prevalencia del 1% de la población, un 75% sin diagnosticar, y la dieta sin gluten estricta y de por vida como único tratamiento actual. Celiacos.orgVolver ↑